Salud mental
Abuso narcisista en parejas LGTBI: señales, salida y lo que aprendí después de dos relaciones, con «Not Your Supply»
Por Mike Sain't Louis ·

Si hoy estás mal, antes de leer nada más. Si piensas en quitarte la vida, llama al 024 (gratis, 24 horas, confidencial, también por chat en sanidad.gob.es/linea024). Si hay peligro inmediato, al 112. Si vives en Madrid y tu pareja te maltrata, el Programa de Información y Atención LGTBI te atiende en el 91 701 07 88. Al final del texto hay más teléfonos.
Me llamo Mike Sain't Louis. Soy letrista, compositor y productor musical, de Madrid, y me presento como «el primer cantautor IA»: escribo las letras y produzco, y la música y las voces se hacen con inteligencia artificial. Este texto no va de canciones, aunque haya una de fondo. Va de algo que me pasó y que quiero contar sin rodeos, porque callarlo no ayuda a nadie.
Me enamoré a los 22 años. Después tuve dos relaciones que fracasaron. Y con el tiempo entendí que en las dos había vivido lo que hoy se conoce como abuso narcisista. De cómo fue enamorarme tan joven ya escribí en mikesaintlouis.com, en «Enamorado desde los 22». Aquí quiero hacer otra cosa: mirar el abuso narcisista desde dentro de la comunidad LGTBI, explicar por qué entre dos hombres o entre dos mujeres a veces cuesta todavía más verlo, y dejar una guía práctica para quien esté ahora mismo en una relación así.
No voy a dar nombres ni detalles. No los necesito para que se entienda. Lo que sí voy a hacer es nombrar las cosas, porque lo que no tiene nombre no se puede pedir que pare.
Una palabra que se usa demasiado y se entiende poco
«Narcisista» se ha convertido en un insulto de moda. Se lo llamamos al ex que no contesta, al jefe que no da las gracias, al amigo que habla mucho de sí mismo. Ese uso tan suelto tiene un problema: vacía la palabra y hace que, cuando de verdad la necesitas, suene a exageración.
Conviene separar dos cosas. Por un lado está el trastorno narcisista de la personalidad, un diagnóstico clínico que describen los manuales de psiquiatría y que solo puede hacer un profesional después de evaluar a una persona. Yo no he evaluado a nadie y no voy a diagnosticar a nadie. Por otro lado está el abuso narcisista, una expresión divulgativa que usan terapeutas, asociaciones y supervivientes para describir un patrón de maltrato psicológico en la pareja: idealización, desvalorización, descarte, y por el camino control, manipulación y una falta de empatía que te deja helado.
Cuando digo que descubrí que mis dos parejas eran narcisistas, hablo desde ahí. Desde lo que viví y desde el patrón que reconocí después, con ayuda. No hace falta un informe clínico de la otra persona para saber que algo te está haciendo daño. Basta con mirar lo que te pasa a ti.
El ciclo: del pedestal al suelo
Quienes han pasado por una relación así suelen describir tres fases que se repiten.
- La idealización. Al principio todo es intenso. Mensajes constantes, planes, promesas de futuro muy pronto, la sensación de que por fin alguien te ve. En inglés lo llaman love bombing, bombardeo de amor. Desde fuera parece un cuento.
- La desvalorización. Poco a poco aparecen las críticas, el frío, los silencios como castigo, las comparaciones. Lo que antes le encantaba de ti ahora le molesta. Empiezas a medir cada palabra.
- El descarte. Un día te deja, o te trata como si ya no existieras, a menudo sin explicación. Y muchas veces, al poco tiempo, vuelve, y el ciclo empieza otra vez.
Lo más difícil de entender desde fuera es que la primera fase hace muy difícil irse en la tercera. Te quedas esperando que vuelva la persona del principio. Lo conté en la canción «El descarte del narcisista», que en el diario de este planeta se leyó como una carta a la siguiente víctima: alguien que avisa a quien viene detrás de lo que le espera.
«I'm not your supply»: lo que dice la canción
«Not Your Supply» es una canción en inglés del tercer álbum, «El día de la liberación». Su título viene de una idea muy extendida entre quienes hablan de abuso narcisista: la de supply, el suministro. Según esa idea, la persona narcisista necesita de los demás atención, admiración, reacción, igual que un motor necesita gasolina. Tú dejas de ser una persona y pasas a ser una fuente.

