Humor
Expediente de canonización por comparación: «María Teresa de Calcuta», santa sin moverse del sofá
Por Mike Sain't Louis ·

Para que la Iglesia declare santa a una persona hace falta un proceso largo, lento y con mucho papeleo. Se abre una causa. Se nombra a un postulador que la defiende. Se estudia la vida entera del candidato. Hay que demostrar virtudes heroicas. Hacen falta milagros. Y durante siglos hubo una figura encargada de poner pegas a todo, a la que el pueblo llamó el abogado del diablo.
Es un trámite de años. A veces de siglos.
«María Teresa de Calcuta» propone un atajo. Para ser santa no hace falta ninguna de esas cosas. Basta con ponerte al lado de alguien que lo ha hecho fatal. Por comparación, sin moverte del sofá, sin haber hecho nada especial, te sale la aureola sola.
«Ahora mismo a tu lado soy María Teresa de Calcuta»
Así arranca la canción, y es la frase que todo el mundo ha dicho alguna vez en una barra o en un grupo de WhatsApp. «A tu lado soy la madre Teresa». No habla de la religiosa como persona, ni de su vida, ni de su historia. La usa como se usa en la calle: como unidad de medida de la bondad. El metro patrón de la santidad.
Antes de empezar, una nota del expediente. El ex que aparece en la letra, con nombre y dos apellidos, es un personaje inventado. Ficción del universo GAYFOLK. Como lo es toda esta causa.
Dicho esto, el planeta abre el expediente. Con sello, carpeta y cinta roja.
Apertura de la causa
Toda causa de canonización empieza con una petición formal. Alguien considera que una persona merece ser reconocida como santa y lo pide por escrito, con datos.
Aquí la petición la hace la propia interesada, cosa que en Roma no se permite, pero en el planeta sí. Y los datos que aporta no son sobre su propia vida, sino sobre la del otro:
«de repente te han cazado, hay gato encerrado / es malo, es infiel, te hace daño»
Es el informe más corto de la historia del derecho canónico. Cuatro hechos en dos versos. Le han cazado. Hay gato encerrado. Es infiel. Hace daño. No hacen falta testigos ni archivos. Basta con la cara que se te queda cuando lo descubres.
Y la valoración final del tribunal, por si quedaba duda:
«¡A mí me da mucho mucho asco!»
Ese «mucho mucho», repetido, es la firma del documento. No es un asco educado. Es el asco de verdad, el que se dice con la nariz arrugada y la mano en el pecho.
El postulador
En una causa de santidad, el postulador es la persona que la defiende y la impulsa. Recopila pruebas, presenta documentos, mueve papeles en los despachos.
En esta canción, el postulador y la candidata son la misma persona, y la estrategia de defensa es de una sencillez aplastante: no hablar nada de sí misma. No enumera sus virtudes. No cuenta lo buena que fue en la relación, ni lo que aguantó, ni lo que perdonó. Solo señala al otro.
Es una técnica que cualquiera que haya salido de una relación tóxica reconoce. Durante mucho tiempo dudas de ti. Te preguntas si exageras, si eres tú el problema, si tendrías que haber hecho algo distinto. Y un día ves las cosas claras, comparas, y te das cuenta de que no. Que al lado de lo que hubo, tú eras una santa. No porque fueras perfecta, sino porque la vara de medir estaba por los suelos.
La canción convierte ese momento de claridad en estribillo. Y lo hace con guasa, que es la única forma de defender una causa así sin que se te caiga la cara de vergüenza.
Siervo de Dios: el primer paso
Cuando se abre una causa, el candidato recibe el título de siervo de Dios. Es el primer escalón. Todavía no es nada, pero ya está en la lista.

En la canción, el primer escalón es la dedicatoria. Llega en mitad del tema, con tono de presentadora de gala de los sábados por la noche:
«esta canción va dedicada a mi ex que como todos ustedes saben se llamaba y se llama Sergio Antonio Lara / para ti mi alma»
Hay tres cosas en este verso que me parecen oro puro.
La primera es el «como todos ustedes saben». Como si el público de la sala llevara meses siguiendo el culebrón y no hiciera falta presentar a nadie. Es el gesto de las folclóricas en los programas de variedades, cuando hablaban de sus asuntos privados ante media España como si fuera una conversación en el patio de vecinas.
