Planeta Gayfolk

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Cuaderno de campo de una abeja de neón: «Zee-Zee» y el amor que zumba sin pedir permiso

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Portada de «Zee-Zee», canción de Mike Sain't Louis: sobre un fondo negro con humo de colores del arcoíris, un chico con gorra estampada, barba corta y camisa psicodélica abierta, sentado y mirando a cámara, con un corazón con alas tatuado en el pecho; el título gotea pintura de colores

Hay insectos que se oyen antes de verse. Uno está leyendo en la terraza, con la tarde ya baja, y de pronto algo vibra cerca de la oreja. No hay forma todavía de saber si es una abeja, un abejorro, una mosca despistada o un moscardón con prisa. Solo está el sonido. Un temblor del aire que se acerca, se aleja y vuelve.

«Zee-Zee» funciona igual. Antes de cualquier explicación llega el título, dos sílabas idénticas unidas por un guion, y esas dos sílabas ya zumban. Por eso este post adopta la forma de un cuaderno de campo, el que llevan los naturalistas cuando salen a buscar una especie que todavía no está en los libros: fecha, lugar, descripción del ejemplar, comportamiento observado, hipótesis y, al final, una anotación que nadie más leerá.

Una advertencia antes de abrir la lupa. La letra oficial de esta canción no está publicada, y aquí no voy a copiarla ni a inventarla. Lo que sigue se apoya en materiales comprobables: la imagen del single, el videoclip oficial con los hashtags que lo acompañan en YouTube, el texto que Mike redactó sobre la canción para mikesaintlouis.com y una entrada de su diario. Cuando hable de lo que se percibe al escucharla, lo diré con mis palabras y como impresión, que es lo que es.

Ficha de la especie

Nombre común: «Zee-Zee».

Autor de la descripción: Mike Sain't Louis, madrileño, «el primer cantautor IA». Escribe las palabras, compone y produce; para la parte musical y vocal trabaja con programas de inteligencia artificial, que maneja como quien gobierna un estudio entero desde una sola mesa.

Hábitat: el tercer álbum de la trilogía GAYFOLK, «El día de la liberación».

Primer avistamiento documentado: el videoclip oficial, publicado en YouTube el 3 de noviembre de 2025, con una duración de algo más de tres minutos.

Familia: pop experimental, electropop y pop queer, según las etiquetas del vídeo, que también hablan de pop futurista, música retrofuturista y danza experimental.

Rasgo distintivo: un nombre que se repite a sí mismo. Dos veces la misma sílaba, como el aleteo de algo que no se está quieto.

Estado de conservación: sin letra publicada. Ejemplar observable solo en movimiento.

En los cuadernos de verdad, la ficha es la parte más seca. Pero también la más honesta: obliga a separar lo que se ha visto de lo que uno querría haber visto. Con «Zee-Zee» esa separación importa más que nunca, porque la canción se presta a la fantasía. Es corta de nombre, larga de colores y deja mucho hueco para rellenar. Este cuaderno intenta rellenarlo con observación y no con inventos.

Dónde se observó: la colmena número 67

Toda colmena tiene su orden, aunque desde fuera parezca un caos de idas y venidas. «El día de la liberación» es un álbum enorme, de noventa y nueve pistas, y «Zee-Zee» ocupa la celda 67.

Sus vecinas inmediatas dicen mucho del sitio. Justo antes está «La playa del mal pas», una canción de orilla, de sitio fijo, de lugar que no cambia aunque cambie todo lo demás. Justo después llega «Ride the Wave», que es pura marea, movimiento de agua y de cuerpo. Entre una playa quieta y una ola que empuja, «Zee-Zee» es el insecto que cruza el aire de una a otra. No es agua ni arena. Es el vuelo.

En el listado completo de sencillos aparece en otro vecindario: entre «María María» y «Judith Bécker». Ahí la rodean nombres propios de mujer, dos retratos con apellido. Y en medio, una palabra que no es nombre de nadie, o que podría serlo de cualquiera. Ese contraste también tiene su gracia: entre dos personas con nombre y apellido, una criatura que solo tiene sonido.

Un naturalista apuntaría aquí una hipótesis prudente. Las canciones del planeta no se ordenan al azar, y Mike suele colocar las piezas más atmosféricas cerca de las más narrativas, como quien alterna frases largas y cortas para que el párrafo respire. «Zee-Zee», sin historia contada en el título, es una de esas pausas que no son silencio, sino zumbido.

