Planeta Gayfolk

Letras

Sismógrafo de una ruptura: «Y sigo temblando siempre» medida con las herramientas de los terremotos

Por ·

Portada de «Y Sigo Temblando Siempre», canción de Mike Sain't Louis

La portada de «Y sigo temblando siempre» es en blanco y negro, como el papel de los sismógrafos antiguos. Un hombre despeinado mira de lado, fuera del encuadre, con la camisa blanca abierta, un pendiente de cruz y un tatuaje asomando en el pecho. A su izquierda, el título en letras negras, altas y estrechas, apiladas como los renglones de un informe. No hay color, no hay decorado. Solo una cara que parece estar esperando a que pase algo, o a que deje de pasar.

El título no deja lugar a dudas: aquí se tiembla. Y no un rato. Siempre.

El diario ya ha contado esta canción a través de sus tomas falsas y su Kit Kat eterno. Hoy el planeta cambia de herramienta. Si la canción habla de temblar, lo lógico es sacar el instrumento que la humanidad inventó precisamente para medir temblores: el sismógrafo. Y con él, todo el vocabulario de los terremotos. Epicentro, magnitud, intensidad, réplicas, kit de emergencia. Resulta que casi todo encaja.

Una aclaración antes de empezar. Lo que sigue son datos generales de sismología, de los que vienen en cualquier manual, y la letra de Mike tal como está publicada. Las personas de la canción no tienen nombre, y el planeta no les va a poner uno.

El epicentro: un corazón abierto en cuarenta partes

Todo terremoto tiene un punto de origen. Bajo tierra, donde se rompe la roca, está el hipocentro. Justo encima, en la superficie, el epicentro. Es el lugar donde el temblor llega primero y, casi siempre, donde se nota más.

En la canción, el epicentro está en los primeros versos. Cuando abro mi corazón de verdad, dice la letra, cuando disecciono en cuarenta partes mi personalidad, y en ese instante exacto, ya me has ganado, ya me has enamorado, porque me has comprendido y me has abrazado.

Mike explica en su texto sobre la canción que le parece una manera muy exacta de contar lo que pasa cuando te enamoras de alguien que te escucha: te diseccionas delante de él, pieza a pieza, y en ese momento ya te ha ganado. Cuarenta partes. No dos o tres confidencias. Cuarenta. Es un número absurdo y precisísimo a la vez, como de autopsia o de inventario.

Desde el punto de vista sísmico, eso es una falla expuesta. Las fallas son las grietas de la corteza terrestre donde se acumula la tensión y donde, un día, se rompe todo. Una falla enterrada a mucha profundidad suele dar terremotos que se notan menos en la superficie. Una muy superficial, en cambio, tiene el daño más a mano. Abrir el corazón en cuarenta partes es poner la falla al aire libre, a la vista de quien quiera mirarla. Y quien la mira con atención sabe exactamente dónde empujar.

Lo terrible de este epicentro es que, en el momento, no se siente como un peligro. Se siente como lo contrario. Comprensión y abrazo. La letra no dice que la otra persona fingiera desde el principio, ni lo descarta. Solo dice que en ese instante exacto ya había ganado.

Magnitud e intensidad: dos maneras de medir lo mismo

Aquí viene un dato que confunde a mucha gente cuando sale un terremoto en las noticias. Hay dos maneras muy distintas de medirlo.

Fotogramas del videoclip oficial de «Y sigo temblando siempre», de Mike Sain't Louis

La magnitud mide la energía que libera el terremoto en su origen. La escala más famosa es la de Richter, que el sismólogo Charles Richter propuso en los años treinta del siglo pasado, aunque hoy los servicios sismológicos usan sobre todo otras escalas de magnitud más precisas para los grandes terremotos. Lo importante es que son escalas logarítmicas: cada punto más significa un temblor muchísimo mayor, no un poquito mayor. Un terremoto de magnitud 6 no es «un poco más» que uno de 5. Es otra liga.

La intensidad, en cambio, mide lo que el terremoto hace en cada sitio concreto. Para eso se usa la escala de Mercalli, con sus grados en números romanos, que no habla de energía sino de efectos. Si lo notan solo unas pocas personas en reposo. Si se mueven los objetos colgados. Si se agrietan las paredes. Si se caen los edificios. Un mismo terremoto tiene una sola magnitud, pero muchas intensidades distintas según dónde estés.

«Y sigo temblando siempre» no da cifras de magnitud. No dice cuánta energía hubo en la ruptura, ni cuánto duró la relación, ni cuántas peleas. Lo que hace es un informe de intensidad, al estilo Mercalli, con los efectos observados sobre el terreno. Será por eso, dice la letra, que tantas veces me han pisado y me han dejado aplastado en el suelo, llorando como una mierda en una esquina. Sigo impactado y estoy conmocionado.

