Cultura queer
Islandia queer: de la entrevista de 1975 a la primera ministra de 2009, Samtökin '78, la ley de 2010 y «The Northern Lights»
Por Mike Sain't Louis ·

Hay canciones del planeta que no necesitan letra para contar algo. «The Northern Lights», del disco «El día de la liberación», lleva en el título la luz más famosa del cielo del norte: la aurora boreal, ese velo verde y violeta que aparece cuando la noche es más larga y más oscura. Mike Sain't Louis la presenta como una exhalación lenta con latido de reggae, una pieza sobre la calma que llega cuando alguien deja de fingir y permite que su propia luz suba.
Pocos países encajan con esa imagen como Islandia. Una isla de volcanes y glaciares, con unos pocos cientos de miles de habitantes, inviernos en los que el sol apenas asoma y una historia LGTBI que empieza en un silencio casi total y termina, por ahora, con una de las legislaciones más avanzadas del mundo. El diario ya escribió sobre esta canción como una luz que no se fuerza y sobre el asombro de las luces del norte. Este artículo baja del cielo al suelo y recorre lo que pasó en las calles de Reikiavik.
Una ley danesa y un silencio de siglos
Durante siglos, Islandia formó parte del reino danés, y hasta 1940 las relaciones entre hombres estuvieron castigadas por la ley, como en casi toda Europa. La vida queer, si existía, lo hacía en susurros. La asociación islandesa Samtökin '78 lo resume con una frase honesta en su breve historia de los derechos LGTBI del país: se da por hecho que ha habido personas queer en la isla desde los primeros asentamientos, pero apenas queda información sobre ellas.
Esa falta de archivo dice mucho. En una sociedad pequeña, donde casi todo el mundo conoce a la familia de casi todo el mundo, esconderse no era una opción entre otras: era la única. Quien quería vivir su deseo sin vigilancia tenía una salida clásica, la emigración, y el destino más habitual era Copenhague, la capital del antiguo reino, con una vida nocturna y una tolerancia que Reikiavik no podía ofrecer.
1940: despenalizar sin igualar
El primer gran cambio llegó en plena Segunda Guerra Mundial. En febrero de 1940 el Parlamento islandés aprobó un nuevo Código Penal que dejó de castigar las relaciones consentidas entre personas adultas del mismo sexo. Entró en vigor en agosto de ese mismo año. Un informe del Consejo de Europa sobre la situación legal del país señala que Islandia fue el segundo país nórdico en abandonar esa criminalización.
Pero despenalizar no fue igualar. El nuevo código fijó edades de consentimiento distintas según se tratara de parejas del mismo sexo o no, y esa diferencia no desapareció hasta 1992. Durante medio siglo, por tanto, la ley islandesa dejó de perseguir sin dejar de señalar. Una situación que se parece mucho a lo que muchas personas LGTBI conocen de su propia biografía: el momento en que ya nadie te castiga abiertamente, pero todavía te miran distinto.
Agosto de 1975: una entrevista que nadie quería publicar
La historia moderna de la visibilidad gay en Islandia tiene nombre propio. Hörður Torfason era, a mediados de los setenta, un músico y actor muy popular, con presencia constante en la radio y teatros llenos. En 1975, con treinta años, decidió hablar abiertamente de su homosexualidad en una entrevista con su nombre y su foto. Según contó él mismo años después a la revista Reykjavík Grapevine, salió del armario el 4 de agosto de 1975, el día en que se publicó.
No la publicó un gran diario. La web GayIceland explica que el texto se consideró tan escandaloso que acabó en Samúel, una revista masculina de corte liberal. La pregunta que le hizo el periodista da una idea del clima de la época: si se había vuelto gay porque estaba harto de las mujeres.
Lo que vino después fue durísimo. El propio Hörður lo ha contado así: perdió el trabajo, no encontraba dónde vivir, le escupían por la calle y llegó a tener miedo de coger el teléfono. Recibió amenazas y se marchó a Dinamarca. En varias entrevistas ha reconocido que en aquel exilio llegó a pensar en quitarse la vida, y que lo que le sostuvo fue darse cuenta de que tenía derecho a vivir y a desarrollar su talento, y decidir pelear por ese derecho. Si algo de esto te toca de cerca, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, que es gratuita y atiende a cualquier hora; si hay un peligro inmediato, el número es el 112.
