Universo GAYFOLK
Cuaderno de altímetro: «Feel That High», metro a metro, del suelo a la línea de Kármán
Por Mike Sain't Louis ·

Los aeronautas de los primeros globos llevaban un cuaderno. Apuntaban la hora, la altura aproximada, el viento, lo que veían abajo. Era una forma de no perderse en el aire y de poder contarlo después en tierra, con datos y no solo con la emoción del momento.
El título de «Feel That High» pide exactamente eso: subir. En inglés, «high» es alto, pero también es el subidón, la euforia, ese estado en que el cuerpo parece pesar menos. Mike lo traduce en su nota del single como «siente ese subidón» y deja abiertas varias posibilidades: el de la hierba, el de la música, el de una tarde buena con la gente que importa. Él prefiere no cerrar la puerta, y aquí tampoco se va a cerrar.
Lo que hace este artículo es tomarse el título al pie de la letra. Un cuaderno de altímetro, cota a cota, desde el suelo hasta el borde del espacio. En cada altura, un dato real y una pieza del single: la portada, el vídeo, las etiquetas, el disco.
Antes de despegar, la nota de seguridad. La letra de «Feel That High» no está publicada. No se va a citar ni a reconstruir aquí, y tampoco se va a deducir de lo que se intuya en el audio del clip. Todo lo que sigue se apoya en material que cualquiera puede comprobar.
Cota 0: el suelo, y la bandera de fondo
Todo vuelo empieza en tierra, y la tierra de esta portada es una bandera. La de Jamaica ocupa el fondo entero, con su cruz amarilla en aspa, los triángulos verdes arriba y abajo y los negros a los lados. Está gastada, con la pintura cuarteada, como un mural que lleva años al sol en una pared de barrio.
Es el punto de partida y también la referencia. Mientras el globo sube, el suelo se ve cada vez más pequeño, pero sigue ahí. Esta canción sabe de dónde despega: del reggae, de la isla, de una tradición musical concreta.
Mike lo resume en su nota: todo en la imagen apunta al reggae y a esa forma de vivir sin prisas que asociamos a Jamaica. Es una asociación del imaginario, claro, y él la presenta como tal, sin pretender hacer un retrato de la isla.
Cota 2 metros: la altura de una persona
A la altura de los ojos está el hombre de la portada. Lleva tupé alto, barba cuidada, la piel cubierta de tatuajes en el cuello y el pecho, un pendiente en cada oreja y una cruz dorada colgada de una cadena fina. La camisa es de punto calado, con rayas verticales verdes, amarillas, rojas y negras, abierta hasta media altura.
Su mirada es lo que más llama la atención. Mike la describe como seria, casi desafiante, en contraste con tanto color. Es la de alguien muy relajado que, sin embargo, no se deja tomar el pelo. Hay un equilibrio raro en esa expresión: ni sonrisa de cartel de vacaciones ni ceño de amenaza.
A dos metros del suelo todavía no se ha despegado. Pero ya se nota la intención. La cabeza ligeramente inclinada, el mentón un poco hacia arriba: la postura de quien está a punto de subir.
Cota 10 metros: las letras que gotean
Un tejado de tres plantas, más o menos. Desde ahí se ven bien los grafitis de las azoteas, y el título de esta portada parece uno de ellos. «Feel That High» está escrito en un verde ácido, casi fosforito, con el trazo de un espray que se ha pasado de pintura y gotea por abajo. Debajo, más pequeño y en amarillo, el nombre de Mike.

Alrededor de las letras flotan unas volutas grises muy tenues, como humo. Es un detalle fácil de pasar por alto que refuerza la ambigüedad del título. Puede ser el humo de un porro, el de una barbacoa o el vaho de una noche de calor. La portada no lo aclara, y es mejor así.
El verde del título no es el verde de la bandera. Es más chillón, más artificial, más de neón. Ese choque entre los colores nacionales, terrosos y desgastados, y el verde casi eléctrico de la tipografía dice algo del proyecto: la tradición está en el fondo, pero la firma es contemporánea.
Cota 100 metros: la altura de un globo recién soltado
El 21 de noviembre de 1783, en París, dos hombres subieron por primera vez en un globo libre: Jean-François Pilâtre de Rozier y el marqués de Arlandes. Era un globo de aire caliente fabricado por los hermanos Montgolfier, y el vuelo duró unos veinticinco minutos. Los cronistas cuentan que los espectadores se quedaron sin palabras.
A cien metros, la ciudad ya parece una maqueta. Es la altura en la que empieza la sensación que da título a la canción: el estómago que se queda abajo, la risa nerviosa, la mezcla de miedo y gusto. Es un subidón literal, físico, sin ninguna sustancia de por medio.
