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Benidorm y el turismo LGTBI: del bikini de 1952 al Benidorm Pride, leído con «Madrid to Benidorm» y otras letras del Planeta Gayfolk

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Portada de «Madrid to Benidorm», canción de Mike Sain't Louis

Hay ciudades que se visitan y ciudades a las que se huye. Benidorm, para muchas personas LGTBI españolas, ha sido las dos cosas a la vez: el destino de una semana de agosto y la primera calle donde se pudo dar la mano a alguien sin mirar antes por encima del hombro. Detrás de los rascacielos, del pescado frito y de las despedidas de soltero con diadema, hay una historia social que merece contarse despacio.

Este texto la recorre al lado de varias canciones del Planeta Gayfolk, el catálogo de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño que crea su música con herramientas de inteligencia artificial y para quien Benidorm no es un decorado, sino un lugar de su propia biografía. Las citas proceden del archivo de letras y se reproducen tal como están publicadas.

Una carretera con arcoíris

«Madrid to Benidorm», de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, está escrita en inglés, como si quisiera que la entendieran también los turistas de la playa de Levante. Su estribillo traza una línea recta entre la meseta y el mar:

Let's dance under the rainbow, Madrid to Benidorm,

Es una canción de Orgullo, de las que se bailan con la bandera sobre los hombros. Pero el título, leído despacio, cuenta otra cosa: un trayecto. Unos cuatrocientos kilómetros de autovía que generaciones de gais, lesbianas y personas trans han recorrido para pasar unos días siendo quienes eran. La canción convierte ese desplazamiento en coreografía:

From Benidorm, with love we shout, This is what pride is all about.

Hay otro pasaje que conviene subrayar, porque cambia el tono de fiesta por el de promesa:

Hand in hand, we pave the way, For brighter nights and braver days,

Ir de la mano. Es el gesto más simple del mundo y, para muchas parejas del mismo sexo, el más difícil. La canción lo pone en el centro: no se pide un desfile, se pide poder caminar juntos por la calle. Y lo relaciona con el futuro, con noches más luminosas y días más valientes. La valentía, aquí, no es heroica. Es cotidiana: atreverse a hacer en la acera lo que cualquier pareja heterosexual hace sin pensar.

El diario ya dedicó una nota a esta canción como himno de carretera. Aquí interesa el destino: qué tiene esa ciudad para haberse convertido en refugio, y qué parte de ese refugio es real y qué parte es folleto.

Un pueblo de pescadores con mirada al norte

A mediados del siglo XX, Benidorm era un pueblo de unos tres mil habitantes que vivía del mar y de la almadraba. En 1950 llegó a la alcaldía Pedro Zaragoza Orts, un hombre del régimen, jefe local del Movimiento, que gobernó hasta 1967 y que entendió antes que casi nadie que el futuro de aquel litoral estaba en los veraneantes del norte de Europa.

Esos turistas traían divisas, que era lo que la dictadura necesitaba. Pero también traían costumbres: parejas sin papeles de matrimonio, mujeres que tomaban el sol solas y, sobre todo, una prenda de dos piezas que en el resto de España estaba mal vista y en muchas playas, perseguida.

El bikini, la Vespa y la excomunión

Según contó el propio Zaragoza en una entrevista con El País en el año 2000, en Benidorm el bikini se pudo llevar desde 1952. Él lo explicó con una frase muy suya: oponerse al biquini era fracasar. La decisión no gustó a todos. Dos ministros y el arzobispo de Valencia promovieron que se le abriera un expediente de excomunión, algo que en aquella España tenía consecuencias civiles.

La salida que encontró forma ya parte del folclore de la ciudad. En 1953, según su relato, se subió a su Vespa, condujo hasta Madrid y se presentó en el palacio de El Pardo para explicarle a Franco que prohibir el bikini sería espantar a los turistas. Contaba que el dictador no le dio la razón ni se la quitó, pero sonrió, y que eso bastó.

La anécdota tiene algo de leyenda contada por su protagonista, y conviene tratarla así. Pero dice una verdad de fondo: en Benidorm, la tolerancia llegó por la puerta del negocio. No por convicción democrática, sino porque la moral nacionalcatólica salía cara cuando el cliente venía de Estocolmo o de Mánchester.

