Planeta Gayfolk

Salud mental

Enganchado a quien te hace daño: dependencia emocional, señales y salida, con «Tu Mendigo», «Not Your Supply» y «No Contact»

Por ·

Fotograma del videoclip de «Tu Mendigo»: un chico tatuado con camiseta blanca y pañuelo rojo, tumbado contra los barrotes de una celda con una guitarra, mientras otro hombre se inclina sobre él con una cámara

Antes de empezar. Si ahora mismo piensas en quitarte la vida, llama al 024, la línea de atención a la conducta suicida del Ministerio de Sanidad: es gratuita, confidencial y atiende las 24 horas, también por chat. Si hay peligro inmediato, llama al 112. Si vives fuera de España, tu país tiene su propia línea y su número de emergencias. Este texto es información general: no sustituye a una psicóloga ni a un médico.

Hay una frase que se oye mucho después de una ruptura: «Es que estoy enganchado». Se dice medio en broma, con la taza de café en la mano. Pero quien la dice suele saber que no es broma del todo. Mira el móvil cada pocos minutos. Relee conversaciones viejas. Sabe que esa persona le hace daño y, aun así, la echa de menos como se echa de menos el aire.

De eso va esta entrada del diario. De la dependencia emocional, ese modo de querer que se parece más a una adicción que a un refugio. Qué es, cómo se reconoce, en qué se diferencia del amor sano y, sobre todo, cómo se sale. Y de tres canciones de Planeta Gayfolk que, sin ser un manual, dibujan muy bien el camino: «Tu Mendigo», «Not Your Supply» y «No Contact».

Qué es la dependencia emocional

La dependencia emocional no es querer mucho. Es necesitar a otra persona hasta el punto de que tu bienestar, tus decisiones y tu forma de valorarte dependen casi por completo de ella.

El psicólogo Jorge Castelló, autor de uno de los libros de referencia sobre el tema en España, la describía en una entrevista para Infocop como una necesidad afectiva extrema hacia la pareja que se repite de una relación a otra. Hablaba de apego excesivo, de sumisión, de idealizar al otro, de una autoestima muy baja y de no tolerar la soledad. Y de relaciones muy desequilibradas, en las que uno da casi todo y el otro recibe casi todo.

En 2020, un equipo de psicólogos españoles, entre ellos Enrique Echeburúa, publicó en Actas Españolas de Psiquiatría una escala para medir la dependencia emocional en la pareja. Su punto de partida es muy claro: hablan de dependencia cuando alguien valora su relación como negativa, quiere dejarla y siente que no puede, sin que haya dinero ni amenazas de por medio que le retengan. Es decir, cuando la única cadena es por dentro.

El mismo artículo recoge algo importante. Estas personas pueden funcionar bien en el trabajo o con los amigos. No están rotas en todo. Están atrapadas en una sola cosa: el vínculo con esa persona.

¿Por qué se parece tanto a una adicción?

La comparación no es solo una metáfora de canción. La antropóloga Helen Fisher y la neurocientífica Lucy Brown, junto a otros colegas, metieron en un escáner a quince jóvenes a los que su pareja acababa de dejar y que seguían muy enamorados. Les enseñaban una foto de su ex. Según explicó la Universidad de Rutgers en 2010, al ver esa cara se activaban zonas del cerebro ligadas a la recompensa, al ansia y a la adicción, las mismas que aparecen en la adicción a la cocaína, y también zonas relacionadas con el dolor físico. Los autores concluyeron que el rechazo amoroso podía entenderse como una forma específica de adicción.

Años después, el mismo grupo publicó en Frontiers in Psychology una revisión titulada «Intense, passionate, romantic love: a natural addiction?». Su idea es que el amor romántico comparte rasgos con las adicciones: ansia, tolerancia, dependencia, abstinencia y recaída. Cuando es correspondido y sano, dicen, es una adicción «positiva». Cuando es tóxico, no correspondido o termina en rechazo, se vuelve «negativa».

Conviene ser honestos con dos matices. El primero: esa revisión es una propuesta, y sus propios autores reconocen que los investigadores todavía dudan en clasificar el amor como una adicción oficial. El segundo: el estudio del escáner se hizo con pocas personas, todas heterosexuales. Pero quien ha vivido una dependencia emocional, sea con un chico, con una chica o con quien sea, reconoce el dibujo. La espera. El subidón cuando llega el mensaje. El bajón cuando no llega. Y esa abstinencia que también describía Castelló cuando la relación se rompe.

Las señales: una lista para mirarse sin juzgarse

No es un test ni sirve para diagnosticar a nadie. Es una lista de cosas que se repiten en lo que cuentan los especialistas citados arriba. Si te reconoces en varias, no pasa nada malo contigo. Es una señal para pedir ayuda.

  • La otra persona es tu prioridad absoluta, por encima de tus amigos, tu trabajo o lo que antes te gustaba.
  • Te da pánico quedarte solo, y por eso aguantas cosas que en otra persona no aguantarías.
  • Cedes siempre para evitar un enfado, aunque eso signifique callarte lo que piensas.
  • Idealizas al otro y esperas que cambie, aunque los hechos digan lo contrario.
  • Tu estado de ánimo sube y baja según cómo te trate ese día.
  • Quieres irte y no puedes, aunque sepas que la relación te hace más mal que bien.
  • Después de una ruptura, intentas volver una y otra vez, con mensajes, llamadas o excusas.
  • Te sientes pequeño. Como si tu valor dependiera de que esa persona te mire.

