Canciones
Libro de ruta de «In the Quiet Room»: una autovía en blanco y negro vista desde el asiento del copiloto
Por Mike Sain't Louis ·

En los rallies, el piloto no es el único que trabaja. A su derecha va el copiloto con un cuaderno en las rodillas: el libro de ruta. Es una sucesión de viñetas, una por cada punto del recorrido, con la distancia exacta, un dibujo esquemático del cruce o de la curva y unas notas abreviadas. «Izquierda tres, cuidado bache, no cortar». El copiloto lo lee en alto, pero sobre todo mira por la ventanilla y compara lo que hay escrito con lo que pasa.
El videoclip de «In the Quiet Room» está grabado exactamente desde ese sitio. Es un trayecto por carretera, en blanco y negro, filmado desde la ventanilla del lado derecho de un coche en marcha. No hay nadie en pantalla. Solo el guardarraíl, el arcén, los árboles, un muro, la luz. Así que este post lo recorre como lo haría un copiloto: viñeta a viñeta, con sus distancias aproximadas y sus notas.
Una aclaración antes de arrancar. La canción está en inglés y su letra no se ha publicado. Aquí no se transcribe ni se inventa ninguna frase. El material de este libro es la portada, el videoclip oficial y su descripción, la carta que Mike escribió sobre la canción en su diario, otra entrada suya sobre cómo se escucha la música en movimiento y el lugar de la pista en el disco. Lo que yo crea ver lo marco como mío.
Antes de salir: la portada como garaje
Punto de partida: una sala blanca. Vehículo: un cubo de cristal. Ocupante: Mike.
El libro de ruta empieza siempre en el parque cerrado, el sitio donde los coches esperan antes de la salida. En esta canción, ese sitio es la portada. Mike la describió así: él, sentado en el suelo dentro de un cubo de cristal de aristas negras, en una sala completamente blanca, con pantalón rosa, gafas de sol y los tatuajes a la vista. El título flota sobre el cristal.
La portada ya ha dado mucho que hablar sobre armarios transparentes, vitrinas y peceras. Para este libro de ruta me interesa otra cosa: que es una imagen inmóvil. El cubo no tiene ruedas ni puertas visibles. El ocupante tiene las piernas recogidas. Es lo más parecido que hay a estar aparcado.
Y el vídeo, en cambio, no se detiene ni un segundo. Esa es la primera nota del copiloto: la portada es la habitación; el vídeo es la salida de la habitación.
Viñeta 1: guardarraíl a la derecha
Distancia: kilómetro cero. Elementos: guardarraíl metálico, línea blanca, arcén. Nota: velocidad alta, imagen movida.
Las primeras imágenes son las más abstractas. La cámara apunta hacia el lado de la carretera y lo que se ve es una banda gris, el guardarraíl, pasando a toda velocidad, con la línea blanca del arcén debajo y una franja de tierra y matorral detrás. Todo está tan movido que parece una pintura de trazos horizontales.
Cualquiera que haya viajado de niño en el asiento de atrás reconoce esa imagen. Es lo que se mira cuando no se quiere hablar, o cuando el viaje es largo y no hay nada más que hacer. El guardarraíl es la frontera entre la carretera y todo lo demás, y su repetición tiene algo hipnótico: los postes pasan, uno tras otro, como un metrónomo.
Nota del copiloto: el vídeo no muestra el horizonte ni la carretera de frente. Mira solo hacia el lado. Es un trayecto visto de perfil, sin saber muy bien adónde se va.
Viñeta 2: blanco y negro
Distancia: primeros kilómetros. Elementos: todo. Nota: sin color.

El vídeo entero está en blanco y negro, con un grano que recuerda a la película antigua o a las cámaras domésticas de otras décadas. No es un detalle menor. Una carretera de verano, con pinos y cielo despejado, filmada en color sería una postal de vacaciones. En blanco y negro se convierte en un recuerdo.
El cine de carretera tiene una tradición en blanco y negro muy bonita. Wim Wenders rodó así «Alicia en las ciudades», en 1974, la historia de un periodista alemán que recorre Estados Unidos y Alemania con una niña que no es suya. La falta de color, en ese tipo de películas, quita brillo al paisaje y deja a la vista lo esencial: el movimiento, la distancia, el tiempo que pasa.
Mi lectura, y la doy como tal, es que el blanco y negro del vídeo funciona como un filtro de memoria. Lo que vemos no está pasando ahora; ya pasó.
Viñeta 3: pinos y matorral
Distancia: tramo de campo. Elementos: pinos, encinas o árboles de copa redonda, matorral bajo, taludes. Nota: paisaje mediterráneo.
