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«Asqueroso coordinador»: un videoclip como venganza y una portada que nadie va a publicar

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Portada de «Asqueroso Coordinador», canción de Mike Sain't Louis

Dos tazas de café. Eso es lo que le concede la letra al ex para ver el vídeo. Dos, no una. Como si supiera que con una no le da tiempo a digerir lo que viene.

Lo puedes ver mientras te tomas dos tazas de café, o mientras cagas.

Y ahí está todo el método. Primero, el detalle doméstico, casi amable: el café de la mañana, la taza, la cocina. Después, sin cambiar de tono, el váter. Del desayuno al retrete en un verso y medio. Es la manera más rápida que existe de bajarle los humos a alguien: imaginarlo sentado en la taza, con el móvil en la mano, viendo cómo le dedican una canción entera para mandarlo a la mierda.

«Asqueroso coordinador» es eso. Una venganza que no se esconde, que se nombra a sí misma en el segundo verso y que, además, viene en formato vídeo. En este diario ya hay una nota que la lee como despecho camp con chanclas y resurrección, con la copla y el pop de hombreras de fondo. Esta crónica no va a volver sobre la tradición. Va a hablar del medio. De por qué, en 2026, la forma más rotunda de despedirse de un infiel ya no es una carta ni un portazo, sino un videoclip subido a YouTube.

Y de una portada de periódico que nadie va a imprimir.

La ficha, antes de que se enfríe el café

Lo que consta: «Asqueroso coordinador» es una canción de Mike Sain't Louis del primer álbum de la trilogía, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». El single salió el 5 de junio de 2026. En la discografía de la web es la pista 163 de 273, justo después de «El concierto de Ismael Serrano» y antes de «Me he enamorado de un policía que es dueño de una lavandería», que es un vecindario que ya quisieran muchas urbanizaciones.

Tiene su ficha con descarga gratis y se escucha en Spotify. La letra es de Mike, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces están hechas con inteligencia artificial, como en todo el catálogo, y los datos limpios para quien quiera citarlos están en el centro de prensa.

Y luego está el vídeo, que aquí es el protagonista.

«Mi último videoclip»

La letra no dice «esta es mi última canción». Dice «mi último videoclip». Y esa palabra cambia el sentido de todo.

Una canción se escucha. Un videoclip se ve. Y lo que se ve se puede compartir, reenviar, mandar por WhatsApp a las tres de la mañana con un emoji de llorar de risa. La venganza de antes era la carta que se dejaba en la mesa, la maleta en el rellano, el «ahí te quedas» con portazo. Se acababa en el momento. La venganza de la era del móvil tiene enlace, y un enlace no se acaba nunca. Está ahí. Lo puede ver tu madre. Lo puede ver tu jefe. Lo puede ver la del tercero.

El videoclip oficial dura 4:08 y en la transmisión de la web es el número 212 de 276. Lo bonito es el orden: justo antes está el de «Carta de recomendación» y justo después el de «Escupiré sobre tu tumba». Quien se ponga los tres seguidos tiene una trilogía de despedida de unos catorce minutos. Primero el informe de referencias. Luego el vídeo de la venganza. Después, la tumba. Ni las temporadas de «Sálvame» tenían esa estructura dramática.

Hay algo muy de este planeta en la idea de que el despecho se convierta en producción audiovisual. La página de Madrid lo cuenta sin rodeos: toda la discografía sale de un piso pequeño, con cafetera y teclado midi, composición, producción, arte y videoclips hechos por una sola persona. O sea, que el ex de la canción no recibe una venganza de despacho de abogados. Recibe una venganza artesanal, de las que se hacen en casa con la cafetera al lado. Igual hasta con dos tazas.

La lista de desgracias

Después del café y del váter, la letra se viene arriba y suelta una lista de desgracias que al narrador le dan exactamente igual:

Fotogramas del videoclip oficial de «Asqueroso coordinador», de Mike Sain't Louis

Por mí, como si te desmayas o te tropiezas con las cholas, o se te encoge la polla o te rompes los dientes.

Cuatro posibilidades. Ninguna trágica de verdad. Todas ridículas.

Esto es importante, porque una canción de venganza puede ponerse muy oscura muy deprisa, y esta no lo hace. Nadie le desea al ex una enfermedad ni un accidente de coche. Lo que se le desea es el ridículo: el desmayo de telenovela, el tropiezo en chanclas, la humillación genital y el dentista. Es el catálogo de desgracias de un capítulo de «Aída», no el de un parte de sucesos.

