Universo GAYFOLK
Programa de mano: «Fly Away», un ballet con alas en cinco cuadros
Por Mike Sain't Louis ·

En los teatros, antes de que se apaguen las luces, alguien reparte un folleto doblado. Trae el reparto, un resumen del argumento, unas notas sobre la obra y, al final, la salida de emergencia más cercana. Mucha gente lo guarda en el bolso y lo encuentra meses después, arrugado, con una mancha de café. Es un papel modesto que sirve para no perderse.
«Fly Away» pide un folleto así. Su portada es un solo personaje con alas en mitad del cielo, y su videoclip oficial tiene tanta gente alada, tantas entradas y salidas y tantos cambios de luz que parece un ballet sin escenario. Este programa de mano lo ordena en cinco cuadros, con un reparto, unas notas históricas sobre cómo se ha volado en escena y la información práctica de rigor.
Aviso de sala antes de empezar: la letra de «Fly Away» no está publicada. La página de letras del planeta lo indica así, y aquí se respeta. Ningún verso aparece aquí, ni entero ni a trozos, y nada sale de escuchar el audio con lupa. El material es público: la carátula, el clip, el texto que lo acompaña en YouTube, lo que Mike contó del single y el número que ocupa en el álbum.
Ficha artística
Título: «Fly Away». Autor de letra y música: Mike Sain't Louis, que además firma la producción. Lo que se oye como interpretación vocal sale de una IA a la que él da las instrucciones. Sello: el propio, MIKE SAIN'T LOUIS, con sede en Madrid.
Duración de la función: cuatro minutos y veintitrés segundos, lo que dura el videoclip oficial. Estreno en YouTube: 7 de agosto de 2025. Título de cartel: «FLY AWAY (OFFICIAL MUSIC VIDEO)».
Género, según el propio folleto del canal: balada épica, folk rock, rock alternativo con raíz folk, emoción cinematográfica. En la web, la página del single prefiere otros cajones: indie pop, pop alternativo, queer pop, camp. Las dos listas no se contradicen. Describen la misma pieza desde dos mostradores distintos.
Lugar: un cielo. A veces de día, rosa y empolvado; a veces de noche, azul oscuro y cuajado de estrellas. Abajo, de vez en cuando, una ciudad en ruinas.
Reparto, por orden de aparición
En la portada, un único intérprete. Un chico vestido de negro, con tatuajes en el cuello y el pelo rizado revuelto por el aire, cruza un cielo rosa con unas alas negras enormes, abiertas de punta a punta. Tiene los ojos cerrados y la cara tranquila. Mike escribe en su nota que le gusta mucho que esas alas sean negras, porque un ángel de blanco habría sido lo previsible. Arriba, el título va en una letra fina y espaciada, casi un susurro tipográfico.
En el videoclip, el reparto crece. Por orden de aparición:
Los de alas rosas. Un grupo de hombres jóvenes, en vaqueros y camisetas, que salen corriendo de entre edificios destrozados con unas alas rosas que brillan como neón.
Los de alas negras. Otro grupo, de negro, esperando en lo alto de una azotea con las alas desplegadas, en una noche sin luna.
El del traje negro. Un chico solo, de traje oscuro y camisa blanca, con alas blancas, que aparece en un espacio azul lleno de plumas sueltas.
Las parejas. Dos chicos con camisa blanca, boca con boca. Más tarde, otras parejas de hombres abrazadas en pleno vuelo, con alas rosas enormes a la espalda.
Los de alas pardas. Figuras con alas marrones y anaranjadas, como de rapaz, que vuelan alrededor en plena pelea.
El coro. Al final, un grupo numeroso que sube junto, con los brazos en alto, bajo un par de alas gigantes que parecen abrazar a todos.
Argumento
Sin diálogos ni rótulos, el argumento hay que deducirlo de las imágenes y de las etiquetas con que se publicó. Esas etiquetas hablan de ángeles y demonios, del bien contra el mal, de luz contra oscuridad, de héroe y villano, de batalla cinematográfica, de violencia poética, de vuelo emocional y de belleza trágica. Dicho de otro modo: quien subió el clip lo vende como un choque entre dos bandos con alas.

Con esa pista, el resumen honesto sería este. Unos escapan de una ciudad hundida. Otros los esperan arriba. Hay un choque en el cielo. En mitad del choque, hay besos. Y al final, una subida colectiva.
Lo que no dice el vídeo, y por tanto no dice este programa, es quién es exactamente quién, ni qué historia personal hay detrás. No hay nombres ni frases. Hay alas, colores y gestos, y con eso basta para seguir la función.