El zumbido: anatomía de un título de dos sílabas

El sonido de una abeja no sale de su boca. Sale de sus alas, que baten tan deprisa que el ojo humano no las distingue. Los manuales de apicultura hablan de unos doscientos y pico aleteos por segundo en la abeja de la miel. Lo que oímos como zumbido es eso: un movimiento tan rápido que se ha convertido en nota.

Fotogramas del videoclip oficial de «Zee-Zee», de Mike Sain't Louis

Algo parecido le pasa a un título como «Zee-Zee». La zeta es la consonante del zumbido en casi todos los idiomas que conozco. En español escribimos bzzz cuando queremos dibujar una abeja en un cómic. En inglés, buzz. En las tiras de dibujos, una hilera de zetas sobre la cabeza de alguien significa que duerme y ronca. La misma letra sirve para el insecto y para el sueño, y eso no es poca coincidencia para una canción que Mike recomienda escuchar con los ojos cerrados.

La repetición hace el resto. Cuando una sílaba se dobla deja de ser palabra y se vuelve ritmo. Los niños lo saben antes de aprender a leer: mamá, papá, tata, nene. Las canciones de corro también lo saben. Y el pop lleva setenta años sabiéndolo, desde que una fila de sílabas sin significado aparente podía abrir un éxito y quedarse para siempre en la memoria de quien lo oyó una sola vez.

Mike lo apunta, a su modo, en el texto que dedicó a la canción: el título suena a zumbido, a abeja, a algo que vibra muy cerca. Y luego se niega a contar qué esconde un nombre tan corto. Prefiere que cada cual lo averigüe por su cuenta. Este cuaderno respeta esa negativa. No hay en ninguna parte una explicación oficial de qué es o quién es Zee-Zee, y no voy a fabricarla.

Lo que sí puedo anotar es la sensación. Un título que no se entiende pero se siente. Que se pronuncia apretando los dientes y dejando salir el aire, como si uno imitara sin querer el sonido que describe. Pocas palabras consiguen que la boca haga lo que dicen. Esta lo consigue.

Plumaje: la camisa psicodélica y el corazón con alas

Los insectos se identifican por el color. Las rayas negras y amarillas avisan de que hay aguijón. Los ojos falsos en las alas de algunas mariposas asustan a los pájaros. En la naturaleza, vestirse llamativo nunca es casual: es un mensaje.

En la portada de «Zee-Zee», el ejemplar está sentado, con el cuerpo un poco ladeado y la mirada directa a cámara. Lleva una gorra negra con un estampado dorado de hojas, una barba corta, pendientes con una pequeña cruz. La camisa está abierta del todo y es un remolino de pintura: amarillos, rosas, azules, verdes, negros, todo girando como si alguien hubiera removido una lata de óleo con el dedo. El pantalón hace juego, con el mismo dibujo arremolinado y un cordón blanco a la cintura.

En el pecho hay un tatuaje grande: un corazón con alas abiertas y una pequeña corona de llamas en lo alto. Es una imagen antigua, de las que llenaban los muestrarios de los tatuadores de puerto. El corazón alado suele leerse como amor que vuela, que no se deja atar, que se escapa. En una portada de pop queer, al lado de un título que zumba, ese corazón con alas parece el auténtico insecto de la foto. El bicho que vibra está ahí, dibujado sobre la piel.

También hay tatuajes en el brazo y pulseras finas en la muñeca. La postura es relajada, de quien no tiene prisa por ir a ningún sitio. No hay pose de escenario, ni micrófono, ni foco. Hay alguien sentado al final de una noche larga, mirando con un poco de cansancio y bastante desafío.

En el plumaje animal, el color sirve para atraer o para avisar. En esta camisa sirve para las dos cosas. Atrae, porque es imposible no mirarla. Y avisa, porque deja claro desde el primer vistazo que aquí nadie va a pedir disculpas por ser como es.

Polen de siete colores: el humo de la portada

Detrás del ejemplar, el fondo es negro. Pero no es un negro vacío. Lo atraviesan columnas de humo de colores, finas como hilos, que suben y se enredan: rojos, naranjas, amarillos, verdes, azules, violetas. Parece tinta echada en un vaso de agua, o el rastro de una bengala en una foto de larga exposición.

