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Humor

Buscando nicho: «Ojete Calor En Versión Low Cost» y el arte de ponerse una etiqueta de saldo

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Portada de «Ojete Calor En Versión Low Cost», canción de Mike Sain't Louis

Al final de la canción alguien pide perdón. Y acto seguido se pone una etiqueta con el precio.

«Siento si te ha molestado lo que he dicho / Pero es que estoy buscando mi nicho».

Es una de las despedidas más raras de toda la discografía del planeta. Después de una infección de orina, de una consulta de urgencias, de una mentira al médico y de una confesión que no se puede repetir en la sobremesa de Nochebuena, «Ojete Calor En Versión Low Cost» se para, se recoloca la camisa y dice, con la educación de un dependiente de El Corte Inglés: disculpe las molestias. Y luego se presenta. Esto que acaba de oír, dice, quizá sea algo estilo Ojete Calor. Pero en versión low cost.

El diario ya contó la escena de la consulta, el diminutivo infantil y el médico que diagnostica frío donde había otra cosa, en la crónica sobre urgencias y verdades a medias. Hoy el planeta pasa de largo por la sala de espera y se va directo al final. Al momento en que la canción deja de contar una historia y empieza a hablar de sí misma. A la disculpa. Al nicho. A la etiqueta de saldo.

Porque pocas canciones se ponen precio a sí mismas. Esta lo hace. Y eso merece una crónica entera.

La disculpa

Primero, la disculpa. «Siento si te ha molestado lo que he dicho».

Hay disculpas que lo son y disculpas que no lo son. «Siento si te ha molestado» pertenece a la segunda familia. Es la fórmula de los políticos en rueda de prensa, de los famosos en un comunicado de Instagram con fondo blanco, de los cuñados en la cena cuando han dicho una burrada. No es «siento haberlo dicho». Es «siento que te haya molestado». La responsabilidad se queda en el oyente. Si te ha molestado, es cosa tuya.

El planeta conoce bien esa fórmula y sabe que la canción la usa con toda la intención. Porque lo que viene después no es arrepentimiento. Es una justificación de oficio: «pero es que estoy buscando mi nicho». Como quien dice: no lo he hecho por molestar, lo he hecho por trabajo. Estoy en prácticas. Estoy probando. Esto es investigación de mercado.

Es un chiste muy fino sobre la industria. Cualquiera que haya intentado abrirse camino en algo creativo ha oído esa palabra mil veces. Nicho. Busca tu nicho. Encuentra tu público objetivo. Diferénciate. Define tu marca personal. Son frases de curso online de emprendimiento, de esos que se anuncian en YouTube con un señor en un coche alquilado. Y la canción las coloca justo después de las pastillas de cialis y la chem party. El contraste es tan brutal que da risa sola.

El nicho

Ahora, la palabra.

Nicho tiene en castellano dos significados que conviven sin pelearse. Uno es el del marketing: un hueco en el mercado, un público concreto al que nadie está atendiendo. El otro es el del cementerio: el hueco en la pared donde se mete el ataúd.

El planeta no puede evitar oír los dos. Esta discografía tiene una relación muy estrecha con los cementerios, los féretros, los ataúdes de neón y las casas de los mil cadáveres. Buscar nicho, en este universo, suena a buscar sitio en el camposanto tanto como a buscar público. Y en una canción que acaba de pasar por urgencias, la segunda lectura tiene su gracia negra. Después de semejante noche, quizá lo que se busca es un nicho de los otros.

Pero quedémonos con el primero, que es el que la letra quiere. Buscar nicho como artista. Buscar el hueco. Y aquí está lo interesante: la canción ya lo ha encontrado mientras lo busca. El nicho es exactamente lo que acaba de hacer. Una canción de humor gamberro sobre sexo, drogas y vergüenza médica, contada con diminutivos infantiles y sin pedir permiso. Eso no lo hace nadie en la radio fórmula. Eso es un nicho.

La referencia

«Tal vez sea algo estilo Ojete Calor / Pero en versión Low Cost».

Fotogramas del videoclip oficial de «Ojete Calor En Versión Low Cost», de Mike Sain't Louis

Para quien no lo sepa: Ojete Calor es un dúo español de humor musical formado por Carlos Areces y Aníbal Gómez. Carlos Areces es además actor, conocido por muchas comedias del cine y la televisión española. Juntos llevan años haciendo canciones que son a la vez música de verbena y parodia de la música de verbena, con letras absurdas, estética de cutrerío elevado a arte y una legión de fans que se sabe sus coreografías. Ellos mismos le pusieron nombre a su estilo, «subnopop», que ya es una etiqueta de nicho con todas las letras.