Conviene añadir una precisión, de las que los programas serios ponen en letra pequeña. Las personas que aparecen en el clip son personajes de una pieza visual, no retratos de nadie concreto. Ni el chico de la portada ni las parejas del vídeo se presentan con nombre, y este folleto no les inventa ninguno. Lo mismo vale para cualquier lectura biográfica: el single no cuenta, al menos en lo que se puede ver, una historia personal de su autor, y aquí no se le atribuye ninguna.
Primer cuadro: la ciudad en ruinas
Se abre con una carrera. Los hombres de alas rosas avanzan hacia la cámara entre bloques de pisos medio derruidos, envueltos en una niebla azulada. Las alas no se mueven todavía para volar: van abiertas detrás, encendidas, como una bandera que se lleva puesta.
La imagen de salir de una ciudad destruida tiene mucha tradición en el cine. Aquí el detalle que cambia todo es el color. El rosa, en mitad de un paisaje gris, se ve desde lejos. Es imposible pasar desapercibido con esas alas. Quien las lleva ha decidido que no va a esconderse mientras huye.
Esa idea, la de irse de un lugar sin bajar la cabeza, encaja con el disco al que pertenece la canción, que se titula precisamente con un deseo de marcharse a otro sitio. Se volverá a ella al final del programa.
Segundo cuadro: la azotea
Corte a la noche. En el borde de una azotea, un grupo de hombres vestidos de negro, con alas negras de plumas largas, mira hacia abajo. El plano está tomado desde un ángulo bajo, como se filma a los que tienen el poder en una escena.
Es curioso que las alas negras de la portada, que Mike asocia con algo de cuervo, con una fuerza nacida de lo que pesaba, aparezcan en el vídeo en el otro bando. La misma pluma sirve para dos papeles distintos. Un programa de mano no tiene por qué resolver esa paradoja. Basta con señalarla: en este planeta el negro no es automáticamente el malo, y el rosa no es automáticamente el blando.
Interludio: el chico del traje negro
Entre cuadro y cuadro, una pausa. Un chico solo, con traje negro, camisa blanca y unas alas blancas grandes, aparece varias veces sobre un fondo azul en el que flotan plumas sueltas. Mira de lado, se gira, abre los brazos.
En el teatro clásico, el interludio servía para cambiar los decorados sin bajar el telón. Aquí cumple una función parecida: baja la temperatura entre la carrera y la batalla. Es el único personaje que no corre ni pelea. Parece estar decidiendo algo.
Tercer cuadro: el beso
Dos chicos con camisa blanca, sobre el mismo fondo azul, se besan. Después, ya en el cielo nocturno, el gesto se repite con otras parejas de hombres. Se sujetan en el vacío con unas alas rosas gigantes detrás, iluminadas por los bordes, mientras a su alrededor otras figuras aladas siguen en guerra.

Es la escena central del vídeo y también la más deliberada. En plena batalla, en el momento de mayor ruido, la cámara se detiene en un beso. No hay contradicción en eso. La tradición de los amantes que se encuentran en medio de una guerra es tan vieja como la literatura. Lo que hace «Fly Away» es dársela a parejas de hombres, en el cielo, a la vista de todos.
Cuarto cuadro: la batalla bajo las estrellas
El cielo se llena de figuras. Las de alas pardas, como de halcón, se lanzan unas contra otras con los brazos extendidos. Hay estallidos de polvo blanco, como plumas reventadas. Abajo, hombres con alas rosas vuelan juntos, algunos de la mano. Arriba, un cielo azul oscuro con estrellas.
Es la parte que la descripción llama batalla cinematográfica y violencia poética. No hay sangre ni armas visibles. La pelea se cuenta con cuerpos que se cruzan en el aire y con explosiones de plumas, como en un ballet de combate. El efecto es más coreográfico que bélico.
Quinto cuadro: la subida de todos
El final reúne a mucha gente. Un grupo amplio de hombres sube junto, con los brazos en alto, bajo unas alas gigantes rosas y blancas que se abren detrás como un telón. Ya no hay bandos claros. Hay una masa que asciende.
En un ballet clásico, el último cuadro suele ser el gran conjunto, cuando todo el cuerpo de baile sale a escena a la vez. «Fly Away» termina igual. Después de la huida, la amenaza, la pausa, el beso y la pelea, la imagen final es colectiva. Nadie vuela solo.
Notas al programa: la guerra en el cielo
La idea de una batalla entre ángeles tiene una fuente literaria famosa. En 1667, el poeta inglés John Milton publicó «El paraíso perdido», un poema épico largo sobre la caída del ser humano. Uno de sus libros narra la guerra en el cielo: los ángeles rebeldes contra los fieles, durante tres días, con montañas arrancadas y lanzadas como proyectiles. En 1674 salió una segunda edición reorganizada en doce libros.
