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Las bodas de oro que no llegaron: «Envejecer» y el calendario de una vejez imaginada

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Portada de «Envejecer», canción de Mike Sain't Louis

Hay una tradición que pone nombre de material a cada aniversario. El primero es de papel. El quinto, de madera. El vigésimo quinto, de plata. El quincuagésimo, de oro. Cada material es más resistente que el anterior, como si el tiempo compartido fuera endureciendo la pareja año a año.

Hay parejas que se imaginan el calendario entero desde el principio. Y hay preguntas que lo resumen todo en una sola frase.

«¿Por qué me preguntabas si me imaginaba los dos viejitos cogidos de la mano?»

Esa es la pregunta de «Envejecer», una de las canciones más tristes del catálogo de Mike Sain't Louis. Mike lo explica en su ficha de «Canción a canción»: es una de las preguntas más bonitas que te pueden hacer en una relación, y la canción la convierte en algo muy amargo, porque quien la hacía, según la letra, estaba engañando al mismo tiempo.

El diario ya habló de la pregunta de los dos viejitos y de lo que significa envejecer siendo LGTBI. Hoy el planeta hace otra cosa. Saca el calendario de aniversarios y lo recorre, material por material, imaginando las bodas que esta pareja no llegó a celebrar. Porque la canción no habla solo de un engaño. Habla de un futuro que alguien se creyó entero.

Bodas de papel: la pregunta

El primer aniversario es de papel. Frágil, ligero, fácil de romper. Es el material de las cartas, de las notas en la nevera, de las entradas de cine guardadas en la cartera.

La pregunta de los dos viejitos pertenece a esa época de papel. Es el tipo de cosa que se dice al principio, cuando todo es nuevo y uno se atreve a imaginar a lo grande. Tumbados en la cama, en un banco del parque, en el sofá después de una película. «¿Te imaginas cuando seamos viejitos?» Y el otro sonríe y dice que sí.

Y fíjate en el diminutivo. No dice «viejos». Dice «viejitos». Es una palabra llena de cariño, la que se usa para hablar de los abuelos o de esa pareja mayor que ves cada tarde en el mismo banco del parque. El diminutivo convierte la vejez en algo tierno, casi de cuento. Por eso la pregunta parece tan inocente. Y por eso, cuando sale a la luz lo que había detrás, duele el doble: lo que se ha ensuciado es una de las imágenes más limpias que existen.

Lo terrible de la canción es que esa pregunta, tan tierna, se revela después como papel mojado. La letra lo dice con una pausa en cada palabra:

«Por / qué / lo / preguntabas / mientras / a / la vez / me engañabas.»

No hay rabia en esa pregunta. Hay desconcierto. ¿Para qué? ¿Qué sentido tenía imaginar la vejez juntos si al mismo tiempo estabas con otra persona? Es una pregunta que no tiene respuesta, y por eso se repite. El narrador no busca una explicación lógica. Busca entender cómo pudieron convivir en la misma persona la ternura de la pregunta y la mentira del engaño.

Bodas de algodón: la forma de la letra

El segundo aniversario es de algodón. Suave, cotidiano, el material de las sábanas compartidas.

Fotogramas del videoclip oficial de «Envejecer», de Mike Sain't Louis

Y aquí conviene detenerse en la forma de la letra, que es tan importante como lo que dice. Mike lo señala en su ficha como uno de los rasgos más expresivos de la canción: muchas frases están partidas palabra a palabra, una en cada línea. «Por, qué, lo, preguntabas.» Así, desmontado.

Mike lo compara con hablar entre sollozos, cuando no te salen las frases enteras y cada palabra cuesta. Es una descripción exacta. Quien haya llorado de verdad intentando decir algo sabe que las frases se rompen. Dices una palabra, respiras, dices otra. La letra imita ese ritmo en la página.

Y en contraste, como dice Mike, están las vocales que se estiran hasta el infinito. «Nuuuuuuuunca más.» «Estoy tan tristeeeeeeeeeeee.» El dolor a veces se queda sin palabras y otras veces no sabe cuándo parar. La canción alterna las dos cosas: la palabra cortada y la vocal infinita. El sollozo y el lamento.

Es una forma muy física de escribir. No describe la tristeza desde fuera, con metáforas. La pone en el cuerpo de la letra, en cómo se corta y en cómo se alarga. Como el algodón, que se arruga y se estira con el uso.

Bodas de cuero: la desconfianza

El tercer aniversario es de cuero. Un material que protege, que se endurece, que se usa para hacer escudos y armaduras.

Y la letra se pone la armadura desde el primer verso:

«Ya no voy a volver a confiar en nadie, nunca más.»

