Planeta Gayfolk

Cultura pop

El western que el código Hays no dejó rodar: «Que isso» y dos frentes que casi se tocan

Por ·

Portada de «Que Isso», canción de Mike Sain't Louis

«Que isso?»

En Brasil se dice así, con la boca abierta y las cejas arriba, cuando algo te pilla desprevenido. Cuando tu tía aparece en la boda con el novio nuevo. Cuando el árbitro pita un penalti que no era. Cuando alguien te hace un regalo que no esperabas. Mike lo explica en su ficha: es una exclamación a medio camino entre el asombro y el «anda ya».

El planeta propone una situación concreta para usarla.

Estás en un cine de barrio en 1955. Ponen una película del Oeste en technicolor, de las de sesión doble con el NO-DO al principio. Y de repente, en la pantalla, dos vaqueros con camisas bordadas y tupé engominado se agarran de las manos, juntan las frentes y bajan la mirada. Sin pelea. Sin duelo. Con ternura.

«¿Que isso?», diría el público. Si en 1955 en un cine de barrio se hubiera hablado portugués.

Pero esa escena nunca se rodó. No podía rodarse. Y por eso la portada de «Que isso» es tan rara: parece el cartel de una película que no existe.

Mike lo dice con una frase que el planeta ha subrayado dos veces: colores de cartel antiguo, rojo, verde petróleo y beige, como de película del Oeste que nunca se atrevieron a rodar.

La letra de la canción no está publicada en la web. En /letras pone «próximamente», y el planeta no va a inventarse lo que cuenta. Lo que va a hacer esta crónica es explicar por qué esa película no se atrevieron a rodarla. Porque hubo un reglamento, con nombre y apellido, que lo prohibía.

El reglamento de Hollywood

Se llamaba Código de Producción y todo el mundo lo conocía por el apellido del hombre que lo puso en marcha, Will Hays. Desde mediados de los años treinta hasta finales de los sesenta, fue la ley no escrita del cine de estudio en Estados Unidos. Cualquier película que quisiera estrenarse en los grandes circuitos tenía que pasar por su oficina.

El código era una lista de prohibiciones. No se podían enseñar besos demasiado largos. No se podía ridiculizar a la religión. No se podía mostrar un crimen sin castigo. Y había un punto que lo dejaba todo muy claro: estaba prohibida cualquier referencia a la perversión sexual, que en el lenguaje de la época quería decir, sobre todo, la homosexualidad.

Así que durante más de treinta años, en el cine que veía medio mundo, no podía haber maricas. O mejor dicho: podía haberlos, pero escondidos. Como villanos afeminados, como solterones raros, como amigos del protagonista que nunca tenían novia. Personajes en clave que solo entendían los que ya sabían leer la clave.

El western, el género más macho de todos, era el último sitio donde se iba a colar una escena como la de la portada de «Que isso». Dos vaqueros juntando las frentes. Ni en sueños.

Lo que se veía entre líneas

Lo curioso es que el western siempre tuvo algo de marica, aunque nadie lo dijera.

Hombres solos en la llanura durante meses. Amistades masculinas intensísimas, con miradas largas junto a la hoguera. Duelos que tenían más tensión que muchas escenas de amor. Pistoleros que se acicalaban el pañuelo del cuello con un cuidado que habría envidiado cualquier drag. Y mujeres que aparecían poco, en el saloon o en la puerta del rancho, como decorado.

Hay críticos que se han pasado décadas leyendo los westerns clásicos con estas gafas. Y aunque el planeta no va a decir que tal o cual película escondía un romance, sí apunta que la tensión estaba ahí, bajo la superficie, como el agua debajo de la tierra seca.

La portada de Mike saca esa agua a la superficie. Coge los elementos del western, las camisas bordadas, los flecos, las hebillas, el tupé, y les quita el revólver. Lo que queda es lo que siempre estuvo debajo.

Un western al revés

Mike lo resume en su ficha con dos frases muy cortas: yo la veo como un western al revés. Aquí nadie se bate en duelo, aquí se consuela.

Fotogramas del videoclip oficial de «Que isso», de Mike Sain't Louis

Aquí se consuela. El verbo es importante.

En el western clásico, el hombre no consuela. El hombre aguanta. Si su compañero muere en el tiroteo, lo entierra en silencio, se pone el sombrero y sigue cabalgando. El dolor se demuestra apretando la mandíbula, no llorando en el hombro de otro.

En la portada de «Que isso», uno de los vaqueros apoya la mano en el hombro del otro. Se agarran las manos. Bajan la mirada juntos. Mike lo describe como un momento de intimidad entre dos hombres a los que el decorado les pedía ser duros.

A los que el decorado les pedía ser duros.