Que una canción del planeta los cite es un homenaje evidente. Es decir: hay una tradición de humor musical en España, una tradición que no se toma en serio a sí misma y que por eso mismo es muy seria en su oficio, y esta canción quiere estar cerca de ella. Quiere sentarse en esa mesa.

Pero no se sienta en la cabecera. Se sienta en la punta, con la silla plegable. «En versión low cost». La canción se compara con sus referentes y, en la misma frase, se pone por debajo. Es la autoparodia de siempre del planeta, llevada al terreno de la industria. No soy Ojete Calor. Soy la versión barata. La de marca blanca. La que se compra en el Lidl y sabe casi igual.

La versión low cost

Low cost es una expresión que llegó a España con las aerolíneas baratas, esas en las que pagas diez euros por el billete y cuarenta por llevar una maleta de mano. Se coló en el idioma y ahora se aplica a todo: bodas low cost, vacaciones low cost, gimnasios low cost, cenas de Navidad low cost. Es la etiqueta de lo que se parece a lo bueno pero cuesta menos y tiene algún defecto escondido.

Y este planeta tiene una relación muy cariñosa con lo barato. Lo ha contado mil veces: está la Shakira marica del Todo a un Euro, la de «La Shakira y el pique de Todo a 1 Euro». Están los trajes que son de SHEIN aunque se digan de Zara. Está el crucero donde pedías champán y te daban calimocho. La discografía entera vive en el mismo barrio que el low cost. No en Serrano. En el mercadillo de los martes.

Por eso la etiqueta no es una queja. Es una declaración de domicilio. Esta canción vive en la versión barata de las cosas, igual que la mayoría de la gente que la escucha. Y lo dice con orgullo, sin complejos, como quien enseña un bolso de imitación en una boda y dice «del top manta, hija, y ni se nota».

Hay además un detalle formal que al planeta le hace mucha gracia: la frase se repite cuatro veces al final de la letra publicada. Tal vez sea algo estilo Ojete Calor, pero en versión low cost. Cuatro veces. Como un eslogan de teletienda que se repite hasta que se queda grabado. Como el jingle de un anuncio de colchones. La canción no se conforma con ponerse la etiqueta: la machaca. Para que no haya dudas. Para que, si alguien la busca en el futuro, la encuentre en la estantería correcta.

El diagnóstico de la madre española

Antes de la gamberrada como oficio, una parada en la única línea de la canción que pone el médico. «Eso es que usted ha cogido frío».

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «Siento si te ha molestado lo que he dicho Pero es que estoy buscando mi nicho» de «Ojete Calor En Versión Low Cost»

El planeta no ha podido dejar de pensar en esa frase desde la primera escucha, porque no es una frase de médico. Es una frase de madre. Es el diagnóstico universal de la familia española, el que sirve para todo: el dolor de garganta, el de barriga, el de oídos, el de espalda, el de cabeza, el mal humor y la tristeza de los domingos. «Eso es que has cogido frío». «Ponte una chaqueta, que vas a coger frío». «No vayas descalzo, que se coge frío por los pies». «Sécate el pelo, que el frío entra por la cabeza». En España el frío no es una temperatura. Es una entidad maligna que acecha en los pasillos y entra por las corrientes de aire.

Que el médico de urgencias de la canción diga eso tiene una gracia enorme. Es como si en la bata blanca se hubiera colado una abuela de Móstoles. Como si la medicina moderna, con sus análisis y sus pruebas, se rindiera ante la sabiduría de la cocina: aquí no hay más que frío, hijo, abrígate. Y el paciente, que sabe perfectamente que no es el frío, asiente. Porque decir «sí, debe de ser el frío» es lo que se le dice a una madre para que deje de preguntar.

Esa es la mentira de la canción, vista desde otro ángulo. No es una mentira inventada. Es aceptar la mentira que te ofrecen. El médico pone la excusa en bandeja y el paciente la coge. Es la complicidad más española que existe: la del «tú no preguntes y yo no cuento». Media vida familiar de este país funciona así, a base de fríos cogidos que no eran fríos.

La gamberrada como oficio

Hay una idea muy extendida según la cual las canciones de humor son canciones menores. Que el humor es lo que se hace cuando no se sabe hacer otra cosa. El planeta no está de acuerdo, y esta canción es un buen ejemplo de por qué.

