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Cuaderno de inmersión: «Sonne und Wind», una jaula entre tiburones y un corazón rojo donde no llega el rojo

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Portada de «Sonne und Wind», canción de Mike Sain't Louis: bajo el mar, un hombre con traje de neopreno, arnés y una cruz al cuello está sentado con los ojos cerrados dentro de una jaula cilíndrica que cuelga de una cadena, rodeado de tiburones, mientras sobre él flota un gran corazón rojo hecho de partículas; el título va en letras rojas de estilo gótico

Quien bucea lleva un cuaderno. Puede ser una libreta plastificada, una aplicación o unas hojas grapadas, pero la costumbre es la misma: después de cada inmersión se apunta dónde fue, a qué profundidad, cuánto duró, cómo estaba el agua, qué se vio y si pasó algo raro. Al final de la página, el compañero firma. Es un documento de seguridad y, con los años, también un diario íntimo: hay quien relee su cuaderno de buceo como otros releen cartas antiguas.

La portada de «Sonne und Wind» muestra una inmersión. No una cualquiera, sino una de las más extremas que existen: la de quien baja dentro de una jaula para ver tiburones de cerca. Así que este post adopta la forma de una hoja de ese cuaderno. Con sus casillas, sus datos y sus observaciones, aunque algunas casillas haya que rellenarlas con lo que no se ve.

Una aclaración antes de ponernos el neopreno. La letra de esta canción no está publicada, y aquí no se copia ni se inventa. Tampoco hay videoclip oficial con el que contrastarla. El material de esta hoja es la portada, el texto que Mike escribió sobre la canción en su web, dos notas de su diario y el lugar que ocupa en el disco. Todo lo demás son lecturas mías, y las marco como tales.

Datos de la inmersión

Inmersión número: pista 73 de 86 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK.

Buceador: un hombre joven con el pelo rizado y oscuro, barba corta, traje de neopreno negro, arnés con hebillas metálicas, guantes y una cruz colgada al cuello.

Responsable de la expedición: Mike Sain't Louis, madrileño, «el primer cantautor IA». Firma la letra, la composición y la producción; la música y las voces se crean con inteligencia artificial.

Idioma de la bitácora: alemán. «Sonne und Wind» significa «sol y viento».

Modalidad: inmersión en jaula.

Compañero de inmersión: ninguno visible. Va solo.

Esa última casilla es la primera que llama la atención. En el buceo hay una regla que se enseña el primer día y que nadie se salta: nunca se baja solo. El compañero comprueba tu equipo, te vigila el aire, te ayuda si algo falla. Aquí el buceador está completamente solo dentro de su jaula. Lo anoto como dato, sin sacar conclusiones todavía.

Punto de inmersión: aguas profundas, sin nombre

En la portada no hay fondo marino, ni rocas, ni arena. Solo azul oscuro en todas direcciones y, arriba, unos haces de luz que bajan desde la superficie, muy lejos. Hay burbujas subiendo por todas partes. La jaula, cilíndrica y de barrotes negros, cuelga de una cadena larga que se pierde hacia arriba.

En la vida real, el buceo en jaula con tiburones es una actividad turística que se practica en sitios concretos, como Gansbaai, en Sudáfrica, o la isla Guadalupe, frente a la costa de México. Normalmente la jaula se queda junto al barco, cerca de la superficie, y los tiburones se acercan atraídos por cebo. Lo que muestra la portada es otra cosa: una jaula descolgada en mitad del océano, lejos de cualquier barco visible, como si alguien hubiera soltado cadena hasta el final.

Observación: el punto de inmersión no tiene nombre porque no es un lugar del mapa. Es un estado. Mike lo dijo de forma muy precisa en su texto: es como soñar con la superficie mientras uno sigue atrapado en una historia que le muerde por todos lados.

Profundidad: la presión que no se ve

Profundidad estimada: la suficiente para que la luz llegue débil.

Collage con un detalle de la carátula de «Sonne und Wind» y las carátulas de «Fly Away», «Hetero», «Sol e Lua»

Cada diez metros de agua de mar añaden aproximadamente una atmósfera de presión sobre el cuerpo. A treinta metros, el buceador soporta cuatro veces la presión que tendría en la playa. No se nota como un peso sobre los hombros, sino de formas más sutiles: en los oídos, en el aire que se gasta más rápido, en una cierta lentitud del pensamiento que los buceadores conocen bien y que se llama narcosis.

La metáfora es casi obvia, pero no por eso menos útil. Hay presiones que no se ven y que, sin embargo, actúan sobre el cuerpo entero: la de una relación que asfixia, la del qué dirán, la de tener que esconder quién eres. Uno no siente un peso concreto; siente que respira peor, que piensa más despacio, que todo cuesta un poco más. Y como no se ve, a veces tarda en darse cuenta de lo hondo que está.

