Cultura LGTBI
¿Eres revolucionario o eres talonario?: Cuba LGTBI, de las UMAP (1965–1968) y el Mariel a los sanatorios, el CENESEX y el Código de las Familias (2022), leído con las letras del Planeta Gayfolk
Por Mike Sain't Louis ·

En «La insignia de artista», del primer álbum del Planeta Gayfolk, alguien muy importante, con contactos en la música y en la producción, se pone delante del protagonista y le hace un examen. No le pregunta si sus canciones son buenas. Le pregunta otra cosa:
¿Eres revolucionario o eres talonario?
La canción habla de la música hecha con inteligencia artificial y de quién decide qué es arte y qué no. Pero la pregunta tiene un eco que va mucho más allá de la industria discográfica. En la Cuba de los años sesenta y setenta, a miles de personas se les hizo un examen parecido, y el resultado no era una mala crítica: era un campo de trabajo, la pérdida del empleo o un billete de ida en un barco hacia Florida.
Este texto recorre la historia LGTBI de Cuba desde aquellos campos hasta el referendo de 2022 que aprobó el matrimonio entre dos personas. Es una historia incómoda para casi todo el mundo, porque no encaja del todo ni en el relato oficial ni en el relato contrario. Y la lee con algunas letras del planeta que hablan de lo mismo con otras palabras: quién merece una insignia, quién decide qué pasó y quién se queda con la última palabra.
El hombre nuevo y los que no cabían
La Revolución cubana triunfó en enero de 1959 con una promesa de igualdad que entusiasmó a medio mundo. Una parte central de esa promesa era el llamado hombre nuevo: un ciudadano entregado al trabajo, a la patria y al colectivo, sin los vicios que se atribuían a la sociedad anterior. La idea no era exclusiva de Cuba; tenía antecedentes en la Unión Soviética y en otros proyectos políticos del siglo XX que también soñaron con fabricar un tipo humano a medida.
El problema de cualquier molde es lo que se queda fuera. En el ideal del hombre nuevo había un modelo de masculinidad muy concreto, viril, disciplinado y heterosexual, y quien no se ajustaba a él pasaba a ser sospechoso. Los homosexuales encajaban mal en el retrato, igual que los jóvenes con el pelo largo que escuchaban música extranjera, los creyentes de algunas confesiones o los hijos de familias consideradas burguesas. Todo ese grupo tan variado acabó metido en el mismo saco: el de los que había que corregir.
Conviene decir desde el principio que la homofobia no la inventó la Revolución. La sociedad cubana anterior también discriminaba a las personas homosexuales, como discriminaba a las mujeres y a la población negra. Lo nuevo fue que un Estado con mucho poder sobre la vida diaria convirtió ese prejuicio en política, con instituciones, listas y lugares concretos.
Camagüey, finales de 1965
Ese lugar concreto tuvo nombre y siglas. Entre finales de 1965 y 1968 funcionaron en la antigua provincia de Camagüey, en el centro de la isla, las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, conocidas como UMAP. Eran campos de trabajo agrícola, sobre todo en la caña de azúcar, organizados con disciplina militar. Para llenarlos se usó la ley del Servicio Militar Obligatorio, aprobada en noviembre de 1963, que permitía llamar a filas a los hombres en edad de prestar servicio. Así, lo que en la práctica era un internamiento podía presentarse como un destino militar más.
¿Cuánta gente pasó por allí? No hay una cifra oficial cerrada, en parte porque muchos registros se destruyeron o se clasificaron cuando los campos se cerraron. Los historiadores que han estudiado el tema dan estimaciones de entre 25.000 y 35.000 personas. Entre ellas había homosexuales, testigos de Jehová y otros religiosos, jóvenes acusados de vagancia o de «desviación ideológica» y miembros de la sociedad secreta abakuá. El historiador Abel Sierra Madero, uno de los que más ha investigado las UMAP, calcula que los homosexuales recluidos rondaron los ochocientos, y describe testimonios que los sitúan en unidades separadas, sometidos a un trato todavía peor.
