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Tarjeta de seguridad de «Goodbye»: instrucciones para despegar de una ciudad en llamas

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Portada de «Goodbye», canción de Mike Sain't Louis: retrato en blanco y negro de un chico con los párpados bajados y la cabeza hacia atrás, una lágrima en la mejilla, un pendiente en forma de cruz y tatuajes en el cuello; la palabra Goodbye aparece en un rosa suave

En el bolsillo del asiento de delante, junto a la revista de a bordo y la bolsa de papel, hay una cartulina plastificada que casi nadie saca. Tiene dibujos de personas sin cara que se abrochan el cinturón, se ponen una mascarilla amarilla y saltan por un tobogán inflable con los brazos cruzados. Está pensada para un momento que casi nunca llega, y por eso mismo se ignora.

«Goodbye» merece una cartulina así. Su videoclip oficial es una evacuación: hombres con alas negras que corren entre ruinas mientras el suelo arde, una luna llena que lo vigila todo, un volcán escupiendo fuego en el horizonte y, al final, un despegue vertical sobre una columna de luz. Lo que muestra es la manera de salir de un sitio que ya no se sostiene, mucho más que un adiós dicho en una puerta. Esta tarjeta lo ordena como lo haría una compañía aérea: antes del despegue, salidas, fuego, oxígeno, posición de seguridad y desembarque.

Una advertencia de cabina: los versos de «Goodbye» siguen sin publicar. Su ficha de letras en el planeta así lo indica y esta tarjeta lo respeta. No hay aquí ni un verso, completo o a pedazos, y nada se ha transcrito pegando la oreja al altavoz. Todo lo que sigue sale de lo que es público: la portada, el clip, sus etiquetas, la nota que Mike escribió sobre el single y su número dentro del álbum.

Datos del vuelo

Nombre del vuelo: «Goodbye». Comandante: Mike Sain't Louis, que firma palabras y melodía y se ocupa él mismo de producirla. La parte vocal sale de una inteligencia artificial que sigue sus indicaciones; las decisiones de escritura, composición y sonido son suyas. El sello es el suyo, MIKE SAIN'T LOUIS, con base en Madrid.

Duración: algo más de cuatro minutos, el metraje completo del clip. Hora de salida en YouTube: el séptimo día de agosto de 2025, el mismo día que «Fly Away», otro clip de hombres alados. Título en la pantalla de embarque: «GOODBYE (OFFICIAL MUSIC VIDEO) – MIKE SAIN'T LOUIS | GAYFOLK PLANET».

Clase: según las etiquetas del canal, folk rock, balada rock, folk alternativo e indie folk, con el idioma marcado como inglés. La página del single en la web prefiere otros mostradores: el pop independiente y alternativo, el queer pop y lo camp. No hay contradicción. Son dos tarjetas de embarque para el mismo asiento.

Origen: una ciudad en ruinas, de hormigón desconchado y vigas al aire. Destino: no figura. En las despedidas reales tampoco suele figurar.

Tripulación y pasaje

Las tarjetas de seguridad dibujan personas genéricas, sin rasgos, para que cualquiera se reconozca. El videoclip hace algo parecido. No hay un protagonista único que se siga de principio a fin; hay varios hombres jóvenes con barba o sin ella, todos con las mismas alas enormes, negras, de plumas largas, como de cuervo.

Uno lleva una camisa blanca abierta y corre hacia la cámara con la luna llena detrás. Otro, con camiseta negra ajustada, despliega las alas bajo una estructura de hormigón mientras a sus pies se encienden pequeños fuegos. Hay uno con chaqueta de cuero y el pecho al aire que atraviesa un pasillo en penumbra a la carrera. En otra escena, un grupo camina detrás de uno de ellos por una calle iluminada por las llamas, como un pasaje que sigue al único que conoce la salida.

Ninguno sonríe. Ninguno se detiene a mirar atrás demasiado tiempo. Esa es quizá la primera instrucción que da el clip, sin decirla: en una evacuación se mira hacia la salida, no hacia lo que se deja.

