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Guía de punto limpio para una chaqueta rosa: «En el basurero», separada contenedor a contenedor

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Portada de «En el basurero», canción de Mike Sain't Louis: un hombre de pelo rizado y barba, con una chaqueta vaquera rosa hecha jirones, cadena con un ancla y pecho tatuado, sentado en un vertedero; detrás, un coche antiguo rosa con aletas, una tele de tubo encendida y una rueda, bajo un cielo magenta

Los folletos del ayuntamiento son muy claros. Cada residuo tiene su sitio: el envase al amarillo, el cartón al azul, la botella al verde, la piel de naranja al marrón y lo que no sabes dónde va, al punto limpio. Lo explican con dibujos amables y flechas de colores, como si el mundo pudiera ordenarse con cinco cubos.

La portada de «En el basurero» no hace ningún caso al folleto. En una sola imagen junta textil, metal, electrónica, un vehículo entero y una rueda, todo revuelto bajo un cielo de color magenta. Y en medio, sentado como en el sofá de casa, un hombre que no parece dispuesto a dejarse clasificar.

Este artículo intenta lo imposible: separar esa portada por contenedores. Pieza a pieza, con las normas reales de reciclaje en la mano y un poco de mala leche.

Una advertencia antes de ponerse los guantes. La letra de «En el basurero» sigue sin publicarse, y aquí no se va a rellenar ese hueco con frases inventadas ni con lo que alguien crea oír en el vídeo. Lo que se separa es lo que está a la vista: la imagen, el título, el videoclip con sus etiquetas, el lugar de la pista dentro del disco y la nota que Mike dejó escrita sobre el single. Con eso hay material de sobra para llenar varios camiones.

Antes de separar: lo que llega al punto limpio

Todo punto limpio empieza con una báscula y un operario que pregunta qué traes. Aquí la respuesta es una canción de Mike Sain't Louis que forma parte de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. En el catálogo de singles del planeta ocupa el puesto 145 de 273, y en la lista de videoclips oficiales, el 101 de 276.

Mike describió la portada en su propia nota del single, y esa descripción sirve de albarán. Explica que el hombre de la imagen es él, rodeado de trastos, con la chaqueta rosa hecha polvo y el cuello cargado de cadenas. Menciona el coche viejo y rosa que alguien dejó allí, y un televisor que sigue funcionando, como si aún tuviera algo que transmitir en medio de la chatarra.

Y añade una frase que funciona como declaración de principios: «lo que otros tiran a la basura, aquí se viste de rosa y se convierte en escenario».

Con ese albarán firmado, se puede empezar a descargar.

Contenedor de ropa: la chaqueta hecha jirones

La pieza más visible es la chaqueta. Es vaquera, de un rosa lavado que tira a lila, y está destrozada con una dedicación casi artesanal. Los bordes se deshacen en flecos, las mangas tienen agujeros, el tejido se abre en el hombro y deja ver la piel. No es una chaqueta rota por accidente. Es una chaqueta rota a conciencia.

Si alguien la llevara al contenedor de ropa, el operario dudaría. Desde el 1 de enero de 2025, la Ley 7/2022 de residuos obliga a los ayuntamientos españoles a recoger el textil por separado; su artículo 25 fijaba como fecha límite el 31 de diciembre de 2024. La idea es que la ropa no acabe enterrada ni quemada, sino reutilizada o reciclada.

Pero esta chaqueta plantea un problema de clasificación. ¿Es un residuo o es un vestuario? Los flecos, la mugre y los rotos son, precisamente, lo que la hace valiosa en la imagen. Tirarla sería no entender nada.

La moda lleva décadas jugando a esto. El vaquero desgastado y roto pasó de ser señal de pobreza a ser una prenda cara de escaparate. Lo que una generación remendaba a escondidas, la siguiente lo compraba ya agujereado. En el universo de Mike, la chaqueta destrozada no pide perdón por estar rota. Lo enseña.

Veredicto del clasificador: no va al contenedor. Se queda puesta.