Uno de los internados más conocidos fue el músico Pablo Milanés, uno de los fundadores de la Nueva Trova. Años después contó que lo habían llamado con un telegrama de servicio militar y que se encontró en lo que él mismo describió como un campo de concentración, junto a todos aquellos a los que el poder consideraba despreciables. Su testimonio, recogido en un documental de Juan Pin Vilar, es importante porque viene de alguien que siguió vinculado a la cultura de la Revolución durante décadas.
Lo que pasó y quién lo niega
Las UMAP se cerraron en 1968, tras críticas dentro y fuera de la isla. Durante mucho tiempo, sin embargo, fueron un tema del que casi no se hablaba en Cuba. No figuraban en los libros escolares, los archivos no estaban abiertos y los testimonios de quienes habían pasado por allí, muchos ya en el exilio, se miraban con sospecha. Era como si aquello no hubiera ocurrido, o como si quien lo contaba exagerara.

El planeta tiene una canción entera sobre esa sensación de que te nieguen lo que viviste. «Gaslighting», del segundo álbum, va de una relación en la que el otro insiste en que todo fue imaginación tuya. Su final se planta con una serie de advertencias seguidas:
Don’t you dare negar lo que pasó
En la canción, la persona que habla es alguien que ha salido de una relación de manipulación y que se niega a seguir dudando de su propia memoria. Trasladada a la historia, la frase vale para los antiguos internados de las UMAP y para sus familias. Durante décadas, la versión oficial osciló entre el silencio y la minimización, y solo desde mediados de los años 2000 se han multiplicado los libros, los artículos y los testimonios que intentan reconstruir lo que pasó. La nota del diario sobre cuando te dicen que lo soñaste explica esa letra con calma.
La misma canción tiene otro verso que funciona como resumen de todo este trabajo de memoria:
Mi verdad ya nadie la puede negar
Ninguna canción del planeta habla de Cuba, y sería inventar decir lo contrario. Lo que sí hacen estas letras es poner nombre a un mecanismo que se repite en lo pequeño y en lo grande: alguien con poder decide qué ocurrió, y quien lo sufrió tiene que pelear para que se le crea.
1971: el examen del artista
Cerrar los campos no acabó con el problema. En abril de 1971 se celebró en La Habana el Congreso Nacional de Educación y Cultura, que en su declaración final calificó la homosexualidad como una desviación incompatible con la Revolución. Las consecuencias fueron muy concretas: profesores, actores, bailarines, escritores y otros trabajadores de la cultura considerados homosexuales perdieron sus puestos o fueron apartados del contacto con los jóvenes. Algunos estudiantes fueron expulsados de la universidad.
Para decidir quién se quedaba y quién no, se aplicaron unos «parámetros» de conducta. De ahí viene la palabra parametración, que se usa en Cuba para hablar de aquellos años en que un artista podía quedarse sin escenario por no cumplir el molde. Es exactamente el examen que plantea la canción del planeta, aunque en otro siglo y con otras armas:
No mereces la insignia de artista
En «La insignia de artista», el que reparte las insignias es un personaje de la industria que considera que la música hecha con algoritmos no tiene corazón ni alma. En la Cuba de 1971, el que repartía las insignias era el Estado, y el criterio no era el algoritmo sino la conducta privada. Pero la estructura de la escena es la misma: alguien con poder se arroga el derecho a decidir quién es un artista de verdad, y lo hace mirando algo que no tiene que ver con la obra. La nota del diario sobre quién reparte el alma cuenta la canción desde su lado musical.
Con los años, aquella política se fue suavizando. En 1979 el nuevo Código Penal inició la despenalización de las relaciones entre personas del mismo sexo, y en 1997 se eliminaron las últimas referencias discriminatorias que quedaban en la ley penal. Pero entre una fecha y otra pasaron cosas que marcaron a una generación entera.
