Planeta Gayfolk

Cultura LGTBI

Familia elegida: de las casas del ballroom a los amigos que se quedan, leída con «Un puñetazo al día» y otras letras del Planeta Gayfolk

Por ·

Portada de «Un puñetazo al dia», canción de Mike Sain't Louis

Hay noches en las que la familia cabe en una mesa de bar. Una jarra que suda, dos sillas que se acercan, alguien que llega tarde y abre los brazos desde la puerta. No hay libro de familia que lo registre ni notario que lo selle, y sin embargo funciona como funciona una casa: alguien te espera, alguien te escucha, alguien paga la ronda cuando a ti no te quedan fuerzas.

Las personas LGTBI llevan décadas poniéndole nombre a eso. Lo llaman familia elegida. Este texto recorre de dónde viene la expresión, qué historias la sostienen y qué reconoce hoy la ley española, y lo hace al lado de varias canciones del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Las citas salen del archivo de letras, tal como están publicadas, y los personajes que aparecen en ellas son inventados.

Una corona de flores en el maletero

«Un puñetazo al día», del primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», empieza con una escena que parece de velatorio y resulta ser de rescate:

Hoy estoy celebrando un entierro en Madrid con mi mejor amigo y casi hermano.

Casi hermano. Las dos palabras pesan como una escritura de propiedad. No dicen hermano, porque no lo es, y no dicen amigo a secas, porque se queda corto. Dicen otra cosa, algo que el idioma no tenía preparado y que hay que fabricar con lo que hay a mano. El narrador acaba de salir de un matrimonio de siete años y no se va a casa de sus padres ni llama a un tío lejano. Se va a un antro de Madrid, de esos donde parece que no pasa el tiempo, con la gente que ha elegido.

La canción tiene un truco teatral que la sostiene. En el maletero del coche hay algo que los amigos confunden con un cadáver. Es una corona de flores, porque esa noche se entierra una relación. Antes de la broma llega el gesto:

Un abrazo de verdad, y unas lágrimas que han empezado a brotar.

Ese «de verdad» es el centro de todo lo que sigue. Hay abrazos de compromiso, abrazos de bautizo y de cena de Nochebuena, abrazos que se dan porque toca. Y hay abrazos que sostienen. La familia elegida se mide por los segundos.

La palabra que trajo una antropóloga

La expresión no nació en un bar. Nació, o al menos se fijó por escrito, en un trabajo de campo. En 1991, Columbia University Press publicó «Families We Choose: Lesbians, Gays, Kinship», de la antropóloga Kath Weston. Weston había entrevistado a lesbianas y gais del área de la bahía de San Francisco y quería entender cómo hablaban de parentesco. Lo que encontró fue que muchas de esas personas habían sido tratadas durante años como exiliadas de la familia, como si salir del armario equivaliera a perder el derecho a tener una. Y que, frente a eso, habían empezado a construir familias propias usando los mismos símbolos de siempre: el amor, la amistad, a veces la biología.

El libro tiene una idea que conviene no perder de vista. La familia elegida no se entiende sin la familia de origen. No sustituye siempre, no borra siempre. A veces convive con unos padres que aceptan, a veces ocupa el hueco que dejaron unos padres que no aceptaron, y casi siempre se forma en esa tensión. En 1997 apareció una edición revisada con un prefacio nuevo, y para entonces la expresión ya había salido de la academia y estaba en la calle, en los carteles del Orgullo y en las conversaciones de madrugada.

Lo interesante de una palabra así es que no inventa nada. Pone nombre a lo que ya existía. Antes de 1991 ya había amigas que hacían de madre, compañeros de piso que hacían de hermanos y viejas glorias de la noche que hacían de abuelas. Lo que faltaba era una manera de decirlo sin pedir perdón.

«Familia de sangre: / mi madre, mi padre»

En «Nadie hablará de mí cuando haya muerto», el narrador hace un recuento. Imagina su propio entierro y cuenta quién estará:

Fotogramas del videoclip oficial de «Un puñetazo al dia», de Mike Sain't Louis

Dos amigos, como mucho, tal vez uno. Familia de sangre: mi madre, mi padre, mi última pareja...

