Cultura LGTBI
Ser LGTBI en la España rural: visibilidad en los pueblos, sexilio y orgullos rurales, leídos con «Tan paleto» y otras letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

En muchos pueblos de España todo el mundo sabe quién eres. Sabe de quién eres hijo, en qué casa vives, con quién sales a la plaza y a qué hora vuelves de las fiestas. Esa cercanía tiene cosas maravillosas: nadie se queda solo en un entierro, alguien te guarda el pan si no llegas, los vecinos se cuidan. Pero para una persona LGTBI, esa misma cercanía puede convertirse en una vigilancia constante.
Durante décadas, la historia oficial de la vida queer en España ha sido una historia de ciudades: Chueca, Sitges, Torremolinos, el Eixample. El relato era siempre el mismo. El chico o la chica que se ahogaba en su pueblo, hacía la maleta y encontraba la libertad en Madrid o en Barcelona. Ese relato tiene mucho de verdad, pero no es toda la verdad. Hay personas LGTBI que se quedan, que vuelven y que montan asociaciones, orgullos y redes en lugares donde nadie lo esperaba.
Este texto recorre esa realidad con datos públicos y la pone al lado de varias canciones del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. «Tan paleto» y «Tan cateto» usan dos palabras que la ciudad ha lanzado siempre contra la gente de pueblo, pero para señalar otra cosa. «Boys from the Village» juega con la estética rural desde el título. Y «Me rindo» deja caer, en una lista de recuerdos de pareja, «los viajes al pueblo». Las citas salen del archivo de letras, tal como están publicadas.
«Paleto» y «cateto»: dos palabras de ciudad
En el español de España, «paleto» y «cateto» son insultos con código postal. Se usan para hablar de alguien de pueblo, poco refinado, que no sabe moverse en la ciudad. Detrás de esas palabras hay una idea muy vieja: que la gente del campo es ignorante y la de la ciudad, moderna.
«Tan paleto», del tercer álbum, «El día de la liberación», y «Tan cateto», del segundo, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», son dos versiones de la misma letra. Y lo interesante es que no usan esas palabras contra la gente de pueblo. Las usan contra alguien que se molesta porque una pareja de hombres va de la mano. La letra empieza así:
Que te molesta que vayamos de la mano Y me señalas con el dedo de juez acusador
Y el estribillo pregunta:
Pero ¿cómo puede ser usted tan cateto? No le voy a dar más explicaciones
En la canción, «cateto» y «paleto» no describen un lugar de nacimiento. Describen una mente cerrada. El personaje al que se dirige podría vivir en un ático del centro de Madrid. De hecho, la letra añade otros motivos de su enfado que no tienen nada de rurales: que el novio sea africano, que sus hijos vean un beso. Una nota del diario lo resumía en su título: la mente no tiene código postal.
Esa es una buena manera de empezar a hablar de la España rural. Los prejuicios no son propiedad de los pueblos, y la apertura no es propiedad de las ciudades. Hay homofobia en los barrios más caros y hay pueblos pequeños que han organizado su propio Orgullo.
La mano que no se da en la plaza
Aun así, vivir en un sitio pequeño tiene dificultades propias. La primera es la visibilidad. En una ciudad grande, una pareja de dos chicas que pasea de la mano es una más entre miles. En un pueblo de mil habitantes, es la noticia de la semana.

Un reportaje de RTVE de 2024 sobre el Orgullo en el mundo rural recogía el testimonio de una vecina de Estepa, en Sevilla, casada con una mujer. Contaba que en el pueblo no se dan la mano, pero que cuando salen a una ciudad están más tranquilas. Y añadía que, con el tiempo y la edad, «se va perdiendo la vergüenza y ganando libertad». El mismo reportaje citaba un dato de la Agencia de los Derechos Fundamentales de la Unión Europea: el 48 % de las personas LGTBI en España evita ir de la mano con su pareja en público.
Ese gesto, darse la mano, es justo el que abre «Tan paleto». No es casualidad. Ir de la mano es uno de los actos más sencillos del amor, y uno de los que más incomodan a quien no quiere ver. En los pueblos, donde la plaza es el salón de todos, ese gesto pesa todavía más.
