Copla y raíces
La víspera de La Tejita: cuchillas, lagartas y spanglish en «¿Me hago un folclórica engañada?»
Por Mike Sain't Louis ·

La víspera. Cuarto de baño con la luz blanca del espejo, la maquinilla en el lavabo, la cuchilla de repuesto en el borde de la bañera. Una cita en la peluquería para por la mañana. Y al día siguiente, carretera de El Médano a Los Abrigos, aparcar en la cuneta, diez minutos andando hasta la arena negra.
Es que el niño antes de ir a La Tejita, el día de antes se depila cuerpo entero, también enterita la colita.
Así empieza el lío de «¿Me hago un folclórica engañada?». Con un hombre de cincuenta y pico preparándose para la playa como quien se prepara para una gala. Y con otro, en casa, enterándose de para quién se depilaba.
La canción es la pista 47 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk» y se publicó el 29 de mayo de 2026. La letra es mía; la música y las voces están hechas con IA. Ya escribí en el diario sobre el papel de la despechada y sobre el refrán de la infancia. Hoy toca el mapa. La playa, la víspera, el lagarto, el idioma raro en el que habla el planeta cuando se enfada.
Empezamos por la arena.
Arena negra, Montaña Roja
La Tejita existe y está en Tenerife, en el municipio de Granadilla de Abona, junto a El Médano. Según su ficha en la Wikipedia, queda al pie del cono volcánico de Montaña Roja, que es reserva natural especial, y por eso no se puede llegar en coche hasta la orilla: se deja el coche en los aparcamientos de la carretera y se baja a pie. Unos diez minutos.
El nudismo está permitido en toda la playa. Pero la misma ficha precisa algo que cualquiera que haya ido sabe sin leerlo: es más habitual en el extremo oriental, justo debajo de la montaña.
Ahí, debajo de la montaña roja, es donde va el niño.
Me gusta que la canción no lo explique. No dice «playa nudista». No dice «zona de ambiente». Dice La Tejita, con artículo y mayúscula, como quien dice «el Corte Inglés de Preciados». El que es de allí entiende. El que no, se queda con la imagen de un señor depilándose para ir a una playa con nombre de diminutivo.
Y el nombre tiene su gracia: Tejita, como tejer, como algo pequeño y casero. Una mantita de ganchillo. Nada que ver con lo que pasa al fondo, junto a la montaña.
Para quien no conozca el sitio, una pista de paisaje: arena oscura, viento casi siempre, kitesurf y windsurf en el agua, y en la bahía, según la Wikipedia, unas boyas donde fondean petroleros que abastecen al aeropuerto de Tenerife Sur. Es decir, que mientras unos se bañan desnudos, hay barcos de combustible esperando turno.
Montaña Roja, por cierto, mide 171 metros. Un cono volcánico pequeño, de los que en Madrid llamaríamos cerro, que cierra la playa por el este. Desde abajo, si eres el niño de la canción, se ve lo que se tenga que ver.
Al lado está El Médano, y a pocos metros, en la playa de El Cabezo, se celebra un campeonato mundial de windsurf. Lo que quiere decir que en esa costa hay mucha gente acostumbrada a desvestirse en público, aunque sea con neopreno.
Erotismo con vistas industriales. Muy de este planeta.
La víspera
La estrofa que más se repite en la canción es la de la preparación. Vuelve al final casi entera, como un estribillo de cuarto de baño:

Y en la peluquería también pide cita, encima con mi maquinilla y mi cuchilla, y se repasa muy bien. También enterita la colita. Que hay que estar bien acicalado antes de ir a La Tejita.
Lo que duele de esta estrofa, y me río al escribirlo, es el posesivo. Mi maquinilla. Mi cuchilla. El hombre se arregla para otros con las herramientas del que se queda. Es el mismo crimen que en «Si Don Aussiebum Hablase», donde se lleva los bañadores de marca para ligar. En este planeta los ex no roban pendientes de oro. Roban material de aseo.
Y luego viene el contraste, que es la parte de la letra que más funciona en directo, por así decirlo, cuando la pones en una cena:
Y luego con su novio no se lavaba ni los dientes. Es que es muy fuerte. Ni los dientes.
Para la playa, cuerpo entero. Para casa, ni los dientes.
Ese «ni los dientes» repetido dos veces es pura indignación de rellano. La vecina que se asoma y te lo cuenta bajando la voz. No hace falta más psicología. La diferencia entre cómo se prepara alguien para ti y cómo se prepara para otros es toda la información que necesitas.