La letra pone la etiqueta con una precisión de inventario: familia de sangre. Como si existiera otra columna y hubiera que distinguirlas. La lista es corta, casi de telegrama, y por eso duele. Primero los amigos, contados con los dedos de una mano que no necesita todos los dedos. Después la sangre. Después la pareja, que también se va. Es una canción sobre el miedo a la desaparición, sobre quién recuerda a quién, y a su manera plantea la pregunta que la familia elegida intenta responder: cuando llegue el final, ¿quién estará en la primera fila?

La canción no es una tesis. Es un recuento a oscuras, con ironía negra y con un demonio pelirrojo saltando sobre una tumba. Pero el orden de la lista importa. En muchas biografías LGTBI, los amigos aparecen antes que la sangre, no porque se quiera menos a los padres, sino porque fueron los amigos los que estuvieron en las noches de urgencias.

Las casas del ballroom: madres sin partida de nacimiento

Si hay un lugar donde la familia elegida tuvo estructura, nombres y hasta apellidos, fue el ballroom de Nueva York. La historia oficial que conserva la propia casa cuenta que Crystal LaBeija, una reina negra del circuito de concursos de drag de Manhattan, se levantó del escenario en 1967 tras quedar cuarta en el Miss All-America Camp Beauty Contest. Ella entendía que el canon de belleza de aquellos concursos castigaba la piel oscura. Su amiga Lottie le propuso organizar un concurso propio. En 1972, en Harlem, se celebró el primer baile anual de la House of LaBeija. Es, según la propia casa y la historiografía del ballroom, la primera casa de la escena.

Una casa no era un edificio. Era un grupo con una madre al frente, a veces un padre, y unas hijas y unos hijos que competían bajo el mismo apellido inventado. LaBeija, Xtravaganza, Ninja, Pendavis. La madre aconsejaba, reñía, prestaba ropa, a veces daba techo. Para muchos jóvenes negros y latinos LGTBI expulsados de sus casas, aquel apellido era el único que les quedaba. La web de la House of LaBeija lo resume así: un refugio para personas queer racializadas y un hogar con familia para quien no la tiene.

En 1990 se estrenó «Paris Is Burning», el documental de Jennie Livingston que llevó esa escena a las pantallas de medio mundo. En él aparece Pepper LaBeija, que heredó la jefatura de la casa y la presentaba con una frase célebre: era la madre legendaria de la House of LaBeija, pero no la fundadora, esa fue Crystal. Décadas después, la serie «Pose» volvió a contar aquel mundo con personajes de ficción y redes de familias elegidas en el centro de la trama.

Lo que el ballroom enseñó al resto del mundo es que el parentesco se puede ensayar. Se puede tener una madre que no te parió, unas hermanas que no comparten tu sangre y un apellido que no aparece en el registro civil. Y que esa estructura, aunque nazca de la necesidad, puede durar medio siglo.

Cuidar cuando nadie más cuidaba

Hay un capítulo de esta historia que no tiene lentejuelas. En agosto de 1981, un grupo de hombres se reunió en el apartamento del escritor Larry Kramer, en Manhattan, para escuchar a un médico hablar del llamado «cáncer gay» que estaba matando a sus amigos y a sus amantes. En enero de 1982, seis de ellos fundaron Gay Men's Health Crisis, la primera organización de lucha contra el sida en Estados Unidos. Su primera línea de ayuda fue un contestador automático en el piso de un voluntario, Rodger McFarlane. La primera noche recibió más de cien llamadas.

Ese mismo año nació el programa de acompañantes, los «buddies». Según el archivo de la organización que conserva la Biblioteca Pública de Nueva York, empezó con veinte hombres de guardia las veinticuatro horas. Hacían la compra, ponían lavadoras, cuidaban de las mascotas y pasaban tiempo con los enfermos. Cuando el personal de algunos hospitales se negaba a tocar a los pacientes o a entrar en sus habitaciones para dejar la comida, aquellos voluntarios aprendieron cuidados básicos con enfermeras que se ofrecieron a enseñarles: bañar, cambiar, dar de comer.

Ahí la familia elegida dejó de ser una metáfora. Fue una lista de turnos. Fue alguien que se sabía la medicación de otro de memoria y que discutía con el médico porque la familia de sangre no aparecía o, peor, aparecía solo para llevarse el cuerpo y los muebles. Muchas parejas de aquellos años no tenían ningún derecho legal a decidir nada. Los amigos tampoco. Y aun así estaban.

En España también hubo cuidadores de esos, en hospitales y en pisos compartidos, aunque su historia esté menos escrita. Es una memoria que merece respeto, sin morbo y sin estigma: la de quienes se quedaron cuando lo fácil era irse.

