Camp español
Biografía no autorizada de un bañador: «Si Don Aussiebum Hablase»
Por Mike Sain't Louis ·

Kylie Minogue tumbada al borde de la piscina olímpica de Montjuïc, en Barcelona, moviendo los labios muy despacio con el sol de cara. Alrededor, chicos en bañador. Es el videoclip de «Slow», de 2003, dirigido por Baillie Walsh. Y según la historia de la marca, aquella ropa interior era aussieBum. El estilista de Kylie, William Baker, había pedido muestras de toda la colección sin decir para qué. Solo que era «un poco alto secreto».
Veintitrés años después, uno de esos bañadores, o su primo, acaba en una canción mía con tratamiento de señor.
Don AussieBum.
«Si Don Aussiebum Hablase» es la pista 42 de «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk». La letra es mía; la música y las voces están hechas con IA, como todo el catálogo del planeta. Salió el 28 de mayo de 2026 y está en Spotify.
Ya hay en este diario un inventario de la ruptura que cuenta la canción. Esto va de otra cosa. Va del testigo. De quién es este señor que lo ha visto todo, de dónde viene, cuánto costó fabricarlo y por qué el ex se lo llevó a él y no a sus primos de AliExpress.
Una biografía no autorizada. De un bañador.
Sydney, 2001, veinte mil dólares de la casa
Empecemos por el registro civil, que Don AussieBum tiene partida de nacimiento.
La marca la fundó Sean Ashby en Sydney en 2001. Según su ficha en la Wikipedia inglesa, la idea le vino el año anterior, buscando bañadores de nailon cuando todo el mundo se había pasado a la lycra. Lo financió con 20.000 dólares que tenía ahorrados para comprarse una casa.
Para una casa. Se los gastó en slips.
Ya me cae bien.
El nombre sale de que Ashby se consideraba un «beach bum», un vago de playa, alguien que solo quería pagar el alquiler y pasarse las tardes en la arena. Una amiga suya, Marcia Abboud, se presenta como cofundadora «no oficial»: no puso dinero, pero planchaba el logo en las prendas con una prensa de calor. Las tiendas de surf de Sydney le dijeron a Ashby que no, que lo que se llevaba era la lycra. Él vendía la ropa interior desde el maletero del coche.
Fijaos en el arco. Del maletero de un coche en Sydney a la piscina de Montjuïc con Kylie. De ahí a las tiendas de Europa: en 2005 la marca estaba en Selfridges, en Londres, y en el KaDeWe de Berlín, y ese mismo año el 90 % de lo que facturaba venía de la exportación. En 2006 sacó el Wonderjock, un slip con una copa de tela pensada para «levantar» y «realzar» el paquete, proyectándolo hacia delante en vez de dejarlo caer.
Es decir: la marca existe, en buena parte, para lo mismo que dice la canción.
Claro, es que sientan muy bien para promocionar el paquete y la parte trasera
No hay metáfora. Es la descripción del producto. Si el departamento de marketing de aussieBum escribiera coplas, le saldría esta estrofa.
Lágrimas en Montjuïc
Me detengo un momento en Barcelona, porque el primer gran papel de Don AussieBum fue de extra en un videoclip.

La piscina de Montjuïc es la de saltos de los Juegos Olímpicos de 1992, la de las fotos con la ciudad entera detrás del trampolín. Kylie contó a MTV, según recoge la ficha de «Slow», que se pasó todo el rodaje tumbada, «un plan muy astuto», hasta que tuvo que mirar a cámara con el sol justo al lado y se le caían las lágrimas.
Lágrimas de sol. No de pena.
Lo cuento porque en la canción hermana, la 41, el ex dice que él también lo estaba pasando fatal tras la ruptura, que había llorado, que tenía los ojos hinchados. Y el narrador le contesta con un dato: pues en el selfie saliste muy guapo. Hay llantos de Montjuïc, que son del sol, y llantos de ex, que son de cara a la galería. Los dos salen bien en foto.
«Slow» llegó al número uno en España, entre otros países, y estuvo nominada al Grammy a la mejor grabación dance. O sea, que Don AussieBum ya tenía currículum antes de conocer a nadie de este planeta. Ha trabajado con Kylie. Puede permitirse el «Don».
Los de AliExpress bien que los ha dejado
El verso que mejor define al ex no habla de él. Habla de lo que deja en el cajón.
