Letras
Una manada bajo la aurora, un perro solo en el cañón y chihuahuas sobre la colcha morada: los perros de Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

Hay una hora del día en la que muchas casas se despiertan por un ruido muy concreto: unas uñas pequeñas sobre el suelo del pasillo. Es el sonido de alguien que viene a comprobar si sigues ahí. No trae noticias ni pide explicaciones. Solo se planta junto a la cama, mueve la cola y espera. Quien ha vivido con un perro sabe que esa espera es una de las formas más puras de cariño que existen.
Mike Sain't Louis, «el primer cantautor IA», firma sus canciones como letrista, compositor y productor musical (música e interpretación vocal hechas con IA). Por ese planeta suyo los perros ocupan un sitio que ningún otro animal tiene. Corren por desiertos rosados, saltan bajo lunas dobles, cruzan cañones de roca, bailan en la pista y duermen hechos un ovillo sobre una colcha. Este paseo sigue sus huellas, y la canción que marca el camino es la más festiva de todas: «Chihuahua».
Un amigo pequeño en la pista
«Chihuahua» es una canción de discoteca escrita en inglés. Su argumento cabe en una frase: un hombre y su perro salen a bailar juntos. Nada más. No hay desamor, no hay traición, no hay herida que cerrar. Hay luces que parpadean, un suelo que parece vivo y un compañero diminuto «with eyes so bright», con los ojos encendidos de alegría.

La letra se fija en detalles que solo conoce quien ha compartido casa con un chihuahua. Las patas que golpean el suelo como si llevaran el compás. Los saltos repentinos. Los ladridos que, en la canción, se convierten en parte del ritmo: «Bark it out», suelta el estribillo, ladra fuerte. Y entre tanto ladrido, una frase que resume la canción entera con una sencillez casi infantil: con mi chihuahua, la vida es dulce.
Esa sencillez es su fuerza. En un repertorio lleno de canciones sobre el maltrato, la depresión o la manipulación, «Chihuahua» funciona como una ventana abierta. Es la prueba de que la alegría también tiene sitio en Planeta Gayfolk, y de que a veces llega en un cuerpo de dos kilos con orejas enormes.
Una manada bajo la aurora
El vídeo de «Chihuahua», estrenado el 22 de diciembre de 2025, no tiene ni una sola persona. Todo lo protagonizan perros. En uno de los primeros planos, una fila de cinco o seis animales pequeños corre en fila india sobre un suelo rosado y violeta, salpicado de piedras que parecen cristales. Encima de ellos, el cielo se abre en una aurora boreal verde y fucsia, con cortinas de luz que caen desde lo alto.
Es una imagen de cuento. Los perros no parecen huir de nada ni ir a ningún sitio concreto: simplemente corren juntos, con las colas levantadas, como si la aurora fuera una fiesta a la que les han invitado. La manada avanza unida, y cada uno mantiene su distancia justa con el de delante.
Las manadas tienen algo que conmueve. Un grupo de perros que corre junto no necesita ponerse de acuerdo con palabras. Se coordinan con el cuerpo, con la mirada, con el olfato. Son una familia elegida en movimiento, y el vídeo los coloca bajo el cielo más espectacular posible, como diciendo que esa manera de estar juntos merece un decorado a su altura.
Un perro solo en el cañón
No todos los planos son colectivos. En otro, un único perro de pelo oscuro camina por el fondo de un cañón de paredes rojas, altísimas, con el sol colándose entre las rocas y levantando una nube de polvo dorado a su alrededor. El animal parece pequeñísimo frente a la piedra. Avanza con decisión, sin mirar atrás.
Es el contrapunto de la manada. Si la aurora era la alegría compartida, el cañón es la travesía en solitario. Todo perro, por muy sociable que sea, tiene momentos así: el paseo en el que se aleja unos metros para olfatear algo que solo él entiende, la siesta en el rincón donde nadie le molesta, el rato junto a la ventana mirando la calle.
Hay también un plano en el que ese perro cruza un desierto rosado bajo un cielo violeta con dos lunas, una pequeña y otra transparente, como una burbuja. Camina tranquilo, proyectando una sombra larga sobre las dunas. Es un paisaje que no existe en la Tierra, y sin embargo el perro lo recorre como si fuera el parque de su barrio.
Un desfile bajo medio sol
El plano más gráfico del vídeo coloca a cinco chihuahuas en fila sobre un suelo fucsia atravesado por rayas amarillas, como si fuera lava o pintura. Al fondo, un enorme sol amarillo a medio salir, cruzado por franjas, y un cielo azul intenso lleno de estrellitas. Los perros caminan de perfil, con collares, como modelos en una pasarela.
