Humor
Folleto de viaje: «Vas a escuchar un disco muy raro» leída como un paquete turístico a Ámsterdam
Por Mike Sain't Louis ·

Hay canciones que se presentan como una carta, otras como un diario y otras como una pelea. «Vas a escuchar un disco muy raro» se presenta como otra cosa: como la megafonía de un autobús que está a punto de salir. Casi al final de la letra, una voz impostada de guía turístico da la bienvenida a «un viaje musical agradable, disfrutable, amable, brutal en la ciudad de Ámsterdam». Y el disco en el que está la canción se llama, nada menos, «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk».
Con esas dos pistas, el planeta propone leer la canción como lo que también es: el folleto de una excursión organizada. Ese papel satinado que te dan en la agencia, con la foto bonita delante, las condiciones en letra pequeña detrás y un apartado de reclamaciones que nadie lee hasta que hace falta. Ya hay en este diario una nota sobre la canción como aviso a prejuiciosos, y otra en la que Mike explica cómo la pensó. Esta va por otro lado: abre el folleto página a página, con la ficha del destino, la documentación, el equipaje, la tripulación, el idioma local y el seguro de viaje.
Antes de empezar, la advertencia de rigor que lleva cualquier folleto: todos los nombres que aparecen en las letras de Mike son personajes inventados. La tía Chumino no tiene DNI. Y nada de lo que sigue es una recomendación de consumo de nada; la letra usa el humo como decorado de fiesta, y este folleto también.
Portada del folleto: el bailarín
Todo folleto de viaje se vende por la foto de portada. Normalmente sale una playa con una palmera o una catedral al atardecer. La de este paquete es mucho más rara, como promete el título. Sobre un fondo completamente negro, un hombre musculoso, con barba y los brazos llenos de tatuajes, posa como un bailarín clásico. Lleva un maillot negro, un tutú negro de bailarina y zapatillas de punta. Tiene un brazo levantado por encima de la cabeza y el otro extendido hacia el lado, con una pierna adelantada sobre la punta del pie.
El título ocupa la mitad izquierda en letras de color crema y dorado: «Vas a escuchar un», en mayúsculas finas, y luego «DISCO» enorme, en una tipografía de pincel, como la firma de un cartel de cabaret. Debajo, «MUY RARO», y en la base, pequeño, el nombre de Mike Sain't Louis entre dos filetes.
Como portada de folleto es perfecta, porque hace exactamente lo que hace la canción: te avisa antes de que pagues. Si un hombre con barba y tutú negro te parece un escándalo, este viaje no es para ti. Si te parece precioso, sube. El tutú negro, además, tiene su historia en el ballet: el cisne negro de «El lago de los cisnes» es el doble oscuro de la protagonista, la que hace lo mismo que la otra pero con otra intención. Es una buena imagen para un disco que se declara raro: los mismos pasos de siempre, con otro color.
Ficha del destino
Destino: Ámsterdam, según la megafonía. Pero el destino verdadero es el que da nombre al disco, Gayfolk, ese planeta al que el álbum quisiera poder viajar. Ámsterdam funciona como escala, como la ciudad más cercana al planeta que se puede encontrar en un mapa.
La elección tiene lógica. Para mucha gente en España, Ámsterdam es desde hace décadas la ciudad que se asocia con cierta libertad: los canales, las bicicletas, los coffeeshops donde el cannabis se vende bajo una política de tolerancia, y una larga fama de ciudad abierta para la gente LGTBI. Países Bajos fue el primer país del mundo en aprobar el matrimonio entre personas del mismo sexo, en 2001. Es una ciudad que cualquiera reconoce en un folleto aunque no haya estado nunca.
Duración del viaje: lo que dura el videoclip oficial, tres minutos y cuarenta y cuatro segundos. Régimen: todo incluido, con lerele a discreción. Temporada: cualquiera, porque la canción no menciona el tiempo que hace. Tipo de viaje: organizado, en grupo, con guía.
