Salud mental
Hoja de encargo en la funeraria: «Nadie hablará de mí cuando haya muerto», con aforo para dos
Por Mike Sain't Louis ·

En las funerarias hay un momento que nadie cuenta y que todo el mundo que ha perdido a alguien recuerda. Te sientan en una mesa pequeña, con una caja de pañuelos a un lado y un bolígrafo al otro, y te dan una hoja. La hoja tiene casillas. Sala del tanatorio. Horario de velatorio. Tipo de flores. Texto de la esquela. Servicio religioso: sí o no. Recordatorios. Quien la rellena casi nunca es el muerto. Es alguien que está agotado, que no ha dormido y que tiene que decidir en diez minutos el color de una corona.
«Nadie hablará de mí cuando haya muerto» hace algo raro con esa hoja. La rellena el propio interesado, en vida, con letra clara y una mala uva muy madrileña. Cuenta las sillas antes de que nadie las coloque. Decide quién se queda fuera. Tacha el servicio religioso. Calcula cuánto durará el luto. Y deja escritas, en la casilla de observaciones, las frases que se van a decir de él en el pasillo.
Este post es esa hoja de encargo, casilla por casilla. No es la crónica del funeral, que ya existe en este diario como un funeral ensayado en voz alta, ni la lectura del cartel, que también tiene su nota en un clavel rosa frente al silencio. Es el papeleo. Lo administrativo. Lo que la canción tiene de formulario, que es mucho, porque empieza contando como quien suma en una factura.
Una advertencia antes de empezar, de las que irían en letra pequeña al pie del impreso: las personas de la canción son personajes. La madre, el padre, la última pareja, el cura y los que dirán no tienen nombre ni apellido fuera de la letra. El único nombre propio es el de un personaje de televisión, y está ahí como chiste.
Datos del encargo
Canción: «Nadie hablará de mí cuando haya muerto».
Disco: pista 23 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK.
Pista siguiente: «Malena», la 24. Pasar de un entierro imaginado a la canción que viene después es uno de esos cambios de habitación que el disco hace sin pedir permiso.
Duración del videoclip oficial: 4:22. Está en la sala de vídeo del planeta.
Dónde escucharla: en Spotify y en el resto de plataformas, con el sello propio MIKE SAIN'T LOUIS.
Autoría: Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.
Géneros con los que se presenta: indie pop, pop alternativo, queer pop y camp. La última etiqueta importa. Un funeral contado en clave camp es un funeral donde la exageración es una forma de decir la verdad.
Firmante del impreso: el propio difunto, que todavía no lo es.
El texto completo, antes de rellenar nada
Toda hoja de encargo se rellena con la información delante. Esta es la letra tal como se publica con el videoclip oficial, sin tocar una coma.
Dos amigos, como mucho, tal vez uno. Familia de sangre: mi madre, mi padre, mi última pareja... Hasta que, al final, y con razón, él también se aleja. Mi último novio, y los que dirán: "El que se creía un genio". El cura que quiere dar la extremaunción, y mi despedida, a malas, con la iglesia: echando al cura de casa, acusándole de pederasta, de abusador. Se irá muy serio. Nadie hablará de mí cuando haya muerto, y habrá algunos que harán como el demonio pelirrojo con Antonio Recio: Saltar encima de mi tumba para comprobar que estoy bien muerto y enterrado. Y en dos semanas eso es pasado, eso ya está vivido, y será como si nunca hubieras existido. Nadie hablará de mí cuando haya muerto. Nadie hablará de mí cuando haya muerto. Y dirán: "Ya sabes, tenía su carácter". Y contestarán a la pregunta: "¿Por qué me diría eso?" "No te preocupes, seguro que iba borracho, o tal vez muy puesto". Nadie hablará de mí cuando haya muerto.
Treinta y una líneas. Cuatro veces la frase del título. Ni una sola fecha, ni una ciudad, ni un nombre propio de alguien real. Todo lo que hay es gente por categorías: amigos, familia, pareja, novio, cura, los que dirán, algunos. Exactamente como en un impreso, donde nadie se llama nada hasta que alguien escribe encima.
Casilla 1. Aforo de la sala
La primera casilla de cualquier hoja de tanatorio es la sala. Las hay pequeñas, medianas y grandes, y la funeraria pregunta cuánta gente se espera para no quedarse corta de sillas. La canción contesta a esa pregunta antes que a ninguna otra, y la contesta a la baja:

Dos amigos, como mucho, tal vez uno.