Visibilidad y color: el rojo que no debería estar ahí

Visibilidad: reducida. Color dominante: azul negro. Anomalía: un corazón rojo enorme.

Aquí está, para mí, el dato más extraño de toda la hoja. Por encima de la jaula flota un corazón gigante de color rojo intenso. No es un objeto sólido: está hecho de partículas, como una nube de polvo de coral, de pétalos deshechos o de algo que se disuelve en el agua. Ocupa casi toda la parte superior de la imagen.

Cualquier buceador sabe que el rojo es el primer color que desaparece bajo el agua. A pocos metros de profundidad, el agua absorbe la luz roja y todo lo rojo empieza a verse marrón, gris o negro. Por eso los fotógrafos submarinos llevan focos: para devolver los colores que el mar se come. A la profundidad que sugiere la portada, un corazón de ese rojo sería, físicamente, imposible de ver así.

Esa imposibilidad es justo lo que lo hace interesante. El corazón no está iluminado por el sol, porque el sol no llega. Brilla por su cuenta. Mi lectura, y la doy como lectura, es que ese rojo es lo único que el buceador ha traído consigo desde la superficie. El mar se ha comido todos los colores menos ese.

Mike propuso dos lecturas en su texto: el amor que te protege y te encierra a la vez, o la jaula que uno mismo elige para no salir herido. Y añadió que la portada no da la respuesta y que le parecía bien que no la diera.

Fauna observada: tiburones

Especies: tiburones grandes, de lomo gris y vientre claro. Número: al menos seis. Comportamiento: rondan la jaula.

Los tiburones de la portada se mueven alrededor de la jaula a distintas distancias. Los más cercanos ocupan las esquinas inferiores, enormes, con la boca entreabierta. Otros, más pequeños por la perspectiva, nadan arriba, entre las burbujas y el corazón.

Conviene decir algo en defensa de los tiburones, porque su fama es mucho peor que su conducta. Desde que se estrenó «Tiburón», de Steven Spielberg, en 1975, el animal se convirtió en el villano por excelencia del cine. Peter Benchley, autor de la novela en que se basaba la película, pasó buena parte de su vida posterior dedicado a la conservación marina y a desmontar el miedo que su historia había ayudado a crear. Las mordeduras no provocadas de tiburón son muy raras: el registro internacional que mantiene el Museo de Historia Natural de Florida contabiliza unas pocas decenas al año en todo el mundo. El gran tiburón blanco, de hecho, figura como especie vulnerable en la Lista Roja de la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza.

Lo digo porque la portada juega con ese miedo heredado. Los tiburones no atacan: rondan. Lo que da miedo no es lo que hacen, sino lo que podrían hacer. Mike lo dejó abierto con una pregunta para quien escucha: decidir si los tiburones están fuera o dentro.

Equipo: la jaula

Tipo: cilíndrica, de barrotes verticales negros, con aros horizontales y una cadena en lo alto. Estado: cerrada.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, junto al título «Sonne und Wind»

La jaula del buceo con tiburones tiene una función clara: protege. Gracias a ella, una persona puede estar a un metro de un depredador enorme sin riesgo. Pero también impide moverse, explorar, nadar libremente. Es a la vez escudo y encierro. Por eso la imagen funciona tan bien como metáfora de cierto tipo de relaciones, y también de cierto tipo de defensas personales.

Hay quien construye una jaula alrededor de su corazón después de que se lo rompieran. No vuelve a confiar, no se expone, no deja que nadie se acerque demasiado. Durante un tiempo funciona: nadie le hace daño. Pero tampoco le llega nada. El diario de la web habla de lo contrario en una entrada sobre dependencia emocional, donde Mike explica que querer a alguien no debería significar dejar de quererte a ti. La jaula puede ser las dos cosas: quedarte encerrado con alguien que te hace daño, o encerrarte tú para que nadie pueda hacértelo.

Observación: el buceador tiene los ojos cerrados. No mira a los tiburones. Su cara no expresa pánico, sino algo más parecido al cansancio, o a la resignación, o a la concentración de quien intenta respirar despacio. Es el gesto de alguien que ha aprendido a quedarse quieto.

Incidencias: la cruz y la cadena

Dos detalles que apunto en la casilla de incidencias.

El primero es la cruz que el buceador lleva al cuello, colgada de una cadena fina, por encima del neopreno. En el buceo nadie recomienda llevar colgantes, porque se enganchan. Que esté ahí indica que es importante para él. Puede ser fe, puede ser un recuerdo de alguien, puede ser un amuleto. La portada no lo explica y no voy a inventarlo.

El segundo es la cadena de la que cuelga la jaula. Sube recta hacia la superficie y se pierde en la oscuridad. Es lo único que conecta al buceador con el aire, con el barco, con el mundo de arriba. Mientras la cadena aguante, se puede volver. Me gusta pensar en ella como la casilla más importante del cuaderno: la línea de retorno.