Documentación necesaria
En cualquier folleto, antes de las fotos de los hoteles, hay un apartado gris que nadie lee: la documentación. Pasaporte en vigor, visado si procede, tarjeta sanitaria. El de este viaje es mucho más corto y lo dice el primer verso: si vienes con prejuicios, échate a un lado.

Es el único documento que se exige, y funciona al revés que los demás. No hay que traer nada; hay que dejar algo. Los prejuicios son el equipaje de mano que no pasa el control, el bote de champú de más de cien mililitros que se queda en la bandeja. La canción no los requisa de malas maneras. Simplemente pide que quien los lleve se aparte de la fila y deje pasar a los demás.
Ese «échate a un lado» tiene algo muy castizo. No es un «prohibida la entrada», ni un «reservado el derecho de admisión». Es lo que se dice en una puerta estrecha, en un pasillo de tren, en una barra llena: hazte a un lado, que paso. Es una frase de convivencia apretada. Quien no quiere el viaje no queda expulsado; se queda en el andén, mirando cómo sale el autobús.
Equipaje y consigna
El segundo apartado de todo folleto es el equipaje. Cuántos kilos, qué medidas, qué no se puede facturar. Aquí la letra lo resuelve con un detalle doméstico que es de lo más gracioso de la canción: la bolsa de maría se deja en el mueble del pasillo.
El mueble del pasillo es una institución de las casas españolas. Es esa cómoda o ese mueble estrecho de la entrada donde se dejan las llaves, el correo sin abrir, las monedas sueltas, el paraguas que gotea y la propaganda del buzón. Es la consigna de la casa. Y la canción lo convierte en la consigna del viaje: lo que no se lleva encima se deja ahí, a mano, junto a la puerta.
La gracia está en el contraste. Una canción que va a terminar en Ámsterdam empieza en un pasillo de piso, con su mueble y su espejo. El viaje, como pasa tantas veces en Gayfolk, sale desde casa. No hace falta aeropuerto. El autobús para delante del portal.
Contactos de emergencia: la tía Chumino
Todo folleto incluye un teléfono para emergencias. El de este viaje tiene nombre propio: la tía Chumino. La letra invita a quien se escandalice a ir corriendo a chivarse a ella.
La tía Chumino es un personaje, como todos los de las letras de Mike, y su nombre ya es un chiste en sí mismo. Pero el papel que cumple lo reconoce cualquiera. Es la autoridad familiar a la que se acude cuando algo no gusta. La que va a poner orden, la que va a llamar a tu madre, la que va a decir que esto en sus tiempos no pasaba. En el folleto, sería la oficina de atención al cliente que todos los viajeros conocen y ninguno quiere llamar.
Lo bonito es que la canción no la insulta. Le manda a los chivatos, que no es lo mismo. La tía Chumino aparece como destinataria de quejas, no como enemiga. Hay hasta un punto de ternura en esa imagen de alguien que sale corriendo por el pasillo, pasa por delante del mueble donde se ha quedado la bolsa y va a buscar a la tía para contarle lo que ha oído.
La tripulación: unos liantes
Los folletos de cruceros presentan a la tripulación con fotos sonrientes: el capitán, el jefe de cocina, la animadora. En este, la tripulación la presentan los que se quejan, y lo hacen con una sola palabra: liantes. Esos músicos son unos liantes.

Liante es una palabra estupenda. Quiere decir embaucador, enredador, el que te mete en líos con buenas palabras. Y en esta letra tiene un doble sentido que asoma unos versos más abajo, cuando resulta que, encima, los músicos se lían los porros. Son liantes en los dos sentidos: enredan y lían. La palabra que suelta la queja acaba siendo, sin querer, una descripción literal.
Luego llega la reclamación más vieja del mundo de la música: esa mierda que hacen no es como la de antes. En la nota sobre su proceso, Mike recordaba que esa frase se ha dicho de cada generación de músicos, y que hoy se dice también de la música hecha con inteligencia artificial, que es su manera de trabajar. En el folleto, esa línea sería la reseña de una estrella que deja un cliente descontento en una web de opiniones. Y la canción la imprime en el propio folleto, sin borrarla, como esas agencias que presumen de que las malas críticas también las publican.
