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Ficha de adopción: «La de la Capilla Sixtina», un gato con seis vidas gastadas busca hogar definitivo

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Portada de «La de la Capilla Sixtina», canción de Mike Sain't Louis: en blanco y negro, un hombre con barba, tatuajes en el cuello, traje y camisa negros mira hacia abajo dentro de una capilla de bóvedas pintadas que arde por los dos lados, con el título en mayúsculas grabadas

En las protectoras de animales hay una expresión que se repite en casi todos los carteles: «busca hogar definitivo». No se dice «busca casa» ni «busca dueño». Se dice definitivo, porque muchos de esos animales ya han pasado por varias casas. Algunos llegaron de cachorros y fueron devueltos al crecer. Otros fueron abandonados en una gasolinera, en un polígono o en la puerta de la misma protectora. Otros pasaron por casas de acogida temporales, que son una bendición, pero que por definición no son para siempre. Cuando un animal ha vivido todo eso, la palabra «definitivo» deja de ser un adjetivo y se convierte en una condición.

«La de la Capilla Sixtina» habla exactamente con ese vocabulario. Su verso clave dice «y ya he usado seis vidas, la séptima es la definitiva». Quien narra es un gato con seis vidas gastadas y una por delante, que ha decidido que esta vez no va a irse con cualquiera. Ha puesto condiciones: solo su gente y su Patry. Ha dejado claro lo que no acepta: que lo tiren después de usarlo. Y le ha puesto nombre a la vida que le queda, el nombre más solemne que se le ocurrió.

Este post rellena la ficha de adopción de esa séptima vida, como la rellenaría una protectora seria: datos del animal, historial, carácter, requisitos para los adoptantes, lo que no se tolera, la foto del cartel y las dos visitas que se hacen siempre, la primera entrevista y la de seguimiento. Como la letra es muy corta, aparece entera en las dos.

Una nota de las que las protectoras ponen al pie: la Patry, la gente de quien narra y quienes lo usaron son personajes de la canción. No hay nombres completos ni direcciones, y nadie real está señalado.

Datos del animal

Nombre en la ficha: «La de la Capilla Sixtina».

Responsable de la ficha: Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, el primer cantautor IA. La letra es suya. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, y el single sale con su sello propio.

Refugio: pista 24 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK, un disco que gira alrededor de las ganas de llegar a un sitio mejor. Para un gato que busca hogar definitivo, no podía tocarle otro.

Jaula de al lado, a la izquierda: «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», pista 23, una canción de orgullo con etiqueta. A la derecha: «Tan cateto», pista 25. Entre la pose y el reproche, este gato se queda en un rincón, mirando a quien pasa.

Vídeo de presentación: el videoclip oficial dura tres minutos.

Edad: seis vidas cumplidas. La séptima, recién empezada.

Etiquetas: indie pop, pop alternativo, queer pop y camp. En la ficha de una protectora diríamos «carácter fuerte, muy leal con los suyos».

Historial: seis vidas usadas

En el mundo hispano se dice que los gatos tienen siete vidas. En los países de habla inglesa tienen nueve. La letra se queda con la cuenta española, que es más corta y más exigente: quien haya gastado seis ya está en la última.

La creencia tiene un origen fácil de entender. Los gatos tienen un reflejo que les permite girarse en el aire durante una caída y aterrizar sobre las patas, y por eso sobreviven a golpes que parecen imposibles. Quien veía a un gato salir andando de un tejado pensaba que había gastado una vida y le quedaban otras. Pero el reflejo no es magia, y las caídas siguen doliendo. Es una buena metáfora para cualquiera que haya salido de pie de varias relaciones y que, por fuera, parezca que no le ha pasado nada.

La frase de la letra tiene un verbo muy preciso: «ya he usado seis vidas». No dice «me han quitado» ni «he perdido». Dice «he usado», como quien habla de algo que era suyo y que gastó en lo que quiso. En el historial de una protectora eso sería un buen dato: el animal no viene con resentimiento hacia todo el mundo, viene con experiencia. Sabe lo que es una casa que no funciona. Sabe reconocer las señales. Y por eso pide condiciones.