Burbujas: lo que sube mientras uno se queda

Registro de burbujas: abundantes, ascendentes, alrededor de la jaula y por encima del corazón.

Las burbujas de la portada son un detalle pequeño que dice mucho. Un buceador con regulador suelta aire cada vez que respira, y ese aire sube hacia la superficie formando columnas plateadas. Ver burbujas significa que alguien está respirando. Es la prueba de vida más sencilla que hay bajo el agua.

En la imagen, las burbujas suben sin parar mientras el buceador se queda quieto en su jaula. Él no se mueve, pero su aliento sí viaja hacia arriba, hacia ese sol y ese viento del título. Me parece una imagen preciosa de lo que hacen muchas personas cuando están atrapadas: no pueden irse todavía, pero algo de ellas sigue subiendo. Una canción, un mensaje, una conversación con una amiga, una nota en el móvil. Pequeñas burbujas que demuestran que, ahí abajo, alguien sigue respirando.

Luz desde arriba

Fuente de luz: natural, cenital, muy débil.

Collage con un detalle de la carátula de «Sonne und Wind» y las carátulas de «Dans la nuit», «Sunset Boulevard», «Llorar»

Desde la parte alta de la portada bajan unos haces de luz oblicuos, de esos que los buceadores llaman rayos de Dios cuando el sol atraviesa el agua en un día claro. No iluminan la jaula, que queda casi en sombra, pero están ahí, marcando la dirección de la superficie.

En un cuaderno de inmersión real, esta casilla serviría para anotar las condiciones: si el día estaba nublado, si el agua venía turbia. En esta hoja sirve para otra cosa. Esos haces son la única pista de que arriba sigue habiendo sol, aunque desde la jaula no se vea. Son la versión visual del título. «Sonne und Wind» escrito con luz, no con letras.

El título: sol y viento escritos desde abajo

Lo más desconcertante de esta hoja es el contraste entre la imagen y el título. La portada es oscuridad, agua, presión y depredadores. El título habla de sol y de viento, dos cosas que no existen a esa profundidad. Mike lo señaló con ironía: nombrar el aire libre desde el fondo, como quien sueña con la superficie.

Hay algo más en la elección del alemán. En esa lengua, el sol es femenino, «die Sonne», y el viento es masculino, «der Wind». En español los dos son masculinos. En portugués, que es el idioma de otra canción del catálogo, «Sol e Lua», el sol es masculino y la luna femenina, mientras que en alemán ocurre justo al revés: la luna es masculina, «der Mond». Los géneros gramaticales de los astros cambian de una lengua a otra sin que el cielo se entere. Es un pequeño recordatorio, muy del planeta de Mike, de que lo que parece natural muchas veces es solo una convención.

En su diario hay una entrada sobre un planeta que habla muchos idiomas, donde Mike explica que los títulos en otras lenguas suelen corresponder a canciones más atmosféricas, y lo resume con una imagen bonita: en el planeta, cada idioma es una zona horaria distinta. Cita «Sonne und Wind» como su canción en alemán, junto a otras en inglés, en portugués o en francés, como «Dans la nuit».

Si cada idioma es una zona horaria, el alemán de esta canción marca la hora de la profundidad: la de los momentos en que uno está tan abajo que necesita nombrar el sol en otra lengua para recordar que existe.

Tiempo de fondo: el amor que no pide permiso

En el cuaderno de buceo, el tiempo de fondo es el que se pasa a la profundidad máxima. Es el más valioso y el más peligroso, porque es el que más aire consume y el que más condiciona el ascenso.

La nota del diario que Mike dedicó a la canción, «Sonne und Wind: diario de abordo», la coloca bajo un epígrafe que se repite en muchas de sus entradas: el amor que no pide permiso. Y añade una imagen muy suya: un grupo de mensajes del cosmos que se llama «las que sobrevivimos» y que nunca se queda en silencio. También deseaba que se compartiera con alguien que todavía no sabe que la necesita.

Leído junto a la portada, ese epígrafe cambia el sentido de la jaula. El amor que no pide permiso es, en el universo de Mike, el amor entre personas del mismo sexo, el que durante siglos tuvo que vivirse escondido, en lo hondo, rodeado de amenazas. Mi lectura es que la jaula entre tiburones puede ser también eso: querer a alguien en un entorno hostil, protegido por unos barrotes que a la vez te aíslan. Y el corazón rojo, el único color que el fondo no consigue apagar.

Y el grupo de las que sobreviven es la cadena. La gente que te espera arriba.

Descompresión: subir despacio

Los buceadores saben que lo más peligroso no siempre es bajar, sino subir. Si se asciende demasiado rápido desde una gran profundidad, el nitrógeno acumulado en el cuerpo forma burbujas y puede provocar un accidente grave. Por eso existen las paradas de descompresión: unos minutos de espera a determinada profundidad para que el cuerpo se adapte poco a poco.