La familia lógica de un escritor de San Francisco

Armistead Maupin, el autor de «Historias de San Francisco», tituló sus memorias de 2017 «Logical Family». Su idea es sencilla y tiene filo: además de la familia biológica, que te toca, existe la familia lógica, la que tiene sentido para ti. En sus novelas, la casera de Barbary Lane acoge a inquilinos perdidos que acaban siendo hijos, hermanos y cómplices. La ficción de Maupin funcionó durante años como un manual de instrucciones para lectores que vivían lejos de San Francisco y que necesitaban saber que aquello era posible.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Un abrazo de verdad, y unas lágrimas que han empezado a brotar.» de «Un puñetazo al dia»

Lógica es una palabra curiosa para hablar de afectos. Sugiere que hay razones, que se puede explicar por qué alguien está en tu vida. La familia de origen no necesita razones: está. La elegida, en cambio, se revalida cada día. Si dejas de cuidarla, se va. Esa fragilidad es también su fuerza, porque nadie se queda por obligación.

«Un abrazo de verdad»

Volvamos al antro de «Un puñetazo al día». La canción es larga, más de siete minutos de videoclip, y cambia de tono varias veces. Hay ira, hay sarcasmo contra el exmarido, hay un karma gritado con muchas aes. Pero el marco es siempre la mesa compartida. El narrador explica a qué ha venido:

porque esta noche vamos a celebrar el entierro de mi exmarido y los años que me ha robado.

Fíjate en el plural: vamos. No es un duelo en soledad. Es un ritual con invitados. Las culturas siempre han inventado ceremonias para las pérdidas reconocidas, las muertes, las bodas rotas con papeles. Para las rupturas LGTBI, durante mucho tiempo no hubo ceremonia porque oficialmente no había nada que romper. La familia elegida se inventó las suyas: la cena de después, la noche de karaoke, la corona de flores comprada en una gasolinera.

Y luego el balance:

que después de siete años, de todo eso lo que ha quedado es un vacío tan frío en esta casa.

La casa vacía y el bar lleno. La canción pone las dos imágenes una frente a otra sin explicarlas. No hace falta. Cualquiera que haya salido de una relación larga sabe que el silencio del piso es lo peor, y que lo que salva la primera semana suele ser un teléfono que suena con un «baja, que estamos abajo».

Pitufo: el abrazo que no pregunta

En el segundo álbum, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», hay una canción breve y luminosa que amplía la idea de familia hacia un lugar inesperado. «El abrazo de Pitufo» está dedicada a Pitufo y a su manera de estar:

Pitufo no pregunta, no finge, no exige. Solo se acerca, me mira y se tumba encima de mí como si supiera que me está salvando otra vez.

Tres verbos negados y luego tres gestos sencillos. Es casi una definición de cuidado. No preguntar, porque a veces no hay fuerzas para contar. No fingir, porque ya ha habido demasiada gente falsa. No exigir, porque el afecto que pide factura no es afecto. La canción termina con una frase que podría colgarse en cualquier piso compartido:

Gracias por ser mi refugio.

La letra no explica quién es Pitufo, y no lo necesita. Lo describe por lo que hace, no por lo que es: llega, mira, se tumba encima, calma. Hay quien se sorprenderá de que un texto sobre familia elegida se detenga en alguien que ni siquiera habla. No debería. Para mucha gente, el vínculo más estable de su vida no tiene nombre legal ni sitio en ningún árbol genealógico. Una nota anterior del diario se detenía en ese refugio sin trampa. Lo que añade aquí es la idea de que la familia se reconoce por cómo te hace sentir, no por el árbol genealógico.

«We are the love / They never keep»

«Boys Like Us» es un himno en inglés del segundo álbum. Su protagonista no es un individuo sino un nosotros. Chicos que brillan, que caminan por calles de purpurina, que convierten la noche en oro. En medio del orgullo aparece este verso:

Collage con un detalle de la carátula de «Un puñetazo al dia» y las carátulas de «El Abrazo de Pitufo», «Nadie Hablará De Mí Cuando Haya Muerto», «Boys Like Us»

We are the love They never keep

Somos el amor que nunca guardan. Ellos, los otros, los que miran y murmuran, no se quedan con este amor; no lo archivan, no lo celebran en el álbum de fotos, no lo invitan a la comunión de la sobrina. La respuesta de la canción es formar grupo. El plural lo hace todo. We shine, we rise, we never hide. Es la gramática de la familia elegida: un pronombre que se amplía para que quepa más gente.