La portada del single, en cambio, va en dirección contraria. Es un retrato en blanco y negro de un chico con los párpados bajados, la cabeza echada hacia atrás y una sola lágrima en la mejilla. La única nota de color es la palabra del título, en un rosa suave. Mike contó en su web que le gusta precisamente eso, que la imagen no exagere: no hay maletas ni portazos, solo el instante de después, cuando el cuerpo todavía está asimilando lo que acaba de pasar. Portada y vídeo son las dos caras de la misma tarjeta. Una enseña la quietud; la otra, la huida.

Antes del despegue

Toda tarjeta empieza por lo más básico: abróchese el cinturón, ponga el respaldo en posición vertical, guarde el equipaje. Son gestos que parecen tontos hasta que se entiende para qué sirven.

Fotogramas del videoclip oficial de «Goodbye», de Mike Sain't Louis

Una despedida también tiene su lista de comprobación previa, aunque nadie la imprima. Saber de qué se despide uno. No es lo mismo dejar una pareja que dejar una ciudad, un trabajo, una amistad o una versión de uno mismo. Las etiquetas que acompañan el vídeo apuntan hacia el desamor: hablan de ruptura, de amor perdido, de dejar ir, de una verdad amarga. Pero el clip no enseña a ninguna pareja. Enseña un lugar que se cae. Esa distancia entre las etiquetas y las imágenes deja sitio a cada cual para poner su propia ciudad en llamas.

Segunda comprobación: saber que irse está permitido. Parece obvio, pero mucha gente se queda en sitios que arden porque nadie le dijo que podía salir. Para buena parte de las personas LGTBI, esa conversación llega tarde. Se aguanta en casas donde no se las quiere enteras, en relaciones que se pudren, en pueblos o empresas donde hay que esconderse. El título del disco al que pertenece «Goodbye» habla justo de eso: de las ganas de marcharse a otra parte.

Tercera comprobación: saber que la tristeza es parte del procedimiento. El retratado de la carátula llora. Los del vídeo corren. Ambas cosas pueden pasar a la vez.

Salidas de emergencia

En cualquier avión, la tripulación señala las salidas con los dos brazos, delante y detrás, y recuerda que la más cercana puede estar a la espalda. Las normas de certificación de los aviones comerciales exigen demostrar que un aparato lleno puede vaciarse en noventa segundos usando solo la mitad de las puertas. Esa cifra se ensaya con pasajeros voluntarios, luces apagadas y obstáculos a propósito.

El vídeo de «Goodbye» está lleno de salidas. Arcos de hormigón que dan a un cielo del atardecer. Pasillos que acaban en una luz anaranjada. Huecos en muros que fueron ventanas. Los hombres alados no buscan una puerta con letrero verde: aprovechan cualquier abertura. Algunos salen corriendo a pie y solo después despliegan las alas. Otros saltan directamente al vacío.

Hay una lección en esa variedad. No todas las despedidas usan la misma salida. Hay quien se va con una conversación larga y ordenada. Hay quien necesita irse sin explicar nada, como en «Hoy es el último adiós», otra canción del catálogo. Y hay quien sale por etapas, primero con el cuerpo y mucho después con la cabeza. Ninguna es la equivocada si lleva fuera del fuego.

La salida más cercana, como en los aviones, a veces está detrás. A veces es volver a gente que estaba antes, a una ciudad conocida, a una costumbre olvidada. Irse no siempre significa ir hacia delante.

En caso de fuego

En el clip el fuego no es un accidente puntual. Está en todas partes: en hogueras pequeñas sobre el suelo de las ruinas, en ventanas que brillan como si dentro hubiera brasas, en calles enteras iluminadas de naranja. Es un incendio lento, de los que ya llevan tiempo encendidos cuando alguien decide moverse.

