Planeta Gayfolk

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Una cuerda tendida sobre un planeta rosa, un arco de piedra ante la galaxia y un paso en el vacío: las cuerdas flojas de Planeta Gayfolk

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Fotograma de «Punto muerto»: una figura diminuta camina por una cuerda tendida en el espacio, sobre la curva de un planeta rosa y bajo una estrella resplandeciente

Los funambulistas dicen que el secreto no está en los pies, sino en la mirada. Que si miras hacia abajo, caes. Que hay que fijar los ojos en un punto lejano, al final de la cuerda, y caminar hacia él sin pensar en el vacío. Es un consejo que sirve para mucho más que para el circo. Lo sabe cualquiera que haya atravesado una época en la que cada día parecía un paso sobre un cable tendido entre dos edificios.

Mike Sain't Louis, «el primer cantautor IA», autor de letras, música y producción (música e interpretación vocal hechas con IA), convirtió esa imagen en el centro del videoclip de «Punto muerto». Allí camina por una cuerda floja tendida en el espacio, sobre un planeta rosa gigantesco, entre constelaciones. Este paseo recorre las cuerdas flojas de Planeta Gayfolk a partir de esa canción breve y desnuda sobre sentirse atascado.

Tantas estrellas

La letra arranca con una pregunta que no lleva signos de interrogación pero que lo es. Entre tantas constelaciones, galaxias y estrellas, cómo va uno a ser quien brille de forma especial. Es una duda que conoce cualquiera que alguna vez haya intentado hacer algo propio en un mundo saturado.

Retrato de Mike Sain't Louis ante un escenario con foco rosa, junto al verso «Entre tantas constelaciones, galaxias y estrellas» de «Punto muerto»

La comparación es cósmica y, a la vez, muy cotidiana. Las estrellas son los demás: los que tienen éxito, los que destacan, los que parecen tenerlo todo resuelto. Y uno se mira a sí mismo como un punto diminuto en mitad de un cielo inmenso.

Hoy esa sensación se multiplica con las redes sociales, donde cada día vemos miles de vidas aparentemente perfectas. Pero es mucho más antigua. Es el miedo a la insignificancia, a no dejar huella, a pasar por el mundo sin que nadie lo note. Y la canción lo formula con una sencillez que desarma.

Falsos amores y verdades

El segundo verso cambia de escala. Ya no habla de estrellas, sino de personas: entre tantos falsos amores, amigos y parejas, cómo va a ser uno el que suelte la verdad. Es decir, el que diga lo que nadie quiere oír.

Aquí la canción toca algo muy concreto. Hay personas que, por haber vivido situaciones de abuso, se convierten en incómodas. Saben cosas, han visto cosas, y cuando las cuentan, el entorno prefiere no escuchar. Ser quien suelta la verdad en un mundo de apariencias tiene un precio: la soledad, el descrédito, la sensación de estar siempre a contracorriente.

El verso no lo explica, pero lo deja flotando. Y conecta con la sensación de bloqueo que llega después.

Punto muerto

Y entonces la letra se rompe. Literalmente. La frase «estoy en un punto muerto» se reparte en varias líneas, una palabra por línea, como si costara pronunciarla. En. Un. Punto. Muerto.

Ese recurso tipográfico, que en la canción se traduce en pausas, transmite el bloqueo mejor que cualquier metáfora. Es la manera de hablar de quien está agotado, de quien no encuentra las palabras, de quien las saca una a una con esfuerzo.

La expresión punto muerto viene de la mecánica: es la posición de la palanca de cambios en la que el motor gira pero el coche no avanza. Hay energía, hay ruido, pero no hay movimiento. Y pocas imágenes describen mejor ciertas fases de la depresión: la cabeza da vueltas sin parar, pero la vida está detenida.

Una cuerda sobre el planeta rosa

El videoclip lleva esa sensación al espacio. En los planos centrales, Mike camina por una cuerda floja tendida entre las estrellas. Debajo, ocupando la parte inferior de la imagen, la curva enorme de un planeta rosa. Encima, constelaciones dibujadas con líneas finas y una estrella tan luminosa que parece un foco.