Antes de arriesgar a nadie, los Montgolfier hicieron una prueba con animales. El 19 de septiembre de 1783, en Versalles y delante del rey Luis XVI, soltaron un globo con una oveja, un pato y un gallo en la cesta. Volaron unos minutos y aterrizaron sanos a pocos kilómetros. Solo entonces se atrevieron a subir personas. Es una historia que tiene algo de cómica y algo de prudente: incluso los pioneros de la euforia aérea quisieron saber primero cómo se bajaba.
Hay muchas formas de llegar a esa sensación. Una canción puede ser una. El diario del planeta habla de ello en su texto sobre la fiesta como espacio de libertad: esos momentos en que la música y la gente alrededor te levantan del suelo sin necesidad de nada más.
Cota 500 metros: los altavoces de Kingston
Desde quinientos metros ya no se oye nada de lo que pasa abajo. Pero en Kingston, en los años cincuenta, hubo una música pensada precisamente para oírse de lejos. Eran los sound systems: camiones o furgonetas cargados de altavoces enormes, con un pinchadiscos y un animador, que montaban fiestas al aire libre en los barrios. Competían entre ellos por tener el bajo más potente y los discos más nuevos.
De esa cultura salió buena parte de la música jamaicana posterior, y también una técnica que cambió la producción en todo el mundo: el dub. A finales de los sesenta y en los setenta, ingenieros de sonido como King Tubby empezaron a desmontar las canciones en la mesa de mezclas. Quitaban la parte vocal, dejaban el bajo y la batería, añadían eco y reverberación y convertían una pista en un paisaje.
Esa idea, la del productor como autor que transforma el sonido desde la mesa, tiene mucho que ver con la forma de trabajar de Mike. Él escribe, compone y produce, y la parte vocal la genera con inteligencia artificial siguiendo sus indicaciones. El estudio es su instrumento. Un tributo al reggae hecho así tiene una coherencia que va más allá de la bandera: el reggae también fue, desde el principio, una música de productores.
Cota 1.000 metros: la pista dentro del disco
A mil metros, el paisaje se ordena. Se distinguen los barrios, las carreteras, el orden de las cosas. Es buen momento para mirar dónde está esta canción dentro del mapa del planeta.

«Feel That High» forma parte de «El día de la liberación», el álbum que cierra la trilogía GAYFOLK, y allí es el corte 53 de 99. Quien quiera ver ese disco entero desde esta altura tiene a mano una guía del disco de la liberación.
Sus vecinas dentro del álbum hacen un contraste curioso. Justo antes va «Mi pena», con un título que suena a copla y a lamento. Justo después llega «Trasto viejo», que suena a objeto olvidado en un altillo. La euforia jamaicana queda en medio, como una ventana abierta entre dos habitaciones con poca luz.
En el catálogo de singles el orden es otro: «Feel That High» es la número 121 de 273, con «Vampiro emocional» delante y «Doña Rogelia» detrás. Y entre los vídeos oficiales figura con el número 52 de 276, entre «Trasto viejo» y «Mi pena». Las tres canciones aparecen juntas, en un orden o en otro, en todos los mapas.
Cota 2.256 metros: el techo de Jamaica
El punto más alto de Jamaica es el Blue Mountain Peak, en las Montañas Azules, al este de la isla, con 2.256 metros. Desde su cumbre, en los días claros, se ve el mar a los dos lados. Esas montañas dan nombre a uno de los cafés más caros del mundo, cultivado en sus laderas entre la niebla.
Es un dato que sirve para recordar que Jamaica tiene mucho más que playa. La imagen turística de la isla, la de la hamaca y el ritmo lento, deja fuera muchas cosas: montañas, ciudades, trabajo duro, conflictos. La portada juega con la imagen tópica, pero lo hace con una bandera desgastada, no con una postal satinada.
A esta altura, además, el cuerpo empieza a notar el aire. Por encima de unos 2.500 metros, algunas personas sienten mareo, dolor de cabeza o falta de aliento. Es el mal de altura. Subir mucho, y deprisa, tiene un precio.
Cota 3.000 metros: la cordada
En la alta montaña nadie sube solo si puede evitarlo. Los alpinistas van en cordada, atados unos a otros con una cuerda, de modo que si uno resbala, los demás frenan la caída. Es una de las imágenes más bonitas del montañismo: la seguridad de cada uno depende de quien va delante y de quien va detrás.
Muchas personas LGTBI conocen bien esa forma de subir. Los primeros pasos fuera del armario, las primeras salidas por el ambiente, los primeros Orgullos, casi siempre se hacen con alguien al lado: una amiga, un compañero de piso, un grupo de chat. La euforia se comparte, y el miedo también. Por eso Mike, al hablar del subidón del título en su nota, incluye entre las opciones el de una tarde buena con la gente que te importa. Es el más sencillo y, quizá, el más duradero.