Pisado, aplastado, en el suelo, en una esquina. Son daños descritos en grados, de menos a más, como en la tabla de un manual. Y «conmocionado» es casi un término técnico: lo que queda cuando el golpe ha pasado pero el cuerpo todavía no se lo cree.

Las placas: el listo que en el fondo es un circo

La corteza terrestre no es una pieza única. Está partida en placas que se mueven muy despacio, unos centímetros al año, y que chocan, se separan o se rozan entre sí. Los terremotos ocurren sobre todo en los bordes, donde dos placas se empujan y la tensión se acumula durante años hasta que se libera de golpe.

En la canción hay un verso que funciona como un borde de placa: será que el que se cree listo en el fondo es un circo. Por un lado, la apariencia: alguien que se cree listo, que lo controla todo, que comprende y abraza. Por el otro, lo que hay debajo: un circo. Dos superficies que se rozan durante años sin que se note nada, hasta que un día una cede.

El circo es una imagen muy del planeta. No es un monstruo ni un demonio, que sería darle demasiada categoría. Es un circo, con su pista, su lona y su función. Algo que estaba montado para que lo vieras desde la grada. Y cuando la lona se cae, lo que queda no da miedo. Da vergüenza ajena.

El tres por ciento: el sismógrafo de la otra persona

Hay un momento de la letra en el que la canción deja de mirarse a sí misma y se dirige directamente a quien causó el temblor. ¿En serio, a las personas narcisistas no os duele la sangre ni un tres por ciento?

La pregunta tiene algo de medición, y por eso cabe tan bien en este informe. Un tres por ciento. No pide que les duela tanto como a quien habla. Ni la mitad. Pide un tres por ciento, una cifra ridícula de pequeña. Y la pregunta implica que ni siquiera eso.

En términos sísmicos, sería como colocar un sismógrafo al lado de otro, en el mismo terremoto, y que uno marcara una línea plana. El mismo suceso, dos aparatos, y uno de ellos no registra nada. Cualquier sismólogo pensaría que ese aparato está estropeado. La canción llega a una conclusión parecida, aunque con otras palabras.

Mike escribe en su texto que también hay rabia en la canción, y esta pregunta es probablemente donde más se nota. Pero es una rabia con decimales. No grita. Calcula. Y eso la hace más punzante.

Daños materiales: lo que sigue en pie pero ya no sirve

Después de un terremoto, los técnicos recorren las calles y revisan los edificios uno por uno. Algunos se han caído. La mayoría siguen en pie, pero con grietas, y hay que decidir si se puede volver a vivir en ellos o si hay que precintarlos.

Mike Sain't Louis en un escenario con foco rosa y un planeta con anillos, con el verso «necesito un eterno Kit Kat, Y a mí me da igual aparentar o no ser fuerte,» de «Y sigo temblando siempre»

La letra hace ese recorrido por los recuerdos. Para mí esto es como haber despertado en el infierno, dice, y enumera: los viajes al pueblo, el paseo con los perros, las navidades, cuando decías «ven aquí, no llores». Son edificios que siguen en pie. Nadie ha borrado esos viajes ni esas navidades. Pero después del temblor, ya no se puede entrar en ellos como antes.

Y luego viene la pregunta que el diario ya ha contado a fondo: ¿todo eso eran tomas falsas de «La que se avecina» o de «Caso cerrado»? Es la inspección técnica de los recuerdos. ¿Eran estructuras de verdad o decorados de plató? Mike dice que es una pregunta graciosa y terrible a la vez, porque convierte años de vida en un plató de televisión. El planeta, que tiene debilidad por la televisión española y sus cosas, no podía elegir mejor par: una comedia de vecinos y un programa de juicios. Una relación que empieza como sitcom y termina como caso judicial.

La letra no responde a la pregunta. Deja los edificios con el precinto a medio poner. Y eso es muy honesto, porque después de una ruptura así, muchas veces no se sabe. No se sabe si el «ven aquí, no llores» era de verdad o era guion.

El aparato que escribe: «y escribiendo estoy»

Un sismógrafo, en su versión clásica, es un aparato que escribe. Una aguja apoyada sobre un rollo de papel que gira despacio y que, cuando la tierra se mueve, se mueve con ella y deja una línea temblorosa. El temblor se convierte en trazo. Lo que no se ve, el movimiento del suelo, queda dibujado para que alguien pueda leerlo después.

En mitad de la canción hay un verso que convierte a quien habla en ese aparato. Y escribiendo estoy, estoy otra vez llorando. Es decir, la canción se registra a sí misma mientras ocurre. No cuenta el temblor desde la calma de después, con perspectiva y conclusiones. Lo apunta en directo, con la aguja todavía moviéndose.

