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Una estrella en Google Maps: «Esta canción es una mierda» y el arte de reseñarse a uno mismo

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Portada de «Esta Canción Es una Mierda», canción de Mike Sain't Louis

★☆☆☆☆ «Fatal. No volvería.» Hace 3 semanas.

Así empieza la vida de cualquier bar de barrio en Google Maps. Da igual que tenga las mejores bravas de Carabanchel, que el dueño te fíe hasta fin de mes o que la camarera se sepa tu pedido de memoria. Tarde o temprano llega alguien que no ha entendido nada, pide un cortado a las once de la noche, se queja de que hay fútbol en la tele y deja una estrella. Una. Con una foto borrosa de una servilleta.

Hay negocios que se pasan la vida peleando contra esa estrella. Contestan con educación, piden disculpas, ofrecen un chupito de cortesía en la próxima visita. Y hay uno, solo uno, que ha decidido hacer otra cosa: ponérsela él mismo. En la puerta. Plastificada. Al lado del horario.

Ese negocio es «Esta canción es una mierda», y la crónica del planeta viene hoy a dejarle su reseña.

Valoración media: 1,0

Lo primero que hay que reconocer es la jugada del título. Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, coge la frase que cualquier crítico de comentarios de YouTube tiene en la punta de los dedos y la pone en la portada antes que nadie. Ya está dicha. Ya no la puedes decir tú. Si la dices, solo repites el título, y repetir un título no es una opinión: es leer en voz alta.

Es el truco de las tiendas de muebles suecos que te dan el lápiz y la cinta métrica gratis para que no puedas quejarte de que no tenías con qué medir. Es el truco del humorista que se ríe de su calva antes de que lo haga el del público. Es el truco, sobre todo, del niño gordo del colegio que se pone él mismo el mote para que el mote pierda la gracia.

La propia letra cuenta de dónde salió la idea:

«Esta Canción Es Una Mierda nació del cansancio, pero también de la risa.»

Cansancio y risa. Las dos cosas a la vez. Es el estado de ánimo de quien ha leído el mismo comentario tantas veces que ya le hace gracia. La primera vez escuece. La décima, cansa. La centésima, da para una canción.

Reseñas destacadas (por orden de relevancia)

La crónica ha hecho el ejercicio de imaginar cómo sería la ficha de esta canción si fuera un restaurante en Google Maps. Las reseñas son inventadas, que conste en acta, pero los perfiles no lo son tanto. Cualquiera que haya publicado algo en internet los ha conocido.

★☆☆☆☆ Paco_1974: «No entiendo nada. Esto no es música. En mis tiempos las canciones tenían letra.» La tiene. La tiene y es suya. Paco no ha llegado al segundo párrafo.

★☆☆☆☆ Usuario anónimo: «Esto lo hace una máquina, le das a un botón y listo.» Este señor sale en otras letras del planeta, con su frase copiada literal, y aquí vuelve a intentarlo.

★☆☆☆☆ Laura M.: «Demasiado exagerado. Muy de gays.» Gracias, Laura. Está en el nombre del planeta.

★☆☆☆☆ Crítico_serio_99: «Falta de fórmula. No sigue las reglas del pop comercial.» Exacto. Y la letra le contesta justo a él.

★★★★★ Mari Carmen, de Alcorcón: «Me encanta, mi sobrino me la puso en la boda y bailamos todas.» Mari Carmen es la única que ha escuchado la canción entera. No cuenta para la media porque las plataformas penalizan a las tías.

Con esta muestra, la valoración media sale de 1,8, pero la canción ha decidido redondear hacia abajo. Por estilo.

Lista de agravios del local

La letra, que más que canción es un comunicado leído en voz alta, empieza por identificar a los clientes difíciles. No los nombra con nombre y apellido, como hace el autor en otros temas. Aquí los nombra por oficio. Los que opinan sin entender. Los que critican por criticar. Los que confunden la honestidad con la locura. Los que confunden el arte con una fórmula.

Fotogramas del videoclip oficial de «Esta canción es una mierda», de Mike Sain't Louis

Cuatro perfiles. La crónica los reconoce a todos de la cola del Carrefour.

El que opina sin entender es el cuñado de la cena de Navidad que tiene una opinión sobre la guerra de Ucrania, la prima de riesgo y la última temporada de «La que se avecina», y no ha leído nada sobre ninguna de las tres.

El que critica por criticar es el vecino del tercero que se queja del ruido de tu lavadora a las siete de la tarde y luego pone el Carrusel deportivo a todo volumen el domingo.

