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Juvenal, los chistes de suegras y la que nadie tuvo: «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios»
Por Mike Sain't Louis ·

Roma, principios del siglo II. Un poeta satírico llamado Juvenal escribe una larga sátira, la sexta, contra el matrimonio. Le aconseja a un amigo que no se case, y entre los muchos argumentos que le da, hay uno que ha sobrevivido diecinueve siglos: mientras viva la suegra, dice, pierde toda esperanza de concordia.
Es, probablemente, uno de los chistes de suegra más antiguos que se conservan por escrito. Y desde entonces, la suegra no ha dejado de ser la villana del humor popular. En los refranes, en los chistes de bar, en las comedias de televisión, en las viñetas de los periódicos. La suegra que se mete en todo, que critica la comida, que siempre da la razón a su hijo.
Por eso tiene tanto mérito una canción que, por una vez, sueña con tener una:
«Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios, / y comer con ella en el jardín»
Esta crónica va de esa inversión. De cómo «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios» toma uno de los personajes más maltratados del humor y lo convierte en un deseo. El diario ya habló de Carmina y el humor andaluz y de la suegra soñada. Aquí el planeta se pregunta otra cosa: por qué una suegra puede ser un sueño.
Dos mil años de chistes
La suegra de Juvenal no es una excepción. Es el principio de una tradición larguísima. En la comedia latina ya hay suegras molestas. En los cuentos populares europeos, la madre del marido es con frecuencia la mujer que hace la vida imposible a la nuera. En el refranero español abundan los dichos que la tratan mal, como ese tan repetido que pone en el mismo saco a la suegra y al médico: cuanto más lejos, mejor.
El humor del siglo XX convirtió a la suegra en un personaje fijo. La señora que llega de visita con la maleta y no se va. La que inspecciona el polvo de los muebles. La que nunca está contenta con la pareja de su hijo.
El planeta no va a defender todos esos chistes, porque muchos tienen un fondo de desprecio hacia las mujeres mayores que no hace gracia. Pero sí quiere señalar que la canción parte de ahí. De la suegra como figura conocida, como cliché. Y que lo que hace es darle la vuelta.
Fíjate lo que te digo
La canción arranca con una fórmula muy de conversación: «Fíjate lo que te digo».
Es una frase que no pertenece a la poesía. Pertenece a la sobremesa, a la cola del mercado, a la llamada de teléfono con una amiga. Es la frase con la que alguien prepara una confidencia o una opinión fuerte. Fíjate lo que te digo, y luego viene algo que conviene escuchar con atención.
El diario ya señaló el tono de esa entrada. Lo que el planeta quiere añadir es que esa fórmula coloca al oyente en un lugar muy concreto. No está escuchando una canción. Está escuchando a alguien que le cuenta algo. Es un monólogo. Y como todo buen monólogo cómico, empieza por una queja.
La queja es el último matrimonio. «Y no haber acabado tan mal con mi último marido». La canción pasa así, en dos versos, de la conversación casual a la ruptura. Sin transición. Como pasa en las conversaciones de verdad, en las que uno empieza hablando del tiempo y acaba contando su divorcio.
La suegra real
Antes de soñar con la suegra ideal, la canción despacha a la real: «De mi última suegra mejor ni hablo, / obviamente es su hijo, / tiene que estar del otro bando».
Es una frase de una lucidez muy fina. No hay un insulto contra la suegra. Hay una explicación. Es su hijo, claro que va a estar de su lado. Lo comprende. Es natural.
Y luego viene el giro: «Si fuera eso, pues lo comprendo, / pero es que no soporto sus argumentos».
Ahí está la queja de verdad. No es que la suegra tome partido. Es cómo lo hace. Son sus argumentos. Lo que dice para justificar a su hijo. El planeta no sabe cuáles eran, y la canción no los cuenta. Pero cualquiera que haya pasado por una ruptura con familia política conoce esos argumentos. Los que convierten al otro en culpable de todo. Los que reescriben la historia para que el hijo quede bien.
Una madre con un cartel
Nueva York, junio de 1972. En la marcha que conmemoraba el aniversario de Stonewall, una maestra jubilada llamada Jeanne Manford caminó junto a su hijo Morty, que era gay, con un cartel escrito a mano. Decía, más o menos, que los padres de los gais se unieran para apoyar a sus hijos. Mucha gente se le acercó llorando durante el recorrido. Algunos le pedían que hablara con sus propias madres.