Justo después viene la respuesta de la tripulación: échales un guante. La expresión se usa sobre todo para decir «échale un guante a alguien», atraparlo, pillarlo. Es lo que dice el que señala al culpable. Y luego, el remate exclamativo de toda vecina que se precie: ¡ay, mi madre!
Idioma local: guía de conversación del lerele
Todo buen folleto trae al final una pequeña guía de conversación. Cinco o seis frases para salir del paso: hola, gracias, la cuenta por favor, dónde está el baño. En Ámsterdam serían en neerlandés. En este viaje, la guía de conversación tiene una sola palabra, y es lerele.
Así se llega a ella. La letra dice que los porros se lían con papel de ele. Y del sonido de «de ele» sale, por pura música, «lerele». Es un juego de palabras de los de toda la vida, de los que salen de repetir algo en voz alta hasta que la boca lo convierte en otra cosa. «Papel de ele, papel de ele», y de golpe, lerele.
Lerele no significa nada concreto, y por eso funciona tan bien como idioma de viaje. Es como el olé, como el ay, como las palmas: un sonido que dice estoy aquí y me lo estoy pasando bien. Tiene algo de jaleo flamenco y algo de estribillo de verbena. Cualquiera puede aprenderlo en un minuto. No hace falta curso de idiomas.
En la letra, la palabra lerele aparece once veces seguidas en cada uno de los dos estribillos largos, una debajo de otra. Once lereles. En la página de la letra parecen una columna, como la lista de vocabulario de un cuaderno de idiomas, la misma palabra copiada hasta que se aprende. En la canción, esa repetición deja de ser palabra y pasa a ser ritmo.
Guía de conversación del viaje, por tanto:
- Para saludar: lerele.
- Para dar las gracias: lerele.
- Para pedir otra ronda: lerele.
- Para quejarse: no hay palabra; para eso está la tía Chumino.
Clima y estado de ánimo
Los folletos dan siempre la temperatura media del destino. Este, en lugar del tiempo, da el estado de ánimo, y lo resume en un refrán inventado para la ocasión: el que fuma disfruta y el que llora… pues eso, que llora.
Ese «pues eso» es de lo mejor de la letra. Es la frase de quien no quiere gastar más palabras en algo que está claro. El refrán empieza con forma de sentencia, con su estructura de dicho popular, y en lugar de terminar con una moraleja termina encogiéndose de hombros. El que llora, llora. No hay consuelo ni reproche. Solo constancia.
Luego llegan los «¡ay, que llora!», repetidos, con su tono de plañidera de broma. En términos de folleto, es el parte meteorológico: cielos despejados para quien viene a pasarlo bien, chubascos dispersos para quien se ha traído los prejuicios. Y la agencia no se hace responsable del tiempo.
El mensaje de bienvenida
Todo viaje organizado tiene su momento de megafonía. El guía coge el micrófono en el autobús, se presenta, dice el nombre del conductor y da la bienvenida. En la canción, ese momento llega dos veces, y es la frase más larga de toda la letra:

Bienvenidas y bienvenidos a un viaje musical agradable, disfrutable, amable, brutal en la ciudad de Ámsterdam.
Lo primero que llama la atención es el saludo en los dos géneros, bienvenidas y bienvenidos, como se hace hoy en cualquier acto público. Es el tono oficial, de presentadora de gala o de azafata de vuelo. Lo segundo es la ristra de adjetivos. Agradable, disfrutable y amable riman entre sí y suenan a catálogo de agencia, a esas palabras que se ponen para vender sin decir nada. Y entonces, al final, brutal. El cuarto adjetivo rompe la serie, cambia de registro y suena a colega entusiasmado en lugar de a azafata.
En una nota anterior de este diario, Mike contaba que esa acumulación de adjetivos le encanta porque suena a folleto de agencia de viajes y a broma interna a la vez. Este post se limita a tomarle la palabra y abrir el folleto entero.