Bien acicalado
Hay una palabra en esa estrofa que merece diccionario: acicalado.
El Diccionario de la lengua española da dos acepciones. La primera es la que todos conocemos: arreglar a alguien, ponerle cosméticos, peinarlo. La segunda es menos conocida y me encanta: limpiar, alisar, bruñir, principalmente las armas blancas.
Las armas blancas.
O sea, que cuando la letra dice «que hay que estar bien acicalado antes de ir a La Tejita», con la cuchilla en la mano, el verbo está haciendo doble trabajo sin que nadie se lo pida. El niño se pule como quien afila un cuchillo. Y el cuchillo, al final, lo recibe el que se queda en casa.
Es una palabra de abuela, de las que se usan para el traje de los domingos o para la novia antes de la boda. Meterla en una estrofa sobre depilarse para hacer cruising es un cambio de registro de los que el planeta hace a menudo. Lo solemne al servicio de lo guarro. Lo antiguo vistiendo lo de ahora.
Cincuenta y pico
La edad aparece dos veces, y las dos como pregunta.
¿Y ahora que el niño tiene cincuenta y pico? ¿No se le puede regañar?
Y más adelante:
¿Y ahora que el niño tiene cincuenta y pico y le mola un buen perreo? ¿Nadie le va a preguntar nada?
«El niño.» Con cincuenta y pico. Aquí está el truco de la canción. El refrán del principio, el de «los niños, oír, ver y callar», protegía a los niños de verdad, o los callaba, según se mire. Pero ahora «el niño» es un adulto que lleva décadas haciendo lo que le da la gana. Y el que pregunta es otro adulto que se ha quedado sin derecho a réplica.
El refrán se ha dado la vuelta. Ahora el que oye, ve y calla es el novio.
Y luego está el «perreo». Me parece maravilloso que la canción meta el reguetón en la vida de un señor de cincuenta y pico. Sin juicio de edad, ojo: perrear a cualquier edad está bien. Lo que pica es que nadie le pregunte. Que la familia, la hermana, el entorno, todos hagan como si fuera normal que el niño se depile hasta donde se depila y luego desaparezca en dirección sur.
Yo fliping
Ahora hablemos del idioma.

¿Y ahora que el niño se depila hasta los huevins un día antes de ir de cruising? Yo fliping.
Esto es spanglish de grupo de WhatsApp. El «-ing» pegado a palabras castellanas para que suenen más ligeras, más de chiste. «Flipando» pasa a «fliping». Y los «huevins», que no son ni inglés ni castellano: son diminutivo de vergüenza ajena.
No es un rasgo aislado. En el planeta hay una canción entera en ese dialecto, «Que te mola el cruising»:
Vaya, vaya, chiquitín, yo estoy fliping, que te mola el cruising.
Es la misma expresión, «yo fliping», y casi la misma escena. Allí es un chico «tan cute, tan clean» al que «han visto kissing»; aquí es un señor de cincuenta y pico con la colita enterita. Pero el idioma es el mismo: el de alguien que se ha enterado de algo y se ríe para no tirar el móvil por la ventana.
El castellano de España lleva décadas fabricando palabras con «-ing» que en inglés no existen. La FundéuRAE recuerda que «footing» es un falso anglicismo: en inglés nadie sale a hacer footing. Lo mismo pasa con «puenting», que en inglés es bungee jumping, o con «balconing», la palabra que se inventó la prensa española para los saltos desde los balcones de hotel.
«Fliping» es de esa familia. Una palabra que suena a inglés para un oído de Madrid y que a un inglés le sonaría a nada. Hay en eso una forma de pose muy camp: hablar un idioma de lujo que no existe, como llevar un bolso de imitación con toda la seguridad del mundo.
Y el «cruising», en cambio, sí es inglés de verdad, y el planeta lo usa tal cual. Junto a él, palabras del castellano de toda la vida como «cancaneo», que sale en «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca» y en «Que te mola el cruising». Así se habla en esta casa: mezclando lo que viene de fuera con lo de la abuela, sin pedir permiso a ninguna academia.
Me gusta pensar en ese spanglish como una armadura. Cuando dices «yo fliping» en vez de «estoy destrozado», la herida queda en segundo plano. Se oye el chiste, no el golpe. Y el que escucha también se ríe, que es lo que se busca.
Next
¡Menudo chollo tenía el traicionero! ¡Pues Next! Embustero.
«Chollo» es otra palabra que retrata. El ex tenía un chollo: casa, alguien que le esperaba, maquinilla gratis. Lo de fuera era el extra. Y el narrador, que hasta aquí ha ido acumulando datos como un inspector, cierra el expediente con una sola palabra en inglés: Next.