Eso explica muchas cosas del tono de la letra. Por qué salta de la confesión a la rabia, de la rabia al chiste y del chiste a la imagen más negra sin pedir permiso. Por qué repite versos. Por qué no ordena los recuerdos. Un sismograma no es un ensayo bien estructurado. Es una línea que sube y baja según lo que pasa debajo.

Justo después de ese verso aparece una pregunta muy de barrio: ¿has visto la que estás liando? Es lo que se le dice a alguien que acaba de tirar una bandeja de vasos en un bar, o que ha provocado una discusión en una cena familiar. Puesta aquí, tiene algo de reproche y algo de asombro. Como si la aguja, de repente, levantara la vista del papel para mirar al responsable del temblor.

Mike es letrista, compositor y productor musical, y en este verso la escritura aparece en primer plano, dentro de la propia canción. No como oficio ni como pose, sino como el sitio donde se descarga lo que no cabe en otro lado. El aparato que mide el temblor y el temblor mismo, en la misma frase.

Las réplicas: un estribillo que vuelve

Todo terremoto importante tiene réplicas. Son temblores más pequeños que llegan después, en la misma zona, durante días, semanas o incluso meses. A veces asustan más que el terremoto principal, porque pillan a la gente ya agotada, con los nervios a flor de piel, durmiendo mal.

Collage con un detalle de la carátula de «Y sigo temblando siempre» y las carátulas de «Quien miente y jura», «El concurso literario», «Una obra de teatro»

Los sismólogos saben desde finales del siglo XIX, gracias al japonés Fusakichi Omori, que las réplicas siguen un patrón: son muy frecuentes al principio y se van espaciando con el tiempo. Cada vez menos. Cada vez más separadas. Nunca de golpe, pero sí poco a poco.

El estribillo de esta canción es una réplica. Y me rindo, y sigo temblando siempre. Aparece una vez, y luego tres seguidas, y luego vuelve al final, y otra vez tres seguidas. La propia estructura de la canción es la de un temblor que no termina de irse. Los versos de los recuerdos también vuelven, casi idénticos, como esas réplicas que repiten el mismo movimiento del terremoto original en pequeño.

El diario ya señaló que el final se queda en bucle, sin salida clara. Es cierto. La canción no aplica la ley de Omori. No dice que las réplicas vayan a espaciarse. Dice siempre. Pero el planeta se permite apuntar, desde fuera de la canción, que la física sí suele aplicarla. Y que eso que el diario llamó el cuerpo recordando, con tiempo, apoyo y, si hace falta, ayuda profesional, suele aflojar.

El kit de emergencia: un eterno Kit Kat

Los servicios de protección civil recomiendan tener preparado en casa un kit de emergencia por si hay un terremoto u otra catástrofe. Agua, comida que no se estropee, una linterna, pilas, una radio, un botiquín. Cosas básicas para aguantar los primeros días.

La canción tiene su propio kit, y cabe en un verso: si ya esto ha salido mal, necesito un eterno Kit Kat.

Mike lo comenta en su texto: no un descanso, un Kit Kat eterno. Hay pocas soluciones más honestas para un corazón roto. Cualquiera que haya visto anuncios en España conoce el eslogan de la chocolatina, ese que invita a tomarse un respiro. La canción lo estira hasta el infinito. No quiere un respiro de cinco minutos. Quiere uno que no se acabe nunca.

Es el kit de emergencia más pequeño y más absurdo del mundo, y por eso funciona. Porque en mitad del informe de daños, del infierno y de la cabeza hecha pedazos, aparece una chocolatina. Es el humor como herramienta, que el diario ha explicado como estrategia de supervivencia de tantas personas queer: reírse para poder seguir. Mike termina su texto con una recomendación que podría ir en cualquier folleto de protección civil: ten un Kit Kat a mano, por si acaso.

La culpa: nadie tiene la culpa de un terremoto

Con los terremotos, la cuestión de la culpa es sencilla. Nadie la tiene. Las placas se mueven, la tensión se libera, y punto. Puede haber responsabilidades en cómo se construyó un edificio o en cómo se gestionó la emergencia, pero el temblor en sí no es culpa de nadie.

Con las rupturas no es tan fácil, y la canción lo sabe. Y lo peor es que siento que tampoco tengo tanta culpa, dice la letra. La frase tiene una trampa preciosa: ese «tampoco tanta» admite que algo de culpa podría haber. El diario lo llamó un atisbo de autocrítica, la sospecha de no ser del todo inocente, y subrayó que la canción no la resuelve.

Y a continuación, una petición casi teatral, como la describe Mike: por favor, los aludidos que descarguen en mí toda su culpa. Es una frase rara, que se puede leer de varias maneras. Como ironía, como cansancio, como un «venga, echadme a mí lo que sea, total». El planeta no va a decidir por la letra cuál es la buena. Pero sí señala que suena a alguien que ya no tiene fuerzas para discutir de quién fue la grieta.

