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Cultura pop

Casado con un muñeco: el señor Sombrero, Kenny y yo en «El señor Garrison»

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Portada de «El Señor Garrison», canción de Mike Sain't Louis

«Voy a acabar como el señor Garrison, con el señor Sombrero».

Hay amenazas que dan miedo y amenazas que dan risa. Esta da las dos cosas, en ese orden y sin anestesia. El narrador no teme quedarse solo. Eso sería demasiado normal para el planeta. Teme algo mucho más concreto y mucho más ridículo: acabar casado con un muñeco de mano.

«Y al final voy a terminar casado ¡con un muñeco!»

Con exclamación. Con el pánico de quien ya se ve en el juzgado de paz, con un calcetín con ojos sentado en la silla de al lado.

En el diario ya conté la parte técnica de esta canción, la de los celos, el ordenador y el parchís. Hoy voy a lo que casi nadie mira porque se da por sabido: South Park. Quién es de verdad el señor Garrison. Qué pinta el señor Sombrero en una canción de cuernos. Y por qué Kenny, el niño de la capucha naranja, es el mejor espejo que encontré para alguien que vuelve una y otra vez al mismo novio.

Si no has visto la serie, te la cuento. Si la has visto, te la cuento igual, que aquí todas tenemos la memoria de un pez.

Ficha de mesilla

«El señor Garrison» es la pista 67 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía, el del descubrimiento. Va justo después de «Que me coma el chumino la jefa de servicio» (sí, ese orden es real y no pido perdón) y justo antes de «En grupo mienten explotan siempre».

Tiene su ficha con descarga gratis, videoclip de tres minutos y medio y está en Spotify. La letra es mía. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial, que en esta casa se dice en la primera línea y no en la letra pequeña.

Quién es Herbert

El señor Garrison aparece desde el primer capítulo de South Park, «Cartman Gets an Anal Probe», emitido el 13 de agosto de 1997. Lo crearon Trey Parker y Matt Stone, y le pone voz Parker. Es el maestro de la escuela del pueblo. Malísimo, por cierto: según la propia serie, se pasa ocho días poniendo vídeos de «Barnaby Jones» en clase y pregunta a los niños por qué Chubby Checker dejó a los Beatles en 1972.

Un docente de los que hacen afición.

Y lo importante: en las primeras temporadas da clase con un títere de mano. Mr. Hat. El señor Sombrero en la versión española. Un muñeco con sombrero morado al que Garrison le habla, le consulta, le discute y le hace caso. A veces el muñeco parece tener vida propia: conduce un coche contra la pared de una cárcel para rescatarle, y el cocinero Chef se pregunta lo que nos preguntamos todos, cómo narices ha llegado ese muñeco al pedal del acelerador.

Parker contó que el personaje salió en parte de su profesora de infantil, que también usaba un títere llamado Mr. Hat. Los traumas de la guardería siempre acaban en algún sitio. Unos en terapia. Otros en una serie de Comedy Central.

El muñeco que decía lo que él callaba

Aquí viene la parte que convierte el chiste en una cosa seria.

Fotogramas del videoclip oficial de «El señor Garrison», de Mike Sain't Louis

En la serie se sugiere varias veces que el señor Sombrero es la manera que tiene Garrison de decir lo que no se atreve a decir con su propia boca. En el capítulo «Summer Sucks», un psicólogo le suelta que el títere es la personificación de su «lado gay». Garrison lo niega. Y el psicólogo no puede rebatirle porque, en el más puro estilo South Park, se lo carga un petardo gigante a los pocos segundos.

Garrison pasó años en el armario. Y quien hablaba por él era un muñeco.

Lo saco del armario de la serie y lo pongo en la canción: «Voy a acabar como el señor Garrison, con el señor Sombrero». Ya no suena solo a soltería de mantita y gato. Suena a otra cosa más fea. A acabar en una relación donde el que habla de verdad no eres tú. Donde tus sentimientos los dice otro, con una vocecita, desde tu mano. Donde quien decide es un trozo de tela.

Y luego está el segundo sentido, que es el que más me hace reír: el novio que tiene el narrador al lado ahora mismo también podría ser un muñeco. Uno de esos que sonríen, asienten y por detrás quedan con un tío. Un muñeco de los de pilas.

El que tardó en aclararse

A Garrison la serie le hace pasar por todo. Durante las primeras temporadas finge que la homosexualidad le parece fatal mientras el muñeco tiene fantasías con hombres. Le echan del colegio, escribe una novela erótica titulada «In the Valley of Penises» que, dentro de la ficción, se vende bien y gana el «Pulitzer gay», sufre una crisis, se va a vivir como un ermitaño y allí, por fin, se acepta. Y cuando vuelve a dar clase, cambia el títere por Mr. Slave, un novio de carne y hueso con mucho cuero, con la idea de que le despidan y poder demandar al colegio. Le sale al revés: le aplauden por valiente.