La portada, en cambio, muestra a un hombre solo. Pero su mirada a cámara tiene algo de invitación. Es como si dijera que la cuerda está ahí, por si alguien quiere atarse.
Cota 4.000 metros: el vídeo y su descripción
A cuatro mil metros, el globo atraviesa nubes. Es el momento del vídeo, que es la parte de la canción que más se mueve.

El vídeo oficial de «Feel That High» llegó a YouTube el 15 de octubre de 2025 y dura cuatro minutos y dos segundos, más que la media del catálogo. Su título lo define con claridad: es un tributo a Bob Marley. No hace falta añadir mucho más; el propio vídeo lo dice y la portada lo confirma con la bandera.
La descripción es una ristra de etiquetas, y algunas merecen una lectura despacio. Hay varias de género musical: reggae, música del mundo, buenas vibraciones. Hay una de espíritu jamaicano. Hay otra que habla de música que hace bien, de las que acompañan cuando uno está bajo. Y hay un grupo que define a Mike más que a la canción: artista independiente, artista conceptual, artista de IA y una que lo llama radical «outsider», el que mira desde fuera.
Esa última es interesante a esta altura. Un «outsider» es alguien que no está dentro del sistema, que llega de otro sitio. Algo de eso tiene un proyecto independiente levantado desde Madrid, con sello propio, por un hombre gay que escribe, compone y produce, y que encarga a la inteligencia artificial la parte vocal. No está en la industria. La observa desde arriba, como desde un globo.
El vídeo se puede ver en YouTube, y el single, escucharse en Spotify.
Cota 8.849 metros: el Everest y la euforia de llegar
El Everest mide 8.848,86 metros, según la medición conjunta que China y Nepal anunciaron en 2020. Quien llega a la cumbre suele describir una euforia difícil de explicar, mezclada con agotamiento extremo. Es, quizá, el subidón más caro del planeta: semanas de esfuerzo, mucho dinero y riesgo real para unos minutos arriba.
Hay otra euforia que no requiere oxígeno embotellado. En las comunidades trans y no binarias se habla de euforia de género: la alegría intensa que llega cuando alguien se ve, se nombra o es tratado de acuerdo con quien es. Una camisa que por fin sienta bien, un nombre dicho por primera vez en voz alta, un espejo que devuelve la imagen correcta.
Y hay una versión que conoce casi cualquier persona LGTBI: la del primer Orgullo. Muchos recuerdan esa primera manifestación como un día de subidón puro, rodeados de miles de personas que no tenían que explicarse. En España, la primera se celebró en Barcelona el 26 de junio de 1977, cuando todavía era delito ser homosexual según la ley de peligrosidad social. La euforia de aquel día tenía mucho de valentía.
Estas euforias no tienen nada de químico, y sin embargo levantan del suelo como cualquier otra. El planeta dedica un texto a la experiencia de sentirse diferente, que es casi siempre el punto de partida de esa subida.
Cota 11.000 metros: crucero
Los aviones comerciales vuelan, de crucero, a unos diez u once kilómetros de altura. Ahí el aire es tan fino que fuera hace cincuenta grados bajo cero, y dentro de la cabina la gente duerme, ve películas o mira por la ventanilla sin pensar demasiado en ello.
Sirve para pensar cómo se escucha una canción así en el día a día. No siempre se vive como un despegue. A veces se pone de fondo, en los auriculares, mientras se trabaja o se viaja, y simplemente acompaña. Mike recomienda en su nota escucharla con el balanceo puesto y el volumen alto, lo cual sugiere que él la imagina más cerca del despegue que del crucero.
Las dos maneras valen. Una canción con nombre de subidón puede ser también una compañía tranquila a once mil metros.
Cota 39.000 metros: el salto
El 14 de octubre de 2012, el austriaco Felix Baumgartner saltó desde una cápsula colgada de un globo de helio a unos 39 kilómetros de altura. Cayó en caída libre durante más de cuatro minutos y superó la velocidad del sonido sin ningún vehículo. Millones de personas lo vieron en directo.

Lo que se recuerda de aquel salto no es tanto la subida como la bajada. Todo lo que sube tiene que volver. Y la forma en que se vuelve importa tanto como la altura alcanzada: Baumgartner llevaba un traje presurizado, paracaídas y un equipo entero pendiente de él.