9 de mayo de 1978: doce personas en un piso
Hörður volvió a Islandia en otoño de 1977 con una idea fija: crear una organización. Durante meses trabajó prácticamente solo, porque muchos de los que conocía pensaban que aquello era una locura. A principios de 1978 se unió Guðni Baldursson, que sería el primer presidente.

El 9 de mayo de 1978, en el piso de Hörður en Reikiavik, se celebró la primera reunión. Asistieron doce personas. En su web, Samtökin '78 habla de doce hombres; en una entrevista con GayIceland, Hörður recuerda que se esforzó por atraer también a mujeres lesbianas, que estaban aún más escondidas, y que consiguió que dos acudieran a aquel primer encuentro, aunque a algunos de los presentes no les gustó. Él quería desde el principio una organización de derechos humanos para todas las personas homosexuales, no un club masculino.
El manifiesto fundacional, que la asociación conserva, pedía tres cosas muy sencillas: compartir información con las personas homosexuales para que se entendieran mejor a sí mismas, explicar su situación al resto de la sociedad como parte normal de ella y conseguir igualdad de derechos, sin prejuicios ni privilegios. Casi medio siglo después, Samtökin '78 sigue siendo la organización queer de referencia en el país.
Luces en la noche más larga
Aquí conviene volver a la canción. Una aurora boreal no se puede encender a voluntad. Ocurre cuando las partículas que llegan del Sol chocan con la atmósfera, y solo se ve bien cuando la noche es oscura, el cielo está despejado y alguien se toma la molestia de salir a mirar. Hay que esperar, abrigarse y levantar la cabeza.
La historia de Hörður tiene mucho de eso. Su entrevista fue una luz breve en una noche cerrada, y el país, de entrada, prefirió apagarla. Pero la luz ya había salido. La propia Samtökin '78, al concederle su medalla de honor, describió aquella publicación como uno de esos grandes momentos de luz de la historia queer islandesa, y recordó que la semilla tardó en dar fruto. Es la misma idea que atraviesa «The Northern Lights» en el diario: la luz que importa no es la que se fabrica para quedar bien, sino la que sale cuando por fin dejas de fingir.
Los noventa: de la calle al Parlamento
Durante los ochenta, la asociación fue creciendo con mucha discreción. Las primeras concentraciones públicas llegaron en los noventa. La organización del Orgullo de Reikiavik, Hinsegin dagar, recuerda que en 1993 gais y lesbianas islandeses se reunieron por primera vez en el centro de la ciudad para reclamar libertad y derechos humanos, y que la protesta se repitió en 1994.
En 1992 se igualó por fin la edad de consentimiento. Y 1996 fue el año de los grandes cambios: el Parlamento reformó el Código Penal para castigar el discurso de odio y la negativa a prestar servicios por orientación sexual, y aprobó la ley de unión registrada para parejas del mismo sexo, con efectos parecidos a los del matrimonio, aunque sin adopción ni reproducción asistida. La votación del 4 de junio de 1996 salió adelante por 44 votos contra 1.
27 de junio de 1996: una tarta y una presidenta
La ley de unión registrada entró en vigor el 27 de junio de 1996, fecha que Samtökin '78 llama día internacional de la libertad de lesbianas y gais. Samtökin '78 cuenta que ese día se registraron varias parejas y que las primeras en hacerlo fueron Guðrún Elísabet Jónsdóttir y Valgerður Marteinsdóttir.
Por la tarde, la asociación organizó una recepción en el vestíbulo del teatro municipal de Reikiavik. Un comunicado de Samtökin '78 enviado días antes explicaba el programa: misa de medianoche en la Fríkirkjan, la iglesia libre que no pertenece a la Iglesia nacional; recepción de seis a ocho de la tarde, con las primeras parejas cortando una tarta gigante, y por la noche una exposición de arte en un bar gay de la calle Laugavegur. La invitada de honor era Vigdís Finnbogadóttir, presidenta de Islandia, primera mujer del mundo elegida jefa de Estado por sufragio directo, que asistió en uno de sus últimos actos antes de dejar el cargo. Aquella foto de una presidenta sonriendo entre parejas de hombres y de mujeres que acababan de unirse ante la ley fue, para muchos, el final simbólico del silencio.
La propia asociación, eso sí, avisó de que la ley no llegaba a la igualdad plena. Faltaban la adopción, la reproducción asistida y las bodas religiosas. Los cambios siguientes llegaron en dos tandas: en 2000 se permitió adoptar a los hijos de la pareja y en 2006 se aprobaron la adopción conjunta y el acceso a la reproducción asistida.
