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Catálogo de muebles con devolución: «No Quiero Otro Novio Cojín» leída como una ficha de producto

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Portada de «No Quiero Otro Novio Cojín», canción de Mike Sain't Louis

La portada de «No Quiero Otro Novio Cojín» podría ser la página de un catálogo de muebles de los años sesenta. Un sofá rosa. Una lámpara de pie con pantalla de lunares. Un reloj con forma de sol colgado en la pared, dentro de su marco. Un teléfono verde de disco, de los que pesaban como un ladrillo. Y en medio, tumbado, un hombre en pijama de raso azul con estrellas, despeinado, con cara de domingo largo, abrazando un cojín de raso rosa en forma de corazón. Encima, en letras de cómic y sobre una explosión rosa, el título.

Todo en esa imagen es mobiliario. Hasta el corazón es un cojín.

El diario ya contó esta canción por su estructura, de la rutina gris al portazo. Hoy el planeta propone otra lectura, más doméstica. Si el título habla de un novio que es un cojín, lo lógico es tratarlo como lo que es: un artículo de decoración. Con su ficha técnica, su etiqueta de composición, sus defectos de fábrica, su garantía y su política de devolución. Resulta que la letra se deja leer así casi entera, como si Mike hubiera escrito el folleto de un producto que no funciona.

Una aclaración antes de abrir el catálogo. Lo que sigue es la letra tal como está publicada y algún dato general de los que vienen en cualquier tienda de muebles o en cualquier guía de consumo. La persona de la canción no tiene nombre y el planeta no le va a poner uno. Es un personaje, como todos los de las letras de Mike.

Ficha técnica del producto

Todo catálogo empieza con una ficha. Nombre del artículo, medidas, material, uso recomendado. Vamos con ella.

Nombre del artículo: novio cojín. Medidas: las del hueco que deja en el sofá cuando por fin se va. Material: según la letra, el mismo que un calcetín. Uso recomendado: ninguno.

En su texto sobre la canción en mikesaintlouis.com, Mike da la definición con sus propias palabras. Un novio cojín es ese que se acomoda en tu vida, en tu sofá y en tu cuenta corriente, y no se levanta ni para ayudar. Es una definición de mueblista. Un cojín no hace nada. Está. Ocupa su sitio, se hunde un poco con el uso, se queda con la forma de quien se apoya en él. Si lo quitas, el sofá sigue siendo un sofá. Si lo dejas, alguien tiene que sacudirlo de vez en cuando para que no se aplaste.

Lo interesante es que la palabra cojín viene cargada de cosas buenas. Un cojín es comodidad, es tarde de manta, es siesta. Nadie compra un cojín para sufrir. Por eso el insulto funciona tan bien. La canción coge un objeto amable y lo convierte en el retrato de alguien que se ha quedado con toda la comodidad y no ha dejado nada a cambio. El problema no es el cojín. Es que el cojín, en este caso, cobra.

Y la portada lo resume con una ironía muy fina. El protagonista abraza un cojín en forma de corazón, rosa, reluciente, de raso. Es el cojín bonito, el que sale en la foto. El de la canción es el otro.

El embalaje: veinte versos de cartón gris

Antes de ver el producto hay que quitar el embalaje. Y en esta canción el embalaje ocupa media canción.

Fotogramas del videoclip oficial de «No Quiero Otro Novio Cojín», de Mike Sain't Louis

La primera parte de la letra no habla del novio. No lo nombra, no lo describe, no le reprocha nada. Habla de los días. Despierto sola, miradas vacías, olvido el tiempo, rutina fría. Calle sin nombre, pasos sin prisa, gente sin rostro, rutina sin risa. Son versos de dos o tres palabras, apilados como cajas de cartón en un almacén. Ninguno sobra y ninguno brilla. Ese es el efecto.

