Humor
León de León: el plan de boda con el Registro Civil de «La dieta del cucurrucho»
Por Mike Sain't Louis ·

Esperanza Sur, un barrio de ficción de Telecinco, 2005. Allí viven un chico de catorce años que no encaja en el barrio y un vecino al que todos llaman «el tonto del barrio». Son Fidel y Luisma, de «Aída». Los interpretan Eduardo Casanova y Paco León.
Veintiún años después, los dos nombres vuelven a coincidir. Esta vez en una bronca de pareja dentro de una canción:
¿No me puedes explicar sin gritar como una loca a qué viene el numerito de Eduardo Casanova? ¿No me puedes explicar, viniendo a la habitación, a qué viene el numerito de Paco León?
«La dieta del cucurrucho» es la pista 39 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», publicada el 26 de mayo de 2026. La letra es mía; la música y las voces están creadas con IA. Dura más de seis minutos, que en este planeta es casi una ópera. En Spotify.
Antes de nada, lo que ya dije en el diario y repito: todo lo que la canción cuenta de estos dos actores es fantasía del narrador. Ellos no hacen nada en la letra. Son pósters en la pared de alguien con mucha imaginación. Sobre los celos y los amores platónicos ya escribí en «Celos, cajones y amores platónicos». Aquí voy a otra cosa. A la parte más disparatada de la letra: el plan de boda con el Registro Civil. Y al detalle de que los dos hombres que desatan la crisis salieron del mismo bar de sitcom.
Dos años sin celos
El arranque es de parte meteorológico:
Llevábamos dos años sin ataques de celos y ahora me estoy casi tirando de los pelos. No sé qué pasa, ha sido de repente. ¡Está implicado el futuro presidente!
«Dos años sin ataques de celos», como quien dice «dos años sin fumar». Los celos como una adicción de la que se lleva la cuenta. Y la recaída, de golpe.
Lo del «futuro presidente» es la exageración de la casa. La crisis doméstica contada como un escándalo de Estado. No sabemos quién es el futuro presidente, ni falta que hace: el narrador habla como un telediario de cotilleo, donde cualquier lío de dormitorio es una exclusiva con implicaciones nacionales.
Y luego, la casa:
Éramos tan felices con la casa con vistas a la Supernova.
Qué imagen. No sé qué es la Supernova de la canción. Puede ser un bar, un edificio, una estrella, una forma de hablar. Una casa con vistas a una explosión estelar. La felicidad de pareja como un piso con buenas vistas a algo que está a punto de estallar. No se me ocurre mejor descripción de una relación de dos años.
Los dos de Esperanza Sur
Ahora, el dato que me parece la clave escondida de la canción.
«Aída» fue una comedia de Telecinco que se emitió de 2005 a 2014. Según la ficha de Eduardo Casanova en la Wikipedia, él entró en la serie con catorce años para hacer de Fidel Martínez, el hijo de Chema, que se instala en el barrio ficticio de Esperanza Sur y no acaba de encajar «por su inteligencia y sus aficiones». En la quinta temporada, Fidel se declara abiertamente gay delante de su familia y sus amigos.
Un chaval gay saliendo del armario en una comedia de máxima audiencia, a finales de los dos mil. Para mucha gente, aquello contó.
Y según la ficha de Paco León, el éxito nacional le llegó también en 2005 con «Aída», como Luis Mariano García García, Luisma, un exdrogadicto rehabilitado al que todos llaman «el tonto del barrio».
Así que la pareja de la canción no discute por dos famosos al azar. Discute por dos vecinos del mismo barrio de ficción. Más que un ataque de celos, un crossover.
Y fijaos en que cada uno tiene su verso. Casanova, los ojos. Paco León, el «qué polvo tiene». Uno es la mirada; el otro, el cuerpo. Como si el narrador hubiera repartido el deseo entre los dos para que ninguno se lo llevara entero.
Los ojos y el polvo
El planeta tiene, además, una canción para cada uno.

«Los ojos de Eduardo Casanova» está en el segundo disco y su arranque dice: «Dime qué culpa tengo yo de que los ojos de Eduardo Casanova me parezcan tan bonitos y especiales». Y sigue: «ese brillo no lo tienen las lentillas de colores». Lentillas otra vez, como las del ex de «Un falso amore». En este planeta, los ojos de verdad se oponen a los de mentira.
«¡Qué polvo tiene Paco León!» tiene en su descripción oficial una frase que me sirve para todo este texto: «No es una burla, es un guiño». Y añade que es una canción-tributo «desde el humor y la admiración». Del deseo como homenaje hay también un texto en el diario, «El deseo como homenaje».