Y la palabra que hay que mirar es «cholas».

En Canarias, las chanclas son cholas. Cualquiera que haya pasado un verano en las islas lo sabe. La palabra se cuela aquí sin explicación, como se cuelan las palabras de casa, y con ella se cuela también una geografía. El planeta tiene a Canarias como una de sus coordenadas madre, con sus sirenas, sus volcanes y sus chiringuitos, y una nota antigua del diario ya situaba esta canción en esa isla que nunca se abandona del todo. No hace falta saber más. Basta con imaginarse al ex tropezando en cholas por una calle con olor a mar para entender que la venganza tiene acento.

Y después del inventario, el remate, que funciona como un portazo con eco: «Me da igual porque solo mientes, mientes y mientes». Tres veces el mismo verbo. No es una tríada de adjetivos, es un martillo.

Que lo publique OkDiario

Ahora el estribillo, que empieza con la frase más gloriosa de la canción:

Que lo publique OkDiario: ¡Hasta nunca, bastardo!

Hay que detenerse aquí con calma, porque en esta línea hay un chiste dentro de otro chiste.

OkDiario es un periódico digital español, fundado en 2015 por Eduardo Inda. No es precisamente el medio al que uno asocia con la cultura queer, ni con el pop camp, ni con los videoclips de despecho hechos en Madrid con un teclado midi. Es un medio de titulares a todo trapo, de exclusivas, de «la foto que no quieren que veas». Y precisamente por eso funciona. Lo que pide el narrador no es discreción. Es escándalo. Quiere que su «hasta nunca» salga con letras grandes, en negrita, con foto pixelada y un rótulo de exclusiva.

Es la fantasía de que tu ruptura sea noticia.

Cualquiera que haya salido de una relación mala la ha tenido alguna vez. Que el mundo se entere. Que lo pongan en la tele. Que salga en un programa de tarde con una tertuliana gritando «¡pero qué me estás contando!». La realidad es que las rupturas de la gente normal no las publica nadie, que no hay paparazzi en la puerta del piso compartido y que el único medio que se va a hacer eco del drama es el grupo de WhatsApp de las amigas. Por eso el verso es tan gracioso. Porque pide lo imposible con toda la seriedad del mundo.

Y porque, al final, el narrador ha encontrado la manera de publicarlo él mismo. Si OkDiario no lo saca, lo saca YouTube. Si no hay portada, hay videoclip. El medio de comunicación, en 2026, lo tiene cualquiera en el bolsillo.

Esa es la verdadera venganza del verso: ya no hace falta que nadie te haga caso para que tu versión exista.

«Coordinador de mercadillo»

El título llama al ex «asqueroso coordinador», y el estribillo lo concreta: «coordinador de mercadillo». Hay que entender lo que hace aquí esa palabra, porque es el insulto más fino de la canción, aunque no lo parezca.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Lo puedes ver mientras te tomas dos tazas de café, o mientras cagas.» de «Asqueroso coordinador»

«Coordinador» es una palabra de organigrama. Es de esos cargos que suenan importantes y no dicen nada: coordinador de área, coordinador de proyectos, coordinador de turno. Es el escalón intermedio que en muchas empresas sirve para dar a alguien la sensación de que manda sin subirle el sueldo. Y «mercadillo» es lo contrario del organigrama: el puesto de los martes, las bragas a tres euros, el toldo, el megáfono, la señora que regatea.

Juntas, las dos palabras se muerden. Es un cargo con ínfulas puesto encima de un tenderete. Es llamar a alguien «director general de la tómbola». En un catálogo donde los insultos son siempre concretos, este es de los mejores, porque no ataca al ex por lo que es, sino por lo que se cree que es.

Y no es un insulto aislado. El planeta tiene una relación larga y burlona con los jefes y los cargos. Ahí está «¡Vaya director!», otro título que convierte un puesto de trabajo en una exclamación de hartazgo. Y hay una nota del diario sobre cuando el trabajo te quema que pone esta canción como ejemplo de esa figura que casi todo el mundo ha sufrido alguna vez: el jefe que hace la vida imposible. La gracia de «Asqueroso coordinador» es que mezcla los dos dramas. Es el ex y es el jefe. Es el que te mintió en casa y el que se daba aires en la oficina. Una sola persona con dos uniformes.

El estribillo sigue con un pareado que suena a pelea de patio de colegio y que está hecho con mucha mala idea:

«Te pensaste que era un pardillo, / pero es que soy muy inteligente y también muy fino.»