Milton fijó para siglos la imagen del ángel caído con alas oscuras. La pintura y el grabado la repitieron hasta el cansancio. El videoclip de «Fly Away» bebe de ese repertorio, con sus dos bandos y sus colores enfrentados, pero cambia un detalle esencial: en medio de la guerra celeste, los hombres se besan.
Notas al programa: volar en escena
Hacer volar a alguien delante del público ha sido siempre un problema técnico. El 12 de marzo de 1832, en la Ópera de París, se estrenó «La Sylphide», con coreografía de Filippo Taglioni y su hija Marie en el papel principal. Es el ballet que asentó el romanticismo en la danza: tutús blancos largos, puntas, un amor imposible y criaturas aéreas que aparecían y desaparecían gracias a la maquinaria del teatro, con cables y trampillas.
A finales del siglo XIX, en Londres, el carpintero de escena George Kirby perfeccionó un sistema de vuelo con poleas, cables y un arnés en forma de corsé que se enganchaba y soltaba en segundos. Uno de sus primeros grandes encargos fue «Peter Pan», de J. M. Barrie, estrenado el 27 de diciembre de 1904 en el Duke of York's Theatre. Wendy y sus hermanos salían volando por la ventana de su cuarto, y el público se volvía loco. El arnés original se conserva hoy en el Victoria and Albert Museum.
Lo que en 1832 o en 1904 exigía cables y tramoyistas, en un videoclip de 2025 se resuelve con imagen generada. Cambia la técnica; el asombro de ver a alguien despegar sigue siendo el mismo.
Notas al programa: el color de las plumas
En la iconografía occidental, el color de las alas ha servido durante siglos para distinguir bandos. Los ángeles de los retablos góticos y renacentistas llevan a menudo alas blancas, doradas o de varios colores, como las de un pavo real; las de los demonios, en cambio, suelen pintarse oscuras y membranosas, como de murciélago. La regla no es fija, pero se repite lo bastante como para que cualquiera la reconozca sin haberla estudiado.

«Fly Away» juega con ese código y lo enreda. La portada pone las alas negras al protagonista solitario, el que escapa con los ojos cerrados. El vídeo las coloca en el grupo que espera en la azotea. Las blancas son para el chico del traje, que no pelea. Las pardas, de rapaz, para los que se enzarzan en el aire. Y las rosas, el color que no existe en la tradición de los retablos, son las de quienes huyen, se besan y suben al final.
Ese rosa es la aportación del planeta al viejo catálogo. No figura en ningún tratado de pintura religiosa como color de ángel. Aquí es el que más se ve, el que brilla en la oscuridad y el que acaba arropando a todo el grupo en el último plano. Un programa de mano no puede decir qué significa con certeza, porque el vídeo no lo explica. Sí puede apuntar que, entre todos los colores posibles, el elegido para la escena final es el que la cultura LGTBI lleva décadas reclamando como propio.
Notas al programa: ángeles en Berlín y en Nueva York
Dos obras del siglo XX ayudan a mirar estas alas. En 1987, Wim Wenders estrenó «El cielo sobre Berlín», en la que unos ángeles con abrigo largo recorren la ciudad dividida escuchando los pensamientos de la gente. Uno de ellos, interpretado por Bruno Ganz, decide renunciar a sus alas por amor. Wenders ganó el premio a la mejor dirección en Cannes.
Pocos años más tarde, el dramaturgo Tony Kushner escribió «Angels in America», una obra en dos partes sobre la epidemia de sida en el Nueva York de los años ochenta. Su protagonista, Prior Walter, es un hombre gay enfermo al que un ángel atraviesa el techo del dormitorio. La primera parte ganó el Premio Pulitzer de teatro en 1993, y en 2003 la obra se convirtió en una miniserie de televisión dirigida por Mike Nichols.
«Angels in America» es probablemente el lugar donde el ángel y la experiencia gay se encontraron por primera vez a lo grande. «Fly Away» no cita a Kushner, ni tiene por qué. Pero comparte con él una intuición: que el cielo, tradicionalmente cerrado a ciertos cuerpos, también puede ser un escenario para ellos.
En qué parte del disco suena
«Fly Away» pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo de los tres discos de GAYFOLK, al que el diario dedicó un texto aparte. Es la pista 72 de 86. Justo antes está «Goodbye» y justo después «Sonne und Wind». La secuencia se lee casi como una frase: decir adiós, echar a volar, encontrarse con el sol y el viento.
El título del disco ya es un suspiro, un deseo de irse a otro planeta donde vivir sin dar explicaciones. Dentro de ese álbum, «Fly Away» funciona como el momento del despegue. Entre los singles de gayfolkplanet.com figura con el número 105 de 273, entre «Free Britney» y «Another Narcissist». Y en la lista de videoclips oficiales es el 118 de 276, entre el de «Sonne und Wind» y el de «Goodbye», que vuelven a rodearlo como en el disco.
