Planeta Gayfolk

Arte y mirada

Acta del tribunal: «Gatekeeping», la plantilla de corrección y la lista de admitidos y excluidos

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Portada de «Gatekeeping», canción de Mike Sain't Louis: un hombre con barba, pelo revuelto y pendientes, con una camisa de fuerza beige cerrada con una correa, mira de frente dentro de una habitación acolchada blanca, con su nombre arriba y el título abajo en letras blancas

En España, cualquiera que haya preparado unas oposiciones conoce el vocabulario de memoria. Hay una convocatoria, un temario, un tribunal y una plantilla de corrección. Hay ejercicios eliminatorios y notas de corte. Y antes de todo eso, hay un papel que se publica en un boletín oficial y que la gente mira con el corazón en la garganta: la lista provisional de admitidos y excluidos. Si tu nombre está en la segunda columna, no llegas ni a examinarte.

«Gatekeeping» es una canción sobre esa segunda columna. Sobre las personas que, sin haber sido nombradas por nadie, se sientan en un tribunal imaginario y deciden quién entra en el arte, en la cultura o en una escena, y quién se queda fuera. La letra no las describe desde lejos: les devuelve sus propias frases. «You say it doesn't count.» «You say that's not art.» Cada verso es una nota de examen puesta por alguien que nunca se examinó.

Este post lee la canción como si fuera el acta de ese tribunal. Repasa los ejercicios, la plantilla de corrección, los motivos de exclusión, la foto del expediente y, al final, la respuesta del aspirante, que no presenta recurso: se queda. Las citas de la letra van en inglés, que es como está escrita, con una traducción aproximada al lado.

Una nota de las que no salen en el boletín: el «you» de la canción no tiene nombre. No es un crítico concreto ni un usuario concreto de redes. Es una figura, el examinador de puerta, y cualquier parecido con alguien que te haya dicho «eso no es arte» corre por tu cuenta.

Datos de la convocatoria

Título del proceso: «Gatekeeping».

Convoca: Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, el primer cantautor IA. La letra es suya. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial, y el single sale con su sello propio.

Lugar del examen: pista 86, la última, de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK. Justo antes suena la canción que da título al disco, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Es decir: el álbum dedica su penúltima pista a desear un planeta donde no haya que pedir permiso, y la última a contar qué pasa en la puerta.

Duración del ejercicio: el videoclip oficial dura unos dos minutos y cuarenta y cinco segundos.

Idioma del examen: inglés. Es una de las pocas canciones del planeta escritas enteras en ese idioma. En una nota del diario sobre quién decide lo que cuenta, Mike explicó por qué: la palabra gatekeeping no tiene una traducción que le convenza, y el inglés le daba la sequedad de frases cortas, casi telegráficas, que buscaba. Aquí no hay chiste, ni copla, ni tías de barrio.

Etiquetas del proceso: indie pop, pop alternativo, queer pop y camp.

La letra, tal como se presentó al examen

Esta es la letra completa tal y como se publica con el videoclip oficial, sin cambiar nada:

You say it doesn’t count. You say it’s not the way. You say anyone could, but you never did. You say that’s not art, and stop listening. You draw a line around yourself and call it culture. Gatekeeping, shutting every door. Gatekeeping, always wanting more. Gatekeeping, saying not like you. Gatekeeping, gatekeeping, gatekeeping. You speak in borrowed rules. You hide behind good taste. You measure pain with a ruler, not with truth. You don’t ask where it comes from. You ask who allowed it. Gatekeeping, shutting every door. Gatekeeping, always wanting more. Gatekeeping, saying not like you. Gatekeeping, gatekeeping, gatekeeping. Not care. Not craft. Just fear wearing clean hands. Gatekeeping, shutting every door. Gatekeeping, still asking for more. Gatekeeping, deciding who’s in. Gatekeeping, gatekeeping, gatekeeping. I didn’t knock. I didn’t wait. I stayed.

