Planeta Gayfolk

Sociedad

Duelo LGTBI y derechos al final de la vida: el duelo que nadie reconoce, el testamento, la pareja y la despedida, leído con «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» y otras letras del Planeta Gayfolk

Por ·

Portada de «Nadie Hablará De Mí Cuando Haya Muerto», canción de Mike Sain't Louis

De la muerte se habla poco, y del duelo de las personas LGTBI, todavía menos. Sin embargo, quien ha vivido parte de su vida en el armario, o ha tenido que defender a su pareja ante una familia que no la aceptaba, sabe que la despedida de alguien querido puede convertirse en otro lugar donde volver a esconderse. Este texto recoge qué es el duelo que nadie reconoce, por qué afecta tanto a la comunidad LGTBI y qué papeles conviene tener en regla para que, llegado el momento, decidan quienes te quieren y no quienes te toleraban.

Las canciones que acompañan el recorrido son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño que usa herramientas de inteligencia artificial para generar las voces. Las letras tienen narradores inventados: el «yo» que aparece en ellas es un personaje, no una confesión del autor. Los versos se citan exactamente como están publicados.

Un funeral contado en primera fila

En el primer álbum de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», hay una canción que hace inventario de un entierro antes de que ocurra. Se titula «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» y arranca contando sillas:

Dos amigos, como mucho, tal vez uno. Familia de sangre: mi madre, mi padre, mi última pareja...

La lista es corta y está ordenada con mucha intención. Primero los amigos, luego la familia de sangre y, al final, la última pareja. El diario ya la leyó como un funeral ensayado, con su humor negro y su cura despachado de casa. Aquí interesa la pregunta que deja flotando: quién tiene derecho a estar en primera fila cuando alguien muere, y quién decide quién se sienta dónde.

Para muchas personas LGTBI esa pregunta no es teórica. La respuesta legal y la respuesta afectiva no siempre coinciden.

El dolor que no tiene nombre

En 1989, el psicólogo estadounidense Kenneth Doka publicó un libro con un concepto que hoy usan los especialistas en duelo de todo el mundo: el duelo desautorizado, en inglés «disenfranchised grief». Lo definió como el dolor por una pérdida que no se puede reconocer abiertamente, llorar en público ni apoyar socialmente.

Doka señalaba varias situaciones típicas: cuando la relación no está reconocida, cuando la pérdida no se considera importante o cuando a la persona que sufre no se la ve como alguien con derecho a sufrir. Entre los ejemplos que daba estaban las parejas del mismo sexo, las exparejas, los amantes y los amigos íntimos.

En la práctica, eso se traduce en escenas que mucha gente reconoce:

  • El novio que no puede pedir días libres porque en el trabajo nadie sabía que existía.
  • La pareja que se entera tarde de la muerte porque la familia no la avisó.
  • El amigo que era familia de verdad y en el tanatorio es uno más del pasillo.
  • La persona que llora a un ex y escucha que «ya no era nada tuyo».

El dolor no es menor por no tener nombre oficial. Lo que suele ser menor es el apoyo, y eso hace que el duelo se alargue o se complique.

El narrador, el padre, la madre

La canción de Mike tiene un verso que suena a reproche y a resignación a la vez. Después de la lista de asistentes, el narrador añade:

Hasta que, al final, y con razón, él también se aleja.

Ese «con razón» es lo más duro de la estrofa. El personaje asume que lo dejarán solo y además lo justifica. Es una forma de pensar que muchas personas LGTBI conocen bien: la sensación de no merecer del todo el cariño de los demás, de ser «el raro» al que se le tolera.

La familia de sangre, en esta letra, ocupa su sitio sin más explicación. No dice si aceptaba o no al narrador. Pero el orden de la lista deja abierta una posibilidad que las asociaciones LGTBI conocen de sobra: que la familia legal no sea la familia real.

Cuando la familia aparta a la pareja

Durante la crisis del VIH, en los años ochenta y noventa, miles de hombres gais murieron jóvenes. Muchos de sus novios cuidaron de ellos hasta el final y, al llegar la muerte, fueron apartados por la familia biológica: del hospital, de las decisiones médicas, del funeral, del piso que compartían, a veces incluso de las cenizas. No había matrimonio igualitario ni registros de parejas, y la ley no veía nada entre ellos. El diario lo recordó al hablar del VIH, la memoria y el presente.

