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Una montaña de espuma frente al volcán: el videoclip de «Bareback» escena a escena

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Fotograma de «Bareback» en blanco y negro: un montículo de espuma blanca en mitad de una playa de noche, con un palo clavado en la cima y el mar al fondo

El videoclip de «Bareback» está rodado en blanco y negro y casi todo lo que sale en él es blanco. Blanco de espuma. Una espuma espesa, como de nata montada o de jabón de fiesta de verano, que brota del suelo, cae en cascadas, se amontona en la arena, se levanta en columnas y acaba tapando a los hombres hasta el cuello. Hay playa, hay rocas, hay montes al fondo y hay un volcán. Y hay un solo plano en color, que llega cuando menos te lo esperas y que no se parece a nada de lo demás.

El vídeo se publicó el 26 de enero de 2025 y dura cuatro minutos y medio. Está en su página de vídeo, la canción se escucha en Spotify y ya tiene en el diario otra lectura, centrada en la letra, el despecho de feria y el karma. Aquí no voy a repetir eso. Aquí voy a hablar de lo que se ve, plano a plano, y de por qué una canción tan bruta acabó convertida en un paisaje casi de postal.

El cartel de entrada

El primer plano es una habitación blanca. Dos hombres de espaldas, uno con camisa clara y otro con camisa oscura, miran hacia el fondo. A los lados, dos torres de espuma que chorrean hacia abajo, como velas derretidas o como columnas de un templo que se está deshaciendo. Arriba, en morado, el nombre: Mike Sain't Louis. Abajo, en rojo y en letras gordas, el título: BAREBACK.

Ese rojo es importante porque es casi el único color del vídeo. Se queda un par de segundos y se va. A partir de ahí, todo es gris, negro y blanco. Es como si el título avisara de lo que la canción va a decir y luego la imagen se encargara de decirlo de otra manera, más limpia, más rara.

Los dos hombres de espaldas no se giran. No sabemos quiénes son ni qué miran. Esa es la primera decisión del clip: nada de presentar personajes. Aquí no hay un ex al que señalar con el dedo, ni un protagonista con nombre. Hay figuras, hay espuma y hay paisaje.

La ladera y el primer géiser

Corte a exterior. Dos hombres de pie en una ladera, con montañas peladas detrás. Uno lleva gafas de sol. Están quietos, tranquilos, como dos amigos que han subido a ver las vistas. Y entonces, a sus pies, el suelo se abre y sale disparada una columna de espuma, como un géiser, que sube y se desparrama entre los dos.

No reaccionan con susto. Lo miran. Esa calma es lo que hace gracia. Si alguien ha escuchado la canción antes de ver el clip, sabe perfectamente de qué va esa espuma. Pero los personajes se comportan como si estuvieran viendo una fuente municipal. El chiste está en la distancia entre lo que la letra cuenta y la seriedad con la que la imagen lo enseña.

La canción, además, empieza con una frase que no tiene nada de escandalosa:

Y todavía no nos hemos emborrachado

Es la frase de alguien que está en una fiesta que no termina de arrancar. Y el clip arranca igual: con gente de pie, esperando, mientras la espuma empieza a salir por su cuenta.

La pared que gotea

Después viene uno de los decorados que más se repiten: una pared entera de espuma que cae desde arriba, como una cascada congelada a medias. Delante, los dos hombres con polo, mirando a cámara. Uno abre el brazo, como quien enseña algo que ha construido. El otro sonríe.

Esa pared tiene una textura muy concreta, llena de grumos, de goterones, de hilos que cuelgan. No es una espuma bonita de anuncio de champú. Es pesada, se nota que pesa. Y en blanco y negro, con la luz de frente, parece casi escultura. Hay planos en los que no sabes si estás viendo espuma o yeso.

