Humor
Guía de viaje con nota en el retrete: «Mi Novio De Albacete» y las cinco horas más tontas del planeta
Por Mike Sain't Louis ·

Cinco horas. Cinco horas de carretera, o de tren, o de autobús con olor a bocadillo de tortilla, para dejar una nota.
Y la nota, encima, acaba en el retrete.
Si alguien quisiera resumir «Mi Novio De Albacete» en un parte de incidencias de viaje, ese sería el titular. El planeta ya escribió en su día sobre la pareja gay del año y sobre ese escaparate de cuerpos de gimnasio que se desmonta página a página. Hoy no va de eso. Hoy el planeta saca la guía de viaje, se pone el chaleco reflectante y recorre la canción como quien recorre una ruta turística un poco absurda: parada a parada, con horarios, con monumentos, con avisos de seguridad.
Porque la canción tiene una geografía. Tiene una ciudad en el título, un trayecto en el estribillo, un baño en la última parada y un cartel de peligro al final. No hace falta más para montar una excursión.
Abróchense los cinturones.
Parada uno: la ciudad del título
Albacete.
No es Madrid, no es Barcelona, no es Sitges, no es Maspalomas, no es Benidorm. No es ninguna de esas ciudades que salen en los mapas gais del verano, con sus banderas arcoíris en los balcones y sus terrazas llenas de camisas abiertas. Es Albacete. Una ciudad manchega, llana, con viento, con fama de navajas y con una feria en septiembre que la gente de allí defiende como si fuera la de Sevilla.
Y ahí está la primera gracia de la canción. Que el novio sea de Albacete.
Hay títulos que funcionarían con cualquier ciudad y otros que solo funcionan con una. «Mi novio de Valencia» tendría playa. «Mi novio de Bilbao» tendría lluvia y pintxos. «Mi novio de Albacete» tiene otra cosa: tiene el sonido. Albacete suena a ciudad de la que nadie espera un drama. Suena a autovía, a parada técnica, a gasolinera con máquina de café. Y por eso el drama, cuando llega, es más gracioso. Un traidor de Albacete. Un Casanova de La Mancha. Un don Juan con olor a queso curado.
En España hay una broma vieja que llama a Albacete «la Nueva York de La Mancha». Nadie sabe muy bien de dónde salió, pero todo el mundo la ha oído. El planeta la recoge porque le va como anillo al dedo a esta canción: una ciudad pequeña que se hace grande en el chiste. Igual que la pareja de la letra, que era pequeña de verdad y se vendía como la pareja del año.
Y sí, Albacete tiene fama de navajas. Es la tierra de la cuchillería. Y la canción, sin decirlo, está llena de cuchilladas pequeñas: cada estrofa abre con un corte limpio, tres palabras, «me has engañado», y luego sigue rajando.
Parada dos: el álbum de fotos
Antes de subir al coche, toca mirar las fotos del viaje anterior. La canción las enseña una a una, en pares, como esas fotos de pareja que se hacen con el móvil en alto y los dos sonriendo a la vez.

Tú tan cachas, yo tatuado. Tú tan fitness, yo tan guapo. Tú pelazo negro, yo encantado.
El planeta no va a repetir lo que ya contó sobre el escaparate. Pero sí quiere fijarse en una cosa de la estructura que, en clave de guía de viaje, tiene mucho sentido: los pares se van torciendo. Empiezan equilibrados, cada uno con su virtud, y poco a poco la balanza se inclina. «Yo currando», dice una línea. «Yo tan bueno, ¡y tú un coñazo!», dice otra. Y la que más le gusta al planeta, la que es casi un resumen de cualquier relación que salió mal: «Yo soñando, tú actuando».
Esa línea es la de la diferencia entre el que va de viaje y el que hace turismo. El que sueña está de verdad en el sitio. Mira, se emociona, se cree el paisaje. El que actúa está posando para la foto. Y cuando la excursión termina, uno vuelve con el corazón lleno y el otro vuelve con quinientas fotos para Instagram y ningún recuerdo.
En la penúltima foto hay un detalle que el planeta encuentra muy honesto: «Tú por grinder, yo disfrazado». El novio está en la aplicación, a lo suyo. Y el narrador está disfrazado. No dice de qué. Puede ser un disfraz de carnaval, puede ser el disfraz de novio feliz, puede ser el disfraz de quien hace como que no se entera. Es una palabra que se queda abierta, y que en esta discografía, tan dada a las pelucas y a las plumas, puede significar muchas cosas.