En ese momento el señor Sombrero se jubila. Parker y Stone han explicado que retirar al muñeco fue también una manera de despedirse del humor surrealista del principio y pasar a la sátira de actualidad.

Me quedo con el orden de los factores: primero el muñeco, después el hombre. Primero alguien que habla por ti, después alguien con quien hablar.

El narrador de la canción todavía está en la fase del muñeco. Tiene miedo de no salir de ella. Por eso el estribillo se repite tanto: es el armario de Garrison, que se abre y se cierra, se abre y se cierra, como la puerta de un baño de discoteca a las cinco de la mañana.

Mr. Twig, el sustituto

Hay un detalle de la serie que no está en la canción pero que me parece de un camp de primera. Durante una temporada, Garrison sustituye al señor Sombrero por Mr. Twig, una ramita con una camiseta morada y un triángulo rosa. Los niños de la clase lo detestan. Le dicen que vale para colgar abrigos. Y cuando el señor Sombrero vuelve, lo primero que hace es atacar a la ramita.

Un muñeco celoso de otro muñeco.

Si eso no es un culebrón marica de sobremesa, que venga Esperanza Gracia y me lea las cartas.

Tiene su miga: la serie ya contaba, con dibujos recortados, una historia de sustitución, celos y regreso al ex. El señor Sombrero se va, llega el nuevo, el viejo vuelve con mala leche. Lo mismo que pasa en media letra del planeta.

Más veces que Kenny

«Y he muerto más veces que Kenny en South Park».

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «¿Acaso es que tal vez soy masoquista? O es que me gusta ser pesimista» de «El señor Garrison»

Kenny McCormick es el niño de la parka naranja que no se le entiende al hablar porque la capucha le tapa la boca. Hasta la sexta temporada moría en casi todos los capítulos. Atropellado por el coche del policía en el primer episodio. Ensartado en un mástil de bandera en el segundo. Aplastado por la estación espacial Mir. Metido en un microondas. Mordido por Ozzy Osbourne. Y después de cada muerte, Stan gritaba «¡Dios mío, han matado a Kenny!» y Kyle remataba con «¡Cabrones!».

Al capítulo siguiente, Kenny estaba otra vez en la parada del autobús. Sin explicación. Como si nada.

Y el origen del chiste es de barrio: Parker contó en una entrevista del año 2000 que Kenny estaba inspirado en un amigo de la infancia, también Kenny, también con parka naranja, el niño más pobre del vecindario. Faltaba tanto a clase que sus amigos bromeaban con que se había muerto. Luego volvía. Como en la serie.

La Wikipedia inglesa lleva la cuenta: 99 muertes en episodios normales, 128 sumando cortos, especiales, película y videojuegos.

Ese es el chiste que coge la letra, y lo coge con toda la intención. Morir y volver. Romperse y aparecer al día siguiente con la mochila puesta. No hay mejor imagen para quien vuelve a una relación que le mata cada dos por tres: un cadáver que se presenta al lunes siguiente en clase, peinado.

Y Kenny no se queja. Eso es lo que más duele cuando lo pones al lado de una pareja. En la serie, durante años, nadie se acuerda de que se ha muerto. Ni sus amigos. Ni su madre. Ni el guion. Solo él lo sabe.

Hay capítulos posteriores, los de su alter ego Mysterion, en los que Kenny se desespera precisamente por eso: porque se muere, se despierta en su cama y nadie recuerda que ha muerto.

Esa es la frase de la canción, desarrollada por la propia serie diez años después. Morir muchas veces delante de alguien que no se entera.

Butters, el suplente

Lo de Kenny tiene una segunda parte que cuadra con esta canción de una forma casi incómoda.

Al final de la quinta temporada, Parker y Stone decidieron matarlo de verdad. El capítulo se llama, sin rodeos, «Kenny Dies», y por una vez todos los personajes lloran su muerte. Matt Stone lo resumió en 2002, en el Knoxville News-Sentinel, con una frase de ex despechado: «I am so sick of that character». Harto del personaje. Kenny pasó casi toda la sexta temporada fuera.

¿Y quién ocupó su sitio? Butters. Y Tweek. Los suplentes. Stan, Kyle y Cartman les abrieron el grupo durante casi toda la temporada, como quien cambia de compañero de piso.