Me gusta que el clip vuelva a esta pared varias veces, como un estribillo visual. La canción tiene un estribillo que se repite muchas veces, casi siempre igual, y el vídeo hace lo mismo con sus decorados: vuelve a la pared, vuelve a la playa, vuelve al volcán. Un mismo sitio, otra vez, con un poco más de espuma.

Un montículo en la playa de noche

Hay un plano que elegí para la portada de esta nota. Es de noche, en una playa. No hay nadie. En mitad de la arena hay un montículo de espuma, enorme, redondo, con un palo clavado en la cima, como la bandera que se pone en una montaña recién conquistada. Detrás, el mar oscuro y un trozo de costa.

Cuatro momentos de «Bareback»: una fiesta de hombres metidos en espuma entre dos cascadas blancas, dos amigos de espaldas frente al mar, dos trajes en la arena y la sonrisa roja del único plano en color

Es el plano más silencioso del vídeo. Sin hombres, sin gestos, sin baile. Solo el montón blanco, la noche y el palo. Tiene algo de monumento, de cosa que alguien dejó ahí después de una fiesta muy larga. Y tiene también algo de chiste: el monte de espuma con su banderita, como si fuera un pico de los que se suben con oxígeno.

Si tuviera que resumir el clip en una sola imagen, sería esa. La canción es una burla, es grosera, es exagerada. Y el vídeo la convierte en una montaña blanca en una playa vacía, que se mira casi con respeto.

Brazos arriba

Vuelven los hombres, ahora metidos en la espuma hasta la cintura. Levantan los brazos, saludan, uno agita la mano como si le hiciera señas a alguien desde un barco. Es el tono de fiesta de espuma de discoteca de costa, de esas que se hacían en agosto con un cañón y un DJ.

Aquí la letra ya ha empezado con el retrato del otro, el que no sale en el vídeo. Un retrato cruel, de los que hacen reír y doler a la vez. No voy a citar los peores versos, porque se pueden leer enteros en la ficha. Pero sí este, que lo dice todo sobre el tono:

¡Si parece la boca de Carrie!

Carrie, la de la novela de Stephen King y la película de Brian De Palma, la chica del baile de graduación empapada en sangre. La comparación es un insulto de patio de colegio, de los que se sueltan a gritos para que se rían los demás. Y el clip, ahora lo veremos, se acuerda de Carrie de una forma muy literal.

Siluetas a contraluz

Antes de eso, un respiro. Dos siluetas sin camiseta, a contraluz, con montañas detrás y el sol bajando. No se les ve la cara. Solo la forma del cuerpo, negra contra el cielo blanco. Es un plano clásico, de cine de verano, de pareja en la playa al final del día.

Justo después, los mismos dos hombres aparecen bajo un arco de espuma que les gotea encima de la cabeza. Uno pone cara de resignación, como quien se moja con la lluvia y ya no se molesta en correr. Ese cambio de registro, del contraluz bonito al goterón en la cabeza, es muy de este vídeo. No te deja ponerte romántico más de tres segundos.

La playa con el pueblo detrás

Hay varios planos de playa con un pueblo blanco al fondo, casas bajas en la ladera, carretera, farolas. Dos hombres caminan por la orilla, con la espuma esparcida por la arena como si la marea la hubiera dejado ahí. Parece una mañana cualquiera en un pueblo de costa, salvo por el detalle de que todo está cubierto de blanco.

La letra, por su parte, está llena de geografía canaria. Nombra La Tejita, la playa del sur de Tenerife, nombra a la Virgen de la Candelaria y nombra a un curandero:

Pues un curandero de Adeje

Adeje es otro municipio del sur de la isla. No hace falta saberlo para disfrutar la canción, pero sí ayuda a entender el paisaje del vídeo: costa volcánica, montes pelados, arena oscura y pueblos blancos colgados de la ladera. El clip no dice dónde está rodado y yo no voy a inventármelo. Lo que sí hace es parecerse muchísimo a los sitios que la letra nombra. Canarias es una de las coordenadas fijas del planeta, y otra canción del universo lo explica a su manera: «En Canarias no existen las sirenas».