De aquel gesto nació al año siguiente un grupo de apoyo que, con el tiempo, se convertiría en la organización PFLAG, dedicada a las familias de personas LGTBI. Una madre con un cartel había abierto una puerta que mucha gente necesitaba.
El planeta trae a Jeanne Manford porque explica por qué la figura de la madre que acoge tiene tanta fuerza en la cultura gay. Es una figura escasa y por eso preciosa. Cada madre que dice sí en público es un pequeño milagro para quienes tuvieron madres que dijeron no. Y Carmina, en la fantasía de la canción, es la versión sevillana de esa madre: la que no necesita cartel porque lo lleva escrito en la cara.
El otro bando
La expresión que usa la canción para describir a la suegra real merece un momento más: «tiene que estar del otro bando».
Bando es una palabra de guerra. De conflicto. Los bandos se forman en las batallas, en las peleas de barrio, en los partidos. Y la canción la usa para hablar de una ruptura. Como si el divorcio hubiera dividido el mundo en dos ejércitos.
Quien ha pasado por una separación sabe que algo así ocurre. Los amigos eligen. La familia elige. Hay quien se queda con uno y deja de saludar al otro. Hay cenas a las que ya no te invitan. Y la suegra, claro, es la primera en alistarse.
Lo que la canción reconoce, con mucha honestidad, es que eso es normal. Es su hijo. Tiene que estar del otro bando. No hay rencor en esa frase, hay resignación. El problema, ya se ha dicho, no es el bando. Son los argumentos.
Stop, stop, un momento
En medio de la primera estrofa hay un arrebato que el planeta adora: «Señoras, señores, stop, stop, un momento, / no están hablando con un imbécil, / os supero diez veces en intelecto».
Es el momento en que el monólogo se convierte en discurso. Ya no habla con una amiga. Habla con un público imaginario. Señoras, señores. Como un presentador que interrumpe el espectáculo. Como una diva que para la orquesta.
Y lo que dice es una defensa propia sin complejos. No soy imbécil. Os supero diez veces en intelecto. Es una frase exagerada, como todo en la canción, pero tiene un fondo muy serio. Mucha gente que ha salido de una relación en la que la familia del otro le trataba como a un tonto conoce las ganas de decir eso en voz alta. De parar la conversación y recordar a todos que uno también piensa.
El planeta lo lee como el grito de alguien que estaba harto de que le explicaran su propia vida.
Una suegra para un marido
Hay un detalle que el planeta no quiere pasar por alto. La canción habla de un marido. «Mi último marido». Y de una suegra que es madre de ese marido.
Hace no tanto tiempo, esa frase no habría sido posible en España. Un hombre no podía tener marido, y por tanto no podía tener suegra en el sentido legal de la palabra. Eso cambió con la Ley 13/2005, de 1 de julio, que modificó el Código Civil para permitir el matrimonio entre personas del mismo sexo. España fue uno de los primeros países del mundo en hacerlo.
Desde entonces, los maricas españoles pueden casarse, divorciarse y, por supuesto, tener suegras. Y con las suegras, todo lo que traen: las comidas de domingo, las opiniones sobre la casa, los argumentos insoportables. La canción habla con toda naturalidad de un «último marido», como quien ha tenido varios. Y esa naturalidad es, en sí misma, un fruto de aquella ley.
Hay algo muy divertido en pensar que una de las conquistas del matrimonio igualitario fue el derecho a quejarse de la suegra.
La suegra que acoge
Para muchas personas LGTBI, la familia de la pareja no ha sido un lugar fácil. Hay suegras que no quieren saber nada. Que nunca invitan a comer. Que presentan al novio de su hijo como «un amigo». Que esperan años a que el hijo «se le pase».
En ese contexto, desear una suegra no es un capricho. Es desear ser aceptado. Es querer que la familia del otro te reciba con los brazos abiertos, te siente a la mesa, te pregunte cómo estás.
El diario lleva tiempo escribiendo sobre la familia elegida, la que se construye cuando la de sangre falla. La suegra soñada de esta canción es una forma de esa familia. No se elige a la suegra, claro, porque viene con el marido. Pero se puede soñar con una. Y el sueño dice mucho de lo que se echó en falta.
Por qué Carmina
¿Por qué Carmina Barrios y no otra? La canción no lo explica, pero quien conozca a Carmina lo entiende enseguida.