Lo bonito de estas dos líneas es la corrección. Primero escribe dos. Luego, sin tachar, añade una rectificación: tal vez uno. Es lo que hace la gente cuando rellena un formulario con honestidad y se da cuenta, a mitad de frase, de que estaba siendo generosa consigo misma. No hay drama en la rectificación. Hay contabilidad.
Y hay algo muy de nuestra época en ese cálculo. Cualquiera que tenga redes sociales sabe cuántos seguidores tiene, cuántos «me gusta» saca una foto, cuánta gente vio una historia. La canción coge ese hábito de medirlo todo y lo lleva al último sitio donde uno querría medir nada: la sala del velatorio. Cientos de contactos en el teléfono. Dos amigos, como mucho, en las sillas.
En la portada del single hay, al fondo, una fila de sillas vacías en una sala rosa. Es la casilla 1 dibujada. Nadie ha llegado todavía, o nadie va a llegar. La imagen no lo resuelve, y la letra tampoco.
Casilla 2. Familia de sangre
La segunda casilla es la de los familiares directos, que en el impreso suelen ir en un recuadro aparte porque son los que firman, los que deciden y los que reciben el pésame. La canción usa la expresión exacta del papeleo:
Familia de sangre: mi madre, mi padre,
«Familia de sangre» es una fórmula que suena a notaría, a libro de familia, a testamento. Y en un disco como este, escrito desde el Planeta Gayfolk, la fórmula tiene doble fondo. Mucha gente LGTBI ha construido su vida alrededor de otra familia, la que se elige: los amigos, las ex, las vecinas, la gente de la noche. Cuando la canción especifica «de sangre», está marcando la diferencia. Esta casilla es la de los que te tocaron, no la de los que buscaste.
No dice nada malo de ellos. Solo los nombra por su parentesco: madre, padre. En una hoja de tanatorio no hay espacio para matices. Pero el hecho de que estén separados de los amigos ya dice algo. Son dos recuadros distintos, y en el de los amigos había, como mucho, dos nombres.
Casilla 3. La última pareja
Aquí el formulario se tuerce. Después de madre y padre aparece la última pareja, en una línea que termina en puntos suspensivos, y en la siguiente esa pareja se borra sola:
mi última pareja... Hasta que, al final, y con razón, él también se aleja.
Lo más interesante de la casilla 3 son tres palabras: «y con razón». La nota del diario sobre la canción ya se fijó en ellas, y tiene sentido detenerse otra vez, porque son la firma moral del impreso. Quien rellena la hoja no se presenta como víctima. Admite que la pareja tenía motivos para irse. Es una honestidad rara en las canciones de desamor, que casi siempre reparten las culpas hacia fuera.
Y luego está la palabra «también». Él también se aleja. Como los amigos que no llegaron a tres. Como la gente que se fue cayendo de la lista antes de empezar la canción. El «también» convierte una ruptura concreta en un patrón. No es que se fuera uno; es que se van, y este fue uno más.
En el impreso real habría que decidir si la última pareja va en la casilla de familia o en la de allegados. La canción lo resuelve sin decidir: lo apunta y lo tacha en la misma frase.
Casilla 4. Lo que dirán
En las hojas de las funerarias no hay una casilla para esto, pero debería haberla. Toda familia que ha organizado un entierro sabe que, además de las flores y la esquela, hay que prepararse para lo que se va a decir en el pasillo. La canción lo apunta enseguida, entre el último novio y el cura:
Mi último novio, y los que dirán: "El que se creía un genio".
«Los que dirán» es una de las expresiones más españolas que existen. El qué dirán ha ordenado durante siglos la vida de los pueblos y de los barrios: lo que se puede hacer, cómo hay que vestirse, con quién se puede salir. Para la gente queer ha sido, además, una amenaza concreta. El qué dirán era el motivo por el que había que esconderse.
En la canción, el qué dirán llega al final, cuando ya no puede hacer daño, y aun así hace daño. «El que se creía un genio» es un resumen de vida en cinco palabras. No dice que fuera un genio ni que no lo fuera. Dice que se lo creía, que es la forma más eficaz de quitarle valor a alguien: convertir su ambición en un defecto de carácter.
Para alguien que escribe canciones, que produce sus propios discos y que ha publicado cientos de singles, esa frase tiene un filo especial. Es la sospecha que persigue a cualquiera que hace cosas por su cuenta y las enseña: que los demás lo vean como un iluso. La canción la escribe antes de que nadie la diga, y así le quita la sorpresa.
Casilla 5. Servicio religioso
Esta es la casilla en la que la hoja de encargo se convierte en un parte de incidencias. En el impreso hay dos opciones, sí o no. La canción no marca ninguna de las dos. Escribe una escena:

El cura que quiere dar la extremaunción, y mi despedida, a malas, con la iglesia: echando al cura de casa, acusándole de pederasta, de abusador. Se irá muy serio.
