Letras
Un traje que sale del agua: el videoclip de «Flash», del estanque de bombillas al fogonazo azul
Por Mike Sain't Louis · · Actualizado

Hay videoclips que empiezan en una pista de baile y otros que tardan en llegar a ella. El de «Flash» empieza con un hombre metido en el agua hasta la cintura, de noche, con traje oscuro y corbata roja, en mitad de un estanque rodeado de guirnaldas de bombillas. No hay discoteca, ni bola de espejos, ni público. Hay agua negra, luces de verbena colgadas de unos postes de madera, vegetación tropical alrededor y un tipo muy serio que mira a cámara como si estuviera esperando una señal.
La canción dice que hoy viene a darlo todo. El vídeo enseña lo que pasa antes de eso: hundirse, cubrirse de barro, encender los ojos y salir convertido en otra cosa. El clip salió el 20 de noviembre de 2024, tiene tres minutos y veintiún segundos, y en la web lo tenéis completo en su propia ficha de vídeo. En el diario hay notas sobre la letra, como la de la ampolla de belleza y la pista de baile y la que cuenta lo que «Flash» no dice. Esta va a otra parte. He mirado el vídeo plano por plano y aquí cuento lo que aparece en pantalla, por orden, y cómo se cruza con los versos.
El cartel: un traje en el agua y la palabra en amarillo
El primer plano es el cartel. La palabra «FLASH» ocupa casi todo el ancho de la imagen, en letras amarillas que brillan como un rótulo de neón, y debajo está mi nombre escrito en rosa, con letra cursiva de bar de carretera. Detrás, el hombre del traje, con el pelo oscuro y rizado y la camisa blanca, de pie en el agua. A la izquierda, en el borde del encuadre, asoma un coche rojo aparcado en la orilla. Encima, de lado a lado, cuelgan las guirnaldas de bombillas, de esas que se ponen en las terrazas de verano y en las fiestas de los pueblos.
Ese arranque me gusta porque mezcla dos mundos que la canción también mezcla. Por un lado, el traje y la corbata, la ropa de las ocasiones. Por otro, el agua sucia y la noche. Es alguien vestido para salir que, en vez de entrar en el club, se ha metido en un estanque. La primera línea de la letra suena casi a desafío cuando se mira con esta imagen delante:
Hoy vengo a darlo todo
Durante los primeros quince segundos casi no pasa nada. La cámara se acerca despacio, el agua se mueve en círculos alrededor de la cintura del protagonista y las bombillas se reflejan en la superficie como si fueran estrellas caídas. Él no se mueve. Solo mira.
Las guirnaldas merecen un comentario aparte. Son bombillas desnudas, de luz cálida, colgadas en hileras que se cruzan sobre el agua, sujetas a postes de madera clavados en la orilla. Es una luz de fiesta pobre, de verbena de agosto, de chiringuito o de patio de vecinos en San Juan, muy lejos de los láseres de una discoteca grande. Me gusta que la noche de club de la canción empiece con ese tipo de luz. Antes de los focos están las bombillas de siempre, las de las fiestas donde muchos aprendimos a bailar sin que nadie nos mirara. Y son esas mismas bombillas, teñidas de rosa, las que vuelven en la segunda mitad del vídeo.
El hundimiento entre la niebla
A partir de los dieciocho segundos el hombre empieza a hundirse. Primero el agua le llega al pecho, luego a los hombros. A la vez, de la superficie sube una niebla blanca que va tapando el plano. Hacia el medio minuto ya solo se le ve la cabeza, una mancha oscura en mitad de un estanque blanco de vapor, con las guirnaldas encendidas encima. A los treinta y nueve segundos ya no está. Queda el agua quieta, la niebla, los postes y las bombillas reflejadas.

Es un comienzo raro para una canción de baile, y por eso funciona. Antes de la noche de club hay un momento de desaparecer. Cualquiera que se haya arreglado alguna vez para salir sabe que hay un rato, delante del espejo, en el que dejas de ser la persona del día y todavía no eres la de la noche. El vídeo lo convierte en un hundimiento literal.
La cara de barro y los ojos que se encienden
Lo que sale del agua ya no es el mismo. Pasados cuarenta y dos segundos aparece un primer plano de una cara cubierta de barro seco, agrietado como la tierra de un pantano en verano, con el pelo pegado a la frente y el traje manchado. Tres segundos después, los ojos se encienden con una luz azul eléctrica, como dos linternas. No parpadean. Brillan.