Una ciudad que creció hacia arriba

Quien llega a Benidorm por la autovía ve primero la silueta: una ciudad que, en vez de extenderse por la costa, decidió crecer hacia el cielo. Torres de apartamentos pegadas unas a otras, miles de balcones con toallas tendidas, cada uno con su vida dentro. Es una imagen que se ha criticado mucho y que, mirada desde la historia LGTBI, admite otra lectura.

Fotogramas del videoclip oficial de «Madrid to Benidorm», de Mike Sain't Louis

Una ciudad vertical es una ciudad de puertas. Detrás de cada una hay alguien de paso que no conoce al vecino de enfrente, que no sabe con quién comparte ascensor, que no va a contar nada en la panadería del pueblo. Esa indiferencia, que en otros contextos se lamenta, fue durante mucho tiempo una forma de protección. En un apartamento alquilado por quince días, dos hombres podían cerrar la puerta sin que nadie preguntara.

Hay algo triste en celebrar un refugio que consistía en pasar desapercibido. Pero también hay algo que reconocer: la gente buscó los huecos que el sistema dejaba, y los encontró a veces en el piso veintitrés de una torre frente al mar.

La cruz en la montaña y los bares del casco antiguo

El año 1962 es una fecha curiosa en la historia de la ciudad. Según la crónica publicada por El Español en 2022, ese año abrió el que se considera el primer bar de ambiente de Benidorm, y ese mismo año el obispado instaló en lo alto de la sierra la cruz que todavía se ve desde la playa, como recordatorio moral para una localidad que empezaba a desmelenarse.

Sobre cuál fue ese primer bar hay varias versiones. El Patronato de Turismo de la Costa Blanca recoge el nombre del Pretex. Otras fuentes citan el Petit Vendome, en el callejón de los Gatos, o El David, en la calle Mayor, que duró hasta bien entrados los noventa. Todas coinciden en el lugar: las callejuelas del casco antiguo, donde hoy, según la misma crónica, se concentran una treintena de locales de ambiente. La oficina municipal de turismo sitúa el corazón de esa zona en la calle Santa Faz y alrededores.

Lo importante es la fecha. En 1962, la homosexualidad estaba perseguida en España por la Ley de Vagos y Maleantes, reformada en 1954 para incluir a los homosexuales, y pocos años después lo estaría por la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social de 1970. Abrir un bar de ambiente era un riesgo. Que se abrieran varios en el mismo barrio dice mucho del extraño equilibrio de Benidorm: un pequeño margen de libertad tolerado porque daba dinero, bajo una cruz que lo vigilaba todo.

Del interior a la costa, cada verano

Para entender por qué Benidorm se volvió refugio hay que mirar el mapa al revés: no desde la playa, sino desde los pueblos y las capitales de provincia de donde salía la gente. En la España de los sesenta, setenta y ochenta, muchas personas LGTBI vivían el año entero en un lugar donde todo el mundo conocía su apellido. La costa ofrecía lo contrario: una ciudad llena de desconocidos, que cambiaban cada quince días.

Ese viaje de ida y vuelta tiene hoy nombre en los estudios sociales: sexilio, la migración de personas LGTBI desde entornos pequeños hacia lugares donde pueden vivir con menos miedo. Benidorm fue, durante décadas, un sexilio de vacaciones. Se iba a la playa a ensayar una vida que después había que volver a guardar en la maleta.

Esa doble vida tenía un coste. Quien solo puede ser quien es durante una semana al año aprende que su verdad es algo excepcional, casi un capricho de verano. Por eso tantas personas mayores del colectivo recuerdan aquellas vacaciones con una mezcla de felicidad y tristeza. Fueron libres, sí. Pero lo fueron a plazo fijo.

Una tolerancia con letra pequeña

Sería injusto con quienes vivieron aquellos años pintar Benidorm como un paraíso dentro de la dictadura. El anonimato del turismo protegía a los extranjeros más que a los españoles, y a los visitantes más que a los vecinos. Un sueco podía volver a casa. Un chico de un pueblo de Albacete, detenido en una redada, podía acabar en un centro de internamiento.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Hand in hand, we pave the way, For brighter nights and braver days,» de «Madrid to Benidorm»

La propia oficina de turismo de la ciudad lo resume con una idea cuidadosa: en los años cincuenta y sesenta, Benidorm ofrecía anonimato, playa y turismo internacional, y eso creó un entorno más tolerante que el de las ciudades del interior. Más tolerante no quiere decir libre. Quiere decir que la vigilancia tenía agujeros, y que por esos agujeros pasaba la vida.