Las instrucciones de cabina para un incendio son pocas y muy claras: no abrir la puerta si hay fuego al otro lado, mantenerse bajo si hay humo, no volver a por las pertenencias. Esta última es la más difícil de cumplir. En las evacuaciones reales, mucha gente pierde segundos preciosos intentando sacar la maleta del compartimento superior. El instinto de salvar las cosas es fuerte, sobre todo cuando las cosas guardan años de vida.

En una ruptura ocurre lo mismo. Se vuelve a por un jersey, una foto, un mensaje que dé sentido a todo. Se negocia con el fuego. Las etiquetas del vídeo hablan de un amor que no era amor y de no más ilusiones, y las dos expresiones describen ese momento en que uno deja de volver a por la maleta. El diario tiene un texto entero sobre superar una ruptura que funciona como una segunda tarjeta de seguridad, más detallada.

Mantenerse bajo si hay humo también tiene su versión emocional: no tomar decisiones enormes en el peor momento, respirar cerca del suelo, esperar a ver la salida con claridad antes de correr. Los hombres del clip corren, sí, pero corren cuando ya saben adónde.

Luna llena y volcán al fondo

Dos elementos del vídeo merecen una nota aparte porque no son decorado inocente. Uno es la luna llena, enorme y blanca sobre los tejados rotos. El otro, un volcán en erupción en la línea de montañas, con un penacho de fuego en la cima.

Collage con un detalle de la carátula de «Goodbye» y las carátulas de «Fly Away», «Sunset Boulevard», «Carla Bruni»

Para la aviación, los volcanes son de lo peor que hay. La ceniza volcánica no se ve en el radar meteorológico y está hecha de partículas de roca y vidrio que, dentro de un motor de reacción, se funden y lo ahogan. El 24 de junio de 1982, un Boeing 747 de British Airways, el vuelo 9, atravesó de noche la nube del volcán Galunggung, en Java. Se pararon los cuatro motores. El comandante, Eric Moody, se dirigió al pasaje con una calma que se ha hecho famosa: anunció que había un pequeño problema y que los cuatro motores se habían detenido. El avión planeó, la tripulación logró arrancar los motores al salir de la nube y aterrizó en Yakarta casi a ciegas, con el parabrisas rayado por la ceniza.

En abril de 2010, la erupción del Eyjafjallajökull, en Islandia, cerró buena parte del espacio aéreo europeo durante días. Se cancelaron unos cien mil vuelos y millones de personas se quedaron en tierra, durmiendo en aeropuertos o cruzando el continente en tren y autobús. Mucha gente vivió entonces una despedida aplazada: billetes de vuelta que no servían, reencuentros que tuvieron que esperar.

Y en España, el 19 de septiembre de 2021 empezó la erupción de Cumbre Vieja, en La Palma. Duró hasta el 13 de diciembre, ochenta y cinco días, y obligó a desalojar a unas siete mil personas. Hubo vecinos que tuvieron minutos para sacar lo que pudieron de casas que la lava cubrió después. Esas despedidas no fueron metáforas.

En el clip, el volcán y la luna están ahí, al fondo, sin que nadie los comente. Funcionan como dos relojes: uno marca que la tierra se mueve y otro, que el tiempo sigue pasando. Cuando el suelo arde y la noche avanza, quedarse deja de ser una opción cómoda.

Mascarillas de oxígeno: primero la tuya

Es la instrucción más citada de cualquier tarjeta de seguridad y la que mejor se ha colado en las conversaciones sobre salud mental: si cae la mascarilla, póngasela primero usted y después ayude a quien lo necesite. A gran altitud, si la cabina pierde presión, el tiempo en que una persona conserva la lucidez se mide en segundos. Quien intenta ayudar a otro sin oxígeno puede desmayarse antes de conseguirlo.

En las despedidas eso significa algo muy concreto. Antes de ocuparse de cómo se siente la otra persona, de qué pensarán los amigos comunes o de cómo contarlo en el trabajo, hay que asegurarse de respirar. Comer, dormir, hablar con alguien de confianza. Parece egoísta y es lo contrario: es la condición para poder ayudar después.

