Planeta Gayfolk

Humor

La letra pequeña del billete: «Elon Musk ha anunciado» frente a los viajes espaciales de verdad

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Portada de «Elon Musk Ha Anunciado», canción de Mike Sain't Louis

30 de mayo de 2020, Cabo Cañaveral. Dos astronautas de la NASA, Bob Behnken y Doug Hurley, despegan en una cápsula de SpaceX llamada Endeavour. Es el primer vuelo tripulado que sale de Estados Unidos desde el último transbordador, en 2011, y el primero operado por una empresa privada.

Seis años menos un día después, en una canción del planeta Gayfolk:

Y menos mal que ¡hoy! Elon Musk ha anunciado el primer viaje tripulado al planeta recientemente descubierto llamado GayFolk.

Ese «hoy» tiene fecha de publicación: «Elon Musk ha anunciado» salió el 29 de mayo de 2026. Es la pista 84 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía, y va justo antes de la canción que da título al disco. La letra es mía; la música y las voces están creadas con IA. En Spotify.

En el diario ya conté la huida contra la rutina que propone la canción, y dejé claro que el anuncio es inventado. Nadie ha anunciado ningún vuelo a Gayfolk. Hoy quiero leer la letra pequeña del billete. Comparar lo que la canción promete con lo que de verdad ha pasado en los viajes privados al espacio. Porque la realidad, en esto, es casi tan camp como la ficción.

Rutina sin risa

Primero el punto de partida. La Tierra de la canción:

Despierto solo. Miradas vacías. Olvido el tiempo. Rutina fría. Calle sin nombre. Pasos sin prisa. Gente sin rostro. Rutina sin risa.

Versos de dos palabras. Telegramas. Y una preposición que se repite como un grifo que gotea: sin. Sin nombre, sin prisa, sin rostro, sin risa. Cuatro ausencias seguidas.

Es una Tierra hecha de lo que falta. Y fijaos en la última: «rutina sin risa». Para un planeta que vive del camp, la falta de risa es la peor condena. Se puede vivir sin prisa. Sin risa, no.

Y hay un verso en medio que se escapa del inventario: «olvido el tiempo». Los demás describen el mundo de fuera, la calle, la gente, los pasos. Este describe lo que le pasa por dentro al que vive así. Cuando todos los días son iguales, uno deja de saber qué día es. El martes se parece al jueves. Mayo se parece a noviembre. Es justo lo contrario del «¡hoy!» del estribillo, que llega después a rescatarle con una fecha.

La segunda estrofa sigue la misma receta, con rimas un poco más ácidas:

Trabajo insípido. Café amargo. Todo es tan rígido. Maldito letargo.

«Insípido» con «rígido». «Amargo» con «letargo». Esdrújulas con esdrújulas, llanas con llanas. Son rimas de colegio, de poesía de cuaderno, y lo digo sin desprecio: la rutina también habla así, con frases hechas que encajan demasiado bien.

Y entonces llega el estribillo de la rutina, que es una queja de diva:

Rutina, todo se repite. Rutina, nada me sorprende. Rutina, siempre lo mismo. ¡Me ofende!

«Me ofende.» No «me aburre». Me ofende. Como si la monotonía fuera una falta de respeto personal. Como si el lunes le hubiera hecho un feo a alguien en una boda.

Esa es la gracia: una tristeza real contada con la indignación de una señora a la que le han servido el café frío.

La letra pequeña: los primeros pasajeros

Ahora, el billete. ¿Qué ha pasado de verdad con los viajes tripulados privados?

Fotogramas del videoclip oficial de «Elon Musk ha anunciado», de Mike Sain't Louis

El primer vuelo orbital con solo civiles a bordo fue Inspiration4, el 16 de septiembre de 2021, en una cápsula Crew Dragon de SpaceX. Lo pagó un empresario, Jared Isaacman, que fue el comandante. Le acompañaron Hayley Arceneaux, superviviente de un cáncer infantil; Chris Sembroski, veterano del ejército; y Sian Proctor, emprendedora y piloto de la misión. Fue parte de una campaña benéfica para el hospital infantil St. Jude de Memphis.

