Planeta Gayfolk

Salud mental

«A cuchillo»: un chico en una roca, una ciudad ajena y una frase de 1808

Por ·

Portada de «A Cuchillo», canción de Mike Sain't Louis

Un chico sentado en una roca. De espaldas. Mirando hacia abajo.

La portada de «A cuchillo» no tiene purpurina, ni plumas, ni bocadillos de cómic. Tiene un chaval con sudadera oscura y zapatillas, los brazos sobre las rodillas, y una ciudad de rascacielos pegada al mar que se extiende a sus pies. Mike Sain't Louis la describe en su blog con una frase que se queda puesta como una lápida: «La ciudad queda abajo, encendida, ajena».

Encendida. Ajena.

Y encima, el título en letras grandes y desgastadas. Dos palabras que no piden permiso.

Calma por fuera, filo por dentro

El blog resume toda la tensión de la portada en seis palabras, y conviene empezar por ahí porque son la llave del resto: «calma por fuera, filo por dentro».

La imagen es quietud pura. Un chico que no se mueve, un mar que rompe a lo lejos, nubes pesadas. Y el título, en cambio, según Mike, «suena a frase cortante, a pelea sin cuartel o a decisión tajante».

Tajante. La palabra viene de tajar, que es cortar. Hasta el adjetivo que elige el blog lleva un cuchillo dentro.

Esa tensión entre lo que se ve y lo que se dice es el truco de la portada. El chico de la roca parece la persona más tranquila del mundo. Nadie que pase por la playa de abajo pensaría que está a punto de tomar una decisión. Y quizá no lo esté. Pero el título dice otra cosa.

Es la cara de póquer de quien lleva días dándole vueltas a algo y ha subido a un sitio alto para terminar de decidirlo.

Guerra a cuchillo

La expresión tiene historia, y es de las gordas. El 4 de agosto de 1808, durante el primer sitio de Zaragoza, las tropas francesas entraron en la ciudad por las brechas abiertas en Santa Engracia. Según cuenta la Asociación Cultural Los Sitios de Zaragoza, el general Verdier exigió entonces la rendición con un mensaje lacónico: «Cuartel General Santa Engracia: Paz y Capitulación».

La respuesta fue igual de corta: «Cuartel General Zaragoza: Guerra a cuchillo».

Quién la firmó es otra cosa. La asociación atribuye el rechazo a Lorenzo Calvo de Rozas. La página del Museo del Ejército dedicada a José de Palafox se la adjudica al general Palafox, igual que la historia de España del siglo XIX que reproduce filosofia.org, que la remata con entusiasmo de época: «Respuesta digna de los tiempos heroicos de Lacedemonia».

Lacedemonia. Esparta. Los del «ven a por ellas». Zaragoza, en 1808, se comparaba con lo más bruto de la Antigüedad.

Lo que pasó después tiene momentos de película. La misma asociación cuenta que los franceses llegaron hasta el Coso y cundió el pánico. Palafox llegó a salir de la ciudad dándola por perdida. Pero en el Puente de Piedra, un teniente de caballería, Luciano Tornos, frenó la huida plantándose en el centro con un cañón ligero y obligando a volver a los que escapaban. Y en la Magdalena, un grupo de monjes atacó a pecho descubierto a la vanguardia francesa.

Monjes a pecho descubierto. Si eso no es una escena del planeta, que venga Almodóvar y lo filme.

El final del primer sitio llegó pocos días después. Según el relato de filosofia.org, a los franceses les llegó la noticia de la derrota de Bailén, el 13 de agosto llegó la orden final de retirada y la mañana del 14 emprendieron la marcha hacia Navarra. Diez días después de «Paz y capitulación». La guerra a cuchillo duró, en aquel primer asalto, lo que dura un puente largo de agosto.

Lo que no se discute es el par de frases. Cuatro palabras contra cuatro. «Paz y capitulación», ofrece el que entra. «Guerra a cuchillo», contesta el que está dentro.

El que está dentro

Y aquí la historia y la portada se miran de reojo.

El general francés ofrecía paz a cambio de rendirse. Es una oferta que mucha gente recibe en la vida en otros términos. Cállate y te dejamos tranquilo. Sé como nosotros y no habrá problema.

La canción no tiene letra publicada todavía, y aquí no se va a inventar de qué trata. Lo que sí está es la portada: un chico solo, fuera de la ciudad, mirándola desde arriba. No está dentro, con los demás. Se ha ido a la roca.

Y el título no es «paz y capitulación». Es la otra frase.

Una fotografía antigua de periódico

El blog describe la portada como algo con «algo de fotografía antigua de periódico». Blanco y negro, nubes pesadas, el mar a la izquierda rompiendo en la orilla.