El audio está en Spotify y el clip completo, en YouTube.
Para el público
La nota de Mike termina con una recomendación directa: ponerla cuando haga falta soltar lastre. Es un buen consejo de sala. «Fly Away» funciona para esos días en que lo que rodea pesa demasiado y apetece cerrar los ojos, como el chico de la portada, y dejar de hacer fuerza un rato.

El diario del planeta tiene textos que acompañan bien esa escucha. Uno trata de sentirse diferente, esa sensación tan conocida de no encajar en el lugar donde se nace. Otro habla de la familia elegida, la gente con la que se acaba volando cuando la de origen no acompaña, como ese grupo que sube junto en el último cuadro del vídeo.
Hay otra manera de escucharla, más práctica. Ponerla al final de un día largo, con la luz baja, y fijarse solo en cómo crece. Las etiquetas del canal hablan de balada épica y de rock con raíz folk, y esa mezcla suele construirse por capas: empieza contenida y va sumando peso hasta el tramo final. Seguir esa subida con atención, sin hacer otra cosa, es un pequeño ejercicio de calma que no necesita aplicación ni suscripción.
Y una tercera, para quien la descubra por el vídeo: verla dos veces seguidas. La primera, para entender quién es quién. La segunda, para fijarse en los detalles que se escapan a la primera: las plumas que flotan en el interludio, los bordes iluminados de las alas rosas durante el beso, la cara del chico del traje cuando se gira. Los ballets también se ven mejor en la segunda función.
Salidas de emergencia
Todo programa de mano indica dónde están las salidas. Este también.
Las ganas de echar a volar son, casi siempre, ganas de cambiar de aire, de alejarse de algo que hace daño, de empezar en otro sitio. Son sanas y muy humanas. Pero a veces se confunden con otra cosa: con el deseo de no estar, de desaparecer del todo. Si notas que irte se parece más a dejar de existir que a cambiar de sitio, no lo guardes. Para un primer paso, en el diario hay lectura sobre vulnerabilidad y salud mental y sobre cómo hablar de la ansiedad sin estigma.
Marcar el 024 desde cualquier teléfono español conecta, sin coste y de día o de noche, con profesionales que atienden a quien piensa en quitarse la vida y también a su entorno; la llamada no deja rastro en la factura. Cuando la situación es de riesgo ahora mismo, toca el 112. Si lo que hace falta es una conversación larga con alguien que escuche, los voluntarios del Teléfono de la Esperanza están en el 717 003 717. Desde fuera de España sirve el número de emergencias local, y la web findahelpline.com recoge líneas gratuitas país por país.
Pedir ayuda es la manera más segura de aterrizar.
Al salir de la sala
El folleto se dobla y se guarda. Queda la imagen de la portada, un chico solo con alas negras y los ojos cerrados, y la del final del vídeo, una multitud que sube unida. Entre una y otra, cuatro minutos y veintitrés segundos de carreras, azoteas, plumas y besos.
Para quien quiera repasar los datos: «Fly Away», segundo disco de GAYFOLK, pista 72 de 86; single 105 de 273; videoclip 118 de 276, estrenado el 7 de agosto de 2025. Letra todavía inédita. Instrucciones del autor: ponerla cuando haya que soltar peso.
Preguntas frecuentes
¿Está publicada la letra de «Fly Away»?
Todavía no: su página de letras sigue vacía. Por eso aquí no aparece ningún verso. El programa se arma con la carátula, el clip oficial, el texto que lo acompaña y su sitio en el álbum y en la lista de singles.
¿Qué pasa en el videoclip?
Hombres con alas rosas luminosas salen corriendo de una ciudad en ruinas; en una azotea esperan otros con alas negras; un chico de traje negro lleva alas blancas; varias parejas de hombres se besan en pleno vuelo bajo las estrellas mientras otras figuras aladas pelean. Son cuatro minutos y veintitrés segundos, publicados el 7 de agosto de 2025.
¿En qué disco está?
Forma parte de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», segundo título de la trilogía, como corte 72 de 86, con «Goodbye» delante y «Sonne und Wind» detrás.
¿Quién firma la canción?
La firma Mike Sain't Louis, que vive en Madrid y trabaja como letrista, compositor y productor musical. La interpretación vocal la genera una IA siguiendo sus indicaciones.
¿Y si las ganas de echar a volar son en realidad ganas de desaparecer?
Cuéntalo hoy, a alguien cercano o a un profesional. Desde España, llamar al 024 no cuesta nada y siempre hay alguien al otro lado; si el peligro es inminente, 112; para charlar con calma, Teléfono de la Esperanza, 717 003 717. Fuera de España, marca el número de emergencias del país o consulta findahelpline.com.