La segunda es el «se llamaba y se llama». Esa corrección en directo es comedia de la mejor. Como si al decir «se llamaba» la presentadora de turno se diera cuenta de que el señor sigue vivo, por desgracia, y lo arreglara sobre la marcha. Se llamaba. Y se sigue llamando. Para pena de todos.
La tercera es el «para ti mi alma». Pura ironía de bolero. La dedicatoria más tierna del repertorio, aplicada a quien menos la merece.
Y sí, el nombre y los apellidos son inventados. Pero la dedicatoria con nombre y apellidos es un género en sí misma, de los que hacen temblar los salones de boda.
Virtudes heroicas
Para pasar al siguiente escalón, venerable, la causa tiene que demostrar que el candidato vivió las virtudes en grado heroico. Fe, esperanza, caridad, paciencia. Todo a lo grande.
La canción no las enumera, y no le hace falta. Las virtudes heroicas se deducen del resto. Si él era malo, infiel y hacía daño, la persona que estaba a su lado tuvo que practicar una paciencia de mártir. Si había gato encerrado, hubo que tener fe para no verlo durante un tiempo. Si al final te han cazado, hubo esperanza hasta el último día.
Esa es la gracia de la comparación: las virtudes propias no se cuentan, se infieren. Es como el negativo de una foto. Lo oscuro del otro dibuja la silueta de tu aureola.
El abogado del diablo
Durante siglos, en los procesos de canonización existió un cargo oficial, el promotor de la fe, al que todo el mundo llamaba abogado del diablo. Su trabajo era buscar los fallos del candidato, poner objeciones, dudar de todo. En 1983 el procedimiento se reformó y el papel perdió mucho peso, pero la expresión se quedó en el idioma para siempre.
En la canción, el abogado del diablo aparece en el estribillo, y no viene a defender a nadie, sino a soltar lo que nadie se atrevía a decir:
«¡si hasta te gusta que te llamen puta!»
Es el contrapunto descarado de la santidad. Frente a la monja más famosa del mundo, el insulto más castizo del diccionario. Y en el estribillo final la palabra se repite tres veces seguidas, sin pudor y con muchísima guasa, como un coro de verbena.
Esa mezcla de lo solemne y lo canalla en el mismo verso me parece muy de copla moderna. La copla siempre supo poner juntas a la Virgen y a la mala vida, el rosario y la navaja, el altar y la taberna. Sobre eso el planeta ya ha escrito en copla y queer: el género más popular de España lleva un siglo hablando de deseos que no se podían nombrar, con mucho más descaro del que parece.
Y lo que dice el abogado del diablo aquí, además, no es un insulto contra el otro por sus gustos en la cama. Es una pulla contra la hipocresía. Contra el que presume de una cosa en público y de otra en privado. Porque en el planeta cada cual disfruta como quiera. Lo que no se perdona es la doble vida.
Primer milagro: el gato encerrado
Para la beatificación hace falta, en general, un milagro probado. Algo que no tenga explicación natural y que se atribuya a la intercesión del candidato.

El primer milagro de esta causa está en el primer verso del informe: «hay gato encerrado». Y el milagro consiste en verlo.
Porque cualquiera que haya vivido una infidelidad sabe que lo más difícil no es descubrirla. Es aceptar lo que ya sabías. Los mensajes que se borraban. El móvil boca abajo en la mesa. Los viajes de trabajo que se alargaban un día. Las excusas que no cuadraban. Todo estaba ahí. Y durante meses no lo quisiste ver.
El día que lo ves, se produce el milagro. No el de que te curen una enfermedad, sino el de que se te caiga la venda. Y es tan prodigioso como cualquier otro.
Beatificación
Con el primer milagro, el candidato es beato. Ya se le puede venerar en su diócesis, en su pueblo, en su barrio.
En esta causa, la beatificación ocurre en el grupo de amigos. Es el momento en que cuentas lo que ha pasado y todo el mundo se pone de tu parte. «Ay, cariño, si es que tú eres una santa». «A su lado eres la madre Teresa». «Con lo que le has aguantado». Y tú, que estabas destrozada, de repente tienes una pequeña aureola de cartón en la cabeza.
Para ese momento está hecha la canción. Para la sobremesa en la que alguien saca el tema por quinta vez y el resto ya no sabe qué decirle. No hace falta decir nada. Se pone el estribillo, se grita a coro y el asunto queda zanjado hasta la próxima.