A medida que avanza el vídeo aparecen árboles. Pinos de copa ancha, árboles bajos, taludes con matorral seco, alguna torre eléctrica al fondo. Es un paisaje que cualquiera que haya viajado por el interior o la costa de la península reconoce al instante: el de las autovías que bajan hacia el mar en verano.
El vídeo no dice dónde está grabado, y yo no lo voy a afirmar. Pero en la carta que Mike escribió sobre la canción en su diario hay una pista: habla del mar de Benidorm. Y en la portada, el pantalón rosa y las gafas de sol también tienen algo de ropa de playa.
Nota del copiloto: si fuera un tramo de rally, este sería el tramo de enlace, el que no cuenta para el cronómetro. Es el que se hace con las ventanillas bajadas.
Viñeta 4: el muro con grafitis
Distancia: entrada en zona urbana. Elementos: muro de hormigón, grafitis, velocidad. Nota: cambio de paisaje.
En un momento dado, el campo desaparece y la ventanilla se llena con un muro de hormigón cubierto de grafitis, tan borrosos por la velocidad que no se pueden leer. Es la llegada a algún sitio, o el paso junto a una nave, un paso subterráneo o una tapia de las afueras.
Los grafitis de carretera son una forma de escritura que solo se lee de pasada. Están pensados para ser vistos desde un tren o un coche, a toda velocidad, y casi nunca se entienden del todo. Me parece una imagen precisa para una canción cuya letra no está publicada: hay palabras ahí, pero pasan demasiado rápido para leerlas.
Viñeta 5: sombras en el arcén
Distancia: tramo arbolado. Elementos: árboles junto a la carretera, sombras largas, luz fuerte. Nota: contraste.
Hay planos en los que la cámara pasa junto a una hilera de árboles y el suelo se llena de sombras recortadas. La luz es dura, de mediodía o de primera hora de la tarde. En blanco y negro, esas sombras parecen dibujadas con tinta.
Es la luz del verano en la península, la que obliga a llevar gafas de sol, como las de la portada. Y también la de los viajes en los que el coche se calienta tanto que los asientos queman. En su carta del diario, Mike habla de memorias que huelen a verano, a coche ajeno y a protector solar. Esta viñeta, para mí, es exactamente ese olor convertido en imagen.
Viñeta 6: el coche de al lado
Distancia: final del recorrido. Elementos: el lateral de otro vehículo o del propio coche, el asfalto muy cerca. Nota: la cámara baja.

En las últimas imágenes, la cámara apunta casi al suelo. Se ve el asfalto pasando muy cerca y, en un plano, el lateral oscuro de un vehículo y la sombra de una rueda. Ya no hay paisaje, solo la carretera misma, gris, sin fin.
Es una forma curiosa de acabar. No hay llegada, no hay destino, no hay nadie que se baje del coche. El viaje simplemente sigue fuera de la pantalla. Mi lectura es que el vídeo no quiere contar adónde se va, sino cómo se siente estar de camino.
El oficio del asiento de la derecha
Conviene detenerse un momento en el sitio desde el que está grabado el vídeo, porque tiene su propia historia.
En los rallies, el copiloto es tan importante como el piloto. España tiene en ese puesto un nombre propio: Luis Moya, que acompañó a Carlos Sainz en los dos campeonatos del mundo que ganaron juntos, en 1990 y 1992. Durante años, los aficionados se aprendieron las notas de Moya casi tanto como los derrapes de Sainz. Su trabajo consistía en mirar, anticipar y decir: avisar de lo que viene antes de que llegue.
Fuera de los rallies, el asiento de la derecha tiene un papel menos glorioso. Es el sitio de quien no conduce, de quien va a donde le llevan. Muchos adolescentes LGTBI conocen bien esa posición: el viaje al pueblo en el coche de los padres, la excursión en el coche del amigo mayor, la noche en la que alguien les lleva a casa después de una fiesta. Desde ahí se ve todo, pero no se decide nada.
Mi lectura, y la marco como tal, es que el vídeo elige deliberadamente ese punto de vista. No vemos quién conduce ni hacia dónde. Vemos lo que ve alguien que se deja llevar y que mira por la ventanilla para no tener que hablar.
La habitación que se mueve
Aquí está, creo, la clave del contraste entre portada y vídeo. Un coche en marcha es también una habitación silenciosa. Con las ventanillas cerradas, el ruido del exterior queda amortiguado, y dentro solo hay quien conduce, quien va de copiloto y lo que suena en la radio. Mucha gente cuenta que las conversaciones más importantes de su vida las tuvo en un coche, precisamente porque no hay que mirarse a la cara: los dos miran hacia delante.
