Humor
Parrilla de una ruptura: «Me rindo» programada como un día entero de televisión
Por Mike Sain't Louis ·

«¿Todo eso eran tomas falsas de La que se avecina o de Caso cerrado?»
Hay preguntas que solo se pueden hacer en España, y esta es una de ellas. Para entenderla hace falta haber pasado muchas noches en el sofá con la manta de cuadros y el mando en la mano, haciendo zapping entre la comunidad de vecinos más gritona de la ficción nacional y un juzgado de la tele donde la gente se tira los trastos a la cabeza delante de una doctora que no se despeina. Si sabes de qué hablo, «Me rindo» te va a doler en un sitio muy concreto. Justo debajo del mando.
Esta crónica lee la canción como lo que parece: la programación completa de un día de tele. De la primera hora de la mañana a la teletienda de madrugada. Todos los canales emiten lo mismo. Una ruptura.
07:00 · Informativo matinal
La letra arranca con el parte del día, y el parte es grave. «Porque cuando abro mi corazón de verdad, / porque cuando disecciono en 40 partes mi personalidad». Cuarenta partes. No veinte, no cincuenta. Cuarenta, como los principales.
El presentador de las siete de la mañana suele resumir en un minuto lo que va a pasar en todo el día. Esta línea hace lo mismo. Anuncia que alguien se ha abierto en canal. Que se ha diseccionado como una rana en clase de biología del instituto, con alfileres y todo. Y que el otro ha visto el interior entero.
Y el titular de apertura, que es el que se repetirá todo el día, viene a continuación: en ese instante exacto, ya me has ganado, ya me has enamorado, porque me has comprendido y me has abrazado.
Un buen informativo no opina en el titular. Esta letra tampoco. Cuenta el momento del enamoramiento con una sencillez de telegrama, y lo cuenta bien, sin adornos. La comprensión y el abrazo. Así de simple empezó todo. Lo que viene después es lo que se emite el resto del día.
09:30 · Magacín de mañana
Después del informativo, el magacín. Ese programa de mesa redonda donde cinco señores y dos señoras opinan sobre la vida de alguien que no está en plató. Aquí el ausente es el listo: «será que el que se cree listo en el fondo es un circo».
Un circo. Qué imagen tan del planeta. El que se las daba de inteligente, el que siempre tenía razón, el que corregía tu forma de cargar el lavavajillas, resulta que por dentro era una carpa con payasos, trapecistas sin red y un elefante triste dando vueltas. La letra no lo insulta con un adjetivo genérico. Le monta un espectáculo entero en una sola palabra.
En el magacín de las nueve y media, esa frase daría para dos horas de tertulia. Habría una colaboradora que diría «yo ya lo sabía», un experto en lenguaje corporal analizando la sonrisa del listo en las fotos de vacaciones y un presentador que pediría paso a publicidad justo cuando la cosa se pone interesante.
11:00 · Pausa publicitaria
Y llega la publicidad. Un anuncio de chocolatina. El eslogan que medio país sabe de memoria, sobre tomarse un respiro. La letra lo coge y lo estira hasta el infinito: «necesito un eterno Kit Kat».
Esto es humor de la casa en estado puro. El drama gordo, la disección en cuarenta partes, el circo del listo, y de repente una marca de supermercado. Igual que en otras canciones del catálogo aparecen Mercadona, SHEIN o el Todo a 1 euro, aquí aparece la chocolatina de la pausa. El desamor tremendo cabe en un envoltorio rojo.
Pero el adjetivo es lo que hace el chiste. «Eterno». Un descanso de cinco minutos no basta. Hace falta un descanso para siempre. Uno que no se acabe nunca, que nadie te diga «venga, vuelve al trabajo», que dure lo que dure la resaca emocional de haber estado con quien estuviste. Es la pausa que pide quien ya no puede más y lo sabe.
Y justo después, la frase que da título a la canción y que el estribillo repetirá como una sintonía de cadena: me rindo, y sigo temblando siempre.
12:00 · Sintonía de la cadena
Toda cadena tiene una sintonía que suena entre programa y programa. Te la sabes aunque no quieras, te la sabes de memoria aunque lleves años sin ver esa cadena. En «Me rindo», la sintonía es el estribillo, repetido tres veces seguidas, una detrás de otra, sin variaciones. Me rindo, y sigo temblando siempre.