Fotogramas de «Punto muerto»: una figura pequeña camina por una cuerda tendida sobre la curva de un planeta rosa, bajo constelaciones y una estrella resplandeciente

En uno de los planos la figura es diminuta, casi un punto sobre la cuerda, perdida en la inmensidad. En otro, aparece recortada contra un planeta rosa que ocupa todo el fondo como una luna llena gigantesca. En otro más, la cuerda cruza la imagen en diagonal y él avanza despacio, con los brazos un poco separados del cuerpo para mantener el equilibrio.

Lo que más me impresiona es la ausencia de red. No hay nada debajo salvo el planeta, muy lejos. Si cae, cae al vacío. Y sin embargo camina. No corre, no se detiene. Camina.

La cuerda floja como estado de ánimo

Mucha gente con ansiedad describe su vida como caminar por una cuerda floja. Cada decisión parece crucial. Cada error, una caída posible. Hay que estar alerta todo el tiempo, compensando, corrigiendo, sin poder relajarse nunca.

Esa tensión constante agota. No es que pase algo terrible a cada momento. Es que se vive como si pudiera pasar. El cuerpo está en guardia, la mente anticipa catástrofes, y el simple hecho de seguir en pie consume una energía enorme.

El vídeo de «Punto muerto» captura esa sensación con una elegancia notable. No hay dramatismo en la imagen: no hay viento que sacuda la cuerda ni abismos que se abran. Solo la tensión silenciosa de un cuerpo que no puede permitirse un mal paso.

Solo molesto

En la segunda parte de la letra aparece el pensamiento más doloroso: a veces el narrador piensa que solo molesta. Que hace perder el tiempo a todos con su lamento.

Es una frase que rompe el corazón porque es muy común. Las personas con depresión suelen sentir que son una carga. Que sus problemas aburren a los demás. Que deberían callarse, no dar la lata, no quejarse tanto. Y ese pensamiento las aísla todavía más, porque dejan de pedir ayuda para no molestar.

Los profesionales de la salud mental insisten en que ese sentimiento de ser una carga es un síntoma, no una verdad. La depresión distorsiona la percepción de uno mismo y de cómo nos ven los demás. Las personas que nos quieren, en la inmensa mayoría de los casos, prefieren saber que estamos mal a que lo suframos en silencio.

El tiempo de los demás

Hay algo muy delicado en la idea de hacer perder el tiempo a los demás. Supone que el propio dolor no vale el tiempo de nadie. Que hablar de lo que uno siente es una especie de robo.

Me parece importante desmontar esa idea. Escuchar a alguien que lo está pasando mal no es perder el tiempo. Es una de las cosas más valiosas que podemos hacer por otra persona. Y quien escucha, a menudo, también recibe algo: confianza, cercanía, la oportunidad de ser útil.

La canción no llega a esa conclusión, porque está escrita desde dentro del bloqueo. Pero el simple hecho de que exista, de que alguien haya puesto por escrito ese pensamiento y lo haya compartido, ya es una forma de romperlo. Al convertirlo en canción, el lamento deja de ser una molestia y se convierte en algo que otros pueden reconocer.

Un arco de piedra ante la galaxia

Al principio del vídeo, antes de la cuerda, hay una serie de planos distintos. Mike aparece de espaldas, con un abrigo oscuro, bajo un arco de piedra antigua. Al otro lado del arco no hay un paisaje terrestre, sino una galaxia: remolinos azules y violetas, nebulosas, estrellas.

Más fotogramas de «Punto muerto»: una figura de espaldas, con abrigo oscuro, ante un arco de piedra que se abre a una galaxia azul y violeta

En otro plano, el arco enmarca un torbellino de luz que parece un agujero en el espacio, y la figura, pequeña, mira hacia él. Es como estar en el umbral de algo inmenso, sin saber si atreverse a cruzar.

Me gusta mucho esa combinación de piedra y cosmos. La piedra es lo conocido, lo sólido, lo viejo. La galaxia es lo desconocido, lo inabarcable. Y el narrador está justo en medio, en el arco, en el punto de paso. En un punto muerto, precisamente: ni dentro ni fuera.

Un abrigo en el espacio

Hay un detalle casi cómico en los planos del arco: Mike lleva un abrigo largo y oscuro, como si fuera a salir a la calle en pleno enero, mientras contempla una galaxia. Es una mezcla de lo doméstico y lo cósmico que me hace sonreír.

