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Arte y mirada

Cartel de feria sin cara: «Ya Sale el Asesino» y la pregunta de quién hace de toro

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Portada de «Ya Sale el Asesino», canción de Mike Sain't Louis

El papel está amarillo, con manchas de humedad en las esquinas. Las letras son gruesas, de imprenta antigua, en rojo y crema. Arriba, un sol enorme del color de la sangre. Y en el centro, de espaldas, un torero. Traje de luces bordado en oro, la coleta, los hombros firmes. El capote rojo cae de su mano y se arrastra por la arena. No vemos su cara. No vemos al toro. Solo lo vemos a él, caminando hacia algo.

El título, en letras de cartel: «Ya Sale el Asesino».

Su autor lo describe como un cartel de feria de los de antes, y añade la frase que lo cambia todo: no le vemos la cara, y eso, junto al título, lo cambia todo. La canción salió el 20 de junio de 2026 dentro de «El día de la liberación». Su letra todavía no se ha publicado, y el planeta no va a inventar lo que dice. Pero el cartel ya cuenta mucho por sí solo. Y el autor, en su ficha, deja una pregunta encima de la mesa que el planeta no puede ignorar: quién hace de toro.

Lo que se murmura en el tendido

El autor explica que el título suena a lo que se murmura en el tendido cuando se abre la puerta de cuadrillas. Para quien no conozca el vocabulario: el tendido son las gradas de la plaza, y la puerta de cuadrillas es por donde entran los toreros con su equipo al empezar la corrida, en el paseíllo.

Ya sale el asesino. Dicho en voz baja, entre dientes, por alguien del público. Es una frase que rompe la liturgia. En la plaza, el torero entra entre aplausos, con música, con el sol en los bordados. Nadie lo llama asesino en voz alta. Pero alguien, en algún asiento, lo piensa.

El planeta se imagina a esa persona. Sentada en el tendido, quizás porque la ha llevado su familia, quizás porque no había otra cosa que hacer en las fiestas del pueblo. Rodeada de gente que aplaude. Y murmurando, solo para sí, la frase que nadie más dice. Ese murmullo es el título de la canción. Y es, de alguna manera, una forma de estar en minoría en medio de una multitud.

Lo que el planeta piensa de la plaza

El planeta no va a esconder su postura, porque además coincide con la de su autor. En el catálogo hay una canción, «Cada cornada», cuyo videoclip viene acompañado de un texto muy claro: la violencia no tiene hueco aunque la adornen con mantillas, luces y un discurso viejo. El autor escribe que la tauromaquia no es un símbolo intocable sino una costumbre que resiste por inercia, por miedo y por la comodidad de mirar solo hacia donde no duele.

Con eso en mente, el título se lee con toda su intención. «Ya Sale el Asesino» le quita al torero el nombre de héroe y le pone el que le correspondería si se mirara la escena sin adornos. Es una inversión del cartel. Los carteles de toros se hacían para glorificar: nombres en letras grandes, ganaderías, fechas. Este usa la misma estética para decir lo contrario.

El autor lo resume con una línea preciosa: aquí el que sale al ruedo no es precisamente el héroe de la tarde.

El cartel como género

Los carteles taurinos tienen una larga historia gráfica en España. Durante el siglo XIX y buena parte del XX se imprimían en litografía, con ilustraciones a todo color, a veces firmadas por pintores conocidos. Hoy se coleccionan, se enmarcan, se venden en rastros y mercadillos. Tienen un estilo inconfundible: tipografías enormes, colores planos, figuras en posturas heroicas.

Mucho antes, Francisco de Goya había publicado en 1816 su serie de grabados «La Tauromaquia», donde la fiesta aparece con una crudeza que no tiene nada de gloriosa: caídas, cogidas, muertes, caos. Goya miró la plaza de frente y dibujó lo que vio.

La portada de «Ya Sale el Asesino» se queda con la estética del cartel festivo pero le cuela un mensaje que está más cerca de los grabados de Goya. El sol no es dorado: es color sangre. El torero no posa de frente: da la espalda. Es un cartel de fiesta que no termina de ser una fiesta.

La espalda

El autor insiste en este detalle: no le vemos la cara. Y luego da la segunda lectura del título, la que convierte el cartel en algo mucho más personal. Ya sale el asesino también suena, dice, a la persona que entra en tu vida con mucho brillo, mucho bordado y mucho aplauso, y a la que nadie mira por detrás.