Hay que fijarse en la conjunción. No es «me rindo y dejo de temblar». No es «me rindo y por fin descanso». Es «me rindo, y sigo temblando». La rendición no trae paz. Uno levanta la bandera blanca y el cuerpo sigue en guerra. Las manos tiemblan igual. El estómago sigue haciendo lo mismo de siempre cuando suena el móvil.
Quien haya salido de una relación de este tipo conoce esa paradoja. Te dices que ya está, que se acabó, que has tirado la toalla. Y por la noche, cuando vibra el teléfono en la mesilla, das un respingo como si te hubieran echado un cubo de agua fría. La cabeza se rinde mucho antes que el cuerpo.
Por cierto: «Y sigo temblando siempre» es también el título de otra canción de este mismo disco, la pista 5 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», que se puede encontrar en la página del álbum. Entre la 5 y la 14 la frase viaja. El planeta tiene esa costumbre: un verso se convierte en título, un título vuelve como verso.
14:00 · Telediario de mediodía
A mediodía el tono se pone serio. Llegan los datos. Y los datos, en esta letra, vienen con una pregunta retórica que es de las mejores del catálogo:
«¿En serio, a las personas narcisistas no os duele la sangre ni un tres por ciento?»
Un tres por ciento. Ni siquiera pide que le duela entera. Se conforma con una cifra de encuesta, con un porcentaje de rebaja de supermercado. Si al menos te doliera un tres por ciento, vendría a decir la frase, ya sería algo. La exigencia es tan baja que da risa. Y la risa es lo que te deja ver lo que hay debajo: que ni ese tres por ciento ha aparecido.
El telediario de las dos suele cerrar con un dato económico. Este cierra con un dato emocional: la empatía del otro está por debajo del umbral mínimo. Si fuera una empresa, estaría en concurso de acreedores.
Y luego, la frase dura del mediodía: «Para mí esto es como haber despertado en el infierno».
15:30 · Telenovela de sobremesa
Después de comer, la telenovela. Y en «Me rindo» la telenovela es un álbum de fotos. La letra lo saca de golpe, como quien abre un cajón y se encuentra el pasado entero: los viajes al pueblo, el paseo con los perros, las navidades, y una frase entre comillas que suena a voz grabada en la memoria: «ven aquí, no llores».
Esa frase es el centro de la canción, y la crónica no tiene ganas de hacer chistes con ella. Es lo más tierno que se le puede decir a alguien. Ven aquí. No llores. Es lo que te decía tu madre cuando te caías de la bici. Es lo que te dice quien te quiere cuando estás en el suelo.
Y ahora resulta que también lo decía quien no te quería. Eso es lo que convierte esta sobremesa en un culebrón: el descubrimiento de que los recuerdos buenos a lo mejor no eran buenos. Que el paseo con los perros era atrezo. Que las navidades eran decorado.
16:00 · Tomas falsas
Y ahí, en mitad de la telenovela, aparece la pregunta con la que empezaba esta crónica. ¿Todo eso eran tomas falsas de La que se avecina o de Caso cerrado?

Hay que pararse en la palabra exacta. No dice «mentiras». Dice «tomas falsas». Las tomas falsas son ese momento de los créditos en el que ves a los actores equivocarse, reírse, salirse del personaje. Son lo que había detrás de la escena. Lo que no te iban a enseñar.
La pregunta, por tanto, es todavía más cruel que «¿me mentiste?». Es: ¿estabas actuando y yo era el único que no sabía que había cámaras? ¿Era yo el público? Ese es el vértigo de descubrir que estuviste con un narcisista: no que te engañara en algo concreto, sino que toda la relación tuviera guion.
Y el detalle de la comedia es importante. La que se avecina no es un drama. Es una comedia de vecinos que se gritan, se engañan, se traicionan por un trastero y se reconcilian en el portal. Elegir esa serie es reírse de la propia tragedia: lo que yo vivía como una historia de amor era, en realidad, un capítulo de la comunidad de Mirador de Montepinar. Con la diferencia de que allí al menos te avisan con risas enlatadas.
17:00 · Caso cerrado
Y si no era sitcom, era juicio. La otra opción que maneja la letra es Caso cerrado, el programa de tribunal televisivo donde la gente lleva sus broncas familiares a un plató para que alguien dicte sentencia en directo.