Esa imagen es la más importante del clip para mí, porque es la línea central de la letra hecha cara:
Soy una queen saliendo del lodo
La queen no sale de un camerino, sale del barro. Y no se limpia antes de salir. Lleva el lodo puesto como si fuera maquillaje, y los ojos encendidos son el único brillo que necesita. Me parece una manera muy honesta de contar cómo se hace una reina de la noche: no partiendo de cero, sino de lo que había abajo.
Esos ojos azules vuelven varias veces en el vídeo. A veces en plano corto, con la cara de barro iluminada desde abajo. A veces en la oscuridad completa, donde solo se ven los dos puntos de luz y la silueta del traje. Son la marca del personaje, lo que le identifica aunque cambie de cara.
Ojos verdes y rosas bajo un cielo violeta
Al minuto aparece otro protagonista. O el mismo, transformado. Es un hombre con la cabeza rapada, el torso tatuado y sin camisa, delante de un cielo violeta con montañas azules recortadas. Sus ojos ya no son azules: uno brilla en verde y el otro en rosa. La cámara se acerca cada vez más, hasta que hacia el minuto y doce segundos el encuadre ya muestra únicamente un ojo verde y otro rosa, con la piel alrededor iluminada por esos dos colores como si fueran luces de discoteca.
Verde y rosa. No creo que haga falta explicar mucho esos dos colores en un vídeo mío, pero me gusta que estén en los ojos y no en una bandera. Es la conexión de la que habla el estribillo, pero mirada desde dentro, desde las pupilas.
El protagonista no conserva la misma cara de principio a fin. Al principio es un chico de pelo rizado; luego, uno de barba; en otro momento, uno rubio; en otro, el del torso tatuado. Lo que se mantiene es el traje, el barro y los ojos de luz. Lo leo como una forma de decir que la queen del título no es una sola persona, sino un papel que se pueden poner muchos.
La calle de los coches antiguos
Entre los primeros planos de ojos, el vídeo abre a un exterior de día. Una carretera de tierra mojada, llena de charcos, con coches americanos antiguos aparcados a los dos lados: uno verde agua, otro naranja con el techo blanco, otros más al fondo. Hay palmeras altas, vegetación tropical y, a los lados del camino, gente de pie mirando. Por el centro camina el protagonista con el traje marrón de barro, despacio, mirando al frente.
Esa escena tiene algo de desfile. La gente a los lados, el camino despejado en el centro, el protagonista andando con calma pese a ir lleno de manchas. Es una pasarela improvisada en un pueblo después de la lluvia. Y es lo que la letra cuenta cuando dice:
Marco el baile y el modo
Marcar el modo es decidir cómo te miran. El hombre del traje sucio no se esconde ni se da prisa. Pasa entre los coches y la gente como si el barro fuera parte del vestuario.
El sol de rayas en el desierto
A partir del minuto y medio llega uno de los escenarios más bonitos del vídeo. Un desierto de dunas naranjas, con un enorme sol amarillo y rosa partido en franjas horizontales, como los atardeceres de las portadas de discos de los ochenta y de los videojuegos antiguos. En el cielo caen unas líneas verticales finas, como lluvia de luz. A un lado hay un coche clásico aparcado. En el centro, un hombre con barba y traje manchado de barro y óxido, con corbata de rayas, mira a cámara.

Es un decorado deliberadamente retro. El sol de rayas es el símbolo de una estética que mira hacia el futuro desde el pasado, la del sintetizador y la cinta de casete. Encaja con lo que suena en la canción, que es música de baile, y con la idea de que esta noche de club pasa en un tiempo que no es exactamente el nuestro. En la web hay una página sobre la estética del universo gayfolk que explica de dónde salen estos colores, y ese desierto es un ejemplo de manual.
La luz en la mano
Hacia el minuto cuarenta, el vídeo cambia de nuevo. El protagonista aparece de frente, a contraluz, con dos focos enormes detrás que le recortan la silueta. Los ojos le brillan en azul y, a la altura de la cintura, en una de sus manos, hay un punto de luz que parpadea. Unos segundos después, ese punto crece.
Ahí está, creo, el corazón del título. Un flash es un fogonazo, la luz que dispara una cámara para que la foto salga. La letra lo usa en dos sentidos: la ampolla flash de los productos de belleza, que promete un efecto inmediato, y el flash de la cámara del estribillo. El vídeo elige el segundo y lo convierte en un poder. El protagonista no recibe la luz, la lleva en la mano.
Me he puesto una ampolla flash
El estanque se vuelve rosa
Hacia el minuto cincuenta y cuatro el vídeo vuelve al estanque del principio, pero cambiado. El agua ahora es rosa fucsia, las guirnaldas tienen bombillas rosas y moradas, y el humo que sube de la superficie es también rosa. En el centro, de nuevo metido en el agua hasta la cintura, hay un hombre con traje oscuro. Esta vez no se hunde. Se queda quieto mientras el humo de colores le rodea.
