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Cultura pop

Lista de embarque: «La despedida» y todo lo que se mete en la maleta el último día en la Tierra

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Portada de «La Despedida», canción de Mike Sain't Louis

CAMELA, CANTAMOS ESTA NOCHE.

Así, en mayúsculas, como se escriben las cosas que no admiten matices. Así empieza «La despedida», la cuarta pista del primer disco de la trilogía GAYFOLK. Y así empiezan también casi todas sus líneas: con el nombre de un grupo de tecno-rumba que ha sonado en más coches de España que la radio del tráfico.

Esta canción es una despedida del planeta Tierra. Lo dice al final, sin rodeos: hoy ha sido nuestro último día. Y lo que hace antes de despedirse es lo que hace cualquiera que se va a mudar lejos: repasar lo que se lleva. Una lista. Una maleta. Una lista de embarque, como la que te dan en el aeropuerto con tu nombre y tu asiento.

Esta crónica va a abrir esa maleta, objeto por objeto, y a mirar qué hay dentro.

Antes de facturar

Primero, un aviso de puerta de embarque. La letra completa está publicada en la web, en su página de letra, y conviene tenerla abierta mientras se lee esta crónica, porque la canción es una enumeración y las enumeraciones se disfrutan más con la lista delante.

Y segundo, un recordatorio. El planeta ya ha hablado de Camela en otras ocasiones. Tiene incluso una canción con su nombre, «Camela», en el segundo disco. Y el diario dedicó una nota a esta despedida como una vida entera con Camela de banda sonora. Esta crónica no quiere repetir eso. Quiere hacer otra cosa: tratar la canción como lo que es en su forma, una lista de equipaje, y ver qué dice de quien la hace.

El vehículo

Lo primero que se mete en la maleta, antes que cualquier objeto, es el vehículo. Y la letra tiene varios:

«CAMELA, TUS CANCIONES EN EL COCHE / CAMELA, DE CAMINO A LA BASE AEROESPACIAL».

El coche. Un coche cualquiera, probablemente con el cenicero lleno de monedas para el peaje y un ambientador de pino colgando del retrovisor. Con un CD de Camela rayado en el reproductor, o con el móvil conectado por Bluetooth, que el planeta mezcla épocas sin pedir permiso.

Y ese coche va a una base aeroespacial. Así, sin transición. Como si Cabo Cañaveral estuviera en la salida de la M-40 dirección Toledo. El chiste está en la mezcla: la tecno-rumba de gasolinera como banda sonora del despegue a otro planeta. Ningún astronauta de la NASA ha despegado con Camela de fondo. El planeta Gayfolk sí.

Después aparece el cohete, que es rosa, claro, y luego «un coche de choque rosa de un planeta ideal». Coche de choque. El de las ferias de los pueblos, con su chispa en el techo y su musiquita a todo volumen. El vehículo de la despedida mezcla la NASA y la verbena. Es exactamente la mezcla que la página de camp español de la web describe cuando habla de las drag queens de las verbenas del pueblo.

Objeto uno: el primer beso

Ahora la maleta propiamente dicha. El primer objeto que se mete es el más antiguo: «CAMELA CUANDO ME DI EL PRIMER BESO».

Nada más. No dice con quién, ni dónde, ni a qué edad. Solo que Camela sonaba. Es la manera en que funciona la memoria musical: no recuerdas la cara, recuerdas la canción. Quien haya crecido en España en los noventa sabe que muchos primeros besos ocurrieron con una canción de Camela de fondo, en una feria, en una discoteca de pueblo, en el asiento de atrás de un coche con las ventanillas empañadas.

Y el narrador se lo lleva. Al planeta. Primer objeto de la lista: el primer beso, con su banda sonora.

Objeto dos: la boda que no fue

«CAMELA CUANDO CASI ME CASO.» Casi. La palabra más triste de la estrofa está escondida en un adverbio. Hubo una boda que no llegó a celebrarse, y en ella también sonaba Camela. O en sus preparativos, o en la cena donde se decidió, o en el coche de vuelta cuando se deshizo.

Que la canción meta este objeto en la maleta es significativo. No deja atrás los fracasos. Se los lleva. El planeta Gayfolk no es un sitio para empezar de cero borrando el pasado. Es un sitio al que vas con todo, incluso con las bodas que no fueron.

Objeto tres: la noche que iba puesto

Siguiente: «CAMELA ESA VEZ QUE IBA PUESTO». Puesto, en castellano de noche, es ir colocado. Ir con algo en el cuerpo que no era agua. La letra lo dice sin dramatismo y sin justificación, entre el primer beso y la perversión, como un recuerdo más.