Ficha de la canción «Sonne und Wind» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

Salir de una relación que encierra, o de una etapa en que uno se ha protegido demasiado, funciona de forma parecida. No se vuelve a la superficie de golpe. Hay que hacer paradas: hablar con alguien, recuperar rutinas, volver a confiar poco a poco. Querer salir de un tirón suele acabar mal. Ir despacio no es debilidad, es técnica.

En el diario hay una entrada sobre la ansiedad sin estigma que ayuda a entender esa sensación de estar rodeado de amenazas que quizá no atacan, pero que no dejan de rondar.

Si te falta el aire

En buceo, la señal de que te queda poco aire es universal: un puño cerrado contra el pecho. Fuera del agua, esa señal hay que hacerla con palabras.

Si te sientes atrapado en una relación que te hace daño, o encerrado en tu propia cabeza, cuéntaselo a alguien de confianza. Un profesional de la psicología puede ayudarte a encontrar la salida, y tu médico de cabecera puede derivarte. Si estás en un momento muy difícil, en España tienes el 024, gratuito, confidencial y disponible a cualquier hora, por teléfono o por chat. Ante un peligro inmediato, el 112. El Teléfono de la Esperanza atiende en el 717 003 717 y la FELGTBI+, que acompaña a personas LGTBI, en el 91 360 46 05. Si estás en otro país, marca tu número local de emergencias o consulta findahelpline.com, que reúne líneas de ayuda de todo el mundo.

Si lo que vives es violencia en la pareja, también entre dos hombres o entre dos mujeres, eso tiene nombre y tiene salida. No es una jaula de la que haya que salir solo.

Las inmersiones vecinas

En el disco, «Sonne und Wind» se sumerge entre dos canciones con títulos que parecen hablar de lo mismo desde extremos opuestos. Justo antes está «Fly Away», que en inglés significa echar a volar, irse lejos. Justo después, «Hetero».

La secuencia es casi un chiste de hoja de inmersión. Primero, el deseo de volar. Después, la bajada al fondo del mar, en una jaula, rodeado de tiburones. Y al salir, una palabra que en el planeta de Mike siempre llega cargada de ironía. Del cielo al fondo y del fondo a la etiqueta. Si uno lee las tres en fila, la jaula queda justo en medio, como una parada obligatoria entre el impulso de huir y la mirada de los demás.

Firma del compañero

Al final de cada página del cuaderno de buceo hay una casilla para la firma del compañero, que certifica que la inmersión fue real y que todo salió bien. En esta hoja no hay compañero visible, así que la firma queda en blanco.

O quizá no. Mike, en su texto, terminaba invitando a escucharla y decidir si los tiburones están fuera o dentro. Esa invitación es una forma de bajar con el buceador. Quien escucha se convierte en el compañero que faltaba, el que comprueba el aire, el que vigila la cadena, el que espera arriba con una toalla.

Firma tú la casilla. Y cuando subas, que haya sol y viento.

«Sonne und Wind» se descarga gratis desde su ficha de sencillo y suena en Spotify. Las letras ya disponibles se reúnen en la sección de letras; prensa y medios encontrarán material en esta página.

Preguntas frecuentes

¿Qué significa «Sonne und Wind»?

Es alemán y significa «sol y viento». Mike la incluye entre las canciones de su catálogo en otros idiomas, junto a temas en inglés, francés y portugués.

¿Se puede leer la letra?

Todavía no está publicada. Este post no la copia ni la imagina: se apoya en la portada, en el texto de Mike sobre la canción, en las notas de su diario y en el lugar que ocupa en el disco.

¿Qué se ve en la portada?

Un hombre con equipo de buceo sentado dentro de una jaula sumergida, rodeado de tiburones, bajo un gran corazón rojo. Mike la leyó como un amor que protege y encierra a la vez, o como la jaula que uno elige para no salir herido, y dejó la respuesta al oyente.

¿En qué disco está?

En «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», el segundo álbum de la trilogía GAYFOLK. Es la pista 73 de 86, entre «Fly Away» y «Hetero».

¿Quién la ha creado?

Mike Sain't Louis, artista de Madrid y «el primer cantautor IA»: letrista, compositor y productor musical. Las voces y la música se generan con inteligencia artificial.

¿Y si me siento atrapado en una relación o en mi propia cabeza?

Hablarlo ayuda, y un profesional de la psicología puede acompañarte; tu médico de cabecera es la puerta de entrada. En España, el 024 atiende gratis y a cualquier hora, y el 112 en emergencias. El Teléfono de la Esperanza está en el 717 003 717 y la FELGTBI+ en el 91 360 46 05. Fuera de España, tu número de emergencias o findahelpline.com.

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