Letras
Convocatoria de casting: «En un musical gay» leída como el anuncio de unas audiciones
Por Mike Sain't Louis ·

La portada de «En un musical gay» es la puerta de un teatro montada en una feria. El título va en letras de bombillas, de esas que rodean los carteles de los estrenos, en rosa sobre negro. Detrás, de noche, gira una noria iluminada también en rosa. Y por todas partes caen plumas rosas, como si alguien hubiera sacudido una boa desde el gallinero. En medio, un hombre con chaqueta de cuero negra y camiseta blanca mira a cámara, serio, con el pelo revuelto. Parece el actor que se ha escapado de la función para fumar y se ha quedado atrapado en la foto del cartel.
Todo está listo para el estreno. Solo falta elegir al reparto.
El diario ya contó esta canción por su cadena de adjetivos, ordinaria y necesaria, y en mikesaintlouis.com Mike la presentó a partir de su primera regla. Hoy el planeta propone otra lectura. La letra empieza siempre igual: en un musical gay hay que ser. Y eso, leído con calma, es la frase con la que empiezan todos los anuncios de audiciones. Se busca. Se requiere. Hay que ser. Así que vamos a tratarla como lo que parece: una convocatoria de casting, con sus requisitos, sus papeles y su número final.
Una aclaración antes de abrir la sala de pruebas. Lo que sigue es la letra tal como está publicada y algún dato general de los que sabe cualquiera que haya visto un musical. El novio de El Médano es un personaje, como todos los de las letras de Mike, y el planeta no le va a poner nombre.
La convocatoria: se busca reparto
Un anuncio de casting tiene una forma muy reconocible. Arriba, el título de la obra. Debajo, los papeles disponibles. Y para cada papel, una lista de requisitos: edad aparente, aspecto físico, habilidades, disponibilidad. Bailarines con experiencia en claqué. Actriz de entre treinta y cuarenta con registro de comedia. Ese tipo de cosas.
La canción tiene exactamente esa estructura, solo que los requisitos son otros. Primer requisito, repetido en el estribillo: en un musical gay hay que ser un pelín marrano. Segundo requisito: también hay que ser como yo, bastante ordinaria, estrafalaria, visionaria, revolucionaria, extraordinaria y, por supuesto, muy necesaria. Tercer requisito: en un musical gay no te puedes asustar, porque entonces no lo vas a disfrutar.
Son tres condiciones para entrar en el reparto, y cada una dice algo distinto. La primera va de desvergüenza. La segunda, de identidad. La tercera, de actitud. Si alguien quisiera resumir lo que pide el planeta GAYFOLK a quien entra en él, no lo haría mucho mejor.
La obertura que no existe
Los musicales clásicos empiezan con una obertura. Antes de que se levante el telón, la orquesta toca un popurrí de las melodías que van a sonar después, para que el público se vaya acomodando y sepa más o menos qué le espera. Es una presentación sin palabras.
«En un musical gay» se salta la obertura. La letra publicada empieza directamente con la regla: hay que ser un pelín marrano. Ni presentación, ni contexto, ni bienvenida. Es como si se abriera el telón y la protagonista ya estuviera en el centro del escenario, a mitad de frase, dictando las condiciones.
Ese arranque dice mucho del tono. Aquí no se pide permiso para empezar. Se empieza. Y quien llegue tarde, que se siente donde pueda.
La escenografía: un musical en la feria
Los musicales tienen decorados muy reconocibles. La calle de Nueva York, el salón de baile, el cabaret de Berlín. El de esta canción, según la portada, es una feria de noche.

Es una elección con mucho sentido. La feria es el lugar del espectáculo popular por excelencia: luces, ruido, atracciones, casetas, gente que va a divertirse sin pretensiones. No es un gran teatro con butacas de terciopelo. Es la noria, el algodón de azúcar y la música a todo volumen. Un musical gay montado en la feria es un musical para todo el mundo, no para un público selecto.
Y la noria tiene además su propio significado. Es una atracción que sube y baja, que da vueltas sin llegar a ninguna parte, que te enseña la ciudad desde arriba un momento y luego te devuelve al suelo. Como el galán de la canción, que estuvo arriba para todo el mundo y acabó siendo un fracaso.
El vestuario: cuero y plumas
En toda producción hay un departamento de vestuario, y en esta portada ha hecho un trabajo curioso. El protagonista de la foto no va vestido de musical. Lleva una chaqueta de cuero negra, una camiseta blanca lisa y el pelo revuelto. Es ropa de calle, casi de rockero.