Los de Aliexpress bien que los ha dejado pero los AussieBum aunque eran míos no lo ha dudado y me los ha mangado
Hay una teoría del gusto entera en esos tres versos. El ex sabe distinguir. Tiene ojo. No es un ladrón cualquiera que arrasa con todo: hace selección, como un comisario de exposición. Lo barato, para el que se queda. Lo bueno, para el escaparate.
Y el escaparate es la playa.
La letra lo dice con un verbo muy de patio de colegio madrileño: mangar. Nadie «sustrae» unos bañadores. Te los manga. Y mientras te los manga, tú estás en otra parte:
Se llevó mis AussieBum originales y yo mientras limpiando la casa y cuidando de los animales
Aquí la canción hace un corte de plano que me gusta mucho. Arriba, el ex con slip de marca en una roca al sol. Abajo, el otro con la fregona. El montaje lo hace el oyente.
Lo de «originales» tiene gracia doble. En una relación donde uno ha mentido en casi todo, lo único que se reivindica como auténtico es un bañador. La autenticidad, en este planeta, viene con etiqueta. Es el mismo tema que asoma en «Los ojos de Eduardo Casanova», lo auténtico y lo falso, pero aquí sin metafísica: aquí lo falso cuesta cuatro euros y llega en un sobre de plástico.
Usados como reclamo
Hay una palabra en la primera estrofa que pasa rápido y pesa mucho: reclamo.
No es listo se ha llevado todos mis AussieBum y los ha usado como reclamo
En castellano, el reclamo es también el pájaro de caza. La perdiz enjaulada que se pone en el campo para que canten las otras y se acerquen a tiro. Un cebo vivo. No sé si la letra lo pensó así, pero el verso aguanta esa lectura: el bañador puesto al sol, en la roca, para que se acerquen.
Y el «No es listo» del principio, con su ironía de barra de bar madrileño, lo dice todo del respeto que le queda al narrador. Listo, listísimo. Tan listo que se ha llevado lo que no era suyo para ligar con ello.
En la 41 hay otro detalle del cazador. En aquel selfie tan favorecedor, el de los ojos supuestamente llorosos, se molestó en recortar a su madre, que salía al lado, y le puso un efecto en blanco y negro. Ese es el hombre que se lleva los bañadores de marca. Alguien que edita su propia foto hasta quitar a su madre del encuadre.
El hermano mayor: el falso amore
Don AussieBum no aparece de la nada. La pista anterior del disco, la 41, se llama «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca», y su estribillo es la primera frase de esta. La repite seis veces seguidas al principio, como quien no se lo acaba de creer.

Son dos canciones sobre el mismo robo. La primera es la denuncia. La segunda es la declaración del testigo.
En la 41 el narrador va dando datos del personaje, y conviene leerlos para entender a quién se refiere el bañador cuando habla. La tarta de cumpleaños tenía velas que ponían treinta: «Pues ojo al dato, cumplía cincuenta y no treinta el morenazo». Se decía medio italiano. Tenía unos ojos azules que al narrador le recordaban al mar, y cuando le preguntó si usaba lentillas de colores contestó: «para nada amore».
Todo era de imitación. La edad, la nacionalidad, los ojos. Lo único original de aquel hombre eran los bañadores. Y no eran suyos.
Ahí la 42 tiene todo el sentido. Si la única verdad de la relación era la prenda, el único testigo fiable es la prenda.
Si Don AussieBum hablase
El título es un condicional de telenovela. «Si estas paredes hablasen.» Lo dicen las abuelas en las casas viejas y lo dicen los programas de reformas cuando tiran un tabique. Aquí la pared es lycra y va a la playa.
Y si hablase, dice la canción, la cosa se pondría fea para mucha gente:
estaríamos todos sin maridos parejas, conocidos familiares tíos tías sobrinos hermanos de sangre la prima Carmen el que te ponía bastante el que va de santo en la iglesia y el que es muy guapo pero su mente apesta
Es una lista que empieza en el registro civil y acaba en el confesionario. Los maridos primero, que es lo obvio. Luego el árbol genealógico completo. Luego la prima Carmen, así, con nombre propio, como si todos la conociéramos. Todos tenemos una prima Carmen. Y al final, los tipos: el que te ponía, el santurrón, el guapo con la cabeza podrida.
Lo que hace la enumeración es ampliar el delito. Ahora el sospechoso es medio país, porque el bañador ha estado en tantas rocas, con tanta gente, que su testimonio desmontaría media España.
El chiste tiene una vuelta seria debajo. Una relación rota con un mentiroso te deja con la sensación de que todo el mundo miente. Si él, que te miraba con ojos azules de mentira, era así, ¿por qué no la prima Carmen?