Y un apunte más sobre ese disfraz, porque merece una vitrina propia en el museo de la ruta. El planeta es un sitio de pelucas, tacones, plumas, toallas fluorescentes y lentejuelas. En sus canciones el disfraz casi siempre es una fiesta: es la drag que sale a escena, es la folclórica de mentira, es el traje de flamenca de una noche de Orgullo. Pero aquí el disfraz es otra cosa. Aquí es lo que se pone uno para no ver. Mientras el otro está en la aplicación, el narrador se viste de algo, de novio contento, de pareja del año, de persona a la que no le pasa nada. Hay disfraces que se compran en una tienda de Tirso de Molina y hay disfraces que se llevan puestos dentro de casa, meses y meses, hasta que la nota los arranca. La canción lo dice con una sola palabra y sigue adelante, porque no es una canción de lamentarse. Pero la palabra está ahí. Disfrazado. Quien haya llevado ese disfraz alguna vez sabe que pica más que cualquier peluca barata.
Justo después, la autoparodia, porque en este planeta nadie se libra: «yo tan fracasado». El narrador se mete en la foto con la peor etiqueta posible. Se ríe de sí mismo antes de que lo haga nadie.
Parada tres: la aplicación
El estribillo empieza con un horario que haría llorar a cualquier jefe de estación: «Te ha faltado tiempo para poner en Wapo» lo que pone. El planeta no lo va a reproducir aquí, que hay menores leyendo, pero la letra lo dice sin rodeos, con la palabra que rima con Albacete.
Wapo y Grindr son las dos aplicaciones de ligar que aparecen en la canción. Cualquier marica de este país sabe lo que son: dos pantallas llenas de cuadraditos con torsos, distancias en metros y mensajes de «hola, qué buscas». En la geografía de la canción funcionan como un aeropuerto: el sitio por el que se escapa todo el mundo.
«Te ha faltado tiempo» es una expresión muy de madre. Es la que se usa cuando alguien hace algo feo con prisa. Te ha faltado tiempo para contarlo. Te ha faltado tiempo para irte. Te ha faltado tiempo para ponerte a buscar otro. Hay velocidades que delatan. Y el novio de Albacete, que luego se tomará cinco horas para un trámite, para lo otro fue un rayo.
Ese contraste de velocidades es uno de los chistes más finos de la canción, aunque pase rápido. Para engañar, prisa. Para despedirse, cinco horas.
Hay otra cosa en el estribillo que la guía no quiere saltarse: la palabra «desastre». «Vaya desastre con mi novio de Albacete». No dice tragedia, ni traición, ni drama. Dice desastre, que es una palabra de cocina quemada, de mudanza mal hecha, de fiesta de cumpleaños donde se cae la tarta. Un desastre es algo que se mira con las manos en la cabeza y luego se recoge con la escoba. Tiene arreglo, aunque sea a base de fregona. Esa elección de palabra le quita peso al asunto sin quitarle verdad. El novio no es un villano de ópera. Es un desastre con patas, con pelazo negro y con la aplicación abierta. Y los desastres, en este planeta, se cuentan riéndose, porque si se cuentan llorando no hay quien los aguante.
En esta misma calle del planeta está «Tus Fotopollas», que es la guía de usuario de esas mismas aplicaciones vistas desde el lado de quien recibe los mensajes. Y un poco más arriba, el anillo de «El anillo de casado», que es otra forma de engaño con aplicación incluida. El planeta tiene un barrio entero dedicado a eso. Se llama Grindr y no sale en ningún mapa turístico.
Parada cuatro: el trayecto
«Has viajado cinco horas para dejar una nota».

Aquí está el centro de la ruta. El tramo largo. El que se hace con la radio puesta y una bolsa de pipas.
Cinco horas es mucho. Da para escuchar un disco entero de la trilogía GAYFOLK varias veces. Da para parar dos veces a mear. Da para ver amanecer, si se sale temprano. Da para arrepentirse, para cambiar de idea, para dar media vuelta. Y el novio de la canción no da media vuelta. Llega. Y lo que hace al llegar no es hablar, ni pedir perdón, ni discutir, ni llorar. Deja una nota.
Una nota.