El retratado de la carátula tiene los párpados caídos y la nuca apoyada hacia atrás. Se puede leer como dolor, y también como alguien que por fin toma aire. Mike lo describió en su nota como alguien que se queda a solas con su piel. Hay algo de mascarilla puesta en esa imagen: un primer momento para uno mismo antes de todo lo demás.

Muchos hombres, gais o no, aprenden de pequeños que llorar es cosa de débiles, y llegan a las despedidas sin saber pedir oxígeno. El diario trata ese tema en su texto sobre por qué llorar no es debilidad. En «Goodbye», la lágrima de la portada es la mascarilla amarilla: un recurso de emergencia que está ahí para usarse.

Equipaje de mano

Las compañías limitan lo que puede subirse a cabina: una maleta pequeña, un bolso, nada de líquidos de más de cien mililitros. En una evacuación, ni siquiera eso. Todo se queda.

Los hombres del vídeo no llevan nada. Ni mochilas ni bolsas. Solo la ropa que tienen puesta, camisas abiertas, camisetas, una chaqueta de cuero, y unas alas que no se pueden facturar. Es una imagen muy limpia de lo que significa despedirse de verdad: lo que uno se lleva es lo que lleva encima.

En la vida diaria las despedidas casi nunca son tan limpias. Quedan cajas en casa de alguien, cuentas compartidas, una mascota, amistades en común. Pero ayuda tener clara la diferencia entre equipaje de mano y equipaje facturado. El de mano es lo imprescindible: la dignidad, los recuerdos que hacen bien, la gente que se queda de tu lado. El facturado puede llegar más tarde, o perderse en la cinta, y no pasa nada.

El diario dedica un texto al duelo y las despedidas en el que se recuerda que el duelo no solo llega con la muerte: también con una ruptura, una amistad que se acaba o un cambio de ciudad. Ese texto menciona «Goodbye» y «Hoy es el último adiós» como las dos canciones del catálogo que ponen la despedida en el título, una en inglés y otra en castellano.

Posición de seguridad

Las tarjetas dibujan la postura de impacto: el cuerpo inclinado hacia delante, la cabeza apoyada contra el asiento de delante o sobre las rodillas, las manos protegiendo la nuca. No es una postura cómoda ni bonita. Está pensada para que el golpe haga el menor daño posible.

Más fotogramas del videoclip oficial de «Goodbye», de Mike Sain't Louis

En el vídeo nadie adopta esa postura. Todos van erguidos, con las alas abiertas, el pecho hacia delante. Es lo contrario de encogerse. Pero la portada sí tiene algo de posición de seguridad, aunque invertida: la cabeza hacia atrás en lugar de hacia delante, los ojos cerrados, el cuerpo quieto esperando que pase lo peor.

Las despedidas necesitan las dos posturas. Hay momentos para protegerse, para hacerse pequeño un rato y dejar que pase el impacto. Y hay momentos para levantar la cabeza y abrir las alas. El error está en quedarse para siempre en una de las dos: encogido sin salir nunca, o volando sin haber asimilado nada.

El diario tiene un texto sobre masculinidad y emociones que viene a cuento aquí. Muchos hombres solo conocen la segunda postura, la del pecho fuera y la mirada al frente, y nunca se permiten la primera. El vídeo enseña la valentía; la portada, la vulnerabilidad. «Goodbye» necesita ambas para funcionar.

Despegue vertical

El momento más espectacular del clip llega casi al final. Uno de los hombres alados sale disparado hacia arriba desde una calle estrecha, entre tejados oscuros, y debajo de él se abre una columna de luz y fuego, como la estela de un cohete. En otra toma, uno avanza hacia la cámara con las alas encendidas de dorado por la luz que tiene detrás.

Las alas negras, durante todo el vídeo, parecían de cuervo, de ave nocturna, de algo que pertenece a las ruinas. En ese despegue se iluminan. No cambian de color, pero la luz las atraviesa. Es la imagen más clara de lo que puede ser una despedida bien hecha: lo mismo que antes pesaba sirve ahora para subir.