Kenny volvió en el último episodio de aquella temporada, «Red Sleigh Down», y desde entonces tiene papeles más grandes.

Pon eso al lado del narrador de la canción. Alguien que ha muerto muchas veces dentro de una relación y que ahora pilla a su novio preparando una quedada con otro. Con un suplente. El Butters de turno, con su camiseta de buen chico.

La serie le dio a Kenny un año fuera para que lo echaran de menos. A nadie le dieron ese año en la vida real. Ni al narrador, ni a ti, ni a mí. Aquí te sustituyen el martes y el miércoles ya hay foto en Instagram.

Un gen que se llama Kenny

Un dato que no está en la canción y que me alegra el día: una investigadora de la Universidad de Estrasburgo, Sophie Rutschmann, encontró un gen mutado que hace que la mosca de la fruta adulta muera a los dos días de infectarse con ciertas bacterias. Le puso de nombre Kenny. Lo contó Los Angeles Times en agosto de 2002 y lo recoge la ficha del personaje.

Un gen que mata rápido, bautizado con el nombre del niño que muere en cada capítulo.

Lo cuento porque explica mejor que cualquier ensayo hasta dónde llegó el chiste. «Morir como Kenny» se volvió idioma común. Hay un profesor de filosofía, Randall Auxier, que le dedicó un ensayo titulado «Killing Kenny: Our Daily Dose of Death», nuestra dosis diaria de muerte, con la idea de que ver morir a Kenny una y otra vez ayuda al espectador a acostumbrarse a la suya.

La dosis diaria de muerte. Así se vive con un novio que te la pega cada semana: a base de pequeñas muertes, cada una con su chiste y su vuelta a clase al día siguiente. Hasta que un día uno se cansa de resucitar.

El emulador

«Y aun así te pongo a prueba usando BlueStacks».

Collage con un detalle de la carátula de «El señor Garrison» y las carátulas de «Mi último ex era una IA disfrazada», «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk»

BlueStacks es un programa para usar aplicaciones de Android en un ordenador. Lo fundó en 2009 Rosen Sharma, que había sido director técnico de McAfee, y la versión alfa pública del App Player salió en octubre de 2011, según contó TechCrunch aquel día.

Un emulador. Un móvil falso dentro de un ordenador de verdad.

Y aquí la canción se pone más lista de lo que parece a primera escucha. El narrador, que ya ha muerto más veces que Kenny, en vez de irse, monta un teléfono de mentira para pillar a un novio de mentira. Un simulacro para cazar otro simulacro. Todo el mundo en esta canción está fingiendo algo: el novio finge que no queda con nadie, el ordenador finge que es un móvil, Garrison finge que el muñeco habla solo.

Y el narrador finge que no le importa. Hasta que le importa.

No voy a explicar aquí cómo se usa un emulador para espiar a nadie. Ni lo dice la letra ni hace falta. La letra se queda en la pregunta, que es lo que me interesa: «¿Y quién diablos me manda abrir el ordenador?».

Pudiendo ver una de casquería

La otra opción que tenía el narrador esa noche era «ver una peli gore en mi habitación». Lo dice así, como quien habla de una tila.

Me encanta ese plan alternativo. Es el planeta entero metido en un verso: el terror como sitio seguro. Una película donde a alguien le arrancan la cabeza es más tranquila que abrir el móvil del novio. En la de terror sabes quién es el asesino. En casa, no.

Ya hay una nota en el diario sobre el cine de terror y la cultura queer, y otra canción del mismo disco, «Como en la matanza de Texas», que coge su título de una película de culto. Aquí el gore no sale en pantalla. Sale en el historial de chats.

Y si lo piensas, South Park es eso también: casquería dibujada con cartulina. Kenny partido por la mitad con la misma alegría con la que se reparten los caramelos. Quien escribe esta canción conoce bien ese humor: el que se ríe de la muerte para no tener que mirarla de frente.

«Para jugar al Parchís»

«Hoy te he cazado, querido novio mío, preparando una quedada con un tío, y estoy seguro de que no os ibais a reunir para jugar al Parchís».

Esto es lo que llamo ironía de patio de luces. «Querido novio mío», con el mismo tono con el que se escribe una carta al Banco Santander reclamando una comisión. Y el remate, el Parchís, juego de abuela, de verano en el pueblo, de mesa de camilla y brasero. Lo más inocente que existe.

No, no iban a jugar al Parchís. Ni a la oca. Ni al Trivial. Ni al Uno. Ni al Monopoly de edición Madrid.

Hasta aquí la risa.