Fotogramas del videoclip oficial de «A cuchillo», de Mike Sain't Louis

Fotografía de periódico. Es una elección curiosa para un planeta que suele vestirse de rosa chicle. La foto de periódico es la foto de lo que ha pasado de verdad. La del suceso y la del desaparecido. No es la foto del Instagram con filtro. Es la que se recorta y se guarda en una caja de zapatos.

Y la letra del título, «grande y desgastada», según el blog, completa el efecto. Desgastada como un cartel que lleva años al sol, como una pintada en un muro que nadie ha borrado. Las palabras parecen haber estado ahí antes que el chico.

Ese desgaste es casi un comentario sobre la frase misma. «A cuchillo» lleva más de dos siglos dicha. Está gastada de tanto usarla en libros de texto y en camisetas de feria. Y la portada la pone encima de un chaval en sudadera, como diciendo que sigue sirviendo.

Encendida, ajena

Vuelve un momento a esas dos palabras del blog, porque tienen más miga de la que parece. «La ciudad queda abajo, encendida, ajena».

Encendida es lo evidente. Es de noche, o está anocheciendo, y las ventanas de los rascacielos se iluminan una a una. Cada luz es una casa donde alguien cena, discute o ve la tele. La ciudad vive sin enterarse de que hay un chico mirándola.

Ajena es lo que duele. Ajeno es lo que pertenece a otros. Y la palabra tiene un parentesco que en este planeta no se puede pasar por alto: viene del latín «alienus», el mismo origen del «alien» inglés. Lo ajeno y lo extraterrestre son primos hermanos.

El chico de la roca mira la ciudad como un alien. Desde fuera, sin pertenecer. Es la postura fundacional del planeta Gayfolk entero, cuya trilogía, según la propia nota de prensa del proyecto, va «del reconocimiento a la búsqueda de un lugar propio». La portada de «A cuchillo» es, en ese sentido, la foto de alguien justo antes de despegar.

Subir a un sitio alto

Mike describe la postura del chico con mucha precisión: los brazos sobre las rodillas, «en esa postura que se adopta cuando uno sube a un sitio alto para pensar o para alejarse de algo».

Todo el mundo tiene un sitio alto. En Madrid, el más famoso está en Vallecas.

La entrada del Cerro del Tío Pío lo cuenta con la gracia que merece: es un parque del barrio de Numancia, en Puente de Vallecas, conocido también como parque de las Siete Tetas, Las Tetas de Vallecas o, simplemente, Las Tetas, por la forma de sus colinas. Se considera uno de los mejores lugares de la ciudad para ver el atardecer, y desde cualquiera de sus cerros se ve gran parte de Madrid y la sierra de Guadarrama.

Las Tetas de Vallecas. El mirador más querido de la capital tiene nombre de chiste de bar, y es precioso.

La entrada añade que está lejos de los recorridos turísticos, junto a Moratalaz, y que es escenario de multitud de rodajes. Normal. Un cerro desde el que se ve toda la ciudad al atardecer es el decorado perfecto para cualquier escena de alguien que necesita pensar. Ningún guía turístico te lleva allí. Te lleva la vida, una tarde mala, con una lata de cerveza del chino.

La ciudad de la portada no es Madrid, que Madrid no tiene mar ni rascacielos pegados a la costa. Pero la postura es la misma que se ve cualquier tarde en lo alto de esos cerros: gente sola, sentada en la hierba, de espaldas a todo, mirando cómo se encienden las luces abajo. Encendida, ajena.

A solas, sin distracciones

El blog termina con una recomendación que no es habitual en el planeta: «Te recomiendo escucharla a solas, sin distracciones, como quien sube también a esa roca».

A solas. En un universo de canciones para gritar en el coche con las ventanillas bajadas, esta pide lo contrario. Pide que te sientes, te pongas los cascos y no mires el móvil.

Antes de eso, la misma entrada deja una puerta cerrada con mucha elegancia: «Lo que cuenta la canción lo vas a saber al darle al play». No adelanta nada. No explica. Te sube a la roca y te deja allí.

Y el videoclip, en la transmisión de vídeos del planeta, dura 2:33. Dos minutos y treinta y tres segundos. Corta, como un tajo. Según mikesaintlouis.com, se publicó el 16 de septiembre de 2025.

Mi silencio es un castillo

Si quieres una letra del planeta que ponga palabras a la postura del chico de la roca, hay una que lo hace casi verso a verso. Se llama «Antisocial», y es la pista 77 del mismo tercer disco.