El filete de saldo
Entre la estrofa del paquete y la del pobre AussieBum hay un verso que suele pasar desapercibido y que a mí me parece lo más madrileño de la letra:
hoy tengo de saldo el filete y lo puede probar cualquiera
Es el idioma del mercado de abastos. El cartel escrito a rotulador en la carnicería, el «hoy, oferta», la carne que hay que dar salida antes del cierre. El ex se anuncia como un mostrador. Y el bañador de marca es el papel de envolver bonito.
La crueldad del verso está en el «cualquiera». Lo que en casa era exclusivo, en la roca está de saldo. El narrador no lo dice con rabia: lo dice con voz de tendero, como quien recita los precios del día. Ese cambio de registro, de la queja al pregón, es un truco que usa mucho el planeta, y aquí funciona porque la imagen es fea y graciosa a la vez.
Y hay una lectura de clase que no quiero dejar pasar. El narrador pagó los AussieBum originales. El ex los usa para venderse barato. El objeto de lujo acaba sirviendo para una rebaja. Si Sean Ashby se hubiera gastado los ahorros de su casa para esto, se lo pensaba.
Saca metes
Luego viene la estrofa que justifica que esta canción no suene en la radio de la mañana.

Pobre AussieBum Bum Bum ha visto tantas veces Don AussieBum Bum Bum tantos saca metes saca metes
«Pobre.» Ese adjetivo lo cambia todo. El bañador queda como víctima, y nada de cómplice. Lo han usado para lo que no era, o justo para lo que era, y ahora carga con una memoria que no ha pedido. Es la misma compasión que te da el sofá de un piso de alquiler en Lavapiés.
Y el «bum bum» del estribillo hace de onomatopeya, de nombre de marca y de ritmo, todo a la vez. La palabra «bum» en inglés australiano es el culo. La marca se llama, literalmente, culo australiano. La canción lo convierte en percusión.
Después viene la contabilidad:
y eso solo contando cuando te los has bajado porque si hablara de cuando directamente te los has quitado y los has dejado en una roca tirados no da ni con un disco de trescientas canciones
Esto lo leo y me río solo, porque tiene trampa. El planeta Gayfolk, sumando los tres discos de la trilogía, son 273 pistas. Lo dice la propia ficha del single: pista 222 de 273. No llegamos a las trescientas.
Así que, según mis propias cuentas, el catálogo entero no da para contar lo que ha visto un bañador.
Me parece justo.
La roca
Vuelvo a la roca porque es la imagen que más me gusta de toda la letra.
Un bañador tirado en una roca. No en la toalla, no en la bolsa: en la roca. Hay en esa palabra un paisaje entero de calas de piedra, de sitios a los que se baja con chanclas y cuidado, de la zona de la playa «que tú ya sabes». En la 41 se nombra sin rodeos: la playa nudista y la zona de cancaneo.
En este planeta las playas tienen mucho peso. Hay canciones enteras para una sola, como «La playa del Mal Pas». Pero aquí la roca no tiene nombre. Es cualquier roca, en cualquier costa, en cualquier verano. Por eso funciona: cada uno pone la suya.
Y el bañador tirado sobre ella hace de prueba del delito. Como el guante en una película de juicios. Si lo hubieran guardado, no habría historia. Lo dejaron ahí, al sol, y el sol no es discreto.
Dientes, dientes
Llegamos al final, que es donde la canción se pone de pie.
Ni que fueras tan importante Tú me hiciste insignificante pero ya sabes que yo soy siempre Ave Fénix y como diría La Pantoja ¡Tú tira palante!
Y un poco después:
Dientes, dientes que es lo que les jode
La frase de los dientes tiene historia y fecha. Según cuenta RTVE, fue en agosto de 2003, en Marbella. Isabel Pantoja paseaba con Julián Muñoz, entonces alcalde de la ciudad, con una procesión de fotógrafos detrás, y le dijo que sonriera: dientes, dientes, que eso es lo que les jode. El Periódico la llama la frase más famosa de la tonadillera.
Fijaos en el contexto. Una pareja acosada por la prensa, metida en un lío que acabaría en los tribunales, y ella decide que la respuesta es una sonrisa ensayada. Enseñar los dientes como quien enseña el carné. No dar a los fotógrafos la foto de la cara larga.
Eso hace el narrador de la canción. Le han robado los bañadores, le han mentido con la edad y los ojos, le han hecho «insignificante». Y su respuesta es la de la Pantoja en Marbella: dientes. Que no se note. O que se note, pero sonriendo.