El hombre solo junto al volcán

De pronto, un plano distinto. Un hombre solo, de pie en una explanada de tierra, con un cono volcánico enorme detrás. Atardecer. No hay espuma, o casi. Solo él, pequeño, frente a la montaña.

Y en el plano siguiente, delante del mismo volcán, la espuma se levanta como una escultura líquida, con salpicaduras congeladas en el aire, como si alguien hubiera tirado un cubo de leche y la cámara lo hubiera parado a mitad de camino.

El volcán aparece varias veces más, hasta el final. Para mí es el gran personaje mudo del vídeo. Los hombres van y vienen, la espuma sube y baja, pero el volcán sigue ahí, quieto, con su forma perfecta de cono. Un volcán es una montaña que en cualquier momento escupe lo que tiene dentro. No hace falta subrayar la metáfora: el clip la deja ahí y ya está.

El único plano en color

Y entonces, hacia el minuto y diez, el vídeo cambia de golpe. Color. Una habitación oscura con cortinas, una vela encendida, luz roja. Una chica de melena pelirroja que mira a cámara y sonríe, con la cara manchada de rojo, como si viniera de un baile de graduación que acabó fatal.

Cartel con el verso de la doble careta de «Bareback» sobre un callejón nocturno del Planeta Gayfolk

Es Carrie. O, mejor dicho, es la broma de Carrie hecha imagen. La letra ha dicho que la boca del otro parece la de Carrie y el clip, en lugar de enseñar una boca, enseña a la propia Carrie, o a alguien que se le parece mucho, sonriendo encantada. Son unos pocos segundos, tres o cuatro planos, y luego vuelve el blanco y negro como si no hubiera pasado nada.

Es el momento más de cine de terror del vídeo, y también el más divertido. Porque esa sonrisa no da miedo de verdad. Da risa. Es el terror de sesión de madrugada, el de las películas que se ven en grupo para gritar juntos. Y es el único sitio donde el vídeo se permite usar el rojo, que es el color del título y el color de la sangre de la película.

La lluvia de espuma

Después del color, el vídeo se vuelve más loco. Explosiones de espuma que salen hacia arriba y caen como lluvia sobre los hombres. Gotas enormes, salpicaduras, cortinas blancas que se desploman desde el cielo. Los personajes se ríen, se tapan, se dejan.

Este tramo coincide con el estribillo, que es exactamente lo contrario de un estribillo romántico. Tiene ese tono de pregonero de feria que anuncia una novedad:

Atención Señoras y señores

Nueva palabra

Madre mía con estos maricones

Cada día tienen nuevas invenciones

Es una parodia de cómo se habla de nosotros desde fuera. La señora escandalizada que se entera de una palabra nueva y la repite a gritos para que se entere todo el mercado. La canción se pone en su boca y exagera el escándalo hasta que se vuelve ridículo. Y el clip, en ese momento, también exagera: más espuma, más lluvia, más caos.

Hasta el cuello

Hay una serie de planos en los que solo se ven cabezas. Los hombres están metidos en una piscina, o en algo parecido a una piscina, llena de espuma hasta arriba. Asoman la cara, el pelo, a veces una mano. Detrás, una cascada blanca que no para de caer.

Es una imagen muy de fiesta de verano, de las que se hacen en los pueblos con el cañón de los bomberos. Y también tiene algo de baño de lujo, de bañera de película antigua con burbujas hasta las orejas. Ninguno parece agobiado. Están cómodos, como en casa.

Cuatro hombres y un micrófono

En medio del vídeo hay un plano de grupo. Cuatro hombres, abrazados por los hombros, con los brazos abiertos, delante de dos cascadas de espuma. Uno lleva gafas de sol. Otro sostiene un micrófono, como si estuviera dando una rueda de prensa o presentando un concurso.

