Planeta Gayfolk

Arte y mirada

Abrigo de pelo junto al canal fucsia: «Amsterdam» y la ciudad que se casó primero

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Portada de «Amsterdam», canción de Mike Sain't Louis

Son las cinco de la mañana y los canales están en fucsia.

No es un efecto del alcohol. Es la portada de «Amsterdam». El agua refleja una ciudad entera teñida de rosa intenso, casi de cartel luminoso: farolas encendidas, fachadas estrechas de esas que se inclinan un poco hacia delante, y al fondo, recortado contra el cielo, un molino. El molino está ahí para que no haga falta leer el título. Ya sabes dónde estás.

En primer plano, Mike. Pelo decolorado, cortado a los lados. Un abrigo enorme de pelo negro, de esos que pesan como una persona. El pecho al descubierto, porque en el planeta el frío es una opinión. Y la mirada hacia el suelo.

Esa mirada es la que hace la foto.

La letra de «Amsterdam» no está publicada todavía; su página de letras dice «próximamente». Aquí no se va a citar ningún verso ni a inventárselo. El propio Mike, en la presentación del single, avisa de que el nombre de la ciudad es lo único que dice el título y que el resto te toca imaginarlo a ti. Esta crónica imagina poco y mira mucho. Sobre todo, mira ese contraste entre la ciudad más libre de Europa y una cara que parece estar dándole vueltas a algo.

Después de la fiesta

Mike lo describe con una precisión de guionista: hay algo de después de la fiesta, de paseo de vuelta al hotel cuando ya no queda nadie en la calle.

Esa hora tiene su propia luz y su propia tristeza. La música se ha quedado dentro del club. Los oídos todavía pitan. Las piernas duelen de una forma agradable. Y de repente, en el silencio de la calle, la cabeza empieza a hacer lo que no ha podido hacer en toda la noche: pensar.

Es la hora en la que te acuerdas de lo que no quieres acordarte. La hora de los mensajes que no deberías mandar. La hora en la que miras el agua de un canal y te preguntas qué estás haciendo con tu vida, o con quién, o por qué no está aquí la persona que debería estar.

El abrigo de pelo negro es perfecto para esa hora. Es glamour puro, de diva saliendo de una gala, y a la vez es un refugio. Te metes dentro y desapareces. Mike dice que le gusta mucho el contraste entre el glamour del abrigo y la expresión de la cara. Es el contraste de toda una generación que salió a buscar la libertad a las ciudades y, una vez allí, descubrió que la libertad también tiene resaca.

La ciudad de la libertad

Ámsterdam carga con una fama enorme, y no es inventada.

Los Países Bajos fueron el primer país del mundo en abrir el matrimonio civil a las parejas del mismo sexo. La ley entró en vigor el 1 de abril de 2001, y esa misma medianoche, en el ayuntamiento de Ámsterdam, el alcalde Job Cohen casó a cuatro parejas. Fueron las primeras bodas igualitarias del planeta. El de verdad.

España llegó cuatro años después, en 2005, como tercer país del mundo, tras Bélgica. Pero la foto de aquella medianoche en Ámsterdam dio la vuelta al mundo y convirtió a la ciudad en símbolo.

No era la primera vez. Desde 1987, Ámsterdam tiene el Homomonument, un monumento formado por tres grandes triángulos de granito rosa junto al canal Keizersgracht, cerca de la iglesia de Westerkerk. Fue uno de los primeros memoriales del mundo dedicados a las personas perseguidas por su orientación sexual. El triángulo rosa es el que los nazis obligaban a llevar a los presos homosexuales en los campos de concentración. Uno de los tres triángulos baja hasta el agua del canal.

Y luego está el Orgullo, con su desfile por los canales, en barcos decorados, que se ha convertido en una de las imágenes más reconocibles de la ciudad. Un Orgullo que no va por la calle, sino por el agua.

Con todo eso detrás, el nombre «Amsterdam» en un single del planeta no es neutro. Llega cargado. Y por eso la mirada al suelo de la portada pesa tanto.

El rosa y el triángulo

Hay un detalle en la portada que, sabiendo lo anterior, cobra otra dimensión.

Fotogramas del videoclip oficial de «Amsterdam», de Mike Sain't Louis

Toda la imagen está bañada en rosa. Los canales, las fachadas, el cielo, el reflejo de las farolas. Mike lo describe como un rosa intenso, casi de cartel luminoso. En el planeta, el rosa es el color de la casa, y está en casi todas las portadas de la trilogía. Pero en Ámsterdam, el rosa tiene un monumento.