Collage con un detalle de la carátula de «Zee-Zee» y las carátulas de «La playa del mal pas», «Ride the Wave», «Judith Bécker»

Es un arcoíris, claro. Pero no está colocado como una bandera, en franjas ordenadas. Está suelto, disuelto en el aire, convertido en atmósfera. Mike lo describió en su ficha como orgullo sin pancarta, y la expresión es muy precisa. El arcoíris está ahí, pero no grita. Se ha vuelto estampado en la camisa y humo en el fondo. Forma parte del ambiente, como forma parte del aire el polen en primavera.

A las abejas les pasa algo curioso con los colores. Ven una parte del espectro que nosotros no vemos, la ultravioleta, y muchas flores tienen dibujos que solo ellas distinguen, una especie de pista de aterrizaje invisible para los ojos humanos. Lo que para nosotros es un pétalo liso, para la abeja es un mapa.

La portada de «Zee-Zee» invita a mirar de esa manera. A primera vista, un chico guapo con una camisa llamativa. Con un poco más de atención, el humo dibuja caminos, se acerca a la figura, la rodea. Las letras del título, en lo alto, gotean como pintura fresca en rosa, amarillo y verde, con el nombre de Mike subrayado debajo por un trazo largo de colores. Todo parece recién hecho, todavía húmedo. Como si la portada se hubiera pintado esa misma madrugada.

La danza de la abeja: el videoclip

En los años cuarenta, el zoólogo austriaco Karl von Frisch descubrió algo que parecía de cuento: las abejas se cuentan unas a otras dónde están las flores bailando. Cuando una obrera vuelve a la colmena con buenas noticias, hace una danza en forma de ocho, contoneándose en la parte central. La dirección del contoneo indica hacia dónde volar respecto al sol, y su duración, a qué distancia. Por ese trabajo, Von Frisch recibió el Nobel de Fisiología o Medicina en 1973.

Me acuerdo de esa danza cada vez que pienso en un videoclip sin letra a la vista. Porque un vídeo así también comunica bailando. No explica con frases: indica con movimiento, con luz, con ritmo.

Las etiquetas que Mike puso al videoclip oficial de «Zee-Zee» son casi una descripción de esa danza. Hablan de vídeo neón, de estética neón, de sueño de neón. Hablan de ritmo visual y de viaje visual, de trance visual, de canción visual. Hablan de movimiento continuo y de ritmo hipnótico. Leídas seguidas, parecen las instrucciones de un baile que no se detiene: luz, giro, repetición, más luz.

Al escucharla, lo que se percibe va en la misma dirección. Escuchando el vídeo, da la impresión de que el tema está en inglés y parece hecha más de sonidos que de frases: sílabas que zumban, que giran, que destellan, y alguna imagen suelta de estrellas que dan vueltas, de un laberinto, de una neblina de sueño. Lo cuento como impresión de oyente, no como letra. La letra oficial no está publicada y, sin ella, cualquier transcripción sería una suposición.

Lo interesante es que esa impresión cuadra con todo lo demás. Una portada de humo que se enreda, un título que vibra, unas etiquetas que piden trance y movimiento. Y una música que, a mi oído, prefiere hipnotizar antes que narrar. Es la danza de la abeja: no te cuenta la historia, te señala hacia dónde volar.

Diccionario de onomatopeyas: cuando las sílabas bastan

La historia del pop está llena de canciones que dicen mucho sin decir casi nada. En 1955, Little Richard abrió «Tutti Frutti» con una ráfaga de sílabas que no significaban nada en ningún diccionario y que, sin embargo, todo el mundo entendió. Era alegría, era urgencia, era cuerpo. No hacía falta traducirla.

Más fotogramas del videoclip oficial de «Zee-Zee», de Mike Sain't Louis

Mucho antes, en la música clásica, Rimsky-Korsakov había escrito «El vuelo del moscardón» para su ópera «El cuento del zar Saltán». Es un interludio frenético, de notas rapidísimas, que imita el vuelo de un insecto alrededor de la cabeza de alguien. Tampoco tiene palabras. El insecto está en la velocidad.

Las onomatopeyas son la parte más antigua del lenguaje y, a la vez, la más moderna. Antigua, porque imitar el ruido de las cosas es probablemente lo primero que hicimos al hablar. Moderna, porque los cómics, los anuncios, los mensajes de móvil y las canciones de pista las usan sin parar: zas, pum, bum, ring, plof, bzzz.

En el Planeta Gayfolk, Mike suele escribir letras largas, con historias, nombres propios, ironía y refranes retorcidos. Por eso llama tanto la atención una canción como esta, que desde el título renuncia a contar. Es como si el letrista se tomara un descanso de las palabras con significado para quedarse con las palabras con vibración.