1980: la puerta del Mariel
En la primavera de 1980, después de que miles de personas entraran en la embajada de Perú en La Habana buscando salir del país, el Gobierno abrió el puerto del Mariel para quien quisiera irse. Entre abril y octubre de aquel año salieron de Cuba unas 125.000 personas en barcos de todo tipo rumbo a Florida, muchos de ellos fletados por familiares desde Estados Unidos.
Las autoridades aprovecharon el éxodo para deshacerse de quienes consideraban indeseables. En los discursos oficiales y en la prensa se habló de «escoria», y la salida de homosexuales, presos comunes y otros «antisociales» se vio con buenos ojos. Según muchos testimonios, hubo quien exageró su pluma ante los funcionarios para conseguir el permiso de salida, porque ser considerado homosexual podía acelerar los trámites. Al mismo tiempo, quienes se iban sufrían los llamados actos de repudio: grupos de vecinos organizados que se concentraban delante de sus casas para insultarlos y gritarles; los testimonios hablan también de huevos y piedras lanzados contra las fachadas.
El estribillo de «La insignia de artista» termina con una frase que, leída aquí, suena a orden de expulsión:
ahí tienes la puerta, fuera de mi vista
Entre los que se fueron por esa puerta estaba Reinaldo Arenas, el novelista, que había sido perseguido y encarcelado en la isla. Este diario ya habló de él en el texto sobre literatura queer en español; aquí basta con recordar que llegó a Estados Unidos en 1980 y que murió en Nueva York en 1990. Su autobiografía, «Antes que anochezca», se publicó después de su muerte y es uno de los testimonios más duros que existen sobre ser homosexual en la Cuba de aquellos años.
Los gritos en la puerta
Los actos de repudio son una de las partes más difíciles de contar de esta historia, porque no los protagonizaba un policía de uniforme sino gente corriente: vecinos, compañeros de trabajo, a veces conocidos de toda la vida. El poder ponía el marco, pero los gritos los ponían otros.

Hay una canción del planeta que describe muy bien lo que queda después de una humillación así. «No te vuelvo a mirar más», del segundo álbum, es la despedida definitiva de alguien que ha tratado al protagonista con desprecio. Empieza con dos versos que podrían firmar muchos de los que salieron por el Mariel:
Me juraste respeto y me escupiste desprecio, me pediste silencio y gritaste hasta el techo.
La canción no habla de política, sino de una persona concreta y de un trato injusto. Pero la contradicción que señala es la misma: quien exige silencio y respeto a los demás es el primero en gritar. Para muchas personas LGTBI cubanas, la Revolución les había pedido discreción durante dos décadas y, cuando decidieron irse, los despidió con gritos en la puerta de casa.
El título de la canción es también una manera de cerrar una etapa. No te vuelvo a mirar más. Muchos exiliados del Mariel no volvieron nunca a la isla, y algunos tardaron décadas en hacerlo.
Una película que dio la vuelta al mundo
En 1984 se estrenó «Conducta impropia», un documental de Néstor Almendros y Orlando Jiménez Leal que reunía testimonios de exiliados sobre la persecución de los homosexuales en Cuba, incluidas las UMAP. Tuvo mucha repercusión internacional y abrió un debate que incomodó a buena parte de la izquierda europea y latinoamericana, que hasta entonces había preferido no mirar ese lado de la Revolución.
Nueve años más tarde, en 1993, la propia industria cubana estrenó «Fresa y chocolate», de Tomás Gutiérrez Alea y Juan Carlos Tabío, sobre la amistad entre un joven militante y un homosexual culto y desencantado. Este diario ya dedicó espacio a esa película en el texto sobre cine queer latinoamericano. Lo que interesa aquí es el contraste: en menos de una década, el tema pasó de ser casi impronunciable a ocupar el centro de una película oficial que vio medio país.
Los sanatorios del sida
En 1986, un año después de documentar su primer caso de sida, Cuba puso en marcha una política que no tenía ningún otro país: la cuarentena obligatoria de todas las personas con VIH. Se hicieron pruebas masivas a la población, y quienes daban positivo eran internados en sanatorios construidos para ello, el primero en Santiago de las Vegas, a las afueras de La Habana. Desde allí solo podían salir con permisos y, en los primeros tiempos, acompañados.