Después llega el estribillo, que es casi un sello de fábrica estampado en cada caja. Rutina, rutina, todo se repite. Rutina, rutina, nada me sorprende. Rutina, rutina, siempre lo mismo. Y al final, el remate: ¡Me ofende!

Ese «me ofende» es lo primero que tiene color en toda la canción. Hasta ahí todo era gris, y de pronto aparece una exclamación con la dignidad herida de una señora a la que le han colado en la cola de la carnicería. Mike, en su texto, dice que ese «¡Me ofende!» le hace muchísima gracia por lo dramático. Es exactamente eso. La rutina no solo aburre. Insulta.

La segunda estrofa sigue con el inventario del almacén. Trabajo insípido, café amargo, todo es tan rígido, maldito letargo. Risas distantes, sueños dormidos, emociones mutantes, siempre oprimidos. Hay algo casi de lista de la compra en esos versos, de cosas que se van tachando sin ganas. Y el estribillo vuelve, y vuelve otra vez, con alguna «rutina» de más en cada pasada, como si el disco se rayara un poco más a cada vuelta.

Ningún catálogo de muebles enseña el embalaje. Esta canción sí. Y tiene sentido. Porque cuando estás dentro de una relación que te apaga, lo que ves no es a la otra persona. Ves el cartón. Ves los días iguales, el café que sabe mal, la calle que no tiene nombre. La causa está dentro de la caja, pero tú todavía no la has abierto.

Instrucciones de montaje: el teatrillo

Toda caja de muebles trae un folleto con dibujos. Paso uno, paso dos, paso tres. Aquí el folleto lo escribe la propia canción, y lo que describe es cómo se monta el siguiente teatro.

Cuando por fin se abre la caja, la letra cambia de tono de golpe. Esto se ha acabado, el chollo se te ha terminado. No quiero otro novio cojín, has quedado a la altura de un calcetín. Y enseguida mira hacia delante, no hacia atrás. Supongo que ya habrás pensado en el día que habrás estrenado tu nueva obra de teatrillo. ¿Quién será el próximo pardillo?

Teatrillo es una palabra preciosa para esto. No es un teatro, es un teatrillo. Pequeño, de cartón piedra, de función repetida. En el catálogo de Mike hay una canción entera dedicada a esa idea, «Una obra de teatro», y aquí aparece en miniatura, como un mueble auxiliar.

Las instrucciones de montaje que da la letra tienen un orden muy preciso. Primero, enamorar. Pero antes de manipular, fijarse en el dinero. Y también en las propiedades. Hacer que le interesen sus necesidades. Fijarse en el coche. Y todo eso para presumir con unos amigos que luego, a las espaldas, pone a caldo.

Leído como un folleto de montaje queda así. Paso uno: tasar. Paso dos: enamorar. Paso tres: fingir interés. Paso cuatro: exhibir. Paso cinco: criticar a quien aplaude la exhibición. No hacen falta llaves Allen. La canción no explica de dónde saca el personaje ese método, ni le pone diagnóstico. Solo lo describe con la precisión de alguien que ya ha visto montar el mueble una vez y reconoce las piezas.

Y hay un detalle verbal que merece pararse. Casi todo ese pasaje está escrito en futuro perfecto. Habrás pensado, habrás estrenado, habrás enamorado, te habrás fijado. Es un tiempo verbal que se usa para hacer suposiciones sobre algo que ya habrá pasado cuando llegue el momento. La letra no adivina el futuro. Lo da por hecho. Es la manera gramatical de decir: ya sé cómo va a ir esto, porque ya me ha ido a mí.

Defectos de fábrica: punto uno, punto dos, punto tres

Hay una sección que ningún catálogo publica, pero que todas las tiendas conocen: la de los defectos de fábrica. Las taras que tiene un artículo antes incluso de que nadie lo use.

Mike Sain't Louis junto a una fuente que refleja un planeta magenta, con el verso «No Quiero Otro Novio Cojín» de «No Quiero Otro Novio Cojín»

La canción la escribe con formato de informe. Hay tantas cosas que contar. Como punto uno, tu edad: primera falsedad. Punto dos, color de ojos: falsedad total. Punto tres, presumes de sinceridad: ¡qué va, falsedad!

