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Cultura LGTBI

La hora de las estrellas: «Soy marica sideral», el spanglish y la pluma que no pide perdón

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Portada de «Soy Marica Sideral», canción de Mike Sain't Louis

Un día en la Tierra dura veinticuatro horas. Eso lo sabe todo el mundo. Lo que sabe menos gente es que eso es solo si se mide con el sol. Si se mide con las estrellas, el día dura casi cuatro minutos menos. Veintitrés horas, cincuenta y seis minutos y pico. Los astrónomos lo llaman día sideral.

La diferencia se debe a que la Tierra, mientras gira sobre sí misma, también avanza alrededor del sol, y tiene que dar un poquito más de vuelta para que el sol vuelva a quedar en el mismo sitio del cielo. Las estrellas, mucho más lejanas, no necesitan ese extra. Por eso los observatorios llevan dos relojes: uno para la gente y otro para el cielo.

Es decir: quien vive con el reloj de las estrellas va siempre un poco adelantado. Cada día le sobran cuatro minutos respecto al resto. Al cabo de un año, le ha dado tiempo a vivir un día más que los demás.

Esa es la primera lectura de «Soy marica sideral». Una marica que no se rige por el sol de todos. Que tiene su propio reloj, sus propias estrellas, su propio calendario. Y que no pide permiso para llevar la hora cambiada.

En el diario ya hay varias notas sobre esta canción, entre ellas la de brillar sin gritar, que se centra en la luz que no es ruido. Esta crónica va por otro lado. Mira el reloj de la palabra «sideral», mira la mezcla de idiomas y termina delante de un espejo que se rompe.

Lo que significa sideral

Sideral viene del latín sidus, que es estrella o constelación. Lo sideral es lo que tiene que ver con los astros. Del mismo tronco sale «considerar», que en origen era mirar las estrellas con atención para adivinar algo, y «desear», según algunas etimologías, que sería echar de menos una estrella.

En castellano de calle, «sideral» se usa sobre todo para exagerar. Una distancia sideral. Un frío sideral. Una diferencia sideral. Algo tan grande que no cabe en la Tierra y hay que medirlo con el cielo.

La canción usa las dos cosas. La marica sideral es de las estrellas, del espacio, del planeta Gayfolk que queda tan lejos de las normas de aquí. Y es también una marica a una distancia sideral de lo que se esperaba de ella. De lo que tu madre, tu jefe o tu ex esperaban.

Así que el adjetivo no es decoración. Es la distancia exacta, medida en años luz y no en kilómetros.

No vine a salvar tu mood

La canción empieza en dos idiomas a la vez: «No vine a salvar tu mood, / vine a tomar mi space».

Es un arranque de declaración de principios. No vine a arreglarte el día. No vine a animarte la fiesta. No vine a ser la amiga graciosa que entretiene al grupo. Vine a ocupar mi sitio.

Y eso, en la cultura gay, tiene historia. Durante mucho tiempo, la manera de que te aceptaran en un grupo de heteros era ser el gracioso. El que anima. El que hace reír a las chicas y no amenaza a los chicos. El bufón de la corte, con permiso para tener pluma siempre que la pluma sirviera para entretener.

«No vine a salvar tu mood» es la dimisión de ese puesto. El bufón se quita el gorro de cascabeles y se sienta. No ha venido a trabajar. Ha venido a estar.

El spanglish como pasaporte

Toda la letra está así, a dos idiomas. «I don't ask for permission, / mi vida no es un test.» «Don't confuse my light with noise, / yo no grito pa' brillar.» «I'm not here pa' tu despecho.»

Fotogramas del videoclip oficial de «Soy marica sideral», de Mike Sain't Louis

Ese ir y venir entre el español y el inglés en mitad de una frase tiene nombre técnico, cambio de código, y es una de las cosas más normales del mundo para millones de hablantes. En Nueva York, en Miami, en Los Ángeles, en Puerto Rico, la gente habla así en la cocina de su casa. Y desde hace años el pop en español lo ha llevado a todas las listas.

Lo interesante es lo que hace aquí. La parte en inglés suele ser la más dura, la más de eslogan: «I don't ask for permission», «Don't confuse my light with noise». Frases de camiseta, de pancarta de Orgullo, de bio de Instagram. Y la parte en español suele ser la más íntima o la más castiza: «mi vida no es un test», «yo no grito pa' brillar», «baby, aprende a respirar».

