Cultura pop
Escuela de sobremesa: el culebrón latinoamericano y sus cinco trucos en las canciones de Mike Sain't Louis
Por Mike Sain't Louis ·

Hubo una tarde de noviembre de 1990 en la que media España dejó de hacer lo que estaba haciendo. El 19 de noviembre, Televisión Española emitió la boda de «Cristal», una telenovela venezolana. Según recuerda SensaCine, aquel capítulo lo vieron 8,6 millones de personas, con una cuota de pantalla del 85 %. Para hacerse una idea: más de una de cada cuatro personas que vivían en el país estaba mirando aquella boda, protagonizada por Jeannette Rodríguez y Carlos Mata.
Aquello no fue una anécdota. Fue el principio de una costumbre. Durante los años noventa, las sobremesas españolas se llenaron de herederas sin herencia, madres secretas, gemelas separadas al nacer y villanas con mucha laca. Y aquella escuela de sentimientos dejó huella en muchas personas que hoy escriben canciones, aunque no lo sepan.
Este texto va de esa escuela: el culebrón latinoamericano. Qué es, de dónde viene la palabra, por qué enganchó tanto y cómo sus trucos de guion reaparecen, con otra ropa, en las letras de Mike Sain't Louis.
Una culebra muy larga
La palabra tiene historia. El Diccionario histórico de la lengua española de la RAE explica que «culebrón» es el aumentativo de «culebra». Durante siglos se usó para hablar de serpientes grandes y también de personas astutas o malintencionadas. Desde 1938 aparece con el sentido que nos interesa: una obra melodramática, larga y de poca calidad, primero en la literatura y la radio, y luego, sobre todo, en la televisión.
La imagen es perfecta. Una culebra larguísima que se enrosca sobre sí misma, que parece que se acaba y no se acaba, que se mueve despacio y de repente muerde. Así funcionan estas series. Cientos de capítulos, giros que se anuncian durante semanas y un final que siempre llega más tarde de lo prometido.
También dice algo de cómo se miraban. «Culebrón» nunca fue un elogio. Era una palabra con media sonrisa, entre el desprecio y el cariño. Se decía «eso es un culebrón» para burlarse, y al día siguiente se volvía a poner la tele a la misma hora.
La mujer que escribió media sobremesa
Si el culebrón tuviera una autora de cabecera, sería Delia Fiallo. Nació en La Habana en 1924 y murió en Miami en 2021, a los 96 años, según contó entonces El Diario. Escribió para la televisión venezolana algunas de las historias que más viajaron: «Topacio» (1984), «Cristal» (1985) y «Kassandra» (1992). «Cristal» recibió en 1990 un Premio Ondas en España a la mejor serie latinoamericana.
Sus guiones tenían una fórmula muy reconocible. Una protagonista que no sabe quién es en realidad. Una familia rica que esconde un secreto. Un amor imposible por diferencia de clase. Una villana que lo sabe todo y calla. Y una revelación final que lo cambia todo, casi siempre relacionada con el origen de alguien.
«Kassandra» llegó todavía más lejos que «Cristal». Un reportaje de la BBC que reprodujo 24 Horas cuenta que en 1997, en la Bosnia de la posguerra, una cadena dejó de emitirla tras un conflicto político por el control de una antena. El Departamento de Estado estadounidense temía que quedarse sin la telenovela aumentara el malestar en la calle, y un ejecutivo de la distribuidora acabó regalando los capítulos para que volvieran a emitirse. Una telenovela venezolana como asunto de diplomacia internacional. Ni el guion más exagerado se habría atrevido.
Años después, Colombia dio otro salto. Guinness World Records reconoce a «Yo soy Betty, la fea», emitida por RCN entre 1999 y 2001 y creada por Fernando Gaitán, como la telenovela más adaptada del mundo, con versiones en otros 19 idiomas.
Los cinco trucos del culebrón
Quien creció viendo estas series aprendió, sin querer, un pequeño manual de dramaturgia. Se puede resumir en cinco trucos:
- El desenmascaramiento. El personaje que parecía bueno resulta ser el malo, y la escena en la que se descubre es la más esperada de toda la temporada.
- La doble vida. Alguien lleva años viviendo una mentira: otra familia, otro nombre, otra intención.
- La frase lapidaria. Diálogos cortos, rotundos, dichos mirando a cámara o al suelo: «Para mí has muerto», «Eres un impostor», «Nunca me quisiste».
- El exceso de lágrimas. Se llora mucho, se llora en primer plano y se llora con música.
- El final que no termina. Cuando parece que todo se ha resuelto, aparece un hermano perdido o vuelve la villana.
Lo interesante es que estos trucos no se quedaron en la tele. Se metieron en la forma de contar las rupturas, las traiciones y los desengaños de la vida real. Mucha gente habla de su ex como si fuera el malo de una telenovela. Y Planeta Gayfolk lo hace a propósito, con humor y con rabia.
Truco uno: el desenmascaramiento
Hay una canción en la trilogía que ya lleva el género en el título. «Narci de cutre culebrón», del segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», es un rap que tiene la estructura exacta del capítulo del desenmascaramiento. Hay un moreno con «perfil encubierto», un entorno que empieza a darse cuenta y una revelación que se repite en el estribillo como un golpe de música dramática:
Se descubrió el pastel narci de cutre culebrón
El adjetivo «cutre» es clave. No es un melodrama de lujo, con mansiones y mayordomos. Es un culebrón de bajo presupuesto, de decorado de cartón piedra. La canción no le concede al villano ni siquiera la grandeza del malo de la tele. Lo deja en falsificación.