Es una de las partes más divertidas de la letra, y la gracia está en la forma. Una enumeración numerada es lo más frío que existe. Es el lenguaje de los albaranes, de las actas de una comunidad de vecinos, de las reclamaciones por escrito. Y la canción la usa para contar algo que duele. El efecto es el de alguien que ha decidido no llorar más y ponerse a redactar.

Los defectos, además, van de lo pequeño a lo grande. La edad es una mentira de perfil de aplicación. El color de ojos es casi un chiste: mentir en algo que se ve. Pero el punto tres ya es otra cosa. Presumir de sinceridad siendo falso es el defecto que contiene a todos los demás. Es el mueble que se vende como macizo y es de aglomerado.

Y después llega una especie de punto cuatro sin número. Ante todo, su relato tiene que escenificar fidelidad. ¡Qué va, falsedad! Aquí vuelve el teatro. No basta con ser fiel o no serlo. Hay que escenificarlo. El relato es lo importante, el decorado de pareja perfecta que se enseña hacia fuera.

En el diario hay una nota sobre la autoestima y las aplicaciones de ligar que ayuda a entender por qué este tipo de mentira pequeña, la edad, la foto, el detalle retocado, tiene tanto peso. Lo que la canción hace con eso es no darle importancia dramática. Lo apunta en la lista y sigue.

Etiqueta de composición: cien por cien calcetín

Todo cojín lleva cosida una etiqueta. Composición: 60 % algodón, 40 % poliéster. Lavar a 30 grados. No usar secadora. La etiqueta de este cojín la canción la resume en un verso: has quedado a la altura de un calcetín.

Es una comparación muy de casa. El calcetín es la prenda más humilde del armario, la que nadie elige con cuidado, la que se pierde en la lavadora y nadie echa de menos. Quedar a la altura de un calcetín es quedar en el suelo, literalmente, a ras de zapato. Y tiene otro matiz: un calcetín solo no sirve para nada. Necesita su pareja. Un calcetín desparejado es la imagen misma de lo que sobra.

El calcetín, por cierto, es un objeto recurrente en el planeta. Mike tiene una canción que se llama directamente «El calcetín», y otra con gofio y calcetín en el mismo título. No hace falta que estén conectadas para notar que esa prenda funciona en su escritura como una medida de las cosas. Hay gente a la altura del cielo y gente a la altura del calcetín.

El estribillo final lo repite tres veces, con un cambio pequeño pero importante. Ya no dice «has quedado». Dice: el que tuve quedó a la altura de un calcetín. Pasa de la segunda persona a la tercera, del presente al pasado. Ya no le habla a él. Habla de él. Es lo que pasa cuando un mueble sale de casa: deja de ser «este sofá» y pasa a ser «el sofá que teníamos».

Política de devolución: adiós, patán

Las tiendas españolas cuelgan su política de devolución junto a la caja. Tantos días para devolver, con ticket, en su embalaje original. Esta canción no da plazo. La devolución es inmediata y sin reembolso.

Collage con un detalle de la carátula de «No Quiero Otro Novio Cojín» y las carátulas de «El calcetín», «Quien miente y jura», «3 Años de Garantía»

Adiós, patán, vete con tu madre a criticar por detrás.

Patán es una palabra estupenda, de las que ya casi nadie usa y que por eso suenan todavía más rotundas. Un patán es un torpe, un grosero, alguien sin maneras. No es un villano de película. Es alguien que no sabe estar. Y la canción no lo manda al infierno. Lo manda con su madre. Es una despedida de barrio, de portal, de las que se dicen con la puerta ya medio cerrada.