Tres días en órbita, a unos 585 kilómetros de altura, más alto que la Estación Espacial Internacional. Amerizaje en el Atlántico el 18 de septiembre.

Cuatro personas que no eran astronautas de carrera. Uno pagaba, los otros tres fueron elegidos.

La canción tiene algo de eso:

Yo ya me he apuntado. ¿Te vienes conmigo?

El narrador se apunta y le propone a otro que vaya con él. No dice quién paga. No dice cómo se elige a la tripulación. En la vida real, el billete lo compra alguien con mucho dinero y el resto va invitado. En Gayfolk, por lo visto, basta con apuntarse.

Es la diferencia entre un planeta de millonarios y un planeta de maricas.

dearMoon: el vuelo de los artistas

Hay una historia que encaja con esta canción casi demasiado bien, y es la del proyecto dearMoon.

En septiembre de 2018, el multimillonario japonés Yusaku Maezawa presentó un plan: dar la vuelta a la Luna en una nave Starship de SpaceX acompañado de ocho artistas civiles. Quería, según dijo, que la experiencia inspirase a los pasajeros «en la creación de algo nuevo». El lanzamiento estaba previsto para 2023.

Un vuelo espacial para artistas. Para crear.

Por los retrasos en el desarrollo de Starship, el vuelo se fue aplazando. En junio de 2024 se canceló del todo.

Me parece la historia más gayfolk de la carrera espacial. Un hombre que reúne a un grupo de creadores para llevarlos a otro mundo, con la idea de que allí harán algo que en la Tierra no pueden. Y el cohete que no llega.

La canción hace lo mismo, pero sin cohete. El anuncio es la obra. El vuelo es la obra. Y como ningún retraso técnico puede cancelarlo, el planeta sigue ahí, esperando.

«Ha anunciado» como género

El título está en pretérito perfecto, y eso tiene su historia en la carrera espacial privada. Porque anunciar es lo que más se ha hecho.

El 27 de febrero de 2017, SpaceX anunció que a finales de 2018 llevaría a dos turistas a dar la vuelta a la Luna en una cápsula Dragon. Según la ficha del proyecto, uno de ellos era Maezawa. Aquel vuelo no salió. Al año siguiente, el anuncio se convirtió en dearMoon, con Starship y ocho artistas, previsto para 2023. Tampoco salió.

Dos anuncios, cero vuelos.

No lo digo para burlarme. Los proyectos espaciales se retrasan, es lo normal, y los que sí han volado han sido muy reales. Lo digo porque la canción entiende perfectamente esa lógica. «Elon Musk ha anunciado» es una frase que en la vida real ha precedido a muchas cosas, unas cumplidas y otras no. La canción no dice «Elon Musk ha llevado». Dice que lo ha anunciado. Y con eso basta para que el narrador se apunte.

Es la fe del que lee titulares. Un anuncio es una promesa, y una promesa a las ocho de la mañana, con el café amargo delante, vale su peso en oro.

Recientemente descubierto

Fijaos en un detalle de la letra: «al planeta recientemente descubierto». El primer disco de la trilogía se titula, literalmente, «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». La canción del segundo disco remite al primero como si fuera una noticia del telediario: primero aparece el planeta, después se anuncia el vuelo.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Yo ya me he apuntado. ¿Te vienes conmigo?» de «Elon Musk ha anunciado»

Es la secuencia de la astronomía real. Primero el hallazgo, después el sueño de ir.

El primer planeta encontrado alrededor de una estrella parecida al Sol fue 51 Pegasi b, en 1995, por Michel Mayor y Didier Queloz. Su descubrimiento les valió parte del Nobel de Física de 2019. Está a unos cincuenta años luz, en la constelación de Pegaso, y es un gigante gaseoso abrasador al que nadie piensa mandar a nadie.