La primera azafata de la historia, Ellen Church, era enfermera y empezó a volar en 1930. La compañía la contrató porque pensaba que una enfermera daría tranquilidad a un pasaje que tenía miedo a volar. Esa idea, que alguien cuide de quien se va, se ha quedado en la aviación hasta hoy. En el clip no hay azafatas, pero sí hay compañeros: el grupo que camina detrás de uno de ellos, los que vuelan juntos sobre la ciudad iluminada. Nadie despega del todo solo.

Si se mira con atención, el despegue no ocurre en un descampado amplio, sino desde un callejón. Las salidas no siempre son grandes y cómodas. A veces hay que subir en vertical desde el sitio más estrecho.

Lo que dicen las etiquetas del canal

Las etiquetas que acompañan un vídeo de YouTube son como el código de un vuelo en la pantalla de salidas: no lo cuentan todo, pero dicen hacia dónde va. Las de «Goodbye» hablan de canción triste, música emocional, canción de ruptura, despedida para siempre, amor perdido, corazón roto, melancolía, música cinematográfica y despedida dolorosa. También aparecen el amor que no era amor, no más ilusiones, decir adiós, dejar ir y la verdad amarga. Y hay etiquetas de género, que insisten en el folk rock, la balada rock y lo acústico, y una que dice, en castellano, despedida.

Leídas en fila, forman un plan de vuelo bastante completo. Se parte de la tristeza, se atraviesa la constatación de que aquello no era lo que parecía, y se llega a soltar. Es la misma ruta que siguen muchas rupturas, aunque en la vida real el trayecto rara vez es directo y suele haber escalas inesperadas.

Las etiquetas también marcan que es una canción en inglés. En el catálogo de Mike conviven canciones en castellano, en inglés y en otras lenguas, y el diario ha escrito más de una vez sobre lo que cambia al pasar de una lengua a otra. Que una despedida se diga en otra lengua tiene algo de distancia protectora. A veces es más fácil decir goodbye que adiós.

Escala en el disco

«Goodbye» viaja dentro de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», disco central de la trilogía GAYFOLK, al que el diario dedicó un texto propio. Ocupa la pista 71 de 86. Justo antes suena «Sunset Boulevard» y justo después, «Fly Away».

Ficha de la canción «Goodbye» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La secuencia tiene una lógica de aeropuerto. Primero, un bulevar al atardecer, una pasarela de despedida de la luz. Después, el adiós. Y enseguida, el despegue. Los dos videoclips de «Goodbye» y «Fly Away» se publicaron el mismo día y comparten hombres alados, pero cambian de tono: en «Goodbye» las alas son negras y el escenario arde; en «Fly Away» aparecen alas rosas y blancas, besos en el aire y un cielo más amable. Es como si un clip fuera la evacuación y el otro, el vuelo que viene después.

Entre los singles de la web ocupa el puesto 108 de 273, con «Carla Bruni» antes y «Beats Drop Time Stops» después. Entre los clips oficiales del canal lleva el 119 de 276, con «Fly Away» delante y «Sunset Boulevard» detrás. Las dos canciones vecinas lo acompañan otra vez, aunque en orden distinto, como pasajeros que se reencuentran en otra puerta de embarque.

Para escucharla entera, Spotify; para ver las alas, YouTube.

Instrucciones para escuchar en tierra

La nota de Mike sobre el single acaba con una recomendación sencilla: escucharla cuando haga falta cerrar algo sin hacer ruido, o cuando apetezca llorar un poco sin que nadie pregunte el motivo. Es la mejor instrucción de esta tarjeta y no necesita ampliarse mucho.