No sabemos qué pasó en cada una de esas seis vidas. La canción no lo cuenta, y la ficha tampoco lo va a inventar. Lo que sí sabemos es cómo terminaron: lo bastante mal como para que la séptima venga con requisitos.

Primera entrevista: la letra completa

Antes de entregar un animal, las protectoras hacen una entrevista. Es el momento de leer la ficha entera, sin saltarse nada. Esta es la letra tal y como se publica con el videoclip oficial, sin tocar ni la coma suelta del principio ni el doble espacio antes de «es la definitiva»:

Fotogramas del videoclip oficial de «La de la Capilla Sixtina», de Mike Sain't Louis

Ya , nunca más, Volveré A confiar En alguien Que no sea mi gente O mi Patry Lo demás es siempre para aniquilarme No soy un condón que tiras después de Usarse Y ya he usado seis vidas La séptima es la definitiva La de la capilla sixtina La de la capilla sixtina La de la capilla sixtina

Son catorce líneas y menos de sesenta palabras. Las tres últimas son la misma. Las seis primeras forman una sola frase partida en trozos muy pequeños, casi una palabra por línea, como si costara decirla. En una entrevista de adopción, este sería el animal que no se acerca a la reja enseguida, que mira primero desde el fondo de la jaula y que solo sale cuando reconoce una cara.

Carácter: «ya, nunca más»

La letra empieza con un «Ya» seguido de una coma suelta y un espacio que nadie ha corregido. Es un comienzo raro, casi un carraspeo. Y luego, en cuatro líneas, una promesa: «nunca más volveré a confiar en alguien».

En las fichas de las protectoras hay un apartado que se llama «carácter» o «comportamiento». Ahí se escriben cosas como «tímido al principio», «necesita tiempo», «no le gustan los movimientos bruscos». Este gato tendría una anotación muy clara: desconfiado con los desconocidos, cariñoso con los suyos.

Lo interesante es cómo está escrita la desconfianza. La frase no va de golpe, sino a pedazos. «Volveré» solo, en una línea. «A confiar» solo, en otra. «En alguien», en otra. Cada trozo es una pausa, y las pausas hacen que la frase se lea despacio, como quien prueba cada palabra antes de soltarla. Es lo contrario de un portazo: es una puerta que se va cerrando poco a poco, para que se oiga bien el pestillo.

Y «nunca más» es de las expresiones más rotundas del castellano. No deja rendijas. Aunque cualquiera que haya pasado por una ruptura sabe que los «nunca más» suelen tener letra pequeña, esta canción no la escribe. Se queda en el momento del juramento, que es el momento en que se rellena una ficha como esta.

Requisitos para adoptar: mi gente o mi Patry

Las protectoras serias no entregan animales a cualquiera. Piden un cuestionario, una entrevista, a veces una visita a la casa. Preguntan si hay más animales, si alguien de la familia es alérgico, qué pasará en vacaciones. Lo hacen porque cada devolución es un golpe más para el animal.

La letra tiene su propio cuestionario, y es cortísimo. Solo pueden entrar dos categorías: «mi gente» y «mi Patry».

«Mi gente» es una expresión con mucho peso en español. No es exactamente la familia ni exactamente los amigos. Es la gente que es tuya porque ha demostrado serlo: la que estaba antes del desastre y siguió estando después. No se define por la sangre ni por los papeles, sino por los hechos. En la ficha de adopción, sería el equivalente a «solo familias con referencias».

Y luego, en una línea para ella sola, la Patry. El artículo delante del nombre, «mi Patry», es muy de Madrid y de media España: así se nombra a la gente de toda la vida. No se explica quién es, ni hace falta. Todo el mundo tiene una Patry, o una Mari, o un Javi: esa persona que merece mención aparte. La Patry vuelve además en otra canción del catálogo, «Ese chulito», lo que la convierte en una especie de vecina fija del planeta, alguien que va apareciendo de letra en letra como aparecen los personajes de barrio.

En el diario, Mike ya escribió sobre esta canción en una nota sobre la séptima vida, la definitiva, y allí explicaba que la Patry está en la letra porque las canciones necesitan nombres: decir «mis amigos» en abstracto no pesa lo mismo que nombrar a alguien. Es exactamente lo que hace una buena ficha de adopción. No pone «se busca persona responsable». Pone el nombre de quien ya ha pasado la prueba.