Y hay otra línea, más tierna:

In every eye We find our fight

En cada mirada encontramos nuestra lucha. Se puede leer como desafío, pero también como reconocimiento. En los bares, en las asociaciones, en los grupos de chat, las personas LGTBI se buscan los ojos y se reconocen. Ahí empieza muchas veces una familia.

Lo que la ley ve y lo que no ve

El cariño no necesita papeles, pero los hospitales sí. Esta es la parte menos poética y más útil del asunto. En España, la familia elegida no existe como figura jurídica. Lo que sí existen son algunas herramientas que conviene conocer.

La primera está en el trabajo. El artículo 37.3.b del Estatuto de los Trabajadores, reformado en 2023, concede cinco días de permiso retribuido por accidente o enfermedad grave, hospitalización o intervención quirúrgica con reposo domiciliario. El permiso cubre al cónyuge, la pareja de hecho y los parientes hasta segundo grado, y también, según el texto vigente, a cualquier otra persona que conviva con el trabajador en el mismo domicilio y requiera su cuidado efectivo. Es decir: si compartes piso con tu mejor amiga y la operan, la ley te reconoce el derecho a cuidarla, siempre que vivas con ella y lo necesite.

La segunda está en la sanidad. El artículo 11 de la Ley 41/2002, de autonomía del paciente, regula el documento de instrucciones previas, que en algunas comunidades se llama testamento vital o voluntades anticipadas. Con él, una persona mayor de edad puede dejar por escrito qué cuidados quiere y cuáles no si un día no puede expresarse, y puede nombrar además a un representante que hable con el equipo médico en su nombre. Ese representante no tiene que ser familiar. Puede ser el casi hermano de la canción.

Hay otras piezas, como el testamento ante notario, la pareja de hecho registrada o los poderes preventivos, cuyos detalles dependen de cada caso y conviene consultar con un profesional. Lo importante es la idea general: la ley española todavía piensa la familia en términos de sangre y matrimonio, pero deja algunas puertas que permiten proteger a la familia elegida si se hacen los papeles a tiempo. Hacerlos no es pesimismo. Es una forma de cuidado.

Las fechas difíciles

Hay días del calendario en los que la familia de origen pesa más. Navidad, cumpleaños, bodas de primos, entierros en el pueblo. Para muchas personas LGTBI son días de armario temporal o de silla vacía. En «Me rindo», el narrador recuerda lo que creía tener con una pareja:

los viajes al pueblo, el paseo con los perros, las navidades, cuando decías "ven aquí, no llores".

La lista es la de una vida en común, y la canción la mira desde la herida, porque esa vida resultó ser otra cosa. Pero la propia enumeración dice algo sobre lo que se busca: rituales, fechas compartidas, alguien que te consuele. La familia elegida muchas veces se construye precisamente para tener eso. La cena del 24 entre amigas que no pueden o no quieren volver a casa. El Orgullo como reunión familiar. El cumpleaños celebrado en un piso de Lavapiés con veinte personas que no comparten ni un apellido.

Esas fiestas inventadas tienen algo de rebeldía y algo de ternura. No niegan a nadie. Abren otra mesa.

La sangre que se lo cuenta todo

No todo es dulce. La familia elegida también puede fallar, también tiene celos, rupturas y silencios. Y la familia de origen no siempre es el enemigo. En «Si Don Aussiebum hablase», una canción camp sobre un bañador robado, aparece una lista de parentescos que se convierte en chiste:

Ficha de la canción «Un puñetazo al dia» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

familiares tíos tías sobrinos hermanos de sangre

La gracia está en el exceso. Si el bañador hablara, dice la canción, se quedarían todos sin maridos, parejas y conocidos, y la lista crece hasta la prima Carmen. Es un recordatorio cómico de que las familias, de sangre o elegidas, están hechas de secretos compartidos. Ninguna es perfecta. Lo que las diferencia no es la pureza, sino la posibilidad de salir de ellas cuando hacen daño y de volver cuando vuelven a ser hogar.

Por eso Weston insistía en que una cosa no se entiende sin la otra. Muchas familias de origen aprenden con los años. Hay madres que acaban marchando en el Orgullo y padres que se sientan en la mesa de la familia elegida y se sienten parte de ella. Cuando eso pasa, la palabra elegida se ensancha y deja de ser una frontera.