Ese micrófono me hace mucha gracia, porque es el único objeto del clip que tiene que ver con la música. Nadie toca nada, nadie baila coreografías, nadie hace playback de verdad. Pero alguien tiene un micro en la mano, como el presentador de la fiesta que va a anunciar el siguiente número. O como el pregonero del estribillo que anuncia la nueva palabra.

El mar y la espuma

Hacia la mitad aparecen los planos de mar. Dos hombres sin camiseta, metidos en el agua, se tiran espuma el uno al otro como dos críos en la orilla. Las olas rompen detrás. Otro plano los muestra de pie en el agua poco profunda, con la espuma flotando alrededor, como si el mar entero se hubiera vuelto de jabón.

Hay un efecto visual curioso en estos planos. La espuma de las olas, la de verdad, y la espuma del clip se confunden. Ya no sabes cuál es cuál. Y eso también es una forma de contar la canción: lo que al principio parecía una provocación acaba pareciendo parte de la naturaleza, tan normal como una ola que rompe.

Esculpir la espuma

Uno de mis planos favoritos es el de dos hombres moldeando un bloque de espuma con las manos, como si fuera barro o arcilla. Están concentrados, serios, dándole forma. Detrás, el volcán otra vez.

Es la imagen del trabajo artesanal, del que construye algo con las manos aunque el material sea absurdo. Y aunque sea una lectura mía, no puedo evitar ver ahí algo de cómo se hacen estas canciones: coger un material que parece de chiste, una pelea, un insulto, un despecho, y trabajarlo hasta que tenga forma. Eso, en el fondo, es lo que hace todo el catálogo. Más sobre la estética del planeta en su página, donde se explica mejor que yo por qué casi todo aquí mezcla lo cutre con lo monumental.

Columnas y torres

Más adelante, la espuma deja de ser montón y se vuelve torre. Una columna blanca que sube desde el suelo, alta como un árbol, con las ramas goteando. Dos hombres de espaldas la miran desde abajo, pequeños. Otra columna, más recta, como un chorro de manguera que no termina nunca.

Mosaico con la carátula de «Bareback» junto a las de «Karma», «Escupiré sobre tu tumba» y el primer disco de la trilogía

En blanco y negro, estas torres tienen algo de arquitectura imposible, de catedral hecha con merengue. Son planos que, si les quitas el contexto de la canción, podrían estar en un vídeo de arte contemporáneo. Con el contexto, son una broma enorme. Las dos cosas a la vez.

La sala blanca

A los dos minutos y cuarenta aparece un decorado nuevo: una sala completamente blanca, sin espuma. Tres hombres. Uno con camisa blanca y pantalón negro, otro de espaldas con chaqueta, otro con barba que mira de lado. Parece una sesión de fotos, o una sala de espera de una agencia de modelos.

Es un plano extraño, porque es el único interior sin rastro de espuma. Como una pausa. O como si la cámara entrara un momento en el camerino del vídeo, donde todo está limpio, antes de volver al lío.

La letra, por esas fechas, ya ha llegado a la parte de la advertencia:

Me dijo que cuidado con la doble careta

Que la vida da muchas vueltas

La doble careta. Dos caras. Una que se enseña y otra que se esconde. No es casualidad que el clip termine con una cita sobre exactamente eso.

La ola contra las rocas

Un hombre de espaldas, con camisa, mira cómo una ola enorme de espuma rompe contra las rocas. La ola es blanca, alta, violenta. Él no se mueve. Tiene las manos en la cintura, como quien vigila algo que ya sabía que iba a pasar.

Este plano llega cerca del final de la parte del karma, que es la más seria de la canción. Ya no hay insultos de patio, ya no hay escándalo de mercado. Hay una especie de maldición tranquila:

que todo llega

y se llama karma

El karma es una idea que atraviesa varias canciones del universo, y tiene su propia canción en el primer disco, «Karma». Aquí aparece como cierre de cuentas: no hace falta vengarse de nadie, porque la vida ya se encargará. El hombre que mira la ola romper contra las rocas es la imagen exacta de esa idea. No hace nada. Espera. La ola hace el resto.