Tiene algo de cartel de los años sesenta, de portada de disco psicodélico. Y tiene también mucho humor. Cinco perros pequeños desfilando con toda la dignidad del mundo delante de un sol gigante es una imagen que no se puede mirar sin sonreír. El vídeo entiende que los chihuahuas son animales con mucha personalidad, a veces exagerada, y les da el escenario que su ego merece.
Hay otro plano parecido en el que un único perro negro y canela se planta sobre una superficie rosa reluciente, como un mar de plástico, con dos cúpulas amarillas al fondo y un sol blanco que estalla en el cielo. Parece un astronauta recién llegado a un planeta desconocido, orgulloso de ser el primero en pisarlo.
Saltar bajo dos lunas
Y luego está el momento de la fiesta. Seis perros saltan al mismo tiempo sobre una llanura nevada de color lavanda, bajo una luna blanca enorme. Están suspendidos en el aire, con las patas estiradas, las orejas tiesas, el cuerpo entero en tensión de alegría. En el plano siguiente aterrizan y se quedan mirando a cámara, en fila, como si esperaran el aplauso.

Es la traducción visual del estribillo. «Spin around, jump up high», dice la letra: gira, salta bien alto. Y los perros lo hacen al pie de la letra. No hay coreografía más honesta que la de un animal que salta porque está contento.
Me gusta pensar que esos saltos son los mismos que dan los perros reales cuando oyen las llaves de casa. Ese brinco en vertical que parece desafiar la gravedad, esa explosión de energía que no tiene otro motivo que la llegada de alguien querido. El vídeo lo lleva a un paisaje lunar, pero el gesto es el de cualquier recibidor.
Bailar al mismo ritmo
«Chihuahua» habla constantemente de sincronía. El hombre y el perro se mueven juntos, encuentran el mismo compás, entran a la vez en la canción. Hay una idea muy bonita escondida en esa insistencia: la de que la compañía más profunda no siempre necesita palabras. Basta con moverse al mismo ritmo.

Quien vive con un perro conoce esa sincronía cotidiana. El animal aprende tus horarios, sabe cuándo vas a salir por cómo te pones los zapatos, se levanta de la alfombra antes de que tú mismo hayas decidido levantarte del sofá. Y tú, a tu vez, aprendes a leer sus orejas, su manera de suspirar, el tipo de ladrido que significa que hay alguien en la puerta.
Esa coordinación silenciosa es una forma de amor. No hay que explicarla ni negociarla. Se construye a base de paseos, de comidas, de noches en la misma habitación.
Chihuahuas sobre la colcha morada
Si el vídeo de «Chihuahua» es fantasía pura, el de «Como a mi chihuahua» va en la dirección contraria. Ahí aparecen perros de verdad, grabados en una casa de verdad. Dos chihuahuas de pelo claro descansan en una cama para perros con estampado blanco y negro, uno apoyado en el otro. Un tercero, blanco y negro, de orejas tiesas, se sienta muy erguido sobre una colcha morada arrugada.

En otro plano, uno de ellos se estira sobre esa misma colcha mientras otro, más grande y de pelo rubio, le observa de espaldas a la cámara. Al fondo se ve una cómoda, una puerta, el desorden normal de un dormitorio. No hay luces de discoteca ni auroras. Hay una cama deshecha y unos animales que se sienten en su casa.
Esas imágenes son muy valiosas precisamente porque son corrientes. Nos recuerdan que detrás de las manadas fantásticas hay perros con nombre, con manías, con su sitio favorito en la cama. Y que la fantasía del vídeo de «Chihuahua» nace de algo tan cotidiano como mirar a tu perro dormir.
El antídoto contra la soledad
La letra de «Como a mi chihuahua» empieza explicando por qué el protagonista no ve las noticias: porque le afectan demasiado las injusticias, porque no soporta ver llorar a nadie. Luego pregunta a otra persona si cuando le ve también se le acelera el corazón, y compara ese latido con el de un chihuahua, que va siempre a mil por hora.
Es una imagen muy precisa. Los perros pequeños tienen el corazón rapidísimo, y cualquiera que haya tenido uno en brazos lo ha notado latir contra la mano. Comparar el enamoramiento con ese pulso diminuto y acelerado es una manera tierna de hablar del deseo. Y al final llega una confesión: la risa de la persona querida funciona como antídoto contra la soledad.
Esa palabra, soledad, es la que une a todos los perros de este recorrido. Para mucha gente, el perro es exactamente eso: el antídoto. El ser que está cuando no hay nadie más, el que no juzga, el que no se va.
Una nana para Limón
Hay otra canción en el planeta dedicada a un perro, y es de las más delicadas del repertorio: «Limón». Es una nana. Literalmente, una canción para dormir a un perro pequeño. «Muchas gracias por hacerme tan feliz», empieza. Y después: «Duérmete limón, ya es hora de dormir».