Para muchas personas LGTBI, el coche ha sido además un espacio de libertad. El primer sitio donde se pudo hablar con alguien sin que lo oyera la familia. El vehículo en el que se huyó del pueblo, o en el que se volvió a él. El asiento del copiloto desde el que se miraba el paisaje sin atreverse a decir lo que se sentía.
La portada encierra a Mike en una caja transparente. El vídeo lo saca de la caja y lo mete en otra que se mueve. Las dos son habitaciones calladas. La diferencia es que una está quieta y la otra va hacia algún sitio.
Banda sonora del viaje: escuchar en movimiento
En su diario, Mike tiene una entrada sobre algo muy práctico: cómo se escucha la música mientras uno se desplaza. Explica que hoy casi nadie escucha sentado en un salón con buenos auriculares, sino andando, en el metro, en el coche o corriendo, y que eso cambia cómo se compone y cómo se mezcla. Cuenta incluso que una buena prueba es hacer la última escucha de una canción andando por la calle, con auriculares corrientes y en hora punta.
El videoclip de «In the Quiet Room» parece una ilustración de esa idea. Es la canción vista desde el sitio donde de verdad se escucha: un coche en marcha, con el paisaje pasando. Mi impresión como oyente es que la canción, que en la ficha del single aparece como indie pop y pop alternativo y en las etiquetas del vídeo como pop cinematográfico y oscuro, tiene un ritmo pausado que encaja bien con ese tipo de viaje. Lo digo como impresión: sin letra publicada, no voy más lejos.
El cine de la carretera, también el queer
El vídeo no cita ninguna película, pero se apoya en un género entero: la road movie. Y ese género tiene una rama queer muy rica.

En 1957, Jack Kerouac publicó «En el camino», la novela que convirtió el viaje por carretera en una forma de vida. Uno de sus personajes, Carlo Marx, estaba inspirado en Allen Ginsberg, el poeta que dos años antes había escrito «Aullido» y que vivió con Neal Cassady, el modelo del protagonista, una relación que fue también amorosa. En 1991, Gus Van Sant estrenó «Mi Idaho privado», con River Phoenix y Keanu Reeves como dos chicos que viajan por carreteras secundarias; la escena de la hoguera, en la que uno confiesa al otro lo que siente, es una de las más recordadas del cine queer de los noventa. Y en 1994 llegó «Las aventuras de Priscilla, reina del desierto», con tres artistas drag cruzando Australia en un autobús.
En todas esas historias, la carretera sirve para lo mismo: salir de un sitio donde no se puede ser quien se es, y buscar otro donde sí. El vídeo de «In the Quiet Room» no tiene personajes, pero comparte esa mirada. Es la ventanilla de alguien que está yendo, o huyendo.
Hay además una película que comparte título con la canción: «The Quiet Room», del director Rolf de Heer, estrenada en 1996, cuenta la historia de una niña que deja de hablar mientras sus padres discuten. No sé si Mike la tenía en mente, y no lo voy a afirmar, pero la coincidencia dice algo del título: una habitación callada puede ser un refugio y también la forma que encuentra alguien de protegerse del ruido de los demás.
Carta desde la habitación callada
Entrada: «Carta desde In the Quiet Room», del 3 de octubre de 2026.
La entrada del diario que Mike dedicó a la canción la coloca bajo un epígrafe melancólico: los planetas muertos que dejan los amores. Empieza con una frase que, leída junto al vídeo, parece escrita para él: hay memorias que huelen a verano, a coche ajeno y a protector solar, y esta canción huele a todo eso y un poco a miedo. Después propone imaginar que el mar de Benidorm es un espejo donde el planeta se peina antes de salir de fiesta.
«Coche ajeno» es la expresión que más me interesa. No es el coche propio, ni el de la familia. Es el coche de otro: de un amigo, de un novio, de alguien que conduce mientras uno mira por la ventanilla. El vídeo está filmado desde ese asiento. Mi lectura es que «In the Quiet Room» recuerda un trayecto en el coche de alguien que ya no está, uno de esos amores que dejan un planeta muerto detrás, y que el miedo del que habla Mike es el de quien no sabía todavía cómo iba a acabar el trayecto.
Lo marco como lectura, porque la letra no está publicada y no puedo comprobarlo.