Es el mismo sitio, la misma postura, pero con otra luz. Me parece la forma más clara de contar la transformación del clip: el lugar no ha cambiado, ha cambiado el color con el que lo miras. Al principio el estanque era un sitio para desaparecer. En la segunda mitad es un escenario.
Durante el último tramo del vídeo, el estanque rosa se alterna con los otros escenarios, como si fuera la base a la que siempre se vuelve. En uno de los planos, a la izquierda, se ve un coche turquesa aparcado en la orilla, el equivalente rosa del coche rojo del cartel.
El barro que salta de la cara
Entre los planos del estanque rosa hay tres imágenes que se repiten y que me encantan. Son primeros planos de caras cubiertas de barro en el momento exacto en que el barro sale disparado. Trozos de lodo seco que saltan hacia los lados como metralla, sobre fondos verdes, naranjas y rosas. En una de ellas, el pelo es rubio y el barro estalla alrededor de los ojos; en otra, la cara entera parece una máscara que revienta.
Esas imágenes son la segunda parte de la frase de la queen. Primero sale del lodo; luego se lo quita de encima, de golpe, con una sacudida que lo lanza todo por los aires. Y encaja con otro verso de la canción, el del choque en la pista:
Bailando en la disco siento el crash
El crash, en la letra, es el golpe del ritmo y quizá algo más. En el vídeo es literalmente el barro rompiéndose.
El fogonazo azul
En el segundo 144, a los dos minutos y veinticuatro, llega la imagen que encabeza esta entrada. Toda la pantalla estalla en una explosión de luz azul y blanca, con rayos que salen del centro hacia los bordes, como un fuego artificial visto desde dentro o como la luz de un flash disparado delante de los ojos. No hay persona, ni decorado, ni título. Solo luz.

Es el clímax del vídeo, y llega justo después de un plano en el que una mano se levanta hacia la cámara con la palma abierta y una bola de luz en el centro. Seis segundos después, la mano vuelve a aparecer abierta sobre el agua, soltando la luz como quien deja escapar un pájaro. Entre una y otra está el fogonazo.
Para mí ese momento es la palabra del título. Todo el vídeo va acumulando luz, en los ojos, en las bombillas, en la mano, y aquí la suelta toda de una vez. Es la foto de la noche. El estribillo lo repite tres veces, y la tercera se queda corta, sin la segunda mitad, como un disparo de cámara:
Flash, cámara, acción
Un planeta rosa con astronauta
Después del fogonazo, el vídeo se va al espacio. Un desierto rosa y naranja bajo un planeta enorme de color rosa que ocupa media pantalla. A la izquierda, de pie en la arena, un astronauta con traje blanco y casco. Al fondo, unas construcciones redondas que parecen platillos volantes posados sobre las dunas. En primer plano, un hombre con barba, el pelo peinado hacia atrás y una americana estampada en tonos rosas y verdes, mira de lado.
Más adelante, en el mismo tipo de paisaje, aparecen dos hombres con barba hombro con hombro, los dos con trajes de color rosa, delante de un planeta con anillos. Están tan juntos que parecen la foto de una boda en otro mundo.
Aquí el vídeo deja claro de dónde viene. «Flash» forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía, el que presenta el planeta. El astronauta, el planeta rosa y las casas con forma de platillo son la manera visual de decir que la noche de club de esta canción no pasa en Madrid ni en Benidorm, sino allí.
El cartel final del disco
El vídeo termina con un cartel distinto del del principio. Ya no pone «FLASH». Arriba, mi nombre en letras blancas. En el centro, tres chicos jóvenes con esmoquin, pajarita y chaquetas de flores o de terciopelo, muy juntos; dos de ellos acercan la cara como si estuvieran a punto de besarse. Detrás, un planeta rosa. Abajo, en letras grandes: «DESCUBIERTO UN NUEVO PLANETA LLAMADO GAYFOLK».
Es el cartel del disco, y me gusta que el vídeo termine ahí, porque convierte la historia de la queen que sale del lodo en una invitación. Después del barro, la luz y el desierto, lo último que se ve es un grupo de amigos vestidos de gala en otro planeta. En la web, la canción que da título al disco tiene su propia página, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», y los demás clips del planeta esperan en el archivo de vídeos.
Una letra que se repite y un vídeo que no
La letra de «Flash» es corta y circular. Tiene dos estrofas de cuatro versos que empiezan igual, un estribillo de tres líneas, y todo eso vuelve una y otra vez, cuatro veces, casi sin cambios. Es una canción hecha para la pista, donde la repetición es lo que mantiene a la gente bailando. Quien la lea en papel puede pensar que no cuenta mucho. Quien la baile sabe que esa vuelta constante es justo lo que engancha.