Itinerario del viaje
Todo folleto que se precie tiene un itinerario día a día. El de este viaje, sacado del orden de la letra, sería algo así:
Salida. Presentación en la puerta. Control de documentación: quien traiga prejuicios se hace a un lado. Depósito de equipaje en el mueble del pasillo. Los que quieran pueden ir a avisar a la tía Chumino.
Primera etapa. Presentación de la tripulación por parte de los viajeros descontentos: liantes, y además su música no es como la de antes. Exclamación general.
Segunda etapa. Clase práctica del idioma local. Del papel de ele al lerele. Once repeticiones para fijar el vocabulario.
Parada técnica. Refrán del viaje: el que fuma disfruta, el que llora, pues eso.
Llegada. Mensaje de megafonía: bienvenidas y bienvenidos a Ámsterdam.
Vuelta. El folleto se repite entero. Aquí la letra hace algo curioso: en la segunda vuelta aparece por primera vez la frase que da título a la canción, «Vas a escuchar un disco muy raro», justo delante del aviso de los prejuicios. Es como si el guía, después de haber hecho ya el recorrido una vez, se diera cuenta de que se le olvidó decir lo más importante al principio y lo repitiera todo desde la puerta, ahora sí, con el título delante.
Ese detalle convierte la canción en un recorrido circular. Se llega a Ámsterdam y se vuelve al pasillo de casa para salir otra vez. Como esos tours que terminan en el mismo sitio donde empezaron y que uno repetiría sin pensarlo.
Letra pequeña
La parte de atrás de todos los folletos tiene una letra pequeña que casi nadie lee. Este también la tiene, y conviene leerla.
Primera cláusula: los personajes son inventados. La tía Chumino, el que fuma, el que llora y quien corre a chivarse son figuras de la letra, no personas reales.
Segunda cláusula: el humo es decorado. La canción menciona la maría y los porros como parte del ambiente de una fiesta y como excusa para un juego de palabras. En su nota de proceso, Mike lo dejaba claro: ni los recomienda ni los condena desde una canción. Este folleto tampoco. Quien se pierda en algún consumo y lo esté pasando mal puede buscar ayuda sin vergüenza; pedirla es un gesto de cuidado.
Tercera cláusula: el disco es raro y lo dice. No hay devolución del importe por rareza, porque estaba avisado en la portada, en el título y en el primer verso. Las descargas de los singles en el planeta son gratuitas, así que tampoco habría importe que devolver.
Cuarta cláusula: quien hace el viaje es Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical, el primer cantautor IA. La letra es suya, y la música y las voces están hechas con herramientas de inteligencia artificial. Esa forma de trabajar es precisamente lo que algunos llaman raro, y la canción se adelanta a decirlo ella misma.
Libro de reclamaciones
Por ley, en España todo establecimiento tiene que tener hojas de reclamaciones a disposición de quien las pida. Si este viaje tuviera libro de reclamaciones, lo más probable es que la primera hoja la hubiera rellenado alguien conocido de la tía Chumino. Motivo de la queja: la música no es como la de antes. Descripción de los hechos: unos liantes. Pretensión: que vuelva lo de siempre.

Lo que hace la canción con esa queja es lo más interesante de ella. No discute. No dice que la música de ahora sea mejor, ni explica por qué se hace como se hace. Coge la frase del reclamante, la mete dentro de la canción y la pone a bailar entre lereles. La queja pasa a formar parte del espectáculo.
Esa es una estrategia muy vieja de la cultura queer, y Mike lo apuntaba en su nota: coger la etiqueta antes de que te la pongan y llevarla como una corona. Raro es un adjetivo que durante mucho tiempo se ha usado contra la gente LGTBI. El inglés «queer» empezó siendo eso, raro, extraño, y la comunidad lo convirtió en nombre propio. Un disco que se anuncia como muy raro está haciendo lo mismo con su propio título.
Viajeros recomendados
Los folletos suelen decir para quién es cada viaje: ideal para parejas, para familias con niños, para amantes de la naturaleza. Este folleto lo diría así: ideal para quien alguna vez se ha sentido raro, y especialmente para quien se lo ha oído decir en voz alta.