Una traducción aproximada, para quien la necesite: «Dices que no cuenta. Dices que esa no es la forma. Dices que cualquiera podría, pero tú nunca lo hiciste. Dices que eso no es arte, y dejas de escuchar. Dibujas una línea alrededor de ti y la llamas cultura.» El estribillo: «Gatekeeping, cerrando cada puerta. Gatekeeping, queriendo siempre más. Gatekeeping, diciendo "no como tú".» Después: «Hablas con reglas prestadas. Te escondes detrás del buen gusto. Mides el dolor con una regla, no con la verdad. No preguntas de dónde viene. Preguntas quién lo permitió.» Y al final: «No es cuidado. No es oficio. Solo miedo con las manos limpias.» Y la última línea: «No llamé. No esperé. Me quedé.»

Primer ejercicio: «it doesn't count»

La primera frase del tribunal es la más común y la más difícil de rebatir: «you say it doesn't count», dices que no cuenta.

Fotogramas del videoclip oficial de «Gatekeeping», de Mike Sain't Louis

No dice que esté mal. No dice que sea feo. Dice que no cuenta, que es una forma de borrar algo sin tener que mirarlo. En una oposición, sería el ejercicio que se anula por un defecto de forma: no se corrige, no se puntúa, simplemente no existe. Es la descalificación más cómoda que hay, porque no obliga a argumentar.

Quien haya hecho algo fuera de los caminos habituales ha oído esta frase. El disco autoeditado que «no cuenta» porque no tiene discográfica. La novela de internet que «no cuenta» porque no la publicó una editorial. La persona queer que «no cuenta» como lo bastante queer porque no encaja en lo que alguien esperaba. La canción no da ejemplos, pero la frase los convoca todos.

La letra la escribe partida en dos líneas: «You say» en una, «it doesn't count» en otra. Esa pausa entre la acusación y el contenido se repite en todas las primeras estrofas. Es el ritmo de quien está leyendo en voz alta una lista de cargos, uno por uno, para que se oiga bien lo que son.

Segundo ejercicio: «it's not the way»

Después llega la segunda frase: «you say it's not the way», dices que esa no es la forma.

Esta ya no niega que algo exista. Lo acepta, pero lo corrige. Es el examinador que te dice que la respuesta es correcta, pero que no la has desarrollado como viene en el temario. Lo importante no es el resultado, sino el camino oficial.

Toda disciplina artística tiene sus caminos oficiales: la escuela, el conservatorio, la academia, el padrino, la escena. Y casi todas las revoluciones de la historia del arte han empezado con alguien a quien le dijeron «esa no es la forma». La canción no lo dice con nombres propios, pero el planeta GAYFOLK tiene otra canción que lo dice con pincel: «Outsider radical», sobre el arte que se hace sin pedir permiso. Las dos se miran desde lejos.

Tercer ejercicio: «anyone could, but you never did»

Hay una frase en la primera estrofa que tiene más filo que todas las demás: «you say anyone could, but you never did», dices que cualquiera podría, pero tú nunca lo hiciste.

Es la respuesta clásica al «eso lo hace mi sobrino de cinco años» que se oye delante de cualquier cuadro abstracto. Pero aquí está dicha con una economía brutal. No discute si cualquiera podría o no. Solo constata un dato: el que lo dice no lo hizo.

En el acta del tribunal, esta línea sería el apartado más incómodo: la composición del propio tribunal. ¿Quién ha nombrado a estos examinadores? ¿Qué ejercicios han superado ellos? En una oposición de verdad, los miembros del tribunal suelen tener que acreditar una titulación igual o superior a la que se exige a los aspirantes. En el gatekeeping, no hace falta acreditar nada. Basta con ponerse en la puerta.

Es la frase de la canción que más se recuerda, y es justo, porque desmonta toda la escena con seis palabras.

Cuarto ejercicio: «that's not art, and stop listening»

La primera estrofa termina con la frase más dura del tribunal: «you say that's not art, and stop listening», dices que eso no es arte, y dejas de escuchar.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «you speak in borrowed rules, you hide behind good taste» de «Gatekeeping»

Hay dos acciones en el verso, y la segunda importa más que la primera. Decir que algo no es arte es una opinión, y las opiniones son libres. Lo que convierte la frase en gatekeeping es lo que viene después: dejar de escuchar. El examinador no corrige el ejercicio. Lo aparta antes de leerlo.

