Salud mental
La «víctima perfecta»: heridas antiguas, un narcisista que las huele y la culpa que no era de Mike
Por Mike Sain't Louis ·

Hay canciones que esconden la frase más importante en el sitio menos llamativo. En esta, va al principio, antes del chiste, antes de la megafonía, antes de que aparezca una psicóloga inventada con su diagnóstico en la mano. Es una frase casi en susurro, de las que se escriben mirando al suelo:
yo todavía no había curado mis heridas antiguas
Luego la canción arranca a correr, se disfraza de aviso de seguridad en una oficina, llama por el altavoz a un señor inventado y termina con un insulto coreado que se ha vuelto marca de la casa. Pero la frase del principio se queda flotando, como el polvo que se ve a contraluz en una habitación cerrada. Esta crónica va de esa frase. De las heridas antiguas, de quien las huele y de la culpa que, durante años, se quedó en el lado equivocado.
El estribillo de un altavoz
Antes de entrar en lo serio, conviene situar la canción. «Usted es un puto narci psico encubierto» pertenece a «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía. Es una de esas piezas del planeta donde la rabia se viste de comedia: una empresa ficticia, una megafonía que interrumpe la jornada, un director que espera, una psicóloga que tiene que confirmar un diagnóstico. Todo es inventado, empezando por los nombres. En el diario ya hay una lectura de la canción como aviso por megafonía, con todo el humor que tiene.
Aquí interesa otra capa. La de alguien que, antes de reírse, tuvo que entender por qué le había pasado. Y la respuesta que dio en verso no es la que suele dar la gente cuando cuenta estas historias. No dice «fui tonto». No dice «no supe verlo». Dice algo más preciso y mucho más justo: que venía herido, y que el otro lo detectó.
Lo que Mike traía en la maleta
Mike Sain't Louis ha contado en público, por decisión propia, algunas cosas de su vida que explican el peso de esa frase. De niño sufrió acoso. También sufrió abusos sexuales, repetidos, en la infancia. No ha dado detalles de ninguna de las dos cosas y aquí no se van a imaginar. Basta con saber que existieron y que dejaron marcas.
Después, desde que se enamoró por primera vez a los 22, vinieron dos relaciones que él resume como fallidas. Con los años entendió que en las dos convivió con personas narcisistas. Y a los 41, cuando por fin pidió ayuda, le pusieron nombre a lo que arrastraba: depresión mayor grave, ansiedad, estrés postraumático, fobia social y un trastorno de la personalidad por evitación.
Leída con esa biografía al lado, la frase de la canción deja de ser un verso más. Es un resumen de décadas en una línea. Heridas antiguas: el colegio, la infancia, lo que pasó cuando no había palabras para contarlo. Sin curar: porque nadie las había mirado todavía. Y alguien que llega, las ve antes que nadie, y las usa.
Cómo huele una herida
Los textos de divulgación sobre manipuladores suelen explicar que estas personas tienen un radar fino para detectar a quien será más fácil de enredar. No porque tengan poderes, sino porque prueban. Un comentario aquí, una pequeña crítica allá, un exceso de atención al principio para ver cuánto se agradece. Quien viene con hambre de cariño agradece mucho. Quien aprendió de niño que su opinión no contaba, discute poco. Quien se acostumbró a pedir perdón por existir, pide perdón también por lo que no hizo.
La canción lo dice sin rodeos: el psicópata lo detecta. Y añade algo todavía más escalofriante, que ya sabía que tenía delante a la víctima perfecta. Es una idea dura de escribir sobre uno mismo, y sin embargo está escrita con una calma que sorprende. No hay autocompasión. Hay diagnóstico.
En el planeta Gayfolk abundan los animales: canarios mentirosos, chihuahuas, mariposas, pandas, vampiros. Si hubiera que elegir uno para esta canción sería un tiburón, el animal que, según se cuenta, nota una gota de sangre a mucha distancia. La comparación es exagerada, como todo en el planeta, pero sirve: la sangre no tiene la culpa de oler.
La culpa en el lado equivocado
Durante mucho tiempo, quien sale de una relación así se hace siempre la misma pregunta: ¿por qué no me di cuenta? Y la pregunta tiene trampa. Coloca toda la responsabilidad en quien fue engañado, como si la obligación de detectar la mentira fuera mayor que la de no mentir.

La frase de la canción da la vuelta a esa pregunta sin hacer ruido. Al principio, sí, no me di cuenta de nada. Pero no porque fuera tonto ni ingenuo, sino porque traía heridas sin curar y alguien eligió precisamente eso. La pregunta correcta deja de ser «¿por qué no lo vi?» y pasa a ser «¿por qué alguien buscó a una persona herida?». Esa segunda pregunta no tiene respuesta en el que fue herido. La tiene en el otro.
