Letras
Clase de gramática para una letanía: «Aquí escupo» palabra por palabra
Por Mike Sain't Louis ·

Quien pasó por un instituto español recuerda el ritual. El profesor escribía una frase en la pizarra y había que analizarla. Subrayar el sujeto, rodear el verbo, señalar el complemento directo, encontrar el circunstancial de lugar. Hacer flechas. Poner etiquetas debajo de cada palabra. Era un ejercicio árido, y muchas veces nadie entendía para qué servía.
Servía para esto. Para darse cuenta de que, en algunas frases, cada palabra está colocada a propósito.
«Aquí escupo» es una de esas canciones que se pueden poner en la pizarra. Es muy corta. Tiene versos de dos o tres palabras. Mike la describe en su ficha de «Canción a canción» como lo más cercano a un poema que hay en el Planeta Gayfolk: seca, con cuatro versos por estrofa y una sola acción repetida como un golpe.
El diario ya habló de ella como una letanía de todo lo que ya no se traga, con Mike explicando por qué la escribió como un inventario sin ordenar. Hoy el planeta coge la tiza. Va a hacer lo que se hacía en clase de lengua: análisis sintáctico y morfológico, palabra por palabra, con sus flechas y sus etiquetas. No para enfriar la canción, sino para ver cómo está hecha por dentro.
Advertencia previa, como en los libros de texto: el ejercicio contiene vocabulario explícito. La canción no lo esconde, y este análisis tampoco.
Ejercicio 1: identifica el verbo
Primera pregunta de cualquier análisis: ¿cuál es el verbo?
En «Aquí escupo» la respuesta es fácil. Escupir. En primera persona del singular del presente de indicativo: escupo. Yo escupo. Ahora, no ayer ni mañana.
El presente importa. La canción no cuenta algo que pasó ni algo que va a pasar. Está ocurriendo mientras suena. Cada vez que aparece «aquí escupo», el gesto se repite en directo, como si quien habla siguiera soltando cosas a medida que se le van ocurriendo.
Y la primera persona importa todavía más. No hay un «él» ni un «ella» en esta letra. No hay ningún personaje externo al que reprochar nada. Solo hay un «yo» que actúa. En un catálogo donde abundan los ex, las suegras y los narcisistas con nombre inventado, «Aquí escupo» no apunta a nadie. Se apunta a sí misma.
Escupir, además, es un verbo con mala fama. El diario lo recuerda: tiene mala prensa, es de mala educación, te lo dicen de pequeño. Pero hay otro escupir que no ensucia a nadie, y es el que se usa aquí: soltar lo que se lleva dentro porque, si se traga otra vez, envenena.
En términos gramaticales, escupir es un verbo transitivo. Necesita un complemento directo: se escupe algo. Y la canción va a dedicar casi todas sus líneas a decir qué.
Ejercicio 2: busca el complemento directo
Segunda pregunta: ¿qué se escupe?
Aquí el análisis se alarga, porque la respuesta es una lista. Si se recorren todas las estrofas, aparecen quince cosas.
Mi semen. Mi rabia. Mis tacones rotos. Mi falda manchada. Mi lengua. Mi miedo. Mi risa torcida. Mi grito en el suelo. Mi sangre de feria. Mis noches de polvo. Mis sueños de piedra. Mi hambre. Mi espanto. Mi amor de barriada. Mi pecho quebrado.
Quince complementos directos para un solo verbo. En una clase de lengua, el profesor diría que es una enumeración. Mike, en su ficha, la llama inventario. Y añade lo que más le impresiona: cómo mezcla lo sexual, lo físico y lo emocional sin jerarquías. El semen y el miedo van en la misma lista, porque en la vida de mucha gente queer de barrio van juntos.
Si se clasifican con frialdad de pizarra, salen varias familias. Hay fluidos del cuerpo: el semen, la sangre. Hay partes del cuerpo: la lengua, el pecho. Hay ropa: los tacones, la falda. Hay emociones: la rabia, el miedo, el espanto. Hay sonidos: la risa, el grito. Hay necesidades: el hambre. Hay cosas que no se tocan: las noches, los sueños, el amor.