Carmina Barrios es una actriz sevillana que se hizo popular ya de mayor, gracias a su hijo, el actor y director Paco León. Él la convirtió en protagonista de «Carmina o revienta», en 2012, y de «Carmina y amén», en 2014. En las dos películas, Carmina interpreta a un personaje que se parece mucho a ella: una señora de Sevilla con una lengua rápida, una picardía enorme y una forma de querer muy directa.
Lo que la gente vio en Carmina fue a una madre que no juzga. Que dice lo que piensa sin filtro, sí, pero que no rechaza. Que tiene un hijo actor, de mundo, rodeado de gente de todo tipo, y que lo celebra. La imagen pública de Carmina, la de las entrevistas y las películas, es la de una madre que acoge con humor.
Es la suegra contraria a la de los chistes. Y por eso es el sueño perfecto.
El estreno a la vez
Hay un detalle sobre «Carmina o revienta» que el planeta quiere contar, porque tiene que ver con algo que también importa en Gayfolk.
Cuando Paco León estrenó la película en 2012, lo hizo de una manera muy poco habitual en España: a la vez en cines, en internet y en DVD. Fue una película pequeña, de unos setenta minutos, que contaba con toques de ficción la historia real de su madre, y él decidió saltarse el camino tradicional de la distribución para llegar al público directamente. Le valió a Carmina, además, una nominación al Goya a la mejor actriz revelación.
Al planeta le gusta esa historia porque se parece a la de este proyecto. Gayfolk también se ha hecho por fuera de los caminos de siempre, con autoedición, con herramientas nuevas, sin esperar el permiso de nadie. Quien quiera saber cómo funciona ese proceso tiene en la sala de prensa una nota sobre independencia, autoedición y proceso creativo. Carmina, de algún modo, también fue un estreno independiente.
Comer en el jardín
La imagen central de la fantasía es muy sencilla: «comer con ella en el jardín».
No es una cena de gala. No es una escapada. No es una fiesta. Es una comida en el jardín. La escena más doméstica que existe. Una mesa al aire libre, un mantel, platos, una conversación que se alarga.
El planeta cree que en esa sencillez está la clave. Lo que se desea no es una suegra famosa por ser famosa. Es una suegra con la que comer tranquilo. Sin tensión. Sin miradas. Sin esos silencios incómodos de las comidas de familia política. Comer y reír.
Y el verso siguiente completa la imagen: «en compañía de Paco León, mi chiquitín». Con el hijo, que en la fantasía es el marido. Y el diminutivo, chiquitín, dice todo lo que hace falta sobre el tono. Cariñoso, de broma, de pareja que lleva mucho tiempo junta.
Conviene aclararlo, por si alguien lo duda: es una fantasía cómica. Paco León no tiene nada que ver con la historia de la canción. Es el marido soñado de una suegra soñada.
Catorce años
La fantasía tiene una fecha: «Celebrando Paco y yo nuestro decimocuarto aniversario».
Catorce años. No uno, no cinco. Catorce. Es una cifra concreta, de esas que dan realismo a la ficción. Y es también una cifra de pareja estable, de relación que ha durado.
Hay en ese número una pequeña tristeza escondida. La canción empieza hablando de un matrimonio que acabó mal. Y la fantasía va más allá de tener otra suegra. Es tener otra historia. Una que haya durado catorce años. Una que se celebre en un jardín en lugar de terminar en un juzgado.
El planeta lee la cifra como el deseo de una relación larga, con una familia que la acompañe. Lo que muchos maricas de cierta edad no pudieron tener cuando eran jóvenes, porque no se podían casar, ni presentar a la pareja, ni celebrar aniversarios en público. Catorce años de jardín es un sueño muy concreto.
Una suegra de cine
Hay algo más en la elección de Carmina. Es una suegra que viene del cine. Y eso tiene sentido en una canción hecha de fantasía.

El cine español está lleno de madres memorables. Las de Almodóvar, sobre todo, que ha construido buena parte de su obra alrededor de mujeres mayores con carácter. Chus Lampreave, la abuela de tantas películas, fue durante décadas el modelo de la señora española que dice barbaridades con cara de no haber roto un plato.
Carmina pertenece a esa familia. La de las madres de cine que el público adopta como propias. Y desear a una de ellas como suegra es desear que la vida se parezca un poco a una película. Una en la que la familia política es divertida, cariñosa y un poco loca, y no fría y juzgadora.