La letra lo dice con frases muy cortas. «You call when you are empty / You leave when you are full». Llamas cuando estás vacío, te vas cuando estás lleno. Y luego: «You say that I'm too sensitive / You say that I'm the fool». Dices que soy demasiado sensible, dices que el tonto soy yo. Cualquiera que haya vivido esto reconoce ese giro: el problema nunca es lo que te hacen, sino lo que tú sientes al respecto.
El estribillo es una negativa: «I'm not your supply, I'm not your drug». No soy tu suministro, no soy tu droga. Hay otra imagen que se queda: «You touch like it's a business / You stay like it's a loan». Tocas como si fuera un negocio, te quedas como si fuera un préstamo. Lo que debería ser cariño se convierte en una transacción en la que siempre debes algo.
En el diario ya hubo una lectura de esta canción, «Not Your Supply: dejar de ser gasolina». Aquí la uso como punto de partida para algo más amplio: qué tiene de particular esto cuando la pareja es del mismo sexo.
Por qué en parejas LGTBI cuesta más verlo
El maltrato no entiende de orientaciones. Pero hay circunstancias que lo hacen más difícil de reconocer y de contar cuando dos hombres o dos mujeres son pareja.
- Falta de modelos. Muchos crecimos sin ver parejas como las nuestras en la tele, en la familia o en el colegio. Si no sabes cómo es una relación sana entre dos chicos, es más difícil saber cuándo una no lo es.
- El mito de la igualdad. Se piensa que entre dos hombres no puede haber maltrato porque «son iguales», o que entre dos mujeres todo es cuidado. Ese mito hace que el entorno, y a veces la propia víctima, no se lo tome en serio.
- La amenaza del armario. Una pareja que maltrata puede amenazar con contar tu orientación a tu familia o en tu trabajo. Es una forma de control que no existe de la misma manera en otras parejas.
- Una comunidad pequeña. Los mismos bares, los mismos amigos, las mismas aplicaciones. Romper puede significar perder también tu círculo, o tener miedo de que la otra persona cuente su versión antes que tú.
- La homofobia interiorizada. Hay quien piensa, sin decirlo, que no merece algo mejor. O que denunciar sería dar la razón a quienes dicen que nuestras relaciones no funcionan.
- Menos recursos específicos. La mayoría de los servicios contra la violencia en la pareja se diseñaron pensando en mujeres maltratadas por hombres. Es necesario, y a la vez deja a otras personas sin saber a qué puerta llamar.
Ninguna de estas cosas es culpa tuya. Son el terreno sobre el que el maltrato se apoya.
Violencia intragénero: ponerle nombre legal
En España, la violencia en parejas del mismo sexo se llama a menudo violencia intragénero. Es importante saber una cosa: la Ley Orgánica 1/2004 de violencia de género protege a las mujeres frente a la violencia de sus parejas o exparejas hombres. Cuando el maltrato ocurre entre dos hombres o entre dos mujeres, no entra en esa ley, pero sigue siendo delito. El Código Penal castiga el maltrato en el ámbito familiar y de pareja, las amenazas, las coacciones y el acoso, sea quien sea la víctima.
Eso significa que puedes denunciar en una comisaría o en un juzgado de guardia, pedir una orden de protección y tener asistencia jurídica. También significa que el maltrato psicológico, el que no deja marcas visibles, cuenta. El control, los insultos continuos, el aislamiento y las amenazas son violencia.
Si te cuesta dar el paso, las asociaciones LGTBI pueden acompañarte. En Madrid, el Programa de Información y Atención LGTBI de la Comunidad ofrece atención psicológica, social y jurídica gratuita.
El frío, el control y la culpa
Hay formas de daño que se repiten tanto en los relatos de supervivientes que merece la pena describirlas, para que quien las esté viviendo pueda reconocerlas.

El silencio como castigo. Dejar de hablarte durante días sin explicación, para que seas tú quien pida perdón sin saber por qué. En el diario hay una nota entera sobre esto, sobre la ley del hielo.
La luz de gas, o gaslighting. Negar cosas que pasaron, cambiar la historia, hacerte dudar de tu memoria hasta que te preguntas si estás exagerando o inventando. En el catálogo hay una canción con ese título, «Gaslighting», escrita como un número de drag en cinco movimientos.
