Universo GAYFOLK
La etiqueta completa, por cada 100 gramos: «Esta es la composición nutricional de un huevo», leída como un envase del súper
Por Mike Sain't Louis ·

En el pasillo del supermercado hay dos tipos de personas. Las que cogen el producto y lo echan al carro sin mirar, y las que le dan la vuelta al envase y se quedan un minuto leyendo la letra pequeña. Para las segundas está escrito este artículo.
Porque «Esta es la composición nutricional de un huevo» tiene título de etiqueta. Suena a cartel de dietista, a tabla impresa en un cartón de doce, a ficha de libro de texto de Ciencias Naturales. Promete números: kilocalorías, gramos, porcentajes. Y luego la portada entrega otra cosa muy distinta: un hombre con barba, completamente serio, metido en un disfraz de gallina rosa y abrazando una montaña de huevos del mismo color.
Lo justo, entonces, es leer el single como se lee un envase. Renglón a renglón, con las normas de etiquetado reales en la mano y sin saltarse la letra pequeña.
Hay un renglón, eso sí, que este artículo no va a rellenar. La letra de la canción sigue sin publicarse, y aquí no se copia, no se resume ni se inventa ni una sola frase suya, tampoco a partir de lo que alguien pueda oír. Lo que se analiza es lo que está impreso a la vista de todos: el título, la portada, el lugar que ocupa en el disco y en el catálogo, y el comentario que Mike dejó por escrito sobre ella.
Antes de leer la etiqueta
En la Unión Europea, la información alimentaria está regulada por el Reglamento 1169/2011. Desde finales de 2016, casi todos los alimentos envasados tienen que llevar una declaración nutricional con un orden fijo: valor energético, grasas, de ellas saturadas, hidratos de carbono, de ellos azúcares, proteínas y sal. Siempre por cada 100 gramos o 100 mililitros, para que se puedan comparar productos.
Es un sistema pensado para no engañar a nadie. Todo lo que pone en la etiqueta tiene que ser verdad, y lo que no se sabe, no se pone.
Este artículo aplica la misma regla a la canción. Lo que sabemos, lo contamos; lo que no está publicado, se queda fuera. Por eso no habrá aquí una interpretación cerrada del tema. Mike tampoco la da: en su nota recomienda que cada cual la escuche y saque sus conclusiones.
Denominación del producto
Lo primero que exige la ley en cualquier envase es el nombre del alimento. Aquí el nombre ya es un chiste en sí mismo, porque es larguísimo y porque tiene la forma exacta de una frase didáctica: «Esta es la composición nutricional de un huevo». Con su verbo, su artículo y su tono de profesor que señala la pizarra.
Los títulos largos son una costumbre del planeta GAYFOLK. Funcionan como titulares de periódico o como frases dichas en voz alta en una sobremesa, y suelen esconder una ironía. Este en concreto juega con la distancia entre lo que anuncia y lo que muestra. Anuncia ciencia. Muestra una gallina rosa.
Mike lo explica en su nota con humor: es lo que uno espera leer debajo de un título así, proteínas, grasas y vitaminas, hasta que mira la portada y se le olvida la tabla de valores. La denominación del producto, en otras palabras, es un cebo.
Ingredientes, por orden de peso
La normativa obliga a listar los ingredientes de mayor a menor cantidad. En la portada, el ingrediente principal es el disfraz.

Es un traje de gallina entero, peludo de arriba abajo, de un rosa intenso tirando a chicle. La capucha tiene una cresta roja de picos, un pico amarillo de goma y dos ojos de peluche enormes, redondos y saltones, que miran hacia un lado como si estuvieran distraídos. Alrededor del cuello, el pelo forma una especie de gorguera de plumas rosas superpuestas.
Segundo ingrediente: la cara. Entre tanto peluche asoma un hombre con barba recortada, pelo oscuro y cejas pobladas. Su gesto es completamente serio, casi severo. No sonríe, no guiña, no hace ninguna mueca. Mira a cámara como quien posa para el carné de identidad.