Ahí está la autoparodia de la casa. Nadie que sea muy fino dice que es muy fino. Y menos en una canción que acaba de hablar del váter. El narrador lo sabe. Lo dice con la barbilla levantada y la camiseta manchada de café, y esa contradicción es la que hace reír. Es el mismo mecanismo del «Señoras, señores, stop» de otra canción del catálogo: proclamar la propia superioridad intelectual justo cuando se está montando el número.

Y después el remate, que tiene algo de profecía fallida: «Lo que está claro es que no eres muy buen adivino». El ex no vio venir esto. Pensaba que el otro se iba a quedar llorando, callado, en una esquina. No esperaba un videoclip.

La suegra que nunca fue

El segundo verso cambia de canal. Del ex al deseo.

Collage con un detalle de la carátula de «Asqueroso coordinador» y las carátulas de «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios», «¡Vaya director!», «Carta de recomendación»

Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios.

Ese verso, con muy poquitas variaciones, es también el título de otra canción entera del planeta, «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios». Aquí aparece como una visita, un cameo, un personaje que entra en el plató, saluda y se sienta.

Para quien llegue de fuera: Carmina Barrios es la madre de Paco León, y él la convirtió en protagonista de su primera película como director, «Carmina o revienta» (2012), y de la segunda, «Carmina y amén» (2014). Una señora de Sevilla con una lengua que no tiene freno y una naturalidad delante de la cámara que ya quisieran muchas actrices con escuela. El diario le dedicó una nota a Carmina Barrios y el humor andaluz, y quien quiera entender por qué una señora así es la suegra soñada de medio Chueca puede empezar por ahí.

Y el hijo, claro. Paco León fue durante años el Luisma de «Aída», el chaval del barrio de Esperanza Sur que media España imitaba en el recreo. Luego dirigió a su madre, dirigió «Kiki, el amor se hace» (2016) y creó con Anna R. Costa la serie «Arde Madrid» (2018), con Ava Gardner de vecina en el Madrid de los cincuenta. En la letra no sale nada de eso. Sale lo único que le importa al narrador: que a su ex le molestaba que le gustara. Con eso basta para convertir a un actor de Sevilla en arma arrojadiza.

Sobre lo que provoca ese hombre en el planeta, el diario tiene ya su propia nota: el deseo como homenaje. Aquí solo hace de testigo. Un testigo de lujo, sentado en primera fila, al que nadie ha pedido permiso.

Lo que interesa en esta crónica es el uso que hace la letra de esa fantasía. Primero, al ex le molestaba que al narrador le gustara Paco León. Eso lo dice el primer verso de la canción. Después, la venganza consiste en dedicar el vídeo al amor platónico. Y, por si fuera poco, en imaginar la familia política que podría haber tenido. El ex era malo, vale. Pero es que encima la alternativa era Carmina. Es como salir de una cena horrible y que te digan que en la mesa de al lado estaban sirviendo jamón de bellota.

El verso más subido de tono de la canción, el del roce y lo que provocaba, la letra lo cuenta sin pudor y aquí no hace falta repetirlo. Basta con decir que es el detalle más camp de todo el tema: convertir un roce de un famoso en una tarde de evento en evento. Porque así lo dice la letra. Con Paco, «de evento en evento». Una vida de photocall, de alfombra roja, de cóctel en el que nadie te pregunta a qué te dedicas.

La comparación es cruel con el ex, y es lo que busca. Por un lado, la vida de evento en evento. Por otro, el coordinador de mercadillo. El photocall contra el tenderete. La alfombra roja contra el toldo de rayas.

Ya se sabe quién gana.

Resucitado, y bastante cabreado

Hasta aquí, todo ha sido risa. Y entonces llega la segunda parte del estribillo y la canción, sin bajar el volumen, cambia de temperatura:

Si me dejaste morir en el barro, egoísta bastardo. Te pensaste que ya estaba muerto, pues no, lo siento, lo que estoy es resucitado.

Morir en el barro. Esa imagen no tiene chiste. Es la imagen de alguien tirado en el suelo, en mitad de un campo, mientras el otro se aleja sin mirar atrás. Es la línea más seria de toda la letra, y está colocada justo después de la fantasía de Paco León para que pegue más fuerte. Se pasa del photocall al lodo en un solo salto.

Y luego viene la palabra que lo cambia todo: resucitado.