Esto no significa negar lo que uno puede aprender. Reconocer patrones ayuda a protegerse en el futuro. Pero hay una diferencia enorme entre aprender y culparse. Aprender mira hacia delante. Culparse se queda dando vueltas en la misma habitación, como un ventilador de techo que mueve el aire caliente sin enfriar nada.
Un niño que aprendió a callar
Hay algo que el acoso escolar enseña muy pronto y muy bien: a hacerse pequeño. A no llamar la atención. A pensar que si te pasan cosas malas será porque algo de ti las provoca. El diario tiene una entrada sobre el acoso escolar y sus huellas que explica cómo esas lecciones sobreviven a la infancia y se cuelan en la vida adulta.
En el catálogo de Mike, «Tan cateto» es la canción que mejor contesta a aquellos que se burlaban en el patio, con la respuesta que un niño no pudo dar. «Usted es un puto narci psico encubierto» enseña la otra cara: lo que ocurre cuando aquel niño crece sin haber desaprendido lo que le enseñaron. Llega a la edad adulta con una idea grabada, que el problema es él, y esa idea es exactamente la puerta por la que entra un manipulador.
Ninguna de las dos canciones cuenta la infancia de Mike con detalles. No hace falta. Lo que comparten es una mirada: la de alguien que, por fin, entiende que lo que le pasó tenía causas fuera de él.
Lo que no se cuenta y lo que sí
Mike ha decidido hablar de los abusos de su infancia sin dar ningún detalle. Es una decisión que merece respeto absoluto, y que además enseña algo útil a cualquiera que esté pensando en contar su propia historia: se puede decir que algo pasó sin describirlo. Se puede nombrar sin exponerse. El testimonio no se mide por la cantidad de información.
La canción hace lo mismo. Habla de heridas antiguas, en plural, sin especificar cuáles. Quien conozca la biografía de Mike podrá imaginar a qué se refiere; quien no la conozca pensará en las suyas propias. Esa vaguedad deliberada tiene algo de generoso: deja hueco para que cada oyente meta sus heridas en la frase y se reconozca.
En el manifiesto del planeta, la sección de proceso habla de canciones que existen porque necesitan existir, más cerca del diario o la literatura confesional que del producto. Esta frase es confesional en estado puro, aunque luego la canción se ponga la peluca de la comedia.
Por qué la comedia viene después
Tras la frase seria, la canción cambia de registro de golpe. Atención, atención, advertencia de seguridad. Hay un psicópata narci en la empresa. Se llama por megafonía a un señor que, evidentemente, no existe. Lo espera el director de una empresa con nombre de chiste. Lo espera también una psicóloga, para confirmar el diagnóstico.

Ese salto de tono tiene una lógica emocional muy reconocible. Después de decir lo más difícil, uno necesita respirar. Y la risa es una forma rápida de hacerlo. No borra lo dicho, pero lo hace soportable. Primero la confesión, luego el alivio. Es lo que pasa en muchas conversaciones entre amigos: alguien cuenta algo durísimo y, al terminar, otro suelta un chiste, y todo el mundo ríe un poco más alto de lo necesario. No es frivolidad. Es cuidado.
La megafonía, además, tiene una función simbólica preciosa. Lo que durante años fue un secreto (lo que el manipulador hacía en privado, lo que nadie veía) se anuncia ahora por el altavoz para que lo oiga toda la oficina. Es la fantasía de cualquier persona que sufrió abuso psicológico: que por fin alguien lo diga en alto, delante de todos, sin que puedan negarlo.
La psicóloga de la canción
Hay un detalle de la letra que hace sonreír: la psicóloga que confirma el diagnóstico aparece presentada como la mejor, con todo el cariño castizo del planeta.
Conviene ser muy claro: es un personaje de ficción dentro de una sátira. No es la profesional real que ayuda a Mike, de quien aquí no se da ningún dato que permita identificarla. Pero la presencia de una psicóloga en la canción no es casual. En el universo de Mike, la figura del profesional de la salud mental aparece como alguien que pone nombre a las cosas, que confirma lo que uno sospechaba y no se atrevía a decir.
Mike ha querido agradecer públicamente la ayuda de su psicóloga, una buena profesional que le está ayudando a salir adelante. En esta canción, esa gratitud se convierte en caricatura afectuosa: la psicóloga como la que, al fin, dice con todas las letras lo que pasaba.
Escribir para cambiar de sitio la culpa
¿Qué hace exactamente escribir una frase así? Varias cosas, y todas tienen que ver con el lugar desde el que se mira.