La elección no es inocente. En Caso cerrado todo es exagerado. Los litigantes gritan, lloran, se levantan de la silla, el público jalea. Y aun así, al final hay un veredicto. Alguien da la razón a alguien.
Lo que esta letra echa de menos, en el fondo, es ese veredicto. Que alguien con toga diga: usted tenía razón, a usted le engañaron, el otro es culpable. Porque en la vida real, cuando sales de una relación así, no hay sentencia. No hay mazo. Hay un silencio que tienes que interpretar tú solo.
La propia letra ensaya una sentencia unas líneas más abajo, y es de las más honestas del disco: «Y lo peor es que siento que tampoco tengo tanta culpa». El «tampoco tanta» es la clave. No dice «no tengo ninguna culpa». Admite algo, poco, lo justo. Como quien en el juicio reconoce que llegó tarde a la cena pero no que rompiera la vajilla.
Y remata con una petición que es puro teatro: «Por favor, los aludidos que descarguen en mí toda su culpa». Una invitación sarcástica a que el otro se descargue, como si fuera una aplicación. Venga, pásamela toda, que yo la llevo. Total, ya la llevaba.
19:00 · Concurso de la tarde
Por la tarde, la tele da concursos. Ruleta, preguntas, panel de letras. En «Me rindo» el concurso es otro: a ver quién aguanta más.

«Y a mí me da igual aparentar o no ser fuerte, / me da igual la gente o el narcisista demente.» Aquí el narrador abandona la competición. No quiere ganar el premio a la entereza. No quiere salir en la foto como el que lo llevó todo con dignidad. Le da igual.
Y esto es nuevo en el catálogo, o por lo menos es poco habitual. En muchas canciones del planeta el narrador se defiende atacando, insulta con nombre propio, monta un número. Aquí se baja del ring. «Y escribiendo estoy, estoy otra vez llorando.» Se le ve escribiendo la canción con los ojos rojos, y no le importa que se le vea.
La pregunta que viene después es casi un grito de patio de vecinos: «¿Has visto la que estás liando?». La frase de la madre cuando entras en casa con barro hasta las rodillas. La frase de la portera cuando la fuga del quinto inunda el cuarto. Liarla. El otro la ha liado parda y aquí está el narrador, recogiendo el agua con la fregona.
21:00 · Prime time
En prime time la tele pone la serie fuerte de la cadena. Y aquí vuelve La que se avecina, pero ya no como chiste: «llorando como una mierda en una esquina, / igual que si fuera un episodio dramático de La que se avecina».
Hay algo genial en la idea de un «episodio dramático» de una serie de humor. Es lo que pasa cuando una sitcom de repente se pone seria y alguien llora de verdad y el público no sabe si reírse. La vida del narrador es eso: una comedia que se ha torcido. Los decorados siguen siendo los mismos, los personajes siguen siendo ridículos, pero alguien llora en la esquina y ya no tiene gracia.
Y la imagen física, «me han pisado / y me han dejado aplastado en el suelo», es de las que no necesitan explicación. Pisado. Aplastado. Como una colilla. Como una cucaracha, por usar un bicho que el planeta conoce bien.
23:00 · Late night
Antes de la madrugada, el programa de última hora. Ese en el que un presentador con americana repasa lo que ha pasado en el día con un monólogo y un par de chistes. La letra tiene su propio repaso nocturno, y lo hace en rima consonante como quien lee un rótulo: «Sigo impactado y estoy conmocionado».
Impactado. Conmocionado. Pisado. Aplastado. La canción va soltando participios terminados en «-ado» uno detrás de otro, como los rótulos que pasan por la parte de abajo de la pantalla en un canal de noticias. Última hora: sujeto impactado. Última hora: sujeto conmocionado. Última hora: sujeto aplastado en el suelo.
Es un truco de rima que en otra canción sonaría pobre y aquí suena a parte médico. Los participios describen un estado, no una acción: lo que le han hecho, no lo que hace. Eso también es información. Durante toda la noche, el narrador no es sujeto de casi ningún verbo. Es objeto. Le han pisado, le han dejado, le han aplastado. La gramática de la letra cuenta la relación mejor que cualquier psicólogo: uno hacía y el otro recibía.