La triangulación. Meter a otras personas en la relación, reales o insinuadas, para que compitas por la atención.
El aislamiento. Criticar a tus amigos, hacer que cada plan sin él o sin ella sea un problema, hasta que tu mundo se reduce a la pareja.
La culpa. Que cada discusión termine con la sensación de que el problema eres tú. «You say that I'm too sensitive», dice la canción.
Nada de esto convierte a nadie en tonto por haberlo aguantado. Estas dinámicas funcionan precisamente porque se instalan poco a poco, mezcladas con momentos buenos.
Por qué no te vas (y por qué no es debilidad)
La pregunta que más daño hace a quien ha vivido maltrato es: «¿Y por qué no te fuiste antes?». Hay respuestas.
Porque al principio fue maravilloso y esperas que vuelva. Porque el cariño intermitente engancha más que el cariño constante: es la lógica de las máquinas tragaperras. Porque te han convencido de que nadie más te querrá. Porque has perdido amigos por el camino y no sabes a quién llamar. Porque tienes miedo. Porque quieres a esa persona.
En mi caso, lo que puedo decir es esto: me enamoré a los 22 y, tras dos relaciones fallidas, entendí que las dos personas eran narcisistas. Entenderlo no es una cuestión de inteligencia: muchas veces faltan las palabras.
Lo que pasa después: la herida no se va con la ruptura
Romper no es el final. Muchas personas que salen de una relación así describen después ansiedad, miedo a volver a confiar, dificultad para dormir, una tristeza que no se va. A veces aparecen problemas que ya estaban y que la relación tapó o empeoró.
En mi caso, las relaciones se sumaron a otras heridas más antiguas. Sufrí bullying de niño y abusos sexuales repetidos en la infancia, y todo eso junto acabó siendo una bomba de relojería. A los 41 años me diagnosticaron depresión mayor de gravedad elevada, fobia social, trastorno de estrés postraumático, trastorno de evitación y ansiedad. No digo que las relaciones causaran todo eso. Digo que formaron parte de una historia que tuvo que estallar para que yo pidiera ayuda. Esa historia la cuento en otros textos de esta serie.
Hoy una buena psicóloga me está ayudando a seguir adelante. No lo digo como frase hecha. Lo digo porque es verdad y porque quiero que quien lea esto sepa que la ayuda existe.
Hablar del suicidio por su nombre
Después de una relación de maltrato, algunas personas tienen pensamientos de suicidio. Hay que poder decirlo así, con su nombre, sin rodeos. Callarlo no protege a nadie. La Organización Mundial de la Salud insiste en que hablar del suicidio de forma responsable ayuda a prevenirlo, y en que preguntar a alguien si piensa en quitarse la vida no le mete la idea en la cabeza: le abre una puerta.
Si te pasa a ti, no estás roto ni eres débil. Estás sufriendo mucho, y ese sufrimiento se puede tratar. Llama al 024. Es gratuito, confidencial, funciona las 24 horas y tiene chat. Si sientes que estás en peligro ahora, llama al 112 o ve a urgencias.
Si te preocupa alguien, pregúntale directamente cómo está y si ha pensado en hacerse daño. Escúchale sin juzgar. Ayúdale a llamar. No le dejes solo si crees que hay riesgo.
Pedir ayuda funciona. La mayoría de las personas que atraviesan una crisis así salen adelante con apoyo.
Señales de alerta en tu relación
Esta lista no es un test ni sirve para diagnosticar a nadie. Sirve para pararte un momento y mirar.

- Te sientes peor contigo desde que estás con esa persona, aunque no sepas explicar por qué.
- Mides lo que dices para evitar su enfado o su silencio.
- Has dejado de ver a amigos o a tu familia, y no del todo por decisión tuya.
- Dudas de tu memoria después de las discusiones.
- Controla tu móvil, tu dinero o tus horarios, o te pide que le rindas cuentas.
- Amenaza con contar tu orientación, tu estado serológico o cosas íntimas.
- Las disculpas vienen con condiciones o nunca llegan.
- Tienes miedo de su reacción.
Si reconoces varias, no hace falta que lo tengas todo claro para hablar con alguien.
Primeros pasos si estás dentro
- Cuéntaselo a una persona de confianza. Una sola basta para empezar.
