Letras
Nota de cata de un plantón: «Hetero», el vino, el queso y lo que se traga
Por Mike Sain't Louis ·

En una cata de vino profesional hay un objeto que sorprende a quien no ha estado nunca en una: la escupidera. Los catadores se llevan el vino a la boca, lo mueven, lo huelen por dentro, apuntan lo que notan y lo escupen. No se lo beben. Si tienen que probar treinta vinos en una mañana, tragárselos todos sería un error de principiante.
Escupir, en una cata, no es de mala educación. Es de profesional.
Hay noches que funcionan al revés. Noches que no se pueden escupir, que no se pueden analizar con la cabeza fría ni apuntar en una libreta. Noches que solo se pueden tragar.
«Hetero» habla de una de esas. Su propia letra lo dice con un verbo muy preciso: es la clase de noche que no se explica, se traga. Y Mike, en su ficha de «Canción a canción», confiesa que ese verbo le gusta mucho, porque describe muy bien lo que haces en esos momentos: aguantar el golpe y volver a casa con tu queso.
El diario ya contó la pregunta que te haces con el queso todavía en la mano, con Mike explicando por qué escribió la canción para ese segundo exacto. Hoy el planeta hace otra cosa. Coge la libreta del catador, la que se usa para describir vinos con palabras raras, y escribe la nota de cata de esta noche. Aspecto, nariz, boca, maridaje, final. Como si el plantón fuera una botella y alguien tuviera que describirla con todo detalle.
Con una diferencia importante respecto a una cata de verdad. Aquí no hay escupidera.
La botella
Toda nota de cata empieza por los datos de la botella. Bodega, añada, denominación.
La de «Hetero» es una botella pequeña. La letra completa tiene ocho líneas. No hay estribillo, no hay estrofas que se repitan, no hay puente. Es casi un texto en prosa, dicho de corrido, con frases que caen una detrás de otra. Mike lo describe en su ficha: la canción empieza con tres frases cortas que caen como tres portazos.
«Quedamos. Llego. Y ya tiene a otro en la cama.»
Tres verbos y una escena. Quedar, llegar y encontrar algo que no esperabas. En ocho palabras, la canción ya ha contado lo esencial.
En el mundo del vino, una botella pequeña suele ser una botella concentrada. Menos cantidad, más intensidad. «Hetero» funciona así. No necesita más líneas, porque cada una pesa lo suyo.
Aspecto
Lo primero que mira un catador es el color. Se inclina la copa sobre un fondo blanco y se observa: si está limpio o turbio, si tiene luz o está apagado, si tiene reflejos.
El aspecto de «Hetero» es transparente. No hay nada turbio en esta escena porque nadie se molesta en enturbiarla. La letra lo dice en dos frases secas: «Ni disimula. Ni le importa.»
Ese es el primer golpe de la canción, y quizá el más duro. No que haya otro en la cama, sino que no haya ningún intento de ocultarlo. Quien había citado al narrador no inventa una excusa, no cierra la puerta del dormitorio, no pone cara de apuro. Mike lo resume así en su ficha: no hay disimulo, al otro le da igual.
En una relación que se rompe con engaño, al menos hay engaño. Alguien se ha tomado la molestia de mentir, lo que quiere decir que, de alguna manera retorcida, le importaba lo que pensaras. Aquí ni eso. La transparencia de esta escena es la de la indiferencia.
Y eso, en una nota de cata, se apuntaría con una palabra: limpio. Sin sedimentos. Sin nada que distraiga de lo que es.
Nariz
Después del color viene el olor. El catador acerca la nariz a la copa, aspira, la agita y vuelve a aspirar. Busca aromas: fruta, madera, especias, tierra.

La nariz de «Hetero» tiene dos notas muy claras, y vienen del mismo verso.
«Y yo con el vino, el queso y la dignidad envuelta en papel de plata.»
La primera nota es la del detalle preparado. El vino y el queso no son una compra cualquiera. Son lo que se lleva a una cita cuando uno quiere quedar bien, cuando ha pensado en la otra persona antes de salir de casa. Huele a ilusión, a haber elegido algo con cuidado en el supermercado o en la tienda de la esquina.
La segunda nota es la del papel de plata. Mike le dedica un comentario en su ficha: le da un toque casero, de táper, que hace la escena todavía más triste y más graciosa. El papel de aluminio es lo que se usa para envolver el bocadillo del colegio, las sobras de la cena del domingo, el trozo de tortilla que te llevas de casa de tu madre. No es un envoltorio de regalo. Es un envoltorio de cocina.