No sabemos si la elección de color tiene intención histórica o es simplemente la paleta del planeta aplicada a una postal holandesa. La portada no lo explica y aquí no se va a inventar una intención que no consta. Pero el que mira puede hacer la conexión por su cuenta. Un canal teñido de rosa en la ciudad donde un triángulo rosa de granito baja hasta el agua. Es difícil no verlo.

Lo bonito del planeta es que deja esas conexiones al alcance de la mano sin subrayarlas. No hay un triángulo en la portada. No hay un letrero. Hay agua rosa y un chico mirando al suelo.

Ojalá se pudiera viajar

«Amsterdam» está en «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía. En la web se explica que, una vez descubierto el planeta, el relato se centra en el anhelo de llegar a él: la distancia, la espera y las ganas de viajar a un lugar donde vivir sin pedir permiso.

Leído así, «Amsterdam» tiene todo el sentido en este disco. Es una ciudad real que, para muchas personas LGTBI de España, funcionó durante años como una versión terrestre del planeta. El sitio donde podrías vivir sin pedir permiso. La primera ciudad donde dos hombres pudieron casarse. El lugar al que te ibas de puente con tus amigos para sentir, aunque fuera tres días, que el mundo podía ser de otra manera.

Pero el álbum no se llama «Hemos llegado a Gayfolk». Se llama «Ojalá se pudiera viajar». Es un deseo, no una llegada. Y la portada de «Amsterdam» parece entender eso perfectamente. El protagonista está en la ciudad soñada y, aun así, mira al suelo. Ha llegado al sitio y algo no termina de encajar. Porque se puede viajar a una ciudad, pero no se puede viajar fuera de uno mismo.

Las ciudades del disco

El planeta tiene muchas ciudades en su catálogo. El diario del proyecto les dedicó una nota, «Ámsterdam, Barcelona, Dubái: las ciudades del planeta», en la que se lee que cada ciudad trae su propio imaginario y que Ámsterdam se asocia desde hace décadas a la libertad y a la tolerancia.

En el mismo segundo álbum está «Barcelona». En el tercero, «Dubai», con su portada de neón y cables luminosos. Y luego está Madrid, la ciudad desde la que se construye todo el proyecto, que aparece en títulos, en letras y en la propia biografía de Mike.

Si uno pone las portadas de esas ciudades juntas, aparece un mapa emocional curioso. Dubái es puro brillo, una noche de lujo que roza la parodia. Barcelona es mar y vida nocturna. Ámsterdam, en cambio, es la ciudad del bajón elegante. La que se visita con un abrigo carísimo y la cabeza en otra parte. Es la única de las tres en la que el protagonista no mira a cámara.

Abrigo de diva

Hablemos del abrigo, que se lo merece.

Un abrigo enorme de pelo negro sobre el pecho desnudo es uno de los gestos más antiguos del glamour. Es el uniforme de las divas de Hollywood bajando del coche en un estreno, el de las folclóricas de los sesenta en la puerta del tablao, el de las reinas drag que salen al escenario envueltas y se lo quitan de un tirón en el primer estribillo. El abrigo de pelo no sirve para abrigar. Sirve para entrar.

Y por eso es tan buena idea ponérselo para salir. Para la vuelta al hotel. Cuando ya no hay nadie a quien impresionar. Cuando el abrigo deja de ser vestuario y vuelve a ser lo que es en el fondo: una manta muy cara.

Hoy casi todos esos abrigos son de pelo sintético, y en el planeta no podía ser de otra manera: todo es de mentira y todo es verdad a la vez. Lo que importa es el volumen. Ese volumen negro, en una portada rosa, es como una sombra que el protagonista lleva puesta. Un agujero de oscuridad en mitad de la ciudad iluminada.

La imagen funciona como funcionan los mejores momentos del camp: una pose exagerada que, de repente, revela algo verdadero. El tipo del abrigo de diva no está posando para nadie. Se ha quedado solo con su vestuario.

Un puente largo

Hay una costumbre que muchos maricas españoles conocen bien: la escapada.

Collage con un detalle de la carátula de «Amsterdam» y las carátulas de «Light It Up», «No te vuelvo a mirar más», «Barcelona»

Un puente de diciembre, un fin de semana largo, un vuelo barato reservado de madrugada en el móvil. Tres o cuatro amigos, una habitación compartida, una lista de bares apuntada en las notas. Ámsterdam ha sido durante años uno de los destinos clásicos de esas escapadas, junto a Berlín, Londres o Lisboa. Se iba a ver la ciudad, claro. Pero también se iba a respirar.

Respirar es la palabra. Durante tres días, ir de la mano por la calle sin calcular quién te mira. Entrar en un bar sin revisar antes la puerta. Ver parejas de hombres mayores en bicicleta, con la compra en la cesta, como si fuera lo más normal del mundo. Porque allí lo era.