La segunda dificultad es la falta de referentes. Si nunca has visto a una persona como tú en tu entorno, es difícil imaginar que tu vida sea posible ahí. El presidente de la Red de Municipios Orgullosos lo explicaba en el mismo reportaje: la realidad LGTBI en los entornos rurales siempre ha sido más compleja porque hay menos referentes, menos iguales y mucha invisibilidad histórica.
El sexilio: irse para poder ser
Hay una palabra para la huida: sexilio. Se refiere a quienes abandonan el lugar donde viven por su orientación sexual, su identidad o su expresión de género. En 2025, la FELGTBI+ y la Universidad de Salamanca publicaron el informe «Estado del Odio LGTBI+: Sexilio», el primer estudio en España que analiza el fenómeno de forma sistemática, a partir de una encuesta de 800 entrevistas.
Los datos son contundentes. El 13 % de las personas LGTBI+ ha cambiado de residencia por estas razones, y un 21,5 % se lo ha planteado. Más de un tercio, por tanto, ha vivido o contemplado el desplazamiento como única vía para poder ser quien es sin temor al rechazo.
Pero el informe también desmonta un tópico. El sexilio no va únicamente del pueblo a la ciudad. El 43,4 % de las personas desplazadas procedía de grandes ciudades, el 26,9 % del extranjero y el 13,5 % de entornos rurales. Se huye de un barrio, de una familia, de un país. La federación lo describe como un fenómeno urbano, transnacional y con muchas causas.
Entre los jóvenes, en cambio, el patrón rural aparece con más claridad. El 16,3 % de los jóvenes LGTBI+ ha tenido que cambiar de residencia y un 23,7 % lo ha considerado seriamente: en total, un 40 %. La mayoría sale de pueblos o ciudades pequeñas. Y las razones no son solo la violencia: un 38,3 % se va para poder expresarse libremente, un 31,9 % para tener un proyecto de vida con pareja, trabajo o estudios, y un 29,8 % en busca de redes de apoyo, amistades o referentes.
El informe recuerda también que irse no garantiza una vida mejor. El 17,3 % de las personas sexiliadas ha vivido en la calle, frente al 5,5 % del conjunto de la población LGTBI+, y sus indicadores de salud mental son peores. La FELGTBI+ ha anunciado que trabajará con la Dirección General de Políticas contra la Despoblación para diseñar políticas que eviten que nadie tenga que huir de su pueblo para ser quien es.
Despoblación y diversidad
Ese último dato conecta dos debates que casi nunca se cruzan: la España vaciada y los derechos LGTBI. Cuando una persona joven se va de su pueblo porque no se siente segura, el pueblo pierde a alguien. Pierde a un posible maestro, a una enfermera, a quien podría haber abierto un negocio o cuidado de sus padres.
Si los pueblos quieren atraer y retener población, la diversidad es parte de la respuesta. Un pueblo donde una pareja de dos hombres puede comprar una casa, ir al bar y apuntar a sus hijos al colegio sin miedo es un pueblo con más futuro. La Federación lo dice con otras palabras: el lugar de residencia no puede seguir determinando el grado de libertad y dignidad con el que una persona LGTBI vive en España.
«Los viajes al pueblo»
En «Me rindo», del segundo álbum, hay una lista de recuerdos de pareja que, de repente, parecen falsos. Es una canción de ruptura con un narcisista, y en medio de la incredulidad aparece esto:

los viajes al pueblo, el paseo con los perros, las navidades,
La canción no habla de la vida rural. Pero ese verso dice mucho sin proponérselo. «Los viajes al pueblo» aparecen como parte de la vida normal de una pareja de dos hombres, junto al paseo de los perros y las navidades. Ir al pueblo de uno de los dos, presentarle a la familia, pasar allí unos días. Para muchas parejas LGTBI de generaciones anteriores, eso era impensable. Que hoy aparezca en una canción como un recuerdo cotidiano, casi aburrido, es una señal de cuánto han cambiado las cosas.