La extremaunción es el sacramento que la Iglesia católica da a los enfermos graves y a los moribundos; hoy se llama oficialmente unción de los enfermos, pero en España casi todo el mundo sigue usando la palabra vieja. Es el último trámite religioso antes del final. En la canción, ese trámite no se completa. El cura llega a la casa y lo echan.
Lo que dice quien narra al echarlo es muy duro, y la letra lo deja así, sin suavizar. Conviene leerlo como lo que es: la explosión de un personaje en la escena más tensa de la canción, dirigida a un cura que no tiene nombre ni parroquia, y no como una afirmación sobre nadie concreto. Lo que la escena cuenta es una ruptura. «Mi despedida, a malas, con la iglesia.» No una discusión teológica, sino un portazo.
La nota del diario sobre esta canción ya apuntaba hacia dónde mira esa escena: la distancia con una institución que durante mucho tiempo no ha sabido qué hacer con la gente LGTBI. En la hoja de encargo, eso se traduce en una casilla marcada a mano con mucha fuerza. Servicio religioso: no. Y en observaciones, la escena entera.
Hay un detalle final que es puro teatro: «Se irá muy serio.» Tres palabras y el cura sale de escena con la espalda recta y la cara larga. Es una acotación más que un verso, de las que se escriben entre paréntesis en un libreto. La canción no le da réplica. Lo deja irse.
Casilla 6. Vigilancia de la sepultura
Ninguna funeraria ofrece este servicio, pero la canción lo apunta igual. Después del título, la letra deja la escena más disparatada del impreso:
y habrá algunos que harán como el demonio pelirrojo con Antonio Recio: Saltar encima de mi tumba para comprobar que estoy bien muerto y enterrado.
Antonio Recio es uno de los personajes más conocidos de «La que se avecina», la comedia de televisión que lleva años emitiéndose en España y que medio país ha visto en reposiciones a cualquier hora. Mike escribió en mikesaintlouis.com que cualquiera que haya visto la serie tiene esa imagen grabada. La canción no explica la escena, y aquí tampoco se va a explicar: basta con saber que es una referencia de comedia, de esas que funcionan precisamente porque mucha gente las reconoce al vuelo.
Lo que hace la casilla 6 es meter la tele en el cementerio. Y eso cambia el tono de todo. Hasta aquí, la hoja de encargo era seria, con su familia de sangre y su cura despachado. De repente aparece un salto encima de una lápida, que es exactamente el tipo de chiste bestia que alguien suelta en un velatorio para que la gente se ría y deje de llorar un minuto.
El humor negro, en España, tiene mucho de esto. Se hacen chistes en los tanatorios, se cuentan anécdotas del muerto que hacen reír a carcajadas a la familia, se come y se bebe. La canción usa ese registro para decir algo bastante cruel: que habrá quien se alegre. Que alguien irá a comprobar, a saltos, que de verdad no vuelves. El chiste no quita la crueldad. La hace soportable.
Y hay un matiz que se pierde si se lee deprisa: «bien muerto y enterrado». La redundancia es la del alivio. No basta con muerto; tiene que estar enterrado, y bien. Es la frase de quien ha sufrido a alguien y quiere asegurarse. Que la canción ponga esa frase en boca de otros, refiriéndose a uno mismo, es una manera muy lúcida de reconocer que uno también ha sido difícil para alguien.
Casilla 7. Duración del luto
En las hojas de tanatorio no se pregunta cuánto va a durar el luto, porque eso no se encarga. Pero las esquelas antiguas lo sugerían: misas de un mes, de un año, aniversarios. La canción hace su propio cálculo y lo apunta con la misma frialdad que el aforo:

Y en dos semanas eso es pasado, eso ya está vivido, y será como si nunca hubieras existido.
Dos semanas. Es el plazo de una baja corta, de unas vacaciones, de la vida útil de una noticia en el teléfono. Mike lo dijo en su comentario de la canción: la verdadera pena no es la muerte en sí, sino el olvido tan rápido. Esa es la casilla más triste del impreso, y está rellenada con un número pequeño.
Hay un cambio gramatical que merece una línea aparte. Toda la canción habla en primera persona: mi madre, mi padre, mi tumba. Pero en esta estrofa se cuela un «hubieras». «Como si nunca hubieras existido.» El yo se convierte en tú. Puede leerse como una forma impersonal, como cuando decimos «te mueres y ya está». Pero también abre la hoja al que la está leyendo. De repente la casilla 7 deja de ser únicamente la del narrador. Es la de cualquiera.