Fotogramas del videoclip oficial de «Ya Sale el Asesino», de Mike Sain't Louis

Nadie mira por detrás. El planeta lee esa frase varias veces. Hay personas que solo se dejan ver de frente. Con el traje de luces puesto, el pelo perfecto, la sonrisa preparada. Su frente es impecable. Encantan en las cenas, tienen siempre la palabra justa, consiguen que todo el mundo les aplauda. Y por detrás, donde nadie mira, está lo otro.

La portada hace justo lo que nadie hace: lo pone de espaldas. Le da la vuelta al cartel. Obliga a mirar al torero desde atrás, sin cara, sin sonrisa, sin la parte que se ha preparado para el público. Desde ahí, el traje de luces ya no impresiona tanto. Solo es un hombre caminando hacia algo que va a herir.

El narcisista de luces

El catálogo de este planeta tiene una relación larga y conocida con una palabra: narcisista. Hay varias canciones que hablan de ese tipo de persona que seduce, deslumbra y luego destroza. Una de ellas se titula directamente «El narcisista», y abre con una frase que podría ir debajo del cartel de «Ya Sale el Asesino»:

El narcisista odia a quien le ama, el narcisista nunca te ha querido ni amado.

Y un poco más adelante, otra que define cómo ve esa persona a quien tiene enfrente:

El narcisista nunca te vio como un artista, sino como un terrorista,

El planeta no sabe si la canción del torero habla de lo mismo, porque no conoce su letra. Pero el autor plantea la ambigüedad en su ficha y el parecido es evidente. La persona que sale al ruedo con todo el brillo del mundo, recibe los aplausos de un público que no ve lo que pasa por detrás, y se dirige hacia alguien que, sin saberlo, está haciendo de toro.

Quién hace de toro

Esa es la pregunta que el autor deja en el aire, y es la más incómoda de todas. Si el que sale es el asesino, ¿quién es el toro?

En una corrida el toro es el que no ha elegido estar ahí. Lo han traído. Lo han soltado en un ruedo que no conoce, con un público que no le aplaude a él. Lo marean con un trapo rojo. Lo cansan. Y todo está organizado para que pierda, aunque durante un rato parezca que hay pelea.

Cualquiera que haya salido de una relación con una persona narcisista reconoce esa estructura. Llegar a un sitio que no eliges, con reglas que no entiendes. Que te muevan de un lado a otro con un engaño de color llamativo. Que te cansen. Y que todo el mundo alrededor aplauda al otro, porque el otro es encantador, porque luce mucho, porque nadie le mira por detrás.

Al planeta le parece una imagen tremenda, y muy justa. El toro no es tonto ni débil. Está en desventaja desde el principio porque el juego lo ha diseñado otro.

El paseíllo

Antes de cualquier otra cosa, en una corrida hay un desfile. Se llama paseíllo. Los toreros cruzan el ruedo desde la puerta de cuadrillas hasta la presidencia, en fila, con sus trajes de luces y sus capotes de paseo bordados, mientras suena un pasodoble. Saludan. Se quitan la montera. El público aplaude antes de que haya pasado nada.

Al planeta le fascina ese momento porque es pura escenografía. Nadie ha demostrado nada todavía y ya hay ovación. El aplauso llega por el traje, por la música, por la entrada, por la expectativa. Es un aplauso a la imagen.

Cualquiera que haya conocido de cerca a una persona narcisista reconoce el paseíllo. Esa primera fase en la que todo es espectáculo: los regalos, los mensajes constantes, los planes perfectos, las fotos en las que todo parece de película. En inglés lo llaman «love bombing», bombardeo de amor. Es un desfile. Y uno aplaude antes de que haya pasado nada, porque el traje brilla y la música suena bien.

El cartel de «Ya Sale el Asesino» congela justo ese instante. El torero está saliendo. El paseíllo acaba de empezar. Todavía no ha desplegado el capote. Todavía no ha pasado nada. Pero el título ya avisa de cómo termina.

Un sol que no calienta

El sol del cartel merece atención aparte. En los carteles festivos, el sol suele ser amarillo, dorado, una promesa de tarde de fiesta. Aquí es rojo, enorme, del color de la sangre, según su autor.

Collage con un detalle de la carátula de «Ya Sale el Asesino» y las carátulas de «Aquí escupo», «El narcisista», «Cada cornada»

Hay plazas que dividen sus localidades entre sol y sombra, y la sombra es más cara porque protege del calor. El sol es para el público que paga menos y aguanta más. En este cartel no hay sombra posible. El sol rojo lo llena todo, como si toda la plaza estuviera condenada a mirar la escena sin protección.