Fotogramas del videoclip oficial de «Nadie hablará de mí cuando haya muerto», de Mike Sain't Louis

De aquella experiencia nacieron respuestas colectivas. En 1987 se presentó en Estados Unidos el AIDS Memorial Quilt, el gran tapiz de retazos en el que amigos y parejas cosían un panel por cada persona fallecida. Era, entre otras cosas, una manera de celebrar los funerales que no habían podido tener.

En España, el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde 2005, y las parejas de hecho tienen registros autonómicos y municipales. Pero los papeles solo protegen a quien los tiene. Una pareja que convivía sin registrarse, o una relación que se vivía en secreto, sigue estando hoy en la misma situación de vulnerabilidad que hace cuarenta años.

Lo que la ley ve y lo que no

Conviene saber qué reconoce la ley española, porque es menos de lo que mucha gente cree:

  • Matrimonio. El cónyuge tiene derechos en la herencia aunque no haya testamento, derecho a pensión de viudedad si se cumplen los requisitos y la consideración de familiar más cercano en el hospital.
  • Pareja de hecho registrada. Tiene derecho a pensión de viudedad con condiciones, a permisos laborales y a que se la tenga en cuenta en decisiones médicas. Pero en el derecho civil común no hereda si no hay testamento.
  • Pareja no registrada, amigos, familia elegida. Para la ley, en general, no existen. Pueden ser importantísimos en tu vida y no tener ningún derecho automático cuando mueres.

Esto no significa que haya que casarse para estar protegido. Significa que, si no quieres hacerlo, hay otras herramientas, pero hay que usarlas a tiempo.

El testamento no es cosa de ricos

Si alguien muere sin testamento, se aplica la sucesión que fija la ley. En el Código Civil, la herencia va primero a los hijos y descendientes; si no los hay, a los padres y ascendientes; después al cónyuge; y luego a hermanos y otros parientes hasta el cuarto grado. Si no hay nadie, hereda el Estado.

La pareja de hecho no aparece en esa lista. Algunas comunidades con derecho civil propio, como Cataluña, sí reconocen derechos a la pareja estable, pero las normas cambian de un territorio a otro y conviene consultarlo.

Por eso el testamento es tan importante para las parejas que no se casan y para quien quiere dejar algo a su familia elegida. No hace falta tener una gran fortuna: sirve para un piso a medias, unos ahorros, un coche o simplemente para que nadie pueda echar a tu pareja de la casa en la que vivíais. Hacerlo ante notario suele costar poco, y se puede cambiar tantas veces como se quiera. Hay que tener en cuenta que los hijos y, a falta de ellos, los padres tienen derecho a una parte de la herencia, la legítima, que el testamento no puede quitarles.

La pensión de viudedad de las parejas de hecho

La pensión de viudedad para parejas de hecho la regula el artículo 221 de la Ley General de la Seguridad Social. La Ley 21/2021 cambió su redacción y, desde el 1 de enero de 2022, ya no se exige un requisito de ingresos. Los que siguen vigentes son estos:

Mike Sain't Louis en un callejón nocturno con espejos de feria y un planeta magenta, con el verso «Familia de sangre: mi madre, mi padre,» de «Nadie hablará de mí cuando haya muerto»
  • Que la pareja esté constituida mediante inscripción en un registro autonómico o municipal, o en documento público, al menos dos años antes del fallecimiento.
  • Que se acredite con el certificado de empadronamiento una convivencia estable y notoria de al menos cinco años inmediatamente anteriores a la muerte.
  • Si hay hijos en común, basta con acreditar la constitución formal de la pareja.

Los dos años de inscripción son un plazo que mucha gente desconoce. Una pareja que lleva diez años junta y se registra cuando uno de los dos enferma puede quedarse sin pensión si la muerte llega antes de tiempo. Registrarse es un trámite pequeño que conviene no dejar para mañana.