Esa es quizá la primera lección social de esta historia: los refugios que dependen del dinero son frágiles. Se toleran mientras hay clientes. Los derechos, en cambio, se conquistan para quien no puede pagarse unas vacaciones.

«Yo feliz en Benidorm»

En el catálogo de Mike Sain't Louis, Benidorm aparece varias veces y casi nunca como postal. En la canción que da título al tercer álbum, «El día de la liberación», es el lugar donde se celebra haber salido de una relación que hacía daño:

Yo feliz en Benidorm Y tú desesperado por conseguir

La ciudad funciona como prueba de vida. Mientras la otra persona sigue buscando a quién controlar, el narrador está al sol, en un sitio que es suyo. Es una imagen pequeña y muy reconocible: Benidorm como el lugar al que se vuelve para recordar quién eras antes de que alguien intentara convencerte de lo contrario.

Esa misma idea, con más veneno, aparece en «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara», donde la ciudad se convierte en territorio vedado para quien despreció al narrador:

Y más te vale no pisar Benidorm

La playa pequeña entre el puerto y el casco antiguo

El texto publicado de «La playa del Mal Pas», también de «El día de la liberación», es el más íntimo de todos. No es un estribillo, es casi una confesión en prosa:

La Playa del Mal Pas siempre ha sido mi refugio secreto en Benidorm. Una playa pequeña, escondida entre el puerto y el casco antiguo, donde crecí sin darme cuenta.

Y después:

Allí pasé la mayoría de los veranos que recuerdo: mirando el horizonte, soñando con escapar y sintiendo que, por un instante, todo encajaba.

Lo que este texto añade a la historia de Benidorm es la mirada de alguien que no llegó como turista de una semana, sino que creció allí los veranos. La playa del Mal Pas queda justo debajo del casco antiguo, a unos pasos de las calles donde abrieron los primeros bares. Para un niño, es una cala. Para el adulto que vuelve con la memoria, es el sitio donde todo encajaba un instante. El diario ya leyó esta canción en una nota sobre el lugar que no cambia.

Muchas personas LGTBI tienen un sitio así: una playa, una plaza, un banco del parque donde por primera vez sintieron que podían respirar. Ningún folleto turístico los recoge, y sin embargo son la geografía más verdadera del colectivo.

2011: un Orgullo benéfico en octubre

El Orgullo de Benidorm es joven. La primera edición se celebró del 21 al 23 de octubre de 2011 con un nombre largo y muy de su tiempo: Primer Festival Benéfico Extraordinario del Orgullo Gay, «Diversión bajo el sol». La organizó una asociación de negocios gais y gay friendly de la ciudad creada para la ocasión, con la colaboración del Ayuntamiento, y la idea partió de la empresaria Julia Grant, propietaria de un hotel de la zona.

Collage con un detalle de la carátula de «Madrid to Benidorm» y las carátulas de «La playa del Mal Pas», «El día de la liberación», «Mi salvador»

El detalle más bonito de aquella primera edición es adónde iba el dinero. Lo recaudado con la venta de pulseras arcoíris y las donaciones se destinaba a tres entidades: la asociación LGTB de Benidorm, una ONG de apoyo a personas con VIH y la Fundación 26 de Diciembre, que trabaja con personas LGTBI mayores. Los escenarios se repartieron por el barrio de ambiente del casco antiguo.

Que el primer Orgullo de la ciudad naciera como acto benéfico no es un detalle menor. En muchos lugares, el Orgullo empezó como manifestación política y acabó en fiesta patrocinada. En Benidorm el orden fue otro: empezó en los bares, como fiesta, y eligió desde el principio a quién ayudar. Las tres entidades beneficiarias dibujan bien las necesidades del colectivo en una ciudad turística: tejido asociativo local, salud sexual y personas mayores.

Con los años, el Benidorm Pride se trasladó a septiembre y ganó un desfile en la playa de Levante. La oficina de turismo municipal asegura que hoy atrae a más de veinte mil personas al año. Hay también un Orgullo de invierno y otras citas temáticas. La ciudad está presente en la sección LGTBI de Fitur, la feria de turismo de Madrid.