Lo que pone el musical son las plumas. Caen alrededor, rosas, algunas desenfocadas en primer plano, otras pegadas al aire de la feria. El vestuario no está en el cuerpo. Está en el ambiente.
Hay algo muy honesto en esa mezcla. La canción habla de ser ordinaria y extraordinaria a la vez, y la portada lo enseña: un tipo normal, con su chaqueta de cuero de siempre, en mitad de una lluvia de plumas que no ha pedido pero que no piensa sacudirse. Ser parte del musical no exige disfrazarse. Exige no asustarse cuando empiezan a caer las plumas.
Primer requisito: un pelín marrano
La palabra clave del primer requisito no es marrano. Es pelín. Un pelín es poquito, una pizca, lo justo. La canción no pide ser un cerdo. Pide tener un punto de guarrería, de descaro, de no tomarse demasiado en serio. Es un requisito de tono, no de conducta.
Y ahí está la gracia, porque inmediatamente después la letra pone un ejemplo que se pasa de la raya. Como el novio que tuve una vez, de ¡El Médano! El ejemplo no ilustra el pelín. Ilustra el exceso. Es como si en el anuncio de casting, al lado de «se busca actor con un punto canalla», alguien hubiera pegado la foto de un ex con la palabra «no» escrita encima.
Esa tensión entre el pelín deseable y el marrano entero recorre toda la canción. En un musical gay hay que tener algo de picante. Pero hay picantes que se convierten en otra cosa. Y la letra los distingue muy bien.
Segundo requisito: el papel protagonista
El papel principal de este musical ya está adjudicado, y quien lo tiene se presenta solo. En un musical gay también hay que ser como yo.
Y viene la lista: bastante ordinaria, estrafalaria, visionaria, revolucionaria, extra ordinaria, y por supuesto muy necesaria. Seis adjetivos en femenino, todos terminados igual, encadenados como pasos de baile. Es el momento en que la protagonista sale a escena y hace su número de presentación.
En el teatro musical, la presentación del protagonista suele llegar pronto. Es una canción en la que el personaje cuenta quién es y qué quiere, para que el público sepa a quién va a seguir durante dos horas. Aquí la presentación dura un estribillo, pero está todo. Quién es: ordinaria y estrafalaria. Qué aporta: visión y revolución. Por qué importa: porque es muy necesaria.
Hay un juego de palabras que merece pararse. Extra ordinaria, escrito así, separado, en la letra publicada. Primero se ha dicho bastante ordinaria. Luego, extra ordinaria. Es decir, más ordinaria todavía. Pero al oírlo, suena a extraordinaria. Las dos lecturas conviven. La protagonista es vulgar en grado extra y, por eso mismo, extraordinaria. En un musical gay, lo uno lleva a lo otro.
Tercer requisito: no asustarse
Todo casting tiene una línea en letra pequeña que avisa de algo. Escenas de desnudo. Trabajo con animales. Horarios nocturnos. Aquí el aviso va en la tercera regla.

En un musical gay no te puedes asustar, porque entonces no lo vas a disfrutar.
Es una advertencia de contenido al revés. No dice cuidado, que esto puede molestar. Dice: si te molesta, te lo pierdes. Es la invitación de alguien que sabe que lo que viene es exagerado, plumífero y descarado, y que no piensa rebajarlo para que nadie se sienta cómodo. La comodidad la pone cada uno.
Las plumas que caen en la portada van en esa línea. Cualquiera que haya estado en un espectáculo de revista o en una noche de cabaret sabe que las plumas acaban en todas partes. En el pelo, en la ropa, en la copa. Quien se asusta de las plumas no debería sentarse en primera fila. En el diario hay una nota sobre el drag y la escena queer que habla de esa tradición de exceso escénico, y la canción la resume en dos versos.
El papel del galán: medio italiano
Ahora vamos con el reparto secundario. Y el primer papel es el del galán, que en esta obra tiene trampa.
Que se presentaba a todo el mundo como medio italiano, y para todo el mundo era un buenazo. Al final ha terminado siendo un fracaso.
En la tradición del teatro y de la ópera cómica, el galán extranjero es un personaje de toda la vida. El que llega con acento, con encanto, con una historia exótica, y resulta que no es quien dice ser. Medio italiano es una fórmula perfecta para ese papel, porque es una mitad. No dice que sea italiano. Dice que lo es a medias. Lo justo para tener un aire, una gracia, un apellido que suene bien, sin tener que demostrarlo.