Pero también tiene sentido. Uno lleva siempre consigo su ropa, su cuerpo, su historia, incluso cuando se asoma a lo inmenso. No se viaja al espacio desnudo de lo que se es. El abrigo es el peso de lo cotidiano en mitad del infinito. Y es también una protección: algo con lo que abrigarse frente al frío de las estrellas.

Mirar al frente

Vuelvo al consejo de los funambulistas: mirar al frente, a un punto fijo, no al vacío. En el vídeo, la figura de la cuerda no mira hacia abajo. Mira hacia delante, hacia la estrella resplandeciente que hay al final del camino.

Hay algo terapéutico en esa imagen. Cuando todo parece inestable, fijar la mirada en algo concreto ayuda. Un objetivo pequeño, alcanzable. Una persona a la que llamar. Una cita médica. Un paseo. No hace falta ver el final de la cuerda entera. Basta con ver el siguiente punto.

Muchas terapias trabajan así: dividiendo lo abrumador en pasos manejables. No se trata de cruzar el abismo de una vez, sino de dar un paso, y luego otro, y luego otro. Con la mirada al frente.

Los brazos abiertos

En varios planos de la cuerda, la figura abre los brazos en cruz. Es el gesto clásico del equilibrista: los brazos extendidos bajan el centro de gravedad y ayudan a compensar las oscilaciones. Muchos funambulistas usan además una pértiga larga por el mismo motivo.

Pero los brazos abiertos tienen también otra lectura. Son un gesto de apertura, de exposición. Quien abre los brazos se muestra vulnerable. No se protege el pecho. Y al mismo tiempo, es ese gesto el que le permite mantenerse en pie.

Me parece una imagen preciosa para hablar de la recuperación. Para no caer, a veces hay que abrirse. Mostrar lo que nos pasa, dejar de protegernos tanto. Paradójicamente, la vulnerabilidad es lo que nos da equilibrio.

Equilibristas famosos

La historia del circo está llena de funambulistas legendarios que cruzaron cataratas, rascacielos y desfiladeros sobre un cable. Sus hazañas fascinan porque condensan algo que todos sentimos: la vida como un ejercicio de equilibrio constante, con el riesgo siempre presente.

Lo que pocas veces se cuenta es el entrenamiento detrás. Años de práctica a pocos centímetros del suelo, caídas sobre colchonetas, repeticiones infinitas. Nadie empieza cruzando un abismo. Se empieza con una cuerda baja, y se va subiendo poco a poco.

La recuperación de una depresión o de una ansiedad intensa se parece a eso. No se trata de saltar de golpe al cable más alto, sino de practicar en cuerdas bajas: pequeños retos, pequeñas exposiciones, pequeños logros. Y con el tiempo, la cuerda puede ir subiendo.

La red que sí existe

En el vídeo no hay red. Pero en la vida, aunque a veces no se vea, sí la hay. Está formada por las personas que nos quieren, por los profesionales de la salud, por los servicios de ayuda, por las comunidades donde nos sentimos acogidos.

Para muchas personas LGTBI, esa red ha sido durante mucho tiempo frágil o inexistente. El rechazo familiar, el aislamiento en pueblos pequeños, la falta de referentes dejaban a muchos caminando por la cuerda sin nada debajo. Hoy hay más recursos: asociaciones, líneas de atención específicas, grupos de apoyo. No es suficiente, pero existe.

Saber que esa red está ahí cambia la manera de caminar. Uno se atreve más cuando sabe que, si cae, alguien lo sujetará.

El planeta rosa

El planeta que ocupa la parte baja del vídeo es rosa, como tantos elementos del universo de Mike. Rosa como la luna de otros clips, como el humo, como los neones. Es, de algún modo, el propio Planeta Gayfolk: el mundo que él ha construido con sus canciones.

Y me parece significativo que la cuerda esté tendida sobre ese planeta. Si el narrador cae, no cae a la nada absoluta. Cae a su propio mundo, a su casa. Es una lectura optimista, quizá demasiado. Pero el vídeo la permite.