Pero la letra no las ordena por familias. Las suelta mezcladas. El diario lo explica con una idea muy precisa: cuando por fin te permites decir lo que sientes, no sale clasificado por temas. Sale a borbotones, lo vergonzoso al lado de lo tierno.
Por eso el ejercicio de clasificar, en este caso, es casi una traición. Lo que la canción quiere decir está precisamente en que no hay clasificación.
Ejercicio 3: subraya los determinantes
Tercera pregunta, de las que solían hacer suspirar a la clase: señala los determinantes.

En «Aquí escupo» hay uno solo, repetido quince veces. Mi. O mis, en plural. Ni un artículo, ni un demostrativo, ni un indefinido. Todo lo que se escupe lleva delante un posesivo de primera persona.
Esto es mucho más importante de lo que parece. La canción no dice «escupo la rabia», que sería una rabia general, de cualquiera. Dice «mi rabia». No dice «unos tacones rotos», que podrían ser de cualquier persona. Dice «mis tacones rotos». Cada cosa tiene dueña.
Gramaticalmente, el posesivo establece una relación de pertenencia. Y lo que hace la letra, quince veces seguidas, es reclamar como propio todo lo que suelta. Lo vergonzoso y lo tierno. Lo sucio y lo bonito. El semen y el amor. Todo es mío.
Hay una paradoja preciosa en esto. Escupir es deshacerse de algo. Pero el posesivo dice que eso de lo que te deshaces es tuyo. Es decir, que la canción no está renegando de nada. No escupe para negar que la rabia o el miedo existan. Escupe para enseñarlos, para ponerlos fuera, donde se ven, sin dejar de reconocer que son suyos.
Mike lo resume en su ficha con una imagen: es el retrato de alguien a quien la vida no ha tratado con delicadeza y que, lejos de esconderlo, lo pone en el suelo para que todo el mundo lo vea.
Ejercicio 4: analiza los adjetivos
Cuarta pregunta: localiza los adjetivos y di de qué tipo son.
Hay pocos, y casi todos son del mismo tipo. Rotos. Manchada. Torcida. Quebrado.
Los cuatro son participios usados como adjetivo. Es decir, palabras que vienen de un verbo y que describen el resultado de una acción. Algo rompió los tacones. Algo manchó la falda. Algo torció la risa. Algo quebró el pecho.
Y los cuatro hablan de daño.
No hay ningún adjetivo bonito en esta canción. Ningún «relucientes», ningún «dulce», ningún «eterno». Todo lo que se describe ha sufrido algo. Los tacones no son de aguja ni de charol: están rotos. La risa no es alegre: está torcida.
El diario se detiene en dos de ellos. Tacones rotos y falda manchada, dice Mike, son imágenes de un cuerpo que ha salido, ha bailado, se ha caído y vuelve a casa hecho un cuadro. Y ponerlo en el centro de una letra, con sus roturas y sus manchas, es una forma de decir que no hace falta llegar impecable para tener derecho a hablar.
Gramaticalmente, un participio implica siempre que antes hubo una acción. Por eso estos cuatro adjetivos cuentan, sin contarla, una historia entera. Algo pasó. Alguna noche, alguna caída, alguna persona. La canción no explica qué. Solo enseña el resultado.
Ejercicio 5: el complemento del nombre
Quinta pregunta, de nivel avanzado: identifica los complementos del nombre.

Hay una estrofa entera construida con ellos. «Mi sangre de feria, mis noches de polvo, mis sueños de piedra.» Y en la siguiente aparece otro: «mi amor de barriada».
Cuatro sustantivos acompañados de un «de» y otro sustantivo que los define. Y cada uno de esos complementos lleva la canción a un sitio muy concreto.