Dos días para llorar

El Estatuto de los Trabajadores, en su artículo 37.3, da derecho a dos días de permiso retribuido por el fallecimiento del cónyuge, la pareja de hecho o parientes hasta el segundo grado, que se amplían a cuatro si hay que desplazarse. Algunos convenios colectivos mejoran esa cifra.

Lo que la ley no contempla son las demás pérdidas. Un amigo íntimo, una expareja o el novio con el que no convivías no dan derecho a ningún día. Quien está en el armario en el trabajo tiene además otro problema: para pedir el permiso tendría que explicar quién era esa persona. Muchos optan por coger vacaciones o fingir una gripe. Ese silencio forzado es exactamente el duelo desautorizado del que hablaba Doka.

El hospital y las decisiones

Antes de la muerte suele haber una enfermedad, y en ella aparecen decisiones difíciles. La Ley 41/2002, de autonomía del paciente, establece que, si una persona no puede decidir, el consentimiento lo dan quienes estén vinculados a ella por razones familiares o de hecho. Esa fórmula incluye a la pareja de hecho, pero deja mucho margen a la interpretación cuando la familia y la pareja no se ponen de acuerdo.

La herramienta que lo resuelve es el documento de instrucciones previas, que regula el artículo 11 de esa ley y que en algunas comunidades se llama testamento vital o voluntades anticipadas. En él puedes dejar escrito qué cuidados quieres y cuáles no, y nombrar a una persona representante que hable por ti si no puedes hacerlo, aunque no sea tu familiar. Se inscribe en el registro de tu comunidad, que está conectado con el Registro Nacional de Instrucciones Previas, para que los hospitales puedan consultarlo.

El móvil, las fotos y los mensajes

Hay una herencia que no sale en ninguna escritura: la vida digital. Las conversaciones, las fotos, los perfiles en redes y en aplicaciones de citas. Para una persona LGTBI que no había salido del armario con su familia, o que solo lo había hecho a medias, esa herencia puede contar cosas que no quiso contar en vida. Y para su pareja puede ser el único archivo de la relación.

La Ley Orgánica 3/2018, de protección de datos, lo regula en su artículo 96, que lleva el nombre de derecho al testamento digital. Según ese artículo, las personas vinculadas al fallecido por razones familiares o de hecho, y sus herederos, pueden dirigirse a las plataformas para acceder a sus contenidos y decidir qué se hace con ellos: conservarlos, cambiarlos o borrarlos. Hay una excepción importante: no podrán hacerlo si la persona fallecida lo prohibió de forma expresa. Además, cualquiera puede designar a alguien concreto, aunque no sea familiar, para que se encargue de cumplir sus instrucciones.

Dicho de otra forma: puedes dejar escrito quién gestiona tus cuentas y quién no, y qué quieres que pase con tus mensajes. Muchas plataformas tienen además su propia opción de contacto de legado o de cuenta conmemorativa. Revisarla lleva cinco minutos y evita que un perfil quede en manos de quien menos lo entendería.

El destino del cuerpo y la despedida

Ese mismo documento puede incluir tus deseos sobre lo que ocurre después: el destino de tu cuerpo, la donación de órganos, si prefieres entierro o incineración. También puedes dejar indicaciones en el testamento o, de forma más sencilla, hablarlo con las personas cercanas y dejarlo por escrito en algún sitio fácil de encontrar.

Collage con un detalle de la carátula de «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» y las carátulas de «Un puñetazo al dia», «Hoy es el último adiós», «La de la Capilla Sixtina»

Parece un detalle menor, pero en las familias en conflicto el funeral es a menudo el último escenario de la disputa: quién organiza, qué se dice, si hay ceremonia religiosa o no, si se nombra a la pareja en la esquela. La canción de Mike lo lleva al extremo con un narrador que, en su propio funeral imaginado, no quiere la última bendición:

El cura que quiere dar la extremaunción, y mi despedida, a malas, con la iglesia:

No hace falta compartir la ira del personaje para entender el fondo: cada persona tiene derecho a una despedida que se parezca a su vida. Las ceremonias civiles y laicas existen, los tanatorios las ofrecen y pueden incluir música, lecturas y a quien uno elija.