No es envase: las cadenas, el ancla y los anillos

Segundo bulto: el metal. Del cuello del hombre cuelgan varias cadenas doradas, y una de ellas termina en un ancla que descansa sobre el pecho tatuado. En una oreja asoma un pendiente con forma de cruz. Sus manos van cargadas de sortijas, y una pulsera fina le rodea la muñeca.

Fotogramas del videoclip oficial de «En el basurero», de Mike Sain't Louis

Quien haya leído el folleto sabe que el contenedor amarillo es para envases: latas, bricks, botellas de plástico. La joyería no es un envase, por mucho metal que tenga. Una cadena rota no se tira al amarillo; se lleva a un joyero o, si de verdad no sirve, al punto limpio. Así que, otra vez, el metal de la portada no cabe en el cubo de colores.

El ancla tiene su propio peso simbólico. Es un motivo clásico del tatuaje marinero y de la estética de puerto, la que tanto ha alimentado la imaginación gay del siglo XX: marineros, muelles, despedidas. Aquí el ancla aparece en el último sitio donde uno esperaría un barco, un vertedero en tierra firme. Es un objeto que sirve para quedarse quieto, colgado del cuello de alguien que ha decidido no moverse de donde está.

Lo que el metal añade a la escena es brillo. Entre tanta tierra y tanto óxido, las cadenas son lo único que reluce sin mancha. Hay algo de tesoro en esa idea: rebuscar entre la basura y encontrar oro colgado de un cuello.

Punto limpio: la tele de tubo que no se apaga

A la derecha, apilada sobre un amasijo de aparatos, hay una televisión de tubo. Es de las antiguas, de carcasa abombada y color salmón, y tiene la pantalla encendida. Debajo asoma otro trasto con aspecto de equipo de música viejo.

Ese aparato sí tiene destino claro: el punto limpio. Las televisiones, como el resto de aparatos eléctricos y electrónicos, no pueden ir a la basura normal. Contienen materiales que hay que separar con cuidado, y en España su recogida está regulada como residuo de aparato eléctrico y electrónico. Las tiendas que venden uno nuevo tienen que aceptar el viejo.

Lo que hace especial a esta tele es que está encendida. Mike lo subraya en su nota: el aparato parece empeñado en seguir transmitiendo. Y aquí la historia reciente ayuda a entender el chiste. España apagó la señal de televisión analógica el 3 de abril de 2010. Desde entonces, millones de aparatos de tubo dejaron de recibir nada sin un decodificador, y muchos acabaron, literalmente, en el vertedero.

Una tele de tubo encendida en un basurero es, por tanto, una pequeña rebeldía. Es un aparato que el calendario dio por muerto y que sigue emitiendo, aunque nadie sepa qué. Es una buena imagen para cualquier cosa que el mundo decidió jubilar antes de tiempo: un estilo, una música, una forma de ser.

La pantalla no deja ver qué programa sale. Y está bien que no se vea. La pregunta queda abierta, igual que la que Mike lanza en su nota sobre el título.

Centro autorizado: el coche rosa de aletas

A la izquierda, medio hundido entre los desechos, hay un coche antiguo. Es rosa, como casi todo en esta imagen, con la pintura salpicada de manchas oscuras, los faros redondos y esas aletas traseras que se pusieron de moda en los coches estadounidenses de los años cincuenta. No tiene a nadie al volante.

Un coche entero no se tira a ningún contenedor. En España, un vehículo al final de su vida útil tiene que entregarse en un centro autorizado de tratamiento, lo que todo el mundo llama desguace. Allí se descontamina, se le quitan fluidos y baterías, se aprovechan las piezas que aún sirven y se emite un certificado de destrucción para dar de baja el coche en Tráfico. Dejarlo tirado en un descampado es, además de feo, una infracción.

El coche de la portada, por tanto, está en situación irregular. Nadie lo ha llevado al desguace. Nadie ha pedido el certificado. Está ahí, aparcado para siempre, como una fiesta que terminó y que nadie se atrevió a recoger.

Mike compara la escena con un vídeo de los ochenta y con el momento en que se acaba una fiesta. El coche es la parte de final de fiesta. Es el vehículo en el que alguien llegó con mucho ruido y del que se bajó sin intención de volver. Rosa, eso sí. Incluso abandonado, el coche conserva el color de la noche que lo trajo hasta aquí.