«Me senté donde no había sitio»

«Tu Mendigo» es una de las canciones del segundo álbum de la trilogía, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», y retrata como pocas ese último punto de la lista. Su narrador entra en una casa que le venden como refugio y que resulta ser otra cosa. Y en el estribillo resume una manera entera de querer en un solo verso: «me senté donde no había sitio».

Eso es, muchas veces, la dependencia emocional. Sentarse donde no hay sitio. Hacerse pequeño para caber. Pedir perdón por existir en la vida del otro. La letra lo dice también de otra forma, cuando cuenta cómo los sentimientos del narrador se iban encogiendo mientras pasaban los años.

El diario ya leyó esta canción desde el triángulo del príncipe, el mendigo y el salvador. Aquí interesa por otra razón: porque muestra que la dependencia no siempre empieza con alguien que grita. A veces empieza con alguien que te salva. Y el agradecimiento, mal llevado, se convierte en deuda.

Amor sano y amor que engancha

¿Cómo se distingue una cosa de otra? No hay una línea perfecta, pero hay algunas preguntas que ayudan.

  • En el amor sano, echas de menos. En la dependencia, sientes que no puedes vivir sin el otro.
  • En el amor sano, tu vida sigue teniendo otras habitaciones: amigos, aficiones, tiempo para ti. En la dependencia, todas las puertas dan al mismo cuarto.
  • En el amor sano, se discute y se repara. En la dependencia, se cede para que no haya discusión.
  • En el amor sano, el otro te quiere como eres. En la dependencia, vives intentando ser quien crees que el otro quiere.
  • En el amor sano, irte es posible aunque duela. En la dependencia, irte parece imposible aunque te esté haciendo daño.

El diario publicó hace unos días una nota corta sobre dependencia emocional con una idea que vale la pena repetir: querer a alguien no debería significar dejar de quererte a ti.

«I'm not your supply, I'm not your drug»

Si «Tu Mendigo» es la canción del que todavía está sentado donde no hay sitio, «Not Your Supply» es la del que se levanta. Su estribillo usa el mismo vocabulario que la ciencia de la adicción, pero le da la vuelta: «I'm not your supply, I'm not your drug». No soy tu suministro. No soy tu droga.

Lo interesante es que la canción mira la dependencia desde el otro lado. Aquí quien engancha es el otro, alguien que llama cuando está vacío y se va cuando está lleno. Y el narrador decide dejar de ser la sustancia. Cortar el grifo. El diario la ha leído verso a verso, y su mantra final, repetido una y otra vez, funciona casi como un ejercicio de respiración.

Mike ha contado en mikesaintlouis.com que se enamoró a los 22 años y que, después de dos relaciones que fracasaron, entendió que las dos personas con las que estuvo eran narcisistas. No hace falta añadir nada a eso. Basta con saber que muchas de sus canciones nacen de entender, después, lo que costaba ver desde dentro.

Cómo se sale

Salir de una dependencia emocional no es cuestión de fuerza de voluntad. Es un proceso, con avances y retrocesos. Estas son algunas ideas que recogen las fuentes de este texto:

  • Pedir ayuda profesional. Castelló insistía en que el tratamiento es sobre todo psicoterapéutico: trabajar la autoestima, ordenar la situación afectiva y buscar relaciones más equilibradas. Una buena psicóloga no te juzga por haber vuelto tres veces. Te ayuda a entender por qué.
  • Reducir el contacto y los recordatorios. La revisión de Frontiers propone, para quien sufre un rechazo, quitar de la vista lo que recuerda al otro y evitar el contacto, porque esos estímulos alimentan el ansia. Es la lógica de «No Contact».
  • Volver a tener otras fuentes de alegría. Los mismos autores hablan de buscar actividades nuevas, hacer ejercicio y apoyarse en un grupo. Recuperar a los amigos que se quedaron por el camino. Volver a lo que te gustaba antes.
  • Darse tiempo. El apego a una expareja tiende a bajar con el tiempo. No desaparece en una semana, pero baja.
  • Perdonarse las recaídas. Volver a escribir un mensaje no borra todo lo avanzado. Es parte del camino.

«Aunque tiemble, I won't fall»

«No Contact» es una canción de pista, con brillo y bola de espejos, pero tiene un verso que resume muy bien cómo se siente salir de una dependencia: «Aunque tiemble, I won't fall». Aunque tiemble, no me caigo.

No dice que ya no duela. No dice que el miedo se haya ido. Dice que se puede temblar y seguir de pie. La misma letra cuenta que su narrador ha tenido ayuda de un terapeuta para llegar hasta ahí. Y eso, en una canción de baile, es casi una declaración de principios: la pista es para celebrar, pero el trabajo de fondo se hace acompañado.

Mike lo ha contado sin rodeos en su web: una buena psicóloga le está ayudando a seguir adelante, y le dedicó un texto entero, «Gracias a mi psicóloga». La serie de salud mental del diario reúne el resto de textos y más recursos.

Si estás ahí ahora

Si te has reconocido en estas líneas, no estás solo y no eres tonto. La dependencia emocional no habla de lo poco que vales. Habla de lo mucho que necesitabas que alguien te quisiera, y de que nadie te enseñó que podías empezar por ti.

Se sale. Se sale despacio, con ayuda y con días malos. Pero se sale. Puedes empezar por tu médico de cabecera, que puede derivarte a salud mental, o por una psicóloga colegiada. Y si en algún momento la tristeza se vuelve tan grande que piensas en no seguir, llama al 024. Al otro lado hay alguien a cualquier hora. Pedir ayuda funciona.

Más notas

Apoyar en Ko-fi