Lo que no se tolera: «no soy un condón que tiras»

Todas las protectoras tienen una línea roja, y suele ser la misma: el abandono. Hay contratos de adopción que incluyen una cláusula para que, si el adoptante ya no puede hacerse cargo, el animal vuelva a la protectora y no acabe en la calle. Porque lo que más daño hace a un animal no es la jaula, sino la sensación de ser algo que se usa y se tira.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «y ya he usado seis vidas, la séptima es la definitiva» de «La de la Capilla Sixtina»

La letra lo dice con la frase más bruta de toda la canción: «no soy un condón que tiras después de usarse». La imagen es incómoda a propósito. Un preservativo es, por definición, un objeto de un solo uso. Sirve para un momento y luego va a la basura, sin que nadie piense en él dos veces. Compararse con eso, para negarlo, es decir exactamente lo que se ha sentido: que alguien te usó para un rato y luego te tiró.

El verso, además, se parte en un sitio muy raro. «No soy un condón que tiras después de», y salto de línea, y luego «Usarse», solo, con mayúscula. La palabra queda colgando al principio de la línea siguiente, separada del resto. Es como si la propia letra hubiera reproducido el gesto: la frase usada, y la última palabra tirada aparte.

Y la gramática tampoco es la de un libro de estilo. Lo correcto sería «después de usarlo» o «después de usarte». «Después de usarse» suena a etiqueta de producto, a instrucciones de un envase: «desechar después de usarse». Es una forma involuntaria y perfecta de hablar como un objeto que se niega a serlo.

En el apartado «no se tolera» de esta ficha, por tanto, solo hay una línea: no se admiten adoptantes que vengan a usar y tirar.

Advertencia de la protectora: «lo demás es siempre para aniquilarme»

Algunas fichas incluyen una advertencia para los adoptantes. «No convive con otros gatos.» «Se asusta con los ruidos fuertes.» La de esta canción es tremenda: «lo demás es siempre para aniquilarme».

«Lo demás», en neutro, como si no fueran ni personas. «Siempre», sin excepciones. Y «aniquilarme», que es un verbo enorme, de guerra, de ciencia ficción. Es una frase exagerada y lo sabe. Pero es exactamente la exageración de quien acaba de salir de algo malo, cuando el mundo se divide en dos: los suyos y la amenaza.

Las protectoras conocen bien ese estado en los animales que llegan después de un maltrato. Bufan, se esconden, enseñan los dientes a cualquiera que se acerque. No es que sean malos: es que han aprendido que acercarse duele. Con tiempo y con la gente adecuada, muchos vuelven a confiar. Pero ese tiempo no se puede saltar. La canción está escrita justo en ese momento, el del bufido, y no pretende estar en otro.

Si alguna vez esa frase te suena demasiado cercana, y el «para aniquilarme» deja de ser una exageración y se parece a algo más oscuro, no lo cargues solo. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratis y a cualquier hora. Si hay un peligro inmediato, llama al 112. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país. Y si tienes una Patry, llámala también.

El nombre de la séptima vida

En las protectoras, a los animales se les pone nombre al llegar. A veces es un nombre tierno, a veces uno gracioso, a veces el de la calle donde los encontraron. Este gato ha elegido el suyo, y es el más solemne posible: «la de la capilla sixtina».

Collage con un detalle de la carátula de «La de la Capilla Sixtina» y las carátulas de «¡Que no pienso decir que mis trajes son de Zara!», «Tan cateto», «Ese chulito»

La Capilla Sixtina, en el Vaticano, es uno de los espacios más famosos del arte occidental. Miguel Ángel pintó su bóveda a principios del siglo XVI, y años después el Juicio Final en la pared del altar. Millones de personas la visitan cada año, mirando hacia arriba. Es la imagen universal de la obra maestra, de lo que no se toca.