La política fue muy discutida. Sus defensores señalaban que contuvo la epidemia y que los internos recibían comida, alojamiento y atención médica gratuitos. Sus críticos denunciaban que encerrar a personas por un diagnóstico vulneraba derechos básicos. En 1994 se levantó oficialmente la cuarentena obligatoria, aunque los nuevos diagnósticos seguían pasando un periodo de educación en el sanatorio, y según un estudio publicado en la revista JAMA, en 2003 la mitad de las personas con VIH del país seguía viviendo en ellos, muchas por decisión propia.
Para la población homosexual, aquellos años fueron especialmente duros. A la enfermedad se sumaba el estigma, y el estigma ya venía de lejos. Hoy el VIH tiene tratamiento, y una persona con carga viral indetectable no lo transmite; la historia de los sanatorios cubanos recuerda por qué es tan importante que el diagnóstico deje de ser un motivo para apartar a nadie.
Mariela Castro y el CENESEX
A finales de los años ochenta se creó en La Habana el Centro Nacional de Educación Sexual, el CENESEX, una institución estatal dedicada a la salud y la educación sexual. Desde hace más de dos décadas lo dirige Mariela Castro Espín, hija de Raúl Castro y de Vilma Espín, que durante años presidió la Federación de Mujeres Cubanas. Su apellido le dio un margen que pocos activistas habrían tenido.

Bajo su dirección, el CENESEX empezó a organizar cada mes de mayo las jornadas contra la homofobia, con una conga que recorría las calles de La Habana. En 2008, el Ministerio de Salud Pública aprobó la Resolución 126, que creó una comisión nacional de atención a las personas transexuales dirigida por el CENESEX y un centro autorizado para realizar los tratamientos de reasignación en la sanidad pública. Fue un cambio enorme para un país que dos décadas antes había apartado a los homosexuales de las aulas.
El papel del CENESEX tiene dos caras, y conviene contar las dos. Por un lado, abrió debates que parecían imposibles y consiguió avances legales reales. Por otro, ha funcionado como el único canal autorizado para el activismo LGTBI en la isla, y los colectivos independientes que han intentado organizarse por su cuenta han denunciado presiones. La diversidad, en la Cuba oficial, se ha celebrado sobre todo cuando se celebra dentro del marco que fija el Estado.
2010: «Si alguien es responsable, soy yo»
El 31 de agosto de 2010, el diario mexicano La Jornada publicó una larga entrevista de su directora, Carmen Lira, con Fidel Castro. En ella, el expresidente habló por primera vez de manera directa de la persecución de los homosexuales en los primeros años de la Revolución. La calificó como «una gran injusticia» y, cuando se le preguntó quién era el responsable, contestó: «Si alguien es responsable, soy yo».
En la misma entrevista justificó que no hubiera prestado atención al asunto porque en aquellos años el Gobierno tenía, según sus palabras, problemas de vida o muerte: la amenaza de invasión, la crisis de los misiles, los intentos de atentado. Muchos de los que habían sufrido aquella persecución recibieron la frase con una mezcla de alivio y enfado. Alivio porque por fin se reconocía. Enfado porque llegaba casi cincuenta años tarde y sin una petición formal de perdón.
Ahí vuelve a encajar el verso de «Gaslighting»: «Don’t you dare negar lo que pasó». Reconocer lo ocurrido es el primer paso, pero no basta con una frase en una entrevista. Las víctimas de las UMAP siguen reclamando que se abran los archivos y que se reconozca oficialmente lo que vivieron.
2019: una marcha sin permiso
En mayo de 2019, el CENESEX anunció que ese año no habría conga contra la homofobia. Un grupo de activistas independientes decidió marchar de todos modos. El 11 de mayo, más de un centenar de personas salió del Parque Central de La Habana y bajó por el Paseo del Prado con banderas de arcoíris, convocadas en buena parte a través de las redes sociales y de la nueva internet móvil. Cerca del Malecón, la policía cortó la marcha y detuvo a varios participantes.