Tercer ingrediente: los huevos. Son rosas, relucientes, apilados contra el pecho, unos diez, sujetos con los dos brazos como quien carga algo frágil. Por debajo asoma una mano con tatuajes.
Cuarto ingrediente: el fondo. Un círculo rosa detrás del título y una explosión de rayos de colores, verdes, amarillos y rojos, como un sol de cartel antiguo. Todo con textura de papel arañado y descolorido, como un póster que ha pasado años pegado en una pared al sol.
Y un último ingrediente, en letra pequeña: el nombre del autor, en blanco, debajo de la palabra «huevo».
El huevo como icono
Antes de seguir con la tabla, una parada en el envase. El huevo es uno de los objetos con más historia simbólica de la cultura occidental, y la portada se apoya, sin decirlo, en toda esa tradición.
Está la anécdota del huevo de Colón, que el cronista Girolamo Benzoni recogió en el siglo XVI: ante quienes le restaban mérito al viaje a América, el navegante les habría retado a poner un huevo de pie, y cuando nadie lo consiguió, lo aplastó un poco por la base. Es casi seguro una leyenda, pero ha quedado como expresión para las soluciones que parecen obvias cuando alguien ya las ha encontrado.
Está también Salvador Dalí, que coronó su Teatro-Museo de Figueres con huevos gigantes y convirtió esa forma en parte de su firma. Para el surrealismo, el huevo era una mezcla perfecta de lo cotidiano y lo misterioso: algo que cabe en la mano y que, a la vez, contiene una vida entera.
Y están, claro, los huevos de Pascua, pintados de colores en media Europa, que anuncian la primavera y el renacer. Los huevos rosas de la portada recuerdan a esos: no parecen para freír, sino para regalar.
La portada mezcla todas esas capas con una ligereza deliberada. Un objeto cargado de mitos, colocado en brazos de un hombre disfrazado de gallina. El resultado no es solemne, pero tampoco es vacío. Es la forma GAYFOLK de tocar los grandes símbolos: con plumas y sin pedir permiso.
Valor energético: la cara seria
Si hubiera que medir en kilocalorías la energía de esta portada, casi toda vendría del contraste. Un disfraz de gallina, por sí solo, es una broma de fiesta infantil o de despedida de soltero. Un hombre serio, por sí solo, es una foto de perfil profesional. Juntos producen algo más potente que la suma.
Mike lo identifica con precisión en su nota: lo que más le gusta es la seriedad del gesto frente al absurdo del disfraz, porque ahí está todo el humor. Es la técnica clásica del cómico que cuenta el chiste sin reírse. Cuanto más impasible la cara, más fuerte la carcajada del público.
El humor de cara seria tiene una larga tradición. Es el de Buster Keaton, apodado «la gran cara de piedra», que hacía las acrobacias más locas sin mover un músculo del rostro. Es el de tantas presentadoras de televisión que leían absurdos con tono de telediario. Y es, también, una herramienta muy queer: decir algo exagerado con total compostura para que la exageración se vea todavía más.
El diario del planeta dedica un artículo entero a cómo el humor ayuda a sobrevivir. Esta portada es un buen ejemplo práctico: ridícula y digna a la vez.
Grasas y azúcares: el color
En una etiqueta, las grasas y los azúcares son los renglones que más miramos con culpa. En esta portada, su equivalente es el color, y aquí no hay ninguna culpa.

Todo es rosa. El disfraz, los huevos, el círculo del fondo, parte de las letras del título. Es un rosa sin matices, el de los juguetes, las golosinas y las cajas de bombones. Un rosa que durante mucho tiempo se asignó a las niñas y que la cultura LGTBI ha reclamado como propio, desde el triángulo que se usó para marcar a los presos homosexuales en los campos nazis hasta las pancartas de las manifestaciones.