Neumáticos fuera de uso: la rueda del rincón

En la esquina inferior derecha, casi fuera de plano, hay una rueda. Es negra, gastada, tirada junto al hombre como un cojín improvisado.

Collage con un detalle de la carátula de «En el basurero» y las carátulas de «Sing Me a Sad Song», «A Cuchillo», «El calcetín»

Los neumáticos tienen su propio circuito de recogida y su propia historia legal. La directiva europea de vertederos de 1999 prohibió depositar neumáticos enteros en ellos, y unos años después, también los troceados. Hoy, cuando cambias las ruedas en un taller, las viejas van a un sistema de gestión que las convierte en otra cosa: asfalto, suelos de parques infantiles, combustible.

En un vertedero real, esa rueda sería una ilegalidad. En la portada, es un detalle de atrezo que redondea el decorado. Pero también es un recordatorio: hasta lo más humilde de la escena tiene un camino previsto para volver a ser útil. Nada en esa imagen está condenado a ser basura para siempre.

Lo que no se recicla: el cielo magenta

Hay una parte de la portada que ningún clasificador puede meter en un cubo: el cielo. Ocupa toda la franja superior, de un magenta que se oscurece hacia el morado, con jirones de nube y un sol a punto de ponerse que se cuela por el lado del coche.

Sobre ese cielo están escritas las letras del título, en un rosa chillón con trazo de brocha gorda, como pintadas a mano con prisa. Debajo, en blanco, el nombre de Mike. La tipografía parece de cartel de concierto punk o de película de serie B, de esas que se anunciaban en los cines de barrio.

El atardecer lo tiñe todo. La chatarra, que con luz de mediodía sería gris y triste, aquí toma un tono de purpurina. Es el truco más viejo del cine: rodar a la hora mágica para que hasta un descampado parezca un plató. Y es también el truco del planeta GAYFOLK: cambiar la luz en vez de cambiar el sitio.

Ningún ayuntamiento recoge un cielo. Ninguna ley regula los atardeceres. Este es el único elemento de la imagen que no se puede tirar, y quizá por eso es el que más pesa.

El contenedor que no existe

Hasta aquí, todo tenía sitio. La ropa, el metal, la tele, el coche, la rueda: cada cosa con su norma y su destino. Pero en el centro de la portada hay algo que ningún folleto contempla, y es una persona.

No hay contenedor para la gente. Y, sin embargo, mucha gente LGTBI sabe lo que es que la traten como si lo hubiera. Que te saquen de una casa, de un grupo de amigos, de un trabajo o de una familia como quien saca una bolsa al portal. Ser apartado por quien eres deja una sensación muy concreta, la de haber sido clasificado como algo que estorba.

El hombre de la portada responde a esa sensación con una postura. No está tirado. Está sentado. Tiene las piernas abiertas, un brazo apoyado en la rodilla y los ojos clavados en la cámara. Mike lo describe con una idea exacta: mira como alguien que se ha plantado allí sin consultar a nadie.

Esa diferencia, entre que te tiren y que te sientes, es enorme. Es la distancia que separa la vergüenza del orgullo. Y es la misma que recorre buena parte de la cultura queer: tomar el insulto, el lugar marginal o la estética despreciada y convertirlo en sitio propio. El planeta lo explica con calma en su texto sobre la familia elegida, esas redes que se construyen cuando la de origen falla.

La pregunta que Mike deja sobre el título va justo por ahí: no sabemos quién ha terminado en ese vertedero, ni si es un sitio para escapar o el primer lugar donde alguien está cómodo de verdad. Él prefiere que cada oyente lo decida. Y este artículo tampoco va a hacerlo por él.

La jerarquía de residuos, aplicada a una canción

La normativa europea de residuos tiene un orden de preferencia que se enseña en los colegios. Primero, prevenir: generar menos basura. Después, preparar para la reutilización: arreglar, limpiar, volver a usar. Luego, reciclar. Después, otras formas de aprovechamiento, como sacar energía. Y solo al final, como último recurso, eliminar.