«Eso ya está vivido» es otra frase de uso diario que la canción pone en un sitio incómodo. Se dice de unas vacaciones, de una relación, de una etapa: ya está vivido, a otra cosa. Aplicada a una vida entera, suena brutal. Y es exactamente lo que se dice, en el fondo, cuando alguien pasa página.
Casilla 8. Recordatorio
En la funeraria siempre preguntan si quieres recordatorios, esas tarjetitas con una foto, una oración o una frase, que se reparten en el velatorio para que la gente se las lleve. La canción tiene su propio recordatorio, y lo repite tantas veces que cualquiera se lo llevaría a casa:
Nadie hablará de mí cuando haya muerto.
Aparece cuatro veces en la letra. La primera, a mitad de la canción, enlazada con la escena de la tumba. Luego dos veces seguidas, una detrás de otra, como quien insiste porque no le han oído. Y la última, sola, para cerrar.
Lo curioso del recordatorio es que se contradice a sí mismo. Una tarjeta que dice «nadie hablará de mí» es, precisamente, una tarjeta para que hablen de ti. Una canción que lo repite cuatro veces es una forma de asegurarse de que no se cumpla. La propia existencia de la canción, publicada, con su videoclip y su portada, desmiente su frase central. Y eso no es un fallo. Es el centro de la idea.
La nota del diario lo decía de otra manera: escribir canciones tiene algo de respuesta a ese miedo, porque dejan algo dicho con tus palabras y no con las de los demás. En la hoja de encargo, el recordatorio es la única casilla que rellena el difunto con su propia letra y no con las palabras de los que dirán.
Casilla 9. Observaciones del pasillo
Al final de todo impreso hay un espacio en blanco para observaciones. Es ahí donde la canción pone lo mejor:
Y dirán: "Ya sabes, tenía su carácter".
«Tenía su carácter» es la frase que se dice en los velatorios de las personas difíciles. Es educada, no insulta, y lo dice todo. Con ella se cierran discusiones, se perdonan desplantes, se resume a alguien que molestaba sin tener que explicar por qué. Es el eufemismo perfecto, de esos que solo funcionan cuando el otro ya no puede contestar.
Y luego llega una pequeña escena de diálogo, casi teatral:
Y contestarán a la pregunta: "¿Por qué me diría eso?" "No te preocupes, seguro que iba borracho, o tal vez muy puesto".
Hay dos personas hablando en el pasillo. Una todavía tiene clavada una frase que el muerto le dijo algún día, y pregunta por qué. La otra la consuela con la explicación más cómoda posible: no lo decía en serio, iría borracho o muy puesto. Fin del asunto. La herida queda archivada como efecto secundario de una noche.
Es una forma muy reconocible de cerrar la vida de alguien sin entenderla. Mike lo escribió así en su web: es exactamente como resumimos a los que se van cuando no los entendimos del todo. La canción no defiende al muerto ni le da la razón a quien preguntaba. Solo apunta el diálogo, como un taquígrafo, y deja que suene a lo que suena: a una conversación de pasillo que podría pasar en cualquier tanatorio de cualquier ciudad.
Y también aquí está ese «y con razón» de la casilla 3, aunque no se diga. La pregunta «¿por qué me diría eso?» da por hecho que algo hiriente se dijo. El narrador no lo niega. Sabe que tenía su carácter. Lo que le duele no es que se recuerde lo malo, sino que lo malo se explique con una excusa barata y se olvide en el mismo gesto.
Flores: un clavel rosa
En la hoja siempre hay una casilla para las flores: corona, centro, ramo, cojín. La portada del single la rellena sola. Un hombre de traje negro, camisa negra y corbata negra lleva en la solapa un clavel rosa enorme, de pétalos rizados. Tiene los ojos cerrados y la cara mojada. Lleva un pendiente pequeño en forma de cruz y tatuajes asomando por el cuello. La sala es rosa, con luz de techo, sillas vacías al fondo y un ramo de flores sobre un mueble. A la izquierda, en una franja negra, el título ocupa casi toda la altura, en mayúsculas rosas, y debajo, más pequeño, el nombre de Mike Sain't Louis.

El clavel no es una elección cualquiera. Es la flor de las solapas en las bodas, de las ofrendas, de la copla y de los toros, de la Transición y de los mítines. En los entierros españoles se ven más los crisantemos y las coronas de gladiolos, así que un clavel rosa en un velatorio desentona a propósito. Es una flor de fiesta llevada a un funeral, igual que la canción lleva el humor negro a un sitio donde se supone que hay que estar callado.