Esa frase describe a muchos hombres que el planeta conoce, y no solo maricas. Los que crecieron en pueblos donde llorar era de niñas. Los que nunca han abrazado a su padre. Los que solo se tocan con sus amigos para darse palmadas en la espalda o para hacerse una llave en el sofá viendo el fútbol. El decorado de la masculinidad les pide dureza, y debajo hay alguien que necesita una mano en el hombro.

La portada de Mike da esa mano. Sin pedir permiso al decorado.

Y lo hace sin convertir el gesto en otra cosa. No hay beso. No hay cama. No hay nada que obligue a decidir si estos dos vaqueros son pareja, hermanos o amigos de toda la vida. Esa ambigüedad es generosa: cualquiera puede verse en ella. El chaval que consuela a su novio después de una bronca con sus padres. El amigo que acompaña al otro al tanatorio. El hermano mayor que se sienta al lado del pequeño cuando le han roto el corazón.

Frente con frente

El gesto central de la portada es pequeño: dos frentes que casi se tocan.

Es uno de los gestos más íntimos que existen, y casi nunca se ve entre hombres adultos. Lo hacen las madres con los bebés, cuando los sostienen en brazos y apoyan la frente en la suya para calmarlos. Lo hacen las parejas en las películas justo antes o justo después de un beso. Lo hacen los amigos muy cercanos en los momentos de dolor, cuando no hay palabras.

Hay un sitio donde los hombres sí lo hacen sin que nadie se escandalice: el fútbol. Los jugadores juntan las frentes antes de una tanda de penaltis, se agarran del cuello, se dicen cosas al oído. Es el único lugar donde la cultura permite esa cercanía física entre hombres heterosexuales, y está protegido por la épica del deporte.

La portada de «Que isso» saca ese gesto del campo de fútbol y lo pone en un decorado del Oeste. Sin balón, sin penaltis, sin épica. Solo dos frentes, dos manos y una mirada hacia abajo. Bajar la mirada juntos tiene algo de pudor y algo de complicidad: no nos miramos a los ojos porque no hace falta.

El tupé

Los dos vaqueros llevan tupé engominado. El detalle es más importante de lo que parece.

El tupé no es un peinado del Oeste. Los vaqueros de verdad del siglo XIX llevaban el pelo como podían, aplastado por el sombrero y lleno de polvo. El tupé es de los años cincuenta. Es el peinado de Elvis Presley moviendo las caderas en la televisión, de James Dean con la cazadora roja, de los chicos rockabilly con la cajetilla de tabaco enrollada en la manga de la camiseta.

Juntar el tupé de los cincuenta con las camisas de rodeo es mezclar dos iconos de la masculinidad americana: el vaquero y el rebelde. Y luego hacerlos tiernos.

Hay algo de ironía en que el tupé fuera, en su época, un peinado que escandalizaba a los padres. Demasiado cuidado, demasiada gomina, demasiado tiempo delante del espejo. Hubo quien lo encontraba sospechosamente coqueto. Los chavales que lo llevaban se pasaban media hora peinándose, y eso, en los cincuenta, ya tenía su punto de pluma.

Flecos y bordados

Las camisas de los vaqueros son de rodeo, bordadas, con flecos. Es una prenda con una historia muy curiosa.

Los flecos de las chaquetas de piel de los pioneros tenían, según se cuenta a menudo, una función práctica: ayudaban a que el agua de la lluvia escurriera y la prenda se secara antes. Con el tiempo, dejaron de ser útiles y se convirtieron en adorno. Y las camisas bordadas con flores, estrellas y herraduras, que llevaban las estrellas del country en los escenarios de Nashville, eran puro espectáculo.

Hubo un sastre en Hollywood, Nudie Cohn, que hizo famosos los trajes de vaquero con pedrería y bordados para las estrellas del country y del rock. Uno de sus trajes más recordados fue el de lamé dorado de Elvis. Era la versión camp del vaquero, cuando el camp todavía no tenía nombre en las revistas.

Los vaqueros de la portada de «Que isso» visten de esa tradición. No son pistoleros de verdad. Son vaqueros de escenario, de feria, de purpurina. Y eso los hace todavía más cercanos al planeta Gayfolk.

Estrellitas de cómic

Detrás de los dos vaqueros hay un círculo de luz crema y estrellitas de cómic.

Collage con un detalle de la carátula de «Que isso» y las carátulas de «Perverso narcisista», «3 años de garantía», «Sol e lua»

Es un recurso de dibujo muy reconocible. Las estrellitas que salen alrededor de la cabeza de un personaje cuando se lleva un golpe, cuando se enamora, cuando algo le deslumbra. Las de los tebeos de toda la vida, de Mortadelo a Superlópez. Las de los cómics románticos americanos de los años cincuenta y sesenta, con chicas de labios rojos llorando sobre la almohada.