Ese descanso no es pereza. Escribir algo que suene bien sin apoyarse en lo que dice es dificilísimo. Cada sílaba tiene que sostenerse sola, como una nota. Quien haya intentado escribir un estribillo hecho solo de sonidos sabe que es mucho más fácil caer en el ridículo que en el acierto. «Zee-Zee» se arriesga a eso con toda la naturalidad del mundo, y gana la apuesta con el ritmo.

Para este cuaderno, anoto una regla: cuando una canción elige el sonido por encima del sentido, conviene escucharla con el cuerpo antes que con la cabeza. La cabeza pregunta qué significa. El cuerpo ya lo sabe.

El enjambre: after, pista y familia de madrugada

Una abeja sola no es nada. La vida de la abeja es la colmena: miles de individuos que se coordinan sin que nadie dé órdenes en voz de mando, siguiendo señales, olores, vibraciones. Lo que parece desorden es una fiesta perfectamente organizada.

Mike describió la portada de «Zee-Zee» con una imagen muy concreta: tiene algo de after de madrugada, de fiesta que se alarga, de ese momento en que las luces ya se mezclan y nadie tiene prisa por irse. Cualquiera que haya vivido una noche así sabe a qué se refiere. Son las seis de la mañana, la música sigue, el sol todavía no ha salido o acaba de salir, y el grupo que queda es casi una familia improvisada.

Para muchas personas LGTBI, esas madrugadas han sido algo más que ocio. La pista de baile fue durante décadas uno de los pocos sitios donde se podía estar sin esconderse. Allí se conocía a gente, se aprendía un vocabulario, se encontraba compañía. El enjambre de la madrugada era, a veces, la única colmena posible.

La camisa abierta, la postura cansada y desafiante, el humo de colores: todo en la portada habla de ese momento final de la noche en que el cuerpo ya no tiene energía para fingir. Ya no queda maquillaje social. Queda lo que uno es.

Pero un cuaderno de campo honrado tiene que anotar también lo que no es bonito. Las fiestas que se alargan pueden ser refugio y pueden ser trampa. Hay noches que terminan en abrazos y noches que terminan mal, con cuerpos agotados, sustancias de más y soledades que se esconden detrás del ruido. Volveré a esto en la sección de picaduras, porque no quiero que la abeja de neón haga olvidar que el aguijón existe.

Miel sin pancarta: el amor que no pide permiso

En su diario, Mike resumió de qué va «Zee-Zee» con una frase corta: el amor que no pide permiso. La entrada es del 3 de octubre de 2026 y se titula «La órbita de ZEE-ZEE». Ahí imagina el planeta Gayfolk a una hora imposible, con el cielo color chicle, y termina con una invitación que es casi un lema: aquí cabemos todes.

Ficha de la canción «Zee-Zee» con su carátula: disco «El día de la liberación», letra y producción de Mike Sain't Louis

Puede leerse completa en la órbita de «Zee-Zee», dentro del diario del planeta.

La expresión es interesante porque no habla de un amor escondido ni de un amor reivindicativo. Habla de un amor que simplemente no pregunta. Que no espera la aprobación de la familia, ni del barrio, ni del jefe, ni de la ley. Que no se presenta con pancarta, como decía Mike de la portada, sino con camisa de colores y mirada directa.

Las abejas hacen miel sin pedir permiso a nadie. Recogen el néctar, lo transforman y lo guardan. No hay manifiesto, no hay discurso. Hay trabajo, constancia y algo dulce al final. Me gusta pensar en este amor de la canción de ese modo: no como un grito, sino como una sustancia que se produce sola cuando las condiciones son buenas.

Hay que recordar que ese amor sin permiso ha costado mucho. En España, hasta 1979 seguía vigente la parte de la Ley de Peligrosidad y Rehabilitación Social que castigaba los actos homosexuales. El matrimonio entre personas del mismo sexo llegó en 2005. Muchas parejas de este país se quisieron durante décadas exactamente así: sin permiso, porque el permiso no existía. La frase de Mike, dicha en 2026 y con un tono festivo, lleva dentro todo ese pasado.

Por eso la portada no necesita bandera. El arcoíris está disuelto en el humo porque ya forma parte del aire. Es la miel sin pancarta: un orgullo que no tiene que gritar porque ya está en todas partes, en la ropa, en el fondo, en la piel.