Para el proyecto de Mike Sain't Louis, esta frase no es teórica. Un cantautor IA, que escribe sus letras y hace la música y las voces con herramientas de inteligencia artificial, se encuentra con ese «that's not art» con bastante frecuencia. El planeta ya ha hablado de ello en el diario, en una nota sobre autoría e IA a raíz de los comentarios que llegan a «Tus letras son basura», y en otra sobre lo que significó que YouTube marcara contenido del proyecto como «insatisfactorio o desagradable». «Gatekeeping» no menciona la IA en ningún verso, pero cualquiera que conozca el contexto entiende quién está en la puerta.

Lo interesante es que la canción no responde a la acusación. No dice «sí que es arte». No defiende la herramienta ni el método. Solo señala que el examinador ha dejado de escuchar. Es una forma muy elegante de ganar la discusión: no entrar en ella.

La lista de admitidos y excluidos: «you draw a line around yourself»

La imagen más potente de la canción cierra su primera parte: «you draw a line around yourself and call it culture», dibujas una línea alrededor de ti y la llamas cultura.

Es la descripción perfecta de una lista de admitidos y excluidos hecha por una sola persona. No hay criterios publicados, no hay temario, no hay baremo. Hay una línea, y la línea pasa justo por el borde del que la dibuja. Dentro está él y lo que se le parece. Fuera, todo lo demás. Y a ese círculo le pone un nombre grande, «cultura», que le da autoridad.

La palabra «cultura» está muy bien elegida. Si la línea se llamara «mi gusto» o «lo que me gusta a mí», nadie le haría caso. Llamarla cultura la convierte en norma. Es el truco más viejo del portero: hacer pasar una preferencia personal por una ley universal.

En la cultura queer este gesto se conoce bien, y desde los dos lados. Durante décadas, las personas LGTBI se quedaron fuera de las listas oficiales de lo que contaba como cultura respetable. Y a veces, dentro de la propia comunidad, se reproducen las mismas líneas: quién es lo bastante gay, quién tiene la pluma adecuada, quién conoce las referencias correctas. La canción no hace distinciones: la línea alrededor de uno mismo es igual de pobre la dibuje quien la dibuje.

La plantilla de corrección: «borrowed rules» y «good taste»

La segunda estrofa describe cómo corrige el tribunal: «you speak in borrowed rules, you hide behind good taste», hablas con reglas prestadas, te escondes detrás del buen gusto.

«Reglas prestadas» es una expresión muy precisa. Las reglas no son del examinador: las ha heredado, las ha aprendido de otros, las repite sin haberlas pensado. Es la plantilla de corrección fotocopiada de un año anterior, que se aplica sin saber de dónde salió cada respuesta correcta.

Y «esconderse detrás del buen gusto» es el movimiento siguiente. El buen gusto funciona como un biombo: detrás de él no se ve quién está juzgando ni por qué. Uno puede rechazar algo porque le da miedo, porque le resulta extraño o porque amenaza su lugar, y decir que es una cuestión de buen gusto. El gusto se presenta como neutral, y casi nunca lo es.

Medir el dolor con una regla

La imagen siguiente es la más dolorosa de la letra: «you measure pain with a ruler, not with truth», mides el dolor con una regla, no con la verdad.

Es una frase que conecta el gatekeeping artístico con algo mucho más íntimo. Hay quien decide no solo qué arte cuenta, sino qué dolor cuenta. Qué historias son lo bastante graves para ser contadas, qué sufrimiento merece una canción y cuál es exagerado. Para un catálogo como el del planeta GAYFOLK, lleno de canciones sobre rupturas, narcisistas, salud mental y duelos, esta línea es casi un manifiesto.

Una regla mide longitudes, no verdades. Se puede medir cuánto dura una canción, cuántas palabras tiene una letra, cuántos años lleva alguien en una escena. No se puede medir si lo que cuenta es verdad para quien lo cuenta. El tribunal de la canción usa la herramienta equivocada, y la usa con mucha seguridad.

El certificado de aptitud: «who allowed it»

La segunda estrofa termina con dos frases que se responden: «you don't ask where it comes from, you ask who allowed it», no preguntas de dónde viene, preguntas quién lo permitió.