Y luego está lo del nombre. «Un planeta llamado Gayfolk.» En astronomía, ponerle nombre a un planeta no es cosa de cualquiera. Pero desde 2014 la Unión Astronómica Internacional organiza un concurso público, NameExoWorlds, para que la gente proponga y vote nombres de planetas reales. A 51 Pegasi b le tocó Dimidium, «mitad» en latín.

Y España también tiene el suyo. El 17 de diciembre de 2019, dentro de ese programa, la estrella HD 149143 pasó a llamarse Rosalíadecastro, en honor a la poeta gallega, y su planeta, Riosar, por el río Sar que aparece en tantos poemas suyos.

Hay un planeta de verdad que se llama como un río de una poeta.

Así que «un planeta llamado Gayfolk» no está tan lejos de lo que hace la Unión Astronómica. Solo falta que alguien lo vote.

Belerofonte y el caballo

Hay un detalle de 51 Pegasi b que viene como anillo al dedo para el verso más ambicioso de la canción.

Antes de llamarse Dimidium, el planeta tuvo un apodo extraoficial. En 1996, el astrónomo Geoffrey Marcy empezó a llamarlo Belerofonte, siguiendo la costumbre de bautizar planetas con nombres de la mitología. Belerofonte es el héroe griego que montó a Pegaso, el caballo alado. Y la estrella está en la constelación de Pegaso, así que el nombre cuadraba.

Lo que cuenta el mito es lo que me interesa. Belerofonte, después de sus hazañas, quiso subir con Pegaso hasta el Olimpo, la casa de los dioses. Quiso dejar de ser un simple mortal. Y Zeus, molesto por el atrevimiento, mandó un tábano que picó al caballo. Pegaso se encabritó y Belerofonte cayó a la tierra.

Quiero dejar de ser un simple mortal.

Es el mismo deseo, casi con las mismas palabras. Subir a donde viven los que no envejecen. Y el mismo riesgo: no volver, o volver de mala manera.

La canción no conoce, que yo sepa, esta historia. Pero el planeta que le da sentido al género, el primero que encontramos alrededor de un sol como el nuestro, tuvo durante un tiempo el nombre de un mortal que quiso volar demasiado alto. Hay casualidades que no hace falta explicar.

Dimidium, la mitad

Vuelvo un segundo al nombre oficial de 51 Pegasi b, porque tiene una lectura que no puedo dejar pasar.

Dimidium significa «mitad» en latín. La Sociedad Astronómica de Lucerna lo propuso porque el planeta tiene aproximadamente la mitad de la masa de Júpiter. Un nombre técnico, de astrónomo con calculadora.

Pero en castellano, «la mitad» es otra cosa. Es la media naranja. Mi otra mitad. El que falta para completar algo.

Y la canción, al final, va de eso. De alguien que se ha apuntado y busca a su otra mitad para el vuelo. ¿Te vienes conmigo? No hay viaje a Gayfolk que valga la pena en solitario, parece decir el narrador. Despertarse solo es la primera línea de la canción. Irse acompañado es la última esperanza.

El primer planeta de verdad que encontramos fuera del sistema solar se llama Mitad. El primer vuelo a Gayfolk se ofrece para dos.

Lo dejo ahí.

El primero

Una palabra del estribillo que solemos pasar por alto: «el primer viaje tripulado».

Collage con un detalle de la carátula de «Elon Musk ha anunciado» y las carátulas de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», «Quien Miente Y Jura»

En la carrera espacial, «el primero» es un título muy codiciado, y muy repartido. Demo-2 fue el primer vuelo tripulado de una empresa privada a la Estación Espacial, en 2020. Según su ficha, también fue el primer lanzamiento orbital con solo dos personas desde Estados Unidos desde 1982. La cápsula se acopló a la Estación el 31 de mayo y volvió el 2 de agosto. Inspiration4 fue el primero solo con civiles. Polaris Dawn, el primero en subir tan alto en décadas.