Fue la primera manifestación LGTBI independiente de esa envergadura en la Cuba revolucionaria, y mostró algo que la conga oficial no enseñaba: una comunidad que ya no se conformaba con que le dieran permiso para celebrar. Aquel mismo año se había aprobado una nueva Constitución. El borrador inicial definía el matrimonio como la unión entre dos personas, pero tras las protestas de varias iglesias evangélicas y de otros sectores esa redacción se retiró, y la cuestión se aplazó a un futuro Código de las Familias.
Familias que no caben en el molde
Las iglesias que se opusieron a la redacción de 2019 y que después hicieron campaña por el no en el referendo repetían un argumento conocido: los niños, la familia tradicional, lo que es natural. En «Tan paleto», del tercer álbum, el planeta le responde a un personaje que se escandaliza al ver a dos hombres de la mano. Uno de sus versos lo despacha con ironía:
Ya sé que su mente tiene limitaciones
La canción está escrita en España y pensando en un espectador concreto, pero el tipo de comentario que contesta es universal. Cada vez que un país discute el matrimonio entre personas del mismo sexo aparece la misma figura: el vecino que cree que su incomodidad es un argumento. La nota del diario sobre las leyes españolas, de la peligrosidad al matrimonio recorre ese mismo debate en España.
25 de septiembre de 2022
El nuevo Código de las Familias se sometió a referendo el 25 de septiembre de 2022, después de un largo proceso de consulta popular. Según los resultados oficiales del Consejo Electoral Nacional, votaron el 74,12 % de los electores. El sí obtuvo 3.950.288 votos, el 66,85 % de los votos válidos, y el no, 1.959.097, el 33,15 %.

El texto sustituyó al Código de Familia de 1975 y define el matrimonio como la unión consensuada entre dos personas, sin mencionar su sexo. Permite la adopción a las parejas del mismo sexo, regula la gestación solidaria sin fines de lucro, refuerza la protección frente a la violencia en el hogar y amplía el papel de abuelos, madrastras y padrastros en la crianza. Medios internacionales lo describieron como una de las leyes de familia más avanzadas de América Latina.
Que una cuestión de derechos se someta a votación popular es siempre discutible: los derechos de una minoría no deberían depender de lo que opine la mayoría. Aun así, el resultado fue claro, y para muchas parejas cubanas significó por fin poder casarse en el país en el que viven. El tercio de votos en contra también es un dato: recuerda que la ley ha ido por delante de una parte importante de la sociedad.
La familia que uno elige
Para muchas personas LGTBI cubanas, la familia de sangre no ha sido siempre un refugio. Hubo quien fue denunciado por sus propios parientes en los años sesenta, quien se quedó solo cuando sus amigos se fueron por el Mariel y quien ha visto cómo la emigración de los últimos años dispersaba a su gente por medio mundo. En ese contexto, la familia elegida, los amigos que hacen de hermanos, ha tenido un peso enorme.
El diario del planeta tiene una nota sobre la familia elegida que explica cómo funciona esa red de afectos. En la historia cubana se ve con mucha claridad: cuando el Estado, la calle o la casa fallan, la gente se sostiene entre sí. Las casas particulares donde se hacían fiestas discretas en los setenta, los grupos de amigos que se escribían cartas entre Miami y La Habana, los colectivos que se organizaron por internet en 2019, todo eso es familia elegida.
Lo que el examen no mide
Volvamos a la pregunta de la canción: «¿Eres revolucionario o eres talonario?». En «La insignia de artista», la respuesta del protagonista es un cansado «creo que ya me rindo», porque sabe que el examen está amañado. Quien pregunta ya ha decidido de antemano qué cuenta como arte y qué no.
La historia LGTBI de Cuba enseña que esos exámenes siempre miden lo que no deberían. Durante décadas, a las personas homosexuales de la isla se les juzgó por algo que no tenía nada que ver con su trabajo, su talento o su compromiso. Hubo maestros excelentes que perdieron su aula, bailarines que se quedaron sin escenario y escritores que tuvieron que publicar fuera. El ideal del hombre nuevo se quedó sin muchos de los mejores hombres y mujeres que tenía.