En «La dieta del cucurrucho» las dos frases aparecen como causa de la bronca:
Y tan solo te he dicho que me gustan los ojos de Eduardo Casanova. Está el ambiente cargado de tensión desde que te dije ¡qué polvo tiene Paco León!
«Y tan solo te he dicho.» La defensa del que no ha hecho nada. Solo ha comentado. Solo ha mirado la tele en voz alta. Y la pareja ha montado el numerito.
Aquí la canción pone el dedo en un sitio incómodo y gracioso a la vez. ¿Cuánto deseo hacia otros se puede decir en voz alta dentro de una pareja? ¿Es infidelidad comentar lo guapo que es un actor? La respuesta de la canción es clara: no. Pero los celos no leen las respuestas claras.
Te podrías enfadar, y con razón
Y entonces, la vuelta de tuerca. El narrador admite un supuesto en el que sí habría motivo:
Te podrías enfadar, ¡y con razón!, si escucharas una canción donde dijera: «Hola, Paco León, soy Miguel Ángel de León».
Es decir: el narrador explica que sería grave si existiera una canción en la que se presentara a Paco León. Y a continuación la canción se convierte en esa canción. La que no debería existir. La que justificaría el enfado.
Es un truco de teatro muy bueno. «No te enfades por esto; te enfadarías por aquello.» Y luego hace aquello, delante de todos.
Y el nombre con el que se presenta, Miguel Ángel de León, tiene su chiste: comparte apellido con el destinatario. Ese «de León» es la excusa para todo lo que viene después.
Todo el mundo con nombre artístico
Hay una ironía en la canción que se ve al cruzar las fichas.
La canción de los ojos dice que los de Eduardo Casanova son «auténticos y verdaderos», frente a la falsificación del ex. Y sin embargo, según la Wikipedia, Eduardo Casanova es un nombre artístico: el actor se llama Eduardo Reina Valdehita. Paco León, por su parte, es Francisco León Barrios. Y el narrador se presenta como Miguel Ángel de León, con un «de» que suena a nobleza recién estrenada.
Todo el mundo en esta canción lleva un nombre de escenario.
No lo digo como reproche, al contrario. El nombre artístico es una tradición tan antigua como el teatro, y en el mundo queer tiene un peso especial: elegir cómo te llamas es elegir quién eres. Las drags lo saben. Las folclóricas lo sabían. Y este planeta también lo sabe.
Lo auténtico, en este universo, no tiene que ver con el nombre del carné. Tiene que ver con el brillo de unos ojos que no llevan lentillas.
Una familia de Leones
Y si el narrador quiere entrar en la familia, que sepa dónde se mete.

La ficha de Paco León cuenta que es hijo de Carmina Barrios y hermano de la actriz María León, y que nació en Sevilla en 1974, en el barrio de las Tres Mil Viviendas, aunque se crio en Parque Alcosa. Una familia donde el apellido ya tiene cartel propio.
Francisca Miguela León de León no sería la primera León famosa de la casa. Llegaría a una saga.
Del bar de Aída a los Goya
Un apunte sobre el otro, porque los ojos no son lo único.
Eduardo Casanova, según su ficha, empezó a trabajar como actor a los doce años, escribió y dirigió su primer corto con diecinueve, y en 2017 estrenó su primera película como director, «Pieles», que recibió tres nominaciones a los Goya. Después llegó «La piedad», en 2022, con Ángela Molina, con otras tres nominaciones. Y en 2025, la miniserie «Silencio», en Movistar Plus+.
Es decir, que el chico que no encajaba en Esperanza Sur acabó haciendo un cine muy suyo, de cuerpos fuera de la norma. Cuando el narrador dice que le gustan sus ojos, quizá también está diciendo que le gusta cómo mira.
Como una loca
Una palabra del estribillo merece un aparte: «sin gritar como una loca».
«Loca», en el castellano gay de toda la vida, es un insulto que la comunidad lleva décadas dándole la vuelta. Lo que en boca de otros era desprecio, entre nosotros es complicidad, a veces cariño, a veces pullita. «Qué loca eres.» «No te pongas loca.»
Aquí el narrador lo usa para describir a su pareja en plena bronca, y el efecto es doble. Por un lado, le pide calma. Por otro, le está llamando exagerada con la palabra más de casa que existe. Es la riña de dos personas que se conocen el idioma.