El artista pop Roy Lichtenstein se hizo famoso en los sesenta copiando a lo grande viñetas de esos cómics, con sus puntitos de imprenta y sus bocadillos de diálogo. Una de las más conocidas muestra a una chica que se ahoga entre olas y dice que prefiere hundirse antes que pedirle ayuda a un tal Brad. Era el melodrama romántico convertido en arte de museo.

La portada de «Que isso» tiene algo de esas viñetas. Las estrellitas, el círculo de luz, los colores planos. Pero los protagonistas no son una chica y un Brad. Son dos chicos con flecos. Y ninguno se ahoga: los dos se sostienen.

Rojo, verde petróleo, beige

Mike describe la paleta de la portada con tres colores muy concretos: rojo, verde petróleo y beige.

No son colores de ahora. Son los de los carteles de cine de los años cincuenta, impresos en litografía, con las tintas un poco desvaídas por el sol de las marquesinas. Son los de las cajas de cerillas antiguas, las etiquetas de las latas de conserva, los anuncios de las revistas de la época.

Esos colores tienen un efecto muy curioso: hacen que la imagen parezca vieja aunque sea nueva. Es un truco de nostalgia. Te hace sentir que esto ya existía, que lo estás encontrando en el fondo de un cajón, en un mercadillo de antigüedades, entre los papeles de un abuelo.

Y ese truco, aplicado a dos vaqueros que se cogen de la mano, produce un efecto de justicia retroactiva. Como si la película prohibida hubiera existido de verdad y alguien hubiera rescatado su cartel.

No existió. Pero la portada hace que parezca que sí. Y en el planeta Gayfolk, que trabaja tanto con la memoria, eso tiene mucho valor. La nota de prensa sobre memoria cultural del proyecto habla precisamente de eso: de construir un universo con la memoria cultural española y darle otra vuelta.

El asombro brasileño

Volvamos al título. ¿Por qué una exclamación brasileña para una portada de vaqueros?

Mike lo explica: el título hace de reacción del público, ese «¿pero esto qué es?» que se escapa cuando algo rompe lo esperado. No es la voz de los vaqueros. Es la voz de quien los mira.

Hay algo muy gracioso en que esa voz sea brasileña. Brasil es, en el imaginario de mucha gente, el país del Carnaval, de las plumas, de los tangas en Copacabana y de las drag gigantes. Un país donde parece que nada escandaliza. Que precisamente desde ahí venga el «¿que isso?» de sorpresa tiene su chiste.

Pero Brasil es también un país de contrastes muy fuertes en esto. Tiene uno de los desfiles del Orgullo más multitudinarios del mundo, el de São Paulo, y un Tribunal Supremo que reconoció las uniones entre personas del mismo sexo hace más de una década. Tiene estrellas queer enormes, como la drag Pabllo Vittar, o como Ney Matogrosso, que en los setenta escandalizaba con su androginia en plena dictadura militar. Y tiene, al mismo tiempo, cifras de violencia contra el colectivo que dan escalofríos.

Así que el «que isso» puede ser de asombro alegre o de escándalo moralista. Mike deja las dos opciones abiertas en la última frase de su ficha: escúchala y decide tú si es sorpresa, escándalo o simplemente amor.

Idiomas del planeta

El catálogo de Mike está lleno de idiomas que no son el castellano. Hay canciones en inglés, títulos en portugués, versos en italiano, alguna frase en alemán. El diario tiene una nota sobre canciones en otros idiomas que intenta explicar por qué.

En «Que isso», el idioma extranjero está solo en el título. Dos palabras. Pero bastan para cambiar el tono. Si la canción se llamara «¿Qué es esto?», sonaría a riña de madre. «Que isso» suena a fiesta, a sorpresa, a alguien que se ríe mientras se lleva la mano a la boca.

Y hay otra canción en la discografía que lleva el portugués en el título, «Sol e lua», sol y luna, que el planeta visitará en otra crónica. El planeta Gayfolk tiene, por lo visto, una pequeña colonia lusófona.

Lo que va delante y lo que va detrás

En la discografía de la web, «Que isso» es la pista 72. Justo antes está «Perverso narcisista», con su señor de la calavera en el despacho. Justo después, «3 años de garantía», que el diario leyó como un catálogo de derechos del consumidor aplicado al amor.

Ficha de la canción «Que isso» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

El orden es una casualidad del catálogo, pero tiene su gracia narrativa. Primero, el narcisista que manda desde atrás sin tocar a nadie. Luego, dos hombres que se tocan para consolarse. Luego, la garantía de lo que dura un amor.