Fotogramas del videoclip oficial de «La despedida», de Mike Sain't Louis

Esto es muy del catálogo. La noche, con sus excesos, forma parte de la biografía y no se esconde. Tampoco se celebra como hazaña. Se nombra y se sigue. Va a la maleta junto a todo lo demás.

Objetos cuatro y cinco: la perversión, ida y vuelta

«CAMELA CUANDO HE SIDO PERVERSO / CAMELA CUANDO LO HAN SIDO CONMIGO.»

Dos objetos que van juntos, como un par de zapatos. Uno es lo que el narrador hizo. Otro es lo que le hicieron. La letra los pone seguidos y les da el mismo peso. No hay víctima pura ni culpable absoluto en esta maleta. Hay alguien que ha sido perverso y que ha sufrido perversiones, las dos cosas, con la misma banda sonora.

Hay una honestidad enorme en esa pareja de versos. En un catálogo lleno de canciones donde el narrador señala al ex con nombre y apellido, aquí el narrador se señala también a sí mismo. Yo también he sido perverso. Lo meto en la maleta.

Objeto seis: Pelahustán

Y de repente, un topónimo que solo un madrileño o un toledano reconoce: «CAMELA EN UN VIAJE A PELAHUSTÁN».

Pelahustán es un pueblo pequeño de la provincia de Toledo, en la sierra de San Vicente, de esos con iglesia, bar de la plaza y fiestas en verano. Que aparezca en una canción sobre despegar hacia otro planeta es una genialidad de las que hacen el catálogo. Entre la base aeroespacial y el cohete rosa, una escapada a un pueblo de Toledo.

¿Qué pasó en Pelahustán? La letra no lo cuenta y esta crónica no lo va a inventar. Basta con saber que fue una escapada, que sonó Camela y que el narrador se lo lleva al espacio. Es el detalle más concreto de toda la lista, y por eso el más verdadero. Nadie se inventa Pelahustán. Uno puede inventarse un planeta rosa, un cohete color chicle y una base aeroespacial a la salida de Madrid. Pero un pueblo de la sierra de San Vicente con su nombre de trabalenguas suele aparecer en una canción porque alguien pasó por allí.

Objeto siete: Chueca con miedo

Ahora el objeto más pesado de la maleta. El que se lleva en el equipaje de mano porque no se puede facturar:

«CAMELA, LA PRIMERA VEZ QUE FUI YO SOLO CON MIEDO A / CHUECA PENSANDO QUE ME IBAN A PEGAR»

Esta línea la conoce cualquier marica que haya ido por primera vez al barrio. Ese trayecto en metro, con el corazón a mil, mirando a los lados al salir de la boca de la plaza. El miedo a que te vean entrar. El miedo a que alguien te reconozca. Y el miedo peor, el físico: que te peguen. Porque pasaba. Porque pasa todavía, aunque menos.

Y Camela sonaba. En los cascos, o en la cabeza, o en el bar de la esquina. La tecno-rumba como escudo de un chaval asustado.

La línea está escrita en mayúsculas, como toda la canción, y aquí las mayúsculas pesan. No es un grito. Es un recuerdo que se dice con todas sus letras para que no se olvide. El diario tiene una nota sobre Madrid en las canciones del planeta que recorre el barrio desde otras letras. Esta es probablemente la entrada más vulnerable de esa geografía.

Este objeto va al planeta. Y tiene sentido que vaya. Porque el planeta Gayfolk existe precisamente para que nadie tenga que ir con miedo a ningún sitio. Llevarse el miedo de Chueca a un lugar donde ya no hace falta es una manera de decir: esto pasó, y por esto me voy.

Objeto ocho: el trío en la sauna

Inmediatamente después, sin pausa, la letra pasa del miedo al desparpajo: «CAMELA, LA PRIMERA VEZ QUE HICIMOS UN TRÍO EN LA SAUNA».

El salto es enorme y es intencionado. De ir con miedo a Chueca a hacer un trío en la sauna. Entre una línea y otra cabe una vida entera de aprendizaje, de perder el miedo, de soltarse. La letra no explica el trayecto. Pone los dos extremos uno detrás de otro y deja que el oyente rellene los años que hay en medio.

Y luego, la playa con toda la fauna, el saltito de Vaka. La maleta se llena de verano.

Objeto nueve: la laca

Y llegamos al objeto más tierno de toda la lista. Merece un apartado propio, porque es el centro emocional de la canción:

Collage con un detalle de la carátula de «La despedida» y las carátulas de «Camela», «La Primera Drag», «El Día Más Ideal»

«CAMELA CUANDO ME ECHABAS LA LACA / CAMELA CUANDO TE ACERCABAS A MERCADONA A / COMPRARME LA LACA DE L'ORÉAL PORQUE SABÍAS QUE SI NO, / EL PELO TODA LA NOCHE NO ME IBA A AGUANTAR».