- Apunta lo que pasa, con fechas, en un lugar seguro. Te ayudará a no dudar de tu memoria y, si algún día denuncias, servirá.
- Llama a un servicio especializado. No tienes que haber decidido nada para llamar. La Línea Arcoíris de FELGTBI+ (91 360 46 05) y, en Madrid, COGAM (91 523 00 70) y el Programa de Información y Atención LGTBI (91 701 07 88) escuchan y orientan.
- Piensa en tu seguridad. Si temes por tu integridad, el 112. Una denuncia puede ir acompañada de una orden de protección.
- Si decides irte, muchas personas encuentran útil cortar el contacto o reducirlo al mínimo. En el diario hay una nota sobre eso, «No contact: cortar con un narcisista».
Cómo buscar psicólogo, también sin dinero
No hace falta tocar fondo para ir a terapia. Pero si estás en el fondo, es un buen momento.
- Sanidad pública. Pide cita con tu médico de familia en el centro de salud. Puede derivarte a salud mental. Las listas de espera existen, pero es tu derecho.
- Asociaciones LGTBI. COGAM ofrece asesoría psicológica gratuita. El Programa de Información y Atención LGTBI de la Comunidad de Madrid también tiene atención psicológica. Fuera de Madrid, la Línea Arcoíris te puede orientar hacia recursos de tu comunidad.
- Colegios de psicólogos. Tienen buscadores de profesionales colegiados. Puedes pedir a alguien con experiencia en trauma y en diversidad sexual.
- Pregunta sin miedo. En la primera sesión puedes preguntar si ha trabajado con parejas del mismo sexo o con maltrato psicológico. Una buena profesional no se molesta.
En el diario hay una guía de preguntas frecuentes sobre la terapia para quien no ha ido nunca.
Volver a querer sin volver al mismo sitio
Una de las preguntas que más se repiten entre supervivientes es si podrán volver a confiar en alguien. No tengo una respuesta para todos. Sí sé algunas cosas que dicen los profesionales.
Que la intensidad del principio no es una prueba de amor. Que el amor sano suele ser más tranquilo, más aburrido incluso, que el que te dejó hecho polvo. Que poner límites no es ser difícil. Que alguien que te quiere no te pide que te hagas pequeño.
Y que no pasa nada por tardar. Antes de volver a abrirte a otra persona, a veces hace falta reconstruir otras cosas: tus amigos, tus rutinas, la confianza en tu propio juicio. Eso que en este planeta se llama familia elegida también sirve para esto.
La rabia también es información
La canción «Not Your Supply» no es suave. Tiene rabia. «You bleed on me to fill your need». Sangras sobre mí para llenar tu necesidad. Durante mucho tiempo, muchas personas que salen de una relación así sienten que no deberían enfadarse, que lo maduro es perdonar y pasar página.
Pero la rabia no es mala. Es una señal de que algo no estaba bien. Lo importante es qué haces con ella. Yo la meto en las letras. Hay canciones del catálogo, como «Another Narcissist», que son pura rabia convertida en estribillo. Eso no sustituye a la terapia, pero es mi manera de no tragármela.
Lo que la comunidad puede hacer
El maltrato en parejas LGTBI se combate también desde fuera de la pareja. Durante décadas, el colectivo ha tenido que dedicar sus fuerzas a defenderse de la violencia que venía de fuera: la homofobia en la calle, en las leyes, en las familias. Eso explica, en parte, que haya costado tanto mirar hacia dentro y reconocer que también entre nosotros hay relaciones que hacen daño.

Reconocerlo no da armas a nadie. Al contrario. Una comunidad que habla de violencia intragénero es una comunidad que cuida mejor a los suyos. Hay cosas sencillas que se pueden hacer. Que los bares, los grupos de amigos y las asociaciones no miren hacia otro lado cuando alguien cuenta que su pareja le controla. Que no se ría el chiste de «eso son cosas de maricas». Que se hable de esto en las charlas del Orgullo igual que se habla del VIH o de los delitos de odio. Que quien acaba de salir del armario sepa, desde el principio, que el amor entre dos chicos también tiene que ser un sitio seguro.
Y que nadie tenga que elegir entre denunciar y quedarse sin su gente. Si los amigos comunes toman partido sin escuchar, la víctima pierde dos veces. Escuchar a las dos partes no siempre es neutral. A veces es dejar sola a quien más lo necesita.