Atardecer en el agua

Los últimos minutos tienen mucha luz de atardecer. Dos hombres sin camiseta caminan por el agua poco profunda hacia la cámara, con el sol detrás. Otro plano los muestra en un muelle o un espigón, mojados, con la espuma flotando alrededor. Y otro, de espaldas, en bañador, caminando hacia el mar mientras la espuma salta a su alrededor.

Es la parte más bonita del clip, en el sentido más clásico. Luz dorada, aunque en blanco y negro se vea plateada. Cuerpos de verano. Agua. Si alguien llegara al vídeo por aquí, sin haber visto lo anterior, pensaría que es un anuncio de una colonia.

Trajes en la arena

Antes del final, un plano que rompe con todo lo anterior: dos hombres con traje y gafas de sol, de pie en la arena, hablando entre ellos con el pueblo blanco al fondo. Uno sostiene algo en la mano, quizá un móvil, quizá un papel. Parecen dos ejecutivos que se han perdido camino de una reunión, o dos agentes inmobiliarios enseñando una parcela con vistas.

Los trajes en la playa son un recurso que me encanta, porque son lo más fuera de lugar que existe. Y en un vídeo donde la mitad de la gente va en bañador o sin camiseta, aparecer con americana es casi una declaración: estos dos están aquí para hablar en serio. Aunque la espuma siga cayendo detrás.

El cartel rosa

Y llega el final. La imagen se llena de rosa por primera vez: el nombre de Mike Sain't Louis y la palabra BAREBACK en letras redondas, rosas, como de cartel de fiesta de los ochenta, encima de dos hombres que levantan los brazos con gafas de sol. Es el segundo momento de color del vídeo, aunque aquí el color está en las letras, no en la imagen.

Ese rosa contesta al rojo del principio. El vídeo empieza con un título rojo, duro, casi de película de miedo, y termina con un título rosa, blando, de verbena. Entre medias ha pasado toda la canción. Y el tono ha cambiado: de la burla al jolgorio.

Tres vidas

El último plano del clip es una cita. Arriba, en letras rosas y mayúsculas: «Todos tenemos tres vidas: una pública, una privada y una secreta». Al lado, en letra de mano, el nombre al que el cartel la atribuye: Gabriel García Márquez. Debajo, dos hombres en bañador caminan hacia el volcán entre salpicaduras de espuma, y la firma de Mike Sain't Louis brilla en neón morado.

Tarjeta de «Bareback» en el primer volumen GAYFOLK: letra, composición y producción de Mike Sain't Louis

Es un final muy elegante para una canción que no lo es en absoluto. Y es un final que explica muchas cosas sin explicar ninguna. La vida pública es la que sale en las fotos. La privada es la de casa. La secreta es la que nadie sabe, la que se esconde detrás de la doble careta de la letra. La canción habla de alguien que vivía una cosa en público y otra muy distinta en privado. Y el vídeo, en lugar de señalar a nadie, cierra con una frase que vale para todo el mundo.

No hace falta saber quién es el otro de la canción. De hecho, el clip se encarga de que no lo sepamos: no hay ningún personaje que lo represente, ninguna cara a la que poner nombre. Solo hay espuma, playa, volcán y una cita. Eso me parece la decisión más inteligente de todo el vídeo.

Por qué funciona en blanco y negro

Si el vídeo fuera en color, sería otra cosa. Sería más chillón, más de fiesta de espuma de hotel, más evidente. El blanco y negro hace que todo parezca más serio, más antiguo, más de fotografía de exposición. Y eso choca de frente con la letra, que es lo menos serio del mundo.