Collage con un detalle de la carátula de «Gatekeeping» y las carátulas de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», «Outsider radical», «Tus letras son basura»

Es la diferencia entre la curiosidad y el control. Preguntar de dónde viene algo es interesarse por su origen, por la historia de quien lo hizo, por lo que intenta decir. Preguntar quién lo permitió es pedir el certificado de aptitud, el sello, el permiso. Es la pregunta del funcionario que no mira el contenido del expediente, solo si tiene todas las firmas.

En una oposición, ese sería el momento en que el tribunal revisa la documentación del aspirante y busca un defecto. No le interesa lo que sabe. Le interesa si alguien le autorizó a presentarse.

Motivo de exclusión: «just fear wearing clean hands»

Después de dos estrofas largas, la canción hace algo inesperado: se queda casi en silencio. La tercera estrofa tiene cuatro líneas y nueve palabras: «Not care. Not craft. Just fear wearing clean hands.» No es cuidado. No es oficio. Solo miedo con las manos limpias.

Es el veredicto de la canción sobre el tribunal. Todo lo anterior se presentaba como exigencia, como amor por el arte, como respeto por el oficio. La letra lo desmonta en tres golpes. No es cuidado por la obra. No es defensa del oficio bien hecho. Es miedo. Miedo a que alguien distinto entre y cambie las cosas. Miedo a perder el lugar propio.

Y ese miedo lleva las manos limpias. Es una imagen que recuerda al gesto de lavarse las manos, el de quien no quiere ensuciarse ni hacerse responsable. El examinador no prohíbe nada directamente. Solo no deja pasar. Y como no ha hecho nada visible, puede decir que sus manos están limpias.

En el acta del tribunal, este sería el único motivo de exclusión que la canción acepta: el tribunal queda excluido de sí mismo.

El estribillo como sello

El estribillo aparece tres veces, y cada vez la palabra «Gatekeeping» abre cuatro líneas. Funciona como un sello de caucho: pum, pum, pum, pum. Las dos primeras veces dice lo mismo: «shutting every door», cerrando cada puerta; «always wanting more», queriendo siempre más; «saying not like you», diciendo «no como tú»; y la palabra repetida tres veces.

Pero la tercera vez cambian dos líneas, y el cambio es pequeño y decisivo. «Always wanting more» se convierte en «still asking for more», todavía pidiendo más. Ya no es un deseo, es una exigencia que no termina, el tribunal que siempre pide un documento más. Y «saying not like you» se convierte en «deciding who's in», decidiendo quién está dentro. La frase deja de describir lo que dice el examinador y pasa a describir lo que hace. Es el momento en que la lista de admitidos y excluidos se publica.

Es un detalle que solo se nota leyendo con atención, como se lee una convocatoria buscando el cambio en la letra pequeña. El planeta tiene también un breve diario de a bordo sobre la canción, para quien quiera otra mirada sobre ella.

La foto del expediente

Todo expediente lleva una foto. La de este es la portada del single, y es una de las más inquietantes del catálogo.

Ficha de la canción «Gatekeeping» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Un hombre joven con barba, pelo revuelto y pequeños pendientes en las orejas mira de frente a la cámara. Lleva una camisa de fuerza de color beige, con los brazos cruzados y sujetos por una correa con hebilla metálica. Está dentro de una habitación acolchada, blanca, con las paredes y el techo cubiertos de almohadillas. Su nombre aparece arriba en letras blancas, y el título abajo, en el mismo estilo, como en el cartel de una película.

La imagen remite a una vieja forma de excluir: la de encerrar a quien no encaja y llamarlo loco. La camisa de fuerza y la celda acolchada son símbolos del manicomio antiguo, que la cultura popular ha usado durante mucho tiempo para representar a quien queda fuera de la norma. Aquí aparecen como lo que el tribunal hace con quien no pasa su examen: inmovilizarlo, aislarlo, ponerle una etiqueta. Y sin embargo, la mirada del hombre no es de derrota. Es tranquila, casi desafiante. Está atado, pero está mirando.

Leída con el final de la canción en la cabeza, la portada cambia de sentido. Ese hombre no llamó, no esperó, y se quedó. Aunque sea en la habitación más pequeña y más blanca del edificio.