Envolver la dignidad en papel de plata es, por tanto, haberla preparado en casa con cariño, como se prepara un táper. Y llevarla a una cita esperando que alguien la abra.
En el diario, Mike contrapone dos dignidades. La de las películas, la que levanta la barbilla mientras sube la música, y la que de verdad aparece cuando alguien te ignora: una dignidad de táper, preparada en casa con mimo, que de repente no sabes dónde soltar.
Esa es la nariz de la canción. Ilusión casera y aluminio.
Boca: el ataque
En la boca, los catadores distinguen varios momentos. El primero es el ataque: la primera impresión, lo que se nota en cuanto el vino toca la lengua.
El ataque de «Hetero» es la pregunta.
«El instante exacto en el que te preguntas: ¿sería más fácil ser hetero o simplemente más fácil no ser yo?»
Fijémonos en cómo la presenta la letra. No dice «me pregunté». Dice «el instante exacto en el que te preguntas». Pasa de la primera persona a la segunda, como si de repente el narrador se dirigiera a quien escucha. Ya no se trata únicamente de su noche. Es una noche que cualquiera podría haber tenido.
Mike reconoce en su ficha que es una duda que muchos se han hecho alguna noche, no porque quieran de verdad cambiar, sino porque el cansancio de ciertas dinámicas del ambiente lleva a preguntárselo.
Y en el diario añade un matiz importante. La escribió sabiendo que es una pregunta tramposa, y por eso quería que el título saliera de ahí. La primera mitad parece una broma, como si el problema fuera la orientación, como si a las parejas heterosexuales no les pasaran también estas cosas. Obviamente no es eso. Pero Mike admite que es una fantasía bastante extendida entre hombres gais: imaginar que, siendo de otra forma, recibirían un trato más amable.
Ese es el ataque. Rápido, casi cómico, con un punto de ironía que hace sonreír antes de que llegue lo demás.
Boca: el paso
Después del ataque viene lo que los catadores llaman el paso de boca. Es el recorrido del vino por la lengua, el momento en que se despliega y enseña lo que tiene dentro.

El paso de «Hetero» es la segunda mitad de la pregunta. «O simplemente más fácil no ser yo.»
Aquí el sabor cambia por completo. Mike lo dice en su ficha sin rodeos: la segunda parte de la frase es la que más pesa, no tanto la orientación como la sensación de que el problema eres tú.
En el diario va más lejos. Ahí ya no se habla de orientación sino de autoestima. Cuando alguien te humilla, la tentación es pensar que el fallo está en tu manera de existir. Que con menos intensidad, menos ilusión o menos vino y queso bajo el brazo, aquello no habría ocurrido. Mike insiste en que esa es justo la conclusión equivocada.
Es el momento más amargo de la cata. El que hace fruncir el ceño. Porque la pregunta, que empezaba como un chiste sobre ser hetero, termina siendo una pregunta sobre si uno debería existir de otra manera.
En los vinos, la amargura no siempre es un defecto. A veces es lo que da estructura, lo que sostiene el resto. En «Hetero» pasa algo parecido: sin esta segunda mitad, la canción sería una anécdota graciosa. Con ella, es otra cosa.
Boca: los descriptores
Los catadores tienen un vocabulario propio, a veces tan rebuscado que da risa. Hablan de vinos con taninos sedosos, con notas de cuero, con un final de regaliz. Cada nota de cata termina con una lista de adjetivos que intentan resumir lo que se ha probado.
«Hetero» trae sus propios descriptores. Los pone la letra, en una sola línea.
«La escena es absurda, cutre, honesta y jodidamente real.»
Cuatro adjetivos. Ninguno es el que usaría un sumiller. Conviene probarlos uno por uno.
Absurda. Porque lo es. Llegar a una cita con un detalle bajo el brazo y encontrarte con que la cita ya está ocupada tiene algo de sketch, de escena que en una comedia provocaría carcajadas.
Cutre. Porque no hay nada glamuroso en ella. No es una ruptura de película con lluvia y violines. Es un rellano, un dormitorio con la puerta abierta y una bolsa de supermercado.
Honesta. Porque la canción no la adorna. No convierte la humillación en lección ni el plantón en venganza.
Y jodidamente real. Que es el descriptor que lo resume todo. Porque esto pasa. Pasa más de lo que se cuenta.
Mike recoge esta línea en su ficha: la propia canción, dice, se define sin rodeos. Es una de las pocas canciones del catálogo que incluye su propia nota de cata dentro de la letra.
Final de boca
Lo último que se valora en una cata es el final, también llamado persistencia. Cuánto dura el sabor después de que el vino ha desaparecido. Un buen vino deja un final largo; uno flojo se esfuma enseguida.