El que confunde la honestidad con la locura es la tía que, cuando le cuentas algo verdadero sobre ti, te dice «hijo, tú estás muy mal, tienes que ir a alguien».

Y el que confunde el arte con una fórmula es el del grupo de WhatsApp de la oficina que manda vídeos de «cómo hacer un éxito en tres acordes» y cree que con eso ya sabe de música.

La canción no les insulta. Les describe. Y a veces la descripción duele más que el insulto, porque no tiene escapatoria.

El problema es tu filtro

Llega el verso que es el corazón del local, la especialidad de la casa, lo que pide todo el mundo cuando entra:

«si te molesta mi autenticidad, el problema no es mi canción, es tu filtro.»

Filtro. La palabra está escogida con malicia, y la crónica se la quita de la mano para mirarla a contraluz.

En 2026, un filtro es lo que se le pone a la cara antes de colgarla en Instagram para que no se vean las ojeras, las arrugas de la risa, el grano de la barbilla y la papada de los cuarenta. Es la máscara que nadie reconoce llevar y que lleva todo el mundo. Las de perrito con orejas, las de piel de porcelana, las que te ponen pecas de modelo nórdica aunque seas de Zamora.

La letra le da la vuelta. El filtro no está en la canción, que va a cara lavada, con sus ojeras y su grano. El filtro está en el ojo del que mira. Es el prejuicio, la idea previa, la casilla mental en la que alguien ya había metido la canción antes de darle al play. Si te molesta lo que ves, quítate tú el filtro. La canción ya se lo ha quitado.

Hay otro sentido, más técnico, que a la crónica le hace gracia. En las cafeteras, el filtro es lo que se queda con el poso y deja pasar el café. Hay oídos que funcionan al revés: se quedan con el café y dejan pasar solo el poso. Esos son los que dejan la estrella.

El comentario de YouTube como género literario

Conviene detenerse en el hábitat natural del cliente de una estrella, porque la canción lo conoce bien y la crónica también.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «si te molesta mi autenticidad, el problema no es mi canción, es tu filtro.» de «Esta canción es una mierda»

El comentario de YouTube es un género literario con sus propias reglas, igual que el soneto o la esquela. Tiene una extensión ideal, que es una línea. Tiene una ortografía propia, que prescinde de tildes, de comas y, en los casos más avanzados, de vocales. Tiene un tono, que oscila entre la indignación del que ha encontrado un pelo en la sopa y la superioridad del que ha visto la sopa y ha decidido no probarla. Y tiene un final obligatorio, que es el emoji del payaso o el de la cara vomitando, según la temporada.

Dentro del género hay subgéneros. El «quién escucha esto en 2026», que pregunta por una cifra que nadie le va a dar. El «esto es lo que pasa cuando», que convierte una canción en síntoma de la decadencia de Occidente. El «antes la música era música», que no explica qué era antes ni qué es ahora. El «no es por criticar, pero», que siempre es por criticar. Y el más refinado de todos, el «ni lo he escuchado y ya sé que es malo», que tiene algo de honestidad brutal y que la crónica casi respeta.

«Esta canción es una mierda» es, entre otras cosas, una antología de todos esos subgéneros comprimida en un título. Se los ha leído todos. Los ha guardado. Y los ha devuelto en una sola frase, con la misma ortografía de patio pero con las tildes puestas.

Lo que no tiene el comentario de YouTube es segunda línea. Esta canción sí. Esa es la diferencia entre el que deja la estrella y el que la cuelga en la puerta: uno se queda en el título y el otro sigue escribiendo.

Política de devoluciones: no se admiten

Una de las frases más serias de la letra es esta: el autor se niega a pedir perdón por hacer arte desde sus emociones. Y lo dice después de describir la época como un sitio donde todo se etiqueta, todo se juzga y nada se siente.

La crónica, que siempre busca el chiste, aquí se queda quieta un segundo.

Porque hay mucha gente que ha pedido perdón por cosas que no lo necesitaban. Por llorar en una reunión de trabajo. Por emocionarse con una canción en el metro. Por escribir algo personal y colgarlo en internet, donde lo leen cuatro amigos y ocho desconocidos con ganas de pelea. Por tener pluma. Por hablar alto. Por ocupar sitio.

La canción no va a pedir perdón. Es su política de devoluciones: aquí no se devuelve nada, ni la emoción ni el dinero, que además no ha costado, porque la descarga desde la web es gratis.