Después hay un pasaje de pura comedia de vecinas. Dice que le ha sentado fatal mi comentario, de que ojalá se atragante con el gofio canario. Es el momento en que la canción se ríe de sí misma: el personaje que manipulaba a todo el mundo resulta que se ofende por un comentario. El «me ofende» del principio vuelve dado la vuelta, en boca del otro. Ahora es él quien se queja. Y a ella, la voz de la canción, le da exactamente igual.

Atención al cliente: no necesito secretario

En todo catálogo hay un número de atención al cliente al final. Aquí el cliente es la propia voz de la canción, y el servicio de atención lo despacha ella misma.

Pues si quieres, te leo mi diario. No necesito secretario, soy empresario.

Es probablemente el verso con más descaro de toda la letra, y está construido con una rima muy de Mike, que junta palabras de oficina en una frase que parece un eslogan. Diario, secretario, empresario. Tres palabras de despacho. La idea es clara: nadie tiene que gestionarme la vida, ni contar mi historia por mí, ni ponerse de intermediario. Si alguien quiere saber lo que pasó, está escrito. Y lo escribo yo.

Ese «te leo mi diario» tiene además un guiño para quien esté leyendo esto aquí, en el diario del planeta. Es un poco lo que hace este texto: abrir el diario y leerlo en voz alta, sin secretario.

Justo después, la letra lanza una advertencia. No me hagas volver a lo de antes, que juras hasta por la memoria de tus padres. Quien conozca el catálogo reconocerá el eco de «Quien miente y jura», que es precisamente la canción que va justo antes en la lista numerada de singles de la web. Jurar por los padres es el último recurso del que ya no tiene argumentos. Y la canción lo despacha como un defecto más del producto.

La garantía: lo que la ley dice y lo que la canción decide

En España, desde 2022, los productos nuevos tienen tres años de garantía legal. Si algo sale defectuoso en ese plazo, el vendedor tiene que repararlo, cambiarlo o devolver el dinero. Es un dato de consumo, de los que vienen en cualquier guía. Y en el disco donde está esta canción, curiosamente, hay otra que se llama «Tres años de garantía», solo dos pistas más allá.

La canción del novio cojín no pide reparación ni cambio. No quiere otro cojín igual pero sin defectos. El título lo dice muy claro: no quiero otro novio cojín. No es «quiero que este funcione». Es «no quiero ninguno de este modelo». Hay una diferencia enorme entre devolver un artículo para que te den uno nuevo y decidir que ese tipo de artículo no vuelve a entrar en casa.

Esa es quizá la idea más sólida de la canción. No es una canción de desamor en el sentido clásico. No hay nostalgia, no hay «ojalá vuelvas», no hay noches mirando el móvil. Hay una persona que ha entendido el modelo de producto y ha decidido no volver a comprarlo. Es menos romántico y bastante más sano.

El hueco en el sofá: desde hoy ya sí soy feliz

Cuando se saca un mueble de casa queda un hueco. Una marca en el suelo, un rectángulo más claro en la pared, un espacio raro en el sofá. Al principio molesta. Luego se acostumbra uno. Y un día alguien pone ahí otra cosa, o no pone nada, y el salón respira.

Ficha de la canción «No Quiero Otro Novio Cojín» con su carátula: disco «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

La letra llega a ese momento con una frase muy sencilla. ¡Ah, sí! Te tengo que decir que desde hoy ya sí soy feliz.

Ese «¡Ah, sí!» es buenísimo. Es la forma de decir algo importante como si se te hubiera olvidado. Como quien ya está en la puerta, con el abrigo puesto, y se da la vuelta: por cierto. Y lo que dice no es pequeño. Desde hoy ya sí soy feliz. Con ese «ya sí» que lo cambia todo, porque implica que antes no. Que toda la primera mitad de la canción, la de la rutina fría y el café amargo, era eso: no ser feliz sin saber del todo por qué.

Aquí se cierra el círculo del catálogo. El embalaje gris del principio no era decorado. Era el síntoma. Y en cuanto el cojín sale por la puerta, la rutina deja de ofender.