De dónde viene la palabra

«Gatekeeper» significa literalmente el que guarda la puerta, el portero. Como concepto de las ciencias sociales, la idea se popularizó a mediados del siglo XX. El psicólogo Kurt Lewin la usó para describir a las personas que, dentro de una familia o de un grupo, controlan por dónde pasan las cosas, por ejemplo qué comida entra en una casa. Poco después, en 1950, el investigador David Manning White la aplicó al periodismo en un estudio sobre un editor de un periódico estadounidense, al que llamó «Mr. Gates», y que decidía qué noticias de agencia se publicaban y cuáles iban a la papelera.

Desde entonces, la palabra ha viajado mucho. Hoy se usa en redes sociales para hablar de cualquiera que decida quién pertenece a un grupo: quién es un fan de verdad de una banda, quién sabe lo suficiente de un videojuego, quién es lo bastante algo para estar dentro. La canción toma esa palabra de uso diario y le devuelve el peso que tenía al principio: alguien en una puerta, decidiendo qué pasa y qué no.

Último ejercicio: «I didn't knock. I didn't wait. I stayed.»

Y llega el final. Después de tres estrofas describiendo al tribunal, la canción da por fin la palabra al aspirante. Son tres frases, ocho palabras: «I didn't knock. I didn't wait. I stayed.» No llamé. No esperé. Me quedé.

No hay recurso, no hay reclamación, no hay grito. No hay un «sí que es arte». Hay tres hechos. No llamé a la puerta, es decir, no pedí permiso. No esperé, es decir, no me senté en la sala a que dijeran mi nombre. Me quedé, es decir, ya estoy dentro, y aquí sigo.

Es la respuesta más difícil de rebatir que existe, porque no discute. Un tribunal puede rechazar un argumento, pero no puede rechazar un hecho consumado. Y que estas tres frases cierren no solo la canción, sino también el segundo disco de la trilogía, es una declaración. «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» termina con alguien que ya ha llegado.

En la nota del diario sobre la canción, Mike decía que «I stayed» es la razón de que la canción exista, y que todo lo anterior es el retrato de quien vigila la puerta. Leída como acta de tribunal, la última línea es la que se anota a mano al final del documento, después de todas las casillas: aspirante presente.

Recurso de alzada

En el procedimiento administrativo español, cuando un aspirante no está de acuerdo con una decisión del tribunal, puede presentar un recurso de alzada ante el órgano superior. Es la vía oficial para decir «esto no es justo».

La canción no presenta ninguno. Y esa es, quizá, su lección más interesante. Contra el gatekeeping, la respuesta no es pedirle al portero que reconsidere. Es seguir haciendo, seguir publicando, seguir estando. El tribunal puede publicar las listas que quiera. Quien se ha quedado ya no necesita aparecer en ellas.

Para el contexto completo de la trilogía y del proyecto, está la página de prensa del planeta. La canción está en el videoclip oficial, en Spotify y en la ficha del single. Escúchala antes de entrar en un sitio donde no te esperan. Y luego entra.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Gatekeeping»?

De quienes vigilan la entrada al arte y a la cultura y deciden quién cuenta y quién no: dicen que algo no es arte, que no es la forma, que cualquiera podría hacerlo, aunque ellos nunca lo hicieron. La canción termina con la respuesta de quien llega: «I didn't knock. I didn't wait. I stayed.»

¿Por qué está en inglés?

Porque, como explicó Mike en el diario, la palabra gatekeeping no tiene una traducción que le convenza, y el inglés le daba la sequedad de frases cortas que buscaba la letra. Es una de las pocas canciones del planeta sin giros castizos.

¿Qué significa gatekeeping?

Literalmente, guardar la puerta. Se usa para hablar de quien controla el acceso a un espacio, una escena o una profesión. En los estudios de comunicación, la idea del gatekeeper se usó a mediados del siglo XX para describir a quien decide qué noticias pasan y cuáles no.

¿En qué disco está?

Es la pista 86 y la última de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK. Va justo después de la canción que da título al disco, así que el álbum se cierra con «I stayed».

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

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