Francisco Miguel León de León
Aquí llega la parte que me hace reír cada vez:
Y si compartimos apellido, ¡no perdamos la ocasión! Así nuestro hijo será Francisco Miguel de León León, o León de León. Me da igual si es chica, chico, trans o neutral, o nuestra hija Francisca Miguela León de León.
En tres segundos de mirada en Chueca, el narrador ya ha planeado una boda, un hijo y el nombre del hijo con sus dos apellidos. Es el sueño de cualquier fan llevado al trámite administrativo.
Y el nombre tiene un detalle que quizá no todo el mundo pille. Paco, en castellano, es el diminutivo de Francisco. Y la ficha de Paco León recoge que su nombre completo es Francisco León Barrios. El hijo imaginario se llamaría Francisco, como el padre imaginario. Y Miguel, como el otro.
Una fusión de nombres de pila. Como hacen las parejas de famosos en las revistas.
Lo que dice el Registro Civil
Y ahora hagamos los deberes, porque el chiste tiene fondo legal.

En España, el orden de los apellidos ya no es automático. La Ley 20/2011 del Registro Civil, en su artículo 49, dice que si la filiación está determinada por las dos líneas, los progenitores acuerdan el orden de transmisión de su respectivo primer apellido antes de inscribir al bebé. Si no se ponen de acuerdo, el encargado del Registro les da tres días. Y si pasan los tres días sin respuesta, decide él, atendiendo al interés superior del menor.
Es decir: en una pareja normal, ese momento puede generar una discusión. ¿Tu apellido o el mío primero?
Pero en la pareja soñada de la canción, la discusión desaparece. Los dos se apellidan León. Da igual el orden. León León. O León de León, si nos ponemos finos. No hay nada que acordar, nada que discutir, ningún funcionario que tenga que decidir en tres días.
El narrador ha encontrado la única pareja del mundo en la que no hay pelea por los apellidos.
Para alguien que acaba de tener una bronca de celos con la pareja real, esa fantasía de un amor sin conflicto, hasta en el Registro, tiene todo el sentido. Por eso me río.
Y el verso de «chica, chico, trans o neutral» añade algo que no está en ninguna ley de los noventa. El hijo o la hija de la fantasía puede ser lo que quiera ser. La canción lo despacha en un verso, sin sermón, como quien dice «me da igual si es rubio o moreno». Ese «me da igual» es la parte más seria del chiste.
Tres segundos como mucho
Toda esta planificación nace de un cruce mínimo:
Te vi varias veces en Chueca, qué pena tener pareja. ¡Me dejaste con un buen calentón! [...] Nos miramos fijamente tres segundos como mucho y me fui a casa pensando: ¡Con Paco León, la dieta del cucurucho!
«Tres segundos como mucho.» El narrador es honesto con la cifra. No fueron tres minutos ni una conversación. Fueron tres segundos de mirada en la calle. Y con eso, boda, hijo y apellidos.
Esa desproporción es el corazón cómico de la canción. Y también la confesión de algo muy humano: lo poco que necesita la imaginación para construir una vida entera. Tres segundos en una acera de Chueca, que según la página de Madrid del planeta es uno de los barrios que sostienen la escena, y ya estás eligiendo colegio.
«Qué pena tener pareja» es el verso más sincero. No hay traición en él. Hay una pena pequeña, de las que se dicen y se olvidan. Pero se dicen, y el narrador las pone en una canción, y la pareja la escucha.
Cucurrucho con dos erres
Hablemos del título.
La Real Academia escribe «cucurucho», con una sola erre: el papel o cartón enrollado en forma de cono, y también el barquillo de los helados. Dentro de la letra, la palabra aparece así, con una erre. Pero en el título, la canción la escribe con dos: «cucurrucho».
Esa erre de más hace que la palabra suene más larga, más rugosa, con más vibración. Como si el narrador la pronunciara poniendo morritos. Y lo que es la dieta del cucurucho, cada cual lo imagina. La canción no lo explica y yo tampoco voy a hacerlo. Lo que sí está claro es que no tiene nada que ver con contar calorías.
El remate final lo dice todo con un juego de palabras:
¡De Paco bastante y de León mucho!
Paco, el nombre de pila de andar por casa, frente a León, que suena a grande, a fiera. Bastante de lo uno, mucho de lo otro. La canción termina en un chiste de medidas. Muy de este planeta, que mide el deseo como quien pide en la carnicería.
La canción del cajón
La última parte cambia de tono y de destinatario:

Tenía esta canción guardada en un cajón. ¡Qué liberación! Tampoco es una confesión.
Y luego, de golpe, el reproche a la pareja:
Yo con un Rolex y tú con cualquiera de esos de los que no sabes, obviamente, su nombre.