La beatificación por WhatsApp es más rápida que la de Roma. Y bastante más divertida.
La cita de la grande
En mitad de la canción aparece otra dedicatoria, más elegante, que no podía faltar en un expediente como este:
«Como diría esa grande María de la Colina / a ti dedicada que me has obligado a olvidar un te quiero de la noche a la mañana»
La letra invoca a una grande de la canción española para hablar de una ruptura de golpe. Olvidar un te quiero de la noche a la mañana. Es la forma más dramática y más española de contar que alguien te ha roto sin avisar.
En las causas de santidad se citan los escritos de los padres de la Iglesia. Aquí se cita a una grande de la copla, que en el planeta viene a ser lo mismo. El tono cambia por un momento, se pone de mantilla, y luego vuelve el estribillo con toda su desvergüenza.
Esa es la técnica de la canción entera: subir y bajar. La santa y la puta. La copla y el WhatsApp. La gala y el patio.
La objeción de la PrEP
Toda causa tiene objeciones. Esta tiene una muy concreta, muy de hoy:
«Me da a mí que lo de tu preocupación / por la PrEP es puro fake»
La PrEP es la profilaxis preexposición frente al VIH, una pastilla que se toma para prevenir la infección y que en España cubre la sanidad pública desde 2019. Para muchos hombres que se acuestan con hombres ha supuesto una revolución en la forma de cuidarse. Hay pocas cosas más serias en la salud sexual de la comunidad.
Y por eso la pulla es tan afilada. El personaje de la canción se mostraba muy preocupado por la PrEP. Muy responsable. Muy de hacer preguntas. Y la letra sospecha que era pura pose. Que la preocupación era un decorado más, como la fidelidad.
El planeta ha escrito sobre VIH, memoria y presente, y sabe que con la salud no se juega. Precisamente por eso, quien usa el cuidado como disfraz merece su objeción en el expediente. Con anglicismo incluido. «Puro fake». Que suena a corrillo de terraza, a amiga que te mira por encima de las gafas de sol y te dice que no te creas nada.
Segundo milagro: olvidar
Para la canonización hace falta un segundo milagro. El definitivo.

En esta causa, el segundo milagro es el que pide la cita de la grande: olvidar un te quiero de la noche a la mañana. Que no es fácil. Que es casi imposible. Los te quiero se quedan pegados en las paredes de la casa, en las canciones de la radio, en los sitios a los que ibais juntos.
Pero la canción lo intenta. Y la forma de intentarlo es la repetición. Repetir el estribillo hasta que el nombre del ex se convierta en un chiste. Hasta que la dedicatoria de gala dé risa en vez de pena. Hasta que el «se llamaba y se llama» sea solo una frase graciosa que coreas con tus amigos a las tres de la mañana.
Cuando eso pasa, el milagro está hecho. No has olvidado del todo. Pero ya no duele. Y para la canonización, en el planeta, con eso basta.
Iconografía popular de la santidad
El castellano está lleno de santos de andar por casa. Cada uno tiene su frase, y todas sirven para medir lo que te ha tocado aguantar.
Está «tener más paciencia que el santo Job», el personaje bíblico que lo perdió todo y siguió sin quejarse, y que en España se invoca cada vez que alguien soporta lo insoportable. Está «más bueno que el pan», que es la santidad en versión panadería. Está «un santo varón», que se decía de los señores tranquilos de misa diaria y que hoy suena a ironía en cualquier boca. Está «quedarse para vestir santos», la frase cruel que se usaba con las mujeres que no se casaban, como si su único destino fuera arreglar las imágenes de la parroquia. Y está, por supuesto, «a tu lado soy la madre Teresa», que es la que toma la canción.
Todas tienen algo en común: son santidades de comparación. Nadie es santo Job en abstracto. Lo es por lo que le cae encima. Nadie es más bueno que el pan sin que haya alguien al lado que sea más malo que la quina.
Y hay otra cosa que me gusta mucho de este santoral de refranero: es un santoral de pueblo, de cocina y de patio. No sale de los libros, sale de las conversaciones. Lo usan las abuelas para consolar a la nieta, las amigas para animar a la que acaba de romper, los compañeros de trabajo para hablar del jefe. Es la teología del día a día.
La canción coge esa teología popular y la sube a un escenario. Le pone luces, coro y estribillo. Y de paso, recupera una de las frases para las suyas. Porque lo de «quedarse para vestir santos» se decía con desprecio, y aquí la santa no se queda vistiendo a nadie: se va de fiesta.