Collage con un detalle de la carátula de «A cuchillo» y las carátulas de «Antisocial», «Como Macaulay Culkin en El buen hijo», «En Canarias no existen las sirenas»

Empieza con un insulto devuelto: «Me llaman puta basura, / pero yo solo vivo en mi realidad». Y luego, la explicación: «No me escondo, no es que me falte nada, / es solo que elijo mi propia soledad».

Elijo mi propia soledad. Eso es lo que hace el chico de la roca. No se ha caído allí. Ha subido.

Y el verso que podría ser el pie de foto de «A cuchillo»: «mi silencio es un castillo, yo una armadura sin llave».

Un castillo y una armadura. Calma por fuera, filo por dentro, dicho con vocabulario medieval. La armadura sin llave es la mejor descripción del catálogo de alguien a quien no se puede abrir desde fuera. Ni con paz, ni con capitulación.

Ni calvo ni amable

«Antisocial» tiene también el sentido del humor que «A cuchillo», por lo que se ve en la portada, se guarda. Su estribillo incluye una autodefensa de lo más camp: «No soy feo, no, ni calvo ni amable, / pero en mi pecho late un corazón noble».

Ni calvo ni amable. La combinación es un hallazgo de comedia involuntaria: como si la calvicie y la amabilidad fueran defectos de la misma categoría. El narrador se defiende de dos acusaciones que nadie le ha hecho a la vez.

Y luego, la preferencia que cualquier persona con perro entenderá: «prefiero mil veces / a mis animales que aguantar a un narci y a su puta madre».

El chico de la roca no lleva perro en la portada. Pero si lo llevara, estaría sentado a su lado mirando la ciudad, sin preguntarle nada.

El diario del planeta le dedicó a esa letra un elogio de la soledad elegida, que se lee muy bien después de mirar la portada de «A cuchillo».

Un diablo como Macaulay Culkin

En el listado de singles de la web, «A cuchillo» es la pista 12 de 273. Justo antes está «Como Macaulay Culkin en El buen hijo», y su letra es el reverso exacto de la calma de la roca.

Allí todo es pregunta y angustia: «¿Por qué la gente sale con amigos, tiene citas / Sexo y encuentros con extraños / Y a mí me cuesta taaaaaantooooooo». Y luego la pregunta del título, con una referencia de videoclub noventero: «¿Fui de niño un diablo malvado como Macaulay Culkin en El buen hijo?».

«El buen hijo», para quien no la viera en su día, es un thriller estadounidense de 1993 dirigido por Joseph Ruben y escrito por el novelista Ian McEwan, según su entrada en Wikipedia. Macaulay Culkin, recién salido de «Solo en casa», hacía de Henry, un niño con un comportamiento violento y malvado, junto a Elijah Wood.

El niño más adorable del cine de los noventa, de psicópata. El planeta no podía resistirse.

La misma entrada recuerda que la película recaudó 60,6 millones de dólares en todo el mundo con un presupuesto de 17, y que las críticas fueron dispares. Es decir, un éxito con reseñas tibias. La clase de película que se alquilaba en el videoclub del barrio un viernes y que dejaba a media España mirando de reojo al primo pequeño durante la cena de Nochebuena.

Y la letra convierte esa referencia en una pregunta de culpa que no tiene respuesta: si me cuesta tanto, ¿será que de niño fui malo? «Si no, no me lo explico». Es la lógica retorcida de quien busca un motivo para su soledad, y no lo encuentra, y se inventa uno de película.

Llorar hasta la una y pico

Esa misma canción tiene un verso que es casi una instantánea del chico de la roca, pero de noche y en casa: «Y llorar en la noche hasta la una y pico / Si alguno comenta que no soy su tipo».

La una y pico. Qué precisión. No las tres de la madrugada de las canciones dramáticas. La una y pico, que es la hora a la que se llora un martes normal antes de dormir porque al día siguiente se madruga.

Puesta al lado de «A cuchillo», la escena se completa. De noche, en la cama, hasta la una y pico. De día, en la roca, mirando la ciudad. Lo que en una canción es llanto, en la portada de la otra es silencio. Y el silencio, como dice «Antisocial», es un castillo.

Dos frases de cuatro palabras

Hay algo en la forma de «Guerra a cuchillo» que la hace perfecta para un título de canción, y tiene que ver con la economía. El mensaje de Verdier y la respuesta tienen la misma estructura: un encabezado con lugar, «Cuartel General», y dos palabras clave unidas por una partícula. Paz y capitulación. Guerra a cuchillo.

Ficha de la canción «A cuchillo» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Es casi un pareado. Pregunta y respuesta con el mismo número de sílabas fuertes, como dos frases de una copla. Si se cantara en un tablao, la segunda sería el remate que hace que el público se levante.