Si te sientes solo o sola: dónde pedir ayuda

No todo el mundo tiene un antro con amigos esperando. Hay personas LGTBI que han perdido a su familia de origen y todavía no han encontrado la elegida, y la soledad puede pesar mucho. Pedir ayuda no es un fracaso. Hablar de ello, tampoco. El suicidio no es un tema del que haya que callar, y nombrarlo puede salvar vidas.

Si piensas en hacerte daño o conoces a alguien que lo está pasando muy mal, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a cualquier hora. Ante una emergencia, llama al 112. El Teléfono de la Esperanza escucha las 24 horas en el 717 003 717, y la FELGTBI+ ofrece atención e información en el 913 604 605. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias local.

También ayudan los espacios de encuentro: las asociaciones LGTBI de tu ciudad, los grupos de jóvenes, los de mayores, los coros, los clubes deportivos, las bibliotecas con secciones de diversidad. Muchas familias elegidas empezaron con una persona que se atrevió a entrar por la puerta de un local sin conocer a nadie. Y si eres tú quien tiene la mesa llena, mira alrededor: quizá haya una silla que puedas acercar.

Construir la propia mesa

Una nota anterior del diario sobre la familia elegida apuntaba la idea de forma breve. Aquí se ha intentado darle historia: una antropóloga en San Francisco, una reina que se levantó de un concurso, veinte voluntarios de guardia en Nueva York, un novelista que habló de lógica donde otros hablaban de sangre. Y unas canciones que, sin proponérselo como tesis, están llenas de esa misma pregunta.

La corona de flores de «Un puñetazo al día» acaba sobre una mesa de bar, entre jarras y risas, con lágrimas que han empezado a brotar. Es una imagen pequeña. Pero quizá sea la más exacta de todas: la familia elegida no tiene sede ni escudo, tiene horarios de bar, mensajes de madrugada y abrazos que duran lo que tienen que durar. Se elige, se cuida y, cuando hace falta, se presenta en la puerta con algo en el maletero.

Ficha

«Un puñetazo al día» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes de las letras son inventados. Los datos históricos proceden del libro de Kath Weston (Columbia University Press, 1991), de la web de la House of LaBeija, del archivo de Gay Men's Health Crisis en la Biblioteca Pública de Nueva York, y los legales, del texto vigente del Estatuto de los Trabajadores y de la Ley 41/2002 publicados en el BOE. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa familia elegida?

Es la red de amistades, parejas, exparejas y personas cercanas que una persona LGTBI construye por decisión propia y que cumple funciones de familia: cuidar, acompañar, celebrar y estar en los momentos difíciles. El término se popularizó con el libro «Families We Choose: Lesbians, Gays, Kinship», de la antropóloga Kath Weston, publicado en 1991 por Columbia University Press.

¿Qué era una casa en la cultura ballroom?

Un grupo con una madre o un padre al frente y sus hijas e hijos, que competía en los bailes de Nueva York y servía de hogar a jóvenes negros y latinos LGTBI, muchos rechazados por sus familias. La House of LaBeija, de Crystal y Lottie LaBeija, organizó su primer baile en Harlem en 1972 y se considera la primera casa.

¿La ley española reconoce a la familia elegida?

No como tal, pero hay herramientas. El artículo 37.3.b del Estatuto de los Trabajadores da cinco días de permiso para cuidar a una persona conviviente que lo necesite, aunque no sea familiar. Y el artículo 11 de la Ley 41/2002 permite nombrar en el documento de instrucciones previas a un representante que hable con el equipo médico cuando tú no puedas.

¿De qué trata «Un puñetazo al día»?

Es una canción del primer álbum, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», en la que el narrador celebra en un antro de Madrid el entierro simbólico de un matrimonio, con una corona de flores en el maletero y «mi mejor amigo y casi hermano» al lado. Los personajes de las letras son inventados.

¿Dónde pedir ayuda si me siento solo o sola?

En España, el 024 atiende a cualquier hora a personas con pensamientos de suicidio o en crisis, y el 112 es el número de emergencias. El Teléfono de la Esperanza (717 003 717) escucha las 24 horas y la FELGTBI+ ofrece atención en el 913 604 605. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias local.

Más notas

Apoyar en Ko-fi