Del despacho frío al abrazo. Del hombre que no consuela a los que sí. Del señor que manda sin levantar la voz a los dos chicos que ni siquiera necesitan hablar para entenderse.

El planeta no construye teorías sobre el orden de las pistas. Pero si alguien quiere escuchar las tres seguidas, tiene ahí un pequeño relato: cómo es el amor que hace daño, cómo es el que cuida y cuánto se supone que debe durar.

Autoparodia en el rodeo

Confesión de la casa: el planeta fue una vez a un bar country en Madrid. Uno de esos con cabezas de toro de plástico en la pared, sillas de montar como taburetes y clases de baile en línea los jueves.

Duró veinte minutos.

No por el ambiente, que era simpático. Fue porque la profesora de baile en línea, una señora de Fuenlabrada con sombrero tejano, le puso de pareja a un camionero de cien kilos que olía a colonia de Mercadona. Y en el tercer giro, el camionero le pisó, le pidió perdón, le dio una palmada en la espalda que casi le saca un pulmón y le dijo «tranquilo, campeón, que esto se aprende».

Fue lo más parecido a la portada de «Que isso» que le ha pasado al planeta. Dos hombres, un decorado del Oeste y una mano en el hombro.

No hubo frentes juntas. Pero hubo ternura de camionero, que también cuenta.

Sin duelo al final

Las películas del Oeste terminaban casi siempre igual: con un tiroteo en la calle principal y el héroe cabalgando hacia el atardecer. Solo.

La portada de «Que isso» termina antes de que llegue el tiroteo. O mejor dicho, no tiene tiroteo. Tiene dos vaqueros que han decidido que el duelo no les interesa. Que prefieren quedarse así, con las manos agarradas y las frentes casi tocándose, mientras las estrellitas de cómic giran alrededor.

El planeta no sabe si la letra cuenta su historia. Puede que hable de otra cosa completamente distinta. Pero la imagen ya cuenta una: la de la película que no se atrevieron a rodar, rodada por fin.

Y el título hace de público. Un público que se lleva la mano a la boca y dice, en portugués, lo que diría cualquiera.

Los datos, sin flecos

El single tiene videoclip oficial, de 3:25. Según mikesaintlouis.com, se subió al canal en septiembre de 2025. La ficha del single lo fecha el 21 de junio de 2026. Se puede escuchar en Spotify y bajarlo gratis desde la web.

La canción vive en «El día de la liberación», el último disco de la trilogía. La letra es de Mike y no ha pasado por ninguna IA. Lo que sí sale de herramientas como Suno es el sonido: música y voces. Él lo explica sin rodeos en la página de prensa.

Cuando la letra se publique, el planeta volverá a este cartel para ver si los vaqueros hablan. A lo mejor la canción es una historia de amor. A lo mejor es una historia de amistad. A lo mejor es puro asombro. Lo que diga la letra manda.

Fin

En los carteles de cine antiguos, abajo del todo, había siempre una línea en letra pequeña con la calificación moral de la película. Autorizada para todos los públicos. Mayores de dieciocho años. Gravemente peligrosa.

Si la película de la portada de «Que isso» se hubiera estrenado en 1955, la calificación habría sido la última.

En España, además, durante el franquismo, la Iglesia publicaba su propia calificación moral de cada película, con una escala que iba del uno, para todos los públicos, al cuatro, gravemente peligrosa. Se colgaba en la puerta de las parroquias y muchas familias la consultaban antes de ir al cine. Dos vaqueros juntando las frentes no habrían pasado ni del número.

En 2026, el planeta le pone otra.

Autorizada para todos los que alguna vez necesitaron una mano en el hombro.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Que isso»?

La letra todavía no está publicada en gayfolkplanet.com, así que este post no la cita. La portada muestra a dos vaqueros con camisas de rodeo bordadas, flecos, hebillas y tupé, que se agarran de las manos y bajan la mirada con las frentes casi tocándose, sobre un fondo de cartel antiguo con estrellitas de cómic. Mike la describe como un western al revés donde nadie se bate en duelo y alguien consuela.

¿Qué significa «que isso»?

Es una exclamación del portugués de Brasil que se usa cuando algo te pilla por sorpresa, entre el asombro y el «anda ya». Mike la interpreta como la reacción del público ante una imagen que rompe lo esperado.

¿En qué disco está?

En «El día de la liberación», el tercer acto de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 72 de la discografía de la web y la ficha del single lo fecha el 21 de junio de 2026.

¿Tiene videoclip?

Sí, un videoclip oficial de 3:25. Según mikesaintlouis.com, se subió al canal en septiembre de 2025.

¿Quién la ha hecho?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

Más notas

Apoyar en Ko-fi