El siguiente. Como en la cola de la carnicería. Como en las aplicaciones, deslizando con el pulgar.
El «next» de despedida tiene un antecedente pop muy famoso: «thank u, next», de Ariana Grande, publicada en noviembre de 2018, donde ella repasa a sus ex uno por uno, con nombre de pila, y les da las gracias. Sean, Ricky, Pete, Malcolm. Es una despedida educada y hasta cariñosa.
La de la canción va al revés. Aquí no hay gracias. Hay un «embustero» pegado al «next», sin coma de cortesía. Y, como veremos, los nombres salen, pero disfrazados.
La palabra vuelve más adelante, después de la parte de los nombres, igual de seca. «¡Pues Next! Embustero.» No hay discurso de despedida. Hay un turno que pasa.
Apenada, humillada
Y llegamos al estribillo, que es la pregunta del título:

¿Me hago un folclórica engañada, apenada, humillada, que sabe todo y a la vez no sabe nada?
Aquí la canción se pone la bata de cola. La folclórica engañada es un personaje que en España todo el mundo reconoce: la artista a la que el marido le ha sido infiel, que se entera por las revistas, y que convierte la humillación en escenario. La que sale al escenario con los ojos húmedos y el público sabe exactamente por qué. En el diario lo contamos con más calma en «La copla, ese género tan queer», que habla de este arquetipo y de por qué el público gay lo ha querido tanto.
El artículo es lo primero que me hace gracia. «Un folclórica.» No «una». El narrador se apropia del papel sin cambiarse de género gramatical. Se pone la peineta encima de la barba.
Y luego la línea final del estribillo, que es la que más me gusta de toda la letra: «que sabe todo y a la vez no sabe nada». Ese es el estado exacto del engañado. Sabes lo de La Tejita, sabes lo de la peluquería, sabes lo de la cuchilla, sabes lo de los dientes. Y a la vez no sabes nada. Ni siquiera desde cuándo.
La folclórica de las revistas también estaba así. Lo sabía todo por la portada y nada por boca de él.
Otra lagarta
¿Quién le aconseja hacerse la folclórica? Aquí viene uno de los mejores giros de la canción:
Es lo que me aconseja su hermana, otra lagarta. Y no lagarta del Teide, sino de las liantas.
La hermana del ex. La cuñada, digamos. Que en lugar de ponerse de tu parte te propone el papel más humillante del repertorio, el de la engañada que llora en público. Y la canción la despacha con una palabra muy de abuela: lagarta.
Fijaos en que la idea de hacerse la folclórica no sale del narrador. Sale de la familia del ex. Como si en esa casa ya tuvieran el guion repartido de antemano: él hace lo que hace y al otro le toca llorar en público, con mantilla. El papel venía asignado. La canción acepta el consejo a medias. Se pone la bata de cola, sí, pero para reírse dentro de ella.
Pero entonces la letra hace algo muy canario. Aclara que no es una lagarta del Teide. Porque en Tenerife los lagartos existen de verdad y tienen nombre: el lagarto tizón, Gallotia galloti, endémico de Tenerife y La Palma, el que se ve quieto al sol sobre las piedras volcánicas. Los machos llegan a los treinta centímetros, tienen la garganta negra y, en el norte de la isla, una mancha azul en la cara que se intensifica en celo.
Un animal que se pasa el día tomando el sol en una piedra. Que, pensándolo bien, también podría haber ido a La Tejita.
La distinción es exacta. La lagarta del Teide es fauna protegida. La otra es «de las liantas». La que lía. La que mete cizaña con buenas palabras. Ese doble sentido, el bicho y la persona, es muy de humor isleño, y la canción lo resuelve en dos versos sin explicarlo. Para el oyente de fuera de Canarias, la imagen de una cuñada con escamas al sol ya funciona sola.
Las islas tienen un peso enorme en este universo. Lo explicamos en la página de Canarias del planeta: sirenas en la costa y volcanes en el fondo. Y hay otra canción que entra por esa puerta, «En Canarias no existen las sirenas».
Ja, jé, jí, jo, jú
Después de la lagarta, el narrador se pone travieso:
Y ahora de mayor yo tengo una nueva canción, porque me inspiras en cada creación. Ahí va moreno, ahí va infiel cruisinero. Ja, jé, jí, jo, jú. Cómeme el jujú.