Llorar a un ex

Hay un duelo que casi nadie toma en serio: el de una relación que se acaba sin que nadie muera. En «Un puñetazo al día», otra canción del primer álbum, un narrador organiza un entierro con amigos para despedir a su exmarido, que sigue muy vivo:

Es una corona de flores, porque esta noche vamos a celebrar el entierro de mi exmarido

La escena es cómica, con corona de flores en el maletero y carcajadas en un bar, pero describe algo que la psicología reconoce: las rupturas también se viven como pérdidas, con sus fases de incredulidad, rabia y tristeza. El diario la leyó como un funeral con corona para un ex.

Cuando además la expareja muere de verdad, el duelo se complica. Quien fue pareja durante años, sobre todo si no hubo boda ni registro, puede encontrarse sin sitio en el tanatorio y sin permiso para llorar. Y el entorno suele decir lo mismo: «pero si ya lo habíais dejado».

«Y en dos semanas eso es pasado»

La parte más seria de la canción no es la del cura, sino la del olvido:

Y en dos semanas eso es pasado, eso ya está vivido, y será como si nunca hubieras existido.

El miedo a que nadie recuerde es antiguo, pero en las personas LGTBI tiene una raíz concreta. Durante generaciones, sus vidas se borraron de las historias familiares: el «tío soltero» del que no se hablaba, la «amiga» con la que una mujer vivió cuarenta años. Las esquelas no mencionaban a las parejas y las lápidas no recogían esos amores. El diario usó un clavel rosa como cartel de esta misma canción, y la imagen funciona: una flor para quien no tuvo corona.

Por eso la memoria es también una forma de reparación. Contar quién era alguien de verdad, con quién vivió y a quién quiso, es una manera de que no sea «como si nunca hubiera existido».

Envejecer y morir sin volver al armario

Las personas LGTBI mayores se enfrentan a todo esto con menos red. Muchas no tuvieron hijos, perdieron amigos en los años del VIH o rompieron con su familia de origen. Algunas, al entrar en una residencia o al depender de cuidados, sienten que tienen que volver a esconderse. El diario dedicó un texto entero a esa realidad, a envejecer sin volver al armario, y otro a la relación entre salir del armario y la salud mental.

Para ellas, el testamento, la pareja de hecho y las instrucciones previas no son trámites abstractos. Son la diferencia entre que su vida se respete hasta el final o que otros la reescriban.

La despedida que sí se puede elegir

«Hoy es el último adiós», del tercer álbum, «El día de la liberación», es una canción de muy pocas palabras que se repiten casi como un mantra:

Ficha de la canción «Nadie hablará de mí cuando haya muerto» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

yo solo he venido a decirte que hoy es el último adiós

En el diario se interpretó como una forma de despedirse sin explicaciones. Leída al lado de este tema, recuerda algo útil: las despedidas no tienen por qué ocurrir solo en el tanatorio. Se puede decir adiós en una cena, en una escapada al lugar que la persona amaba, plantando un árbol, leyendo en voz clara una carta entre amigos. Si la familia legal acapara el funeral, la familia elegida puede organizar el suyo.

Acompañar a quien llora

Si alguien cercano pierde a una pareja, un amigo o un ex, y sospechas que su entorno no lo va a reconocer, hay cosas sencillas que ayudan:

  • Nombrar a la persona fallecida por su nombre y reconocer el vínculo: «sé lo importante que era para ti».
  • Preguntar qué necesita, en lugar de suponerlo.
  • Acordarse de las fechas difíciles, como cumpleaños o aniversarios, que suelen pasar desapercibidas para los demás.
  • No poner plazos. El duelo no termina en dos semanas, por mucho que lo diga la canción.

El diario tiene un texto general sobre duelo y despedidas que puede servir como punto de partida.