En el planeta, la que se queda sola después de un infiel no se queda para vestir santos. Se viste ella. Y sale.
Canonización
Y aquí termina el expediente. La candidata es declarada santa. Por comparación, pero santa.

En toda la canción no cae ni una lágrima. Hay veredicto, firma y sello. La traición queda apuntada en el acta, con música de fondo, y la candidata sale del tribunal por su propio pie, riéndose. En el planeta la risa es el camino más corto para volver a quererse.
Porque la santidad por comparación tiene una ventaja sobre la de verdad: no hay que ser perfecta. Basta con no ser como el otro. Y eso, después de una relación así, ya es muchísimo.
Reliquias y estampitas
A los santos se les dedican estampitas, medallas, novenas. A esta santa se le dedica un videoclip.
«María Teresa de Calcuta» tiene un videoclip oficial de algo más de cuatro minutos y medio, en la web y en YouTube. Es la estampita moderna: se lleva en el bolsillo, en el móvil, y se reparte en los grupos de amigos cuando alguien necesita un poco de santidad por comparación.
La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», uno de los tres discos de la trilogía GAYFOLK, y salió el 29 de mayo de 2026.
El santoral del disco
En la discografía de la web, la santa tiene dos vecinas de capilla.
Antes va «La boca», que es todo lo contrario del silencio de los conventos: una canción sobre hablar cuando te han mandado callar. Después va «MARÍA MARÍA», que repite el nombre más devoto del santoral español dos veces, en mayúsculas, como si fuera un grito desde la orilla.
Tres canciones seguidas con la boca abierta, los nombres de santas y vírgenes por medio y muy poca intención de pedir perdón. Si eso no es camp, que baje alguien del cielo y lo diga.
Ficha del expediente
Para el archivo, los datos de rigor.
La letra de «María Teresa de Calcuta» es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical de Madrid, que la escribió sin IA. La música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno. Todo eso está contado con más calma en la sección de prensa.
Se escucha en Spotify y en el resto de plataformas, y se descarga gratis desde la web. Sin limosna. Sin cepillo a la salida.
Novena para después de un infiel
Las novenas son nueve días de oraciones seguidas para pedir algo. El planeta propone la suya, más corta y con menos incienso.
Día uno: borrar las fotos del móvil, o por lo menos esconderlas en una carpeta con un nombre aburrido. Día dos: devolver la sudadera que se dejó en tu casa, o donarla, que también es obra de caridad. Día tres: silenciar sus historias. Día cuatro: contárselo todo a tu mejor amiga, con pelos y señales. Día cinco: dejar de contarlo. Día seis: salir a cenar con gente que te quiere. Día siete: escuchar el estribillo a todo volumen en la ducha. Día ocho: no mirar su perfil. Día nueve: mirarlo, reírte y cerrarlo.
Y al décimo día, si todo ha ido bien, te das cuenta de que llevas veinticuatro horas sin acordarte de él. Que es el único milagro que de verdad importa.
No hace falta rezarla en latín. Con el estribillo de fondo, sale sola.
Amén
En las misas de pueblo, cuando el cura termina, todo el mundo dice amén y sale a la plaza a tomar el vermú. Es el momento en que lo solemne se acaba y empieza la vida.
Esta canción funciona igual. Te pone la aureola, te deja coreando el estribillo y te manda a la plaza. A tomarte algo con tus amigos. A contar lo de tu ex una vez más, pero esta vez riéndote.
Ahora mismo, a su lado, eres María Teresa de Calcuta.
Y no tienes que hacer nada más para merecerlo.
Amén. Y a la plaza.
Preguntas frecuentes
¿La canción habla de la religiosa real?
No. El título usa a una figura conocidísima como hipérbole popular de bondad, como en la frase de barra «a tu lado soy la madre Teresa». La canción no cuenta nada sobre su vida.
¿Sergio Antonio Lara es una persona real?
No. El ex al que va dedicada la canción es un personaje inventado del universo GAYFOLK. La dedicatoria de gala es parte del chiste.
¿En qué disco está «María Teresa de Calcuta»?
En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», uno de los tres álbumes de la trilogía GAYFOLK. Salió el 29 de mayo de 2026 y tiene videoclip oficial.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya y está escrita sin IA; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial como Suno.