El planeta, desde Madrid, no pretende dar lecciones sobre Cuba. Tampoco conviene usar esta historia para un ajuste de cuentas político en un sentido u otro: la homofobia de Estado ha existido bajo regímenes de signo muy distinto, y en España, sin ir más lejos, la ley de peligrosidad social estuvo vigente hasta 1979. Lo que sí puede hacer un diario como este es poner las fechas en orden y recordar que entre las UMAP de 1965 y el referendo de 2022 hay más de medio siglo de gente que no se rindió, aunque a veces se le escapara un «creo que ya me rindo».
Si algo de esto te toca
Leer sobre campos de trabajo, exilios forzados o humillaciones públicas puede remover recuerdos o miedos propios. Si estás en España y necesitas hablar con alguien, el 024 atiende gratis, de forma confidencial y a cualquier hora a personas que están pasando un mal momento y a quienes se preocupan por alguien. Si hay un peligro inmediato, el número es el 112. El Teléfono de la Esperanza escucha en el 717 003 717, y FELGTBI+ ofrece orientación a personas LGTBI en el 913 604 605. Si estás en Cuba o en cualquier otro país, en findahelpline.com puedes buscar líneas de ayuda gratuitas cerca de ti.
Créditos
«La insignia de artista» forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK, y está en Spotify. «Gaslighting» y «No te vuelvo a mirar más» son de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo, y «Tan paleto» del tercero. Mike Sain't Louis escribe las letras, compone y produce; las interpretaciones vocales y los arreglos se generan con inteligencia artificial a partir de su trabajo, y por eso se le presenta como «el primer cantautor IA». Ninguna de estas canciones trata de Cuba y sus personajes son inventados. Sobre las UMAP, el Mariel, los sanatorios, el CENESEX y el Código de las Familias solo se recogen hechos publicados; las cifras de internados son estimaciones de historiadores, no datos oficiales. El catálogo de canciones reúne la trilogía y la sala de prensa tiene el resto.
Preguntas frecuentes
¿Qué fueron las UMAP?
Las Unidades Militares de Ayuda a la Producción, campos de trabajo agrícola con disciplina militar que funcionaron en la antigua provincia de Camagüey entre finales de 1965 y 1968. Se crearon al amparo de la ley del Servicio Militar Obligatorio de 1963. Los historiadores calculan que pasaron por ellas entre 25.000 y 35.000 personas: homosexuales, religiosos, jóvenes considerados desafectos y otros a los que el poder quería «reeducar».
¿Qué fue la parametración?
Tras el Congreso Nacional de Educación y Cultura de 1971, que declaró la homosexualidad una desviación incompatible con la Revolución, se aplicaron unos «parámetros» para apartar de la enseñanza, el teatro y otros trabajos culturales a quienes no se ajustaban a ellos. A esa exclusión se la conoce popularmente como parametración.
¿Qué relación tuvo el Mariel con las personas LGTBI?
En 1980 salieron de Cuba por el puerto del Mariel unas 125.000 personas en barcos rumbo a Florida. Las autoridades facilitaron la salida de quienes consideraban «escoria» o antisociales, y entre ellos hubo muchos homosexuales, como el escritor Reinaldo Arenas.
¿Qué es el CENESEX?
El Centro Nacional de Educación Sexual, una institución estatal cubana creada a finales de los años ochenta y dirigida desde hace más de dos décadas por Mariela Castro Espín. Organiza las jornadas contra la homofobia y, desde una resolución de 2008, dirige la comisión que atiende a las personas trans en la sanidad pública.
¿Es legal el matrimonio igualitario en Cuba?
Sí. El Código de las Familias, aprobado en referendo el 25 de septiembre de 2022 con el 66,85 % de los votos válidos, define el matrimonio como la unión entre dos personas y permite la adopción a las parejas del mismo sexo.