Claro que en «Me rindo» ese recuerdo duele, porque la relación se revela como una farsa. Pero lo que duele es el engaño, no el pueblo. El pueblo está ahí como escenario de una vida compartida que el personaje creía verdadera.
«Boys from the Village»: el pueblo como disfraz
«Boys from the Village», también del segundo álbum, todavía no tiene su letra publicada, pero su portada lo dice casi todo. Un atardecer en el campo, un granero de madera con un molino detrás. En primer plano, un chico con gafas de aviador, bigote, camisa vaquera abierta, tirantes y un cinturón con hebilla grande. La presentación de la canción explica que el título juega con un guiño: los chicos del pueblo, que a lo mejor no son tan de pueblo.
El guiño apunta a Village People, el grupo de disco creado en 1977 cuyo nombre venía de Greenwich Village, el barrio de Nueva York donde estaba el bar Stonewall. Sus miembros se vestían de iconos masculinos: el vaquero, el policía, el obrero, el motero. Era una parodia y un homenaje a la vez, y se convirtió en parte de la cultura gay.
Lo interesante es el cruce de significados. En inglés, «village» es un barrio urbano y gay. En español, «pueblo» es lo contrario de la ciudad. La canción juega con esa ambigüedad, y la estética del cowboy recuerda que lo rural también ha sido siempre un territorio de deseo queer. Basta pensar en «Brokeback Mountain», la película de Ang Lee de 2005, sobre dos vaqueros que se enamoran en las montañas de Wyoming.
Elisa y Marcela: una boda en Galicia en 1901
La historia LGTBI de la España rural tiene capítulos sorprendentes. Uno de los más conocidos es el de Elisa Sánchez Loriga y Marcela Gracia Ibeas, dos maestras que trabajaron en escuelas rurales de Galicia. El 8 de junio de 1901 se casaron en la iglesia de San Jorge de A Coruña. Elisa se presentó como un hombre, con el nombre de Mario. Cuando se descubrió, el escándalo llegó a la prensa de media Europa, y las dos tuvieron que huir, primero a Portugal y después a Argentina.
Es considerado el primer matrimonio entre dos mujeres documentado en España. Su historia ha sido contada en libros y en la película «Elisa y Marcela» de Isabel Coixet, estrenada en 2019. Y recuerda algo importante: siempre hubo personas LGTBI en los pueblos y en las aldeas, aunque tuvieran que esconderse o huir.
Muchas otras historias no han llegado a los libros. Están en la memoria de los pueblos: el soltero de toda la vida que vivía con su «amigo», las dos maestras que compartían casa, el mozo que se fue a la ciudad y nunca volvió. Recuperar esas historias es una forma de decirle a quien crece hoy en un pueblo que no es el primero ni el único.
Orgullos rurales y municipios orgullosos
En los últimos años ha crecido una red de iniciativas que demuestra que la diversidad también se organiza en el campo. La Red de Municipios Orgullosos empezó con diez municipios sevillanos y en 2024 superaba los 200, de comunidades como Andalucía, Extremadura o Aragón. Los ayuntamientos que se suman se comprometen a programar cada año acciones para las personas LGTBI y sus familias, a formar al personal municipal y a organizar actos de visibilidad.

En 2024, en Pedrera, un municipio sevillano de unos 5.000 habitantes, nació Pedrera Visible, la primera asociación LGTBIQA+ de la sierra sevillana, con más de 30 socios entre personas del colectivo y simpatizantes. Su concejala de Igualdad contaba que en los talleres de sensibilización era interesante que participaran personas mayores, porque en esa generación los prejuicios estaban más arraigados. Y advertía de que ahora preocupan también los jóvenes, por la homofobia que llega desde las redes sociales.
En 2026, el proyecto Plumas de Pueblo, impulsado desde el Proyecto Hortensia, puso en marcha un mapa colaborativo con cerca de 70 colectivos, asociaciones, orgullos rurales, festivales y redes de apoyo mutuo de pueblos y comarcas de toda España. Su objetivo es desmontar el estereotipo de que el medio rural es un lugar poco diverso o poco amable, y conectar a quienes trabajan en sitios pequeños y con poca visibilidad.