El planeta lo lee como un aviso. Un sol que no calienta, que solo tiñe. Una luz que no ilumina sino que mancha. Cuando una relación empieza a ir mal, hay días en los que todo parece teñido de ese color. Lo que antes era fiesta empieza a oler a otra cosa. Y uno no sabe en qué momento cambió la luz.

Los que aplauden

Hay un personaje en esta historia que no sale en el cartel pero que está en todas partes: el público. Los que aplauden. Los que llenan el tendido. Los que gritan olé.

En la lectura personal que propone el autor, el público son los amigos comunes, la familia, los compañeros de trabajo. Todos esos que solo ven al narcisista de frente, con su traje de luces, y le aplauden. Que no entienden por qué el otro está tan cansado, tan nervioso, tan fuera de sí. Que incluso le dicen que exagera, que el torero es encantador, que qué suerte tiene.

El planeta conoce bien la soledad del toro en ese momento. No solo pelea contra el que tiene delante. Pelea contra el aplauso entero de la plaza. Y eso es lo que más agota. Por eso el murmullo del título importa tanto: es la primera persona del público que ve lo que pasa de verdad.

El capote rojo

El capote es un engaño. No hay otra forma de decirlo. Es una tela grande que el torero mueve para que el toro embista hacia ella y no hacia su cuerpo. Todo el arte del capote consiste en conseguir que el animal ataque a lo que no es.

En la portada, el capote rojo se arrastra por la arena. No está desplegado. No está en movimiento. Cuelga de la mano del torero mientras camina, como algo que todavía no ha empezado a usar.

El planeta piensa que esa es una imagen exacta de la manipulación. La persona que sale al ruedo lleva el engaño preparado, colgando de la mano, listo para usarlo. Y cuando lo despliegue, tú embestirás contra la tela, contra la distracción, contra el falso enemigo. Nunca contra él. Así se mantiene intacto mientras tú te agotas.

Sangre de feria

Hay una canción en el catálogo que usa la palabra feria de una manera muy distinta, más íntima. Es «Aquí escupo», una especie de autorretrato a gritos que incluye esta estrofa:

Aquí escupo, mi sangre de feria, mis noches de polvo, mis sueños de piedra.

Sangre de feria. En «Ya Sale el Asesino», la sangre de la feria es la del ruedo, la del sol rojo del cartel. En «Aquí escupo», la sangre de feria es la propia, la de quien ha crecido entre fiestas de pueblo, casetas y noches largas, y se la ha quedado dentro.

Puestas juntas, las dos canciones cuentan dos lados de la misma feria. La que se mira desde el tendido, con su liturgia y su violencia. Y la que se lleva en el cuerpo, con sus noches de polvo y sus sueños rotos. El planeta las escucharía seguidas, primero la del cartel y después la del escupitajo, como quien sale de la plaza y se va a la caseta a olvidar lo que ha visto.

El oro del traje

Un detalle más que el planeta conoce y que añade capas al cartel. En el mundo taurino, el bordado en oro del traje de luces está reservado tradicionalmente al matador, al protagonista. Los miembros de su cuadrilla llevan bordados de plata o de otros colores. El oro marca jerarquía: dice quién manda.

El torero de la portada va bordado en oro. Es, por tanto, el protagonista, el que se lleva los aplausos y el que da la estocada. No es un banderillero ni un ayudante. Es el que sale a matar.

Y aun así, de espaldas, sin cara, el oro pierde parte de su poder. Brilla, pero no deslumbra a nadie porque no hay nadie a quien mirar a los ojos. Al planeta le gusta esta idea: la autoridad del oro depende de que alguien la mire de frente. Si le das la vuelta, si te pones detrás, solo queda un traje muy recargado caminando por la arena.

España ya no aplaude igual

El autor dice que la copla y la plaza siempre han tenido algo de teatro trágico. Y es verdad que durante mucho tiempo fueron inseparables: coplas sobre toreros muertos, sobre amores de torero, sobre madres que rezaban en la capilla de la plaza.

Ficha de la canción «Ya Sale el Asesino» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Pero la España de hoy no aplaude igual. Canarias fue la primera comunidad autónoma en dejar fuera las corridas, con su ley de protección animal de 1991. Cataluña las prohibió en 2010, aunque el Tribunal Constitucional anuló esa prohibición años después. En 2024, el Ministerio de Cultura suprimió el Premio Nacional de Tauromaquia. Cada temporada hay plazas que cierran o que no llenan, y una parte cada vez mayor de la sociedad mira la fiesta como algo del pasado.