Llamar así a una vida tiene algo de chiste camp: pasar de un condón a un fresco renacentista en dos versos. Pero también tiene una lógica muy clara. Si las seis vidas anteriores se gastaron, la séptima no se va a gastar. Va a ser la obra cumbre. Y a una obra cumbre no se entra con las manos sucias.

La letra no explica más. Solo dice «la de la capilla sixtina», con ese «la de» tan de habla popular, el mismo que se usa para distinguir cosas en el día a día: «la de los martes», «la del tercero», «la de la boda de tu prima». Es una forma de decir que esta vida, entre todas, se reconoce por su nombre.

La foto del cartel

Las protectoras saben que la foto lo es todo. Un buen retrato puede hacer que un animal que llevaba años en la jaula encuentre casa en una semana. La foto de esta ficha es la portada del single, y es de todo menos tierna.

Es una imagen en blanco y negro. Un hombre con barba y el pelo corto, tatuajes en el cuello, traje negro y camisa negra, mira hacia abajo con los ojos casi cerrados. Está dentro de una capilla de bóvedas pintadas, llena de figuras, y a los dos lados las paredes arden. Las llamas suben por los muros y llegan hasta el techo. El título aparece abajo en letras mayúsculas grabadas, como en una lápida o en la portada de un libro antiguo, y el nombre del artista en una línea más pequeña.

En una protectora, nadie pondría una foto así para buscar adoptantes. Pero como retrato del estado de ánimo de la canción es perfecta. El hombre está quieto mientras todo arde. No huye. No mira el fuego. Las seis vidas anteriores, por lo visto, se están quemando detrás, y él ya está en la séptima, vestido de luto y con la cabeza baja. Es la cara de quien ha decidido algo y no necesita contárselo a nadie.

El negro del traje es también una pista. No hay un solo color en la imagen. Todo el planeta GAYFOLK está lleno de rosas, fucsias y purpurina, y esta portada se lo quita todo. Es como si la canción dijera: esta vez va en serio, y lo serio se viste de negro.

La repetición: el nombre dicho tres veces

La letra termina repitiendo tres veces la misma línea: «la de la capilla sixtina». No añade nada, no cierra con una moraleja. Solo el nombre, una y otra vez.

En las protectoras, cuando un animal llega asustado, una de las primeras cosas que se hacen es repetirle su nombre. Con voz tranquila, muchas veces, hasta que lo reconoce. El nombre se convierte en una forma de seguridad: «esto eres tú, aquí estás a salvo».

La triple repetición de la canción tiene algo de eso, y algo de conjuro. Lo que se dice tres veces se fija, como en los cuentos y en los juegos de la infancia. Y en una letra de catorce líneas, esas tres ocupan más de una quinta parte. La canción dedica más espacio a nombrar la vida nueva que a contar lo que pasó en las anteriores. En una ficha de adopción, eso se llamaría mirar hacia delante.

En el diario hay también un breve despacho sideral sobre esta canción, y la repetición es lo primero que se oye al recordarla. Es una letra que se queda pegada por su final.

Condiciones del contrato

Los contratos de adopción de las protectoras españolas suelen incluir algunas cláusulas fijas: el animal se entrega con chip, vacunado y, si tiene edad, esterilizado; el adoptante se compromete a cuidarlo, a llevarlo al veterinario y a no cederlo a terceros; y, en muchos casos, acepta que la protectora haga un seguimiento. Si traducimos esas cláusulas al idioma de la canción, el contrato de la séptima vida quedaría más o menos así:

Ficha de la canción «La de la Capilla Sixtina» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Primera. La séptima vida se entrega una sola vez. No hay octava.

Segunda. Solo pueden firmar la gente de quien narra y la Patry. Las demás solicitudes se archivan sin respuesta.

Tercera. Queda prohibido usar y tirar. Cualquier intento se considera abandono.

Cuarta. El adoptante acepta que lo demás, en principio, viene a aniquilar, y que la confianza se gana con hechos y con tiempo.

Quinta. La séptima vida se llamará siempre «la de la capilla sixtina», y se la tratará como se trata una obra maestra: mirándola hacia arriba.

Sexta. Se hará una visita de seguimiento para comprobar que todo sigue en orden.

Lo que la ficha no dice

Hay cosas que esta ficha no recoge, porque la canción no las cuenta.