Es como si el inglés fuera el traje de fiesta y el español la ropa de casa. Las dos cosas valen. La marica sideral cambia de una a otra según el momento, como quien se pone tacones para salir y zapatillas al volver.

Y hay un detalle en ese «pa'», que no es de Madrid. Es la contracción de toda la América hispana, del Caribe, de Andalucía. Un madrileño diría «para» o, como mucho, «pa» sin apóstrofe en la boca. La letra lo escribe con apóstrofe, como en las canciones de reguetón. El idioma de la canción no es de ningún sitio concreto. Es sideral también.

Mi vida no es un test

«I don't ask for permission, / mi vida no es un test.»

La palabra test tiene muchas capas para una marica. Están los test de revista de los noventa, aquellos de «¿Eres un buen amante?» o «¿Qué tipo de novio te conviene?», que se hacían en la peluquería con un boli prestado. Están los cuestionarios de internet que prometían averiguar si alguien era gay con diez preguntas sobre su color favorito y su postura al sentarse. Están los exámenes de hombría del patio del colegio, que no tenían preguntas escritas pero que se suspendían igual: cómo tiras un balón, cómo cruzas las piernas, qué deportes te gustan.

Y está ese test permanente que es la mirada de los demás. ¿Será? ¿No será? ¿Se le nota? ¿No se le nota? Toda una infancia y una adolescencia pasando exámenes que nadie había convocado oficialmente.

«Mi vida no es un test» es la frase de quien ha dejado de presentarse a esos exámenes. No va a demostrar nada. No va a contestar ninguna pregunta sobre sí misma. No hay nota que sacar.

Y el verso está en castellano. El inglés pone el eslogan del permiso. El español pone la vida.

Ahora brillo sin stress

«Yo camino sin ruido, / y ahora brillo sin stress.»

Hay una palabra pequeña en esos versos que lo cambia todo: «ahora». Ahora brillo sin estrés. Es decir, antes no. Antes brillar costaba. Antes brillar daba ansiedad.

Esa palabra cuenta una historia entera sin contarla. La de alguien que durante años vivió con la tensión de ser visto. De calcular cada gesto. De medir cuánta pluma se podía enseñar en cada sitio. De tener una versión para casa, otra para el trabajo, otra para los amigos y otra para la noche. Esa vigilancia constante cansa muchísimo, y hay quien la ha estudiado en serio y la llama estrés de minoría.

La marica sideral ya no vive así. O, por lo menos, ha llegado a un punto en el que brillar no le cuesta la salud. «Ahora». No dice cómo llegó. No dice cuánto tardó. Solo marca la frontera entre un antes y un después.

Es una de esas palabras que la gente se salta al escuchar una canción. Y es la más importante del verso.

Marica, con todas sus letras

El título no se anda con eufemismos. No dice «gay sideral», ni «chico sideral», ni «persona LGTBI sideral». Dice «marica».

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Don't confuse my light with noise, yo no grito pa' brillar.» de «Soy marica sideral»

La palabra ha sido durante generaciones uno de los insultos más usados en España. Se gritaba en el patio, se escribía en las puertas de los baños, se decía en voz baja en las comidas familiares. Y, como ha pasado con otras palabras de ese tipo en otros idiomas, la gente a la que iba dirigida acabó cogiéndola y poniéndosela de corona. En inglés pasó con queer. En castellano pasa con marica, con maricón, con bollera.

Ponerla en el título de una canción de orgullo es un gesto de propiedad. Esta palabra es mía. Me la tirasteis como una piedra y la he pulido hasta que brilla.

Y luego, encima, se le añade un adjetivo de astronomía. Marica sideral. El insulto del patio, convertido en algo del espacio. La palabra que se decía con asco, puesta en órbita.

Si tu macho se confunde

Hay un verso que es puro descaro: «Si tu macho se confunde, / let him watch my grace».

La escena es muy reconocible. Una fiesta, una boda, una discoteca. Llega la marica con pluma, y el novio de alguien se pone nervioso. Mira. Deja de mirar. Vuelve a mirar. Se confunde.

Y la canción no se disculpa. No dice «perdona». Dice que mire. Que mire la gracia, la elegancia, el estilo. Si tu macho se confunde, el problema no es mío.