De feria. La feria es fiesta popular, casetas, farolillos, pero también es el sitio donde corre la sangre de la plaza de toros. La expresión junta las dos cosas.
De polvo. Puede leerse como el polvo del suelo, el de los caminos y las noches sin asfaltar. Y puede leerse en su sentido coloquial, el sexual. La letra no elige, y con el semen al principio de la lista, la segunda lectura no es ninguna exageración.
De piedra. Los sueños suelen ser ligeros, de aire, de nube. Aquí son de piedra. Pesan. O quizá no se mueven. O quizá son los únicos que aguantan.
De barriada. Es el complemento que más le gusta a Mike. En el diario dice que «amor de barriada» le parece de las expresiones más bonitas que ha escrito, porque resume una manera de querer que no sale en las películas: la del vecino, la de la amiga de toda la vida, la del amor que se cuece entre portales y bares de esquina.
En su ficha, Mike agrupa estas imágenes bajo una etiqueta: copla oscura, de feria y de barriada. Y en el diario añade que ahí es donde se le nota la copla, aunque la música vaya por otro lado. La copla, recuerda, siempre ha sabido hablar de amores de barrio con la misma solemnidad que otros reservan para las tragedias griegas. El planeta tiene una nota entera sobre esa relación entre la copla y lo queer.
Ejercicio 6: el circunstancial de lugar
Sexta pregunta. Busca el complemento circunstancial de lugar.
Está en el título. Aquí.
Es un adverbio de lugar, y en gramática se clasifica como deíctico: una palabra cuyo significado depende de quién la dice y desde dónde. «Aquí» no significa nada por sí sola. Significa el sitio donde está la persona que habla. Si lo dice alguien en Madrid, es Madrid. Si lo dice alguien en un escenario, es el escenario. Si lo dice alguien en el suelo, es el suelo.
La canción repite «aquí» una y otra vez, siempre al principio del verso. Es la primera palabra de casi cada estrofa. Y ese lugar privilegiado lo convierte en la palabra más importante de la letra.
Mike lo explica en el diario con una de sus reflexiones más personales sobre el catálogo. Durante mucho tiempo, cuenta, a la gente como él se le ha dicho, de mil maneras, que su sitio era otro. Más discreto, más lejos, más callado. Que podían existir, pero en la trastienda. Por eso decir «aquí» con insistencia tiene peso.
Y aclara qué tipo de «aquí» es. No es un aquí geográfico, no habla de un barrio concreto ni de una ciudad. Es un aquí corporal: en este cuerpo, sin mudarse a un sitio más cómodo para los demás.
Gramaticalmente, eso convierte el adverbio en algo más que un circunstancial. Es una toma de posición. Literalmente: es decir dónde se posiciona quien habla. Y la respuesta es siempre la misma. Aquí.
Ejercicio 7: la oración simple
Séptima pregunta. Hay una estrofa que no tiene complementos directos. Analízala.

«Aquí vivo. Aquí ardo. Aquí sigo.»
Son tres oraciones simples, cada una con un adverbio y un verbo. Nada más. No hay sujeto explícito, porque en español no hace falta: la terminación del verbo ya dice que es «yo». No hay complementos. No hay adjetivos. Es la estructura mínima que puede tener una oración en castellano.
Mike llama a esta estrofa la columna vertebral de la canción. En su ficha la describe como frases mínimas con una progresión clarísima: se escupe para poder vivir, se arde, sí, pero se sigue.
Si se cuenta el verbo del título, son cuatro verbos. Escupo, vivo, ardo, sigo. Y la diferencia gramatical con el resto de la letra es importante. Escupir es transitivo: necesita algo que escupir. Vivir, arder y seguir, en esta estrofa, son intransitivos: no necesitan complemento. Se vive, se arde, se sigue, sin más.
Es como si, después de soltar todo lo que llevaba dentro, quien habla se quedara solo con lo esencial. Ya no hay lista. Ya no hay posesivos. Solo hay un cuerpo en un lugar haciendo tres cosas básicas.