Mike lo describe como el otro eje de la canción, la desconfianza. Y señala algo importante: es una idea que aparece en otras canciones del planeta, como un juramento que se repite cada vez que algo se rompe. Aquí, según él, suena especialmente frágil, porque viene justo después de admitir cuánto se creyó el futuro compartido.

Es la reacción más humana del mundo. Cuando te han engañado, la primera defensa es cerrar la puerta a todo el mundo. No solo a quien te hizo daño, sino a cualquiera que venga después. «En nadie», dice la letra. Ni una excepción. El cuero se endurece para que nada vuelva a atravesarlo.

Pero los juramentos de este tipo tienen algo de promesa imposible. Quien jura que nunca más va a confiar en nadie suele estar diciendo, en realidad, cuánto confió. Por eso el verso duele tanto. No es la frase de alguien frío. Es la de alguien que se dio entero y ahora no sabe qué hacer con lo que le queda.

Bodas de madera: la tristeza

El quinto aniversario es de madera. Ya hay raíces. Ya hay costumbres, muebles comprados a medias, una forma de hacer las cosas en casa.

Y es precisamente ahí, en lo que ya había echado raíces, donde la canción deja caer su verso más simple:

«Estoy tan tristeeeeeeeeeeee.»

No hay más. No se explica por qué, no se adorna, no se compara con nada. Es tristeza en estado puro, estirada hasta que se acaba el aire. Y luego se repite, y se repite otra vez, con un «tan tristeeeeee» final que suena casi a eco.

Mike lo resume así: hay canciones de ruptura que te hacen bailar y otras que te hacen reír. Esta te deja quieto. Es para escucharla sentado.

En un catálogo donde abundan las rupturas con humor, con insultos creativos, con mojo y con bañadores manchados, «Envejecer» es una excepción. No hay chiste. No hay venganza. No hay ni siquiera un personaje ridículo al que señalar. Hay alguien solo, sentado, con una pregunta que no le deja en paz. La madera, cuando se rompe, no se pega fácilmente.

Bodas de estaño: la repetición

A los diez años, según la tradición, llegan las bodas de estaño, o de aluminio en algunos calendarios. Un metal blando, maleable, que se dobla sin romperse y vuelve a doblarse.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «Mientras a la vez me engañabas.» de «Envejecer»

La canción se dobla sobre sí misma una y otra vez. La pregunta de los viejitos aparece cuatro veces. El «nunca más» se repite en bloque. La tristeza vuelve. Es una estructura circular, como la de los pensamientos que no se van por la noche.

Quien haya pasado por un engaño conoce ese bucle. La misma escena se repite en la cabeza, con pequeñas variaciones. Aquella conversación. Aquella pregunta. Aquel viaje en el que, ahora lo sabes, ya pasaba algo. La mente vuelve una y otra vez al mismo sitio, como si a fuerza de repetirlo pudiera encontrar el momento exacto en que todo empezó a ser mentira.

Hay un detalle curioso en una de las repeticiones. En lugar de «por qué lo preguntabas», la letra dice en un momento «por qué ok preguntabas», y en otro «por qué me preguntabas». Pequeñas variaciones en una fórmula que, por lo demás, se mantiene idéntica. Como los recuerdos, que nunca vuelven exactamente igual.

La repetición aquí no busca que la canción se pegue, como en un tema de club. Busca otra cosa: que sientas el peso de una pregunta que no se puede soltar.

Bodas de cristal: la transparencia que faltó

Hacia los quince años llegan las bodas de cristal. Un material transparente, que deja ver lo que hay detrás. Y que se rompe en mil pedazos.

La canción tiene una herida de cristal en el centro. El problema va más allá del engaño en sí. Es que no se veía. La pregunta de los viejitos era como un cristal limpio: parecía mostrar todo lo que había detrás, el amor, el futuro, las ganas de quedarse. Y detrás había otra cosa.

«Mientras a la vez me engañabas.» La simultaneidad es lo que más duele. No dice «antes» ni «después». Dice «a la vez». Las dos cosas ocurrían al mismo tiempo, en la misma persona, en la misma semana. La ternura y la mentira compartían agenda.

Es una de las experiencias más difíciles de procesar después de una infidelidad: revisar el pasado y no saber qué era verdad. ¿Era sincera aquella pregunta? ¿Lo eran los planes? La canción no lo resuelve, porque no puede. Solo deja la pregunta repetida, como quien pasa la mano por un cristal roto buscando el borde.

Bodas de porcelana: la respuesta tardía

A los veinte años, porcelana. Fina, delicada, valiosa. Algo que se guarda en la vitrina y se saca solo en ocasiones especiales.