Dónde está en el disco

«No Quiero Otro Novio Cojín» es la pista 33 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», el primer disco de la trilogía GAYFOLK. Va justo después de «Extravaganza» y antes de «Los fuegos artificiales de Móstoles», y dos pistas más allá espera la de la garantía. En la lista numerada de singles de la web ocupa el puesto 101 de 273, entre «Quien miente y jura» y «Que te mola el cruising».

Las etiquetas de género que la acompañan son indie pop, pop alternativo, queer pop y camp. Camp es la que mejor le queda. Un pijama de raso con estrellas, un cojín de corazón, un teléfono de disco y una ruptura contada como un albarán. Eso es camp: tomarse muy en serio la estética de algo que, en el fondo, es una despedida a carcajadas.

La canción tiene videoclip oficial de casi seis minutos, que se puede ver en la página del vídeo en el planeta, y está en Spotify y en el resto de plataformas.

Por qué funciona contarlo con muebles

Podría parecer un juego, esto de leer una canción como un catálogo. Pero la propia letra lo pide. Está llena de objetos de casa y de oficina. Cojín, calcetín, café, diario, secretario, coche. Y lo que cuenta es, en el fondo, una mudanza: alguien que vivía en tu salón deja de vivir ahí.

El humor de Mike suele funcionar así, cogiendo algo cotidiano y poniéndolo a hablar de algo que duele. En el diario hay una nota entera sobre el humor como forma de supervivencia que explica bien por qué ese mecanismo no quita peso a lo que se cuenta. Al contrario. Reírse de un novio cojín no lo convierte en algo menor. Lo pone en su sitio, que es el de un artículo defectuoso.

Hay canciones de ruptura que te dejan tirada en el suelo del baño. Esta te deja de pie, en el salón, con la puerta recién cerrada y una sensación rara de espacio. Como cuando sacas un mueble viejo y de repente la habitación parece más grande.

Ficha final, para recortar

Para quien quiera quedarse con el resumen, aquí va la ficha completa del producto, como en la última página de los catálogos.

Artículo: novio cojín. Estado: devuelto. Embalaje: veinte versos de rutina gris, con estribillo de sello de fábrica. Instrucciones de montaje: tasar, enamorar, fingir, exhibir, criticar. Defectos de fábrica: la edad, el color de ojos, la sinceridad y la fidelidad escenificada. Composición: cien por cien calcetín. Política de devolución: adiós, patán. Atención al cliente: no necesita secretario. Garantía: no se solicita. Recambio: no se desea. Resultado: desde hoy ya sí soy feliz.

Si hay que quitar un cojín del sofá, que sea con esta canción de fondo. Y si alguien prefiere quedarse con el bueno, el de corazón y raso de la portada, también vale. Ese no cobra.

Para quien escriba sobre música, la información del proyecto está en la sala de prensa del planeta.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «No Quiero Otro Novio Cojín»?

De salir de una relación que apagaba los días. La primera mitad describe una rutina gris y repetida; la segunda despide a un novio que se acomodaba sin aportar, enumera sus mentiras y termina con una frase rotunda: desde hoy ya sí soy feliz.

¿Qué es un novio cojín?

En su texto sobre la canción en mikesaintlouis.com, Mike lo describe como ese que se acomoda en tu vida, en tu sofá y en tu cuenta corriente y no se levanta ni para ayudar. La letra añade que ha quedado a la altura de un calcetín.

¿En qué disco está?

Es la pista 33 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», entre «Extravaganza» y «Los fuegos artificiales de Móstoles». En la lista numerada de singles de la web es la 101 de 273.

¿Qué se ve en la portada?

Un hombre en pijama de raso estampado con estrellas, tumbado en un sofá rosa, abraza un cojín de raso con forma de corazón. Detrás hay un reloj de sol en un cuadro, una lámpara y un teléfono verde de disco. El título va en letras de cómic sobre una explosión rosa.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

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