Picaduras y antídotos

Todo cuaderno de campo serio incluye una sección de precauciones. La abeja es preciosa, pero pica. La noche de neón es preciosa, pero también.

Las fiestas largas son parte de la cultura queer y no hay por qué avergonzarse de ellas. Pero hay madrugadas en que el cuerpo pide parar y la cabeza no le hace caso. Hay noches en que el ruido se usa para no oír lo que pasa por dentro. Y hay amaneceres que dejan una tristeza muy difícil de explicar, de esas que no se van con un café.

El propio Mike ha hablado abiertamente de su salud mental: recibió un diagnóstico de depresión mayor con 41 años y la terapia le sirvió. Si lo cuenta es para que nadie se crea el único, y para recordar que buscar apoyo da resultado. Por mucho que hipnotice, un tema de pista no ocupa el lugar de un profesional.

Si una noche se tuerce, si llevas tiempo sintiendo que la fiesta es la única manera de aguantar, o si después de la fiesta te quedas en un sitio oscuro del que no sabes salir, cuéntaselo a alguien. Desde cualquier teléfono de España puedes marcar el 024, gratuito y abierto día y noche, con opción de chat. Ante un riesgo inmediato, tuyo o de otra persona, el número es el 112. También puedes llamar al Teléfono de la Esperanza (717 003 717) y, si eres LGTBI, a la línea de atención de FELGTBI+ (91 360 46 05). Quien lea esto desde otro país puede usar el número de emergencias local o encontrar una línea cercana en findahelpline.com.

Y en la pista, cuídate y cuida. Si alguien del grupo está mal, quédate. Si eres tú quien está mal, dilo. La colmena funciona porque nadie vuela completamente solo.

Última anotación del cuaderno

Los naturalistas suelen terminar sus cuadernos con una nota personal, algo que no entra en ninguna clasificación. Esta es la mía.

«Zee-Zee» es una de las canciones más misteriosas del planeta. No tiene letra publicada, no tiene un argumento explicado, no lleva el nombre de ninguna persona famosa. Tiene un sonido, un color y una actitud. Y con esas tres cosas consigue algo que muchas canciones con letra no logran: quedarse zumbando dentro de la cabeza durante horas.

Mike pidió escucharla con los ojos cerrados y el volumen alto. Es un buen consejo. Con los ojos cerrados desaparecen la gorra, la camisa y el tatuaje, y solo queda el zumbido. Y en el zumbido está todo lo demás: la madrugada, la fiesta, el amor sin permiso, el humo de colores.

La descarga gratuita está en la ficha del sencillo, y la canción también suena en Spotify. Si quieres seguir el rastro del disco completo, el diario repasa el tercer álbum de la trilogía. Las letras que ya están publicadas viven en la sección de letras, y periodistas y blogueros tienen material y contactos en la sala de prensa.

Fin de la observación. El ejemplar sigue en libertad, zumbando entre una playa quieta y una ola que empuja.

Preguntas frecuentes

¿Cuál es el tema de «Zee-Zee»?

Según el diario de Mike, el amor que no pide permiso. Los hashtags del vídeo apuntan a pop experimental, estética neón, ritmo hipnótico y movimiento continuo. En su ficha, Mike prefiere no adelantar qué esconde el título y pide escucharla con los ojos cerrados.

¿Se puede leer la letra?

Todavía no hay texto oficial disponible, así que aquí ni se copia ni se reconstruye. Este cuaderno trabaja con la imagen del single, el vídeo, sus hashtags y lo que Mike ha escrito sobre la canción.

¿En qué idioma está?

Por lo que se percibe en el videoclip, está en inglés y juega mucho con sílabas que suenan a zumbido, a giro y a destello. Sin la letra oficial no conviene ir más allá de esa impresión.

¿A qué álbum pertenece?

Ocupa el número 67 de «El día de la liberación», cierre de la trilogía GAYFOLK, y suena entre «La playa del mal pas» y «Ride the Wave».

¿Quién está detrás?

Mike Sain't Louis, «el primer cantautor IA», de Madrid. Firma las palabras, la composición y la producción, y genera música y voces con inteligencia artificial.

¿Dónde pedir ayuda si una noche se tuerce?

Marca el 024 (gratis, todo el día) o el 112 si hay peligro. FELGTBI+ responde en el 91 360 46 05. Fuera de España, llama al número de emergencias local o busca una línea en findahelpline.com.

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