Y luego volver. El domingo por la noche, el avión de vuelta, la oficina el lunes. La sensación de haber estado en un sitio que debería ser el tuyo y no lo es.

Eso es exactamente lo que el segundo álbum de la trilogía llama deseo de viaje. «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» no habla de un planeta inventado por capricho. Habla de esa sensación del domingo por la noche, después de la escapada. Del billete de vuelta que nadie quiere usar.

La habitación del hotel

La portada se para en la calle, pero Mike la sitúa en el camino de vuelta al hotel. Y el hotel también cuenta.

Un hotel es un sitio de paso. Nada es tuyo. La cama la han hecho otros, las toallas las lavarán otros, la llave es una tarjeta que dejará de funcionar a mediodía. Para quien viaja buscando libertad, el hotel tiene algo de metáfora cruel: es el lugar donde puedes ser quien quieras precisamente porque no te vas a quedar.

En el planeta hay muchos espacios de paso. Cruceros, tanatorios, saunas, apps de ligar, estaciones de autobús. Las letras de Mike convierten esos sitios en escenarios de comedia y de tragedia. En «Croquetas en el crucero», por ejemplo, el barco de vacaciones se convierte en otra cosa: «¿Esto era un crucero o un Tanatorio de alta mar? / No lo sé, pero hay sardinas en el minibar». El minibar es el símbolo de esa vida provisional. Todo está a mano y nada es tuyo.

La vuelta al hotel de «Amsterdam» es eso: el regreso a una habitación que no es casa, en una ciudad que parece casa y tampoco lo es.

El molino

Volvamos a la portada, al fondo, al molino.

Ámsterdam no es, en realidad, una ciudad de molinos. Hay alguno dentro del término municipal, pero los famosos están en las afueras, en sitios como Zaanse Schans, donde los turistas van en autobús a hacerse la foto. En el centro histórico, el de los canales, lo que se ve son casas estrechas, bicicletas y puentes. El molino es un símbolo nacional, no urbano.

Que la portada lo ponga al fondo de un canal es un truco de postal, y Mike lo reconoce: ese molino te dice dónde estás sin necesidad de leer el título. Es la torre Eiffel de Holanda. El atajo visual.

Este tipo de atajo es muy camp. El camp adora los clichés usados con conciencia. Poner un molino junto a un canal es como poner una pandereta en una foto de Sevilla o una góndola en una de Venecia. Es exagerado, es de souvenir, es casi de cartel de agencia de viajes de los ochenta. Y precisamente por eso funciona. No es una foto documental. Es Ámsterdam tal y como la recuerda alguien que la ha soñado más que vivido.

Pelo decolorado

El peinado tampoco es casual.

Pelo decolorado, casi blanco, cortado a los lados. Es un look muy de club, de pista europea, de los que se ven en Berlín, Londres o, efectivamente, Ámsterdam a las cuatro de la mañana. Un pelo que dice «he salido» antes de que digas nada.

En otras portadas del planeta, Mike aparece con el pelo rosa, con tupé, con rizos revueltos por el viento. Cada portada tiene su peinado, como cada personaje de una serie tiene su vestuario. En «Amsterdam», el decolorado y el abrigo de pelo construyen un personaje concreto: el que ha ido a la gran ciudad europea a vivir la noche y ahora vuelve al hotel solo.

No sabemos qué ha pasado esa noche. No sabemos si vuelve con alguien en la cabeza o con nadie. Lo que sí sabemos es que va despacio. Nadie que tenga prisa camina mirando al suelo.

La cabeza dándole vueltas

Mike escribe que, en primer plano, hay alguien que parece estar dándole vueltas a algo. Es una expresión muy castiza. Darle vueltas a algo. Como se le dan vueltas al café con la cucharilla cuando no quieres beberlo todavía. Como se le dan vueltas a una frase que te dijeron y que no te deja dormir.

Ficha de la canción «Amsterdam» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

En las letras publicadas de Mike hay muchas cabezas dándole vueltas a cosas. En el registro más confesional del catálogo, el de «La playa del Mal Pas», aparece una de las frases más duras que ha escrito: «A los 40 años uno entiende que la mitad de su vida fue mentira y la otra mitad soledad.» No es una frase de «Amsterdam», que no tiene letra publicada. Pero es el tipo de pensamiento que uno tiene a las cinco de la mañana junto a un canal, después de una fiesta en la ciudad más libre del mundo.

La libertad no cura la soledad. A veces la hace más visible. Puedes estar en el sitio donde todo está permitido y sentir que no tienes a nadie a quien contárselo.

Si esa sensación se te hace muy grande y no se va con la luz del día, no te la guardes. Hablar con alguien ayuda. En España, el teléfono 024 atiende a cualquier persona que lo necesite, a cualquier hora, de forma gratuita y confidencial.