Un Orgullo en la calle de las tiendas
El Orgullo de Reikiavik se celebra cada año desde 1999, y el primer desfile recorrió la ciudad en agosto de 2000. Hinsegin dagar recuerda que aquel primer Orgullo, «pequeño y acogedor», tuvo unos mil quinientos espectadores. Hoy dura casi una semana, atrae a más de cien mil personas y la organización presume de que es el acontecimiento anual más grande de Islandia. Se lo han llegado a llamar «el Orgullo pequeño más grande del mundo».

El desfile baja por Laugavegur, la principal calle comercial de la capital, y termina en la colina de Arnarhóll con un concierto. Para alguien que llega desde Madrid, la escena tiene algo familiar y algo marciano a la vez: la misma alegría que en la canción del planeta que va de Madrid a Benidorm, pero con chaquetas de plumas en agosto, casas de tejados de colores y un horizonte de montañas que aún guardan nieve.
El primer abiertamente gay de Eurovisión
En 1997, Islandia mandó a Eurovisión, que ese año se celebraba en Dublín, a Páll Óskar Hjálmtýsson, estrella del pop islandés, con «Minn hinsti dans», «Mi último baile». La web oficial del festival lo describe como el primer participante abiertamente LGTB de la historia del concurso. Salió con los ojos muy pintados, en un sofá blanco, rodeado de bailarinas con trajes de látex negro. Quedó en el puesto 20, aunque la mayor parte de sus puntos llegaron de los países que votaban por televoto, lo que abrió un debate sobre la distancia entre los jurados y el público.
Páll Óskar había empezado en espectáculos de transformismo en un club nocturno de Reikiavik y había interpretado a Frank-N-Furter, el personaje de «The Rocky Horror Show», en una función de su instituto. Años después ayudó a organizar el Orgullo de 2005. Su actuación en Dublín es uno de esos momentos en los que el pop, con purpurina y descaro, llega antes que la ley.
1 de febrero de 2009: una azafata llega a primera ministra
La crisis financiera de 2008 hundió los tres grandes bancos islandeses y se llevó por delante al Gobierno. El 1 de febrero de 2009 tomó posesión una nueva primera ministra: Jóhanna Sigurðardóttir, socialdemócrata, sesenta y seis años, veterana del Parlamento desde 1978 y antigua ministra de Asuntos Sociales. El New York Times recordó aquel día que había empezado su carrera como sindicalista en la aerolínea nacional, donde trabajó como azafata, y que desde 2002 tenía una unión civil con Jónína Leósdóttir, escritora, dramaturga y periodista.
Jóhanna fue la primera mujer que gobernó Islandia y está considerada la primera jefa de Gobierno abiertamente LGTBI del mundo. El New York Times lo apuntó con prudencia aquel mismo día: parecía ser la primera del mundo moderno. Su nombramiento, además, llegaba en plena emergencia económica, con el país pendiente de las deudas, los bancos intervenidos y unas elecciones anticipadas a la vuelta de la esquina.
Un sábado de octubre de 2008 en Austurvöllur
Hay un hilo que une a Jóhanna con aquel músico de 1975, y casi nadie fuera de Islandia lo conoce. El 11 de octubre de 2008, pocos días después del hundimiento bancario, Hörður Torfason se plantó en Austurvöllur, la plaza que hay frente al Parlamento, e invitó a cualquiera que pasara a tomar la palabra. El sábado siguiente la convocatoria ya estaba más organizada y de ahí nació un colectivo ciudadano, Raddir fólksins, que repitió concentraciones cada sábado en la misma plaza.

En enero de 2009 aquellas protestas se hicieron famosas por el ruido: una multitud golpeando cacerolas, sartenes y tapas frente al Parlamento. La prensa la bautizó como la revolución de las cacerolas. El 26 de enero de 2009 el Gobierno dimitió. Seis días después, la nueva primera ministra era Jóhanna Sigurðardóttir. La agencia Inter Press Service tituló años más tarde un reportaje sobre él con una idea muy gráfica: cómo un inconformista de los derechos gais ayudó a tumbar al Gobierno islandés. El hombre al que en 1975 escupían por la calle fue, treinta y tres años después, uno de los que abrieron el camino a la primera jefa de Gobierno lesbiana del mundo.