La letra trata al perro con una ternura absoluta. Le recuerda que su dueño está ahí, que le va a proteger, que es amor de verdad, siempre leal, incapaz de fallar. Hay incluso un momento de humor: el narrador asegura que entre los dos existe una conexión telepática y que lo ha consultado hasta con un gurú. «Que tú eres chiquitín», repite una y otra vez, como quien arrulla a un bebé.
Lo que más me conmueve de «Limón» es ese «tú nunca me vas a fallar». Para alguien que ha sido traicionado por las personas, la lealtad de un perro adquiere un valor enorme. No es una lealtad ingenua ni idealizada. Es la constatación de que existe al menos un vínculo en el que nadie miente.
Mis perros y mi eyeliner
En «Marica chill» los perros aparecen de pasada, pero en un verso decisivo. La canción celebra la libertad de una marica que pasea por la playa con tacones, short transparente y abanico, que manda besos a quien le critica desde el balcón. Y en mitad de esa declaración de independencia, suelta: «Me bastan mis perros y mi eyeliner green».
Es una frase que lo dice todo. No hace falta pareja para estar bien. Hacen falta los perros y un poco de maquillaje. La compañía de los animales aparece aquí como una de las bases de una vida feliz y elegida, al mismo nivel que el estilo propio.
Muchas personas LGTBI se reconocen en esa frase. Durante años, la presión para tener pareja, para formar una familia convencional, ha pesado sobre quienes no encajaban en el molde. Y la respuesta de «Marica chill» es luminosa: mi familia son mis perros, y con ellos me sobra.
El paseo de cada día
En «Me rindo», otra canción del planeta, hay un detalle que se cuela entre los versos: «el paseo con los perros». Aparece como una de esas pequeñas rutinas que sostienen la vida cuando todo lo demás tambalea. Y es que el paseo diario es, quizá, el regalo más subestimado de convivir con un perro.
Un perro obliga a salir. Llueva, haga frío o estés triste, hay que bajar a la calle varias veces al día. Para alguien con depresión o con fobia social, esa obligación puede marcar la diferencia entre pasar el día entero en la cama o ver la luz del sol al menos un rato. El perro no pregunta si tienes ganas. Se pone en la puerta y te mira.
Durante el paseo, además, ocurren cosas. Otros dueños saludan. Algún vecino se para a acariciar al animal. Se intercambian dos frases sobre la raza, la edad, lo bien que se porta. Son interacciones pequeñas, sin presión, que para quien vive aislado pueden ser las únicas del día. El perro funciona como un puente hacia los demás.
Perros en las familias que elegimos
Hay un fenómeno muy extendido en la comunidad LGTBI: el de los perros como hijos. A veces se hace con ironía, a veces muy en serio. Parejas que celebran el cumpleaños de su perro, amigos que se reparten la custodia tras una ruptura, personas mayores que viven solas con su perra y la consideran su familia más cercana.
Detrás de eso hay algo profundo. Muchas personas LGTBI han tenido relaciones complicadas con sus familias de origen, o han crecido sintiéndose rechazadas. Construir una familia propia, elegida, con amigos y con animales, es una manera de reparar esa herida. El perro forma parte de ese núcleo con pleno derecho.
Por los vídeos de Mike esa familia elegida aparece de muchas formas. Pero los perros tienen algo especial: son los únicos que nunca se van por voluntad propia. Están hasta el final.
Lo que sabe un perro
Hay estudios que muestran que los perros detectan cambios en nuestro estado de ánimo. Notan cuando lloramos, cuando estamos nerviosos, cuando algo va mal. Algunos se acercan y apoyan la cabeza en nuestras piernas. Otros se tumban a nuestro lado sin hacer ruido. No entienden qué nos pasa, pero entienden que nos pasa algo.
Esa capacidad de acompañar sin preguntar es lo que hace que muchas personas con ansiedad o depresión encuentren en su perro un apoyo enorme. Existen incluso perros de asistencia emocional, entrenados para ayudar a personas con estrés postraumático, interrumpiendo una crisis con un empujón del hocico o despertando a su dueño de una pesadilla.
No se trata de convertir a los perros en terapeutas. Pero sí de reconocer el papel que tienen en la vida de tanta gente que lo está pasando mal.
Los perros no se cambian
Merece la pena decirlo con claridad: un perro no es un juguete ni un accesorio. Es un compromiso de diez, doce, quince años. Necesita comida, veterinario, paseos, tiempo, paciencia. Y cada año, en España, miles de perros son abandonados, muchos de ellos después del verano o cuando dejan de ser cachorros.