Mi parte favorita es la que viene justo después: «que yo no me quejo y eso que». Y ahí se corta. La frase no termina. El que nunca se queja, quejándose, y cortándose a sí mismo antes de que se le escape del todo. Eso, para mí, es lo más camp de la canción. No el paquete ni las rocas: la dignidad que se queda a media frase.
El «tú tira palante» se alarga en el último estribillo hasta convertirse en «palanteeeede», que es lo que pasa cuando una frase de ánimo se estira más de la cuenta. Y el Ave Fénix conecta con otra canción del planeta, «Tattoo de fénix», donde el renacer se lleva en la piel. Aquí es más modesto. Es comprarse bañadores nuevos.
Un señor en el cajón
¿Por qué «Don»?

En castellano, el «don» es tratamiento de respeto, de notario, de cura de pueblo, de señor mayor de la escalera. Ponérselo a unos calzoncillos es una broma de escala. Lo diminuto, lo que cabe en un puño, se convierte en autoridad. En el testigo principal del caso.
Hay mucha tradición detrás de esto en el humor español: los objetos que hablan en los anuncios, las cosas personificadas de los programas infantiles. El camp vive de eso. De tratar lo trivial con solemnidad. Lo explicamos en la página de camp del planeta con más calma.
Pero el «Don» también tiene algo de pena. A los señores mayores se les trata de usted y nadie les pregunta nada. Don AussieBum lo sabe todo y nadie le pide declaración. Por eso el título va en condicional. Si hablase. No habla.
Y menos mal.
La marca, hoy
Para cerrar la biografía, unos datos del presente, porque Don AussieBum no se ha jubilado.
Según su historia publicada, en 2009 la marca ganó la categoría de pequeño y mediano fabricante en los premios australianos a la exportación, y el diputado de su distrito, Anthony Albanese, la felicitó públicamente. Sí, el mismo Albanese que luego fue primer ministro de Australia. En 2010 anunció una tela con un 27 % de fibra de plátano, que contó Reuters. Y en 2023 se interesó un inversor con el plan de entrar en el mercado indio.
Es una de esas marcas que el público gay conoce de memoria aunque no la haya comprado nunca. Lo cual explica la canción mejor que cualquier análisis: el ex no se llevó unos bañadores. Se llevó un logo. Se llevó lo que la gente de la playa reconoce desde lejos.
Por eso los de AliExpress se quedaron en el cajón. No por la tela. Por el nombre bordado en la cintura.
Cómo escucharla
Unas pistas para quien llegue nuevo:
- Pon antes «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca». Es la denuncia. Esta es la declaración.
- Fíjate en el arranque: seis veces la misma frase antes de que entre el resto. Es la cabeza del que no se lo cree todavía.
- Cuenta los «bum». No te va a dar tiempo, pero el intento divierte.
- Espera al «que yo no me quejo y eso que», que pasa rápido y es lo mejor.
- Si quieres verla, el videoclip oficial dura 4:33 y está también en el canal del planeta.
Ficha de mesilla
- Título: «Si Don Aussiebum Hablase».
- Disco: «Descubierto un nuevo planeta llamado Gayfolk», pista 42, justo después de «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca».
- Fecha: 28 de mayo de 2026.
- Autoría: letra de Mike Sain't Louis; música y voces creadas con IA.
- Escúchala: Spotify.
- Para periodistas y curadores: la sala de prensa tiene fotos, textos y contacto.
Un bañador en una roca y una prima que se llama Carmen.
Dientes, dientes.
Preguntas frecuentes
¿Qué es aussieBum?
Es una marca australiana de bañadores y ropa interior masculina fundada por Sean Ashby en Sydney en 2001. Su ropa interior salió en 2003 en el videoclip de «Slow» de Kylie Minogue, rodado en la piscina de Montjuïc de Barcelona.
¿De dónde viene «dientes, dientes, que es lo que les jode»?
Es una frase de Isabel Pantoja a Julián Muñoz ante los fotógrafos en Marbella, en el verano de 2003 según RTVE. La canción la usa como remate: sonreír para que no se note el golpe.
¿Qué relación tiene con «Un falso amore se ha llevado mis bañadores de marca»?
Es la pista anterior del mismo disco. Su estribillo abre «Si Don Aussiebum Hablase»: la 41 denuncia el robo y la 42 imagina el testimonio del bañador.
¿Quién hizo la canción?
La letra es de Mike Sain't Louis. La música y las voces están creadas con inteligencia artificial.