Aquí hay autoparodia, y me la apunto. «Me inspiras en cada creación.» El ex como musa. Cada vez que alguien me hace una de estas, el planeta gana una pista. Visto así, deberían cobrar derechos de autor, aunque fuera un porcentaje pequeño.
El «ja, jé, jí, jo, jú» es la escala de vocales de las cartillas del colegio, la del «ma, me, mi, mo, mu», convertida en risa. Y la risa acaba en un «cómeme el jujú» que no voy a traducir porque tiene la gracia de no necesitarlo. El niño de cincuenta y pico tenía su perreo. El narrador tiene su rima infantil y obscena. Empate.
Y «cruisinero», que es otra palabra inventada con el mismo molde: cruising más marinero. Un infiel de puerto. Con su gorra y todo, imagino.
Los nombres que no digo
Después viene la parte más arriesgada de la letra. El narrador juega con el nombre del ex. Primero le pone uno compuesto, de esos de cuatro pisos, con santo incluido, y le dice que lo usa «como me dijiste que no te mencionara». Luego le ofrece otro, completo, con apellido.

Aquí no los voy a repetir. La canción es la canción, y en ella los nombres funcionan como chiste de escenario. Pero un artículo es otra cosa, y prefiero que el que tenga curiosidad la escuche entera.
Lo que sí quiero comentar es el mecanismo. «Como me dijiste que no te mencionara.» El ex pidió discreción, y la discreción se cumple con una ironía de copla: te cambio el nombre. Cualquier oyente sabe que eso es mencionar. La folclórica de las revistas tampoco decía el nombre del marido en el escenario. Le bastaba con mirar al palco.
Y justo después llega la línea más triste de toda la canción, sin chiste ninguno:
Mi ex novio, sí, ese por el que hace un mes lloraba, me ha obligado a olvidar un te quiero de la noche a la mañana.
Hace un mes, llorando. Hoy, el niño en La Tejita y la colita enterita.
Olvidar un te quiero de la noche a la mañana.
Todo lo demás es maquillaje.
Entre «Esperma» y «Mood»
Una curiosidad del orden del disco. En la lista de pistas de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», la 46 se llama «Esperma» y la 48 «Mood». La folclórica engañada queda en medio, entre una palabra de laboratorio y una de Instagram.
Me parece un sitio justo. El drama de copla rodeado de vocabulario del siglo XXI, igual que la propia canción mezcla la bata de cola con el «yo fliping». Tres pistas más allá está «María Teresa de Calcuta», donde reaparece el mismo nombre de ex, y antes, a pocas pistas, «Si Don Aussiebum Hablase», con su propio inventario de robos.
Escuchado en orden, ese tramo del disco funciona como un expediente. Varias canciones, el mismo sospechoso, un narrador que no suelta el boli.
Escuchar la víspera
Unas cuantas indicaciones para quien llegue nuevo:
- Escucha primero el arranque hablado del refrán. Marca el tono de todo lo que viene: alguien que fue educado para callar y ha decidido no hacerlo.
- Cuenta cuántas veces vuelve «enterita la colita». No lo digo por ordinariez. Es el estribillo de verdad, por encima del del título.
- Para en el «ni los dientes» y pregúntate si has tenido un ex así. Luego sigue.
- Después pon «Que te mola el cruising», que comparte el «yo fliping» y es como el mismo idioma hablado por otro personaje.
- El videoclip oficial dura 4:55.
Ficha de mesilla
- Título: «¿Me hago un folclórica engañada?».
- Disco: «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», pista 47.
- Publicada: 29 de mayo de 2026.
- Autoría: letra de Mike Sain't Louis; música y voces creadas con IA.
- Escúchala en Spotify o en YouTube.
- Para medios y curadores, la sala de prensa.
Una maquinilla que no era suya y una cuñada con escamas.
Pues Next.
Preguntas frecuentes
¿Dónde está La Tejita?
Es una playa de arena oscura en El Médano, municipio de Granadilla de Abona, en el sur de Tenerife, al pie de Montaña Roja. El nudismo está permitido en toda la playa y es más habitual en el extremo oriental.
¿Qué quiere decir «lagarta del Teide»?
Juega con dos sentidos: el lagarto tizón, reptil endémico de Tenerife y La Palma, y «lagarta» como persona liante. La canción aclara que la hermana del ex es de las segundas.
¿Qué es una folclórica engañada?
Es el arquetipo de la artista de copla a la que su pareja le ha sido infiel y convierte la humillación en espectáculo. La canción se pregunta si adoptar ese papel.
¿Quién hizo la canción?
La letra es de Mike Sain't Louis. La música y las voces están creadas con inteligencia artificial.