Aquí aparece un «tú». Por primera vez, la lista tiene un destinatario. Alguien que le echaba la laca al narrador. Que iba al Mercadona a comprarle la laca de L'Oréal porque sabía que, si no, el pelo no le iba a aguantar la noche. Y unas líneas después, que le planchaba y le peinaba la cresta.

Esto es amor. Del de verdad. Sin declaraciones, sin rosas, sin cenas con velas. Amor de Mercadona. Amor de saber qué laca necesita el otro y bajar a comprarla sin que te lo pida. El planeta lleva años diciendo que lo cotidiano es lo serio, y esta estrofa es la prueba más limpia.

La página del proceso creativo del universo dice que lo cotidiano se vuelve símbolo al entrar en el universo, que la profundidad está en la mirada capaz de ver otra dimensión de lo diario. La laca de L'Oréal comprada en el Mercadona de la esquina es exactamente eso. Un bote de spray convertido en declaración de amor.

Objeto diez: Kas

«CAMELA CUANDO ADOPTAMOS A KAS.» La letra no dice quién es Kas. Por el verbo, adoptar, uno piensa en un animal de compañía, que en el catálogo los perros salen mucho. Pero esta crónica no lo va a afirmar, porque no consta. Lo que sí consta es que fue algo que hicieron juntos, el narrador y ese «tú» de la laca. Y que también se lo llevan.

Adoptamos. Plural. Esta lista, que empezó siendo de uno, ha acabado siendo de dos.

Recorrido vertical

Hay una expresión en la letra que se repite y que conviene mirar de cerca, porque es la más rara de toda la lista: «CAMELA EN ESTE RECORRIDO VERTICAL».

Recorrido vertical. Un cohete sube en vertical, claro. Pero la expresión suena también a otra cosa: a un ascensor, a una escalera, a la manera en que se recorre un edificio de arriba abajo. Y suena, sobre todo, a la manera en que se recorre una vida cuando se hace la maleta. No en orden cronológico, de izquierda a derecha, sino de golpe, de abajo arriba, saltando de un piso a otro. Del primer beso a la boda que no fue. De Chueca con miedo a la sauna sin miedo. De la laca al cohete.

La lista de esta canción no sigue el calendario. Sigue la altura. Cada línea sube un poco más, hasta que el último verso ya está en órbita. Ese es el recorrido vertical: una biografía que despega.

Los que se quedan

Toda despedida tiene dos lados. El de los que se van y el de los que se quedan. La letra solo cuenta el primero, pero el segundo está ahí, en el hueco.

¿Quién se queda en la Tierra? Los que pegaban en Chueca. Los que hicieron que la boda no fuera. Los que fueron perversos con el narrador. Las discusiones y las decepciones, que la letra nombra cuando dice que allí donde van no las hay. La desigualdad. Todo eso no cabe en el cohete y se queda abajo, en la base aeroespacial, mirando cómo se aleja la nave rosa.

Y se quedan también, hay que decirlo, cosas que se echarán de menos. Pelahustán. Las ferias con coches de choque. Los veranos de fiesta. El Mercadona de la esquina donde se compraba la laca. La canción no lo dice, pero cualquiera que se haya mudado lejos lo sabe: la maleta nunca es lo bastante grande. Algo se queda siempre en el armario del piso viejo.

Esa melancolía no está escrita, y precisamente por eso se nota. Una lista de lo que te llevas es también, en negativo, una lista de lo que no.

La anáfora como mantra

Una nota de oficio, para quien se fije en la forma. Repetir la misma palabra al principio de cada verso se llama anáfora, y es uno de los recursos más antiguos de la poesía. Está en los salmos, en las letanías de las misas, en los discursos políticos. Es la figura de la oración: dar las gracias por esto, dar las gracias por aquello, dar las gracias por lo otro.

«La despedida» usa la anáfora con el nombre de un grupo de tecno-rumba. Y al hacerlo convierte a Camela en algo parecido a un santo al que se le reza. Camela cuando el primer beso. Camela cuando la boda. Camela cuando Chueca. Es una letanía de feria, una oración con sintetizador, y funciona exactamente igual que las de la iglesia: la repetición calma, ordena y consuela.

El planeta tiene la costumbre de hacer esto con la cultura popular. Coger lo que la gente llama hortera y tratarlo con la seriedad de un rito. No es ironía. Es devoción. Y la devoción, cuando es sincera, no necesita pedir permiso a los críticos de música para elegir a su santo.