Aquí se destapa el pastel. La bronca de celos tenía trampa. El que gritaba como una loca por un comentario sobre actores era el que se iba con desconocidos sin preguntar el nombre. Y el narrador, que solo había mirado tres segundos en Chueca, tenía «principios y valores».
Es una inversión muy de este planeta. Empiezas riéndote del celoso. Acabas entendiendo por qué tiene tanto miedo: porque sabe lo que hace él.
Tus palabras valen menos que nada. Pero sí importan tus acciones y sobre todo tus reacciones cuando descubren tus intenciones.
Acciones, reacciones, intenciones. Tres palabras que riman y que cierran el expediente. La frase del medio es la más afilada: lo que importa es cómo reaccionas cuando te pillan. Por eso el numerito de la habitación era tan exagerado. Paco León era la excusa. El miedo era a que se supiera lo otro.
Destino Chueca, destino Eurovisión
Y el final vuelve a la fiesta:
¡Qué liberación! ¡Tenía esta canción guardada en un cajón! Destino Chueca, destino Eurovisión, buscando a Paco León.
«Destino Eurovisión» es la fantasía máxima del pop español. La canción que sale del cajón y llega al festival. No hay ningún plan real de ir, por supuesto, igual que no hay ningún vuelo a Gayfolk. Pero la frase tiene la alegría del que se ha quitado un peso.
España va a Eurovisión desde 1961, y el festival es desde hace décadas una fiesta mayor para el público gay de medio continente. Decir «destino Eurovisión» al final de una canción sobre celos y apellidos es como decir «y fueron felices»: el sitio adonde van las canciones cuando el cuento termina bien. Y ojo, que a veces la distancia entre un cajón y una preselección es más corta de lo que parece: en 2010, un foro de internet llevó a John Cobra a la gala de TVE a base de votos. Lo cuenta la ficha de ForoCoches en la Wikipedia.
El cajón es una imagen muy de casa. Ahí se guardan las cartas que no se mandan, las fotos que no se tiran, las canciones que no se enseñan. «Qué liberación» es exactamente eso: abrirlo y soltar lo que había dentro.
Seis minutos
Una última cosa sobre la forma. El videoclip oficial dura 6:21. Es de las canciones más largas del primer disco.
Y la estructura se nota. Tres vueltas completas a la bronca, cada una con su sueño de boda y sus apellidos, y luego una coda nueva, la del cajón, que cambia la historia. Como una sitcom con tres episodios iguales y un final de temporada que lo da la vuelta todo.
Tiene sentido para una canción que empieza en el bar de «Aída».
Para escucharla
- Ponla con tiempo. Son más de seis minutos.
- Escucha las tres vueltas de la bronca y fíjate en que no cambian. La repetición es la pareja discutiendo en bucle.
- Espera a la coda del cajón. Ahí cambia todo.
- Después, si te apetece, pon «Los ojos de Eduardo Casanova» y «¡Qué polvo tiene Paco León!». Son las dos piezas del mismo póster.
- El videoclip oficial está en el canal.
- Para prensa y curadores, la sala de prensa.
Ficha de mesilla
- Título: «La dieta del cucurrucho».
- Disco: «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», pista 39.
- Publicada: 26 de mayo de 2026.
- Autoría: letra de Mike Sain't Louis; música y voces creadas con IA.
- En Spotify y en YouTube.
- Nota: las referencias a Eduardo Casanova y Paco León son homenaje y fantasía del narrador. Ninguno de los dos participa en la canción ni tiene relación con ella.
Dos apellidos iguales. Ningún funcionario.
De León, mucho.
Preguntas frecuentes
¿Qué relación tienen Paco León y Eduardo Casanova con la canción?
Ninguna directa. Son el objeto de una fantasía del narrador, como homenaje. Los dos coincidieron en la serie «Aída» de Telecinco: Paco León como Luisma y Eduardo Casanova como Fidel.
¿Por qué «León de León»?
El narrador imagina un hijo con Paco León y, como se presenta como Miguel Ángel de León, los dos apellidos serían iguales. En España, la Ley 20/2011 del Registro Civil deja que los progenitores acuerden el orden de los apellidos; con dos Leones, no habría nada que acordar.
¿Se escribe cucurucho o cucurrucho?
La RAE recoge «cucurucho», con una erre, y así aparece en la letra. El título de la canción lo escribe con dos, como juego.
¿Quién hizo la canción?
La letra es de Mike Sain't Louis. La música y las voces están creadas con inteligencia artificial.