El final de «Hetero» es el verbo tragar. «La clase de noche que no se explica: se traga.»
Aquí es donde la comparación con la cata se vuelve del revés. El catador profesional escupe para no emborracharse, para mantener la cabeza clara y seguir analizando. El narrador de «Hetero» no tiene esa opción. No puede escupir la noche, ni analizarla, ni apuntarla en una libreta. Solo puede tragársela.
Y lo que se traga persiste. Mike lo explica en el diario: hace falta música que cuente también las humillaciones pequeñas, las que no son tragedia ni dan para una película pero te dejan tocado una semana entera.
Una semana entera. Ese es el final de boca de esta noche. Largo, como el de los vinos que se recuerdan, pero sin ningún placer.
En el diario, Mike lo vincula con algo más amplio. Las relaciones entre hombres, dice, a veces se cuentan como fiesta permanente o como drama de cine, y en medio queda un territorio enorme de desplantes, mensajes que no llegan y citas que se tuercen. Y para él, ese terreno intermedio también tiene derecho a sus canciones.
La temperatura de servicio
Un detalle que los aficionados suelen olvidar y los catadores nunca: la temperatura. El mismo vino sabe distinto a ocho grados que a dieciocho. Demasiado frío, esconde los aromas. Demasiado caliente, se vuelve pesado.

«Hetero» tiene una temperatura muy concreta, y es la de un rellano. Ni la calle ni la casa. Ese espacio intermedio entre la puerta del ascensor y la puerta del piso, con la luz que se apaga sola al cabo de un rato y obliga a buscar el interruptor. Mike usa esa palabra en su dedicatoria: la cara de tonto en el rellano.
Es un lugar perfecto para esta canción porque es un lugar de tránsito. Nadie vive en un rellano. Se pasa por él para entrar o para salir. Y el narrador de «Hetero» se queda atrapado justo ahí, en la frontera, con la bolsa en la mano, sin haber entrado del todo y sin haberse ido todavía.
La letra no dice cuánto tiempo pasa en ese rellano. Quizá unos segundos. Quizá un minuto entero, que en esas circunstancias es una eternidad. Pero es ahí donde ocurre todo lo que importa: la escena, la pregunta, el trago.
Luego vendrá el metro. Mike lo menciona en su ficha: algunas historias maricas son de plantón y vuelta a casa en metro. El metro es el segundo escenario de esta noche, el que la canción no enseña pero deja intuir. Un vagón a horas raras, la bolsa del supermercado en las rodillas, el reflejo propio en la ventanilla oscura. Es la temperatura de después, la que se queda cuando la escena ya ha terminado y solo queda volver.
Servir «Hetero» a la temperatura correcta, por tanto, es escucharla en uno de esos dos sitios. O en el sofá, al llegar, justo antes de abrir por fin la botella.
Maridaje
Ninguna nota de cata está completa sin una sugerencia de maridaje: con qué comida acompañar el vino.
En «Hetero», el maridaje viene dado. Vino y queso. Es la combinación más clásica que existe, la que se pone en cualquier tabla, la que no necesita sumiller.
Lo trágico es que ese maridaje estaba pensado para dos. El vino y el queso son lo que se comparte en una cita, sentados en el sofá, hablando. Llevarlos de vuelta a casa sin abrir es como volver con un regalo que nadie ha querido desenvolver.
Pero Mike, en su dedicatoria, propone otro maridaje. Se la dedica a quien alguna vez se haya quedado con el detalle en la mano y la cara de tonto en el rellano. Y le da un consejo muy concreto: no eres tú. Ponla, ábrete ese vino tú solo y cómete el queso, que bastante te ha costado.
Es, probablemente, la mejor sugerencia de maridaje que se ha escrito para una canción del planeta. El vino y el queso, por fin, se abren. Y quien los había comprado con ilusión se los toma, aunque sea en otra compañía: la suya.
Sin etiqueta
Hay vinos que se venden sin etiqueta, o con una etiqueta mínima. Son vinos de garrafa, de bodega de pueblo, de los que no intentan impresionar por fuera.
La letra de «Hetero» termina con una línea que funciona como esa etiqueta mínima. «GayFolk sin maquillaje, sin poesía y sin vergüenza.»
Mike lo comenta en su ficha: ahí está su valor. No todas las historias maricas son de orgullo y purpurina; algunas son de plantón y vuelta a casa en metro.