Hay muchas otras experiencias: orgullos en pueblos de pocos cientos de habitantes, banderas en el balcón del ayuntamiento, fiestas patronales con carroza propia. Cada una de ellas cambia algo. Para un adolescente que nunca había visto una bandera arcoíris en su pueblo, verla colgada en la plaza puede ser la primera señal de que puede quedarse.
La verbena, la copla y la orquesta
La cultura popular de los pueblos ha tenido siempre una relación ambigua con lo queer. Las folclóricas, la copla y las orquestas de verbena han sido territorios de pluma, de exceso y de travestismo festivo, del carnaval a la fiesta de disfraces. En muchas fiestas de pueblo hay una tradición de hombres vestidos de mujer que nadie considera escandalosa, siempre que sea «de broma».
El catálogo del Planeta Gayfolk bebe mucho de esa cultura popular. Su homenaje a la rumba, «Camela», se presenta como un tributo a un sonido que sigue sonando «en cada coche, en cada pueblo, en cada corazón». La tecnorrumba de Camela, el grupo de Leganés, ha sido la banda sonora de mil verbenas y mil viajes en coche por carreteras secundarias. Que un proyecto queer la reivindique sin ironía es una forma de decir que esa cultura también es nuestra.
El nombre mismo del proyecto, GAYFOLK, une lo gay con lo folk, lo popular, lo que viene del pueblo en el sentido amplio. No es una cultura que mira desde la ciudad con superioridad. Es una cultura que reconoce sus raíces en la verbena, la copla y la feria.
Crecer queer lejos de la ciudad
Para un adolescente LGTBI en un pueblo, internet ha cambiado mucho las cosas. Hoy puede encontrar referentes, información y comunidad desde el móvil, sin tener que esperar a mudarse. Pero internet también trae discursos de odio, como advertía la concejala de Pedrera, y aplicaciones de citas que en un pueblo pequeño pueden convertirse en un riesgo para la intimidad.
En el reportaje de RTVE, la vecina de Estepa contaba que, al probar una aplicación de citas, encontró a chicas de su propio pueblo, y que una de ellas se negó a conocerla en persona para no salir del armario. Es un ejemplo de lo difícil que puede ser la vida afectiva cuando todo el mundo se conoce.
En el diario hay dos notas que tocan este tema desde otro ángulo: «Crecer queer en un pueblo» y «Cuando un pueblo habla de ti». La segunda pone nombre a algo que cualquiera que haya crecido en un sitio pequeño conoce: el peso del qué dirán.
Volver: el viaje de ida y vuelta
El relato clásico del sexilio termina en la ciudad. Pero muchas historias no acaban ahí. Hay personas que se fueron a los dieciocho, vivieron veinte años en Madrid o en Barcelona y, un día, volvieron. Unas para cuidar de sus padres. Otras porque el teletrabajo les permitió vivir donde quisieran. Otras, simplemente, porque echaban de menos el silencio, el huerto o a la gente de siempre.

Volver tiene algo de revancha tranquila. Quien se fue con miedo puede regresar con pareja, con una vida hecha y sin pedir permiso a nadie. Y su sola presencia cambia el pueblo. Los vecinos que nunca habían conocido a un matrimonio de dos mujeres descubren que son las que compran el pan a la misma hora que ellos, que van al bar los domingos y que se preocupan por la vecina enferma. La convivencia desmonta muchos prejuicios que ningún discurso había conseguido mover.
No siempre es fácil. A veces vuelven también los comentarios a la espalda, las miradas en misa o las bromas de los mayores en la partida de cartas. Pero quienes vuelven suelen contar que, con el tiempo, el pueblo se acostumbra. Como decía la vecina de Estepa, se va perdiendo la vergüenza y ganando libertad.
Para los jóvenes que todavía están allí, esas personas que regresan son justo lo que faltaba: referentes. Un adolescente que ve a dos hombres de cincuenta años arreglando juntos el tejado de su casa entiende algo que no le había contado nadie. Que se puede ser de pueblo y ser gay, lesbiana, bisexual o trans, sin elegir entre las dos cosas.