11 de junio de 2010: cuarenta y nueve a cero
En marzo de 2010, el Gobierno presentó un proyecto para sustituir la unión registrada por una única ley de matrimonio válida para dos personas, fueran del sexo que fueran. La ministra de Justicia y Derechos Humanos, Ragna Árnadóttir, lo presentó como una continuación natural y lógica de lo que ya se había avanzado en el derecho a la vida familiar.
El 11 de junio de 2010, el Althing aprobó la reforma por 49 votos a favor y ninguno en contra, con algunas abstenciones y ausencias. La prensa islandesa recogió la frase de una diputada al votar: decía sí «con sol en el corazón» y sentía que Islandia y el mundo eran mejores que el día anterior. El presidente Ólafur Ragnar Grímsson firmó la ley el 22 de junio y entró en vigor el 27, de nuevo el día del Orgullo. Islandia se convirtió en el noveno país del mundo con matrimonio igualitario, después de Países Bajos, Bélgica, España, Canadá, Sudáfrica, Noruega, Suecia y Portugal.
Ese mismo 27 de junio, Jóhanna Sigurðardóttir y Jónína Leósdóttir convirtieron su unión registrada en matrimonio. Lo hicieron sin ceremonia pública: habían presentado la solicitud días antes y el cambio se hizo efectivo ese día. La primera ministra de un país se casaba con su compañera el mismo día en que lo podían hacer todas las parejas del país. Es difícil imaginar un gesto institucional más discreto y, a la vez, más elocuente.
Agosto de 2010: el alcalde que no pudo venir
Ese mismo verano, Reikiavik estrenaba alcalde. Jón Gnarr, humorista muy conocido, había ganado las elecciones municipales con el Mejor Partido, una candidatura nacida casi como broma que prometía, entre otras cosas, toallas gratis en las piscinas y un oso polar para el zoo.
En la inauguración del Orgullo, el 5 de agosto de 2010, en la Ópera Islandesa, apareció en el escenario con un vestido de flores, peluca rubia y labios rojos. Según la BBC, su personaje explicó al público que, por desgracia, el alcalde no había podido acudir porque estaba muy ocupado. Dos días después encabezó el desfile por Laugavegur, saludando desde la parte trasera de un camión. Iceland Review contó que aquel año participaron 35 carrozas y que el concierto final en Arnarhóll lo cerraron, entre otros, el propio Páll Óskar.
El diario del planeta ha hablado mucho de drag y escena queer. La imagen de un alcalde vestido de drag en la inauguración del Orgullo de su ciudad es, en ese sentido, una pequeña lección: la drag, además de espectáculo nocturno, puede ser una forma de decir públicamente de qué lado está una institución.
2019: la identidad la define cada cual
El último gran paso legal llegó en 2019 con la Ley de Autonomía de Género, número 80/2019. El Gobierno islandés la resume así: reconoce el derecho de cada persona a definir su propio género y protege su integridad física. Desde los quince años, cualquiera puede cambiar su registro de género en el registro civil, sin que se le pueda exigir cirugía, hormonas, medicación ni terapia psiquiátrica o psicológica. Los menores de quince años pueden hacerlo con la ayuda de sus tutores, y si no cuentan con ese apoyo pueden acudir a una comisión de expertos.
La ley obliga además a que los organismos públicos y privados que registran el género ofrezcan una opción neutra, también en los documentos de identidad. Para un país que en 1975 obligó, de facto, a exiliarse a un hombre por decir quién era, el recorrido en poco más de cuatro décadas es enorme.
Lo que el caso islandés deja a la vista
Mirar la historia de Islandia desde España tiene su interés, porque los calendarios se cruzan de forma curiosa. España aprobó el matrimonio igualitario en 2005, cinco años antes que Islandia, y figura entre los ocho países que se le habían adelantado. En cambio, Islandia despenalizó en 1940, en plena guerra, mientras en España se perseguía a homosexuales con la Ley de Vagos y Maleantes y después con la de Peligrosidad Social. El diario guarda parte de esa memoria en su texto sobre la generación anterior.

Hay otra coincidencia que da que pensar. Los dos países tienen un mismo patrón: primero llegó un cambio legal, y la sociedad tardó años en alcanzarlo, o al revés, la sociedad se adelantó a sus leyes. En Islandia, la entrevista de 1975 fue recibida con escupitajos; veinte años después, una presidenta brindaba con las primeras parejas registradas. Nada de eso ocurrió solo. Hubo un hombre que volvió del exilio, doce personas en un piso, concentraciones en el centro de la ciudad y una asociación que llevó propuestas al Parlamento durante décadas.