Cada misión es la primera en algo.

La canción se suma a la lista con su propio récord: el primer vuelo tripulado a un planeta inventado. Nadie se lo va a disputar.

Hagamos la locura

Después de la segunda vuelta del estribillo, la canción cambia de tono. Se pone épica:

Hagamos la locura, volvamos a los veinte años. Vayamos a GayFolk. Dejemos en la Tierra todo lo material. Esta oportunidad no es algo casual. Quiero dejar de ser un simple mortal.

«Volvamos a los veinte años.» Aquí está el deseo de verdad. El cohete es la excusa. Lo que el narrador quiere es la edad en la que todo parecía posible. Las ganas de hacer una locura sin pensar en la hipoteca.

Hay algo de autoparodia en eso, y me la apunto. Pedirle a Elon Musk que te devuelva los veinte años es como pedirle al Mercadona que te devuelva el pelo. Pero la canción lo pide con toda la seriedad del mundo, y esa seriedad es lo que la hace funcionar.

«Dejemos en la Tierra todo lo material.» Lo cual tiene gracia, porque los viajes espaciales privados son lo más material que existe. Cohetes, combustible, contratos, cifras con muchos ceros. Pero el narrador habla como un monje que se va al monasterio. Se desprende de todo para subir a un cohete de un multimillonario.

La contradicción no se resuelve. Se baila encima.

Aunque nunca podamos regresar

Y luego viene la parte que el diario no contó y que a mí me parece la más hermosa:

Aunque nos juguemos la vida y haya esa posibilidad de quedarnos enganchados en otra órbita gravitacional, y aunque puede que nunca podamos regresar.

La canción asume el riesgo. Nada de crucero de placer: es un vuelo que puede salir mal. Quedarse enganchado en otra órbita. No volver.

Y sin embargo: «hagamos la locura».

Aquí la fantasía espacial se vuelve otra cosa. Muchas personas LGTBI conocen ese cálculo. Irse de un pueblo, de una familia, de un trabajo, de un país, sabiendo que a lo mejor no se puede volver. Que el sitio al que vas tiene otra gravedad, y que una vez dentro te quedas.

La canción no lo dice así. Lo dice con cohetes. Pero la órbita gravitacional de la que habla se parece mucho a la de cualquiera que se haya mudado a Madrid con una maleta. La página de Madrid del planeta la describe como la sala de máquinas del proyecto: «piso pequeño, cafetera, teclado midi, y la ciudad ahí fuera funcionando 24/7». Esa también es otra órbita. Cuesta salir de ella.

Y la frase «quiero dejar de ser un simple mortal» lo remata. Nada de vanidad: querer dejar de ser uno más en esa calle sin nombre, entre esa gente sin rostro.

Polaris Dawn, o el que repite

Una nota más de la vida real, porque tiene que ver con el «yo ya me he apuntado».

Jared Isaacman, el que pagó Inspiration4, volvió a volar en septiembre de 2024 con otra misión privada de SpaceX, Polaris Dawn. Según la ficha de Inspiration4, aquella segunda misión superó la altura de cualquier órbita terrestre tripulada desde el Gemini 11 de 1966.

El que se apunta una vez se apunta dos.

Hay algo de enganche en esto que la canción también intuye. El narrador no se plantea ida y vuelta. Se plantea irse. Quien prueba a salir de la rutina, por lo visto, quiere seguir saliendo. Y quien ha visto la Tierra desde lejos, aunque sea en una canción, no vuelve igual a la calle sin nombre.

¿Te vienes conmigo?

Ficha de la canción «Elon Musk ha anunciado» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Yo ya me he apuntado. ¿Te vienes conmigo? ¿Te vienes conmigo?

La pregunta se repite tres veces, la última sola. Y ese tercer «¿te vienes conmigo?» suena distinto. Las dos primeras son invitación. La tercera ya es casi súplica.