Hay algo profundamente cobarde y profundamente cómico en ese gesto. Cinco horas para ahorrarse una conversación de cinco minutos. Es el equivalente sentimental de cruzar España en coche para dejar un pósit en la nevera. O de coger un avión para mandar un WhatsApp desde la puerta.
El planeta se imagina la escena. El piso vacío. La llave puesta. Un papel doblado encima de la mesa, o del mueble del recibidor, con letra apresurada. Y cinco horas de vuelta por delante, otra vez la autovía, otra vez la gasolinera, otra vez la bolsa de pipas, ahora con la conciencia un poquito más ligera.
La canción no dice qué ponía en la nota. Y no hace falta. Lo importante no es el contenido. Lo importante es el formato. Hay despedidas que se dicen a la cara, y hay despedidas que se dejan por escrito para no ver la cara del otro. Las segundas son las de los cobardes de toda la vida, los de las cartas de «no eres tú, soy yo», los del SMS a las dos de la mañana. El de Albacete se suma a esa tradición con un detalle extra de esfuerzo inútil.
Aquí el planeta se pone serio un momento, porque la imagen lo merece: una nota sin conversación es una forma de quedarse con la última palabra. Quien escribe la nota habla y se va. Quien la lee se queda con todo lo que tenía que decir y sin nadie a quien decírselo.
Parada técnica: lo que cabe en cinco horas
Antes de llegar al destino, el planeta propone una parada técnica en un área de servicio cualquiera, de esas con tragaperras, revistas del corazón de hace dos semanas y un expositor de chorizos envasados al vacío. Y desde la barra, con un café cortado en vaso de cristal, hace la cuenta de todo lo que se podría haber hecho en esas cinco horas en lugar de dejar una nota.

Se podría haber visto una temporada corta de una serie turca, o media de «La que se avecina». Se podría haber ido y vuelto de Madrid a Toledo dos veces, con tiempo para un mazapán. Se podría haber escrito una carta de verdad, de esas de tres folios por las dos caras, con tachones y una mancha de café en la esquina. Se podría haber llamado por teléfono, que dura diez minutos y no gasta gasolina. Se podría haber ido a terapia, a dos sesiones seguidas, con el psicólogo mirando el reloj. Se podría haber ensayado, delante del espejo del baño de una gasolinera, la frase difícil: «Lo siento, te he engañado y me voy». Cinco palabras. Menos que un tuit.
Y en vez de todo eso, cinco horas para un papel.
El planeta no es nadie para juzgar los medios de transporte del amor. Ha visto de todo. Ha visto a gente cruzar el océano por una cita de Grindr y a gente no cruzar la calle por una persona que la quería de verdad. Pero sí sabe que el esfuerzo, cuando va en la dirección equivocada, se vuelve comedia. Igual que el que se pasa una hora buscando aparcamiento para comprar el pan en una tienda que está cerrada. Igual que el que se tiñe el pelo para una cita y la cita no aparece. El esfuerzo inútil es una de las formas más puras del humor, y la canción lo sabe. Lo pone en el estribillo, en mitad del desastre, para que se oiga bien.
Hay además una cosa en esos números que el planeta no puede dejar pasar. Cinco horas de ida para una nota. Y la nota, en el retrete, dura lo que dura una descarga de cisterna: tres segundos, cuatro si el agua va floja. Cinco horas de producción para tres segundos de vida útil. Ni las campañas de publicidad más caras de la tele tienen una proporción tan mala entre inversión y resultado.
Parada cinco: el retrete
«¡Que ha acabado en el retrete!»
Final de trayecto. Destino de la nota.
Y aquí la canción hace lo que tantas letras de esta casa: convierte la tragedia en cisterna. La nota que vino desde lejos, la que costó cinco horas, la que iba a ser la última palabra, acaba tirada por el váter. Literalmente. Con su remolino y su ruido de agua.
Es la respuesta perfecta. Sin réplica. Sin carta de vuelta. Sin «pues ahora te vas a enterar». Un tirón de cadena y se acabó la conversación. Si la nota era la forma cobarde de quedarse con la última palabra, el retrete es la forma más eficaz de quitársela.
El planeta tiene una relación muy cariñosa con los baños en las canciones. Son el lugar de las verdades. Es donde uno llora en la discoteca. Es donde uno se mira al espejo después de la cita mala. Es donde se tiran las cosas que ya no sirven: el test de embarazo de las películas, la carta del ex, la foto rota. En esta canción, el retrete es el último monumento de la ruta. Y como todos los monumentos, se visita, se hace la foto y se sigue.