Que un hombre con barba vaya entero de rosa ya es, por sí solo, una pequeña declaración. Que además ese rosa sea el de una gallina de peluche lleva la declaración al terreno de la fiesta.
El fondo equilibra el azúcar con verdes, amarillos y rojos, en rayos que salen del centro como en los anuncios antiguos. Mike dice en su nota que tienen un aire de cartel de los años sesenta, con el papel gastado. Es la estética de la publicidad de toda la vida, la que vendía detergentes y refrescos con un sol detrás. Aquí vende un huevo rosa.
Proteínas: lo que la nota no explica
Ahora sí, la proteína. Es el dato que cualquiera espera ver en la etiqueta de un huevo de gallina, y las tablas de composición suelen dar unos 12 o 13 gramos por cada 100 gramos de huevo entero. Es una de las razones por las que el huevo tiene fama de alimento completo.
Pero el título de la canción, como bien avisa Mike, no va de eso. En su nota escribe que el doble sentido del huevo, en un proyecto como este, no necesita explicación. Y tiene razón: cualquier persona que hable castellano sabe que «huevo» es una palabra con mucha vida fuera de la cocina.
Este artículo va a respetar la misma discreción. No va a desmontar el doble sentido ni a buscarle un significado concreto, porque eso sería interpretar una letra que no está publicada. Basta con señalar que el título funciona en dos planos a la vez: uno de libro de texto y otro de bar, y que el humor está en pasar de uno a otro sin cambiar el tono.
Es lo mismo que hace la portada. Y es lo mismo que hace buena parte del humor de la trilogía GAYFOLK, que juega con la ambigüedad como juegan las coplas y los chistes de siempre.
Sal: una pizca de camp
La sal se declara en gramos y suele ser poca, pero se nota. En esta portada, la sal es el camp.
El camp es esa sensibilidad que disfruta del exceso, del artificio y de lo que se toma demasiado en serio a sí mismo. Una gallina rosa de peluche con cara de funcionario es camp de manual. No es una burla de nadie ni una ironía fría; es un juego que se hace con cariño, sabiendo que es exagerado y queriéndolo así.
El planeta tiene una guía para quien quiera entender mejor qué es el camp, y otra más concreta sobre la relación entre la comida y el camp, que encaja de lleno con un single que se presenta como etiqueta alimentaria.
La comida tiene un papel curioso en la cultura queer. Los pasteles exagerados, los cócteles de colores imposibles, los bodegones de supermercado convertidos en arte pop. Comer y vestirse se parecen más de lo que parece: las dos cosas se pueden hacer por necesidad o por espectáculo. En esta portada, el huevo pasa de la nevera a la pasarela.
Alérgenos
El Reglamento 1169/2011 recoge catorce alérgenos que hay que destacar siempre en la lista de ingredientes, normalmente en negrita. El huevo es uno de ellos. Por eso tantos envases avisan de que «puede contener trazas de huevo», aunque el producto no lo lleve como ingrediente.

Si esta canción tuviera su propia lista de alérgenos, habría que avisar de varias cosas. Puede contener trazas de ironía. Puede contener pluma, literalmente, porque el disfraz está lleno. Puede contener doble sentido en cantidades no declaradas. Y no es apta para personas alérgicas al rosa.
Dicho en serio: el humor de la trilogía no es para todos los gustos, y no pretende serlo. Hay quien se ríe a carcajadas con un hombre vestido de gallina y hay quien se siente incómodo. Las dos reacciones dicen algo de cómo cada uno se relaciona con la masculinidad, con lo ridículo y con el miedo a hacer el ridículo.
Código impreso en la cáscara
En Europa, cada huevo que se vende lleva un código impreso en la cáscara. El primer número dice cómo vivió la gallina: 0 para producción ecológica, 1 para gallinas camperas con acceso al exterior, 2 para gallinas criadas en el suelo de una nave y 3 para gallinas en jaula. Después van las letras del país, ES en el caso de España, y un número que identifica la granja.