Agacharse, cubrirse, agarrarse: la rendición como protocolo

Ante un terremoto, la recomendación que repiten los servicios de emergencia de medio mundo no es salir corriendo, ni plantarle cara al temblor. Es agacharse, cubrirse y agarrarse. Ponerse a cubierto bajo una mesa resistente, protegerse la cabeza y esperar a que pase. No se le gana a un terremoto. Se le aguanta.

Ficha de la canción «Y sigo temblando siempre» con su carátula: disco «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», letra y producción de Mike Sain't Louis

El estribillo de la canción dice exactamente eso, aunque no hable de mesas: y me rindo. La rendición no es aquí una derrota, sino la única postura sensata cuando el suelo se mueve. Mike lo escribe con mucha claridad: le gusta que el estribillo no prometa superación ni ponga cara de fuerte. Y la letra lo remata: a mí me da igual aparentar o no ser fuerte, me da igual la gente o el narcisista demente.

Hay canciones de ruptura que son himnos de victoria, con su «sobreviviré» y su cabeza bien alta. Esta no. Esta se mete debajo de la mesa y espera. Y escribiendo estoy, estoy otra vez llorando, confiesa. Hay algo muy liberador en una canción que no exige estar bien.

El final de esa estrofa lleva el dramatismo al extremo, con la imagen de acabar con la cabeza destrozada en alguna roca de una cala. Es una exageración de las que tanto abundan en la copla y en el melodrama, el registro en el que la canción se mueve. Pero si alguna vez una frase así deja de ser exageración y empieza a parecerte un plan, eso ya no es una canción. Habla con alguien. En España, el teléfono 024 atiende a cualquier hora a quien lo necesita.

Mapa sísmico del disco

En el disco, «Y sigo temblando siempre» es la pista 5 de «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», el segundo disco de la trilogía GAYFOLK. Justo antes está «Quien miente y jura», que va de mentiras con juramento incluido, y justo después, «El concurso literario». Leídas en ese orden, primero llega la mentira y después el temblor que deja. Un mapa de fallas bastante coherente.

En la lista numerada de singles de la web, la canción ocupa el puesto 180 de 273, entre «Ruido en mi mente» y «Una obra de teatro». También ahí la vecindad tiene su lógica: del ruido que se queda dentro de la cabeza al temblor que no se va, y de ahí a la sospecha de que todo era una función. Tomas falsas, circo, obra de teatro. El planeta insiste en sus decorados.

Lectura final del sismograma

Un sismograma es una línea. Mientras no pasa nada, va casi recta. Cuando llega el temblor, se dispara en picos. Y después, durante mucho tiempo, sigue dibujando pequeñas sacudidas que solo el aparato nota.

«Y sigo temblando siempre» es la canción de esas pequeñas sacudidas. No es la del terremoto, que ocurrió antes y fuera de plano. Es la de después, cuando todo sigue en pie pero nada está quieto. Mike recomienda escucharla cuando necesites llorar un rato sin sentirte ridículo, o cuando ya puedas reírte de lo que te hizo llorar.

Las dos cosas caben en la misma línea del sismograma. Un pico de llanto, un pico de risa, un Kit Kat. Y otra vez el estribillo. Siempre.

Puedes escuchar la canción en Spotify. Y si escribes sobre música o tienes un medio, en la sala de prensa del planeta tienes fotos, notas y contacto.

Preguntas frecuentes

¿De qué trata «Y sigo temblando siempre»?

De abrirse por completo a alguien, sentirse comprendido y abrazado, y descubrir después que ese vínculo hacía daño. La letra mezcla el golpe con humor: recuerdos que parecen tomas falsas de «La que se avecina» o «Caso cerrado» y la necesidad de un Kit Kat eterno.

¿Qué significa el estribillo?

«Y me rindo, y sigo temblando siempre» es una rendición, no una promesa de superación. La propia letra lo dice: me da igual aparentar o no ser fuerte.

¿En qué disco está?

Es la pista 5 de «Ojalá Se Pudiera Viajar a Gayfolk», entre «Quien miente y jura» y «El concurso literario». En la lista numerada de singles de la web es la 180 de 273.

¿Qué se ve en la portada?

Un retrato en blanco y negro de un hombre despeinado que mira de lado, con camisa blanca abierta, un pendiente de cruz y un tatuaje en el pecho. El título va en letras negras, altas y estrechas, sobre un círculo gris claro.

¿Quién hace la canción?

Mike Sain't Louis, letrista, compositor y productor musical madrileño. La letra es suya; la música y las voces se hacen con herramientas de inteligencia artificial.

Más notas

Apoyar en Ko-fi