Parada seis: el cartel de peligro
Las rutas turísticas serias terminan con un aviso de seguridad. Cuidado con los carteristas, no bebáis agua del grifo, no os alejéis del grupo. La canción también.

«Ten cuidado con el novio de Albacete / Que a la primera de cambio» va y hace lo que hace, y la letra lo remata con la frase más bruta del tema, que el planeta deja para quien la quiera escuchar en el original.
Ese final es un cambio de destinatario. Durante toda la canción, el narrador le habla al novio: me has engañado, te ha faltado tiempo, has viajado cinco horas. Y de repente, en el último momento, se gira y le habla a otra persona. A quien venga detrás. Al siguiente. Al que esté leyendo el perfil de Wapo ahora mismo.
Es la tradición de la reseña negativa. Lo que hace la gente en Google Maps cuando un restaurante le ha tratado mal: una estrella y un aviso. «No vengáis, la paella es congelada». La canción le deja una estrella al novio de Albacete y un aviso a los futuros clientes. Es una forma de servicio público muy de barrio. Muy de portal. Muy de vecina que te para en el ascensor para contarte quién es de fiar y quién no.
Esa costumbre de avisar al siguiente aparece más veces en este planeta, y casi siempre con la misma mezcla de rencor y cuidado. Porque el aviso tiene algo de venganza, sí, pero también tiene algo de solidaridad. Alguien ya pasó por ahí. Alguien ya hizo las cinco horas. Alguien ya tiró la nota por el váter. Que no le pase a otro.
Datos prácticos para el viajero
Toda guía que se precie termina con una página de información útil. Aquí va la de esta ruta.
La canción está en «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK, el que abrió la puerta de todo este universo. Según la ficha del single, se publicó el 8 de mayo de 2026, con el sello propio del autor. En la discografía completa del planeta es la pista 264 de 273, casi al final del recorrido, justo después de «La empatía de la arpía», que es otra parada que conviene hacer con el estómago preparado.
Tiene videoclip oficial de casi cuatro minutos, que se puede ver en la sección de vídeos del planeta. La ficha del single permite escuchar un fragmento, saltar a Spotify, a YouTube o a Deezer, y descargar el tema gratis, sin registro y sin pagar.
Sobre quién la ha hecho: la letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, que la escribió sin inteligencia artificial. La música y las voces se hicieron con herramientas de IA, entre ellas Suno. La historia completa de la trilogía y del proyecto está en la sala de prensa, para quien prefiera la versión con sellos y fechas.
El billete de vuelta
Una última cosa antes de bajar del autobús.
La canción se llama «Mi Novio De Albacete», con posesivo. Mi novio. No «el novio», no «un novio», no «aquel tío». Mi. Hasta el final, hasta después de la nota y el retrete, el título sigue diciendo que fue suyo. Eso tiene algo de chiste, porque suena a reclamación de propiedad, como quien dice «mi coche» de un coche que le robaron. Pero también tiene algo de verdad. Las cosas que nos hicieron daño siguen llevando nuestro posesivo durante un tiempo. Mi ex. Mi novio. Mi desastre.
«Vaya desastre», dice el estribillo. Y el planeta, que ha hecho muchos viajes absurdos en su vida, algunos de cinco horas, algunos para nada, algunos para recoger una nota, no puede estar más de acuerdo.
Vaya desastre.
Pero qué bien se cuenta.
Albacete sigue en su sitio, con su viento, su feria y sus navajas. La autovía sigue ahí. Las gasolineras siguen abiertas toda la noche. Y en algún piso de algún sitio, una cisterna acaba de sonar.
Fin del trayecto. Todos abajo.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Mi Novio De Albacete»?
De una pareja que se presentaba como «la pareja gay del año» y de un novio que engaña, se anuncia en aplicaciones de ligar y viaja cinco horas para dejar una nota de despedida. La letra lo cuenta con humor y termina con un aviso a quien venga detrás.
¿En qué disco está?
En «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single lo fecha el 8 de mayo de 2026.
¿Quién la ha escrito?
La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial.
¿Tiene videoclip?
Sí, tiene videoclip oficial de casi cuatro minutos, enlazado desde la sección de vídeos de gayfolkplanet.com.