Y el título de la canción se queda solo con la mitad final: «A cuchillo». Quita la guerra. Deja la manera. No dice contra quién ni por qué. Dice cómo: sin cuartel, hasta el final, sin capitular.

El catálogo tiene más títulos así, a medio decir, como «Si Don Aussiebum hablase», que deja la amenaza en condicional y la puerta entornada. El oyente pone el resto. Si eres de Zaragoza, pones la guerra. Si eres el chico de la roca, a lo mejor pones otra cosa: una ruptura o la decisión de irte de casa. La canción no lo dice, y la portada tampoco. Solo dice que va en serio.

Una sola cosa en serio

Una línea seria, porque la portada la pide.

Subir a un sitio alto para alejarse de todo es muy humano, y casi siempre es solo eso: una tarde de pensar. Pero si alguna vez sientes que el sitio alto ya no es para pensar, sino para otra cosa, habla con alguien. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora a quien piensa en hacerse daño. El diario del planeta tiene también una nota sobre la diferencia entre soledad elegida y soledad impuesta.

Volvemos a la roca.

Las sirenas que no existen

Justo después de «A cuchillo» en el listado de singles, en la 13, viene «En Canarias no existen las sirenas». Su letra todavía no está publicada, pero el título basta para hacer pareja con la portada.

Un chico solo frente al mar, en una costa de rascacielos. Y en la canción siguiente, el aviso: en Canarias no hay sirenas. No hay criaturas mágicas que salgan del agua a salvarte o a perderte. Hay mar y hay costa.

Las dos canciones, una detrás de la otra, son una pequeña lección de realismo con brisa marina. Ni sirenas ni ciudades que te esperen. Una roca y tú.

Basurero, cuchillo y deseo

En la tracklist publicada de «El día de la liberación», «A cuchillo» es la pista 6. El arranque del disco tiene un ritmo de montaña rusa: «Free Britney», «Honolulu Sand», «El calcetín», «Sing Me a Sad Song», «En el basurero» y, entonces, «A cuchillo».

Y justo después, en la 7, «Me fui sin correrme», con un texto de presentación que es casi un cuento: «Una chica, una de tantas. / Una noche cualquiera, con un chico cualquiera, que prometía mucho… hasta que se quedó dormido. / Ella se fue».

Ella se fue. Sin drama. Y el texto lo remata con una frase de pancarta: «Y tocarse no es pecado: es poder».

Leídas en orden, las canciones dibujan una curva rara y muy del planeta. Del basurero a la roca, y de la roca a la puerta de la calle de una chica que deja dormido al chico que prometía mucho y se lo resuelve ella sola en casa.

Formas de irse, cada una con su estilo. Ninguna pide permiso.

En la transmisión de videoclips, por cierto, el de «A cuchillo» está justo entre el de «Me fui sin correrme» y el de «En el basurero». Los mismos vecinos que en el disco, en orden inverso. Como si la roca estuviera en medio de las dos salidas.

Cómo escucharla

Escúchala en Spotify o descárgala gratis, sin registro, desde la ficha del single.

Y hazle caso al blog. A solas. Sin distracciones. Si tienes un sitio alto cerca, mejor. Si vives en Madrid, ya sabes cuál.

Dos minutos y treinta y tres segundos. Lo que dura una decisión.

O lo que tarda en hacerse de noche desde lo alto de un cerro, cuando el sol ya ha tocado la sierra y las farolas de abajo empiezan a encenderse una detrás de otra. Ese rato en que la ciudad cambia de color y tú sigues sentado, sin prisa, con las rodillas abrazadas. Al final de la canción, la ciudad seguirá ahí. Lo que habrá cambiado, si la escuchas bien, es la cara del que mira.

Cuando termine, mira la ciudad. Encendida, ajena. Y acuérdate de que hace más de dos siglos alguien, rodeado y con el enemigo dentro, contestó a la oferta de paz con cuatro palabras. No hace falta ir a la guerra para entenderlas. A veces basta con no capitular.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «A cuchillo»?

La letra no está publicada todavía. En su blog, Mike Sain't Louis describe la portada, un chico solo en una roca mirando una ciudad, y resume la tensión con una frase: «calma por fuera, filo por dentro».

¿De dónde viene la expresión «a cuchillo»?

Es una forma de decir lucha sin cuartel. La más famosa es «Guerra a cuchillo», la respuesta que dio Zaragoza al general francés Verdier el 4 de agosto de 1808, cuando este pidió «Paz y capitulación».

¿En qué disco está?

Es la pista 6 de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, entre «En el basurero» y «Me fui sin correrme».

¿Quién la ha hecho?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se producen con herramientas de inteligencia artificial, entre ellas Suno, como explica el press kit.

Más notas

Apoyar en Ko-fi