Otra carretera del planeta: de Madrid a Benidorm
No es la primera vez que una autovía aparece en el universo de Mike. En su diario hay una entrada dedicada a «Madrid to Benidorm» como himno del orgullo en carretera, donde explica que Madrid y Benidorm están unidos por una autovía, por muchos veranos y, en su cabeza, por un arcoíris. Allí cuenta que le gusta imaginar la llamada de esa canción saliendo por la ventanilla de un coche, y que el orgullo no se queda quieto en un solo lugar: viaja, se mueve y se va de vacaciones.

«Madrid to Benidorm» es la cara luminosa de la carretera: un himno, sin ironía, para ir del centro a la costa. «In the Quiet Room» parece su cara en sombra. Misma ventanilla, mismo paisaje de pinos, quizá incluso el mismo mar al final, pero en blanco y negro y sin estribillo que corear. Una es el viaje de ida con la música a todo volumen; la otra, mi lectura otra vez, el de vuelta, cuando ya nadie habla.
Kilometraje en el disco: entre Bob Marley y el fútbol
Disco: «El día de la liberación», tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. Posición: pista 41 de 99.
En el álbum, «In the Quiet Room» llega después de «Bob Marley» y antes de «No me gusta el fútbol». Es una secuencia con gracia: un homenaje a una figura del reggae, luego una habitación en silencio y luego una declaración de desinterés por el deporte más ruidoso del país. Del sonido de la isla al silencio, y del silencio a la negativa a sumarse al griterío del estadio.
En la lista de singles, el orden cambia: va después de «Bob Marley» y antes de «Float», un título que en inglés significa flotar, y que encaja casi perfectamente con un recorrido en el que el paisaje pasa sin que uno haga nada. En el canal de vídeos ocupa el puesto 65 de 276.
Paradas de descanso: cuando el silencio pesa
Los libros de ruta marcan también las zonas de asistencia: los puntos donde el coche puede parar, repostar y arreglar lo que se haya roto.
El diario de Mike distingue entre la soledad elegida y la soledad impuesta. Hay silencios que descansan y silencios que encierran. Conducir a solas, con la ventanilla bajada, puede ser lo mejor de la semana. Pero si notas que la habitación callada se ha convertido en un sitio del que no sabes salir, merece la pena pedir ayuda.
Puedes empezar por alguien cercano, o por tu médico de cabecera, que puede derivarte a un profesional de la psicología. En España, el 024 te atiende gratis, en cualquier momento del día o de la noche, por teléfono o por chat. Si hay peligro inmediato, el 112. El Teléfono de la Esperanza escucha en el 717 003 717, y la FELGTBI+, la federación de colectivos LGTBI, en el 91 360 46 05. Si estás fuera de España, usa el número de emergencias de tu país o busca una línea de apoyo en findahelpline.com.
Llegada: el tramo que no se ve
En los rallies, el último punto del libro de ruta es el control de llegada, donde un comisario anota la hora y se acaba el tramo. El vídeo de «In the Quiet Room» no tiene control de llegada. Termina con el asfalto pasando y la imagen cortada, como si el coche siguiera fuera de la pantalla.
Me parece el final justo. La portada encerraba a Mike en un cubo de cristal, inmóvil. El vídeo lo pone en marcha. No sabemos adónde va, pero va. Y eso, para quien ha pasado mucho tiempo en una habitación callada, ya es bastante.
«In the Quiet Room» se descarga gratis desde su ficha de single y se escucha en Spotify. Para medios, el material oficial está en prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué se ve en el videoclip de «In the Quiet Room»?
Imágenes en blanco y negro grabadas desde la ventanilla de un coche en marcha: el guardarraíl de una autovía, el arcén, pinos, matorral mediterráneo, un muro con grafitis y la carretera pasando a toda velocidad. No aparece nadie.
¿Está publicada la letra?
No. La canción está en inglés y su letra todavía no se ha publicado. Aquí no se cita ni se inventa ningún verso; lo que se dice de ella es una impresión de oyente.
¿Por qué un libro de ruta?
Porque el vídeo es un trayecto por carretera visto desde dentro del coche, y el libro de ruta es el cuaderno con el que los copilotos de rally describen un recorrido tramo a tramo.
¿En qué disco está?
En «El día de la liberación», el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 41 de 99, entre «Bob Marley» y «No me gusta el fútbol».
¿Quién la firma?
Mike Sain't Louis, autor de Madrid que escribe, compone y produce sus canciones. Las partes vocales y la instrumentación se generan con inteligencia artificial.
¿Qué hago si el silencio se vuelve encierro?
Habla con alguien: una persona de confianza o tu médico de cabecera. En España funciona el 024, gratuito y permanente, y el 112 para emergencias; también el Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y la FELGTBI+ (91 360 46 05). En otros países, tu número de emergencias o findahelpline.com.