Antes de eso, en la letra, hay dos preguntas que no tienen nada de broma: «¿Acaso es que tal vez soy masoquista? O es que me gusta ser pesimista». Son las dos únicas preguntas que el narrador se hace a sí mismo en toda la canción, y no tienen respuesta. Están ahí, entre Kenny y el Parchís, como dos piedras en el bolsillo.

El buen programador

«¿Qué culpa tengo de ser un buen programador?»

Ficha de la canción «El señor Garrison» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Esta línea la leo con una sonrisa de medio lado. Es autoparodia pura. El narrador se presenta como víctima de su propio talento: la culpa la tiene la enrutación, que le ha hecho listo sin pedirle permiso.

Pero es que hay algo que me hace gracia por partida doble: en esta web llevo años explicando que la música del planeta se hace con herramientas de inteligencia artificial y que la letra es mía. Y aquí hay un narrador que sabe tanto de máquinas que acaba usándolas contra sí mismo. El que maneja la tecnología no siempre sale ganando. A veces solo se entera antes.

Y enterarse antes, en asuntos de cuernos, tiene premio de consolación: pagar la entrada de una película cuyo final ya sabías.

Hay otra canción del mismo disco donde la tecnología no sirve para pillar al novio sino que directamente es el novio: «Mi último ex era una IA disfrazada». Si la pones después de esta, la secuencia queda redonda. Primero espías con un programa. Luego te enteras de que el que te engañaba era el programa.

El señor Sombrero en casa

Una cosa que sí consta en la biografía oficial: en 2024, cuando el proyecto todavía funcionaba como dúo con la vocalista Patry y se hizo viral en TikTok con «Tan cateto», salió también «Tragicomedias del Señor Sombrero». Está en la página sobre Mike Sain't Louis.

Señor Sombrero. Tragicomedia.

No voy a inventarme una conexión que la web no cuenta. Lo dejo dicho como lo que es: un nombre que aparece en la biografía del proyecto y otra vez en esta letra. Y la palabra «tragicomedia» le viene a esta canción como un guante de títere.

Lo que queda del muñeco

La canción repite el estribillo muchas veces. «Voy a acabar como el señor Garrison». Cada vez que vuelve, suena menos a broma y más a pronóstico. Es la técnica de la vecina que dice «este acaba mal» cada vez que ve pasar a alguien por el portal, hasta que acierta.

Garrison, en la serie, acaba saliendo del armario, se cambia de sexo, vuelve a cambiarse, llega a presidente de los Estados Unidos en una parodia de Donald Trump y termina con un novio llamado Rick. Todo eso, sin el señor Sombrero, que se queda guardado en un cajón. Así lo resume su ficha en Wikipedia.

O sea: el que acaba con un muñeco no es para siempre. El muñeco se guarda.

Eso la canción no lo dice. La canción se queda en el miedo, que es donde estaba el narrador aquella noche, delante del ordenador, con BlueStacks abierto y una peli gore sin ver. Pero quien conozca la serie sabe que el señor Sombrero acabó en un cajón y Garrison siguió con su vida.

Yo me quedo con eso. Una vez y sin moraleja: los títeres se guardan.

Cómo escucharla sin morir como Kenny

Si te apetece ponerla esta noche, propongo un orden de pistas casero:

  1. Un capítulo de las primeras temporadas de South Park, de los del señor Sombrero.
  2. «El señor Garrison», con la letra delante.
  3. «Mi último ex era una IA disfrazada».
  4. Una peli gore de las de verdad, para cerrar la noche como manda la letra.
  5. Y el móvil del novio, en el cajón con el muñeco. Sin emulador.

Toda la información oficial del proyecto, para quien venga a escribir de esto en serio, está en la sala de prensa. Para quien venga a reírse, está la canción. Y para quien venga con un novio que queda «para jugar al Parchís», está el estribillo, que se aprende a la primera.

Preguntas frecuentes

¿Quién es el señor Garrison?

Herbert Garrison es el profesor de South Park, la serie de Trey Parker y Matt Stone que se estrenó en 1997. En las primeras temporadas da clase con un títere de mano llamado Mr. Hat, el señor Sombrero en la versión española.

¿Qué significa «he muerto más veces que Kenny en South Park»?

Kenny McCormick moría en casi todos los capítulos de las cinco primeras temporadas y volvía al siguiente como si nada. La letra usa ese chiste para hablar de alguien que se rompe y vuelve, una y otra vez, a la misma relación.

¿Qué es BlueStacks?

Un programa que permite usar aplicaciones de Android en un ordenador. En la canción, el narrador lo usa para poner a prueba a su novio.

¿En qué disco está «El señor Garrison»?

En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK de Mike Sain't Louis, como pista 67.

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