El presentador de late night, a estas horas, suele cerrar con una broma ligera. Esta letra no. Cierra el repaso del día con un señor llorando en una esquina y una sitcom que se ha vuelto drama. Y aun así, el tono no es de tragedia griega. Es de patio de vecinos. Esa mezcla, la del llanto y el chiste de la tele, es la marca de fábrica del planeta. Nadie aquí llora en un palacio. Se llora en el rellano, con la bata puesta, y con el vecino del cuarto asomado a ver qué pasa.
Un apunte más, porque el detalle lo merece. La letra no dice quién es «el que se cree listo» ni le pone nombre ni le pone barrio. En otras canciones del catálogo el ex tiene apodo, oficio y código postal. Aquí no. Aquí es un genérico, «el narcisista demente», y eso hace la canción más fácil de prestar. Cualquiera puede ponerle la cara que necesite. El mando a distancia lo tienes tú.
01:00 · Madrugada
A la una de la mañana la tele se queda sola. Teletienda, videntes, reposiciones. Y en esa franja la letra suelta la línea más oscura: «voy a acabar con la cabeza destrozada en alguna roca de una cala».

La crónica no va a hacer chistes aquí, ni a interpretarla de más. Es la frase de alguien que está al límite, dicha en la franja donde la gente que no duerme se queda a solas con la cabeza. La letra no la adorna ni la convierte en espectáculo: la deja caer y sigue. Lo honesto es dejarla así también, y añadir solo una cosa que no está en la canción pero hace falta: si alguna vez esa imagen te suena demasiado cercana, en España el 024 atiende a cualquier hora, de forma gratuita. No hace falta estar en una cala para llamar.
El planeta habla de salud mental sin bata blanca, pero tampoco con frivolidad. El diario lo ha tratado en notas como la de poner límites, y el catálogo tiene una canción entera que se titula «La música me está salvando». No es casualidad que esa frase sea un título.
03:00 · Reposición
Y a las tres, como en todas las cadenas, la reposición. Vuelve el principio. «Porque cuando abro mi corazón de verdad…» La canción repite la estrofa inicial casi entera, y al repetirla le cambia el sentido.
La primera vez, el enamoramiento sonaba a buena noticia. Me has comprendido, me has abrazado. La segunda vez, después de todo lo que hemos visto en la parrilla, suena a confesión de cómo te engancharon. Fue en ese instante exacto, cuando abriste el corazón, cuando te diseccionaste en cuarenta partes. Ahí te ganaron. La comprensión fue el anzuelo.
Es la misma frase. Lo que ha cambiado es lo que sabe el espectador. Como cuando vuelves a ver el primer capítulo de una serie sabiendo quién es el asesino, y de repente todas las sonrisas del culpable te ponen los pelos de punta.
Fin de emisión
Esta canción es la pista 14 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía, el del deseo de viaje hacia un planeta donde vivir sin pedir permiso. Tiene sentido que esté ahí. Antes de viajar hay que salir de donde estás, y «Me rindo» es la crónica de la puerta de salida, con la maleta a medio hacer y el mando todavía en la mano.
El diario ya dedicó una nota a sus tomas falsas y su Kit Kat eterno, más centrada en la salud mental. Esta crónica ha preferido la parrilla. Hay más maneras de leerla, porque la canción tiene más canales de los que caben en un mando.
La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, y la música y las voces están hechas con inteligencia artificial, como el proyecto declara abiertamente. Para fechas, discos y contacto está el centro de prensa. Para escucharla, Spotify, la descarga gratuita desde su ficha y el videoclip.
Una última cosa, de cronista a espectador. Si esta noche te pilla en el sofá con la manta y el mando, haz la prueba. Pon un capítulo cualquiera de La que se avecina, quítale el volumen y pon «Me rindo» encima.
Ya me contarás qué ves.
Preguntas frecuentes
¿Qué programas de televisión cita «Me rindo»?
Dos: «La que se avecina» y «Caso cerrado». La letra pregunta si los buenos momentos de la relación eran «tomas falsas» de alguno de los dos, y compara el llanto del narrador con «un episodio dramático de La que se avecina».
¿Qué significa el «eterno Kit Kat»?
Es la manera que tiene la letra de pedir una pausa larga: «si ya esto ha salido mal, necesito un eterno Kit Kat», jugando con el famoso eslogan de la chocolatina sobre tomarse un descanso.
¿En qué disco está?
En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», la segunda parte de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 14 de 86.
¿Quién la escribió?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces se crean con herramientas de inteligencia artificial, algo que el proyecto declara abiertamente.