Y en el diario añade un contraste con el resto de su catálogo. En otras canciones le gusta el brillo, las lentejuelas, los neones, el exceso. En «Hetero» quería lo contrario: una escena cutre y honesta. Explica también que, al hacer la música con herramientas de inteligencia artificial, puede probar muchas atmósferas hasta dar con la que sostiene el texto, y que en este caso buscaba algo seco, que no consolara demasiado. Las palabras, insiste, las escribe él, y en «Hetero» quería que se notara que no había ganas de adornar.
Seco. Es otro término de cata. Un vino seco es el que no tiene azúcar residual, el que no intenta agradar con dulzura. «Hetero» es un vino seco en el sentido más literal.
Lo que se queda en la copa
Después de una cata, siempre queda un poco de vino en el fondo de cada copa. Lo que no se ha probado, lo que se queda para quien venga después.

En «Hetero» queda una pregunta sin responder. ¿Sería más fácil? Mike, en el diario, reconoce que no tiene una respuesta bonita para eso. Lo que sí defiende es que la responsabilidad de una falta de respeto es de quien la comete, de quien abre sin pudor y sin dar explicaciones, y no de quien llega con buena intención. Sobre el papel es evidente. En el pasillo, con la bolsa en la mano, cuesta horrores sentirlo así.
Ese es el poso de la canción. Una frase que parece evidente cuando se lee y que cuesta muchísimo creerse cuando se está en el rellano con la bolsa en la mano.
El planeta tiene otras canciones que se asoman a este mismo territorio. «¿Por qué él no llora?» mira los códigos masculinos desde otra pregunta. El diario las juntó a las dos en una reflexión sobre masculinidad y emociones, sobre lo que a muchos chicos se les enseñó a callar. Y en el mismo disco hay otra canción con un verbo de boca en el título, «Aquí escupo», que hace justo lo que «Hetero» no puede hacer.
Ficha de la botella
Para quien quiera escucharla, estos son los datos.
«Hetero» es la pista 74 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía de Planeta Gayfolk. Su ficha la sitúa en el indie pop, el pop alternativo, el queer pop y el camp. Mike pone la letra, la composición y la producción; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.
Tiene videoclip oficial, de unos dos minutos y medio, y se puede escuchar en Spotify.
Como en todas las letras de Mike, quien habla es un personaje, y la persona de la cama también. No son retratos de nadie en concreto. Son figuras en las que cualquiera que haya vivido un plantón parecido puede reconocerse.
Para periodistas y medios, la sala de prensa reúne fotos, notas y material oficial del proyecto.
Recomendación del catador
Las notas de cata terminan a veces con una recomendación: cuándo abrir la botella, a qué temperatura servirla, con quién compartirla.
La recomendación para «Hetero» es la de Mike. Para la noche en que vuelvas a casa con el detalle sin abrir. Para el viaje en metro con la bolsa en las rodillas. Para cuando te descubras pensando que el problema eres tú.
Si esa noche se alarga y la pregunta de «no ser yo» empieza a quedarse más de la cuenta, conviene no tragársela a solas. El diario tiene una nota sobre salud mental LGTBI con recursos, y en España el 024 atiende gratis a cualquier hora. Pedir ayuda después de una humillación no es exagerar. Es cuidarse.
Puntuación final
Los críticos de vino suelen cerrar sus notas con una puntuación. Noventa puntos, noventa y dos, cien.
Esta nota de cata no lleva número. Lleva la frase con la que Mike cierra su dedicatoria, que vale más que cualquier puntuación.
No eres tú.
Ábrete ese vino. Cómete el queso. Bastante te ha costado.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Hetero» de Mike Sain't Louis?
De una cita que se tuerce antes de empezar. El narrador llega con vino y queso y se encuentra a la otra persona en la cama con alguien más, sin disimulo. En ese instante aparece la pregunta que da título a la canción: «¿sería más fácil ser hetero o simplemente más fácil no ser yo?».
¿Por qué se llama «Hetero»?
Porque el título sale de esa pregunta. Mike explica en el diario que la escribió sabiendo que es tramposa: la primera mitad parece una broma, y la segunda, «no ser yo», es la que de verdad duele, porque ya no habla de orientación sino de autoestima.
¿Qué significa la dignidad envuelta en papel de plata?
Es la imagen central de la letra. Mike la describe como una dignidad de táper: algo que llevabas preparado con cariño y que ahora no sabes dónde dejar. Le parece de lo más tragicómico del planeta Gayfolk.
¿Es una canción triste?
Es seca. Mike cuenta que buscaba algo que no consolara demasiado, un Gayfolk sin maquillaje, sin poesía y sin vergüenza. Aun así, su dedicatoria termina con un consejo casi alegre: ábrete ese vino tú solo y cómete el queso.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.