Me gusta que la canción no tenga respuesta. No sabemos si el otro dice que sí. El narrador se ha apuntado y espera.

Esto conecta con la pista siguiente del disco, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Fijaos en el orden. En la 84, alguien anuncia el viaje y el narrador se apunta. En la 85, el título ya es un deseo en subjuntivo: ojalá se pudiera. Como si entre una canción y otra el cohete se hubiera retrasado, igual que el de Maezawa. Sobre esa canción hay un texto en el diario, «Un planeta donde no explicarse».

Del indicativo al subjuntivo en una pista. Del «ha anunciado» al «ojalá». Así se mueven las ilusiones.

Elon Musk como personaje

Una aclaración que me parece necesaria. En la canción, Elon Musk es un personaje. Un nombre que hoy todo el mundo asocia con cohetes y con anuncios grandilocuentes. No hay opinión sobre él en la letra, ni a favor ni en contra. Está ahí porque es el hombre al que, en 2026, uno se imagina anunciando un vuelo a cualquier sitio.

Es la misma lógica que siguen otros títulos del planeta. Hay canciones con nombres de famosos que sirven para fechar una época: Ismael Serrano, Shakira, Macaulay Culkin, Judith Bécker. En la página de mitología del universo se dice que «cada título es una puerta» y que «la imaginación empieza antes que la música». Un titular de Elon Musk es una puerta muy reconocible.

Y tiene algo de periódico, el título. «Elon Musk ha anunciado.» Pretérito perfecto, como en los teletipos. Es una canción que empieza siendo una noticia.

El estribillo, contado

Si te fijas en la letra publicada, el estribillo de Musk aparece ocho veces. Ocho anuncios del mismo vuelo. Y el de la rutina, tres.

Es una victoria por goleada. La canción repite mucho más la promesa que la queja. Como quien se ha pasado la semana viendo la misma noticia en bucle para convencerse de que es verdad.

Ese «¡hoy!» entre exclamaciones, cada vez, es el corazón de la canción. No mañana, no algún día. Hoy. La rutina es todos los días; la huida es hoy.

Para escucharla

  • Escúchala justo antes de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», que es como está en el disco. El salto del anuncio al deseo se nota.
  • Fíjate en los versos de dos palabras del principio. Y en cómo el estribillo los barre.
  • Espera al final, al «aunque puede que nunca podamos regresar». Es lo mejor de la canción y llega casi al final.
  • Hay videoclip oficial, de 3:48.
  • Para medios, curadores y gente que quiera hablar del proyecto, la sala de prensa.

Ficha de mesilla

  • Título: «Elon Musk ha anunciado».
  • Disco: «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», pista 84.
  • Publicada: 29 de mayo de 2026.
  • Autoría: letra de Mike Sain't Louis; música y voces creadas con IA.
  • En Spotify y en YouTube.
  • Aviso: el anuncio de la canción es ficción. Ningún empresario ha anunciado viajes a Gayfolk.

Maezawa se quedó sin Luna. Rosalía de Castro tiene planeta.

Yo ya me he apuntado.

Preguntas frecuentes

¿Es real el viaje a Gayfolk que anuncia la canción?

No. El anuncio es ficción. Elon Musk aparece como personaje, como el nombre que hoy cualquiera asocia con cohetes y anuncios grandes.

¿Cuál fue el primer vuelo orbital solo con civiles?

Inspiration4, lanzado por SpaceX el 16 de septiembre de 2021, con Jared Isaacman, Hayley Arceneaux, Chris Sembroski y Sian Proctor a bordo.

¿Qué fue dearMoon?

Un proyecto del multimillonario japonés Yusaku Maezawa, presentado en 2018, para rodear la Luna en una Starship con ocho artistas. Se canceló en junio de 2024.

¿Quién hizo la canción?

La letra es de Mike Sain't Louis. La música y las voces están creadas con inteligencia artificial.

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