Más fotogramas del videoclip oficial de «En el basurero», de Mike Sain't Louis

Aplicada a la portada, esa jerarquía da resultados curiosos. La chaqueta no se recicla: se reutiliza tal cual, con sus rotos. El coche no se elimina: se convierte en decorado. La tele no se apaga: sigue emitiendo. Lo que en la vida real iría al último escalón, aquí sube directamente al segundo.

Esa es, en el fondo, la lógica que Mike describe en su nota. Lo que otros tiran, el planeta lo viste de rosa y lo pone en escena. Hay una estética entera detrás de esa idea, la del trash y lo cutre convertido en arte, que el diario repasa en su artículo sobre los iconos del trash español. Y hay también una sensibilidad, la del camp, que disfruta del exceso y del artificio sin pedir disculpas; el planeta tiene su propia explicación de qué es eso del camp.

Ninguna de las dos cosas es nueva. Lo nuevo es el escenario elegido. No un cabaret ni una pasarela, sino un vertedero al atardecer.

Pista 5: los vecinos de contenedor

Un disco también se puede leer como una calle con contenedores en fila. «En el basurero» ocupa el quinto puesto de los 99 que tiene «El día de la liberación», así que está en la primera manzana del álbum.

Justo antes suena «Sing Me a Sad Song», y antes de esta, en el tercer puesto, «El calcetín». Justo después llega «A Cuchillo». Es un arranque de disco que mezcla la tristeza pedida en inglés, una prenda olvidada y un título afilado. Puesta entre ellas, la chatarra rosa hace de bisagra.

En el catálogo de singles del planeta, el orden cambia. Allí la precede «Gofio de calcetín» y la sigue «Light It Up». Pasar de un calcetín canario a un vertedero y de ahí a una canción sobre encender luces tiene su lógica: primero lo pequeño y doméstico, luego lo desechado, luego el brillo.

Para quien quiera ver el álbum completo con perspectiva, el diario tiene una guía del tercer disco de la trilogía, el de la liberación. Este single es una de sus primeras paradas.

El vídeo, leído como albarán de entrega

El videoclip oficial de «En el basurero» se publicó en YouTube el 13 de septiembre de 2025. Dura dos minutos y veintiséis segundos, lo que lo coloca entre los cortos del catálogo. Es una canción que entra, deja su carga y se va, como un camión de recogida.

La descripción del vídeo es escueta: solo el título y una fila de etiquetas. Leídas como si fueran el albarán de un envío, cuentan bastante.

Están las de firma: el nombre de Mike, el título en mayúsculas y la de videoclip oficial. Están las de procedencia: GayFolk y Nuevo Planeta Gayfolk, que sitúan el tema en el universo de la trilogía. Hay una de música LGBTQ, que deja claro para quién se hace esto, aunque cualquiera pueda escucharlo. Hay otra que presenta a Mike como «cantautor IA», la manera en que él mismo resume que escribe la letra y la música, produce, y deja la interpretación vocal en manos de la inteligencia artificial bajo su dirección. Y hay una última, quizá la más reveladora: arte disruptivo.

Disruptivo es una palabra que se ha gastado mucho en las presentaciones de empresas. Aquí recupera su sentido original, el de romper algo. Una portada que mezcla un vertedero con purpurina y un hombre que se niega a ser basura es, efectivamente, una pequeña ruptura del orden de las cosas.

Para escucharla fuera del planeta, el single está en Spotify, y el vídeo, en YouTube.

Instrucciones de uso de Mike

Todo folleto de reciclaje termina con unas instrucciones. Mike dejó las suyas en la nota del single, y son mucho más simpáticas que las del ayuntamiento.

Ficha de la canción «En el basurero» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Recomienda ponerla «un día de esos en los que te sientes un poco chatarra, pero con estilo». La frase tiene dos mitades y las dos importan. La primera reconoce que hay días malos, de sentirse gastado, roto o fuera de sitio. La segunda se niega a quedarse ahí. Uno puede sentirse chatarra y, aun así, llevar la chaqueta puesta.

Es una forma de mirar los días bajos que no los niega ni los convierte en tragedia. Los acepta con cierta ironía, que es una de las herramientas más antiguas de la cultura queer para seguir adelante. El planeta habla de eso en su artículo sobre el humor como forma de supervivencia.