Aun así, hay otras maneras de usarla. Una es verla con el vídeo a pantalla completa y fijarse solo en las salidas: cada arco, cada hueco, cada pasillo que acaba en luz. Al terminar, pensar cuál sería la salida propia de esa cosa que hace tiempo que debería quedarse atrás. No hace falta tomar ninguna decisión. Basta con localizarla, como se localiza la puerta más cercana al sentarse en un avión.

Otra es escucharla solo con audio, con la portada en la pantalla del móvil. Sin las alas ni el fuego, queda el blanco y negro, la lágrima y el título en rosa. Es una escucha más quieta, más de posición de seguridad que de despegue.

Queda una más, para quien va a despedirse de alguien en persona: ponerla en el trayecto de vuelta, no en el de ida. En el de ida hace falta la cabeza fría. En el de vuelta, el cuerpo ya puede dejar salir lo que haya.

Teléfonos de emergencia

Toda tarjeta de seguridad tiene una parte que nadie quiere necesitar. Esta también.

Algunas despedidas se llevan más de lo que parece. Una ruptura, un duelo o irse de un sitio donde se sufría pueden dejar a alguien sin fuerzas, con la sensación de que no hay salida ni lugar adonde ir. Si te ves así, cuéntaselo a alguien hoy mismo, sin esperar a estar peor. Como primer paso, el texto del diario sobre vulnerabilidad y salud mental puede ayudar a ponerle nombre.

En España, el 024 es una línea gratuita y confidencial que funciona las veinticuatro horas para quien está pasando por un momento muy difícil y para quienes le rodean. Si existe un peligro inmediato, el número es el 112. Para hablar con calma y sin prisas, el Teléfono de la Esperanza atiende al 717 003 717. Si vives fuera de España, llama a emergencias de donde estés o entra en findahelpline.com, que recopila líneas de ayuda de casi todos los países.

Pedir ayuda no es un fracaso del despegue. Es la torre de control haciendo su trabajo.

Al desembarcar

La tarjeta vuelve al bolsillo del asiento. Quedan dos imágenes: un chico en blanco y negro con una lágrima y los ojos cerrados, y un hombre que sube en vertical sobre una columna de luz con las alas encendidas. Entre una y otra, algo más de cuatro minutos de ruinas, hogueras, luna llena y un volcán que no se apaga.

Resumen para la puerta de llegada: «Goodbye», pista 71 de 86 del disco central de GAYFOLK; single 108 de 273; clip 119 de 276, subido a YouTube el séptimo día de agosto de 2025. Versos aún sin publicar. Consejo de Mike: dejarla sonar cuando toque cerrar algo en silencio.

Y la última instrucción, la que ninguna compañía imprime: la salida existe aunque no se vea desde el asiento. A veces hay que levantarse para encontrarla.

Preguntas frecuentes

¿Se puede leer la letra de «Goodbye»?

Por ahora no: la ficha de letras de la web avisa de que sigue inédita, así que esta tarjeta no copia ningún verso. Se construye con la carátula, el clip, sus etiquetas en YouTube y su posición en el álbum y entre los singles.

¿Qué se ve en el videoclip?

Varios hombres con grandes alas negras corren entre edificios en ruinas mientras arden hogueras en el suelo; al fondo hay una luna llena y un volcán en erupción; al final uno de ellos despega en vertical sobre una columna de luz. Dura algo más de cuatro minutos y llegó a YouTube en agosto de 2025, el día 7.

¿En qué álbum está?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», disco central de la trilogía, como corte 71 de 86, entre «Sunset Boulevard» y «Fly Away».

¿Quién está detrás de la canción?

Mike Sain't Louis, artista de Madrid: escribe la letra, compone y produce. La parte vocal la crea una inteligencia artificial según lo que él indica.

¿Y si una despedida me está dejando sin fuerzas?

No tienes que aguantarlo en silencio. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora a quien lo está pasando mal y a quien quiere ayudar; si hay riesgo inmediato, llama al 112; el Teléfono de la Esperanza escucha al 717 003 717. Fuera de España, marca emergencias del lugar donde estés o busca una línea en findahelpline.com.

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