Si vives en un pueblo y lo estás pasando mal
Si eres LGTBI y vives en un pueblo donde te sientes solo o en peligro, hay recursos que pueden ayudarte, aunque no estén en tu calle:
- Busca tu red. El mapa de Plumas de Pueblo reúne iniciativas LGTBIQA+ del medio rural de toda España. La FELGTBI+ (913 604 605) puede orientarte hacia la asociación más cercana a tu provincia.
- Pregunta en tu ayuntamiento. Si tu municipio forma parte de la Red de Municipios Orgullosos, o tiene un punto de igualdad, puede ofrecerte información y apoyo.
- Si sufres una agresión o un insulto, puedes denunciarlo ante la Guardia Civil o la Policía. Los delitos de odio por orientación o identidad están castigados en el Código Penal.
- Si te sientes desbordado o piensas en hacerte daño, en España puedes llamar al 024, la línea de atención a la conducta suicida, gratuita y disponible a cualquier hora, o al 112 si es una emergencia. El Teléfono de la Esperanza atiende crisis emocionales en el 717 003 717. Si estás fuera de España, llama a tu número local de emergencias.
Y si decides irte, que sea una decisión libre. Si decides quedarte, que sea porque puedes ser tú mismo. Las dos opciones son legítimas.
Ningún sitio es demasiado pequeño
Volvamos a «Tan paleto». La canción termina negándose a dar explicaciones a quien juzga desde fuera: «No voy a aceptar consejos de ningún espectador». Esa frase sirve para cualquier sitio. En la plaza de un pueblo o en una calle del centro, nadie tiene que justificar que va de la mano de quien quiere.
El reto es que esa libertad llegue a todas partes. Que el lugar donde naces no decida si puedes ser quien eres. Que los «viajes al pueblo» sean, para cualquier pareja, un recuerdo cotidiano. Y que los chicos y las chicas del pueblo, los de verdad, no tengan que hacer la maleta para poder vivir.
Ficha
«Tan paleto» pertenece a «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify; «Tan cateto» es la versión del segundo álbum. Las letras son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que se presenta como «el primer cantautor IA»; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Los personajes de las letras son inventados. Los datos proceden del informe «Estado del Odio LGTBI+: Sexilio» de la FELGTBI+ y la Universidad de Salamanca (2025), de un reportaje de RTVE de 2024 sobre el Orgullo rural y de la presentación pública del proyecto Plumas de Pueblo. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el sexilio?
Es el abandono del lugar donde se vive por motivos de orientación sexual, identidad o expresión de género. Según el informe «Estado del Odio LGTBI+: Sexilio» de la FELGTBI+ y la Universidad de Salamanca (2025), el 13 % de las personas LGTBI+ en España ha cambiado de residencia por estas razones y un 21,5 % se lo ha planteado.
¿El sexilio es solo del pueblo a la ciudad?
No. El mismo informe recoge que el 43,4 % de las personas desplazadas procedía de grandes ciudades, el 26,9 % del extranjero y el 13,5 % de entornos rurales. Entre los jóvenes, en cambio, la mayoría de quienes se van salen de pueblos o ciudades pequeñas.
¿Qué es la Red de Municipios Orgullosos?
Una red de ayuntamientos y entidades locales que se comprometen a programar cada año acciones para las personas LGTBI y sus familias, como formación del personal municipal y actos de visibilidad. Empezó con diez municipios sevillanos y en 2024 superaba los 200 de varias comunidades.
¿De qué tratan «Tan paleto» y «Tan cateto»?
Son dos versiones de la misma letra, en el tercer y el segundo álbum. Responden a alguien que se molesta porque una pareja de hombres va de la mano o se besa en público, y usan «paleto» y «cateto» para hablar de una mente estrecha, no de un lugar.
¿Dónde encontrar apoyo LGTBI si vivo en un pueblo?
El mapa colaborativo Plumas de Pueblo reúne cerca de 70 colectivos, orgullos y proyectos LGTBIQA+ del medio rural. También puedes acudir a la FELGTBI+ (913 604 605) o a la asociación LGTBI de tu provincia. Si estás en crisis, llama al 024 o al 112; fuera de España, a tu número local de emergencias.