El diario subraya la última. Arder podría sonar a consumirse, a acabar en cenizas, escribe Mike. Pero la secuencia cierra con seguir. Ardes y sigues. Te rompes y sigues. Y añade que es una idea que atraviesa mucho del Planeta Gayfolk: el dolor existe, no lo maquilla, pero la canción no se queda a vivir en él.
Ejercicio 8: los puntos suspensivos
Octava pregunta, de las que nunca entraban en el examen: comenta la puntuación.
Justo después de «aquí sigo», la letra vuelve a «aquí escupo», y esta vez con puntos suspensivos. Es el único momento del texto en que aparecen.
En la ortografía española, los puntos suspensivos indican una interrupción, una pausa, algo que queda en el aire. Aquí funcionan como un respiro. Después de la estrofa más rotunda de la canción, el verbo principal vuelve, pero arrastrado, como si quien escupe necesitara recuperar el aliento antes de seguir con la lista.
Y la lista sigue. Las dos últimas estrofas traen las imágenes más oscuras: la sangre de feria, los sueños de piedra, el hambre, el espanto, el pecho quebrado. La canción no termina en la afirmación de «aquí sigo», que habría sido el final redondo. Termina en «mi pecho quebrado».
Gramaticalmente, eso significa que la última palabra de la canción es un participio de daño. Igual que «rotos» o «manchada». La letra no ofrece un cierre consolador. Mike lo dice en su ficha sin rodeos: amable no es, ni pretende serlo. Es catártica.
Ejercicio extra: cuenta las sílabas
Este ejercicio no venía en el libro, pero cualquier profesor de literatura lo habría puesto. Cuenta las sílabas de los versos de la lista.
«Mi semen, mi rabia»: mi-se-men-mi-ra-bia, seis. «Mis tacones rotos»: mis-ta-co-nes-ro-tos, seis. «Mi falda manchada»: seis. «Mi lengua, mi miedo»: seis. «Mi risa torcida»: seis. «Mi grito en el suelo», uniendo la o de grito con la e de en, como manda la sinalefa: seis.
Y sigue. «Mi sangre de feria», seis. «Mis noches de polvo», seis. «Mis sueños de piedra», seis. «Mi hambre, mi espanto», con la sinalefa entre mi y espanto, seis. «Mi amor de barriada», seis. «Mi pecho quebrado», seis.
Todos los versos de la lista tienen la misma medida. Son hexasílabos, versos de seis sílabas, un metro de arte menor con mucha tradición en la poesía popular en castellano, la de los romancillos y las canciones de corro.
Frente a ellos, la columna vertebral es todavía más corta. «Aquí vivo», «aquí ardo», «aquí sigo»: cuatro sílabas cada uno. Es como si, en el centro de la canción, el verso se encogiera hasta quedarse con lo mínimo, igual que la gramática.
Esa regularidad no se nota al escuchar, porque la música la envuelve. Pero explica por qué la letra suena tan compacta, tan de golpe. Todo lo que se escupe cabe en la misma medida. El semen y el amor de barriada ocupan exactamente lo mismo.
Ejercicio 9: registro y estilo
Novena pregunta. Comenta el registro de la canción.

El registro de «Aquí escupo» mezcla dos cosas que en una clase de lengua se enseñan por separado. Por un lado, el vocabulario es directo, a veces crudo: semen, polvo, escupir. Por otro, la estructura es la de una letanía, la forma de oración repetitiva de la tradición religiosa, en la que una misma fórmula vuelve una y otra vez.
El diario la define así: una canción corta, repetitiva a propósito, construida casi como una letanía. Y en el mismo texto Mike sitúa su tono en un tipo de camp muy concreto. No el camp que guiña el ojo y se ríe de sí mismo, sino el de la exageración que no es broma sino supervivencia.
En su ficha añade otra referencia: la canción tiene algo de performance de cabaret underground, de esas en las que la artista acaba descalza y despeinada en mitad del escenario.