La nota del diario sobre el cartel lo describía como un rosa que también puede ser grave. En la hoja de encargo, eso se traduce en una línea: flores, un clavel rosa, en la solapa del propio difunto, que todavía llora. Y la cruz del pendiente, después de la casilla 5, tiene su gracia: la despedida con la iglesia fue a malas, pero el adorno sigue ahí.
Las sillas vacías
Conviene volver al fondo de la portada, porque la hoja de encargo empieza y termina en el mismo sitio. En la casilla 1, la canción pedía sala para dos amigos, como mucho. En la portada, las sillas ya están puestas y están vacías.
No sabemos si es antes o después. Puede ser la sala preparada, a la espera. Puede ser la sala cuando ya se ha ido todo el mundo, a las dos semanas, cuando ya está vivido. La imagen se queda en ese hueco, y la canción también. Es lo que hace que el chiste del recuento no sea solo un chiste: las sillas existen, y alguien tendrá que decidir cuántas poner.
En la discografía
«Nadie hablará de mí cuando haya muerto» es la pista 23 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco que abre la trilogía. Va justo antes de «Malena», y el salto de una a otra es una buena muestra de cómo funciona el disco: sin transiciones, de un velatorio a otra historia completamente distinta, como quien cambia de canal.
En el catálogo del planeta hay otras canciones que comparten casillas con esta hoja. «Hoy es el último adiós» también es una despedida, repetida hasta quedarse en un adiós a secas. «Ataúd de neón» junta ya en el título la caja mortuoria y la luz de los rótulos. Y «Escupiré sobre tu tumba» le da la vuelta completa a la escena de la casilla 6: allí la tumba es la de otro, y la rabia va hacia fuera.
Juntas forman una pequeña funeraria dentro del planeta, cada una con su forma de tratar la muerte: con luces, con rabia, con despedida o, como esta, con un impreso rellenado a mano y mucha ironía. En la página de prensa del proyecto está el contexto completo de la trilogía para quien quiera ver el resto del catálogo.
Si la canción te pilla en un mal momento
Una canción que imagina el propio entierro puede llegar a alguien en un día malo. Imaginar el funeral es, para mucha gente, un ejercicio de humor negro. Para otra, a veces, es un pensamiento que pesa y no se va. Si es tu caso, no lo cargues solo. En España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, a cualquier hora y de forma gratuita. Si hay un peligro inmediato, llama al 112. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país. Hablar con alguien no es exagerar ni molestar.
La canción, leída entera, no es un deseo de desaparecer. Es un recuento hecho con mala uva para poder reírse del miedo al olvido. Y el hecho de que exista, con su título repetido cuatro veces, ya es una manera de que alguien hable.
Observaciones finales del impreso
Una hoja de encargo de funeraria se rellena para que otros no tengan que decidir. Eso es lo que hace, en el fondo, esta canción: se adelanta. Cuenta las sillas, nombra a la familia de sangre, admite que la última pareja se fue con razón, despide al cura, imagina el salto sobre la tumba, calcula dos semanas de luto, escribe el recordatorio y apunta las frases del pasillo. Lo deja todo hecho, con una caligrafía irónica y muy clara.
Lo único que no puede rellenar es la casilla que de verdad importa, la de quién se acordará. Por eso la deja en blanco y escribe encima, cuatro veces, que nadie. Es la manera más eficaz que tiene una canción de pedir lo contrario.
Si después de leer la hoja quieres escucharla, está en el videoclip oficial, en Spotify y en la ficha del single. Pon la canción, cuenta tus sillas, y ríete un poco del recuento antes de que nadie lo haga por ti.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Nadie hablará de mí cuando haya muerto»?
De alguien que imagina su propio funeral y hace el recuento de quién irá: dos amigos como mucho, la familia de sangre y una última pareja que también se aleja. Por el medio despide a malas a un cura, imagina a alguien saltando sobre su tumba como en «La que se avecina» y concluye que en dos semanas todo será pasado.
¿Quién es Antonio Recio en la canción?
Es el personaje de la serie de televisión «La que se avecina». La letra lo usa como referencia de comedia para una imagen de humor negro: saltar sobre una tumba para comprobar que el muerto está bien enterrado.
¿Es una canción triste o de humor?
Las dos cosas a la vez. El tono es de humor negro, con chistes de velatorio y frases de pasillo, pero debajo está el miedo a ser olvidado muy deprisa o a quedar reducido a dos frases hechas.
¿En qué disco está?
Es la pista 23 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK, justo antes de «Malena». El videoclip oficial dura 4:22.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.