Lo que se ve desde la arena

Desde 2022, Benidorm suena además por otro motivo: el Benidorm Fest, el festival con el que Televisión Española elige su candidatura a Eurovisión, un acontecimiento con un enorme público LGTBI. No es casual que la ciudad del Festival de la Canción, inaugurado en 1959, haya vuelto a ser escenario de una competición musical.

«Mi salvador», del mismo álbum, sitúa allí una noche de pista y amanecer:

La fiesta never ends with you aquí, En Benidorm, where dreams live.

La mezcla de idiomas es exacta: en Benidorm se pide la cerveza en inglés y se discute en castellano, se liga en spanglish y se despide uno en valenciano sin saberlo. Esa mezcla es también una forma de libertad. Donde nadie es del todo local, nadie tiene del todo derecho a juzgar.

El dinero arcoíris y sus sombras

El turismo LGTBI es un negocio, y no hay nada malo en ello. Da trabajo a miles de personas, sostiene bares, hoteles y espectáculos, y ha hecho visible al colectivo en sitios donde antes no lo era. Pero conviene mirar el reverso.

Una ciudad puede ser amable con quien gasta y menos amable con quien trabaja. Detrás de cada noche de espectáculo hay camareros con contratos de temporada, artistas que actúan por poco dinero, personas trans que encuentran en la noche uno de los pocos empleos que el mercado laboral les deja. La visibilidad del escaparate no garantiza derechos en la trastienda.

También está la cuestión de quién se queda fuera de la postal. Las personas LGTBI mayores, que llegaron a la costa a jubilarse y viven solas. Las parejas migrantes que trabajan en la hostelería. Las lesbianas, mucho menos presentes en la imagen comercial de cualquier destino gay. Un Orgullo que nació donando a una fundación de mayores LGTBI tiene, en su propia historia, la mejor respuesta: la fiesta sirve si también cuida.

Una drag en el semáforo

En el catálogo hay una canción que enseña justo esa trastienda. «La primera drag de Benidorm», del segundo álbum, no habla de focos sino de heridas:

aquí sigo jodida, aquí nadie me recuerda!

La pieza merece su propia lectura, y la tiene en el diario, así que aquí basta con su última imagen: una artista que se desangra y, aun así, baila. Es la otra cara del Orgullo de playa. Las ciudades turísticas viven de la alegría de la noche, pero no siempre recuerdan a quienes la sostienen cuando se apagan las luces.

También en la playa hay agresiones

Que Benidorm tenga fama de abierta no significa que esté libre de LGTBIfobia. Las agresiones ocurren también en los destinos turísticos, a veces precisamente porque hay mucha gente que bebe y se siente anónima. Si te pasa estando de vacaciones, en Benidorm o en cualquier otro sitio de España:

Ficha de la canción «Madrid to Benidorm» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis
  • Ponte a salvo y llama al 112 si hay peligro.
  • Denuncia ante la Policía Nacional (091), la Guardia Civil (062) o la policía local. Puedes hacerlo aunque no hables bien castellano: tienes derecho a intérprete.
  • Di que fue por tu orientación o tu identidad. El Código Penal agrava la pena cuando el delito se comete por motivos de discriminación, y la policía debe recogerlo.
  • Guarda pruebas: fotos de lesiones, informe médico, mensajes, nombres de testigos.
  • Busca acompañamiento. La FELGTBI+ orienta a víctimas en el 913 604 605.

Una agresión en vacaciones duele dos veces: por el golpe y porque rompe la idea de refugio. Hablarlo con alguien ayuda a que no se quede dentro.

Cómo leer un folleto arcoíris

Las ciudades que se promocionan como destino LGTBI usan cifras y rankings que conviene leer con cierta distancia. Que una oficina de turismo hable de veinte mil asistentes o de un puesto en una clasificación europea no es mentira, pero es publicidad, y la publicidad elige lo que cuenta.

Hay preguntas más útiles para saber si un sitio es de verdad seguro y acogedor:

  • ¿Hay asociaciones LGTBI locales que funcionen todo el año, y no solo en la semana del Orgullo?
  • ¿El ayuntamiento tiene servicios para vecinos LGTBI, como atención a víctimas de delitos de odio o programas para mayores?
  • ¿La policía local está formada para atender agresiones por LGTBIfobia?
  • ¿Qué cuentan las personas LGTBI que viven allí, y no solo las que llegan de visita?