Los que se quedan fuera
La canción tiene una segunda parte de la fantasía en la que la suegra ideal ayuda a defenderse de cierta prensa. El planeta no va a entrar en esos versos, que mencionan a personas y medios reales, porque esta crónica no es el lugar para valorar asuntos que pertenecen a otros. Basta con decir que, en la fantasía, Carmina no solo acoge. También protege. Es la suegra que se pone del lado de uno cuando el mundo ataca.
Y eso conecta con la primera estrofa, la de la suegra real que estaba «del otro bando». La canción opone dos suegras. Una que defiende a su hijo contra ti. Otra que te defiende a ti contra el mundo. La diferencia entre las dos es la diferencia entre una familia que te excluye y una que te incluye.
La repetición como deseo
El estribillo vuelve varias veces. «Ojalá hubiera tenido de suegra a Carmina Barrios». Siempre igual. Siempre empezando por el mismo deseo.
La palabra «ojalá» es una de las más bonitas del castellano, y su origen es árabe: viene de una expresión que significa algo así como «si Dios quiere». Es la palabra del deseo que no depende de uno. No se dice ojalá de lo que se puede conseguir. Se dice de lo que solo puede llegar por suerte, por destino, por milagro.
Repetir «ojalá» tantas veces es repetir un deseo imposible. La canción sabe que no va a tener a Carmina de suegra. Lo dice en pasado: ojalá hubiera tenido. Ya no. Ya pasó. Y en esa forma verbal hay una melancolía que el humor no tapa del todo.
Humor que no niega la pena
El planeta ha dicho muchas veces que en Gayfolk el humor no es una forma de huir del dolor, sino una forma de atravesarlo. Esta canción es un buen ejemplo.
Detrás de las bromas hay un matrimonio roto. Una familia política que no estuvo a la altura. Una sensación de haber sido tratado como un imbécil. Y una soledad posterior que se llena con fantasías.
Pero la canción no se pone triste. Se pone graciosa. Convierte todo eso en un monólogo de bar, con su «fíjate lo que te digo», su «stop, stop, un momento», su chiquitín y su jardín. Y el resultado es una canción que hace reír sin dejar de decir la verdad. Como hacía Carmina en sus películas.
El primer disco
La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK. Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, escribió una letra que suena a conversación, casi a monólogo de humor. La música y las voces están hechas con inteligencia artificial.
En el mismo planeta, el planeta recomienda escuchar después «Mi último ex era una IA disfrazada», otra canción que trata una ruptura con humor y un punto de ciencia ficción.
La canción está en Spotify, y en la sala de prensa hay más información sobre el proyecto.
Juvenal se equivocaba
Vuelta a Roma. Juvenal decía que mientras viva la suegra no hay concordia posible. El planeta cree que se equivocaba, o al menos que generalizaba demasiado. Hay suegras que traen la guerra y suegras que traen la paz. Hay suegras de chiste y suegras de jardín.
Lo que la canción hace es recordar que la suegra no es un destino, es una persona. Y que algunas personas, como Carmina en la pantalla, saben hacer de una comida de domingo un lugar donde uno se siente en casa.
Ojalá. Esa palabra vieja que viene del árabe y que se dice de lo que no depende de uno. Ojalá todos los maricas tuvieran una suegra así. Y si no la tuvieron, que al menos tengan una canción para imaginarla.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata la canción?
De alguien que repasa con humor su último matrimonio, que acabó mal, y su relación con la madre de su exmarido, que se puso del lado de su hijo. Frente a esa suegra real, imagina la suegra ideal: Carmina Barrios, la actriz sevillana, con quien comería en el jardín celebrando un aniversario. Es una fantasía cómica.
¿Quién es Carmina Barrios?
Es una actriz sevillana, madre del actor y director Paco León, que la convirtió en protagonista de las películas «Carmina o revienta» (2012) y «Carmina y amén» (2014). Su personaje, con una mezcla de picardía, desparpajo y ternura, la hizo muy popular.
¿Por qué las suegras tienen tan mala fama?
Es una tradición muy antigua. Ya el poeta latino Juvenal escribió que mientras viva la suegra hay que perder la esperanza de concordia. El refranero español y el humor popular están llenos de chistes sobre suegras.
¿En qué disco está?
En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis. La ficha del single la fecha el 7 de julio de 2026.