Es uno de los sistemas de transparencia más útiles del supermercado. Basta mirar el primer dígito para saber mucho sobre el producto.
Los huevos de la portada no llevan código. Son rosas, lisos y lustrosos, como de chocolate envuelto o de adorno de Pascua. No vienen de ninguna granja. Vienen del universo de Mike, que tiene su propia forma de etiquetar las cosas.
Si hubiera que inventarles un código, sería algo así: categoría cero, porque nadie los encerró; país, el planeta GAYFOLK; granja, la que firma la trilogía desde Madrid. Es un juego, claro. Pero dice algo de cómo funciona este proyecto: independiente, hecho en casa, con sello propio.
Calibre
Los huevos también se clasifican por peso. En Europa, un huevo XL pesa 73 gramos o más; uno L, entre 63 y 73; uno M, entre 53 y 63, y uno S, menos de 53. Es la razón por la que los cartones dicen «grandes» o «medianos».
Los huevos de la portada son, a ojo, de calibre generoso. Llenan los brazos del hombre y le tapan medio pecho. Hay algo cómico en la cantidad: no es un huevo, ni dos, sino una pila entera, como si la gallina hubiera tenido una tarde muy productiva.
Y hay algo tierno en la forma de cogerlos. Los brazos los rodean con cuidado, sin apretar, como quien sostiene algo que se puede romper. El disfraz es una broma, pero el gesto de cuidar no lo es.
Consumo preferente
Por norma europea, la fecha de consumo preferente de un huevo no puede superar los 28 días desde la puesta. Pasado ese tiempo, no tiene por qué ser peligroso, pero ya no se garantiza su calidad.
Las canciones no caducan así. Un single puede pasar meses sin que nadie lo escuche y volver de repente porque alguien lo pone en una fiesta o lo comparte en un mensaje. Esta en concreto está en un disco de 99 pistas, lo que le da muchas ocasiones de ser redescubierta.
Si hubiera que ponerle una fecha, Mike ya la sugiere implícitamente en su nota: se consume mejor cuando uno necesita reírse de algo absurdo con cara de póquer. Y eso no tiene fecha.
Lote y procedencia
Todo envase indica de dónde viene. Este viene del último álbum de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación», donde ocupa la posición 81 de 99. El planeta repasa ese disco completo en su guía del tercer álbum de la trilogía.

Sus vecinos de estante son reveladores. Justo antes suena «Me gusta el verano», y justo después, «Madrid to Benidorm». Es un tramo del disco que huele a vacaciones, a carretera y a playa, y en medio aparece una gallina rosa con una docena escasa de huevos. Como cuando en la maleta del verano alguien mete la merienda.
Entre los singles del planeta, la canción lleva el número 245 de 273. Allí la preceden «Mentes diabólicas» y la sigue «Dientes, dientes». Del terror psicológico al huevo rosa y de ahí a una dentadura: el catálogo tiene su propio sentido del ritmo.
El fabricante, como dice cualquier etiqueta, es responsable del producto. En este caso, Mike Sain't Louis, que escribe, compone y produce bajo su propio sello, mientras la interpretación vocal se genera con inteligencia artificial siguiendo sus indicaciones.
Modo de empleo
Algunas etiquetas incluyen instrucciones: «calentar dos minutos», «agitar antes de usar». Las de Mike caben en dos líneas de su comentario sobre el single. Lo que cuenta exactamente la canción, dice, mejor escucharlo. Y añade un aviso: no es una clase de nutrición.
Es una forma elegante de pedir al oyente que no se quede en la etiqueta. El título y la portada abren la puerta, pero lo que hay dentro le toca descubrirlo a cada cual al darle a reproducir. Si prefieres escucharla en otra plataforma, la tienes en Spotify.