Benidorm tiene una historia larga que le da ventaja, pero la pregunta vale para cualquier destino: el arcoíris en la farola es fácil de colgar. Lo difícil es lo que pasa cuando alguien necesita ayuda un martes de noviembre.

Lo que se aprende del refugio

La historia de Benidorm enseña algo útil para cualquier ciudad. La tolerancia que llega solo por el turismo es frágil, porque depende del cliente. La que se convierte en derecho, en política municipal, en asociaciones locales y en servicios para los vecinos, dura más.

Hoy, la mayoría de las personas LGTBI españolas no necesita huir a la costa para darle la mano a su pareja. Eso no hace inútiles los refugios. Los convierte en otra cosa: lugares de encuentro, de memoria y de fiesta elegida, y no de supervivencia. Ese cambio, que parece pequeño, es exactamente lo que la canción celebra cuando dice «Love wins, come what may».

Si las vacaciones no alcanzan

A veces se viaja a un sitio luminoso esperando que el sol arregle algo que está roto por dentro, y no lo arregla. Si te pasa, no es culpa tuya ni del destino. Si sientes que no puedes más, en España el 024 atiende gratis y a cualquier hora a personas con pensamientos de suicidio o en crisis, y el 112 es el número de emergencias. El Teléfono de la Esperanza escucha en el 717 003 717 y la FELGTBI+ ofrece orientación en el 913 604 605. Si estás fuera de España, llama al número de emergencias de tu país o busca la línea de prevención del suicidio de tu zona.

Ficha

«Madrid to Benidorm» pertenece a «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis, y está en Spotify. Se citan además «La playa del Mal Pas», «El día de la liberación», «Que no pienso decir que mis trajes son de Zara», «Mi salvador» y «La primera drag de Benidorm». Los datos históricos proceden de entrevistas y reportajes de El País (2000, 2006, 2018 y 2023), de la crónica de El Español sobre los sesenta años del primer bar de ambiente (2022), de la página de historia LGTBI de la oficina de turismo de Benidorm y de los anuncios de la primera edición del Orgullo en 2011. Para prensa y contacto, la página de prensa.

Preguntas frecuentes

¿Desde cuándo se celebra el Orgullo en Benidorm?

Desde 2011. La primera edición fue un festival benéfico celebrado del 21 al 23 de octubre de ese año en el barrio de ambiente del casco antiguo, organizado por una asociación de negocios LGTB y gay friendly de la ciudad con la colaboración del Ayuntamiento. Lo recaudado iba a la asociación LGTB local, a una ONG de VIH y a la Fundación 26 de Diciembre. Con los años pasó a septiembre, con desfile en la playa de Levante.

¿Cuál fue el primer bar gay de Benidorm?

No hay una única respuesta. La versión que recoge el Patronato de Turismo de la Costa Blanca habla del Pretex, abierto en 1962, aunque otras fuentes citan el Petit Vendome, en el callejón de los Gatos, o El David, en la calle Mayor. Todas coinciden en el casco antiguo y en los primeros años sesenta.

¿Es verdad que el alcalde de Benidorm fue en Vespa a ver a Franco por el bikini?

Es lo que contó el propio Pedro Zaragoza, alcalde entre 1950 y 1967. Según su relato, después de permitir el bikini en las playas, en 1952, sufrió la amenaza de excomunión y en 1953 viajó en Vespa hasta El Pardo para explicarle a Franco que prohibirlo espantaría a los turistas.

¿De qué trata «Madrid to Benidorm»?

Es una canción en inglés de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, escrita como un himno del Orgullo que une las dos ciudades: «Let's dance under the rainbow, Madrid to Benidorm».

¿A quién llamo si sufro una agresión LGTBIfóbica estando de vacaciones?

En España, al 112 si hay peligro, y después a la Policía Nacional (091) o a la Guardia Civil (062) para denunciar. La FELGTBI+ orienta en el 913 604 605. Si la agresión te deja con ideas de no querer seguir, el 024 atiende a cualquier hora. Fuera de España, el número de emergencias local.

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