El vídeo hace lo contrario. Cada vez que vuelven las mismas palabras, la imagen enseña un sitio nuevo. La primera vez estamos en el estanque de las bombillas; la segunda, entre los coches antiguos y los ojos de neón; la tercera, en el desierto del sol de rayas y frente a los focos; la cuarta, en el estanque rosa y el planeta con astronauta. Las palabras se quedan quietas y el mundo alrededor se mueve.
Me gusta mucho esa tensión, porque es lo que pasa en una noche de club de verdad. La canción que suena es la misma, el estribillo es el mismo, pero tú no eres la misma persona a la una que a las cinco. Al principio estás entrando, mirando, todavía con el abrigo puesto por dentro. Hacia el final ya has sudado, te has reído, te has quitado de encima lo que traías. El vídeo cuenta esa noche entera sin cambiar una palabra de la letra, solo cambiando el decorado.
También explica por qué el protagonista cambia de cara. Si la letra se repite, el que la vive no tiene por qué ser siempre el mismo. Cada vuelta del estribillo puede ser de otro: del chico del pelo rizado, del de barba, del rubio, del del torso tatuado. «Hoy vengo a darlo todo» lo puede decir cualquiera que entre por la puerta.
Dónde vive «Flash» en el disco
En el orden del primer disco, «Flash» es la canción número 21. Justo antes va «El anillo de casado», que es una canción de pareja, de pasillo y de anillo sobre la mesa, mucho más íntima. Me parece un buen contraste: después de una canción de dos, una de una sola persona que sale a la pista a darlo todo.
Debajo del vídeo, en YouTube, la letra va copiada entera y le sigue un montón de etiquetas que casi sirven de guion: «#QueenSaliendoDelLodo», «#AmpollaFlash», «#RetroFuturista», «#BrilloEnLaNoche», «#FlashCámaraAcción». La de «retrofuturista» es la que mejor describe el desierto del sol de rayas y el planeta rosa con astronauta.
«Flash» pertenece a la familia de canciones de noche del planeta, las que hablan de salir, arreglarse y bailar. La encontraréis junto a las demás en la lista completa de canciones. Y es muy de lo que en otra página explico como camp a la española: coger algo tan pequeño como una ampolla de tocador y montarle encima un espectáculo de luces, barro y planetas.
Con qué me quedo
De todo el clip, hay dos momentos que se me quedan pegados. Uno es el hombre hundiéndose en el estanque entre la niebla, con las bombillas encendidas encima. Es un comienzo silencioso para una canción que va de darlo todo, y me gusta que no tenga prisa. Antes de brillar hay que desaparecer un poco.
El otro, el barro saltando de la cara. Es una imagen violenta y al mismo tiempo alegre, como sacudirse algo que llevabas encima hace mucho. La queen de la canción sale del lodo y luego se lo quita de golpe, sin pedir permiso, y lo que queda debajo son dos ojos encendidos.
Para seguirlo con calma, el reproductor está en la ficha del clip enlazada arriba; para ponerla en bucle, tenéis la pista en Spotify; y si escribís sobre música, en prensa hay material del proyecto. Cuando os arregléis para salir y os veáis en el espejo con cara de barro, acordaos del estanque rosa. Detrás viene el fogonazo.
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el videoclip de «Flash»?
Un hombre con traje que se hunde en un estanque bajo guirnaldas de bombillas y sale con la cara cubierta de barro y los ojos encendidos en azul, primeros planos de ojos verdes y rosas, una calle de tierra con coches americanos antiguos, un desierto con un sol de rayas, una mano que suelta luz, el mismo estanque teñido de rosa, un planeta rosa con un astronauta y, al final, el cartel del disco.
¿Qué significa el fogonazo azul del vídeo?
Es el clímax del clip, a los dos minutos y veinticuatro segundos: toda la pantalla estalla en luz azul y blanca. Es la palabra del título hecha imagen, el flash de la cámara del estribillo, después de un vídeo que va acumulando luz en los ojos, en las bombillas y en la mano del protagonista.
¿Cuándo se estrenó el videoclip de «Flash»?
Se estrenó en YouTube el 20 de noviembre de 2024 y dura tres minutos y veintiún segundos. Está en la página del videoclip de la web de Planeta Gayfolk.
¿En qué disco está «Flash»?
Es la canción número 21 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía, justo después de «El anillo de casado». El vídeo termina con el cartel de ese disco.
¿Quién escribió «Flash»?
La letra, la composición y la producción son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid. La queen que sale del lodo es un personaje inventado.