El planeta rosa es grande, acogedor, luminoso. Contrasta con la oscuridad del espacio y con la fragilidad de la cuerda. Es la promesa de un suelo, aunque esté lejos.

Constelaciones dibujadas

Sobre la cuerda, el cielo está lleno de constelaciones trazadas con líneas finas, como en los mapas astronómicos antiguos. Son figuras que los humanos inventamos para orientarnos: el cazador, la osa, el carro. Puntos de luz que, unidos con imaginación, se convierten en historias.

Hay algo hermoso en esa decisión estética. Las estrellas por sí solas son caos. Las constelaciones son orden, sentido, relato. Y quizá eso sea lo que necesita el narrador para salir del punto muerto: unir los puntos de su propia vida y encontrar una figura reconocible.

La primera frase de la letra se preguntaba cómo destacar entre tantas estrellas. Las constelaciones del vídeo ofrecen otra respuesta: no hace falta brillar más que nadie. Basta con formar parte de un dibujo.

Soltar la verdad

Vuelvo al verso de soltar la verdad entre tantos falsos amores. En el contexto del vídeo, la cuerda floja adquiere una lectura nueva: caminar por ella es también decir la verdad en un entorno hostil. Cada palabra es un paso arriesgado. Cada revelación puede provocar una caída.

Mike Sain't Louis con gorra y la mano junto a la sien ante un brocal de piedra con un planeta rosa, junto al verso «Como voy a ser yo el que solo suelte la verdad» de «Punto muerto»

Quien ha denunciado un abuso conoce bien esa sensación. Contar lo que pasó exige un equilibrio delicado: ser claro sin parecer vengativo, firme sin parecer exagerado. Y muchas veces el entorno no ayuda: duda, minimiza, mira hacia otro lado. Es como caminar por la cuerda mientras alguien la sacude.

Y aun así, hay quien lo hace. Paso a paso, con los brazos abiertos, mirando al frente.

El lamento como arte

La canción termina con la palabra lamento. El narrador teme hacer perder el tiempo a todos con su lamento. Pero la propia canción es un lamento. Y no hace perder el tiempo a nadie: al contrario, da compañía.

La historia de la música está llena de lamentos. Desde las elegías antiguas hasta el fado, el blues, la copla o las baladas tristes de cualquier época. El lamento es una de las formas más antiguas de expresión humana, y una de las más útiles. Permite poner nombre al dolor, compartirlo, transformarlo.

«Punto muerto» se suma a esa tradición con humildad. No grita, no dramatiza. Solo describe, en unas pocas líneas, lo que se siente cuando todo se detiene. Y en esa descripción, alguien puede encontrar consuelo.

La pértiga invisible

Los funambulistas profesionales casi nunca caminan con las manos vacías. Llevan una pértiga larga, a veces de varios metros, que sujetan a la altura de la cintura. Esa vara les ayuda a repartir el peso y a corregir cada pequeña oscilación antes de que se convierta en caída.

En el vídeo no hay pértiga. Pero me gusta pensar que cada uno lleva la suya, aunque no se vea. Puede ser una rutina, una afición, un animal de compañía, una amistad. Algo que sujetamos con las dos manos y que nos ayuda a no perder el equilibrio cuando la cuerda se mueve.

Para muchas personas que salen de una depresión, encontrar esa pértiga es parte del proceso. Descubrir qué cosas les sostienen. Qué actividades les devuelven el centro. Qué personas les ayudan a corregir el rumbo. Y aprender a no soltarlas cuando el viento sopla.

El silencio del espacio

Hay un detalle del vídeo que se aprecia mejor con el sonido apagado: el espacio no hace ruido. Las galaxias giran, las estrellas titilan, la cuerda se tensa, pero todo ocurre en un silencio absoluto. Solo la canción llena ese vacío.

Ese silencio cósmico es una buena imagen de la soledad del bloqueo. Cuando uno está en un punto muerto, a menudo siente que nadie le oye. Que podría gritar y el sonido no llegaría a ninguna parte. El espacio exterior es el lugar perfecto para esa sensación.

Y sin embargo, la canción suena. Rompe el silencio. Es la prueba de que, incluso en mitad del vacío, una palabra puede llegar a alguien.