Lo que duele hoy, dice la letra al final, mañana será historia. Es la frase más optimista de todo el tema, y está colocada justo al final, como el caramelo de menta que te dan con la cuenta.

Lo que pone en la carta sobre la cocina

Hay un párrafo de la letra que merece una lectura de inspector de Sanidad, porque es el que más malentendidos genera.

«Las letras son mías, la ironía también»

Ese verso es la etiqueta de origen del producto. Y la crónica tiene que ser precisa con ella, porque en este diario se repite siempre y conviene repetirlo otra vez: las letras de Mike Sain't Louis están escritas por él, sin inteligencia artificial. La música y las voces de sus grabaciones sí se hacen con herramientas de IA, entre ellas Suno. Él no pone la voz en sus temas; pone la palabra, el título, la idea y la producción.

La letra, en otro momento, dice que esta canción no la ha hecho ninguna máquina. La crónica lo lee en el sentido que el propio verso aclara justo después: lo que no ha hecho ninguna máquina es escribirla. La ironía, el título, el cansancio y la risa son de alguien de carne y hueso. Lo que suena por encima es otra cosa, y el autor nunca lo ha escondido. El sitio tiene una nota entera sobre música hecha con IA y autoría para quien quiera el detalle sin prejuicios, y una nota de prensa sobre el proceso creativo del sello.

El cliente de una estrella no ha leído ninguna de las dos. Por eso es cliente de una estrella.

Distinguir la crítica de la pedrada

La crónica no quiere que se le malinterprete, y la canción tampoco. Aquí nadie dice que no se pueda criticar. Hay críticas que valen oro: la del amigo que te dice que el estribillo se repite demasiado, la de la periodista que escribe que tal disco tiene tres canciones de sobra, la del productor que te enseña que esa rima ya estaba en algún disco de Mecano. Esas se agradecen, se apuntan y a veces hasta se hace caso.

Collage con un detalle de la carátula de «Esta canción es una mierda» y las carátulas de «Tus letras son basura», «El segundo exacto», «Como a mi chihuahua»

La letra apunta a otra cosa. A los que critican por criticar, dice, y la expresión es exacta. Es la pedrada, no la crítica. Y la diferencia entre una y otra se nota en tres detalles muy concretos que cualquiera puede comprobar en su propio buzón de notificaciones.

La crítica ha escuchado. La pedrada se ha quedado en la miniatura.

La crítica dice qué falla. La pedrada dice que todo es una mierda, sin especificar, como quien suspende un examen sin corregirlo.

La crítica firma. La pedrada lleva un avatar de huevo, un nombre de usuario con cuatro números al final y ninguna foto que no sea de un coche.

El autor de este tema conoce bien las dos. Las letras del planeta están llenas de respuestas a pedradas, y la crónica no recuerda ninguna respuesta a una crítica de verdad, probablemente porque esas se contestan en privado, con un café, y no hace falta hacer una canción. Las pedradas, en cambio, se contestan en público. Porque se tiraron en público.

Hay una frase que se oye mucho en los bares de Lavapiés cuando alguien se queja de que todo el mundo opina: el que tira la piedra que no esconda la mano. Esta canción le coge la mano, se la levanta bien alto y la enseña a todo el mundo. Mira, esta es. La de la piedra.

El local de al lado: otras quejas del planeta

«Esta canción es una mierda» no está sola en la calle. Tiene vecinos en el catálogo que se dedican al mismo negocio.

Está «Tus letras son basura», que coge otro comentario de hater y lo convierte en título con la misma técnica de judo: usar la fuerza del golpe del otro para tumbarle. Y está «El segundo exacto», donde el autor copia literal la frase de quien le dice que lo suyo es darle a un botón y le contesta con una pregunta que no tiene nada de broma: si la inteligencia artificial podrá escoger el segundo exacto en el que alguien rompió a llorar.

Juntas, las tres forman una especie de mesa de reclamaciones del planeta. En la primera ventanilla se recoge la queja. En la segunda se archiva. En la tercera se le devuelve al cliente con un lazo rosa y una nota que dice: gracias por su interés, no lo hemos tenido en cuenta.

Hay algo muy de barrio en esa forma de defenderse. No hay abogados ni comunicados de prensa con membrete. Hay un señor de Madrid con un cuaderno, contestando a los comentarios con canciones, como quien contesta a los gritos del vecino con la radio más alta.

Los chihuahuas, en la terraza

El final de la letra tiene una imagen que la crónica no quiere dejar pasar. Después del manifiesto, después del filtro, después de la política de devoluciones, el texto cierra con el planeta y con una frase de despedida que mete en el mismo saco la historia, la verdad y a sus chihuahuas.