Ese «tu macho» tiene además un retintín muy concreto, de barra de bar y de cuarto de baño de discoteca donde las amigas se retocan el maquillaje y se cuentan quién ha mirado a quién. Es como se refieren a los hombres heteros algunas mujeres y algunas maricas, con una mezcla de cariño y de guasa. «Tu macho». Como si fuera una mascota. Y en el verso hay un juego de poder: la marica sideral no se esconde para que el macho esté tranquilo. Es el macho el que tiene que aguantarse.

Silencio con tacones

El estribillo tiene la definición más bonita de la canción: «Soy silencio con tacones».

Es una contradicción física. Los tacones suenan. Es lo primero que se oye cuando alguien los lleva por un pasillo de mármol: clac, clac, clac. Un silencio con tacones es imposible. O casi.

Y precisamente por eso funciona. Porque la marica sideral es eso: alguien que se hace notar sin hacer ruido. Que entra en una sala y todo el mundo se gira, aunque no haya dicho nada. Los tacones no son para hacer ruido. Son para estar más alta.

La nota del diario sobre brillar sin gritar ya habló de esto. Lo que se puede añadir es la imagen de los tacones en la historia queer. Desde los clubes de drag de los años veinte hasta la vogue de los salones de baile de Harlem, pasando por las travestis de los cabarets del Paralelo en Barcelona, los tacones han sido muchas cosas: disfraz, arma, bandera. Aquí son silencio. Que es lo último que uno esperaría de ellos.

Exagerada, teatral, emocional

En la segunda estrofa la canción cambia de tono y se vuelve personal: «Me han llamado exagerada, / teatral y emocional».

Collage con un detalle de la carátula de «Soy marica sideral» y las carátulas de «Not your supply», «El Día de la Liberación»

Tres etiquetas que cualquier hombre gay con pluma ha oído alguna vez. En el colegio, en casa, en el trabajo. Y, a veces, dentro del propio ambiente, donde la pluma sigue siendo mal vista por quienes prefieren parecer «normales». En los perfiles de las aplicaciones de ligue durante años se leyó la frase «no plumas», que se convirtió en el ejemplo más claro de lo que en España se ha llamado plumofobia.

La canción recoge las etiquetas y las pone en fila, como pruebas de un juicio. Exagerada. Teatral. Emocional. Y luego le da la vuelta a la acusación: «Pero nadie dice nada / del puto narci de manual».

Es decir: mientras se juzga al que expresa demasiado, se perdona al que manipula en silencio. La marica teatral es sospechosa. El narcisista de manual, que no levanta la voz, pasa por persona equilibrada. La canción señala esa injusticia con un taco bien puesto. «Puto narci de manual.» Después de tanto inglés, el insulto llega en castellano de barrio.

Tu aplauso equivale a morder

Hay un verso raro y muy fino en esa estrofa: «No me cambio ni me escondo, / tu aplauso equivale a morder».

Parece una frase torcida, y lo es a propósito. El aplauso debería ser algo bueno. Pero hay aplausos que muerden. El aplauso condescendiente, el «qué valiente eres» dicho con cara de pena, el «yo no tengo nada en contra» que viene antes del «pero». El aplauso del que te tolera mientras no te pases.

La marica sideral ha aprendido que ese aplauso es una dentellada. Que el que te aplaude por haber salido del armario puede ser el mismo que te pide que no hagas tanta pluma en la cena de empresa. Y por eso no se cambia para merecerlo. Prefiere el silencio al aplauso con dientes. Y lo dice sin rencor, como quien rechaza una invitación a una cena donde sabe que le van a sentar en la mesa de los niños. Gracias, pero no. Prefiero cenar en casa, tranquila, con mis tacones y mi silencio.

Es una de las líneas más adultas de la canción. No hace falta caerle bien a todo el mundo. A veces caer bien cuesta demasiado.

I don't shrink

Un poco antes hay un verso en inglés que va en la misma línea: «I don't shrink pa' que te sientas / más seguro en tu papel».

Shrink es encogerse. Hacerse pequeño. La palabra es exacta para describir algo que hace muchísima gente LGTBI sin darse cuenta: reducirse para no molestar. Bajar la voz, quitarse los pendientes para ir a casa de los padres, hablar de «mi pareja» en vez de «mi novio», no tocar a nadie en público. Encogerse para que el otro se sienta seguro.

La canción lo rechaza en una mezcla de idiomas que también es significativa. «I don't shrink» en inglés, como eslogan. «Pa' que te sientas más seguro en tu papel» en español, como explicación. El papel del otro, que se siente seguro mientras uno se encoge, es el papel del que manda.