Ese choque es lo que hace que el clip se pueda mirar varias veces. La primera vez te ríes por la espuma. La segunda te fijas en los paisajes. La tercera empiezas a ver el volcán, la ola contra las rocas, la sala blanca, y te das cuenta de que debajo de la broma hay un montaje bastante cuidado, con decorados que se repiten y vuelven como en un poema.

También hay algo de pudor en esa elección. La canción dice cosas muy explícitas, sin filtro, y el vídeo podría haber ido por ahí. No lo hace. No hay nada que no se pueda enseñar en una playa. Todo lo explícito queda en la letra y en la espuma, que es una metáfora tan evidente que deja de ser explícita. Se convierte en paisaje.

Una palabra que sale en la letra

La letra menciona de pasada la PrEP, en un verso que es pura burla del personaje. No voy a convertir esta nota en una guía de salud, porque no lo es y porque el vídeo tampoco lo pretende. Solo diré que la canción no da consejos ni sermones: se ríe de alguien, se ríe del escándalo de los demás y deja que el karma haga su trabajo. Quien quiera información de verdad sobre salud sexual debe buscarla en un centro sanitario, no en un videoclip.

Dónde encaja en la trilogía

«Bareback» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK. Es uno de los títulos más gamberros de ese volumen, y comparte espacio con otras canciones de despedida y ajuste de cuentas. La más cercana en espíritu es «Escupiré sobre tu tumba», que también convierte el rencor en espectáculo y también deja la última palabra al destino.

Ver los dos vídeos seguidos tiene su gracia. En uno, la venganza es una tumba. En otro, es una montaña de espuma frente a un volcán. Ninguno de los dos pide perdón.

Cómo verlo una segunda vez

Si vuelves al vídeo, te propongo una cosa: quítale el sonido. Sin la letra, el clip es otra película. Una película muda en blanco y negro sobre hombres que juegan con una sustancia blanca en la costa, con un volcán de fondo y una aparición en color en mitad. Parece cine experimental de los años sesenta.

Luego vuelve a ponerlo con sonido. Y fíjate en cuándo aparece cada cosa: el géiser al principio, cuando la fiesta todavía no arranca; Carrie cuando la letra la nombra; la lluvia de espuma con el pregón del estribillo; la ola contra las rocas con el karma; la cita de las tres vidas al final. Está todo colocado en su sitio.

Dos imágenes para quedarse

Me quedo con dos. La primera, el montículo de espuma en la playa de noche, con su palo clavado en la cima, solo y quieto como un monumento. La segunda, la sonrisa roja de la chica en la habitación con la vela, el único momento en que el vídeo se permite el color.

Entre una y otra está toda la canción: la burla y el escándalo, la playa y el volcán, la doble careta y el karma. El resto de vídeos del planeta está en canciones, y la prensa tiene datos e imágenes en prensa. Y si alguna vez alguien te enseña su vida pública y te esconde la secreta, ya sabes lo que dice la frase del final: todos tenemos tres.

Preguntas frecuentes

¿Cuándo salió el videoclip y cuánto dura?

Se publicó el 26 de enero de 2025 y dura cuatro minutos y medio.

¿Por qué está en blanco y negro?

Porque así la espuma se convierte en la única protagonista: sin color, todo lo blanco salta a la vista. El único plano en color es el de una chica de melena roja con la cara manchada, justo cuando la letra nombra a Carrie.

¿Qué significa la espuma?

El clip no lo explica, y yo tampoco voy a dar una lectura cerrada. Es una broma visual con la letra, llevada al extremo: brota, se derrama, se amontona y lo tapa todo hasta que deja de ser obscena y pasa a ser paisaje.

¿Qué frase aparece al final?

Una cita que el cartel atribuye a Gabriel García Márquez: «Todos tenemos tres vidas: una pública, una privada y una secreta».

¿En qué disco está?

En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer volumen de la trilogía GAYFOLK, con letra, composición y producción de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical con base en Madrid.

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