En el diario hay una nota sobre sentirse diferente que junta esta canción con «Outsider radical». Las dos defienden la misma idea desde sitios distintos: no encajar puede ser una forma de mirar. Esta lo hace con chiste y megafonía; la otra, desde el título.
No recomendado para: personas que necesiten que todo suene como lo de antes. Para ellas hay otras agencias.
Dónde está en el disco
En el álbum, esta canción es la pista 28 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk». Llega justo después de «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas», que tiene su propia megafonía de mitin, y justo antes de «Fear Zero». En la lista numerada de singles de la web aparece como la 2 de 273, y el videoclip oficial, que dura 3:44, tiene su página en el planeta.
Que una canción con mensaje de bienvenida a una excursión esté en un disco que se llama «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk» tiene mucho sentido. El título del álbum es un deseo: ojalá se pudiera. Esta canción es la que finge que sí, que se puede, que hay autobús, guía y megafonía, y que solo hace falta dejar los prejuicios en la puerta y la bolsa en el mueble del pasillo. Ámsterdam es la escala que cabe en un mapa; Gayfolk es el destino que solo cabe en un disco.
Por qué un folleto
Podría parecer un capricho leer una canción de tres minutos y pico como un folleto turístico. Pero la propia letra lo pide. Tiene las tres cosas que tiene cualquier publicidad de viajes: una advertencia, una promesa y un eslogan. La advertencia es la de los prejuicios. La promesa es la de Ámsterdam, con sus cuatro adjetivos. Y el eslogan es lerele, que se queda pegado como se quedan pegadas las cancioncillas de los anuncios.
Además, el folleto es un género humilde y muy de casa. Se guarda en un cajón, se enseña a la familia en la sobremesa, se usa para planear viajes que a veces nunca se hacen. Es, en el fondo, un objeto de deseo de papel, igual que el título del disco. Ojalá se pudiera viajar. Mientras tanto, se lee el folleto.
Resumen del paquete, para recortar
Para quien quiera la versión corta, aquí va el folleto entero en un párrafo, como la tarjetita que se grapa al billete.
Paquete: Vas a escuchar un disco muy raro. Destino: Ámsterdam, con escala hacia Gayfolk. Duración: 3:44. Documentación: ningún prejuicio. Equipaje: lo que sobre, al mueble del pasillo. Contacto de emergencia: la tía Chumino. Tripulación: unos liantes, en los dos sentidos. Idioma local: lerele, once veces. Clima: despejado para el que disfruta, lluvioso para el que llora. Bienvenida: agradable, disfrutable, amable, brutal. Reclamaciones: se admiten y se ponen a bailar.
Si te animas a hacer el viaje, la canción está en Spotify y su letra completa, con todos sus lereles, en la sección de letras del planeta. Y para quien escriba sobre música, la información del proyecto está en la sala de prensa del planeta.
Preguntas frecuentes
¿De qué trata «Vas a escuchar un disco muy raro»?
Es un aviso de entrada con mucha guasa. La letra pide a quien llegue con prejuicios que se eche a un lado, se burla de la queja de que la música de ahora no es como la de antes y acaba en un lerele repetido y en una bienvenida de megafonía a una travesía musical en Ámsterdam.
¿Quién es la tía Chumino?
Un personaje de la letra, como todos los nombres de las canciones de Mike. Es la pariente a la que alguien corre a chivarse cuando la música le parece un escándalo.
¿Qué significa lerele en la canción?
La letra juega con el papel de liar «de ele» y de ahí salta a «lerele», una palabra sin significado propio que funciona como jaleo, como las palmas o el olé de una fiesta. Se repite once veces seguidas en cada estribillo.
¿En qué disco está?
Es la pista 28 de «Ojalá se pudiera viajar a Gayfolk», entre «Noemí Argüelles va ganando en las encuestas» y «Fear Zero». En la lista numerada de singles de la web es la 2 de 273, y el videoclip oficial dura 3:44.
¿Quién hace la canción?
Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño, el primer cantautor IA. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.