En ese contexto, un cartel que llama asesino al matador no es una provocación gratuita. Es la expresión de una sensibilidad que crece. El murmullo del tendido que se hace cada vez más alto.

Folclore con mala leche

El autor cierra su ficha con una frase que el planeta firma: si te va el folclore con un punto oscuro y una pizca de mala leche, esta es para ti.

Folclore con mala leche. Es una buena definición de mucho de lo que hace este disco. Coger las formas de siempre, el cartel, la copla, la feria, el traje de corto, y meterles dentro algo que no estaba previsto. Una crítica, una ironía, una herida. Usar la estética que se usó para glorificar para decir lo que nunca se dijo.

El planeta piensa que esa es una de las mejores formas de amar una tradición. No tirarla entera, pero tampoco tragársela entera. Quedarse con su belleza visual, con sus tipografías, con su música, y darle la vuelta al contenido. Como quien coge el traje de luces del abuelo y lo lleva a una fiesta drag. Con respeto por los bordados. Sin ningún respeto por lo que significaban.

Narciso en el agua

El planeta no puede cerrar sin volver al mito. Narciso, según lo cuenta Ovidio en las «Metamorfosis», era un joven tan hermoso que rechazaba a todos los que lo amaban, entre ellos a la ninfa Eco. Como castigo, se enamoró de su propio reflejo en un estanque y se quedó mirándolo hasta consumirse.

Lo que suele olvidarse del mito es lo que les pasó a quienes lo amaron. Eco se fue apagando hasta que solo quedó un sonido, repitiendo las últimas palabras de los demás. Ese es el destino que el mito reserva a quien quiere a un narciso: desaparecer poco a poco, convertirse en un eco.

El torero de la portada, de espaldas, quizás está mirando su propio reflejo en algún sitio que no vemos. Y quizás el toro, en esta historia, es el que se va apagando en el ruedo mientras el público aplaude.

Cómo escucharla

La canción está en Spotify y tiene videoclip oficial. En la tracklist del disco viene después de «3 años de garantía» y antes de «Beat My Post-Traumatic Stress», lo que ya dice bastante del recorrido emocional de esa parte del álbum: del amor con fecha de caducidad al cartel del asesino y, de ahí, a la pista de baile para sacudirse el miedo.

El planeta recomienda escucharla mirando el cartel a pantalla completa. Fijándose en la espalda. En el capote que se arrastra. En el sol rojo. Y haciéndose la pregunta del autor en cada estribillo: quién hace de toro.

Quien quiera saber más sobre quien firma todo esto puede leer la ficha de prensa. Letras escritas sin inteligencia artificial, y sonido y voces creados con esas herramientas.

Salir de la plaza

El planeta se levanta del tendido antes de que acabe la tarde. Se cruza con gente que entra, con gente que vende almohadillas, con un niño que lleva un capote de juguete. Sale a la calle. El sol de verdad no es rojo: es simplemente sol.

Detrás, en la plaza, alguien murmura que ya sale el asesino. El planeta ya no está para oírlo. Ha decidido, esta vez, no hacer de toro.

Por el camino se cruza con un puesto de carteles viejos. Hay decenas, amarillentos, enrollados, con nombres de toreros que ya nadie recuerda y fechas de ferias de hace medio siglo. El planeta los mira un rato y piensa que a todos les falta lo mismo: la espalda. Ninguno enseña lo que hay detrás del traje. Por eso, entre todos esos carteles, el de esta canción es el único que se llevaría a casa.

Preguntas frecuentes

¿Qué muestra la portada?

Un cartel de feria antiguo: papel envejecido, letras gruesas en rojo y crema, un sol enorme color sangre y, en el centro, un torero de espaldas con traje de luces bordado en oro y el capote rojo arrastrando por la arena. No se le ve la cara.

¿Cómo lee el título su autor?

Como lo que se murmura en el tendido cuando se abre la puerta de cuadrillas, y también como la persona que entra en tu vida con mucho brillo y mucho aplauso y a la que nadie mira por detrás. Él mismo plantea la pregunta: quién hace de toro.

¿Está la letra disponible?

Aún no; la web la anuncia como próxima. Los versos que se citan aquí son de otras canciones ya publicadas del catálogo.

¿Cuándo salió?

El 20 de junio de 2026, dentro de «El día de la liberación», con videoclip oficial y en Spotify. La firma Mike Sain't Louis, que escribe las letras sin IA y crea sonido y voces con herramientas de inteligencia artificial.

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