Si estás acompañando a alguien
Si sospechas que un amigo o una amiga está en una relación así:
- No le des un ultimátum. «O lo dejas o me voy» suele empujar a la persona hacia quien la maltrata.
- No hables mal de su pareja todo el rato. Es más útil hablar de lo que ves en tu amigo: que está apagado, que ya no sale, que parece tener miedo.
- Sigue ahí. Aunque cancele planes, aunque vuelva con esa persona. Que sepa que hay una puerta abierta.
- Ofrece información sin presionar. Un teléfono, un enlace, la oferta de acompañarle a una cita.
- Si hay riesgo, actúa. Si crees que corre peligro o habla de quitarse la vida, llama al 112 o al 024.
Lo que quiero que te lleves
Que lo que viviste tiene nombre. Que no estás exagerando. Que entre dos hombres o entre dos mujeres también hay maltrato, y también se puede denunciar. Que salir es posible, aunque cueste. Que la herida no se cierra con la ruptura, y que para eso existe la ayuda profesional. Y que hablar del suicidio, de la depresión y del maltrato, en voz alta, es una forma de cuidarnos entre todos.
Ponerle nombre ayuda. Lo cuento por si a alguien le sirve para ponérselo antes.
Teléfonos y servicios
- 024: atención a la conducta suicida. Gratuito, confidencial, 24 horas, también por chat en sanidad.gob.es/linea024.
- 112: emergencias.
- Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, atención en crisis.
- Fundación ANAR: 900 20 20 10 y 116 111, si eres menor o te preocupa un menor.
- Confederación Salud Mental España: información y guías en consaludmental.org.
- COGAM: asesoría psicológica gratuita, 91 523 00 70.
- Programa de Información y Atención LGTBI de la Comunidad de Madrid: 91 701 07 88.
- Línea Arcoíris de FELGTBI+: 91 360 46 05.
- Fundación 26 de Diciembre, para personas LGTBI mayores: 910 028 417.
Serie de salud mental. Este texto forma parte de una serie en la que cuento, sin detalles, el abuso narcisista, el bullying, los abusos en la infancia y mis diagnósticos. Todos los textos y los teléfonos de ayuda están reunidos en la página de la serie.
Ficha
«Not Your Supply» pertenece a «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Las citas de la letra están tomadas del archivo de letras tal como están publicadas. Este texto forma parte de la serie de salud mental de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, «el primer cantautor IA»: la música y las voces se hacen con inteligencia artificial. Los datos personales son solo los que Mike ha querido compartir, sin nombres ni detalles de nadie. Es un texto informativo y no sustituye la atención de un profesional. La información oficial del proyecto está en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué es el abuso narcisista?
Es una forma de maltrato psicológico en la pareja que suele seguir un ciclo de idealización, desvalorización y descarte, con control, manipulación y falta de empatía. Es una expresión divulgativa, no un diagnóstico: el trastorno narcisista de la personalidad solo lo puede valorar un profesional.
¿Existe la violencia en parejas del mismo sexo?
Sí. Se llama violencia intragénero y puede ser psicológica, económica, sexual o física. En España la Ley de violencia de género se aplica a la violencia de hombres contra mujeres, pero el maltrato entre dos hombres o entre dos mujeres también es delito y se puede denunciar.
¿Dónde puedo pedir ayuda si mi pareja me maltrata y soy LGTBI?
En Madrid, el Programa de Información y Atención LGTBI de la Comunidad (91 701 07 88) y la asesoría psicológica de COGAM (91 523 00 70). En toda España, la Línea Arcoíris de FELGTBI+ (91 360 46 05). Si hay peligro inmediato, el 112.
¿Qué hago si tengo pensamientos de suicidio después de una ruptura así?
Habla hoy con alguien. El 024 atiende gratis, las 24 horas y de forma confidencial, también por chat. El Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717. Pedir ayuda funciona, y esos pensamientos se pueden tratar.
¿De qué habla «Not Your Supply»?
Es una canción en inglés del tercer álbum, «El día de la liberación». Su estribillo dice «I'm not your supply, I'm not your drug»: la persona que habla se niega a seguir siendo el combustible de alguien que solo llama cuando está vacío.