No «recuperado». No «mejor». Resucitado. Con todo el peso religioso de la palabra, con su Lázaro saliendo de la tumba y su Semana Santa sevillana de fondo, que ya que hemos invitado a Carmina a la canción, tampoco está mal recordar que es de allí. El ex pensaba que el otro estaba muerto. El otro le contesta con una procesión de vuelta.

Y la canción no se queda en la resurrección elegante. Lo que sigue es la lista de estados de ánimo más honesta del catálogo: «Y bastante cabreado. También despechado». Nada de paz interior. Nada de haber aprendido la lección. El resucitado vuelve de la tumba con mala leche. Es como si Lázaro hubiera salido del sepulcro preguntando quién se había quedado con su sitio en el sofá.

Eso, en una época de frases de taza de desayuno sobre el amor propio, es casi revolucionario. La canción no pide perdón por estar enfadada. No dice que el enfado sea una etapa que hay que superar. Dice que está cabreado y que se va a quedar así un rato. Y después, la sentencia final, que es la del título: «Y tú cazado y señalado. / Por cabrón, asqueroso coordinador».

Cazado y señalado. Otra vez el lenguaje de la prensa sensacionalista. El cazado de la foto robada, el señalado del rótulo. Vuelve OkDiario por la puerta de atrás.

La venganza más barata del mundo

Hay una cosa en la que conviene fijarse, porque es lo que separa esta canción de una simple pataleta.

Ficha de la canción «Asqueroso coordinador» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La venganza que propone «Asqueroso coordinador» no le cuesta nada a nadie. No hay abogados. No hay daños. No hay ruedas pinchadas ni mensajes a la nueva pareja. Lo que hay es un videoclip, un amor platónico de la tele y una suegra imaginaria. La revancha consiste en que el otro, si quiere, vea cómo alguien a quien despreció se ha puesto a hacer canciones, las ha subido a internet y se ha montado su propio programa de tarde con él de invitado especial.

Y que el resto del mundo se ría con él. Que no de él.

El planeta tiene más canciones de este género, porque el despecho es una de sus fábricas principales. Una nota del diario sobre el despecho de feria de «Bareback» cuenta cómo esa otra canción se cobra su deuda con el karma por delante. Pero en ninguna como en esta la venganza es tan explícitamente un producto audiovisual. Es un vídeo que sabe que es un vídeo y que lo dice en la letra.

Hay un tipo de humor muy español que consiste en convertir la desgracia en espectáculo antes de que lo haga otro. Lo hacían las folclóricas en las entrevistas del «¡Hola!», lo hacían los concursantes de los realities en los platós, lo hace cualquier tía de pueblo cuando cuenta en la boda cómo la dejó su primer novio. Contarlo tú, primero, con gracia, para que nadie lo cuente peor. «Asqueroso coordinador» hace exactamente eso. Se adelanta a la portada que nunca va a salir y la imprime en casa.

Dos tazas de café, otra vez

Vuelve al principio. A las dos tazas de café.

Es fácil pensar que el ex de la canción no va a ver el vídeo. Que le da igual. Que tiene cosas mejores que hacer, como coordinar su mercadillo. Probablemente sea verdad. Pero la canción no está hecha para que la vea él. Está hecha para que la vea todo el que alguna vez se quedó en el barro y pensó que no se iba a levantar.

A ese público le dice algo muy sencillo: que se puede salir del barro con barro en la cara y sin haber perdonado a nadie. Que no hace falta estar en paz para estar vivo. Que a veces la mejor respuesta a un «te pensaste que ya estaba muerto» es un videoclip de cuatro minutos y ocho segundos.

Y que la venganza, bien hecha, no hace daño a nadie. Solo hace reír.

Ponte el vídeo mientras te tomas el café. Uno o dos, como prefieras.

Y si te da por pensar en tu propio coordinador de mercadillo, adelante. Para eso está.

Adiós, bastardo.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Asqueroso coordinador»?

Es una canción de despecho que se presenta a sí misma como venganza: «esta es mi venganza por infiel, / mi último videoclip». El narrador se despide de un ex mentiroso, al que llama «coordinador de mercadillo», y se declara «resucitado».

¿Por qué sale Paco León en la letra?

Porque, según el primer verso, al ex le molestaba que al narrador le gustara Paco León. La venganza consiste en dedicarle el vídeo a ese amor platónico y soñar con Carmina Barrios, la madre del actor, como suegra.

¿En qué disco está y cuándo salió?

Pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK. El single se publicó el 5 de junio de 2026 y tiene videoclip oficial de 4:08.

¿Quién la ha hecho?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se han hecho con herramientas de inteligencia artificial.

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