Adiós planeta Tierra

Y aquí termina la maleta y empieza el despegue. La canción cambia de modo: deja la anáfora de Camela y suelta la despedida con vocales alargadas, «ADIÓS PLANETA TIERRAAAA / ADIÓÓÓS / ADIÓÓÓS».

Ficha de la canción «La despedida» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Después llega la explicación: esta es la despedida, hoy ha sido nuestro último día en la Tierra, en el planeta al que vamos una nueva vida comienza. Sin discusiones, ni decepciones. Allí donde vamos no hay desigualdad.

Es una utopía dicha con la sencillez de un folleto de agencia de viajes, de esos con una palmera en la portada y una pareja sonriente en una hamaca. Y no tiene ironía. Ni un guiño, ni una exclamación de burla, ni una vocal alargada para hacer reír. Es la única parte de la canción que se dice en serio de principio a fin, con la voz baja de quien por fin se atreve a decir en voz alta lo que quiere. Una nueva vida. Sin discusiones. Sin desigualdad. Lo que cualquiera pediría si le dejaran rellenar el formulario de destino. El planeta, que se ríe de casi todo, se toma en serio su destino. No hay desigualdad. Así de simple. La trilogía GAYFOLK entera trata de llegar a ese lugar, y aquí, en la cuarta pista del primer disco, ya se nombra.

Eso no es casualidad

Y luego, el final. Que es lo mejor de toda la canción:

«HACÍA TIEMPO QUE NO NOS MIRÁBAMOS ASÍ, Y ESO NO ES / CASUALIDAD.»

Y dos veces más, con variaciones: hacía tiempo que no te reías de mis bromas así; hacía tiempo que no tenías la cara iluminada así. Y eso no es casualidad.

Este final cambia todo lo anterior. Resulta que la pareja que se va al planeta no estaba en su mejor momento. Hacía tiempo que no se miraban así. Hacía tiempo que no se reían. Algo se había apagado. Y el viaje, la decisión de irse, la lista de Camela, la laca, Pelahustán, todo eso, les ha devuelto la luz.

«Y eso no es casualidad.» La frase se repite como un mantra al final. Es la conclusión de la canción y es, de alguna manera, la tesis de todo el universo: irse a un sitio donde no hay desigualdad devuelve la mirada. No es magia. Es que en la Tierra pesaba demasiado.

Por qué en mayúsculas

Una última pregunta de forma. ¿Por qué la letra está entera en mayúsculas?

Se puede leer como un capricho tipográfico. Pero en una canción que es una lista de lo que uno se lleva a otro planeta, las mayúsculas tienen sentido. Son las letras de las etiquetas de equipaje. Las de los carteles de los aeropuertos. Las de las pantallas de salidas, con sus destinos parpadeando. Las de las listas de embarque. Todo lo que se escribe para que se lea desde lejos y sin dudas va en mayúsculas.

Y son también las letras de los gritos de feria, de los carteles de las verbenas, de los nombres de grupo en las carátulas de los casetes de gasolinera. CAMELA, así, en grande. Como sale en los recuerdos.

Datos del vuelo

«La despedida» es la pista 4 de 90 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primera parte de la trilogía. En el listado general de la web figura como la pista 167 de 273. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, como el proyecto declara abiertamente. Los datos citables están en el centro de prensa.

Se escucha en Spotify, se descarga gratis desde su ficha y tiene videoclip propio.

Puerta cerrada

Las listas de embarque se cierran a una hora fija. Después ya no entra nadie. Esta crónica también cierra aquí, con una sola pregunta para quien la haya leído hasta el final.

Si mañana fuera tu último día en la Tierra, ¿qué canción sonaría en cada uno de tus recuerdos? Hay quien tendrá una respuesta distinta para cada uno. Hay quien, como el narrador de esta canción, tendrá la misma para todos.

Y eso tampoco es casualidad.

Preguntas frecuentes

¿Por qué se repite tanto «Camela» en la letra?

Porque la canción usa el nombre del grupo como anáfora: casi cada verso empieza con «CAMELA» seguido de un recuerdo, del primer beso a la primera vez que el narrador fue solo a Chueca. Camela funciona como banda sonora de una vida entera.

¿De qué se despide la canción?

Del planeta Tierra. La letra habla de ir «de camino a la base aeroespacial» en «un cohete rosa» y termina con «Adiós planeta Tierra» y «hoy ha sido nuestro último día en la Tierra».

¿En qué disco está?

Es la pista 4 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK.

¿Dónde está la letra completa?

En la página de letras de gayfolkplanet.com, en /letras/la-despedida.

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