Cinco paradas para un invierno en Reikiavik
Para quien viaje a Islandia con esta historia en la maleta, algunas ideas.
La calle Laugavegur, columna vertebral del centro y recorrido del desfile del Orgullo, con sus cafés, librerías y tiendas de jerséis de lana. En verano, el Orgullo de agosto convierte la calle en una fiesta; en invierno, es el mejor sitio para entrar en calor.
La sede de Samtökin '78, la asociación que nació en aquel piso de 1978. Conviene mirar su web antes de ir para consultar actividades y horarios.
La Fríkirkjan, la iglesia libre junto al lago Tjörnin, donde se celebró la misa de medianoche de 1996 y donde la ministra Ragna Árnadóttir habló la noche en que entró en vigor la ley de 2010, durante la fiesta del arcoíris que organizó la asociación.
El teatro municipal, Borgarleikhúsið, donde aquella tarde de junio una presidenta felicitó a las primeras parejas.
Y cualquier punto oscuro a las afueras de la ciudad en una noche despejada de invierno, lejos de las farolas, para esperar la aurora. Con suerte, el cielo se pondrá verde. Sin suerte, quedará una noche fría y estrellada, que tampoco está mal.
Epílogo: dejar de fingir
«The Northern Lights» pertenece al tercer disco de Mike Sain't Louis, «El día de la liberación», el que el diario cuenta como el álbum de la liberación dentro de su trilogía. Es el mismo disco que contiene el tema que le da título y que en el planeta funciona como un grito de libertad después de años de daño. «The Northern Lights» es su contrapunto tranquilo: no grita, respira.
La historia de Islandia tiene las dos cosas. Tiene días de liberación con fecha y cifras, como el 27 de junio de 1996 o el 11 de junio de 2010. Y tiene la otra parte, la lenta, la de las noches largas en las que alguien decidió que ya no iba a fingir más, aunque eso le costara la casa, el trabajo y el país. La aurora boreal se ve mejor cuanto más oscuro está el cielo. Quizá por eso las luces que encendieron Hörður Torfason, aquellas doce personas en un piso o una primera ministra que se casó sin hacer ruido se ven hoy con tanta claridad.
Y hay un detalle final que conecta la isla con el humor del planeta. El Orgullo de Reikiavik ha tenido a un alcalde con peluca, a una estrella de Eurovisión en el escenario y a miles de personas con chubasquero bajando por la calle de las tiendas. En el planeta hay una canción sobre la primera drag de Benidorm, que también sabe mucho de convertir la incomodidad en fiesta. Entre Benidorm y Reikiavik hay más de tres mil kilómetros, pero la purpurina, por lo visto, viaja bien.
Para escuchar la canción, está en Spotify. Y quien quiera saber más sobre Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, tiene su ficha, fotos y contacto en la sección de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Cuándo se despenalizó la homosexualidad en Islandia?
En 1940, con un nuevo Código Penal aprobado en febrero y en vigor desde agosto de ese año. La edad de consentimiento siguió siendo distinta para las relaciones entre personas del mismo sexo hasta 1992.
¿Quién fue el primer islandés que se declaró gay en público?
El músico y actor Hörður Torfason, en una entrevista publicada en 1975 en la revista Samúel. La reacción fue tan hostil que se marchó a Copenhague. Volvió y, el 9 de mayo de 1978, fundó con un pequeño grupo la asociación Samtökin '78.
¿Desde cuándo hay matrimonio igualitario en Islandia?
Desde el 27 de junio de 2010. El Parlamento, el Althing, aprobó la ley el 11 de junio por 49 votos a favor y ninguno en contra. Desde 1996 existía la unión registrada para parejas del mismo sexo.
¿Quién fue Jóhanna Sigurðardóttir?
La primera mujer que gobernó Islandia, primera ministra entre el 1 de febrero de 2009 y mayo de 2013, considerada la primera jefa de Gobierno abiertamente LGTBI del mundo. El mismo día en que entró en vigor la ley de 2010 convirtió en matrimonio su unión con la escritora Jónína Leósdóttir.
¿Qué relación tiene «The Northern Lights» con Islandia?
Es una canción de ritmo reggae del disco «El día de la liberación», de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. Su título nombra la aurora boreal, la luz que mejor asocia el mundo con Islandia, y este artículo la usa como hilo para contar cómo ese país encendió sus propias luces.