Si alguien se plantea tener un perro después de leer esto, o de ver a la manada del vídeo saltando bajo la luna, lo mejor que puede hacer es acudir a una protectora. Hay chihuahuas, mestizos, perros mayores, perros con alguna discapacidad, esperando una casa. Y adoptar es también una forma de construir esa familia elegida de la que hablaba antes.
El final de la noche
La letra de «Chihuahua» tiene un momento en el que la fiesta empieza a terminar. La noche se apaga y el narrador le dice a su compañero que no ponga mala cara, que volverán. Es una despedida de pista de baile, pero también puede leerse de otra forma.
Los perros viven menos que nosotros. Quien los quiere sabe que algún día habrá que despedirse. Y esa certeza, lejos de amargar la convivencia, la vuelve más intensa: cada paseo, cada salto, cada siesta compartida cuenta. La promesa de volver a bailar es una manera de decir que ese amor no se acaba aunque se acabe la noche.
Una historia que se cuenta
Mike ha hablado públicamente de lo que vivió durante cerca de dos décadas: dos relaciones seguidas con hombres narcisistas que le maltrataron psicológicamente. Cuando por fin pudo contarlo, descubrió que ellos ya se habían encargado de sembrar dudas sobre él entre parte de su entorno, y muchas personas se alejaron. Llegó a estar al borde del suicidio. Ahora le siguen profesionales de psiquiatría y psicología, y sus informes hablan de un trastorno de estrés postraumático, de una depresión mayor en grado grave, de ansiedad, de fobia social y de un trastorno de evitación de la personalidad. Durante todo ese tiempo, sus perros han sido compañía diaria, y canciones como «Chihuahua» o «Limón» son también una manera de darles las gracias.
Si tú estás pasando por algo parecido y te cuesta incluso levantarte para sacar al perro, no lo cargues a solas. Cuéntaselo a alguien en quien confíes o pide cita en tu centro de salud. Cuando la idea de morir aparezca, aunque sea de refilón, marca el 024: en España contesta gente preparada, de día y de noche, sin coste y sin que nadie se entere. Si hay peligro inmediato, el número es el 112.
Escucharlas, verlas y guardarlas
El vídeo completo de «Chihuahua», con su manada bajo la aurora y sus saltos bajo la luna, puede verse en su página. La canción también está en Spotify. «Como a mi chihuahua», «Limón» y «Marica chill» tienen cada una su ficha para escucharlas enteras, y el resto del repertorio aguarda en el catálogo.
Todas se pueden descargar gratis, sin registro ni pago: en la tienda de gayfolkplanet.com y en la sección de descargas de mikesaintlouis.com. Quien escriba sobre música encontrará material en prensa.
Huellas en la arena rosa
Vuelvo al primer plano del vídeo. La manada corriendo bajo la aurora, las colas en alto, el suelo rosado lleno de cristales. Ninguno de esos perros sabe que está en un planeta inventado. Para ellos solo existe la carrera, el compañero de al lado y la luz que cae del cielo.
Quizá esa sea la lección que traen los perros de Planeta Gayfolk. Vivir en el presente, celebrar sin motivo, estar cerca de quien quieres. Saltar cuando llega alguien a casa. Dormir pegado a otro cuerpo caliente. Y bailar, aunque sea en la cocina, aunque nadie más mire, con un amigo pequeño que te sigue el ritmo con las patas.
Preguntas frecuentes
¿Qué perros aparecen en los vídeos de Mike Sain't Louis?
En «Chihuahua» una manada de perros pequeños corre bajo una aurora, atraviesa un cañón de roca roja, desfila bajo un sol amarillo y salta bajo dos lunas. En «Como a mi chihuahua» aparecen perros de verdad, chihuahuas que juegan y descansan sobre una colcha morada.
¿De qué trata «Chihuahua»?
Es una canción de baile en inglés dedicada a un perro pequeño que acompaña a su dueño en la pista: los dos se mueven al mismo ritmo bajo la bola de discoteca y la noche se convierte en una fiesta compartida.
¿Cuándo se publicó el vídeo de «Chihuahua»?
El 22 de diciembre de 2025. Dura algo más de tres minutos y está protagonizado por completo por perros.
¿Dónde puedo escuchar o descargar estas canciones?
Cada una tiene su ficha en gayfolkplanet.com para oírla completa. Se descargan sin pagar nada en la tienda de la web y en la página de descargas de mikesaintlouis.com, además de en Spotify.
¿Un perro puede ayudar si estoy pasando por una depresión?
Puede ser una compañía muy valiosa y una razón para salir a la calle cada día, pero no sustituye al tratamiento. Si estás mal, habla con tu médico o con un psicólogo. Ante pensamientos de suicidio, en España el 024 responde gratis las veinticuatro horas, y el 112 si la urgencia es inmediata.