Y la canción guarda su momento más valioso para el final. Mike lo dice en su ficha: el momento que más le toca está casi al final. Después de repetir la pregunta una y otra vez, la canción por fin la contesta.

«Te voy a contestar / cuando ya es demasiado tarde / síiiiiiii / sí / lo imaginaba.»

Es una respuesta a destiempo. Llega cuando ya no sirve, cuando el otro ya no está para oírla, cuando la pregunta ya ha perdido su inocencia. Y aun así se da. El narrador decide contestar con la verdad, aunque la verdad ya no tenga ningún efecto. Sí. Lo imaginaba.

Mike lo llama una confesión a destiempo, y la considera de lo más honesto del proyecto. No hay rabia ahí, escribe, hay pena pura. Y es verdad. Sería más fácil decir que nunca se lo creyó, que ya sospechaba, que en el fondo daba igual. La canción hace lo contrario. Admite que sí, que se lo imaginó, que se lo creyó entero. Es la porcelana sacada de la vitrina en el peor momento, solo para enseñar que existía.

Bodas de plata: lo que estaba seguro

A los veinticinco años, plata. La primera gran cifra. La que se celebra con fiesta, con fotos antiguas proyectadas en una pared y con los hijos o los amigos haciendo un discurso.

Collage con un detalle de la carátula de «Envejecer» y las carátulas de «Primer aniversario», «20 años», «Ni con un palo»

La letra llega a su verso más largo justo después de la respuesta tardía:

«Estaba tan seguro que juntos íbamos a envejecer.»

Se repite dos veces. Y después la última palabra se queda sola, estirándose: «a envejeceeeeeeer», cuatro veces, hasta que la canción se acaba.

Ese «estaba tan seguro» es la clave de todo. No dice «quería» ni «esperaba». Dice que estaba seguro. Es la certeza la que se ha roto, no solo el deseo. Y la certeza, cuando se rompe, deja un vacío distinto. Uno puede renunciar a un deseo. Lo difícil es aceptar que lo que dabas por hecho nunca fue verdad.

La repetición final de «envejecer» tiene algo de imagen que se aleja. Como si el narrador se quedara mirando la foto imaginada de los dos viejitos y la viera irse haciendo pequeña, más pequeña, hasta desaparecer. La canción termina en ese verbo. En el futuro que no va a pasar.

Bodas de rubí: la pregunta bien hecha

A los cuarenta años, rubí. Una piedra roja, intensa, del color de lo que se siente de verdad.

Si la canción deja una enseñanza, es sobre cómo hacer preguntas. La de los viejitos es una pregunta enorme, aunque se haga en voz baja y medio en broma. Pregunta por el resto de la vida. Por si el otro se ve contigo dentro de treinta, cuarenta, cincuenta años. No es una pregunta para hacer a la ligera.

Lo que la canción reprocha no es la pregunta en sí. Es la falta de sinceridad de quien la hacía. Preguntar por la vejez compartida mientras se miente es usar una frase de rubí como si fuera bisutería. Y quien la recibe, que se la cree de verdad, se queda con una piedra falsa en la mano.

Por eso la dedicatoria final de Mike tiene tanto sentido. Pregunta con sinceridad. Responde a tiempo. Dos consejos sencillos que, si se siguieran siempre, harían innecesarias muchas canciones como esta.

Bodas de oro: la imagen

A los cincuenta años, oro. Las bodas de oro son la imagen clásica de la vejez compartida. Dos personas mayores, arrugadas, cogidas de la mano en un banco o en una foto de familia. Es exactamente la imagen de la pregunta, la que tantas familias guardan enmarcada en el salón, junto a la de la boda.

Para muchas parejas LGTBI, esa imagen ha sido durante mucho tiempo casi imposible de imaginar. En España, el matrimonio entre personas del mismo sexo es legal desde 2005. Las parejas que se casaron ese año todavía están lejos de las bodas de oro. Durante generaciones, envejecer juntos fue algo que muchas parejas del colectivo vivieron a escondidas, sin papeles, sin reconocimiento, a veces sin poder ni siquiera decirlo en voz alta.

Por eso la pregunta de los dos viejitos tiene, en este planeta, un peso añadido. Además de romántica, es una frase que hace pocas décadas parecía de ciencia ficción para muchas personas. Imaginarse viejito con tu pareja, de la mano, en público, es una forma de reclamar un futuro que antes no estaba disponible. Y que te lo pregunten mientras te engañan es romper también eso.

La nota del diario sobre envejecer siendo LGTBI habla de esa realidad desde otro ángulo, y merece la pena leerla junto a la canción.

Bodas de diamante: lo que queda

A los sesenta años, diamante. El material más duro que existe. Lo que ya no se rompe.