No dice quién usó a quien narra, ni cuántas veces, ni cómo. No hay culpables con nombre, ni historias detalladas, ni escenas. Esa ausencia es una decisión: la letra no está interesada en el pasado, está interesada en la regla que sale de él.

Tampoco dice si la séptima vida será feliz. «Definitiva» no significa «perfecta». Significa que no habrá otra. Es una palabra más seria que alegre, y por eso la portada es negra y no rosa.

Y no dice qué pasará si la Patry falla. Esa pregunta, que cualquier protectora se haría, la canción no se la plantea. Hay confianzas que no se someten a examen, y la de esta letra es una de ellas.

Visita de seguimiento: la letra, otra vez

Unas semanas después de la adopción, las protectoras vuelven. Llaman, piden fotos o pasan por la casa para comprobar que el animal está bien, que come, que se ha adaptado. Es la segunda vez que se mira la ficha. Aquí va la segunda lectura de la letra, idéntica a la primera:

Ya , nunca más, Volveré A confiar En alguien Que no sea mi gente O mi Patry Lo demás es siempre para aniquilarme No soy un condón que tiras después de Usarse Y ya he usado seis vidas La séptima es la definitiva La de la capilla sixtina La de la capilla sixtina La de la capilla sixtina

En la primera entrevista, lo que destacaba era la desconfianza: el «nunca más», el «aniquilarme», el condón. En la visita de seguimiento se ve otra cosa. Se ve que la frase más larga de la canción no es la del enfado, sino la de la gente de confianza: seis líneas para decir a quién sí. La rabia ocupa tres líneas; la frase que nombra a los suyos, seis; las vidas y el nombre de la última, cinco.

Y se nota también que el «ya» del principio, que en la primera lectura parecía un «ya basta», en la segunda puede leerse como un «ya está». Ya está decidido. Ya ha llegado. El gato que miraba desde el fondo de la jaula ha salido, ha olido la mano de su gente y ha entrado en casa. La visita de seguimiento lo confirma: adaptado, con su nombre, con su Patry al lado.

Para quién es esta ficha

Para quien acaba de salir de algo que le dejó hecho trizas y está en la fase de jurar que nunca más. Para quien tiene una Patry, o una Mari, o un Javi, y sabe que sin esa persona no habría llegado a la séptima vida. Para quien se ha sentido usado y tirado, y ha decidido ponerle condiciones a lo que viene.

Y para quien alguna vez ha adoptado a un animal que llegaba con miedo y ha visto, con paciencia, cómo volvía a confiar. Esa persona entiende esta canción mejor que nadie.

Firma y sello

Las fichas de adopción terminan con una firma y un sello. Esta termina con una recomendación: escuchar la canción dos veces seguidas, como se ha leído aquí la letra, una para la entrevista y otra para el seguimiento.

Está en el videoclip oficial, en Spotify y en la ficha del single. Para el contexto completo de la trilogía y del proyecto, está la página de prensa del planeta. Y si después de escucharla te acuerdas de alguien, mándasela. Seguramente sea tu Patry.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «La de la Capilla Sixtina»?

De alguien que, después de sentirse usado, jura que solo volverá a confiar en su gente y en su amiga Patry. Dice que ya ha usado seis vidas y que la séptima es la definitiva, y a esa última vida la llama «la de la capilla sixtina».

¿Por qué la letra aparece dos veces en este post?

Porque es una letra muy corta, y el planeta ha decidido publicarla entera dos veces antes que dejar la canción sin post. Aquí son la primera entrevista y la visita de seguimiento, las dos veces en que una protectora mira de cerca a quien se lleva a un animal.

¿Quién es la Patry?

Un personaje de la canción, la amiga de confianza que la letra nombra junto a «mi gente». También aparece en «Ese chulito». No es una persona concreta a la que se pueda señalar.

¿Por qué siete vidas y no nueve?

Porque en España y en buena parte del mundo hispano se dice que los gatos tienen siete vidas, mientras que en inglés se dice que tienen nueve. La letra usa la cuenta española: seis gastadas, una que queda.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Es la pista 24 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK.

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