Y la ficha del personaje se completa con su recepción pública. Para todo el mundo era un buenazo. Es el papel del que todos aplauden en el primer acto. Y en el último, el fracaso. La canción cuenta el arco completo del personaje en tres versos. Presentación, aplauso, caída.
La ficha técnica del personaje
Los anuncios de casting suelen incluir la descripción física de cada papel. La canción, en su tramo final, da la del galán con precisión de director de reparto.
Y encima no tenía treinta años, tenía cincuenta y tantos. Moreno, bajito, con barba, de El Médano.
Es el momento en que la letra suelta los datos que el personaje escondía. La edad, sobre todo. Y la canción tiene la honestidad de aclarar que eso no era el problema. Y aunque la edad a mí tampoco me importaba demasiado, ya iba sospechando. No es la edad. Es la mentira sobre la edad. Es lo que hace sospechar.
El Médano, para quien no lo conozca, es un pueblo de la costa sur de Tenerife, conocido por su playa y su viento. En la canción funciona como un apellido. El novio de El Médano. Igual que en las comedias clásicas los personajes llevan el nombre de su pueblo, aquí el lugar es parte del papel.
El coro: todos sus ex
Todo musical tiene un coro. El grupo de actores que no son protagonistas pero que llenan el escenario, comentan la acción, se reparten las partes de conjunto. En el teatro griego, el coro era además la voz de la conciencia colectiva: el que avisaba al público de lo que iba a pasar.

Esta canción tiene un coro griego perfecto. Todos sus ex coincidían en algo. Al final se arrepentían y decían: ¡cuidado con ese, que es un marrano!
Es una escena de conjunto, de esas en las que salen todos a la vez. Un grupo de ex alineados al borde del escenario, señalando al galán y avisando al público. Cuidado con ese. Sí, ese. Y lo describen al unísono, como hacen los coros. Un moreno bajito con barba de El Médano.
Lo bonito del coro es que confirma lo que la protagonista ya sospechaba. No está sola. Su versión coincide con la de los demás. En el teatro, cuando el coro habla, el público sabe que lo que dice es cierto.
Y hay un matiz que conviene no perder. El coro no avisa por rencor. Avisa porque se arrepiente. Al final se arrepentían y decían. Es un coro de gente que también se creyó lo del medio italiano y lo del buenazo, y que ahora, ya de vuelta, se coloca al borde del escenario para que nadie más caiga. Es la versión teatral de esa amiga que te coge del brazo en el bar y te dice al oído: ese no, hazme caso, que yo ya pasé por ahí.
El cameo: Pinocho entra por el foro
Al final del musical hay una aparición especial, de esas que se anuncian en el cartel como colaboración estelar.
¿Quién es? Es un Don Nadie. Un Pinocho que ni me comía el chocho.
Quien conozca el disco sabrá de dónde sale ese verso. La pista siguiente es precisamente «Ese Pinocho nunca me comía el chocho», y aquí asoma como un adelanto. En el teatro musical eso tiene nombre: es casi una reprise invertida, un tema que aparece antes de su número propio. Las dos canciones comparten personaje, pueblo y apodo. Leídas juntas, son el primer y el segundo acto de la misma comedia.
Y la etiqueta de Don Nadie es otra figura teatral. El personaje que pretende ser alguien y no es nadie. El que se presenta como medio italiano y acaba siendo, según el coro, un desgraciado.
La reprise: cuando el estribillo vuelve cambiado
Una de las herramientas más queridas del teatro musical es la reprise. Una canción que ya ha sonado vuelve más adelante, con la letra un poco cambiada, y el cambio dice cuánto ha avanzado la historia. La misma melodía, otro momento.
«En un musical gay» está construida a base de reprises. El estribillo vuelve una y otra vez, y en cada vuelta se mueve algo. En la última, ya no dice que el novio de El Médano sea un ejemplo de algo. Dice directamente: menudo marrano, mi novio de ¡El Médano! El requisito del principio, ser un pelín marrano, se ha convertido en un juicio. Ya no es una regla del musical. Es una crítica al actor.
Y luego, el cierre. Un desgraciado. Un marrano. De el ¡Médano! Son palabras sueltas, cada una en su línea, como golpes de bombo al final de un número. Es la manera musical de cerrar una escena: el ritmo se rompe en golpes secos y luego, silencio.
El número final
En Broadway hay una expresión para la gran canción que llega casi al final de la obra, la que hace que el público se ponga de pie: el número de las once, por la hora a la que solía llegar cuando las funciones empezaban por la tarde-noche. Es el momento de máximo lucimiento.