Truco dos: la doble vida
«El impostor», del primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», es la versión más seria del mismo esquema. El título ya es una frase de telenovela. Y la letra cuenta lo que pasa en el último capítulo: alguien descubre, después de seis años, que la persona con la que vivía nunca estuvo enamorada de verdad. Hay una caja rosa con trescientas fotos tirada a la basura, unos llantos que suenan forzados y versiones de los hechos que cambian cada día.
Aquí el culebrón pierde la gracia. Lo que en la tele era emocionante, en la vida es devastador. Esa es una de las cosas que hacen bien estas canciones: toman los recursos del género y los devuelven a su tamaño real.
Truco tres: el escenario
En «Una obra de teatro», del segundo álbum, la sospecha es todavía más grande. No se trata de una mentira concreta, sino de que todo haya sido una actuación. La canción se pregunta, sin poder creérselo:
¿Siete años en un escenario?
Es el miedo más típico de cualquier personaje de telenovela: descubrir que la boda, los besos y las promesas formaban parte de un plan. En la ficción, eso se resuelve con una bofetada y un fundido a negro. En la canción no hay fundido. Hay una persona intentando explicar algo que no tiene explicación.
«Me rindo», también del segundo álbum, juega con la misma idea pero cambia de canal. En lugar del culebrón, cita «La que se avecina» y «Caso cerrado» para preguntarse si los recuerdos compartidos eran tomas falsas. La telenovela de sobremesa, la comedia de horario de máxima audiencia y el plató de juicios son, al final, el mismo idioma: el de la ficción que sirve para entender lo que nos ha pasado de verdad.
Truco cuatro: el giro imposible
Las telenovelas tenían giros que hoy parecen de ciencia ficción: amnesias que duran exactamente lo que necesita el guion, gemelos malvados, muertos que vuelven. Planeta Gayfolk tiene su propio giro imposible, y lo lleva al siglo XXI.
En «Mi último ex era una IA disfrazada», la sospecha final no es que el ex tuviera otra familia, sino que no fuera humano:
¿Entonces mi último ex era una IA disfrazada?
Es el gemelo malvado del culebrón clásico, pero con chip. Y tiene una gracia añadida, porque quien firma la canción es alguien que se presenta como «el primer cantautor IA». El giro de guion se ríe de sí mismo.
Truco cinco: la frase de despedida
Ninguna telenovela termina sin una despedida en voz alta. En el tercer álbum, «El día de la liberación», hay una canción que es casi solo eso: «Hoy es el último adiós». Una frase que se repite una y otra vez, como se repiten las grandes frases del género, hasta que deja de sonar a amenaza y empieza a sonar a decisión.
En el culebrón, la despedida casi nunca es definitiva. Siempre hay una segunda parte. En Planeta Gayfolk, la repetición sirve para lo contrario: para convencerse de que esta vez sí.
La herencia venezolana
En el diario ya hay una nota que conecta «Mitad Venezuela, mitad Pakistán» con la tradición del culebrón que se vio en España. Aquí la mirada es más amplia: no una canción, sino una manera de narrar que atraviesa todo el catálogo.
Porque el culebrón enseñó a muchas personas LGTBI algo muy concreto. Enseñó que el drama no es ridículo. Que llorar en voz alta, exagerar, nombrar al villano y pedir justicia sentimental es una forma legítima de contar lo que duele. Durante años, mucha gente que no podía hablar de sus propios amores se emocionaba con los de las parejas de «Cristal» o «Kassandra». Las canciones de Planeta Gayfolk recogen esa herencia y le cambian el reparto: ahora los protagonistas son dos hombres, y el villano también.
Por qué seguimos enganchados
El culebrón clásico ya no ocupa las sobremesas como antes. Pero su lógica sigue en todas partes: en los realities, en las series de las plataformas, en los hilos de redes sociales donde alguien cuenta por capítulos cómo descubrió una infidelidad. La gente sigue necesitando historias con buenos, malos y un momento de verdad.
Quizá por eso funcionan tan bien las letras que lo usan. Cuando una ruptura se cuenta como un culebrón, el dolor se convierte en relato. Y un relato tiene principio, nudo y desenlace. Tiene un final. Eso, para quien acaba de salir de una historia así, es casi un consuelo.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa «culebrón»?
Según el Diccionario histórico de la lengua española de la RAE, es el aumentativo de «culebra». Desde 1938 se usa para hablar de obras melodramáticas, largas y de poca calidad, y con el tiempo pasó a designar sobre todo a las telenovelas.
¿Qué canciones de Mike Sain't Louis se citan?
«Narci de cutre culebrón», «El impostor», «Una obra de teatro», «Me rindo», «Mi último ex era una IA disfrazada», «Hoy es el último adiós» y «Mitad Venezuela, mitad Pakistán». Todas están en el catálogo de canciones.
¿Cuál es la telenovela más adaptada del mundo?
Según Guinness World Records, «Yo soy Betty, la fea», la serie colombiana creada por Fernando Gaitán, con versiones en otros 19 idiomas.
¿Quién es Mike Sain't Louis?
Un artista indie alternativo de Madrid que se presenta como «el primer cantautor IA». Escribe sus letras y produce; la música y la interpretación vocal se generan con inteligencia artificial.