Primero, obliga a formular. Mientras la culpa está dentro, es una sensación difusa, un malestar sin palabras. Al escribir hay que elegir verbos, sujetos, tiempos. Y al elegirlos, uno se da cuenta de quién hizo qué. «Yo no había curado mis heridas» (sujeto: yo; responsabilidad: ninguna, porque una herida no se elige). «El psicópata lo detecta» (sujeto: él; acción: detectar, aprovechar). La gramática coloca la culpa donde corresponde.
Segundo, fija. Lo escrito no cambia cada vez que lo recuerdas. En una relación con un manipulador, la memoria se vuelve inestable: él dice que no pasó, que exageras, que lo soñaste. Una letra es un documento. Lo que dice, dice.
Tercero, comparte. Una frase publicada deja de ser un pensamiento privado. Otras personas la leen, la escuchan, se reconocen. Y cuando alguien se reconoce, la culpa individual empieza a disolverse en algo colectivo: esto no me pasó por ser como soy, esto les pasa a muchas personas que vienen heridas.
Las heridas que nadie miró
Hay una palabra en la frase que merece atención aparte: «todavía». Yo todavía no había curado mis heridas antiguas. Ese adverbio contiene una esperanza discreta. Todavía no, pero algún día sí. Las heridas antiguas no son una condena perpetua; son algo que se puede atender, aunque llegue tarde.

Mike llegó a la consulta a los 41. Hay quien llega antes y quien llega después. No existe una edad correcta para empezar a mirar lo que duele. Lo que sí existe es una diferencia enorme entre una herida que nadie ha mirado y una herida que se está tratando. La primera sangra en silencio y atrae tiburones. La segunda, poco a poco, se cierra y deja cicatriz. Y las cicatrices, como dice tanta gente que ha pasado por ahí, ya no huelen.
En el diario hay un texto sobre el estrés postraumático explicado que ayuda a entender por qué ciertas heridas de la infancia siguen activas décadas después, como alarmas que saltan con estímulos que ya no son peligrosos.
El tiempo que tarda en caer la máscara
Una de las preguntas que más se repiten en estas historias es por qué se tarda tanto en ver lo que pasa. La respuesta tiene que ver con cómo empiezan estas relaciones. Al principio, la persona manipuladora suele ser seductora hasta el extremo: hechiza. Da exactamente lo que la otra persona necesitaba. Si venías de una infancia en la que no te escucharon, te escucha. Si venías del desprecio, te admira. Si venías de la soledad, no se separa de ti.
Ese principio funciona como un ancla. Cuando, meses o años después, empiezan los desprecios, los silencios y las mentiras, uno sigue agarrado al recuerdo de aquellos primeros días. Piensa que la persona real es la del principio y que lo de ahora es una mala racha. Tarda en aceptar que fue al revés: que el principio era el disfraz.
La canción comprime todo ese proceso en una línea: no me di cuenta de nada al principio. Y es verdad que al principio no había nada que ver, porque estaba todo diseñado para que no se viera. Pedir a alguien herido que detecte una trampa preparada justo para su herida es pedirle demasiado.
Pedir ayuda sin pedir perdón
Hay una costumbre que muchas personas con heridas antiguas arrastran hasta la consulta del psicólogo: pedir perdón por estar allí. Perdón por quitar tiempo, perdón por llorar, perdón por no saber explicarse, perdón por no haberlo resuelto solo. Es la misma lógica que las dejó expuestas: la idea de que su malestar molesta.
Ir a terapia no es una molestia ni un fracaso. Como se recuerda en el diario, pedir ayuda no es fracasar. Mike lo hizo a los 41 y ha querido contarlo para que otros no esperen tanto. En la consulta, además, la frase de esta canción puede ser un buen punto de partida: «vengo con heridas antiguas que nadie miró». No hace falta más para empezar.
La lista de las cosas que no eran culpa suya
Para quien esté leyendo esto con una historia parecida, puede servir hacer una lista. No de lo que hiciste mal, sino de lo que no era culpa tuya. Una lista posible, sacada del espíritu de esta canción:
- Que te hicieran daño de niño no fue culpa tuya.
- Que nadie te ayudara a curar esas heridas no fue culpa tuya.
- Que alguien las detectara y las usara no fue culpa tuya.
- Que tardaras en darte cuenta no fue culpa tuya: estabas dentro, y desde dentro no se ve.
- Que te costara irte no fue culpa tuya: las relaciones con manipuladores están diseñadas para que cueste.
La lista no borra el dolor, pero ordena la responsabilidad. Y ordenar, en el universo de Mike, es casi siempre el primer paso. Componer como forma de pensar, ordenar recuerdos, elaborar pérdidas: así se describe el proceso en la web del planeta.