Este artículo, como cualquier etiqueta honesta, se ha limitado a describir el envase.
Advertencias para el consumidor
Las etiquetas también avisan cuando algo puede sentar mal. Así que aquí va un aviso que no tiene nada de broma. El humor de una gallina rosa sirve para muchos días, pero no para todos. Hay semanas en las que nada hace gracia, en las que la cara seria ya no es un juego y en las que cuesta sostener cualquier cosa, aunque sea una docena de huevos de mentira.
Si te reconoces ahí, no lo cargues tú solo. Marcar tres cifras, 024, te pone en contacto con profesionales que escuchan a quien piensa en quitarse la vida o teme por alguien cercano; no cuesta nada, no queda en la factura y no cierra nunca. Cuando la situación es de riesgo inmediato, el número correcto es el 112. Para desahogarte sin urgencia, la asociación Teléfono de la Esperanza tiene voluntarios formados al otro lado del 717 003 717. Fuera de España sirve el número de emergencias de cada país, y la web findahelpline.com localiza líneas de apoyo gratuitas según dónde vivas.
El planeta tiene un texto sobre la salud mental de las personas LGTBI que explica por qué estos baches son tan frecuentes y por qué pedir apoyo es lo normal. Y otro sobre autoestima y cuerpo, para los días en que uno se mira al espejo y no se gusta, con o sin disfraz.
Ficha del envase
Para quien solo lee el recuadro de la parte trasera, este es el resumen.
Producto: «Esta es la composición nutricional de un huevo». Fabricante: Mike Sain't Louis, Madrid, responsable de letra, música y producción; parte vocal generada con IA según sus indicaciones. Envase de origen: el disco «El día de la liberación», cierre de la trilogía GAYFOLK, posición 81 de 99, entre «Me gusta el verano» y «Madrid to Benidorm». Catálogo de singles: número 245 de 273. Letra: todavía sin publicar.
Ingredientes visibles: un disfraz de gallina rosa con cresta, pico y ojos de peluche; un hombre con barba y gesto impasible; unos diez huevos rosas; rayos retro verdes, amarillos y rojos sobre papel gastado. Alérgenos declarados: ironía, pluma y doble sentido. Modo de empleo: escucharla, según su autor, y no confundirla con una clase de nutrición.
Preguntas frecuentes
¿La canción explica de verdad cuánta proteína tiene un huevo?
Mike lo deja claro en su nota sobre el single: no es una clase de nutrición. Su letra todavía no está publicada, así que este artículo no reproduce ni se inventa ningún verso; los datos sobre huevos que aparecen aquí son de las normas de etiquetado, no de la canción.
¿En qué disco está?
En «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. Ocupa el puesto 81 de 99, con «Me gusta el verano» delante y «Madrid to Benidorm» detrás.
¿Quién va disfrazado de gallina en la portada?
La imagen muestra a un hombre con barba dentro de un traje de gallina rosa. Mike la describe en su nota y destaca lo que más le gusta de ella: la cara seria frente a lo absurdo del disfraz.
¿Qué número tiene en el catálogo de singles?
Es el single 245 de los 273 del catálogo del planeta, situado entre «Mentes diabólicas» y «Dientes, dientes».
¿Quién la ha creado?
Mike Sain't Louis, que escribe la letra, compone la música y produce desde Madrid. La parte vocal se genera con inteligencia artificial a partir de sus decisiones, y de ahí que se describa como «el primer cantautor IA».
Llevo un tiempo mal y la broma ya no me hace gracia. ¿Qué hago?
Habla con alguien. En España, el 024 atiende gratis y a todas horas a personas con ideas de suicidio y a quienes las acompañan; ante un riesgo inmediato, llama al 112. El Teléfono de la Esperanza, en el 717 003 717, ofrece escucha sin prisas. Si estás en otro país, usa su número de emergencias o busca tu línea gratuita en findahelpline.com.