Ficha de la canción «Envejecer» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La canción no llega hasta ahí, claro. Se queda mucho antes. Pero deja algo que sí tiene algo de diamante: la imagen misma. Mike lo dice al final de su ficha con mucha delicadeza. Dedica la canción a quien todavía guarda la imagen de las dos manos arrugadas entrelazadas, aunque ya no sepa qué hacer con ella.

Esa imagen no desaparece con la ruptura. Sigue ahí. Lo que cambia es con quién. Quizá algún día vuelva a tener dos protagonistas. Quizá se quede como un recuerdo de lo que uno fue capaz de imaginar. En cualquier caso, la capacidad de imaginarlo no se la ha llevado nadie.

Y Mike añade otra dedicatoria, que es casi un consejo: también para quien todavía la tiene por delante. Para que pregunte con sinceridad y responda a tiempo. Es la moraleja más bonita que se puede sacar de una canción tan triste. Si vas a hacer esa pregunta, hazla en serio. Y si te la hacen, contesta cuando todavía sirve.

Calendario del catálogo

El planeta tiene otras canciones que cuentan el tiempo de una pareja. «Primer aniversario» se queda en las bodas de papel. «20 años» habla de una pareja que llega a la porcelana y se rompe. Y «Ni con un palo», que el diario leyó como el silencio convertido en castigo, mira otra forma de terminar.

Leídas juntas, forman un calendario extraño. Hay aniversarios que se celebran, aniversarios que se rompen y aniversarios que nunca llegan. «Envejecer» es este último. El de las bodas de oro imaginadas, con la foto de los viejitos guardada en un cajón que nadie abre.

Ficha del aniversario

Para quien quiera escucharla, estos son los datos.

«Envejecer» pertenece a «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el disco que abre la trilogía. Su ficha la sitúa en el indie pop, el pop alternativo, el queer pop y el camp, aunque es de las canciones menos camp del disco. Mike pone la letra, la composición y la producción; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial. Tiene videoclip oficial, de unos cinco minutos, y se puede escuchar en Spotify.

Como en todas las letras de Mike, la historia es de un personaje. El narrador y la persona que engaña no son retratos de nadie en concreto. Son figuras en las que cualquiera puede reconocer una pregunta que le hicieron alguna vez.

Para periodistas y medios, la sala de prensa reúne fotos, notas y material oficial del proyecto.

Cuándo escucharla

Mike lo dice claro: es para escucharla sentado, quizá con una foto en la mano, quizá sin ella.

No es una canción para la pista ni para el coche con las ventanillas bajadas. Es para una tarde de domingo, para el rato después de recoger las cosas del otro, para el momento en que encuentras una foto en el móvil que no sabías que seguía ahí. Para dejarse estar triste un rato sin tener que hacer nada con esa tristeza.

Y si la tristeza se alarga demasiado, conviene recordar que no hace falta pasarla en soledad. El diario tiene una nota sobre salud mental LGTBI con recursos, y en España el 024 atiende gratis a cualquier hora del día. Una ruptura con engaño puede tumbar a cualquiera, y pedir ayuda es una forma de cuidarse.

Felicitación de aniversario

En las bodas de oro se suele brindar. Alguien se levanta, golpea la copa con un tenedor y dice unas palabras sobre los cincuenta años que han pasado.

Esta canción no tiene brindis. Pero si lo tuviera, quizá diría algo así. Por la pregunta que se hizo, aunque fuera mentira. Por la respuesta que se dio, aunque llegara tarde. Por la imagen de los dos viejitos, que sigue siendo bonita aunque esta vez no se cumpla. Y por quien la vuelva a imaginar algún día, con otra persona, con más cuidado y con la misma ilusión.

Sí, lo imaginaba. Y quizá vuelva a imaginarlo.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Envejecer» de Mike Sain't Louis?

De una pregunta que se vuelve amarga: «¿Te imaginas a los dos viejitos cogidos de la mano?». Quien la hacía estaba engañando al mismo tiempo. La canción repite la pregunta y, casi al final, la contesta tarde: sí, lo imaginaba.

¿Por qué la letra está partida palabra a palabra?

Según Mike, es como hablar entre sollozos, cuando no te salen las frases enteras y cada palabra cuesta. En contraste, otras vocales se estiran hasta el infinito, como en «nunca más» o «tan triste».

¿Qué son las bodas de oro?

El nombre tradicional del quincuagésimo aniversario de una pareja. La tradición asigna un material a cada aniversario: papel el primero, plata el vigésimo quinto, oro el quincuagésimo.

¿Para quién es la canción?

Mike la dedica a quien haya hecho planes de vejez con alguien que no pensaba lo mismo, y también a quien todavía tiene esa pregunta por delante, para que pregunte con sinceridad.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

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