Cuando la familia no entiende
Una de las cosas más difíciles de este tipo de historias es explicarlas a quien no las ha vivido. Desde fuera, una relación con un manipulador parece fácil de dejar. Y las heridas de la infancia, si nunca se contaron, son invisibles para la propia familia. Hay conversaciones que duelen precisamente porque el otro no tiene las piezas para entender.

En el diario hay una guía para hablar de salud mental en familia que puede ayudar a empezar. No hace falta contarlo todo de golpe. A veces basta con una frase, como la de esta canción: venía herido y alguien lo aprovechó. Es una frase que cualquiera puede entender sin necesidad de detalles.
El orgullo de ponerle nombre
Hay algo profundamente queer en la operación que hace esta canción. Durante siglos, las personas LGTBI han cargado con culpas ajenas: la culpa de ser como eran, la culpa de provocar el rechazo, la culpa de no encajar. Buena parte de la historia del movimiento ha consistido en devolver esas culpas a quien correspondía: no eres tú quien está mal, es la mirada que te juzga.
La canción aplica esa misma lógica a una historia íntima. No eres tú quien estaba mal por venir herido; es quien buscó a alguien herido para aprovecharse. Ese desplazamiento de la culpa tiene mucho de orgullo, en el sentido más político de la palabra. No se trata de presumir de nada, sino de dejar de agachar la cabeza.
Si te reconoces en esta historia
Puede que hayas llegado hasta aquí porque te ha pasado algo parecido. Quizá vienes de una infancia difícil y has caído en relaciones que te vaciaron. Quizá te sigues preguntando por qué no te diste cuenta. No estás solo, y no es culpa tuya.
Hablar con un profesional ayuda a entender los patrones sin culparse. En España puedes pedir cita en tu centro de salud, o acudir a servicios LGTBI como el de COGAM, que ofrece atención psicológica gratuita. Si en algún momento sientes que no puedes más y temes por tu vida, llama al 024, gratuito y disponible siempre. En una emergencia, 112. Para hablar con alguien que escucha, el Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717. Si eres menor o te preocupa un menor, la Fundación ANAR atiende en el 900 20 20 10. Y si vives fuera de España, en findahelpline.com encontrarás la línea de tu país.
Una vulnerabilidad que no es invitación
La última idea, quizá la más importante. Ser vulnerable no es una invitación a que te hagan daño. Tener heridas no es una señal que autorice a nadie a aprovecharlas. Esto, que parece obvio dicho así, cuesta muchísimo creérselo cuando uno ha vivido lo contrario.
Como recuerda otro texto del planeta, la vulnerabilidad forma parte de estar vivo. La canción no pide perdón por la herida. La nombra, explica lo que pasó y, a continuación, llama por megafonía al responsable para que se presente en dirección. Esa es la secuencia: nombrar la herida, señalar al que la usó y seguir adelante, con el altavoz todavía encendido.
Ficha
La canción se puede escuchar en Spotify. La empresa, el señor llamado por megafonía y la psicóloga de la canción son personajes inventados. Mike Sain't Louis es letrista, compositor y productor musical, desde Madrid; la música e interpretación vocal están hechas con IA. El acoso y los abusos de su infancia, las dos relaciones fallidas, los diagnósticos a los 41 y la ayuda de su psicóloga son hechos que él mismo ha decidido contar, sin detalles. Lo que se lee aquí puede acompañar; no reemplaza una consulta. Notas oficiales en la sala de prensa.
Preguntas frecuentes
¿Qué significa sentirse «la víctima perfecta» de un narcisista?
Es la sensación, muy común, de que quien manipula detectó una herida previa (baja autoestima, soledad, traumas de la infancia) y la aprovechó. Que alguien explote una herida no convierte a la persona herida en culpable.
¿Qué cuenta la canción de Mike Sain't Louis sobre esto?
Arranca con una confesión: que todavía no había curado sus heridas antiguas y que el manipulador lo detectó. Luego se convierte en una parodia de megafonía de empresa que anuncia el diagnóstico del personaje. Es del disco «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Mike es letrista, compositor y productor musical; la música e interpretación vocal están hechas con IA.
¿Las experiencias de la infancia influyen en las relaciones adultas?
Pueden influir en lo que uno tolera, en cómo pone límites o en cuánto duda de sí mismo. Trabajarlo con un profesional ayuda a reconocer patrones sin cargar con la culpa.
¿A quién acudo si me reconozco en esto?
A tu médico de familia o a un servicio de psicología. COGAM atiende gratis a personas LGTBI. Si sientes que tu vida corre peligro, 024; en emergencias, 112. Desde fuera de España, findahelpline.com.