Hacer reír con una infección de orina no es fácil. Hay que medir. Hay que saber cuándo poner el diminutivo y cuándo la palabra técnica. Hay que construir una escena en pocas líneas: el dolor, el hospital, el médico, la mentira, la confesión. Hay que tener un estribillo que se pegue sin que se pegue demasiado. Y hay que saber parar, que es lo más difícil. Esta canción para justo a tiempo, con una disculpa y una etiqueta, antes de que el chiste se canse.

La tradición del humor musical en España es larga y tiene su dignidad. Ojete Calor son parte de ella. Y el planeta, con su versión low cost, también quiere serlo. No por compararse, sino por compartir oficio. El oficio de reírse de lo que da vergüenza. De lo que no se cuenta. De lo que pasa en la sala de espera de urgencias a las cinco de la mañana.

Este universo lo dice en su propio credo, escrito en la web del autor: con humor también se dice la verdad. Lo camp, lo exagerado y lo cotidiano son formas serias de hablar de la vida. La canción es una prueba de laboratorio de esa idea. Un caso clínico, nunca mejor dicho.

Lo que cabe en una sala de espera

Hay una cosa que la canción no cuenta y que el planeta se imagina sin esfuerzo, porque cualquiera que haya pasado por urgencias de madrugada la conoce: la sala de espera.

Collage con un detalle de la carátula de «Ojete Calor En Versión Low Cost» y las carátulas de «Ni Un Pimiento», «Me he tomado una pastilla gay», «La shakira y el piqué de todo a 1 euro»

Sillas de plástico atornilladas al suelo. Una máquina de café que da un líquido marrón a ochenta céntimos. Una tele colgada en una esquina con el teletienda sin volumen. Un señor mayor con la mano envuelta en un trapo de cocina. Una chica con el rímel corrido y el móvil sin batería. Un niño con fiebre dormido en brazos de su padre. Una pantalla que va anunciando números en rojo, siempre el que no es el tuyo. Y en medio de todo eso, el protagonista de la canción, con su escozor, su secreto y sus dos pastillas, esperando que digan su número sin que nadie le pregunte por qué está ahí.

Esa sala es el nicho más democrático que existe. Allí no hay famosos ni anónimos, ni guapos ni feos, ni de Chueca ni de Vallecas. Todo el mundo está igual de despeinado y de asustado. Y el planeta, que busca siempre lo cotidiano dentro del drama, ve en esa sala el escenario perfecto para una canción low cost. Sin luces. Sin coreografía. Con un fluorescente que parpadea y un olor a desinfectante que no se va.

La canción salta directamente a la consulta. Pero la sala de espera está ahí, entre una línea y otra, en el silencio entre «he tenido que ir de urgencias» y «doctor, doctor».

Etiqueta del producto

Ya que la canción se pone etiqueta, el planeta se ofrece a redactarla completa, como las de los productos de supermercado, con su letra pequeña y todo.

Denominación: canción de humor gamberro, estilo Ojete Calor, versión low cost. Ingredientes: una infección de orina, un diminutivo infantil para la zona afectada, una carrera a urgencias, un médico con diagnóstico de abuela, una mentira por omisión, dos pastillas de cialis, una fiesta que no se describe y una disculpa que no es del todo una disculpa. Puede contener trazas de vergüenza ajena. Modo de empleo: escuchar con auriculares en el metro y aguantarse la risa delante de los demás pasajeros. Conservación: en la memoria, a temperatura ambiente, lejos de suegras y comidas de empresa. Fecha de consumo preferente: indefinida, porque la vergüenza no caduca. Precio: gratis.

Y la frase obligatoria de todos los envases, la que nadie lee: «Este producto no sustituye una consulta médica». Que en este caso, por una vez, hay que leer.

Es una broma, claro. Pero también es una forma de mirar la canción como lo que pide ser mirada: como un producto que sabe lo que es, que no pretende ser otra cosa y que lleva su precio a la vista. En un mercado lleno de canciones que se venden como profundas, trascendentes y únicas, esta se vende como lo que es. Barata, gamberra y con la etiqueta bien puesta.

La parte que no tiene gracia

Y ahora, como pasa siempre en este planeta, el giro.

Debajo del chiste hay una escena que no tiene ninguna gracia, y la canción lo sabe aunque no se pare en ella. Alguien llega a urgencias con dolor. El médico pregunta. Y el paciente miente. «Eso es que usted ha cogido frío», le dice el médico, y el paciente asiente y se calla lo de las pastillas y la fiesta.