Ficha de la canción «Esta canción es una mierda» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

«Con mis chihuahuas, mi historia y mi verdad.»

Los chihuahuas. En mitad de una declaración de principios contra la crítica, aparecen los perros.

Es exactamente lo que haría cualquiera en una discusión de verdad. Te pones serio, dices lo que tienes que decir, das un golpe en la mesa. Y luego, para que se note que la vida sigue, coges a los perros en brazos y te vas al parque. La crítica se queda en la mesa. Tú te vas con los chihuahuas.

En el catálogo hay de hecho una canción que se llama «Como a mi chihuahua», y la crónica sospecha que los perros del autor tienen más presencia en el planeta que muchos exes. Lo que no es poco, porque los exes salen mucho.

Hoja de reclamaciones al revés

En España, todo establecimiento abierto al público tiene que tener hojas de reclamaciones a disposición del cliente. Es la ley. Hay un cartel que lo dice, normalmente pegado con celo amarillento al lado de la caja registradora, junto al de «prohibido fumar» y al de «no se fía».

«Esta canción es una mierda» es esa hoja, pero rellenada por el propio establecimiento. El dueño se ha reclamado a sí mismo antes de que lo haga nadie. Ha escrito el motivo, ha firmado y ha dejado la copia rosa para el cliente y la amarilla para la Junta.

Lo que pasa es que la reclamación tiene trampa. Cuando la lees entera, no es una queja contra el local. Es una queja contra el que se queja. Una inversión completa de papeles que deja al hater sin argumento, porque su argumento ya está en la portada, en mayúsculas y con una sonrisa.

Hay pocos gestos más camp que ese. Y pocos más tristes, si uno lo mira despacio. Para llegar a escribir una canción así, alguien ha tenido que recibir muchas estrellas solas.

La crónica se imagina el proceso, sin saberlo, porque así es como se imaginan estas cosas. Una noche cualquiera, el móvil vibra en la mesilla. Es una notificación. Alguien que no sabe quién eres ha dedicado treinta segundos de su vida a escribir que lo tuyo no vale nada. Lo lees. Lo vuelves a leer. Apagas la pantalla y te quedas mirando el techo, que tiene una mancha de humedad con forma de Portugal. Piensas en contestar. No contestas. Piensas en borrar la canción. No la borras.

Y a la mañana siguiente, con el café, coges el cuaderno y apuntas el título.

Eso es todo el método. Cansancio por la noche. Risa por la mañana. La mancha de Portugal, de testigo.

Reseña final de la crónica

La crónica del planeta, cumpliendo con su deber de cliente, deja aquí su reseña.

★☆☆☆☆ «Pedí una canción y me sirvieron un manifiesto. Tenía razón el título. No he podido dejar de ponerla. Volveré mañana.»

Se puede volver cuando se quiera. La canción está en Spotify, en su videoclip oficial y en la ficha del single, donde se descarga gratis y sin hoja de reclamaciones. Quien necesite el expediente del autor para escribir sobre él, con biografía y fotos, lo tiene en la página de prensa.

Un último aviso para la clientela: el local no cierra por vacaciones, no tiene reservado el derecho de admisión y no pone la tele con el fútbol. Tampoco tiene cortados a las once de la noche, pero eso ya lo sabías, Paco.

Y quien quiera dejar una estrella, adelante. Ya hay una en la puerta. Esta casa colecciona.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Esta canción es una mierda»?

Es un manifiesto en primera persona contra quien opina sin entender, critica por criticar y confunde la honestidad con la locura y el arte con una fórmula. Se anticipa a la crítica poniéndola en el título y responde con una idea central: si te molesta la autenticidad, el problema es tu filtro.

¿Por qué tiene ese título?

La propia letra dice que nació «del cansancio, pero también de la risa». El título desactiva al crítico: dice primero lo que el crítico iba a decir.

¿Las letras de Mike Sain't Louis están hechas con IA?

No. Las letras son suyas, escritas sin IA; esta lo dice expresamente: «Las letras son mías, la ironía también». La música y las voces de sus grabaciones sí se hacen con herramientas de IA como Suno.

¿En qué disco está?

El catálogo de gayfolkplanet.com la sitúa en «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single la fecha el 26 de mayo de 2026.

¿Dónde se escucha?

En Spotify, en YouTube con su videoclip oficial y en la ficha del single de gayfolkplanet.com, con descarga gratuita.

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