Una lista práctica

Para terminar, una lista que cualquiera puede revisar, tenga la edad que tenga:

  • Si tienes pareja y no estáis casados, valorad registraros como pareja de hecho y hacedlo cuanto antes por el plazo de dos años.
  • Haz testamento ante notario, sobre todo si quieres que tu pareja o tu familia elegida reciban algo.
  • Redacta un documento de instrucciones previas y nombra a tu representante.
  • Deja por escrito cómo quieres tu despedida y díselo a alguien de confianza.
  • Decide quién podrá gestionar tus cuentas y tus mensajes, y si hay algo que prefieres que nadie lea.
  • Habla de estas cosas con las personas que quieres. Es incómodo, pero evita conflictos que llegan en el peor momento.

Cuando el duelo pesa demasiado

Un duelo puede traer tristeza profunda, insomnio, culpa o la sensación de no poder seguir. No es una debilidad pedir apoyo, y no hace falta esperar a estar al límite. En España tienes estos recursos:

  • 024: la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad. Gratuita, confidencial y disponible a todas horas, también para quien está preocupado por otra persona.
  • 112: emergencias, si hay un riesgo inmediato.
  • Teléfono de la Esperanza: 717 003 717, que además organiza grupos de apoyo para el duelo en varias de sus sedes.
  • FELGTBI+: 913 604 605, para encontrar asociaciones LGTBI con grupos de mayores, de apoyo o de familias.

Si no vives en España, llama al número de emergencias de tu país o consulta qué línea de ayuda en crisis está disponible allí.

Ficha

«Nadie hablará de mí cuando haya muerto» forma parte de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», primer álbum de la trilogía GAYFOLK, y se puede escuchar en Spotify. Se citan también «Un puñetazo al día», del mismo disco, y «Hoy es el último adiós», de «El día de la liberación». El concepto de duelo desautorizado procede de Kenneth J. Doka, «Disenfranchised Grief: Recognizing Hidden Sorrow» (1989). La información legal se basa en el artículo 221 de la Ley General de la Seguridad Social en la redacción de la Ley 21/2021, el artículo 37.3 del Estatuto de los Trabajadores, los artículos 9 y 11 de la Ley 41/2002, el artículo 96 de la Ley Orgánica 3/2018 y las normas de sucesión intestada del Código Civil, consultados en el BOE; no sustituye al consejo de un profesional del derecho. Los teléfonos de ayuda se han comprobado en las webs del Ministerio de Sanidad, el Teléfono de la Esperanza y FELGTBI+. Contacto para medios: prensa.

Preguntas frecuentes

¿Qué es el duelo desautorizado?

Es el término que propuso el psicólogo Kenneth Doka en 1989 para el dolor por una pérdida que el entorno no reconoce o no permite expresar en público: la muerte de una pareja que se mantenía en secreto, de una expareja, de un amigo íntimo o de alguien con quien no había un vínculo oficial. Ese dolor es igual de real, pero se vive con menos apoyo.

¿Una pareja de hecho hereda si no hay testamento?

En el derecho civil común, el del Código Civil, no: si no hay testamento, la herencia va a descendientes, ascendientes, cónyuge y parientes, y la pareja de hecho no figura en esa lista. Algunas comunidades con derecho civil propio sí le reconocen derechos. Por eso, si queréis protegeros, lo más seguro es hacer testamento ante notario.

¿Cobra pensión de viudedad una pareja de hecho?

Sí, si cumple los requisitos del artículo 221 de la Ley General de la Seguridad Social: haber constituido la pareja en un registro o en documento público al menos dos años antes del fallecimiento y acreditar con el padrón cinco años de convivencia, salvo que haya hijos en común. Desde 2022 ya no se exige un requisito de ingresos.

¿Quién decide sobre mi tratamiento médico o mi funeral si no puedo hacerlo yo?

Puedes dejarlo por escrito en un documento de instrucciones previas, que regula el artículo 11 de la Ley 41/2002, y nombrar en él a una persona representante, aunque no sea de tu familia. Ese documento puede incluir también tus deseos sobre el destino de tu cuerpo.

¿De qué trata «Nadie hablará de mí cuando haya muerto»?

Es una canción del primer álbum de la trilogía GAYFOLK, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», en la que un narrador imagina su propio funeral con humor negro: cuenta quién irá, quién no, qué dirán de él y lo rápido que llegará el olvido. El narrador es un personaje.

Más notas

Apoyar en Ko-fi