Volver a la cuerda

Quien ha caído alguna vez de una cuerda, real o figurada, sabe que lo más difícil no es la caída, sino volver a subir. El miedo se queda en el cuerpo. Cada paso recuerda el anterior tropiezo.

Por eso las recaídas en la depresión o en la ansiedad son tan duras. No solo por el malestar en sí, sino porque parecen anular todo el camino recorrido. Pero no lo anulan. Quien vuelve a subir a la cuerda lo hace con una experiencia que antes no tenía. Sabe que puede caer y que puede levantarse. Y ese saber, aunque no lo parezca, también es equilibrio.

Por qué Mike escribe desde la cuerda

Detrás de la cuerda floja hay una biografía que Mike ha compartido abiertamente. Pasó cerca de veinte años en dos relaciones consecutivas con hombres narcisistas que lo maltrataron psicológicamente. Al denunciarlo en público, se encontró con que ellos habían ido sembrando desconfianza a su alrededor, y algunas personas de su entorno le retiraron el saludo. Estuvo a un paso de quitarse la vida. Desde entonces lo acompañan especialistas en salud mental con los que aborda un estrés postraumático, una depresión mayor de carácter grave, ansiedad, fobia social y un trastorno de personalidad por evitación. Por eso el verso de soltar la verdad y el miedo a molestar no son figuras retóricas: son la cuerda por la que él mismo caminó.

Si sientes que estás en un punto muerto y que solo molestas, recuerda que ese pensamiento forma parte del malestar, no de la realidad. Díselo a alguien que te quiera y busca a un profesional. Y si en algún momento te planteas quitarte la vida, llama al 024: en España responde gratis, en confianza y a cualquier hora. Para emergencias, el 112.

Oírla, verla y llevártela gratis

El videoclip completo de «Punto muerto», con su cuerda floja sobre el planeta rosa, está en su página de vídeo. La canción suena también en Spotify. Si buscas el impulso contrario, «Dientes, dientes» despega entre montañas rosas, y «No me aparece una ilusión» vuelve al encierro del cuarto. Todo lo demás está en el catálogo y en los vídeos.

Puedes descargarla sin pagar en la tienda de la web o en mikesaintlouis.com/descargas. Si eres periodista, tienes material en la página de prensa.

El siguiente paso

Me quedo con la imagen de la figura diminuta sobre la cuerda, con el planeta rosa debajo y la estrella resplandeciente al frente. No sabemos si llega al final. El vídeo no lo muestra.

Pero sabemos que sigue caminando. Que, a pesar del punto muerto, a pesar del miedo a molestar, a pesar del vacío, da el siguiente paso. Y luego otro. Las cuerdas flojas de Planeta Gayfolk no prometen llegar a ninguna parte. Solo recuerdan que, mientras se siga avanzando, aunque sea despacio y con los brazos abiertos, el punto muerto no es definitivo.

Preguntas frecuentes

¿Qué aparece en el videoclip de «Punto muerto»?

Mike aparece en un escenario cósmico: de espaldas bajo un arco de piedra que se abre a una galaxia, y caminando por una cuerda floja tendida sobre un enorme planeta rosa, entre constelaciones y estrellas.

¿De qué trata la canción?

De sentirse estancado, en un punto muerto, rodeado de tantas estrellas que uno no cree poder destacar, y con la sensación de que solo molesta y hace perder el tiempo a los demás con sus lamentos.

¿Por qué la cuerda floja es una buena imagen para la ansiedad?

Porque reúne la tensión constante, el miedo a caer y la necesidad de concentrarse en cada paso. Mucha gente con ansiedad describe su día a día como un ejercicio de equilibrio en el que cualquier error parece catastrófico.

¿Dónde puedo escuchar y descargar la canción?

Está completa en su ficha de gayfolkplanet.com y se descarga gratis en la tienda de la web y en mikesaintlouis.com/descargas. También se encuentra en Spotify.

¿Qué hago si siento que molesto a todo el mundo?

Ese pensamiento es frecuente en la depresión y no suele corresponder con la realidad. Compártelo con alguien de confianza y con un profesional. Si piensas en quitarte la vida, el 024 atiende en España las veinticuatro horas, gratis. En una emergencia, el 112.

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