Lo que la nota no hace es explicar la canción. Mike deja la interpretación al oyente. Este artículo respeta esa decisión: ha separado lo que se ve, pero no va a contar lo que dice una letra que todavía no está publicada.

Si hoy te sientes en el vertedero

La ironía ayuda, pero no siempre alcanza. Hay temporadas en las que sentirse un desecho deja de ser una forma de hablar y empieza a pesar de verdad, sobre todo cuando el rechazo viene de cerca. Si te pasa, no tienes que esperar a que se te pase solo.

En España, el 024 es la línea de atención a la conducta suicida: es gratuita, funciona día y noche y también atiende a quien está preocupado por otra persona. Si alguien corre peligro ahora mismo, el número es el 112. Para conversaciones largas, sin urgencia y con alguien que escucha, el Teléfono de la Esperanza atiende en el 717 003 717. Y si vives fuera de España, el número de emergencias local o la web findahelpline.com te dirán qué línea gratuita tienes más cerca.

Pedir ayuda no te convierte en un trasto que hay que arreglar. El planeta lo cuenta mejor en su texto sobre por qué pedir ayuda no es fracasar.

Hoja de recogida

Para quien solo quiera el resguardo, este es el inventario de lo que se ha separado en este artículo.

Canción: «En el basurero». Autor de letra y música, y productor: Mike Sain't Louis, desde Madrid, con interpretación vocal generada con IA bajo su dirección. Disco: «El día de la liberación», tercer volumen de la trilogía GAYFOLK, pista 5 de 99, entre «Sing Me a Sad Song» y «A Cuchillo». Catálogo de singles: puesto 145 de 273. Videoclips oficiales: puesto 101 de 276. Estreno del vídeo: 13 de septiembre de 2025, con una duración de dos minutos y veintiséis segundos. Etiquetas destacadas: música LGBTQ, Nuevo Planeta Gayfolk y arte disruptivo. Letra: pendiente de publicación.

Piezas clasificadas: una chaqueta vaquera rosa deshilachada, que se queda puesta; cadenas doradas con un ancla, anillos, una pulsera y un pendiente de cruz, que no son envases; una tele de tubo encendida, para el punto limpio; un coche rosa con aletas, para el desguace que nunca llegó; una rueda, para su circuito propio; y un cielo magenta, que no se recoge.

Pieza sin clasificar: el hombre sentado en el centro. Ningún contenedor le corresponde, y él lo sabe.

Preguntas frecuentes

¿Tiene letra publicada «En el basurero»?

Todavía no. Su página de letras anuncia que llegará más adelante, así que este artículo no copia, no resume y no se inventa ni un verso. Todo sale de la portada, del título, del videoclip y de la nota que Mike escribió sobre el single.

¿En qué disco aparece?

Abre el tramo inicial de «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK: es la pista 5 de 99, después de «Sing Me a Sad Song» y antes de «A Cuchillo».

¿Cuándo se estrenó el videoclip?

El vídeo oficial llegó a YouTube el 13 de septiembre de 2025. Es de los cortos del catálogo: dura unos dos minutos y medio.

¿Quién aparece en la portada?

El propio Mike. Lo dice él mismo en la nota que escribió sobre el single: el hombre del vertedero, con la chaqueta rota y las cadenas, es él.

¿Quién ha hecho la canción?

Mike Sain't Louis, autor madrileño de la letra y la música, que además la produce. La interpretación vocal está generada con inteligencia artificial siguiendo sus indicaciones; por eso él se presenta como «el primer cantautor IA».

Hay días en que me siento un desecho. ¿A quién puedo llamar?

A cualquier hora, el 024 atiende gratis a quien tenga pensamientos de suicidio o esté en una crisis emocional, y el 112 es para cuando hay un peligro inmediato. Si lo que necesitas es hablar sin prisa, el Teléfono de la Esperanza contesta en el 717 003 717. Fuera de España, marca el número de emergencias del país donde estés o entra en findahelpline.com, que reúne líneas gratuitas de casi todo el mundo.

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