Si hubiera que ponerle una etiqueta de libro de texto, sería algo así: poema en verso libre, de arte menor, estructura anafórica, registro mixto entre lo litúrgico y lo coloquial. Y aun así, la etiqueta se quedaría corta. Porque ninguna clase de lengua prepara para una letanía que empieza por «mi semen».
Ejercicio 10: relaciona con otros textos
Décima y última pregunta del examen: relaciona el texto con otros del mismo autor.
En el mismo disco hay una canción que funciona casi como su negativo. En «Hetero», la letra termina diciendo que hay noches que no se explican: se tragan. «Aquí escupo» es justo lo contrario. Es la canción de quien ya no quiere tragar nada más. Puestas una al lado de la otra, cuentan dos momentos de una misma persona posible: la que aguanta el golpe en el rellano y la que, un tiempo después, decide soltarlo todo.
También comparte disco con «Canguros», que va justo detrás en la lista de singles de la web y que es exactamente su opuesto en tono: dulce, marinera, llena de rumores. Que las dos convivan en el mismo planeta dice mucho del rango del catálogo.
Ficha del texto
Para quien quiera escucharla, estos son los datos.
«Aquí escupo» es la pista 31 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. Su ficha la sitúa en el indie pop, el pop alternativo, el queer pop y el camp. Mike pone la letra, la composición y la producción; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.
Tiene videoclip oficial, de unos tres minutos, y se puede escuchar en Spotify.
Como en todas las letras de Mike, quien habla es un personaje. No es un retrato de nadie en concreto, sino una voz colectiva en la que pueden reconocerse muchas personas.
Para periodistas y medios, la sala de prensa reúne fotos, notas y material oficial del proyecto.
Deberes para casa
Los profesores de lengua siempre terminaban la clase con deberes. Los de hoy los pone Mike.
Escúchala, dice en su ficha, cuando estés hasta arriba de todo y no te apetezca que nadie te consuele. Cuando necesites, literalmente, escupir.
Y la dedicatoria funciona como la frase que se copia en la primera página del cuaderno: se la dedicaría a todas las travestis, maricas y locas que han salido adelante con los tacones rotos.
Si lo que hay dentro pesa tanto que escupirlo no basta, conviene hablarlo con alguien. El diario tiene una nota sobre salud mental LGTBI con recursos, y en España el 024 atiende gratis a cualquier hora del día.
Nota del profesor
Al final de un buen análisis, el profesor solía escribir una frase en rojo al pie de la hoja. Algo como «bien visto» o «falta concluir».
La nota para «Aquí escupo» sería breve. Quince posesivos, cuatro participios rotos, cuatro verbos y un adverbio que no se mueve. Ninguna palabra sobra. Ninguna está puesta por casualidad.
Y una observación al margen, en letra pequeña: el sujeto no aparece escrito en ningún verso, pero está en todos.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Aquí escupo» de Mike Sain't Louis?
No cuenta una historia: hace un inventario. La letra enumera lo que alguien suelta porque ya no quiere tragárselo (la rabia, el miedo, los tacones rotos, la falda manchada, el amor de barriada) y en el centro planta cuatro frases mínimas: «Aquí vivo. Aquí ardo. Aquí sigo».
¿Por qué Mike dice que es lo más parecido a un poema del planeta?
Porque es seca y breve: versos de dos o tres palabras, una sola acción repetida como un golpe y ninguna trama. Mike la describe en su ficha como lo más cercano a un poema que hay en el Planeta Gayfolk.
¿Qué significa el «aquí» de la canción?
Según Mike en el diario, no es un aquí geográfico, no habla de un barrio ni de una ciudad. Es un aquí corporal, una forma de decir que no hace falta mudarse a un sitio más cómodo para los demás para poder existir.
¿A quién está dedicada?
Mike se la dedicaría a todas las travestis, maricas y locas que han salido adelante con los tacones rotos. Y recomienda escucharla cuando estés hasta arriba de todo y no te apetezca que nadie te consuele.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.