Y si la marica no se encoge, al otro se le mueve el suelo. Esa es la amenaza.

No es mi pluma el problema

La última estrofa es la que da sentido a todo: «Y si no sabes mirarme, / no es mi pluma el problema. / Es tu espejo el que se quiebra / cuando el miedo te envenena».

Ficha de la canción «Soy marica sideral» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Aquí la canción hace la operación más importante del orgullo: devuelve el problema a quien lo tiene. No soy yo el que tiene que cambiar. Eres tú el que no sabe mirar.

La pluma, en el habla de la calle, es todo eso que delata: los gestos, la forma de mover las manos, la voz, la manera de andar. «Tener pluma», «se le cae la pluma». Durante décadas fue lo que había que esconder. La canción la pone en el centro y la deja ahí, intacta.

Y luego el espejo. El que se quiebra no es el de la marica. Es el del otro. Cuando el que mira con asco ve a alguien con pluma, lo que se rompe es su propia imagen. Su seguridad. Su idea de lo que es un hombre. Y la canción dice que eso pasa «cuando el miedo te envenena». El odio, en esta letra, es miedo con mala cara.

Esa frase es lo más parecido a una moraleja que tiene la canción. Y llega una vez, seca, sin repetirse.

Baby, aprende a respirar

El estribillo tiene un consejo con guasa: «Si te escuece que no ruegue, / baby, aprende a respirar».

Escocer es un verbo de herida. De alcohol en un rasguño. Al otro le escuece que la marica no ruegue. Que no pida perdón por existir. Que no suplique un sitio en la mesa.

Y la respuesta es de instructora de yoga con mala leche. Aprende a respirar. Inspira, espira, y aguanta. Es el «tranquilízate» que se dice a alguien que está teniendo una rabieta. El «baby» delante lo hace todavía más condescendiente. Es lo que una diva le diría a un fan pesado en la puerta del camerino.

En esa línea está toda la actitud de la canción. No se pelea. No se defiende. Le pasa al otro la responsabilidad de calmarse.

Una marica en la segunda parte

La canción está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», la segunda parte de la trilogía, la del anhelo de llegar a un sitio donde vivir sin pedir permiso. Y es, en cierta forma, la canción de quien ya ha empezado a vivir así aunque todavía no haya llegado al planeta. Lleva el reloj sideral puesto en la Tierra.

Tiene su videoclip oficial, cortito, de dos minutos y medio, en la página del vídeo. La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor madrileño, y la música y las voces se han hecho con inteligencia artificial, como explica la sala de prensa.

El diario tiene una nota sobre el orgullo como algo de todos los días que la menciona junto a otras. Y en el catálogo hay otra canción bilingüe que va por un camino parecido, «Not your supply», escrita entera en inglés, contra el mismo tipo de narcisista de manual.

Para ponerla con los tacones puestos

Si la vas a escuchar, que sea antes de salir. Mientras te arreglas, frente al espejo. Fíjate en los cambios de idioma y en cuándo llega el inglés y cuándo vuelve el castellano. Cuenta los tacones del estribillo.

Y cuando llegues a la estrofa del espejo, mírate en el tuyo. Si se rompe algo, que no sea el tuyo.

La letra completa y los enlaces están en la ficha del single. Y en Spotify, para la próxima vez que alguien te pida que bajes un poco la pluma.

Cuatro minutos

Vuelta al reloj de las estrellas.

Cada día sideral le saca cuatro minutos al día solar. Cuatro minutos que nadie ve, que no salen en ningún calendario, que se van sumando en silencio. La marica sideral vive con esos cuatro minutos de ventaja. Va un poco adelantada respecto al mundo. Sabe cosas antes. Brilla antes.

Y no hace ruido con ello. No lo anuncia. No pide que se lo reconozcan.

Cuatro minutos al día, sin gritar, sin pedir permiso a nadie.

Al final del año, una vida entera más.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «marica sideral»?

Sideral es lo relativo a las estrellas. En la canción, «Soy silencio con tacones, / soy marica sideral» define a alguien que brilla a su manera, sin gritar: «yo no grito pa' brillar».

¿Por qué mezcla español e inglés?

La letra alterna los dos idiomas desde el primer verso: «No vine a salvar tu mood, / vine a tomar mi space». Es un registro de pop bilingüe muy extendido hoy.

¿En qué disco está?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», la segunda parte de la trilogía GAYFOLK.

¿Quién la ha hecho?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se han hecho con inteligencia artificial.

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