Eso pasa. Pasa mucho. Hay gente que no le cuenta a su médico lo que ha consumido, con quién ha estado, qué ha hecho, por miedo, por vergüenza, porque cree que le van a juzgar, porque no quiere que quede en el historial. Y eso puede tener consecuencias serias para su salud. El chemsex, que la canción nombra de pasada con lo de la chem party, es una realidad en muchas ciudades y no es un tema para tomárselo a broma, aunque la canción lo use como parte de su comedia.

El planeta no va a dar un sermón. No es su estilo ni el de la canción. Solo va a dejar una línea limpia, la única moraleja que se permite esta crónica: al médico, la verdad. Aunque dé vergüenza. Aunque haya que decir la palabra cialis en voz alta delante de una enfermera. Los médicos han oído cosas mucho peores.

Y vuelve el chiste, porque la canción vuelve al chiste. Pero ya se ha dicho.

Los vecinos de estantería

Si esta canción está buscando su nicho, el planeta le puede enseñar a los vecinos que ya tiene en la misma balda.

Ficha de la canción «Ojete Calor En Versión Low Cost» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Está «Me he tomado una pastilla gay», que comparte con ella la farmacia como escenario cómico. Está «Ni Un Pimiento», que en la lista de videoclips del planeta va justo detrás y que también le pone precio de saldo a todo lo que toca. Y está, en general, todo lo que el planeta archiva bajo la palabra camp: lo exagerado, lo cutre convertido en estilo, la vergüenza puesta en un escenario con luces de colores.

Quien quiera ver cómo se piensa el propio planeta como producto, con su mercado y sus etiquetas, puede pasarse por la sección Mercado del universo GAYFOLK. Allí el nicho ya está buscado, encontrado y explicado.

El precio en la etiqueta

Datos de fábrica, para quien quiera llevarse esta versión low cost a casa sin pasar por caja.

La canción está en «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single la fecha el 12 de junio de 2026, con el sello propio del autor. En la discografía completa del planeta es la pista 141 de 273.

Tiene videoclip oficial, de tres minutos justos, que se puede ver en la sección de vídeos. La ficha del single ofrece un fragmento de treinta segundos, enlaces a Spotify, YouTube y Deezer, y la descarga gratuita, sin registro y sin pagar. Low cost de verdad: coste cero.

Quién firma qué: las palabras, incluida la de la pilila, son de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, y no las escribió ninguna máquina. Lo que sí sale de herramientas de IA, como Suno, es la música y las voces. Él mismo se presenta, con guiño y entre comillas, como «el primer cantautor IA», que también es, si uno lo piensa, una etiqueta de nicho. La versión oficial de todo esto está en la sala de prensa.

Disculpen las molestias

Las obras de la vía pública en Madrid tienen un cartel amarillo que dice «Disculpen las molestias». Lo ponen cuando levantan una calle entera, cuando cortan el tráfico, cuando hacen ruido a las ocho de la mañana con un martillo neumático. Es una disculpa que nadie cree, pero que todo el mundo agradece, porque al menos alguien ha reconocido que aquello molesta.

La canción termina con un cartel así. Siento si te ha molestado lo que he dicho. Y sigue con el martillo neumático, cuatro veces, Ojete Calor en versión low cost, hasta que se apaga el último acorde.

El planeta, que pasa todos los días por calles en obras, se para un momento delante del cartel. Sonríe. Y sigue andando con la canción en la cabeza.

Nicho encontrado. Precio de saldo. Etiqueta puesta, disculpa dada y la chaqueta abrochada hasta arriba, por si acaso, que en este país todo el mundo sabe que el frío entra por cualquier sitio.

Y a mucha honra.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Ojete Calor En Versión Low Cost»?

De alguien que va a urgencias con una infección de orina, deja que el médico crea que ha cogido frío y confiesa al público la verdad: dos pastillas de cialis antes de una chem party. Al final se disculpa y se define como algo «estilo Ojete Calor, pero en versión low cost».

¿Quiénes son Ojete Calor?

Un dúo español de humor musical formado por Carlos Areces y Aníbal Gómez. La canción los cita como referencia de estilo, en clave de homenaje y de autoburla.

¿En qué disco está?

En «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK. La ficha del single lo fecha el 12 de junio de 2026.

¿Quién la ha escrito?

La letra es de Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial.

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