Con los subidones de la vida pasa algo parecido. Después de una noche de fiesta, de un logro grande o de cualquier euforia, llega el aterrizaje. A veces es suave. A veces es brusco. El diario del planeta tiene un texto sobre cómo afecta el insomnio a la salud mental, muy útil para esas madrugadas en que el cuerpo sigue arriba y la cabeza no sabe bajar.
Cota 100 kilómetros: la línea de Kármán
A cien kilómetros de altura está la línea de Kármán, la frontera que la Federación Aeronáutica Internacional usa para marcar dónde termina la atmósfera y empieza el espacio. Recibe el nombre del ingeniero Theodore von Kármán. Más allá, un avión ya no puede sostenerse en el aire: hace falta un cohete.
Es el límite del cuaderno. Ninguna canción llega tan alto, ni falta que hace. Pero ayuda a entender el título: «siente ese subidón» como una invitación a acercarse a un límite sin tener que cruzarlo.
En el planeta GAYFOLK, que tiene nombre de cuerpo celeste, esa frontera tiene algo de familiar. Toda la trilogía juega con la idea de un lugar fuera de la Tierra donde la gente como Mike puede vivir sin pedir permiso. La línea de Kármán sería, en ese mapa, la aduana.
Descenso controlado
Todo cuaderno de vuelo termina con el aterrizaje, y es la parte que los aeronautas más cuidan. El globo baja despacio, buscando un campo abierto, sin cables ni árboles. Antes de tocar tierra se avisa a los pasajeros: rodillas flexionadas, agarrados a la cesta.
Los subidones también necesitan un descenso controlado. Si la euforia se apaga y deja detrás un vacío que no se va, o si para sentir algo hace falta subir cada vez más y más rápido, conviene hablarlo con alguien antes de que el golpe llegue solo. El diario tiene un texto sobre la ansiedad sin estigma, que muchas veces aparece justo en ese aterrizaje.
Y si la caída se vuelve peligrosa, hay gente esperando abajo. En España, llamar al 024 conecta con un equipo preparado para escuchar a personas con pensamientos suicidas o a sus allegados; es gratis, confidencial y está disponible siempre. El 112 es el número para una emergencia en curso. Para una charla sin reloj, los voluntarios del Teléfono de la Esperanza contestan en el 717 003 717. Si vives en otro país, su número de emergencias o el directorio findahelpline.com te pondrán en contacto con la línea gratuita que te corresponda.
Hoja de vuelo
Resumen del trayecto para quien prefiera los datos a las cotas.
Canción: «Feel That High». Firma: Mike Sain't Louis, que la escribió, la compuso y la produjo; la parte vocal sale de una IA que él dirige. Álbum de origen: «El día de la liberación», último de los tres de GAYFOLK, corte 53 de 99, entre «Mi pena» y «Trasto viejo». Catálogo de singles: 121 de 273, entre «Vampiro emocional» y «Doña Rogelia». Videoclip oficial: 52 de 276, publicado el 15 de octubre de 2025, cuatro minutos y dos segundos, presentado como tributo a Bob Marley. Letra: sin publicar.
En la portada: bandera de Jamaica desgastada; hombre con tupé, barba, tatuajes, cruz dorada y camisa de punto calado a rayas verdes, amarillas, rojas y negras; título en verde ácido que gotea, con un rastro de humo. Instrucciones de su autor: balanceo puesto y volumen alto.
Preguntas frecuentes
¿Se puede leer la letra de «Feel That High»?
Todavía no se ha publicado. Por eso este artículo no cita ni reconstruye ningún verso: trabaja con la portada, el título, el videoclip y su descripción, el lugar de la pista en el disco y la nota de Mike.
¿Es un homenaje a Bob Marley?
Así lo presenta el título del videoclip oficial, que la define como tributo a Bob Marley, y así lo subrayan sus etiquetas de reggae y espíritu jamaicano.
¿En qué álbum está?
En «El día de la liberación», tercer disco de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 53 de 99, entre «Mi pena» y «Trasto viejo».
¿Cuánto dura el vídeo y cuándo salió?
El videoclip oficial se subió a YouTube el 15 de octubre de 2025 y dura cuatro minutos y dos segundos.
¿Quién está detrás de la canción?
Mike Sain't Louis, autor de la letra y la música y productor del tema, que trabaja desde Madrid. Las partes vocales están generadas con IA bajo su dirección; él se define como «el primer cantautor IA».
¿Y si después del subidón llega un bajón que no se va?
Cuéntaselo a alguien. El 024 es gratuito y atiende las 24 horas a quien piensa en el suicidio o se preocupa por otra persona; si hay peligro en este momento, el 112. Para hablar con calma, el Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717. Desde otro país, llama a su número de emergencias o consulta findahelpline.com para encontrar una línea gratuita cercana.