El vídeo de cinco minutos

«Amsterdam» tiene videoclip oficial de exactamente cinco minutos. Es uno de los clips largos del catálogo, que suele moverse entre los dos minutos y medio y los cuatro. En la transmisión de vídeos de la web aparece entre «No te vuelvo a mirar más» y «Light It Up», las mismas vecinas que tiene en el disco.

Cinco minutos es lo que dura un paseo corto. De la puerta del club al primer puente. Del primer puente a la esquina del hotel. Quien vea el vídeo después de mirar la portada sabrá en qué atmósfera entra: la de la ciudad rosa de madrugada.

Como todo el catálogo, la canción tiene letra escrita por Mike sin IA y música y voces hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno. El proyecto lo cuenta sin esconderlo en su sala de prensa, donde Mike se presenta como letrista, compositor y productor musical madrileño.

Las vecinas

En la lista numerada de singles de la web, «Amsterdam» está entre dos títulos que funcionan casi como un antes y un después.

Antes, en la pista 62, «Light It Up», con su portada de ángel tatuado caminando por la playa mientras se le prenden fuego las alas. Encender la noche. Después, en la 64, «No te vuelvo a mirar más», un título que ya es una decisión, casi un portazo.

Si uno lee las tres portadas seguidas, aparece una pequeña historia. Primero, la noche que se enciende. Luego, la vuelta a casa pensativa por los canales. Luego, la decisión de no volver a mirar a alguien. Fuego, bajón, portazo. Es la secuencia de muchas noches de muchas personas. No hace falta saber lo que dicen las letras para reconocerla.

Caminar de noche por cualquier ciudad

Mike cierra su presentación del single con una indicación muy suya: él la escucharía caminando de noche, por cualquier ciudad, aunque no tenga canales.

Esa última frase es la más bonita de toda la ficha. Aunque no tenga canales. Es decir: Ámsterdam no es un lugar, es un estado de ánimo. Puedes estar en Ámsterdam en la calle Fuencarral a las cinco de la mañana. Puedes estar en Ámsterdam en un paseo marítimo de Benidorm en enero. Puedes estar en Ámsterdam en el polígono de tu pueblo, volviendo a pie de la única discoteca de la comarca, con el abrigo cerrado y la cabeza dándole vueltas a algo.

Esa es la generosidad de la portada. Te enseña una ciudad concreta, con su molino y sus canales, y te deja llevártela a la tuya.

Lo que se sabe

Para no confundir lo que se ve con lo que se imagina, conviene apuntar lo que consta en las fichas públicas del single:

  • El título es solo el nombre de la ciudad, escrito en inglés y neerlandés de la misma manera: «Amsterdam».
  • La portada muestra canales en fucsia, farolas, fachadas estrechas y un molino al fondo, con Mike en primer plano, pelo decolorado, abrigo de pelo negro y pecho descubierto.
  • La canción está en el segundo álbum de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», en la pista 63.
  • Tiene videoclip oficial de cinco minutos.
  • La letra todavía no está publicada.

Todo lo demás de esta crónica es lectura de la imagen y contexto de la ciudad. Cuando la letra salga, se podrá comprobar si el paseo por los canales iba por aquí o por otro sitio. Hasta entonces, la portada manda.

Para escucharla

La canción está en Spotify y en su ficha del planeta, con descarga gratuita y directa. Si puedes, ponla de noche, caminando, con auriculares. No hace falta que lleves un abrigo de pelo, aunque si lo tienes, es su momento. No hace falta que haya agua cerca.

Basta con que sea tarde, con que la calle esté vacía y con que tengas algo a lo que darle vueltas. Que, a esas horas, siempre hay.

Preguntas frecuentes

¿Está publicada la letra de «Amsterdam»?

Todavía no. Su página de letras en gayfolkplanet.com dice «próximamente», así que esta crónica no cita versos de la canción: habla de la portada, el título, el vídeo y el disco.

¿En qué álbum está «Amsterdam»?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», la segunda parte de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis. Es la pista 63 de 86, entre «Light It Up» y «No te vuelvo a mirar más».

¿Quién escribió «Amsterdam»?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial como Suno.

¿Por qué Ámsterdam es importante para la historia LGTBI?

Porque los Países Bajos fueron el primer país del mundo en abrir el matrimonio civil a parejas del mismo sexo: las primeras bodas se celebraron en el ayuntamiento de Ámsterdam la medianoche del 1 de abril de 2001. La ciudad también tiene el Homomonument, inaugurado en 1987.

¿Tiene videoclip?

Sí, un videoclip oficial de 5:00 disponible en la sección de vídeos de gayfolkplanet.com y en YouTube.

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