El número de las once de esta canción es el retrato final del galán. Por ahí va el novio que tuve. ¿Quién es? Y la respuesta es una cascada de etiquetas: Don Nadie, Pinocho, desgraciado, marrano, de El Médano. Es la protagonista señalando desde el escenario, con el foco encima, y el teatro entero mirando hacia donde apunta.
No hay boda final, como en las comedias musicales clásicas. No hay reconciliación ni beso con la orquesta subiendo. Hay una protagonista ordinaria, estrafalaria y muy necesaria que se queda con el escenario para ella sola. Y un galán que sale por el foro con las plumas pegadas a la barba.
Por qué un musical
Podría parecer arbitrario que una canción sobre un ex y sobre una misma use el marco de un musical. No lo es. La relación entre la cultura gay y el teatro musical es antigua y conocida. Durante décadas, los musicales fueron uno de los pocos espacios donde la emoción podía ser enorme sin pedir disculpas, donde los hombres podían llorar, bailar y llevar lentejuelas sin que nadie preguntara por qué. Muchas generaciones de gais encontraron allí un refugio y un idioma.
La canción no explica nada de eso. Lo da por sabido. Le basta con la palabra musical para que el oyente entienda el código: aquí todo va a ser un poco más grande, más exagerado, más teatral de lo normal. Y dentro de ese código, contar la historia de un ex que mentía sobre su edad se convierte en una comedia, no en una tragedia.
Ese es quizá el truco más eficaz de la canción. Al llamarlo musical, decide el género de la historia antes de contarla. Y una historia de musical, aunque tenga villano, siempre acaba con la protagonista en pie, bajo los focos, recibiendo el aplauso.
Dónde está en el disco
«En un musical gay» es la pista 43 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK. Va justo después de «Si Don Aussiebum hablase» y antes de la del Pinocho, con la que forma pareja. En la lista numerada de singles de la web es la 230 de 273, entre «Mood» y «Chihuahua».
Lleva las etiquetas de indie pop, pop alternativo, queer pop y camp. Y aquí el camp está en el propio título. Un musical gay es, casi por definición, el género más camp que existe: emoción exagerada, vestuario imposible, plumas y un villano al que abuchear.
En el catálogo hay otra canción que también sube el telón, «Una obra de teatro», contada en el diario como siete años y un telón. Entre las dos se podría montar una temporada entera.
Tiene videoclip oficial, que se puede ver en su página de vídeo en el planeta, y está en Spotify y en el resto de plataformas.
Hoja de reparto, para recortar
Para quien quiera el resumen, aquí va la hoja de reparto completa, como la que se entrega en la puerta con el programa de mano.
Obra: En un musical gay. Requisitos de acceso: ser un pelín marrano, no asustarse y disfrutar. Protagonista: ordinaria, estrafalaria, visionaria, revolucionaria, extra ordinaria y muy necesaria. Galán: medio italiano, buenazo para todo el mundo, cincuenta y tantos, moreno, bajito, con barba, de El Médano. Coro: todos sus ex, al unísono, avisando. Colaboración especial: Pinocho, adelanto de la pista siguiente. Reprise: el requisito se convierte en juicio. Número final: Don Nadie, desgraciado, marrano. Desenlace: la protagonista se queda con el escenario.
Si alguien se presenta al casting, que lleve plumas. Y que no se asuste, que entonces no lo va a disfrutar.
Para quien escriba sobre música, la información del proyecto está en la sala de prensa del planeta.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «En un musical gay»?
De las reglas de un musical gay, según la propia letra: hay que ser un pelín marrano, no hay que asustarse y hay que ser como quien narra, ordinaria, estrafalaria, visionaria, revolucionaria y muy necesaria. Por medio, la canción retrata a un ex de El Médano que se presentaba como medio italiano y acabó siendo un fracaso.
¿Quién es el novio de El Médano?
Un personaje de la letra, como todos los de las canciones de Mike. La canción lo describe con pocos rasgos: moreno, bajito, con barba, de cincuenta y tantos, y con varios ex que avisan de él. El mismo personaje asoma en «Ese Pinocho nunca me comía el chocho», la pista siguiente del disco.
¿En qué disco está?
Es la pista 43 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», entre «Si Don Aussiebum hablase» y «Ese Pinocho nunca me comía el chocho». En la lista numerada de singles de la web es la 230 de 273.
¿Qué se ve en la portada?
Un hombre con chaqueta de cuero negra y camiseta blanca, de noche, delante de una noria iluminada en rosa, con plumas rosas cayendo a su alrededor. El título va en letras de bombillas, como las de un cartel de teatro.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.